Cuando Joowon volvió a abrir los ojos, ya era media mañana. La tenue luz del sol dibujaba patrones sobre la manta. Al rozar sus retinas, la conciencia regresó y, con ella, un dolor punzante invadió la parte inferior de su cuerpo. Joowon dejó escapar un gemido de dolor y miró a su alrededor. No-yoon no estaba. Lo único que captó su atención fue una mesa de comida dispuesta en medio de la habitación.
Haciendo un esfuerzo sobrehumano con sus piernas adoloridas, Joowon gateó hacia la mesa. Había un sándwich un poco más grande que la palma de su mano, una bebida y una nota de color verde lima. Eran alimentos comunes, pero el corazón de Joowon dio un vuelco como si hubiera presenciado un cadáver espantoso.
Con la mirada temblorosa, Joowon observó la comida y tomó la nota. Sobre el pequeño papel, había una caligrafía pulcra y elegante, igual que el rostro de su autor. Las pupilas oscuras de Joowon empezaron a oscilar sin rumbo.
⟨Me voy primero. Nos vemos luego. >ㅡ< ♡⟩
Como si el mecanismo que controlaba su paciencia se hubiera roto por completo, Joowon volcó la mesa. El sándwich quedó tirado por el suelo y la bebida se derramó empapando el piso, pero él ni siquiera lo notó; simplemente gritó.
Sentía que iba a perder la cabeza. Mantenerse cuerdo era una tarea abrumadora. Se sentía atrapado en una pesadilla de la que no podía despertar. El sentido común de que el hogar es el lugar más seguro del mundo se había desmoronado por completo. Una melancolía azulada y una desesperación profunda inundaron su corazón destrozado. Joowon se sentía perdido, sin saber cómo enfrentar esta desgracia que había irrumpido en su vida de forma tan violenta.
A medida que los recuerdos fragmentados flotaban en su mente, su ansiedad se duplicaba. Incapaz de permanecer en casa, se levantó tambaleante. Sin recoger nada, se dirigió al baño y cerró la puerta con firmeza.
Con cada movimiento, le dolía el coxis y el semen acumulado en su interior escurría por sus muslos. El dolor era la prueba de que estaba vivo y el sentido que le recordaba la terrible realidad que debía habitar. Al darse cuenta de que se había desmoronado sin remedio, sus ojos ardieron, pero Joowon se mordió los labios con todas sus fuerzas para contener las lágrimas.
Se juró a sí mismo que aún tenía fuerzas para aguantar, que no se derrumbaría de esa manera, mientras observaba su reflejo en el espejo. Debido a los golpes que recibió sin piedad, tenía la comisura de los labios partida y la mejilla tan hinchada que su aspecto era lamentable. Joowon evitó mirar sus propios ojos en el espejo; se puso de cuclillas y, deslizando sus dedos en su entrada herida, comenzó a retirar el semen acumulado.
Una sensación humillante y tan atroz que le producía escalofríos recorrió toda su parte inferior. Con cada sonido viscoso y vulgar, el rostro blanco de Park No-yoon, que lo había ultrajado con una sonrisa perfecta, acudía a su mente. Joowon se mordió el interior de la mejilla y cerró los ojos con fuerza.
“Denúnciame si quieres. Pero… ¿me pregunto si a Wonyoung le gustarán las cosas calientes?”
No podía predecir cuánto más invadiría ese loco su territorio, ni de qué manera le asfixiaría. El viento que entraba por la rendija de la ventana abierta rozó su mejilla, devolviéndole el sentido de la realidad que se sentía tan lejano. Aunque alguien sea desdichado o esté aplastado por el sufrimiento, el mundo sigue girando como si nada. Un suspiro pesado se extendió por el silencioso y estrecho cuarto de baño.
Apenas logrando recomponer su cordura desmoronada, Joowon se duchó hasta que su piel quedó enrojecida y se puso ropa limpia. Con familiaridad, salió del callejón y subió al autobús que acababa de llegar. Con los auriculares de cable hundidos en sus oídos, se apoyó contra la ventana intentando organizar sus pensamientos, pero los momentos terribles seguían apareciendo ante sus ojos, haciendo que incluso la música melodiosa le resultara insoportable.
¿Debería tomarse un descanso en la universidad y huir con Wonyoung? Sin embargo, los exámenes finales estaban cerca y no quedaba mucho para que terminara el semestre. Además, trasladar a Wonyoung de hospital no era una tarea sencilla, por lo que huir no era la solución definitiva.
Sobre todo, le aterraba que ese loco de Park No-yoon pudiera visitar al enfermo Wonyoung para hacerle daño. Al imaginarlo irrumpiendo en la habitación del hospital, su visión se oscureció y sintió un fuerte mareo.
—La siguiente parada es la puerta principal de la Universidad de Corea. —Al oír el anuncio, Joowon presionó el botón de bajada mientras reprimía a duras penas su pesadumbre.
Incapaz de despejar su mente aturdida, bajó del autobús y caminó hacia el campus mirando solo al suelo. El clima era bochornoso, anunciando la llegada del verano, pero él sentía escalofríos debido a la ansiedad. Sus nervios se volvieron tan extremadamente sensibles que llegó a tener la ilusión de que cada persona que pasaba murmuraba sobre él. Pum, pum-pum, pum, pum. El simple hecho de estar en el espacio de la universidad lo asfixiaba. Joowon soltó un suspiro que vació sus pulmones y se dirigió hacia el edificio de artes liberales.
Hoy solo tenía clases generales, por lo que no debería cruzarse con Park No-yoon, pero aun así no podía estar tranquilo. Siendo ambos de la misma carrera y del mismo año, era imposible evitarlo por completo. No sabía qué hacer. Joowon se quedó mirando fijamente el imponente edificio frente a él y rebuscó en su mochila para sacar un cigarrillo.
—Oye, Lee Joowon.
Justo cuando intentaba encontrar el encendedor con manos cargadas de inestabilidad, alguien le tocó el hombro de repente.
Aterrorizado, Joowon mostró un semblante pálido, casi verdoso, y apartó con saña la mano que había tocado su hombro. En condiciones normales, se habría limitado a girar la cabeza sin más, pero con el corazón tan alterado, no pudo evitar reaccionar de forma afilada.
—¿Qué pasa? ¿Por qué estás tan sensible? Y tu cara… ¿Te has peleado con alguien?
Al ver el rostro desconcertado de su superior, la razón regresó a él. Había reaccionado exageradamente. Joowon guardó sus manos, que aún buscaban algo en el aire por el susto, y humedeció sus labios resecos con la lengua.
—Lo siento. Es que estoy un poco cansado… No ha pasado nada. Simplemente me caí.
—Ah, ya veo. Pensé que te había pasado algo grave.
La palabra “algo” pareció activar un interruptor de pánico; Joowon sintió cómo un sudor frío recorría su espalda. No es que su superior se hubiera dado cuenta de lo que vivió ni que lo estuviera despreciando, pero aun así estaba inquieto. «Cálmate, cálmate». Tras recomponerse como pudo, Joowon forzó una sonrisa sutil mientras miraba al superior, que seguía hablando de cualquier cosa.
—No es nada. Es que estoy agotado de tanto estudiar para los exámenes.
Justo cuando iba a responder de forma trivial, divisó a lo lejos la silueta de un hombre alto. Park No-yoon. Al enfrentarse a esa presencia, sus pupilas temblaron violentamente. Incapaz de controlar su corazón acelerado, Joowon retrocedió arrastrando sus zapatillas.
—¿Joowon? ¿Qué te pasa? ¡Oye!
Oyó que lo llamaban varias veces, pero Joowon huyó hacia el interior del edificio sin mirar atrás.
Sintiendo un mareo como si el mundo entero se inclinara en diagonal, corrió con fuerza subiendo las escaleras. El lugar al que llegó finalmente fue el baño de la planta superior. Le aterraba que Park No-yoon lo persiguiera hasta allí, o que intentara violarlo de nuevo en ese lugar; sus manos y piernas temblaban sin control.
Incapaz de tragar el aliento que se le agolpaba en la garganta, entró en un cubículo y cerró la puerta con llave. Tan pronto como sintió el aire frío en lugar del bochorno característico del inicio del verano, la tensión se relajó un poco. Apoyado contra la pared del cubículo y encogido por completo, Joowon hundió la cabeza sobre sus rodillas. Se sentía atrapado en un laberinto sin fin. En su boca, todavía desbordaba aquel sabor metálico y amargo.
˖⁺.꒷꒦✧꒷꒦˖⁺.
Quizás porque el verano se acercaba a pasos agigantados, el clima se había vuelto bastante caprichoso. El sol que ardía ferozmente desapareció como si nunca hubiera existido, y en su lugar, una lluvia torrencial caía incesantemente del cielo. No sabía que había pronóstico de lluvia, qué mala suerte. Cubriéndose con la mano a modo de visera, Joowon subió los escalones empapados por el agua y entró en el edificio de su habitación alquilada.
Sin embargo, Joowon no pudo abrir la puerta con facilidad. ¿Y si Park No-yoon estaba de nuevo en casa? La imagen de él sentado en el colchón con esa sonrisa imperturbable aún estaba vívida en su mente. La mano de Joowon, que iba a girar el pomo, se quedó rígida. En ese instante, sintió que haber pasado todo el día evitándolo en la universidad había sido inútil.
El sonido de la lluvia cayendo rítmicamente llenaba el pasillo oscuro. Ploc, ploc, ploc. Cuando una gota que se filtraba del techo le mojó el hombro, su tensión llegó al límite. Aunque su instinto le gritaba que se detuviera de inmediato, su mano ya estaba girando el pomo. La puerta se abrió con un ruido escalofriante. Al enfrentarse a la oscuridad que se revelaba tras la rendija, Joowon sintió que su corazón se petrificaba.
“Como era obvio que no me abrirías, gasté un poco de dinero. Parece que el dicho de que en este país se vive bien si tienes dinero es verdad. No hay nada que no se pueda conseguir.”
Aquella voz que susurraba como hojas movidas por el viento se pegó a sus oídos. Aterrorizado, Joowon estiró el brazo hacia el interior y pulsó el interruptor. La luz fluorescente desgastada se encendió, revelando el interior del humilde estudio. No había nadie. No había ni rastro de que alguien hubiera estado allí. Solo la fuerte lluvia golpeaba con fuerza contra la ventana.
—Ah, ja… mierda…
Tras cerrar la puerta principal a duras penas, Joowon se desplomó sobre el mueble de los zapatos y se cubrió la cara con las manos mientras soltaba un insulto en voz baja. Sentir que tendría que vivir con esta ansiedad y terror no solo hoy, sino de ahora en adelante, le revolvió el estómago. Sentimientos oscuros: horror, miedo, escalofríos, se aferraron a sus hombros.
No. Tenía que haber una forma. Se decía que el crisantemo no se dobla ni ante la escarcha. No quería derrumbarse por algo así; cuidar de Wonyoung era su prioridad ahora. Joowon intentaba levantarse con torpeza cuando, de repente, ¡pum! ¡pum, pum! Alguien pateó la puerta principal.
—¡Sé que estás ahí dentro, así que abre! ¡Eh!
Era la voz del prestamista, tan familiar que le producía náuseas. Ahora que lo pensaba, como su padre Kangjae se había largado con todo el dinero, ni siquiera había podido depositar los intereses. Parecía que venían a armar un escándalo para exigir el dinero. Con lo fuerte que llovía, se habían tomado la molestia de llegar hasta ese barrio decadente. Sintiéndose ya agotado, Joowon observó la puerta temblorosa con los labios apretados.
—Si el padre la caga, el hijo tiene que limpiar el desastre. ¡Oye, Lee Joowon! ¿Sabes quién es la peor calaña del mundo? El que pide dinero prestado y luego se hace el desentendido.
Su corazón palpitaba al ritmo de los golpes violentos contra la puerta. Normalmente, habría abierto para suplicarles que esperaran un poco más, que depositaría pronto, pero hoy no quería hacerlo. No tenía ánimos para enfrentarse a la mirada feroz del prestamista. Además, se sentía indignado por tener que sufrir de esta manera por una deuda que él no había contraído.
Escuchando el golpeteo de la lluvia y la voz amenazante del hombre, Joowon miró hacia el techo lleno de moho. Sintió una opresión en la garganta y apretó los labios con fuerza.
—La próxima vez iré al hospital donde está tu hermano. ¡Ah, joder! ¿Por qué cojones me obligan a ser el malo?
Tras soltar una serie de insultos, el prestamista escupió y finalmente se marchó. Al oír que los pasos se alejaban, Joowon movió sus manos temblorosas y sacó el móvil del bolsillo. Dudó un instante si volver a suplicarle dinero a su tío, quien ya le había pedido que cortaran los lazos, pero cuando se dio cuenta, sus dedos ya estaban llamando a alguien.
Era su padre, Kangjae.
Aun sabiendo que no respondería, Joowon pulsó el botón de llamada una y otra vez. Quería reprocharle por haber dejado que las cosas llegaran a este extremo, preguntarle si acaso tenía derecho a ser llamado “padre”. Pero, por encima de todo, la desolación le ganaba. La realidad de estar asfixiado por el dinero, el deseo de curar a su hermano Wonyoung y… Park No-yoon. Era demasiado para soportarlo solo.
- El teléfono está apagado, le enviaremos al buzón de voz. Se aplicarán cargos tras el tono…
Solo cuando la voz metálica del contestador le arañó los oídos, los ojos de Joowon se enrojecieron. Sentado en el suelo junto a la puerta, miró la luz amarillenta de una farola a través de la ventana. Incluso en ese cielo oscuro brillaba algún fragmento de luz, ¿por qué su vida era la única que estaba en ese estado? Sentía que ninguna excusa del destino cruel calmaría su rabia, por lo que solo pudo morderse los labios.
Realmente no tenía donde apoyarse. El mundo era extremadamente mezquino con la existencia de Lee Joowon.
Así pasó una semana. Joowon se esforzó arduamente por soportar el miedo añejo, el terror y la desesperación. Por ejemplo, no leía los mensajes de Park No-yoon y trataba de evitarlo a toda costa. Incluso, por temor a que No-yoon apareciera en su casa, se quedó durante un tiempo en saunas públicas o cibercafés. Agotó todos los métodos a su alcance.
Gracias a este esfuerzo, Joowon pudo evitar situaciones a solas con Park No-yoon. O más bien, sería más exacto decir que huyó desesperadamente. De todos modos, esperaría unos días más antes de volver a casa. Tras organizar sus pensamientos, Joowon se frotó los párpados con el dorso de la mano. El cansancio se acumulaba tras haber asistido a clases desde la mañana.
Aunque lo que más quería era enterrarse bajo las mantas, ahora tenía que ir a ver a Wonyoung. Bajando rápidamente del autobús, se adentró en el vestíbulo del Hospital de la Universidad de Corea. Al entrar en el amplio recinto, vio a algunos grupos de pacientes pasando. Al ser tarde por la noche, definitivamente había menos gente que durante el día.
—Fuuu…
Se juró a sí mismo una y otra vez no mostrar signos de debilidad. La imagen de Wonyoung cortándose las muñecas hace poco aún estaba grabada en su memoria. No quería añadir más carga a su hermano, que ya de por sí estaba en una situación precaria. Tras darse unas palmaditas en las mejillas, Joowon pulsó el botón del ascensor que llevaba a las plantas de hospitalización. Las puertas se abrieron suavemente y el aire fresco del aire acondicionado le revolvió el cabello. Tan pronto como entró, el ascensor se puso en marcha.
No pasó ni un minuto antes de que saliera del ascensor. Joowon intercambió saludos con las enfermeras y entró en la sala común. Al ser una habitación compartida, el interior estaba saturado de ruidos: el murmullo de los televisores, el tintineo de las cucharas, el eco de diversas conversaciones… Era imposible que Wonyoung descansara adecuadamente en un entorno así.
Con el ceño fruncido por la lástima, se acercó a la cama de Wonyoung. Se sentía culpable por no haber podido prestarle suficiente atención últimamente. Joowon estiró la mano y descorrió la cortina. Estaba a punto de preguntarle si se sentía mejor o si quería dar un paseo por la planta, cuando una escena inesperada se grabó en sus retinas. Junto a Wonyoung, que estaba apoyado en la cama manipulando una consola de videojuegos de última generación, se encontraba un hombre de complexión robusta.
—¿Eh? ¡Hyung!
Wonyoung dejó la consola y mostró alegría al verlo, pero Joowon no pudo responder. Sus ojos se habían clavado en el hombre sentado frente a su hermano.
Un rostro blanco, unas pupilas castaño claro poco comunes y unos labios que dibujaban una sonrisa radiante. Todo en él gritaba belleza, pero para Joowon, era el terror absoluto personificado. Park No-yoon. Al procesar ese nombre, Joowon palideció y retrocedió tambaleante, asaltado por un mareo que parecía deshacer sus pensamientos.
—Llegas tarde.
No-yoon se levantó con una sonrisa infantil y, con total naturalidad, dio unos pasos hacia adelante, acortando la distancia con Joowon.
Vistas de cerca, sus pupilas color ámbar emanaban una calidez aparente, pero extrañamente, Joowon sintió un escalofrío tan siniestro como el viento de un páramo helado. Joowon apretó sus manos, que estaban rígidas como el hielo. Tenía que huir. Debía escapar de ese lugar ahora mismo. Una sirena roja tiñó de sangre su mente.
—¿Te has quedado congelado porque te ha sorprendido verme?
No-yoon soltó una risita divertida y tocó el antebrazo de Joowon, exactamente en el lugar donde lo había marcado con la quemadura del cigarrillo.
—Descongelado.
—…
—Como ya te he “tocado” y te he liberado, ahora salúdame.
A pesar de la broma ligera, Joowon no podía articular palabra. Esa mirada risueña, esos dedos golpeando casualmente su cicatriz… Todo estaba destrozando su estabilidad mental. Joowon sintió la miseria de quien es lanzado a un mar embravecido. Se dio cuenta de que, por mucho que pensara o intentara huir desesperadamente, seguía estando en la palma de la mano de Park No-yoon. De repente, la ruidosa sala del hospital pareció oscurecerse y transformarse en el callejón sombrío, en su habitación húmeda y llena de moho. Como si el destino le susurrara que jamás podría escapar del momento en que fue pisoteado por No-yoon.
—¡Hijo de puta loco…! ¡¿Qué haces tú aquí?! ¡Lárgate! ¡Fuera de aquí ahora mismo!
Si había descubierto su dirección tan fácilmente, no era de extrañar que hubiera dado con el hospital de Wonyoung. Pero no podía permitir que este demente respirara el mismo aire que su hermano. Perdiendo el juicio por un instante, Joowon agarró a No-yoon por las solapas. Sus manos temblaban por la consternación de ver cumplido su mayor temor. Aunque los demás pacientes empezaron a murmurar al verlo, no lograba calmarse.
—¡Cálmate! ¡¿Por qué intentas pegarle de la nada?!
Wonyoung, con los ojos muy abiertos, se interpuso entre Joowon y No-yoon para separarlos.
—Me ha dicho que llevas días sin ir a la universidad.
—¿Qué?
—Me lo ha contado todo No-yoon hyung. Ha venido porque estaba preocupado por ti, ¡¿por qué le hablas tan mal?! ¿Y por qué no vas a clase? Tiene que haber una razón. ¿Acaso papá la ha vuelto a liar?
Joowon miró a Wonyoung, atónito. Era mentira. Se estaba matando estudiando y asistiendo a todas las clases precisamente para evitar a No-yoon. Justo cuando iba a corregir la mentira, sus ojos se posaron en la mesa de noche, detrás de los hombros de su hermano.
Había una bolsa con el logo de la marca de la consola de videojuegos. Parecía que No-yoon le había hecho ese regalo a Wonyoung mientras le soltaba una red de mentiras astutas. El joven Wonyoung era una presa fácil; al haber venido hasta el hospital, creía ciegamente que No-yoon era un amigo cercano y bondadoso.
—No pasa nada. Te explicaré lo de la universidad luego. No te preocupes.
—¿De verdad? Hyung, no me mientas.
—Sí.
Tras dar esa explicación que no era más que una farsa, el rostro de Wonyoung finalmente se iluminó. Sin embargo, Joowon no sabía cómo echar a ese demente. Contuvo a duras penas la furia que hervía en sus entrañas y lo miró con ojos afilados.
—¿Tú por qué es-…?
—Wonyoung, ¿te importa si me llevo a tu hermano a cenar? Tengo que ayudarlo con una tarea —interrumpió No-yoon.
Park No-yoon, inmune a la mirada hostil de Joowon, se limitó a mirar a Wonyoung con una sonrisa angelical. Era el tipo de sonrisa que engañaría fácilmente a cualquiera que no conociera su verdadera naturaleza. Y al ver a Wonyoung asintiendo con entusiasmo, era evidente que su hermano era una de esas víctimas engañadas.
Joowon quiso gritarle que se largara, que no tenía nada que hablar con alguien como él, pero una mano grande envolvió su muñeca. Mientras un escalofrío le recorría los hombros, No-yoon se inclinó y le susurró al oído con voz melosa:
—¿Quieres que le cuente a Wonyoung cómo te abro el culo?
Esa asquerosa locura, susurrada con tanta naturalidad, lo hacía parecer más malvado que un demonio disfrazado de ángel. Si era él, si era ese loco, era más que capaz de destruir a Wonyoung sin remordimientos. Joowon apretó los labios, asimilando el impacto que hacía que el mundo entero pareciera inclinarse en diagonal.
—No-yoon hyung.
Sin más opción que dirigirse al pasillo, Joowon vio cómo Wonyoung los seguía arrastrando el soporte del suero para hablarle a No-yoon.
—Gracias por lo de hoy. Por la consola y por escucharme.
—La próxima vez juguemos juntos Animal Crossing. Te enseñaré cómo vender nabos a buen precio.
—¿De verdad? ¡Me encantaría!
Ver a Wonyoung hablando con timidez y a No-yoon sonriendo hizo que el corazón de Joowon se marchitara hasta volverse negro. Conceptos como “juegos” o “precios” no llegaban a sus oídos. Su rostro se volvió mortalmente pálido.
—…Dijiste que hablaríamos de la tarea.
Sintiendo una ansiedad creciente a medida que la conversación se alargaba, Joowon interrumpió abruptamente. Lo más importante era sacar a No-yoon de allí cuanto antes.
Tras lograr que Wonyoung regresara a su cama, Joowon lanzó una mirada fugaz a No-yoon. Estaba a punto de advertirle que, si tenía algo que decir, lo dijera allí mismo y terminara de una vez, cuando No-yoon arqueó la comisura de sus labios.
—Vamos a mi auto. Aquí hay mucha gente y me da un poco de vergüenza.
—¿Por qué tendría que…? No vuelvas a busc-…
—¿Tengo que decirte que me da pudor hablar de tu agujero aquí para que lo entiendas?
Soltando esa amenaza infame y vulgar con una suavidad aterradora, No-yoon dejó escapar una risa adorable mientras atrapaba a Joowon en su mirada. Joowon odiaba con cada fibra de su ser la idea de estar a solas con él, pero el miedo a lo que No-yoon pudiera hacerle a su hermano ganaba la partida.
¿Acaso Lee Joowon tenía derecho a decidir algo? Ignorando a duras penas esa mirada que intentaba enredarlo como una telaraña, Joowon escondió sus manos temblorosas tras la espalda, apretándolas hasta que sus nudillos blancos sobresalieron.
Poco después, las zapatillas de Joowon terminaron entrando en el auto de Park No-yoon.
Al ser tarde por la noche, el aparcamiento subterráneo estaba sumido en un silencio sepulcral. Si hubiera habido gente pasando, no se sentiría tan tenso. El impulso de salir corriendo del coche lo empapaba por dentro. Joowon apretó los labios mientras jugueteaba con la manija de la puerta. Era difícil desprenderse de la sensación de que estaba abrazando una bomba de tiempo a punto de estallar.
No entendía cómo todo se había torcido tanto. Su único error fue haber rozado accidentalmente el brazo de No-yoon con un cigarrillo. Incluso aceptando que lo odiaba y que envidiaba su entorno, no encontraba ninguna justificación lógica para estar sufriendo estas atrocidades.
Además, no se le ocurría ninguna forma de detener a este loco. Denunciar a alguien con un trasfondo familiar tan poderoso no serviría de nada; al contrario, era seguro que No-yoon se vengaría por haberlo intentado. De repente, recordó a Wonyoung llamándolo “No-yoon hyung” y siguiéndolo como un cachorro. Sintió un sabor amargo en la boca. Su mente era un caos, como si se enfrentara a un enigma imposible de resolver.
—¿Qué quieres comer?
Con un leve traqueteo, el imponente Park No-yoon se sentó en el asiento del conductor. A diferencia de Joowon, que estaba encogido y sumergido en la ansiedad, él irradiaba una relajación absoluta mientras curvaba los labios.
La calidez de su pregunta resultaba tan hermosa como espeluznante. Joowon, con los puños cerrados, observó al sonriente No-yoon. Este movió el brazo y empezó a juguetear con el lóbulo de la oreja de Joowon. Ante ese contacto tan natural y descarado, Joowon sintió que todo su cuerpo se convertía en piedra.
Para Park No-yoon, todo era fácil. Tocar a Joowon con total naturalidad, infundirle terror e incluso sacudir la precaria vida de Lee Joowon a su antojo.
Tal vez lo que Joowon más temía era precisamente esa faceta de No-yoon. No tenía idea de cómo escapar de alguien que manejaba la vida de una persona con la misma facilidad con la que se dota de rebote a un balón de baloncesto. Sintiendo un sudor frío recorrer su espalda, apretó los puños; mientras tanto, No-yoon, que seguía jugueteando con el lóbulo de su oreja, entrecerró los ojos y dejó escapar una voz melosa.
—Pero, ¿por qué no respondes? Te he estado enviando mensajes todo el tiempo.
—…
—Te envié ayer, y antes de ayer también.
—…
—¿No los viste? No puede ser… —No-yoon murmuró lo último para sí mismo. Retiró la mano con la que jugueteaba con Joowon, sacó el móvil de su bolsillo y pulsó la pantalla un par de veces. Luego, le puso la pantalla justo delante de la nariz.
(Hace 3 días)
Hyung, este se parece a ti.
(Foto)
Gato de las tareas.
Gato del trabajo a tiempo parcial.
🐈🐈🐈
(Fotos de gatos adorables acompañadas de tonterías incomprensibles.)
(Hace 2 días)
¿Viste ‘Gonjiam’?
Ah.
Estaba buscando cosas y me crucé con la mirada de un fantasma.
Me dio tanto miedo que no puedo más.
¿Qué tal ‘R-Point’?
(De nuevo, puras estupideces.)
(Ayer)
(๑•̌.•̑๑)ˀ̣?
Eran puras mierdas que no merecían ni un segundo de atención. Sin embargo, lo que más asqueaba a Joowon era la actitud de Park No-yoon. El hecho de que hablara con tanta desfachatez, como si no supiera lo que le había hecho, le resultaba más que espeluznante; le resultaba doloroso. Como una semilla de soja que se rompe para dejar salir el brote, algo que hervía en el pecho de Joowon comenzó a desperezarse. No podía seguir aguantando en silencio, incluso si eso significaba recibir más bofetadas. Joowon alzó la mirada con ojos afilados y fulminó a No-yoon.
—No vuelvas a aparecer por aquí. El dinero del hospital… sí, te lo devolveré todo. Así que lárgate. ¿Qué demonios te he hecho yo? Deja de atormentarme. ¡Deja de asfixiarme así!
—Es que intentas no hablarme en la universidad. Y tampoco estás en casa.
—Pedazo de loco. ¿Acaso tú querrías hablar conmigo si estuvieras en mi lugar?
—Si tan solo me hubieras saludado, no habría llegado hasta aquí. Estoy decepcionado.
—Está bien. Te saludaré. ¿Contento? ¡Prométeme que no te acercarás a Wonyoung!
—No quiero.
Ante esa respuesta tan ligera y despreocupada, Joowon sintió un mareo nauseabundo, como si le retorcieran las entrañas. Esa mirada que le oprimía el aliento sin esfuerzo, esa voz que le roía la cordura y esos gestos que hacían que todos sus intentos por mantenerse entero fueran inútiles. Todo en él parecía destinado a convertir su alma en un fango. Joowon, con las manos temblando de indignación y terror, reunió fuerzas y miró fijamente aquellos ojos brillantes.
—Esto apenas está empezando, sería aburrido dejarlo ahora, ¿no crees?
—¿Qué?
—Además, le prometí a Wonyoung que jugaríamos juntos. Las promesas están para cumplirse.
Joowon nunca había pensado que su vida fuera un camino de rosas, pero hoy sentía que la mala suerte se ensañaba con él de forma especial. Una desesperación negra y una incertidumbre total lo envolvieron. Una rabia incontenible se multiplicó como si fuera una bacteria sin fin. Finalmente, su paciencia estalló y Joowon levantó la mano para abofetear a Park No-yoon.
—Otra vez con lo mismo. Si después no puedes ni hablar cuando te la meto.
Con una mueca de diversión, No-yoon arqueó la comisura de sus labios y le sujetó la muñeca. El movimiento de Joowon, que había puesto todas sus fuerzas en ese golpe, fue neutralizado en un instante. Con una facilidad insultante. Joowon se sintió aplastado por el pavor de oír el nombre de Wonyoung en esa boca y por la impotencia de no saber cómo resolver esta situación. Sus ojos ardieron por las lágrimas que brotaron ante lo terrible, aterrador y espantoso de aquel momento.
—¿Estás loco? ¡Ya basta, detente! ¿Haces esto porque quieres sexo? Entonces busca a otro. Hay mucha gente a la que le gustas. Deja de atormentar a alguien que no te ha hecho na… ja… mierda.
Joowon, que gritaba casi en un paroxismo de desesperación, sentía que sus fuerzas se agotaban. Estaba abrumado por las deudas que dejó su padre y se volvía loco por no poder aliviar el dolor de Wonyoung, ¿por qué demonios tenía que pasar por esto también? No veía ninguna salida. Le dolía que incluso vivir una vida normal fuera una ambición inalcanzable para él. Lleno de amargura, Joowon retorció sus muñecas, luchando por zafarse del agarre de Park No-yoon.
—¡Ugh!
En el momento en que entreabrió los labios para soltar otro insulto, No-yoon, que lo observaba fijamente, rodeó suavemente las mejillas de Joowon con sus manos y lo besó. Su lengua invadió la frágil boca de Joowon, devorando incluso sus jadeos entrecortados. Desconcertado, Joowon intentó girar la cabeza con urgencia, pero no pudo vencer la fuerza bruta del otro. En poco tiempo, la lengua viscosa y húmeda envolvió la suya, succionándola con una intensidad que rayaba en el dolor. Una sensación lejana y repentina nubló por completo sus pensamientos.
—¡Hng, gu… ja-… ah!
La lengua cargada de un calor sofocante conquistó de nuevo el interior de Joowon. Esa masa de carne resbaladiza se movía de un lado a otro, hurgando en cada rincón de sus mucosas. No-yoon sujetó la nuca del forcejeante Joowon, atrayéndolo hacia sí para hundir su lengua húmeda y restregarla sin piedad. El aliento cargado de un calor pegajoso y la lujuria de No-yoon se mezclaron en una respiración agitada, mientras la saliva escurría entre los dientes de Joowon.
—Cuando hablas como si estuvieras llorando, siento un chispazo aquí. ¿Lo sientes?
Esbozando una suave sonrisa, No-yoon tiró de la muñeca de Joowon y la presionó contra su propio pecho. Pum, pum. El pulso que retumbaba bajo su palma le produjo escalofríos. Recuperando el sentido, Joowon intentó retirar la mano con horror, pero el agarre de No-yoon era tan firme que no podía moverse ni un milímetro.
—¡Suéltame, loco! ¡Muérete, hijo de puta! ¡Solo muére… mgh!
Una vez más, su lengua fue envuelta y succionada. El beso violento hizo que todo lo que había en su mente se evaporara. Cuando Joowon retorció el cuello para evitar el contacto, una mano descarada sujetó su pequeña mandíbula como si fuera a triturarla. Pronto, la lengua suave se adhirió con fuerza, succionando y pinchando las mucosas con una intensidad asfixiante. Joowon luchó por mantener la lucidez en medio de la confusión, pero la densidad de aquel juego de lenguas solo se volvía más profunda.
El beso obsesivo y lascivo continuó sin tregua. No-yoon movía su lengua revolviendo a su antojo el suave interior de la boca de Joowon. Lo acorralaba como si persiguiera a un esclavo fugitivo, sin dejarle espacio para respirar. Por mucho que Joowon girara la cabeza o echara el cuerpo hacia atrás, era imposible desprenderse de esa lengua que se enredaba en la suya.
Al no poder respirar correctamente, sentía los pulmones como si estuvieran bajo una prensa y su cabeza se sentía pesada. El estruendo de los labios chocando era tal que apenas podía oír otra cosa. Desesperado, Joowon arañó los hombros de No-yoon, pero la situación no cambió. En medio de todo, la gruesa lengua de No-yoon recorría lentamente cada rincón de su boca, succionando con minuciosidad.
La lengua empapada atrapó la de Joowon, que se contraía, y la cubrió de saliva. El contacto carnal, tan estrecho que parecía querer arrancarle la lengua de raíz, aplicó una presión que hizo que un calor desconocido empezara a hervir bajo su ombligo. Aterrado al sentir esa extraña sensación, Joowon se estremeció y empujó con fuerza el pecho de No-yoon. Odiaba con toda su alma el hecho de estar experimentando un placer fisiológico no deseado.
Sin importarle lo más mínimo, No-yoon continuó el beso. La mano que antes sostenía su mandíbula se deslizó en algún momento para juguetear con la cintura de Joowon, antes de meterse bajo su pantalón y apretar sus nalgas. El tacto de sus dedos apretando la carne blanca y suave de su trasero era salvaje. Mientras Joowon se estremecía por el contacto espantoso, No-yoon mordisqueó su labio inferior mientras movía la mano.
—¡Ah…! ¡No lo ha… ah…!
En un instante, el asiento del coche se reclinó hacia atrás, ampliando el espacio. Tan pronto como el cuerpo de Joowon se inclinó, el hombre corpulento se posicionó sobre él. Cubierto por la sombra de Park No-yoon, Joowon presintió que algo terrible estaba por suceder y forcejeó para escapar. Pero No-yoon no tenía intención de soltarlo. Con su deseo sexual a flor de piel, se ocupó de recorrer con su lengua incluso la zona donde la boca se une con la garganta.
—Ha… Mientras me evitabas, vi varios videos porno. Elegí solo los más recomendados que aparecían al inicio.
Separando ligeramente sus labios, No-yoon sujetó las mejillas de Joowon con cuidado, obligándolo a fijar la mirada en él. Al encontrarse con esos ojos claros que brillaban con intensidad, Joowon sintió escalofríos. Aterrorizado, intentó apartar las manos de No-yoon con todas sus fuerzas.
—Pero nada de lo que veía me excitaba. Pensé que algo iba mal, así que me imaginé tu cara… ¿y sabes qué? Me puse duro de inmediato.
—¡Uuugh! ¡Suéltame! ¡Pedazo de demente!
—Ahora mismo me pasa lo mismo. Al verte llorar así, siento que se me va a reventar la verga.
Justo cuando Joowon iba a gritarle que dejara de decir esas cosas espeluznantes, No-yoon deslizó sus manos dentro de sus pantalones y su ropa interior en un movimiento fulminante. Sus dedos fríos rozaron sus muslos antes de envolver con suavidad el miembro de Joowon, que ya estaba empapado por el líquido preseminal. Como un incendio que estalla en un campo de trigo seco, un escalofrío intenso recorrió su cuerpo desde la punta de los pies. Sobresaltado, Joowon intentó apartar el brazo de No-yoon, pero ya era demasiado tarde. La masturbación manual de No-yoon había comenzado.
—Ah, hng, ¡ugh!
Su parte inferior se relajó irremediablemente ante el movimiento pausado que recorría el tronco de su miembro y el pulgar que frotaba el glande, estimulando la uretra. Para ser unas manos que lo tocaban sin permiso, se movían con una precisión desconcertante. A pesar de su rechazo, un placer asqueroso le producía chispazos bajo el ombligo. Sintiéndose acorralado, Joowon retorció el cuerpo con fuerza e intentó morder el brazo de No-yoon, pero entonces, ¡ZAS! La pesada palma de No-yoon golpeó sin piedad su muslo blanco.
—Puedes seguir con la boca floja si quieres. Así le contaré a Wonyoung lo que estamos haciendo tú y yo.
Tras soltar esa amenaza siniestra con total indiferencia, No-yoon presionó con fuerza la quemadura de cigarrillo en el brazo de Joowon. El rostro de Joowon pasó de la palidez al blanco cenizo. Ante la certeza de que realmente iría a buscar a Wonyoung y la ansiedad de que pudiera cometer una atrocidad, Joowon dejó de resistirse.
No encontraba respuesta. No podía pensar en una sola forma de detenerlo. Sintiéndose como un soldado derrotado que ha perdido su patria, Joowon agachó la cabeza y se mordió los labios. Justo cuando iba a dejar de lado su orgullo para intentar persuadirlo, la mano de No-yoon, que sujetaba su miembro, aceleró el ritmo.
—¡Ah, ngh!
La palma grande de No-yoon manipulaba con audacia el miembro de Joowon, humedecido por el líquido preseminal y un poco de semen. Chic, chic. El roce de la piel con los fluidos viscosos generaba un sonido lascivo y húmedo. Joowon estiró su mano temblorosa para intentar detener el brazo de No-yoon, pero sus hombros se estremecieron ante la fuerza del agarre, que lo apretaba como si fuera un juguete sexual. Al final, Joowon no pudo evitar la punzada de placer en su entrepierna ni logró apartar esa mano. Pronto, un semen de color crema brotó en chorros de la abertura de su glande, empapando también la palma de Park No-yoon.
—Ya basta… ya hiciste… hng… todo lo que querías. No te denunciaré. Así que por favor, detente…
El hecho de haber eyaculado en la mano de No-yoon y la realidad de haberse rendido sin una resistencia real se mezclaron con el placer residual. Su orgullo estaba por los suelos, pero no tenía forma de escapar de este demente. Joowon, con las manos temblando violentamente, observó a No-yoon. Este, con una expresión críptica, abrió los dedos manchados de semen. El rastro viscoso de aquel placer sucio se estiró antes de romperse y escurrir por el borde de su mano.
—Qué raro. ¿No te lo dije? Que me detendría si me la mamabas bien.
—…
—Tú no lo hiciste correctamente. Y encima te dedicaste a evitarme.
—Deja de decir… Tanta… mierda…
—¿Vas a seguir maldiciendo?
Ladeando la cabeza, No-yoon tocó casualmente el perineo de Joowon, cubierto de semen. Joowon se estremeció ante la sensación de sus dedos estimulando su piel. El fluido seminal, viscoso y húmedo, se deslizaba por sus muslos siguiendo sus movimientos. Era una sensación tan extraña que sus rodillas temblaban. Joowon apretó los labios con fuerza y lo fulminó con la mirada.
—¡Si vas a hacerlo de todas formas, hazlo en otro lugar, maldito loco! Busca un motel, ¡ugh!
Antes de que pudiera terminar la frase, recibió una bofetada. Sin tiempo para recuperarse del zumbido en sus oídos y los destellos en su visión, recibió otro golpe en el otro lado. Mientras forcejeaba intentando alcanzar la manija de la puerta, un puño se hundió en su boca del estómago. Un dolor asfixiante se apoderó de todo su cuerpo. Joowon se desplomó, teniendo arcadas y luchando por no perder el sentido.
«Por favor, por favor, detente». Sus labios se movían como los de un pez fuera del agua, pero nada cambió. No sabía cuántas veces lo golpeó con saña. Mejillas, abdomen, muslos… quedó tirado tras recibir una paliza ciega. Incapaz de recomponer su figura maltrecha, Joowon solo pudo encogerse mientras temblaba de pies a cabeza.
—No me gustan los moteles. Y como aquí no hay nadie, estaremos bien.
De repente, unos dedos gélidos empezaron a masajear en círculos la superficie de su entrada, que estaba pegajosa por el semen. Una sensación extraña que hacía vibrar su coxis agredió su columna vertebral. Joowon, que no quería mostrar ni un ápice de reacción, retorció el cuerpo con todas sus fuerzas y golpeó el pecho de No-yoon.
—Siento que mi pene va a reventar, así que primero voy a preparar tu agujero, hyung.
—Cállat… ¡Ahng!
Ante esa voz dulce pero espeluznante, Joowon sintió un rechazo visceral; pero en ese instante, unos dedos largos penetraron de improviso en su recto estrecho, irrumpiendo como una polilla hacia una llama. El dolor punzante de sentir su piel desgarrarse hizo que su mente se nublara.
Aterrorizado, Joowon cayó hacia atrás sin poder sostener el torso. Los dedos lisos removían las paredes de su recto, hundiéndose profundamente, provocándole un hormigueo aterrador en el bajo vientre. Intentó retroceder ante ese movimiento que hurgaba en sus entrañas, pero No-yoon abrió aún más sus muslos para seguir introduciendo los dedos. Se hundían con tal profundidad que su palma tocaba sus nalgas, con una persistencia que hacía que los ojos de Joowon temblaran.
—¡Hng, aah, ngh, ugh!
—Como no jugamos durante unos días, tu agujero se ha estrechado. Creo que hoy tampoco podré meterla toda.
—Lo… loco… hng, por favor, ¡ugh!
La punta de sus dedos firmes giraba dentro de él, rozando las paredes carnosas; sus entrañas se contraían y la zona bajo el ombligo palpitaba. El miembro de Joowon, sometido al placer, se volvió aún más sensible y sintió de nuevo la inminencia del orgasmo. Odiaba su propio cuerpo, que se comportaba como si hubiera olvidado que acababa de eyacular en las manos de No-yoon. Joowon se retorcía incesantemente para intentar apartarlo.
—¡Aah! ¡Quítate! ¡Saca tus dedos, ngh! ¡¿Por qué me haces esto?! ¡Aah!
—Qué tierno. Estás a punto de llorar otra vez.
—¡Agh!
Ante la mano que entraba y salía violentamente, como si lo estuviera fustigando por dentro, su bajo vientre se contrajo con fuerza y sintió una intensa e irreprimible necesidad de orinar. Jadeando, Joowon intentó cerrar las piernas y golpeó el pecho firme de No-yoon. Sin embargo, no importaba cuánto se resistiera, era incapaz de detenerlo y le resultaba imposible desprenderse del placer que se acumulaba en su miembro. El hecho de que su propio cuerpo sintiera placer con tanta fidelidad, a pesar de su rechazo, le resultaba espeluznante y asqueroso.
Cuando gruesas lágrimas empezaron a brotar de sus ojos, Park No-yoon curvó los labios en una sonrisa y hundió un dedo más en el orificio que estaba ultrajando. La entrada, ya de por sí estrecha, se dilató con dificultad para adaptarse al grosor de dos dedos. Joowon dejó escapar un jadeo agudo y se mordió los labios por el dolor.
La preocupación de que alguien pudiera pasar por allí se desvaneció como si hubiera sido succionada por una alcantarilla, siendo reemplazada por la magnitud de aquella humillación vulgar. Los dedos firmes golpeaban su próstata, rascándola y abriendo las paredes internas hacia los lados. Joowon luchó por escapar de esa sensación febril y de la sombra de No-yoon, pero sus esfuerzos fueron en vano. Debido al semen viscoso que manchaba sus paredes internas, cada vez que los dedos entraban y salían, un sonido de fricción lascivo resonaba en el habitáculo.
—Ah, hng… de… detente… sácatelo, por favor…
—Pero si tu agujero parece estar disfrutando mucho.
Como una bestia en celo, los dedos de No-yoon hurgaban y revolvían su recto sin piedad. Al ser estimulado en aquel lugar que disparaba un placer especialmente denso, Joowon sacudió la cabeza, fuera de sí. Pero, a diferencia de su mente, el orificio donde los dedos se hundían se contraía frenéticamente como si suplicara por un miembro real, y de su verga erecta empezó a brotar un líquido transparente en chorros intermitentes.
—Vaya, ¿qué es esto? ¿Te has corrido así?
—¡No mires! ¡Ha… ngh!
Las lágrimas se desbordaron ante la vergüenza de haber expulsado aquel líquido extraño que no era ni semen ni orina. Sentía que se volvería loco por no poder hacer nada con su cuerpo empapado de un placer que se sentía como una marea violenta. Cuando Joowon gimoteó un débil “deja de atormentarme”, los dedos que hurgaban ferozmente masajearon la pared interna y salieron de golpe. El frágil orgullo de Joowon se hizo pedazos por completo.
Ya lo había pisoteado todo lo que quería, así que debía ser suficiente. Sin poder siquiera arreglarse la ropa, Joowon tanteó con la mano hasta encontrar la manija de la puerta. Pero en el momento en que intentaba abrirla con desesperación, una mano como una garra siniestra tiró de su hombro tembloroso.
—¿A dónde vas?
—¡Hng!
Fue capturado antes de poder abrir la puerta. En un abrir y cerrar de ojos, su cuerpo fue volteado y sentado sobre los muslos de Park No-yoon, quien ocupaba el asiento del conductor. Bajo sus nalgas, sintió el grosor del miembro erecto y grueso de No-yoon. Aterrorizado, Joowon intentó escapar frenéticamente, pero no llegaba a ninguna parte.
—¿Por qué no hueles a tabaco, hyung? Ah… qué bien hueles.
No-yoon hundió la nariz en la clavícula del forcejeante Joowon e inhaló profundamente. Ante ese aliento que erizaba su piel, Joowon sintió una oleada de escalofríos. Una sirena roja resonaba en su cabeza como un presagio de la atrocidad inminente. —No, detente —suplicó una y otra vez mientras su cuerpo se retorcía. Como si no fuera a permitirle ni siquiera eso, No-yoon aplicó fuerza con una mano mientras con la otra, con total parsimonia, bajaba la cremallera de su pantalón.
—¡Aaah ah!
Poco después, una enorme masa de deseo penetró de golpe, dilatando su orificio al máximo. Sus labios se abrieron involuntariamente ante un grosor que no tenía comparación con dos dedos; se sentía como si le hubieran embutido una botella de agua entera. De la mandíbula del estupefacto Joowon empezó a caer un hilo de saliva transparente. Viendo aquella imagen como algo tierno, No-yoon rodeó con su gran mano la cintura temblorosa de Joowon y lo pegó contra sí.
—Relájate. Si sigues así, se te va a desgarrar el agujero.
—¡Ah, ahg! ¡Por… ugh, aaah…!
—Mmm, ¿por qué lloras tanto? ¿Quieres que te toque también?
Aquel garrote de carne, de un tamaño no solo grueso sino perverso, golpeaba sus entrañas sin misericordia. No-yoon arremetía sin descanso, decidido a no dejar escapar ni el más mínimo rastro de deseo sexual que Joowon pudiera sentir. Hasta su pequeña resistencia se desmoronaba como una hoja seca.
—No lo hagas. Por favor, para. Fue mi culpa. —Sumido en una agonía que era a la vez placer y dolor, Joowon suplicaba una y otra vez sin ser consciente de lo que decía.
No-yoon acariciaba con una mano el miembro colgante de Joowon mientras seguía embistiendo con el suyo, que atravesaba su recto. Ante el estímulo que recibía por delante y por detrás, Joowon se retorcía con la boca abierta. Debido al incesante golpeteo, el interior de su recto se sentía reblandecido, y su propio miembro, que ya había eyaculado dos veces, estaba al rojo vivo. Joowon movió los ojos con dificultad y, por instinto, miró el espejo retrovisor. Las pupilas ámbar de Park No-yoon lo observaban fijamente. En ese instante, un escalofrío recorrió su espina dorsal y una oleada de vergüenza y autodesprecio lo golpeó como un tsunami.
—Hng… ¿hasta cuándo…? ¿Cuánto más piensas atormentarme? Dime. ¡Cuánto tiempo piensas seguir con esta porquería, agh!
—¿Atormentarte? Pero si tú también te estás corriendo de placer.
—¡Lo odio! ¡Hng! ¡Ahí no… aaah!
—¿Eh? Mira, por allí pasa alguien.
—¡Mngh!
—Es broma. Te ves tan lindo cuando te asustas.
—¡Aaah!
Park No-yoon soltó una risita y, cambiando ligeramente el ángulo, comenzó a golpear indiscriminadamente el punto de placer oculto en lo profundo de las paredes del recto. Al mismo tiempo, no detuvo la mano que sujetaba el miembro de Joowon. El semen pegajoso se filtraba entre cada uno de sus dedos. Joowon, sollozando, intentó empujar la muñeca de No-yoon con sus manos temblorosas, pero en ese instante, el grueso miembro se hundió de un golpe hasta la raíz.
—Por fin entró todo. Mi Joowon ya no podrá casarse con nadie más.
El miembro de No-yoon comenzó a embestir frenéticamente, como si tuviera la intención de desgarrar sus entrañas. Lo invadía como una bestia ciega devorada por la lujuria que arrolla todo a su paso. Joowon sacudía la cabeza incesantemente para intentar desprenderse de aquella sensación dolorosa. Debido al estímulo constante, Joowon terminó eyaculando una vez más. Al ver aquel estado deplorable, No-yoon sonrió. Parecía un científico que, tras años de investigación, finalmente obtenía el resultado esperado.
—¡Aaah, ugh, nh…ah!
En el momento en que el miembro se hundía con tal fuerza que parecía que iba a alcanzar sus testículos, el semen brotó de Joowon, trayendo consigo una mezcla de dolor y placer extremo. Joowon, fuera de sí, ya no tenía fuerzas para resistir. Estaba tan agotado que ni siquiera podía oír el sonido vulgar de la fricción de sus paredes internas pegándose y despegándose del tronco del miembro, ni soportar el olor rancio y obsceno que lo envolvía. Joowon parpadeó con la vista nublada mientras las lágrimas caían sin cesar. Debido a este sexo que lo empujaba hasta el límite, sentía que su orificio no solo ardía, sino que estaba a punto de desgarrarse por completo.
—Por cierto, el semestre está por terminar. ¿Nos vamos de viaje?
—¡Ah… ah, mngh…!
—No, mejor no. Primero, mudemos tus cosas a mi casa. Tengo muchísimas cosas que quiero hacer contigo, hyung. Para cuando terminen las vacaciones, seremos muy cercanos—, susurró No-yoon con voz pausada mientras soltaba un suspiro lánguido y fruncía una ceja. Pronto, su miembro firme tuvo un espasmo y el interior del estrecho recto de Joowon se llenó por completo de un semen denso y pegajoso.
Hilos de semen recorrieron el canal hasta salir por el perineo, empapando el surco de las nalgas de Joowon. De aquel orificio manchado con restos de sangre y semen, el miembro atroz salió lentamente. Chic, se oyó el sonido vulgar de las paredes internas despegándose del cilindro de carne.
—Ya tenemos un recuerdo más.
La voz cargada de un calor húmedo y pegajoso cristalizó en sus oídos. Joowon, convertido en un desastre, parpadeó dejándose llevar por un mareo abismal. Estaba tan desesperado, su realidad era tan espantosa, que ya no podía distinguir si el lugar donde se encontraba era un aparcamiento o una alcantarilla.
Probablemente, se encontraba en algún lugar en el fondo del mismísimo infierno.
No-yoon siguió balbuceando cualquier cosa, pero Joowon, incapaz de oír nada más, simplemente cerró los ojos. Una mirada viscosa se aferró al espacio entre los músculos de su cuello. Entre los párpados enrojecidos de Joowon, una gruesa lágrima rodó por su mejilla.
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