Se despertó con un dolor de cabeza tan agudo que sentía una presión insoportable en las sienes, como si los mismos sesos se le hubieran congelado. Parpadeó repetidamente, abriendo y cerrando los párpados, mientas una danza frenética y caótica de puntos de colores bailaba frente a sus ojos. Experimentando una agonía que hacía eco en todo su cráneo, Joowon apenas logró mover el cuerpo. Sin embargo, las fuerzas se le evaporaron de inmediato y volvió a desplomarse cuan largo era contra el suelo.
“Sueñe conmigo, hyung.”
Al rastrear su último recuerdo, la figura de Park No-yoon golpeándolo despiadadamente con una barra de hierro emergió en su mente. Incluso en medio de su visión borrosa y su conciencia empañada, esa sonrisa radiante había quedado grabada a fuego con una nitidez espantosa. Con el corazón dándole un vuelco violento, Joowon se sacudió como un juguete viejo a punto de agotar su batería. No podía mover el cuerpo en absoluto; tanto sus muñecas como sus tobillos estaban firmemente amarrados con gruesas cuerdas.
—¡Ugh, kgh…!
Para colmo, no llevaba ni una sola prenda de ropa encima. Imaginar a Park No-yoon tarareando una melodía alegre mientras lo desnudaba no solo le erizó la piel, sino que le provocó unas intensas náuseas que subieron por su garganta. Había caído en las garras de un maldito psicópata. Y esta vez, de una manera irreversible.
A medida que el frío que emanaba del suelo helado le perforaba la piel desnuda, el terror sofocante y la cruda realidad de sus problemas pendientes lo abofetearon de golpe. Si Park No-yoon había sido capaz de romperle la cabeza y secuestrarlo, bien podría poner fin a su vida. Dominado por un miedo que se arrastraba sutilmente por su espina dorsal, Joowon ejerció fuerza en sus manos atadas por la soga.
A eso se sumaba la ansiedad devoradora de no poder cuidar de su hermano enfermo, Wonyoung, y el peligro inminente de los usureros, que irrumpirían en cualquier momento al no recibir los intereses de la deuda. Esas responsabilidades, que había intentado posponer como si fueran el zapato de cristal olvidado por Cenicienta, lo obligaron a alertarse. Tenía que salir de allí a como diera lugar. Debía usar cualquier método para escapar de aquella habitación, para escapar de Park No-yoon. Mordiéndose el labio inferior, Joowon logró incorporar el torso a duras penas.
Forzó a su adolorido cerebro a maquinar desesperadamente una estrategia sobre cómo actuar en esta situación. Primero: atacar la cabeza del tipo tal como él lo había hecho.
Ya le había fracturado el hombro con una botella de vino en el pasado, ¿acaso la fortuna volvería a sonreírle de esa manera? Sin embargo, la probabilidad no parecía muy alta. Segundo: fingir total sumisión para luego huir al menor descuido. Esta opción parecía más viable, pero conociendo su propio temperamento, Joowon sabía que no sería capaz de tolerar el teatro por mucho tiempo.
Entonces, solo le quedaba la última opción: desatar las cuerdas y correr como un maldito loco.
Al final, este tercer plan parecía el más realista. Tras tomar una decisión, Joowon soportó el dolor punzante que le retumbaba en el cráneo y examinó los alrededores. No había una sola ventana que filtrara un mísero rayo de sol; la oscuridad era absoluta. Solo pudo distinguir un sofá viejo y unas cuantas varas largas que parecían tacos de billar. No había ningún objeto punzante a la vista. Bueno, a menos que Park No-yoon fuera estúpido, jamás dejaría algo afilado a su alcance. Joowon soltó un pesado suspiro y apoyó la espalda contra la pared.
—Ha… Haaa…
Aun sabiendo que era una estupidez, Joowon forcejeó desesperadamente, jadeando en un intento por aflojar el nudo. Pero la atadura, perfectamente ejecutada, ni se inmutó. Lo único que conseguía era agotar sus ya escasas energías.
Se retorció con rabia sacudiendo el cuerpo para soltarse, gritó a pleno pulmón maldiciones e insultos de todo calibre, e incluso logró arrastrarse hasta la puerta para intentar girar el picaporte con sus manos fuertemente atadas, pero todo fue en vano. No había absolutamente nada que Joowon pudiera hacer.
—Mierda…
Era una situación en la que resultaba imposible no maldecir. Joowon se mordió los labios para contener el dolor de cabeza que iba en aumento. Por más que obligaba a su mente aturdida a buscar una infinidad de soluciones, ninguna aparecía. Finalmente, llegó a una única conclusión: por ahora, tenía que dialogar con Park No-yoon.
“Pienso descubrirlo poco a poco. También quiero volverme cercano a usted, hyung.”
Según las propias palabras del tipo, había perpetrado semejante atrocidad simplemente porque quería “volverse cercano” a él. Cuanto más lo pensaba Joowon, más se le revolvían las entrañas de la indignación. Si ese era el caso, no debió haber actuado así desde el principio. No debió haberlo violado ni chantajeado. «¿Por qué demonios tenía que terminar esto así…?». No, ahora no era el momento de cuestionar eso. Joowon frunció el ceño profundamente y clavó una mirada asesina hacia la puerta por donde tarde o temprano entraría Park No-yoon.
Sin embargo, a juzgar por su percepción del tiempo, pasaron horas interminables sin que apareciera un solo cabello de su captor.
Incluso cuando la migraña empeoró y su estómago vacío comenzó a rugir ruidosamente por la falta de alimento, No-yoon no se presentó. Sentía que había transcurrido un lapso de tiempo sumamente prolongado, pero seguía sin ver ni la sombra del tipo. Debido a la deshidratación, el interior de su boca se secó como el desierto. Ya estaba herido, y la alarmante pérdida de energía volvía la situación aún más tormentosa. Joowon, que permanecía apoyado contra la pared, se deslizó lentamente hasta quedar tendido en el suelo.
Calculó que debió de haber pasado un día, o quizás dos, o tal vez incluso más. El sentimiento de impotencia se multiplicaba y la agonía de un aburrimiento infinito se prolongaba. Lo único afortunado dentro de la desgracia era que, al no haber ingerido una sola gota de agua ni bocado de comida, no experimentaba la necesidad de evacuar. Joowon se retorció en el suelo, con las entrañas hechas un nudo y el cráneo latiendo con violencia. Justo cuando iba a mover sus labios resecos, preguntándose hasta cuándo tendría que soportar aquello, la puerta se abrió de par en par.
—¿Cómo sigue el dolor?
Un Park No-yoon con una sonrisa resplandeciente miró a Joowon, quien yacía desparramado de forma patética en el suelo, y soltó una risita. En su mano izquierda sostenía un pastel de un azul intenso decorado con una sola vela encendida, y en la derecha llevaba un ramo de flores con una tonalidad similar a la del pastel. Cualquier persona normal habría visto la escena como algo hermoso, pero para Joowon, aquel sujeto no era más que un maldito psicópata. Joowon se mordió el labio, intentando exteriorizar la furia ciega que nacía desde lo más profundo de sus entrañas, pero al estar completamente desprovisto de fuerzas, constató que incluso hablar le requería un esfuerzo titánico, por lo que desistió.
—Yo también quería venir a jugar contigo cuanto antes, hyung. Pero intuía que iba a armar un escándalo molesto. Así que le otorgué este tiempo a solas para que se le bajaran un poco los humos.
«Hijo de perra maldito, demente de mierda». Una infinidad de insultos se arremolinaron en la boca de Joowon. No obstante, con la energía reducida a cero, el único sonido que logró emitir fue un débil y agónico jadeo. Reuniendo el último aliento, Joowon incorporó el cuerpo del suelo con dificultad para clavar la mirada en No-yoon. El tipo, que se había aproximado a él en un par de pasos, depositó el pastel azul frente a Joowon con sumo cuidado.
—Es para celebrar que mi casa se ha convertido oficialmente en nuestro hogar. Hagamos una fiesta.
«¿Nuestro hogar? ¿Una fiesta?». Joowon lo contempló con una expresión de absoluta estupefacción mientras No-yoon seguía curvando las comisuras de los labios con ligereza.
Parecía sumamente entusiasmado por razones que Joowon no alcanzaba a comprender. Sacó una caja de cerillos que venía con el pastel y raspó la cabeza contra la banda de fricción. De inmediato, una chispa roja cobró vida en la punta de madera. Sosteniendo el cerillo que se consumía rápidamente con una pequeña llama, encendió la vela clavada en el centro del pastel. El fuego de un rojo vivo osciló sutilmente, imitando el vaivén del atormentado corazón de Joowon.
—No he podido pegar un ojo en todo este tiempo. Saber que estás aquí, a mi lado, hace que esto me lata a mil por hora.
No-yoon dio unos ligeros toques en el lado izquierdo de su pecho. Pronunciaba palabras completamente descabelladas, pero su rostro reflejaba una felicidad más radiante que nunca.
—¿Hyung sabes por qué me pasa esto? Pienso en ti durante todo el día. Y cada vez que te miro, lo único que quiero es tener sexo contigo. Incluso esa forma en la que me miras ahora mismo me parece jodidamente tierna.
—Ugh… u-uuh…
—Sea lo que sea, me gustas porque no me aburres, Hyung. De verdad, es muy emocionante.
Joowon, con el pecho a punto de estallar por la indignación y la impotencia, clavó una mirada asesina en Park No-yoon. Su plan inicial, ese de seguirle la corriente, adaptarse a su humor y buscar el momento oportuno para escapar, se hizo añicos en un instante. Dominado por un arrebato de furia ciega, gritó con tanta fuerza que las venas de su cuello se tensaron al límite:
—¡Vete al demonio! ¡Pedazo de escoria repugnante! ¿Que quieres que nos llevemos bien? ¿Qué clase de maldito demente viola y chantajea a alguien porque quiere ser su amigo? ¡Muérete! ¡Muérete de una vez, hijo de perra!
Hacía apenas unos momentos se sentía completamente debilitado, tambaleándose como un espectro, pero ver el rostro de Park No-yoon hizo que la sangre le hirviera de rabia. Joowon jadeaba furioso, fulminándolo con unos ojos cargados de puro odio. Sin embargo, el tipo ni se inmutó; con una total indiferencia, murmuró para sí mismo: —La vela se va a derretir por completo—. Era un auténtico psicópata. Intentar razonar con él mediante una lógica normal era una causa absolutamente perdida.
—Hyung.
—¡Cállate! ¡No digas ni una sola palabra! ¡Desátame ahora mismo!
—¿Qué tengo que hacer para que vivas conmigo?
¿Acaso aquello era una pregunta seria? Era tan absurdo que a Joowon estuvo a punto de escapársele una risa histérica. Cerró con fuerza sus manos atadas en puños y miró directamente a esos ojos claros y desprovistos de calidez.
—Nada. No hay nada que puedas hacer. No viviría contigo ni aunque me dieras millones. Me asquea incluso compartir el mismo aire contigo en esta habitación.
—Mmm…
Joowon disparó sus verdaderos pensamientos como ráfagas de una ametralladora. Aunque la migraña le punzaba el cráneo con violencia, mantuvo el ceño fruncido sin apartar la vista de No-yoon. Incluso en un momento tan vulnerable, se negaba rotundamente a mostrarse débil o sumiso. Al ver que Joowon se mordía el labio con rabia, No-yoon inclinó la cabeza de medio lado y, con un ligero soplo, apagó la llama.
—Me parece que hyung necesita un poco de educación —habló con una pronunciación pausada, clara y escalofriante tras levantar el pastel y colocarlo sobre el sofá.
Joowon entornó los ojos al escuchar la palabra “educación”. Estaba a punto de gritarle con todas sus fuerzas que dejara de decir estupideces cuando, de repente, ¡Zas! No-yoon movió el brazo con una fluidez pasmosa y le cruzó la cara de una bofetada. Joowon no tuvo tiempo de esquivar esa mano enorme, firme como la tapa de una olla de hierro, y cayó desplomado sobre el suelo.
—¡Ah… ugh, kgh…!
El cerebro le dio un vuelco dentro del cráneo y un pitido agudo e incesante resonó en sus oídos. Aunque solo había recibido un golpe, sintió como si hubiera sido víctima de una paliza descomunal. Tumbado en el suelo, Joowon gimió de dolor mientras hacía un esfuerzo sobrehumano por incorporarse. El sufrimiento físico era atroz, pero su espíritu de rebeldía contra Park No-yoon seguía intacto.
—¡Aaaah!
Justo en el instante en que gritaba con desesperación, tratando de disipar el zumbido de sus oídos, uno de los zapatos de casa de No-yoon se estampó directamente contra su abdomen. El impacto directo en la boca del estómago le cortó la respiración de golpe. Experimentando una agonía asfixiante, Joowon comenzó a babear y a retorcerse, pero No-yoon no mostró la menor piedad. Lo agarró del cabello para abofetearlo una y otra vez, descargando una violencia implacable con pies y manos allí donde alcanzaba: en los muslos, en las costillas, en el plexo solar.
Perdió la cuenta de cuántos golpes había recibido mientras soportaba ese calvario, cuando una nueva mano impactó contra su rostro. Su mejilla se inflamó al instante y la comisura de sus labios se rasgó; las gotas de sangre quedaron suspendidas por un segundo antes de correrle por la barbilla. El sabor ferroso y amargo de la sangre inundó su lengua, provocándole una arcada. Como un espantapájaros desvencijado, Joowon quedó tendido boca abajo en el suelo. El frío del pavimento hincándose en su piel desnuda intensificaba el dolor de las heridas.
—Otra vez.
—Hgh… ugh…
—¿Le gusta nuestro hogar, hyung?
—Púdrete… ¡Ugh, kgh…!
No-yoon le tiró del cabello para obligarlo a levantar la cabeza y abrió los ojos de par en par. Era una escena aterradora. Joowon pensó que si el tipo mostrara rabia o furia real, al menos sería más humano y menos espeluznante. Paralizado por el pánico, encogió sus dedos trémulos y se le quedó mirando.
—¡Te he dicho que no tengo la más mínima intención de vivir contigo! ¡Aaah!
La agresión desmedida y brutal comenzó de nuevo. Ante la fuerza arrolladora de los golpes que le llovían en el rostro, Joowon se desplomó sin poder oponer resistencia. De inmediato, No-yoon volvió a tirar de sus cabellos para alzar su cabeza inerte y balanceó la palma de la mano con fuerza. ¡Zas! ¡Zas! ¡Zas! Las bofetadas consecutivas y despiadadas nublaron por completo su conciencia. Lágrimas fisiológicas brotaron involuntariamente de sus ojos debido al dolor, y la saliva se le escurría de la boca, incapaz de cerrarla por la hinchazón.
—Si me dejas ir ahora… ugh… prometo que no te denunciaré.
Su orgullo, todavía firme a pesar del maltrato, le impedía suplicar perdón o mostrarse sumiso. El pecho de Joowon subía y bajaba con dificultad mientras jadeaba. Sin embargo, mientras Joowon solo experimentaba una profunda desesperación, los ojos ambarinos de No-yoon se clavaron directamente en sus pezones, erguidos por el frío y el dolor.
—¡Te digo que no iré a la policía! Así que déjam-…
—Te escuché.
—¡Déjame ir! ¡Y desátame esto de una vez!
—¿Por qué habría de hacerlo? Si a partir de ahora vamos a vivir juntos.
—¿Acaso le harías esto mismo a Im Juntae o a Kim Chang-bin? ¡Piensa con lógica por una puta vez! ¡Nadie hace esta clase de locuras solo para ganarse la amistad de alguien!
—Con ellos no experimento este tipo de sentimientos. Además, ninguno es tan hermoso como hyung.
—Ha… maldita sea…
La expresión de Park No-yoon permanecía completamente serena, como si estuviera exponiendo una verdad absoluta y evidente, del tipo de que después de la letra A sigue la B. Joowon comprendió que era inútil; no había forma de razonar con él.
Preso de un fuerte sentido de supervivencia, decidió jugarse el todo por el todo y arremeter contra No-yoon con las pocas fuerzas que le quedaban. Justo cuando reunía la energía residual de su cuerpo para morderle el brazo, una mano enorme le atenazó el cabello y le empujó la cabeza bruscamente hacia el pastel.
—¡Suéltame!
Joowon se debatió con desesperación. Iba a gritarle que parara de una vez, que estaba completamente desquiciado, cuando un crujido rasgó el aire y un cerillo cobró vida. No-yoon acercó la llama hacia la vela del pastel que estaba frente a Joowon. Al sentir el calor abrasador tan cerca de su rostro, Joowon se estremeció por instinto.
—Sopla. Y pide un deseo.
Obligarlo a soplar la vela como si fuera el feliz protagonista de un cumpleaños mientras lo mantenía sometido por el cabello… La situación era tan dantesca y macabra que Joowon, con los hombros temblando sutilmente, alzó la vista hacia No-yoon.
—¿No vas a soplar?
El tipo lo observaba fijamente con unos ojos vacíos de cualquier emoción descifrable, escrutando su rostro demacrado y herido. Las manos de Joowon, atrapadas por la cuerda, temblaban sin control. Sabiendo que si se negaba o armaba un escándalo desataría otra oleada de golpes, Joowon exhaló un soplido hacia la llama titilante. La vela se apagó al instante, y un humo blanquecino se evaporó en el aire en cuestión de segundos. Se parecía tanto a su propia vida: una existencia desdichada, que oscilaba a merced del peligro y terminaba siendo pisoteada por la violencia.
—¿Qué deseo pediste, hyung?
—…Que te mueras.
—Yo también pedí un deseo. Que hyung y yo sigamos volviéndonos cada vez más cercanos, justo de esta manera.
—No me jodas. ¡Eso jamás va a pasar! ¡Desátame ahora mismo!
—Veo que todavía no has recibido suficiente educación.
—¡Ugh…!
La mano que le tiraba del cabello ejerció aún más fuerza. Joowon, deseando con toda su alma no recibir más golpes, encogió los hombros por instinto y cerró los ojos con fuerza.
—No voy a pegarte. No por ahora —susurró Park No-yoon en un tono bajo, antes de apartarle el cabello de la frente con una suavidad espeluznante y soltar una risita.
Joowon se sintió completamente ultrajado y manejado a su antojo por ese maldito demente. Con el orgullo pisoteado hasta lo más hondo, frunció el ceño profundamente y se mordió el labio inferior. Quizás debido a la paliza tan severa que acababa de recibir, ambas mejillas y el abdomen le escocían con un dolor sordo y lacerante.
—Qué tierno. Mira cómo te asustas.
—…
—Tienes los labios muy hinchados. Tendré que consolarte.
—¿Qué…? ¡Kgh!
Park No-yoon presionó con fuerza el cuello de Joowon, donde el dolor ya palpitaba de forma aguda, y estampó sus labios contra los suyos. En el instante en que sus bocas se sellaron confundiéndose con un jadeo agónico, una lengua enorme y de un rojo vivo se deslizó sin pedir permiso hacia el interior. Debido a la opresión en su garganta, Joowon no podía respirar adecuadamente y su cuerpo se sacudía espasmódicamente; sin embargo, el músculo invasor que había conquistado su boca exploró cada rincón, golpeando y presionando la sensible mucosa interna como el pico de un ave rapaz.
Afectado por la asfixia, Joowon soltó unas tosidas dolorosas y se sacudió con desesperación, pero los labios de Park No-yoon no daban la menor señal de querer apartarse.
Un beso. No es que jamás lo hubiera imaginado. Había proyectado en su mente, al menos una vez, la escena de unir sus labios con alguien a quien amara, en un lugar impregnado de una atmósfera medianamente romántica, aunque no fuera un hotel de lujo. No obstante, que el dueño de esos labios fuera un hombre, y que ese mismo sujeto lo estuviera estrangulando mientras le saboreaba la lengua por la fuerza, rebasaba cualquier expectativa. No, era algo de lo que jamás había oído hablar en su vida.
Al notar que Joowon se asfixiaba y jadeaba por aire, la lengua de No-yoon se volvió aún más salvaje y frenética. Cuando Joowon intentó echar la cabeza hacia atrás para escapar, una mano enorme le atenazó la nuca y lo arrastró de vuelta con violencia, pegándolo a su rostro. Dolor, placer, terror. En medio de aquel torbellino de emociones puramente negativas, la chispa de un placer involuntario y confuso se filtró con una nitidez que lo horrorizó aún más. Atrapado sin poder moverse un milímetro, los dedos de Joowon se abrían y se cerraban en un espasmo continuo. Una punzada ardiente emanó de la comisura rota de sus labios.
Con la nuez de Adán aplastada por la presión, su rostro se tiñó de un rojo intenso; al tener la boca completamente sellada por los labios ajenos, su caja torácica se inflaba y se vaciaba a un ritmo cardíaco y desesperado. A pesar de ello, Park No-yoon no mostró clemencia. Al contrario, incrementó la fuerza en la mano que lo estrangulaba y succionó su lengua con una intensidad que rayaba en la tortura. Poco a poco, la mente de Joowon comenzó a nublarse y un dolor lacerante, como si le desgarraran los pulmones en mil pedazos, lo invadió por completo. Cerrando los ojos con vehemencia, Joowon reunió hasta el último ápice de su fuerza residual y se retorció con violencia en un intento desesperado por empujar a No-yoon lejos de él.
Park No-yoon continuó sometiendo su garganta mientras reclamaba cada milímetro de su cavidad bucal. Con la punta redondeada de su lengua, repasó con una lentitud densa las delicadas paredes internas de sus mejillas. Ese músculo viscoso frotaba la lengua de Joowon una y otra vez, ansioso por devorar hasta su último aliento. A No-yoon no le importó en lo más mínimo que un hilo de saliva; de quién era, ya ni se sabía, corriera por su barbilla; continuó empujando y moviendo la lengua de un lado a otro de forma obscena, emulando el ritmo de una violenta embestida sexual.
El aire se le agotó. Soportar aquel beso que se prolongaba sin concederle una mísera tregua se volvió una tarea imposible. Finalmente, Joowon abrió los ojos de golpe. La figura de Park No-yoon, pegada a él mientras le devoraba la boca, se recortó con una nitidez aplastante en sus pupilas. Poseía un rostro de una belleza tan perfecta que resultaba escalofriante, pero ese detalle carecía de la menor importancia en ese instante. Consiguiendo aclarar a duras penas su mente embotada, Joowon mordió con todas las fuerzas que le quedaban la lengua que entraba y salía de su boca de forma incesante.
Solo entonces se detuvo aquel beso que había mezclado sus respiraciones al borde de la muerte. Experimentando el sabor ferroso de la sangre, Joowon se echó hacia atrás y comenzó a arrastrarse hacia la puerta de salida, sacudiéndose como un camarón atrapado en una red de pesca. Sabía perfectamente que tener las manos y los pies atados volvía inútil cualquier esfuerzo, pero se movió impulsado por el puro instinto de supervivencia.
—Considero que he sido bastante considerado y amable contigo, hyung. Por eso no logro entender por qué insistes tanto en buscar tu propio malestar.
—¡Ugh!
Su intento de fuga llegó a un abrupto final. No-yoon le atrapó el cabello revuelto con un tirón seco y alzó la palma de la mano. Sabiendo que se avecinaba otra agresión, Joowon apretó los dientes con fuerza, y tal como lo predijo, el bofetón impactó de lleno en su rostro. ¡Zas! Con la cabeza girada bruscamente hacia la derecha debido al impacto, Joowon perdió el equilibrio y cayó de costado contra el suelo. Le dolía todo. Sufría. Era una agonía insoportable. Quería escapar de este lugar, quería librarse de Park No-yoon a como diera lugar. Una mezcla de sensaciones espantosas, densas y putrefactas como el cadáver descompuesto de un animal cubierto de sangre seca, carcomía el cuerpo de Joowon por dentro.
—De verdad quiero que nos volvamos cercanos, hyung.
—¡Aaah! ¡Ugh, mmmgh…!
—Abre un poco tu corazón para mí. Esto me entristece de verdad.
La voz de Park No-yoon, mientras pronunciaba aquellas sandeces sin sentido y continuaba propinándole golpes, conservaba una cortesía y una dulzura que resultaban nauseabundas. Si ya le dolía la comisura de los labios que se había rasgado antes, ahora sentía que el lado opuesto también se había partido debido al impacto. Intentó entreabrir la boca para recuperar algo de aire, pero una nueva ráfaga de violencia gratuita lo interceptó. La gruesa palma de No-yoon cruzó el rostro de Joowon varias veces consecutivas. Ambas mejillas le quedaron tan entumecidas que el dolor hizo eco directo en su cráneo. Con la visión completamente distorsionada y borrosa, incapaz de recuperar la consciencia por completo, Joowon se limitó a dejar escapar débiles gemidos de dolor mientras seguía recibiendo los impactos en la cara.
—¿De verdad pensaste que todo se solucionaría si simplemente guardabas silencio, hyung?
Como si poseyera una resistencia inagotable, No-yoon ni siquiera respiraba con agitación; con total parsimonia, sujetó a Joowon por los cabellos una vez más para obligarlo a sostenerle la mirada.
Esas pupilas ambarinas, que semejaban el destello espeso de los rayos dorados del sol, brillaron bajo la luz de la habitación, provocando que el corazón de Joowon diera un vuelco violento por el pánico. Aterrorizado, Joowon se retorció con desesperación para zafarse de ese agarre maldito. Pero cuanto más luchaba, más presión ejercían los dedos de No-yoon sobre su cuero cabelludo.
—Me bastará con hacer que Wonyoung me la chupe justo en frente de hyung. Si hago eso, te quedarás completamente solo en este mundo, ¿no crees? …No está mal la idea —murmuró No-yoon para sí, mientras jugueteaba con los dedos sobre los labios completamente ensangrentados y destrozados de Joowon.
—Hijo de perra… Si te atreves a tocar un solo pelo de Wonyoung, juro que te voy a matar. Te mataré con mis propias manos.
Joowon lo observaba con una expresión completamente desencajada; sentía que el alma se le caía a pedazos y experimentaba un deseo ferviente de desaparecer de la faz de la tierra en ese mismo instante. Sometido a un nivel de estrés extremo y a un sufrimiento físico intolerable, su corazón latía a una velocidad alarmante y la cabeza le retumbaba sin tregua. No habría sido extraño que perdiera el conocimiento en ese estado. Se sentía completamente desamparado, atrapado en un laberinto sin salida donde no sabía cómo librarse de la sombra maldita de Park No-yoon. Finalmente, estremeciéndose de dolor y pura desesperación, movió sus labios cubiertos de gotas de sangre.
—No lo hagas… Por favor, detente.
—Sé un buen chico y abre la boca. Tenemos que terminar lo que empezamos.
—Hgh…
—¿Acaso no ve que todavía no hemos terminado?
Al constatar la firme determinación del tipo de volver a estrangularlo y forzarlo a mezclar sus lenguas, Joowon experimentó una oleada de angustia que ascendió desde lo más profundo de su ser. Sintió un nudo amargo atascado en la garganta y un sabor sumamente agrio en la boca. La frustración y la impotencia lo desbordaron por completo, impidiéndole ocultar su faceta más vulnerable y patética. Sin ser consciente de que sus ojos ya se habían inundado de lágrimas, Joowon alzó la vista hacia un Park No-yoon que lo observaba con los ojos abiertos de par en par.
—No quiero besarte… Odio tener que hacerlo contigo…
—…
—¡Mierda, yo no soy gay…! Ugh… hgh… ¡Y porque eres tú, me asqueas todavía más!
Joowon no era un hombre propenso a las lágrimas. Sin embargo, en una situación como esta, tras haber sido sometido a un nivel de estrés que superaba con creces su límite de resistencia, lo verdaderamente extraño habría sido no llorar. Conteniendo a duras penas el llanto mientras apretaba sus labios completamente destrozados, sollozó, haciendo que sus hombros se sacudieran de forma intermitente.
—¿Estás llorando?
Park No-yoon, contemplando la escena con una fascinación genuina, inclinó la cabeza hacia la derecha y acercó su rostro al de Joowon. Su actitud recordaba a la de un maestro que observa con curiosidad morbosa a un niño que solloza con la cabeza apoyada en el pupitre tras haber sido reprendido. Negándose rotundamente a responderle, Joowon giró la cara hacia un lado. Al instante, No-yoon le atrapó la parte posterior de la cabeza con un movimiento firme para obligarlo a mirarlo directamente a los ojos.
Mordiéndose el labio inferior, Joowon se vio forzado a sostenerle la mirada. Las comisuras de los labios de No-yoon se curvaron en una sonrisa perfecta y hermosa, y de su boca brotó una voz cargada de una expectación desbordante:
—¿De verdad estás llorando?
El tipo estaba experimentando una alegría real y profunda. ¿Qué clase de maldito psicópata reaccionaba de esa manera? Joowon se quedó completamente atónito, sin la menor idea de cómo procesar lo que estaba ocurriendo. Abrió la boca con la intención de soltarle un insulto, pero antes de que pudiera articular sonido, los labios de No-yoon se sellaron contra los suyos una vez más.
Aunque Joowon echó la lengua hacia atrás para esquivarlo, resultó del todo imposible repeler la invasión de ese músculo que lo perseguía con una insistencia implacable. Sin importar cuánto intentara evadirlo, la lengua ajena se adhirió a la suya sin dejar un solo espacio libre, enredándose como una enredadera salvaje para succionarla con una fuerza desmedida. Tiró de ella con tanta agresividad que Joowon sintió un dolor agudo en la raíz de la lengua, como si se la fuesen a arrancar. Se retorció y sacudió el cuerpo emitiendo quejidos ahogados, pero esa resistencia solo sirvió como un catalizador que volvió el beso de No-yoon aún más denso y lujurioso.
—Mmm… ugh… hgh… mmmgh…
Aquel beso tiránico se prolongó de forma indefinida. Ante el temor de recibir otra paliza brutal si volvía a morderle la lengua como antes, Joowon optó por mantener la boca abierta con total pasividad. Sin embargo, en el instante en que sintió esa lengua empapada y de un rojo vivo acariciar las paredes internas de sus mejillas, una oleada de escalofríos le recorrió todo el cuerpo. Dominado por una sensación tan aberrante como espeluznante, Joowon giró la cabeza hacia un lado con brusquedad. Al separarse momentáneamente, un hilo de saliva plateada se estiró en el aire antes de cortarse.
Contrario a sus expectativas de que el asalto terminaría allí, Park No-yoon se abalanzó de inmediato para besarlo otra vez. Aunque Joowon sacudía la cabeza de un lado a otro en un intento desesperado por disipar el zumbido de sus oídos y recuperar el aire, esos labios se negaban a soltarlo. Con los ojos cerrados, deseando con todas sus fuerzas perder el conocimiento para escapar de la pesadilla, sintió de repente cómo los dedos pulgar e índice de No-yoon, curvados en forma de pinza, le atenazaban y retorcían su pezón con fuerza.
—¡Kgh…!
Inclinando levemente la cabeza, No-yoon succionó el interior de su boca con una fuerza de absorción tremenda mientras continuaba estimulando el pezón de Joowon, el cual ya se había erguido por completo. El movimiento frenético de esa lengua que lo revolvía todo, sumado al tacto lascivo de los dedos que le frotaban el pezón, estuvo a punto de hacerle perder la cordura. Le resultaba aterrador e incomprensible constatar cómo su propio cuerpo comenzaba a verse arrastrado por la situación en contra de su voluntad. Justo cuando Joowon se estremecía e intentaba echarse hacia atrás, su cuerpo fue levantado en vilo de repente y depositado bruscamente sobre el sofá.
Antes de que pudiera exigir una explicación, No-yoon tomó la iniciativa. Afilando la punta de su lengua húmeda y encendida, comenzó a recorrer y acariciar minuciosamente cada centímetro de la piel de Joowon. Ese músculo suave y húmedo lamió sus pezones antes de morderlos sutilmente con sus dientes blancos, infligiendo un estímulo punzante. Joowon sintió que había caído en una encrucijada donde el placer físico y la repulsión psicológica colisionaban de forma violenta. Intentó con todas sus fuerzas empujar lejos al tipo que le pasaba la lengua por el torso de manera tan lasciva, pero al tener las muñecas fuertemente ligadas, lo único que pudo hacer fue bramar con impotencia:
—¡Te he dicho que te largues…!
Tras succionar con vehemencia sus pezones, los labios de No-yoon descendieron por sus costillas, su cintura y su pelvis con un deleite estético absoluto, hasta que finalmente forzó la apertura de los muslos temblorosos de Joowon para lamer la cara interna de sus piernas. Una sensación de hormigueo punzante ascendió por sus extremidades, provocando una punzada de calor en su entrepierna. Ese estímulo que se negaba rotundamente a aceptar invadió la mitad inferior de su cuerpo hasta reclamar el control total de su mente.
Estaba experimentando placer. En un momento tan aberrante como este, mientras estaba siendo violado. El descubrimiento lo sumió en un estado de desprecio y asco absoluto hacia sí mismo. Desesperado por recuperar la cordura y recordándose que bajo ninguna circunstancia debía dejarse llevar, Joowon inclinó la cabeza y clavó los dientes con todas sus fuerzas en su propio antebrazo. Prefería mil veces concentrarse en el dolor físico. Antes de permitir que ese placer distorsionado lo destruyera por completo, eligió la vía del sufrimiento autoinfligido.
—¿Acaso es masoquista, hyung? Vaya, no sabía que le gustaba el dolor —comentó No-yoon con una sonrisa radiante.
—¡Deja de decir estupi-…! ¡Ah!
Con una ligereza pasmosa, No-yoon apartó la cabeza de Joowon de su propio brazo y, antes de que pudiera reaccionar, envolvió con su mano el miembro de Joowon, el cual ya se encontraba humedecido por los fluidos de la excitación involuntaria. En el instante en que esa palma enorme rodeó la base, el contacto directo hizo que cada una de sus células nerviosas se pusiera en alerta máxima. Al percibir esa descarga eléctrica en su entrepierna, Joowon encogió los dedos de los pies y comenzó a sacudir la cabeza con desesperación.
—De esta manera iremos descubriendo más cosas el uno del otro.
—¡Suéltame…! ¡No me… toques!
—A Lee Joowon le gusta el dolor. Lo recordaré perfectamente —afirmó No-yoon.
—¡Ah… ugh!
Antes de que pudiera cerrar las piernas, No-yoon comenzó a masturbarlo con destreza. Con las mejillas ligeramente encendidas y dejando escapar un aliento cálido y entrecortado, el tipo deslizaba su mano con suavidad a lo largo del miembro de Joowon. En contra de su voluntad, una sensación sumamente extraña y embriagadora comenzó a bullir en su bajo vientre. Al sentir un eco trémulo que repercutía hasta el fondo de su ser, Joowon arqueó la espalda hacia atrás. Fue como si destellos de fuego rojo titilaran de forma intermitente ante sus ojos.
Un fluido blanquecino comenzó a brotar lentamente de la entrada de su miembro. Joowon ejerció fuerza en el abdomen en un intento desesperado por contener la eyaculación, pero ese esfuerzo solo sirvió para acelerar el inevitable espasmo de liberación. Sometido simultáneamente a un dolor extremo y a un placer desbocado, Joowon, cubierto de sudor, intentó cerrar los muslos.
Sin embargo, sus esfuerzos fueron inútiles frente a las manos de No-yoon, que le abrían las piernas de forma implacable. El tipo continuó masajeando el miembro e incluso acarició sus testículos, alternando la presión de su agarre. Una intensa oleada de lascivia ascendió por su columna vertebral, provocándole un vértigo abrasador. La mano de No-yoon aceleró el ritmo. Joowon cerró los ojos con vehemencia al percibir el peligro inminente de quedar atrapado en ese abismo de éxtasis físico que hacía que sus músculos se contrajeran. Al mismo tiempo, los dedos de sus pies se encogieron hacia dentro en un espasmo rígido.
—Todavía no te corras —le ordenó No-yoon con voz pausada mientras presionaba con firmeza la punta de su miembro para bloquear la salida—. Ahora que lo pienso, creo que hasta ahora solo yo me estaba divirtiendo. El sexo es algo de lo que ambos debemos disfrutar juntos, ¿no crees?
—Maldito demente… ¿Por qué habría de… disfrutar… contigo? ¡Tú no estás bien de la cabeza! ¡Ve a un hospital psiquiátrico de una vez o muérete!
—¿Quieres que vayamos juntos? Suena divertido.
—¡Ah… ugh! ¡No me agarres! ¡Quita tus manos de encima!
—Como sea, ya que hyung me la chupó la otra vez, ahora es mi turno de devolvérselo.
—Cállate… Juro que te voy a m… ¡Ugh!
Antes de que pudiera articular el resto de sus amenazas, No-yoon forzó la apertura de sus piernas por completo. Acto seguido, hundió la cabeza en medio de la entrepierna expuesta de Joowon. Presionó sus labios directamente contra el miembro de Joowon y comenzó a lamerlo empleando la punta de su lengua. A medida que ese músculo húmedo y liso se movía, la descarga eléctrica en su entrepierna se volvió insoportable. Incapaz de tolerar ese estímulo que profanaba su voluntad, Joowon comenzó a sacudir las caderas con desesperación sobre el sofá.
—Ah… mmm… ah… ugh…
Los labios de Park No-yoon, que habían estado lamiendo el miembro rosado de Joowon, descendieron gradualmente. Pronto, comenzó a presionar firmemente con la lengua el abultado perineo, dirigiéndose de forma inevitable hacia el trémulo esfínter. Joowon iba a ser lamido en su zona más íntima por un hombre, y peor aún, por Park No-yoon. Preso del pánico, golpeó una y otra vez la amplia espalda de No-yoon con el empeine de sus pies, pero no logró provocar el menor impacto. No-yoon se limitó a separar por completo las nalgas de Joowon, hundiendo el rostro en su retaguardia.
—¡Ah, no! ¡Suéltame! Es asqueroso… ¡Park No-yoon, maldito demente…! ¡Ah… ugh!
La lengua ajena se movía de forma resbaladiza, friccionando cada pliegue de su entrada. Un sonido espeso, lascivo y obsceno inundó por completo el espacio con solo escucharlo. No-yoon hundió el rostro con tanta fuerza que sus propias mejillas terminaron manchadas por los fluidos de Joowon, succionando la cavidad con avidez. Cada vez que absorbía la piel con fuerza, su nuez de Adán ejecutaba un lento movimiento.
Joowon creyó haber suplicado hasta quedarse afónico, rogándole que se detuviera por lo que más quisiera. Sin embargo, No-yoon no mostró la menor intención de parar. Al contrario, afiló la punta de la lengua y la introdujo directamente hacia el interior del conducto. Al sentir ese músculo húmedo moviéndose de un lado a otro como si estuviera ejecutando una penetración real, el cuerpo de Joowon reaccionó inevitablemente con una intensa excitación. Antes de que pudiera evitarlo, su miembro adoptó un tono rosado aún más encendido y comenzó a derramar gotas de un semen blanquecino.
—¡Ah… ugh! ¡Ahí no…! ¡No me lamas ahí, aaaah!
No había forma de resistirse a esa implacable acción de lamer meticulosamente cada rincón de su anatomía interna. Ante ese hábil y detallado juego de lengua, Joowon sintió que su mente se apagaba por momentos. La lengua, introducida a fondo, repasó la entrada del esfínter antes de moverse en rápidos y cortos espasmos. Pronto, la punta de su propio miembro experimentó un ardor abrasador, elevando la necesidad de eyacular hasta el límite absoluto. Con el suave movimiento circular de ese músculo en su interior, el último reducto de su cordura terminó por quebrarse. Finalmente, el semen brotó a chorros de la punta de su miembro.
Al mismo tiempo que experimentaba la humillación de haber sido doblegado por Park No-yoon, un profundo sentimiento de asco hacia sí mismo lo invadió por completo. Joowon alzó la vista hacia él con un rostro desencajado, atrapado en la confusión de no saber si debía llorar o continuar oponiendo resistencia. El rostro de No-yoon estaba completamente empapado por el fluido que Joowon acababa de expulsar. El semen blanquecino se escurría en hilos, humedeciendo sus párpados y sus pestañas.
—Está dulce.
No-yoon se limpió el semen que le corría por la cara con la mano y extendió la punta de la lengua para lamerlo. Estaba tan desquiciado que la palabra “demente” se quedaba corta para describir su estado. Llegados a este punto, la situación ya resultaba espeluznante. Paralizado por el horror, Joowon intentó mover las caderas para escapar, pero lo único que consiguió fue presionar su cuerpo con más fuerza contra el asiento del sofá.
—No hay necesidad de complicar las cosas, hyung. Solo tiene que quedarse a mi lado y dejarse consentir.
Sujetando la pretina de sus pantalones, No-yoon se los bajó para liberar su miembro y se aproximó aún más a Joowon. Adivinando el acto que vendría a continuación, Joowon comenzó a sacudirse con desesperación. ¿Pero acaso eso detendría a Park No-yoon? Tras liberar su enorme y grueso miembro, No-yoon colocó la punta directamente contra la entrada que acababa de ablandar a lametones. El miembro rígido, ya humedecido por los fluidos corporales, se frotó contra la cavidad que cedía lentamente. Pronto, la cabeza del miembro se abrió paso a la fuerza, invadiendo el conducto.
El miembro, cubierto de fluidos lubricantes, se hundió por completo en el interior. El tamaño de Park No-yoon era tan descomunal que la palabra “grande” resultaba insuficiente para describirlo. Además, la implacable brutalidad con la que arremetía dejaba en claro, sin necesidad de palabras, que no pretendía dejarlo ir con una sola sesión. El acto de forzar las piernas de Joowon en una posición en forma de M para sepultar su miembro con saña funcionaba como una auténtica declaración de guerra.
Joowon se debatió con todas sus fuerzas en un intento por zafarse. El dolor de sentir la cavidad dilatarse al límite para albergar semejante grosor hizo que sus piernas sufrieran violentos espasmos. Al tener los tobillos amarrados, le era imposible oponer una defensa real. Era una situación del todo desesperada. Reuniendo los últimos fragmentos de su conciencia, apretó los dientes con vehemencia, negándose a experimentar el menor atisbo de placer en el epicentro de esa agonía, convencido de que si cedía al éxtasis se convertiría en una persona verdaderamente vil y despreciable.
¡Chof, chof! Sujetando las delgadas muñecas de Joowon, No-yoon empujaba su miembro hacia el fondo mientras ajustaba el ángulo del impacto, friccionando las delicadas paredes internas de la mucosa. Una punzada de calor abrasador mezclada con una descarga eléctrica aplastó la mitad inferior de su cuerpo. Joowon se mordió los labios con más fuerza y giró la cabeza hacia la derecha.
Por desgracia, en contra de su propia voluntad, la cavidad se contraía de forma rítmica, devorando el miembro que la invadía. Detestando esa reacción física, ejerció más presión en los dientes que aprisionaban sus labios. Escuchó al tipo decir: —Mirame a los ojos mientras lo hacemos—, pero ignoró la orden por completo y cerró los párpados, fingiendo no haber oído.
Sin embargo, Joowon se vio obligado a abrir los ojos poco después. Cada vez que ese miembro arremetía con violencia, golpeando las paredes internas una y otra vez, el impacto reverberaba en su revestimiento interno, en el perineo e incluso en sus órganos vitales. Eran movimientos de cadera salvajes y despiadados que reflejaban a la perfección la lujuria desbocada de Park No-yoon.
A pesar de haber sido ablandada y lubricada previamente a lametones, la cavidad oprimía con fuerza el miembro erecto debido a la falta de adaptación, puesto que no solo la longitud era el problema, sino también el considerable grosor. Ajeno a que esto representaba un dilema para su víctima, No-yoon se limitó a inclinar la cabeza, contemplando con una mirada analítica a un Joowon que jadeaba exhausto y a la cavidad que se contraía espasmódicamente en torno a él.
—Ah… ugh…
No-yoon retiró parcialmente el miembro hasta la entrada del conducto. Las paredes internas, adheridas a la superficie de su miembro, se estiraron dejando a la vista la mucosa enrojecida antes de regresar a su posición original. Joowon pensó por un segundo que el tormento había terminado, e intentó mover sus labios sumamente inflamados para soltarle un insulto y exigirle que se largara, cuando de repente, ese enorme miembro comenzó a embestir su interior con una violencia arrolladora.
Se desató una cópula brutal, carente de cualquier atisbo de control, similar al apareamiento de una bestia salvaje. Como si estuviera propinándole una paliza física, No-yoon golpeaba el fondo del conducto sin la menor piedad. Una oleada de éxtasis físico lo invadió, cubriendo el cuerpo de Joowon en cuestión de segundos. Las embestidas salvajes contra las delicadas paredes de la estrecha cavidad terminaron por provocar un sangrado. Un hilo de sangre de un rojo vivo comenzó a deslizarse desde el punto de fricción, corriendo por sus nalgas y sus muslos.
—¡Ah, igh! ¡Ugh, mmmgh…! ¡No…, detente…! ¡Ah!
El miembro golpeaba el centro de sus paredes internas a un ritmo frenético, ascendiendo sin frenos hacia el límite de la resistencia física. El grosor del miembro colmaba por completo el conducto, provocando un entumecimiento total en su entrepierna. Por si fuera poco, la cabeza del miembro se abría paso de forma incesante, hurgando en cada rincón sin que Joowon tuviera la menor oportunidad de defenderse. Una intensa y madura sensibilidad tiñó la piel de Joowon.
—Hyung, se te ha vuelto a levantar.
—¡Ugh, no…! ¡No puede ser…! ¡Sácalo…! ¡Ah… detente, ugh!
—Sí puede ser.
—¡Aaaah!
Murmurando en un tono bajo, No-yoon envolvió el miembro de Joowon con la mano y comenzó a moverlo de arriba abajo. Al haber eyaculado recientemente, la zona se encontraba sumamente sensible; el más mínimo contacto y el calor corporal bastaron para reactivar el estímulo. El miembro rosado adoptó un matiz aún más oscuro y comenzó a destilar un fluido translúcido.
—Mira esto, hyung. Podría decir que tú también lo estás disfrutando —susurró No-yoon, al tiempo que incrementaba el ritmo de sus embestidas en el interior. Al mismo tiempo, su mano continuaba masajeando el miembro de Joowon sin descanso.
¡Paj, paj, paj! Un sonido húmedo de fricción resonaba cada vez que ambos cuerpos se sacudían en aquel acoplamiento animal. Al no poseer vello púbico, el roce de la pelvis de No-yoon permitía que Joowon percibiera la textura lisa de su piel con una nitidez abrumadora. Experimentando una confusión de sensaciones aberrantes, Joowon sacudió las caderas y encogió los dedos de las manos.
—Que no tengas vello te vuelve totalmente mi tipo.
—¡Deja de…, ah…! ¡Ugh… ah!
La profundidad del impacto fue tal que le impidió articular palabra para exigirle que dejara de decir estupideces; su mente se apagaba y se encendía en un parpadeo constante de luces y sombras. Cada vez que ese miembro al desnudo, sin preservativo de por medio, entraba y salía de su cuerpo, Joowon se veía obligado a entreabrir los labios que antes había comprimido, dejando escapar jadeos y gemidos entrecortados. Sus piernas, completamente abiertas en una postura vulnerable, temblaban sin control, mientras su rostro permanecía cubierto por una mezcla de lágrimas fisiológicas, saliva y rastros de sangre.
—¡Ah… ugh! ¡Es demasiado… profundo! ¡Ah! ¡Detente…!
Las embestidas continuaron con una fuerza que hacía que su pecho subiera y bajara de forma violenta. No-yoon sujetó el miembro de Joowon, moviendo su mano de arriba abajo con rapidez mientras aplicaba presión en varias ocasiones. Pronto, un fluido blanquecino comenzó a brotar nuevamente de la punta del miembro de Joowon. Murmurando un “qué tierno”, No-yoon se inclinó para morder sutilmente el pezón erecto de Joowon. Sometido a un estímulo simultáneo en ambas extremidades de su cuerpo, Joowon sintió que perdía la razón. En ese instante, comenzó a jadear descontroladamente, como si hubiera olvidado por completo que bajo ninguna circunstancia debía permitirse experimentar placer en mitad de aquella agresión.
Aunque su entrepierna clamaba a gritos por derramar el semen, Joowon ejerció fuerza en el abdomen aferrándose a lo que llamaba su último orgullo. Pero ¿acaso Park No-yoon mostraría piedad por eso? No-yoon lo arrinconó con una brutalidad aún más despiadada, embistiendo con su miembro con tanta saña que sentía los testículos a punto de ser aplastados. Ante la abrumadora sensación de plenitud que invadía su bajo vientre, Joowon se estremeció mientras las lágrimas le corrían a chorros por el rostro.
El miembro de No-yoon, que se movía con el ímpetu de colmar por completo la cavidad que ya se contraía en torno al fluido seminal, finalmente impactó de lleno contra la próstata de Joowon. Al golpear repetidamente esa zona blanda pero de núcleo firme, una serie de gemidos agudos y quejumbrosos brotó sin control de sus labios inflamados. El hilo de cordura de Joowon estaba a punto de romperse, y la resistencia en su bajo vientre comenzó a desvanecerse gradualmente.
—Detén…te… ¡Ah… ugh!
—Di que te gusta.
—¿Crees… que voy a decirlo? ¡No… ah! ¡Ugh… ah!
—“Me gusta el pene de No-yoon”. Solo tienes que decir eso y me detendré.
Adivinando que Joowon estaba al borde del clímax, No-yoon aferró la temblorosa punta de su miembro y bloqueó la salida con el dedo pulgar. A la agonía del asalto se sumó el tormento de no poder liberar lo que su cuerpo exigía expulsar con urgencia. Desconcertado y preso del pánico, Joowon alzó sus pestañas completamente empapadas de lágrimas para clavar la vista en No-yoon.
—Dilo: “Me gusta el pene de No-yoon”.
—¡Ah… ugh!
—Vamos, inténtalo.
—¡Ah… aaaah! ¡No… ah… ugh!
Ni el miembro de No-yoon que arremetía como si estuviera dándole una paliza física, ni la mano que sacudía el cuerpo de su miembro mientras obstruía la salida le daban un solo segundo de tregua. Una densa y oscura tensión sexual abrió sus fauces de par en par, aguardando a que Joowon cayera en el abismo. Incapaz de contener por más tiempo la necesidad de eyacular que torturaba su entrepierna, Joowon sucumbió ante el movimiento que reclamaba el control absoluto de su revestimiento interno, agitando suavemente la mucosa.
—¡Ah… mmm… ugh!
El miembro ajustó el ángulo dentro de sus paredes internas, rozando de forma directa y descarada su zona más sensible. Una respiración ahogada, que parecía aplastarle los pulmones, escapó de la boca de Joowon. A pesar de todo, la estrecha cavidad oprimía con fuerza el miembro que la atravesaba de lado a lado.
—Ah… ugh…
Estremeciéndose como un hombre electrocutado por una corriente de puro placer, Joowon sintió un ardor punzante en los ojos y dejó caer gruesas lágrimas. Sus pies, suspendidos en el aire, se sacudían espasmódicamente, mientras la cavidad brutalmente ultrajada se dilataba sin control, dejando escurrir hilos de sangre mezclados con fluidos lubricantes. Los movimientos de la pelvis de No-yoon, que golpeaban su trasero y se frotaban contra la cara interna de sus muslos, eran de una vulgaridad extrema. Haciendo honor a la complexión de su dueño, el descomunal miembro se abría paso centímetro a centímetro hasta el límite de la resistencia de Joowon. Al sentir su bajo vientre dilatarse al máximo, Joowon experimentó una asfixia repentina. Aunque ya había tenido relaciones con No-yoon en el pasado, jamás lo había sentido penetrar a semejante profundidad.
Las gruesas venas que sobresalían en la superficie del miembro se frotaban con una fuerza que amenazaba con destrozar sus paredes internas, y la enorme cabeza del miembro avanzó hasta perforar el fondo. En medio de ese calvario, la mano que envolvía el miembro de Joowon continuaba moviéndose de arriba abajo sin detenerse un instante. Las lágrimas brotaban de forma automática y los gemidos escapaban de su boca; estaba a punto de perder la cordura ante esa incesante descarga de estímulos. Deseaba con desesperación escapar de ese tormento que resultaba tan espantoso como desconcertante. Justo cuando Joowon empujaba con fuerza la cintura de No-yoon con las rodillas en un intento por apartarlo, el límite de su resistencia fue perforado por completo y la cabeza del miembro se hundió profundamente en sus entrañas.
—Vaya, entró hasta aquí. Se nota la silueta de mi miembro sobresaliendo en tu vientre, hyung.
—¡Ah… ugh! No… detente…
Tal como el tipo decía, su bajo vientre se apreciaba ligeramente abultado. Ante un espectáculo que no solo le erizó la piel sino que lo llenó de horror, Joowon finalmente rompió en un llanto desconsolado. Sentir ese espacio perforado por primera vez en su vida le resultaba doloroso y tormentoso, pero al mismo tiempo, una intensa ola de placer ascendía sin frenos por su cuerpo. Sin embargo, No-yoon se limitó a curvar levemente las comisuras de los labios, continuando con el masaje forzado mientras mantenía la punta del miembro de Joowon firmemente bloqueada.
—Si sigues mostrando esa terquedad, no voy a soltarte.
—Ah… ugh… hgh…
—Rápido.
—¡Ah… mmm… ugh!
La presión era tan descomunal que sentía como si le hubieran introducido un brazo entero en lugar de un miembro, cortándole la respiración. Joowon sacudió la cabeza de un lado a otro, manifestando su firme determinación de no ceder. No obstante, la voz que le exigía reaccionar y el placer que le recorría el cuerpo de forma lasciva colisionaron, sumiendo su mente en una confusión absoluta. Cada vez que esas gruesas venas raspaban el revestimiento interno, un gemido escapaba involuntariamente de su boca, demostrando que sus promesas internas carecían de valor en ese instante.
Su corazón latía desbocado y su entrepierna experimentaba una agonía extrema debido a la retención forzada del clímax. A eso se sumaba el miembro que hurgaba sin piedad en cada uno de sus puntos de placer. Todo parecía empujarlo directamente hacia un precipicio. No podía soportarlo más. Por más que Lee Joowon intentara mantener su orgullo, nada iba a cambiar. El éxtasis físico que se propagaba por todo su cuerpo terminó por sepultar su cordura. Lo único que deseaba en ese instante era escapar de ese infierno. Entreabriendo sus labios temblorosos, dejó escapar unas palabras entrecortadas:
—El… el pene… ¡ugh!… me… me gus… ta… ¡ah!
A pesar de haber pronunciado aquellas palabras tan humillantes con un esfuerzo titánico, ni el miembro de No-yoon ni su mano dieron muestras de querer apartarse. Continuaba embestiendo con saña la cavidad estrecha y oprimía con fuerza el miembro de Joowon, el cual ansiaba desesperadamente liberar el flujo. Joowon echó la cabeza hacia atrás, conteniendo el llanto a duras penas. Sentía que iba a perder la razón; lo único que quería era salir de ese auténtico foso de la desesperación.
—Ya lo… dije. Pero… ¡ah!… ¿por qué… sigues… ah…?
—Hyung olvidó decir mi nombre.
—¡Ugh… hgh…! Maldito… hijo de… ¡aaaah!
—Házlo bien una vez más. Di: “Me gusta el pene de No-yoon”.
El grueso cuerpo del miembro giró con brusquedad, triturando sus paredes internas. Habiéndose acomodado directamente en el epicentro de su zona de placer, el miembro estimulaba sus instintos más primitivos con saña. Su bajo vientre experimentó un calambre punzante y los músculos de la mitad inferior de su cuerpo se tensaron al límite. Sentía el cuerpo como si hubiera recibido una paliza descomunal. Debido a la intensidad del asalto, le resultaba doloroso incluso tragar saliva. Su mente quedó completamente en blanco, sumida en un estado de pánico absoluto, mientras su visión se tornaba borrosa. De sus labios destrozados y cubiertos de saliva, brotaron finalmente aquellas palabras vulgares:
—¡Me… me gusta… el pene… de No-yoon…! ¡Ah… ugh!
—¿Qué tanto le gusta?
—¡No lo sé…! ¡Ah…! ¡Sácalo de una vez… ugh…! ¡Aléjate… ah!
El simple hecho de escuchar que le gustaba provocó en Park No-yoon un éxtasis tan intenso que le entumeció hasta la coronilla, impulsándolo a sepultar por completo su descomunal miembro en el interior de la cavidad que lo oprimía con fuerza. Una descarga eléctrica de placer recorrió su cuerpo desde la cabeza hasta la punta de los pies, como si diminutos fragmentos de vidrio reluciente circularan a través de sus vasos sanguíneos. Jamás en su vida había experimentado un estímulo semejante. Sin poder ocultar el rubor en sus mejillas, No-yoon contempló con una mirada rebosante de adoración a un Joowon que ya ponía los ojos en blanco debido a la intensidad del clímax.
—Mira esto, hyung. Es mucho mejor para ambos cuando somos honestos el uno con el otro.
—¡Ugh… ah!
Moviendo las caderas en cortos y rápidos espasmos, No-yoon finalmente retiró la mano que bloqueaba la punta del miembro de Joowon. Un flujo de semen espeso y de un tono cremoso brotó de inmediato a chorros. Al mismo tiempo, No-yoon dejó escapar un aliento cálido de sus labios perfectos y alcanzó el clímax, liberando su carga. El interior de Joowon fue colmado por completo con el fluido que No-yoon depositó en abundancia. Abrumado por una profunda angustia y asco hacia sí mismo al contemplar su cuerpo mancillado y degradado, Joowon perdió el conocimiento por completo, albergando el ferviente deseo de no volver a abrir los ojos jamás.
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