El cielo nocturno estaba densamente sembrado de estrellas. Joowon bajó del autobús a toda prisa y, guiándose por la aplicación de mapas de su teléfono, se dirigió hacia el restaurante donde tendría la entrevista de trabajo.
El local tenía la gran ventaja de estar cerca de su estudio, pero el callejón para llegar era bastante complejo y sinuoso, lo que dificultaba el camino. «Incluso si me dicen que empiece a trabajar de inmediato, el mayor problema ahora es llegar», pensó al pasar. Tras dejar atrás unos montones de bolsas de basura esparcidas de cualquier manera y caminar un poco más, apareció ante él un restaurante de carne a la parrilla de aspecto bastante desgastado. Era ahí. Joowon verificó la dirección que Juntae le había enviado y entró con cautela.
—¡Bienvenidos!
Al abrir la puerta, el aroma a carne dorándose impregnó sus sentidos y el bullicio de los clientes, visiblemente ebrios y animados, inundó el espacio. Sin saber a quién dirigirse, Joowon se quedó de pie en la entrada, hasta que uno de los empleados que se movía de un lado a otro se acercó a él con un menú en la mano.
—¿Para cuántas person…?
El empleado interrumpió su saludo a medias. Extrañado por su repentino cambio de actitud, Joowon alzó la vista. Un rostro sumamente familiar se materializó ante sus ojos.
—Tú… eres Lee Joowon, ¿verdad?
Una piel atractivamente bronceada, una sonrisa cálida y una estatura envidiable. Los ojos de Joowon se agrandaron de inmediato y un brillo de profunda alegría iluminó su mirada. Al instante, reconoció a Seong-chan, el que había sido su amigo más cercano durante sus años de secundaria.
—¡Vaya, qué sorpresa encontrarte aquí! ¿Viniste a cenar? Déjame prepararte una mesa. ¿Vienes solo?
Aunque los rasgos infantiles de la adolescencia habían desaparecido, su sonrisa afable y afectuosa seguía intacta. Joowon sabía que Corea era pequeña, pero jamás imaginó que coincidirían de esta manera. Entre alegre y un poco cohibido, curvó los labios en una sonrisa.
—No. En realidad, vine por una entrevista de trabajo.
—¿Ah, sí? ¿En serio? Qué fuerte. Espera un momento, el encargado no debe tardar en venir.
—De acuerdo.
Seong-chan le hizo una seña para que aguardara y se adentró en la cocina. Mientras contemplaba su espalda alejarse, Joowon experimentó una extraña sensación, como si el tiempo hubiera retrocedido por un instante.
En la secundaria, Joowon y Seong-chan eran inseparables. Lee Joowon vivía en una habitación individual donde se filtraba el olor de las alcantarillas; Yoon Seong-chan había sido abandonado por sus padres al nacer y se había criado en un centro de acogida. Al descubrir que compartían una suerte similar, abrieron sus corazones el uno al otro de forma natural. Tal vez fue afinidad, empatía, o simplemente ese consuelo mutuo de quienes comparten la misma desgracia.
Aunque perdieron el contacto cuando Joowon tuvo que mudarse debido a las deudas de juego de su padre, el hecho de que Seong-chan había sido un buen amigo seguía siendo una verdad inmutable. Un sentimiento cálido y nostálgico le oprimió el pecho. Si no fuera por la entrevista, le habría preguntado de inmediato cómo le había ido en la vida. Joowon se frotó la nuca con timidez mientras esperaba la llegada del encargado.
—Oye, Joowon. Creo que tendré que hacerte la entrevista yo mismo. El encargado está hasta arriba de trabajo.
Seong-chan salió de la cocina con expresión de disculpa y se acercó a él.
—¿Justo aquí? ¿No es un caos con tanta gente aquí?
—A estas horas siempre es así.
—¿Te apetece un refresco?
—No, estoy bien.
—Hace calor, anda, toma algo.
Con una sonrisa radiante, Seong-chan sacó una lata verde de refresco de lima-limón de la nevera y le indicó con un gesto que se dirigieran a una mesa vacía.
—Como nos conocemos de antes, se siente un poco extraño.
Seong-chan dejó la lata sobre la mesa y se sentó frente a Joowon. Él también se humedeció los labios, presa de una ligera timidez, mientras el refresco llenaba un vaso de papel, liberando burbujas de gas. Joowon observó el burbujeo antes de desviar la mirada hacia Seong-chan, quien lo observaba con una sonrisa traviesa y bonachona.
—¿Cómo has estado? Ha pasado una eternidad. ¿Wonyoung está bien?
—Bueno, ahí vamos, más o menos.
—¿Estás estudiando en la universidad? ¿O empezaste a trabajar directamente?
—Estudio. De hecho, la facultad está cerca de aquí.
—¡Madre mía! No me digas que estás en la Universidad de Hankuk. Qué nivel. ¿Y qué haces aquí entonces? Deberías estar dando clases particulares.
Seong-chan condujo la conversación con una fluidez que hacía olvidar los años de ausencia. Rememoró anécdotas de la secundaria y le preguntó qué se sentía al estudiar en una universidad tan prestigiosa. Aunque no era la dinámica habitual de una entrevista de trabajo, a Joowon no le molestó en absoluto. La timidez inicial se disipó y, poco a poco, Joowon se dejó envolver por la contagiosa energía de su amigo. Pensó que, de no haber sido por la naturaleza real del encuentro, habrían pedido algo de alcohol.
—Joowon, ¿cuándo podrías empezar a trabajar?
—Incluso mañana mismo me viene bien.
—Pero te advierto que este lugar es una locura. Hay muchísimos clientes pesados. Te lo digo porque eres mi amigo: ¡huye ahora que estás a tiempo!
—Ah, no digas tonterías…
Joowon soltó una risa ahogada ante la absurda broma de su amigo y dio un trago al refresco. Aunque no había sido una entrevista formal, se sintió aliviado por haber conseguido el empleo. Ahora solo tenía que concentrarse en ahorrar dinero metódicamente para pagar el tratamiento de Wonyoung. Con el ánimo renovado, Joowon observó a Seong-chan, que reía a carcajadas.
—Le informaré al encargado para que vengas mañana. Yo estaré aquí, así que no te preocupes demasiado.
—Gracias.
—Nos vemos mañana.
Seong-chan intentó acompañarlo hasta la salida, pero los constantes llamados de los clientes lo obligaron a dar la vuelta. Con la promesa de tomar una copa juntos la próxima vez, Joowon salió al exterior y se adentró en el callejón oscuro y laberíntico con el paso notablemente más ligero. Sin embargo, al quedarse solo, el cansancio acumulado de la jornada lo golpeó como una losa.
Justo cuando pensaba en llegar rápido a casa para descansar, un crujido rompió el silencio del entorno. El sonido, resonando en el callejón desierto, le heló la sangre. Con reflejos felinos, Joowon se giró de inmediato.
No había nadie. Solo la luz tenue de la luna iluminaba el suelo adoquinado. Una ráfaga de viento frío sopló con fuerza antes de perderse en la noche.
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