Como si quisiera anunciar oficialmente la llegada del verano, la lluvia caía desde la mañana. Sus zapatos estaban empapados y el aire, cargado de humedad, se sentía sumamente pesado y sofocante. Aunque la brisa del aire acondicionado recorría el pasillo repleto de aulas, no parecía de mucha ayuda. Joowon, que acababa de llegar a la facultad para rendir su examen final, deambulaba frente a la entrada.
Al abrir esa puerta, inevitablemente tendría que enfrentarse a Park No-yoon. Por supuesto, No-yoon no había aparecido por la universidad en los últimos días, lo que le había permitido vivir con cierta tranquilidad, pero hoy era el examen final. Era imposible evitar un encuentro fortuito con él. Tras soltar un leve suspiro, Joowon se quedó mirando fijamente la inocente puerta del aula.
Durante los últimos dos días, el interior de su corazón había estado como una fruta podrida: impecable por fuera, pero purulenta y deshecha por dentro. Todo se debía a la ansiedad de que No-yoon regresara para vengarse, ya que lo había herido al estamparle aquella botella de vino.
Se debatía ante la constante amenaza de una represalia, o la posibilidad de que No-yoon le exigiera una indemnización por una suma astronómica que él jamás podría pagar. Y si no era eso, temía que lo enviara directo a la cárcel. Si eso pasaba, ¿cómo demonios cuidaría de su hermano menor?
Sin embargo, a diferencia de sus temores, Park No-yoon no había aparecido ni por la casa de Joowon ni por la habitación del hospital donde Wonyoung estaba ingresado. Incluso había faltado a sus clases. Al no saber qué clase de artimaña estaba tramando, Joowon no podía evitar estar aún más inquieto.
Se prometió que, en cuanto terminara el examen y comenzaran las vacaciones, se pegaría al lado de Wonyoung para asegurarse de que Park No-yoon no pudiera acercarse. Tras tomar una decisión, Joowon exhaló un corto suspiro y abrió la puerta del aula.
El interior del aula estaba sumido en un silencio sepulcral. Quizás porque el examen ya estaba en marcha, los estudiantes se habían sentado manteniendo una distancia uniforme entre sí. Tras recibir la hoja del examen por parte del profesor ayudante, Joowon tomó asiento de inmediato en un lugar adecuado. Echó una mirada rápida a su alrededor. Park No-yoon no estaba por ningún lado.
Decidió no prestarle más atención y clavó la mirada en su hoja. Aunque no había podido estudiar adecuadamente estos días debido al acoso de No-yoon, el atrancón de estudio de última hora que se había dado en los días previos le permitió responder a todas las preguntas. Después de todo, Joowon era alguien bastante inteligente para los estudios. Como un caballo de carreras que solo mira hacia el frente, rellenó rápidamente los espacios en blanco del examen y se levantó de su asiento. Los demás estudiantes seguían concentrados en resolver los problemas.
—Buen trabajo —le dijo el ayudante con un saludo formal mientras recogía su examen.
Joowon hizo una respetuosa reverencia y abrió la puerta de salida. En el pasillo desierto, solo resonaba el eco suave de las gotas de lluvia golpeando los cristales de las ventanas. Joowon caminó con paso ligero, recibiendo la brisa que emanaba del aire acondicionado instalado en el techo.
Con esto, todos los exámenes habían terminado. Estirando los hombros, que sentía entumecidos por el cansancio, Joowon se dirigió hacia las escaleras. Comenzó a bajar lentamente los peldaños grises, iluminados por una luz tenue. El pasillo, donde solo se escuchaba el murmullo de la lluvia constante y el eco de sus propios pasos, estaba sumamente silencioso. Joowon soltó un bostezo prolongado y, justo cuando bajaba al siguiente piso, sintió de repente una extraña mirada filtrándose entre los barrotes de la barandilla.
Desde hacía un tiempo, experimentaba la insólita sensación de que alguien lo observaba de forma fija. Al darse la vuelta, nunca encontraba ni la más mínima sombra desconocida, pero aun así la sangre se le helaba y el corazón se le daba un vuelco. Le asaltaba el pánico de que pudiera ser Park No-yoon otra vez, y el miedo de que lo agarrara del cabello para arrastrarlo a algún lugar oscuro venía inmediatamente después. Sin embargo, aquello siempre terminaba siendo un delirio de su mente y nunca ocurría nada.
Esta vez sería igual. Su rutina diaria continuaría sin contratiempos. A pesar de pensar así, la mirada de Joowon se desvió de forma extraña hacia el hueco de la barandilla. A través de las ranuras formadas por las líneas diagonales de los barrotes, tal como había previsto, no había absolutamente nadie. Tampoco se percibía ningún ruido que resonara en el pasillo. «Es solo mi imaginación», se dijo, acelerando el paso que había detenido por un instante.
La paz de disfrutar de una rutina ordinaria, el alivio de no tener que sufrir más bajo un chantaje espantoso y la firme resolución de concentrarse únicamente en los problemas reales de su vida. Como si recibiera una brisa fresca, el temperamento hipersensible de Joowon se iba desmoronando poco a poco.
Pronto llegó a la entrada principal del edificio. Las gotas de lluvia caían como un staccato1Técnica de articulación musical donde las notas se interpretan de forma más corta y separada respecto a su valor original, intercalando pequeños silencios. Sonido entrecortado.[/efn_note], empapando el suelo. Joowon sacó un pequeño paraguas de su mochila, lo abrió y se alejó del edificio de la facultad de Ciencias Económicas sin mirar atrás. Seguía teniendo la persistente sensación de que una mirada estaba clavada en su espalda, pero lo atribuyó a que sus nervios estaban a flor de piel por culpa del examen, y simplemente siguió caminando.
˖⁺.꒷꒦✧꒷꒦˖⁺.
Joowon había pensado que al terminar el semestre tendría un poco más de respiro, pero aquello no era más que una ilusión. Nada más acabar las clases, todo tipo de obligaciones se desplomaron sobre él como una tormenta. Entre el trabajo a tiempo parcial y el cuidado de Wonyoung, apenas le alcanzaba para depositar una pequeña parte de los intereses de la deuda a los usureros. Además, se sumergía de lleno en el estudio para obtener certificaciones técnicas, de manera autodidacta; ya que no podía permitirse pagar una academia. Sentía que el día no le bastaría aunque tuviera cuarenta y ocho horas en lugar de veinticuatro.
Inmediatamente después de cuidar a Wonyoung, Joowon se dirigió al restaurante de carne donde trabajaba, se amarró el delantal y comenzó a servir las mesas a un ritmo frenético. Tal como Seong-chan le había advertido a modo de broma en la entrevista, diciéndole que era mejor que huyera, el lugar estaba abarrotado de una cantidad considerable de clientes.
—¡Por aquí, por favor! Deme un plato vacío.
—¿Cuánto va a tardar la comida?
—¡Una botella más de refresco de lima-limón!
Las exigencias de los clientes llovían todas al mismo tiempo. Joowon sintió por un instante que la mente se le quedaba en blanco y que la vista se le congelaba, pero recuperando la compostura con rapidez, se apresuró a atender a los comensales.
Así transcurrieron una o dos horas. Una vez que los clientes comenzaron a retirarse y el ambiente se calmó un poco, pudo tomarse un respiro. Mientras ordenaba los platos vacíos, el encargado, con la frente empapada de sudor y un evidente rostro de cansancio, se acercó a él.
—Joowon, sal a descansar un rato. Yo me encargo de esto.
—Terminaré de limpiar esto primero.
—No, yo lo haré, así que ve a descansar. Has estado trabajando sin parar.
—Ah… Entonces iré a fumarme un cigarrillo.
—Sí, ve.
A diferencia de su empleo anterior, donde jamás le daban un momento de descanso, en este local se aseguraban de cumplir con sus pausas e incluso le proporcionaban las comidas puntualmente. Aunque el volumen de trabajo era agotador, la amabilidad de sus compañeros hacía que la situación fuera bastante llevable. Después de todo, cuando los colegas son insoportables, a uno solo le dan ganas de salir huyendo.
En algún momento, la lluvia que había estado cayendo de forma torrencial cesó por completo. Tras adentrarse en un callejón profundo y bastante apartado del restaurante, con el fin de evitar que los clientes se llevaran una mala impresión de él, un rasgo arraigado en su naturaleza de no querer causar molestias a los demás bajo ninguna circunstancia, Joowon se apoyó contra la pared y sacó la cajetilla de cigarrillos y el encendedor del bolsillo de su delantal.
Cerró los ojos por instinto, sintiendo que la jornada de hoy también estaba llegando a su fin. Justo cuando se colocaba el cigarrillo en los labios y accionaba el encendedor, una silueta oscura emergió de golpe. En el preciso instante en que sus células nerviosas se tensaban por la sorpresa, la figura que brotó de la penumbra fue alcanzada por la luz de la farola. Era Seong-chan, mostrando una amplia sonrisa.
—¿Qué haces aquí solo?
—¿Quieres uno?
Joowon extrajo un cigarrillo de la cajetilla para ofrecérselo, pero Seong-chan rechazó el gesto con la mano, explicando que no fumaba. Sintiéndose un poco incómodo, Joowon guardó el cigarrillo de vuelta en la cajetilla y metió el encendedor en su bolsillo.
—¿Eh? Por mí no te preocupes. Puedes fumar.
—No, está bien.
—De verdad, Lee Joowon, nunca haces caso.
—El lugar estuvo hecho un caos total hoy, ¿verdad?
—Como acabas de empezar, parece que aún no lo sabes, pero los fines de semana son un verdadero infierno comparado con esto.
—Vaya…
A Joowon se le abrió la boca por la sorpresa, y al verlo, Seong-chan soltó una risita y se apoyó contra la pared a su lado.
—Por cierto, ¿qué ha sido de tu vida todo este tiempo? No pude enterarme bien el otro día.
—Me lo vuelves a preguntar. Ya te lo resumí antes.
—Es que las historias interesantes siempre son buenas de escuchar más de una vez.
—No hay mucho que contar. Ir a la universidad y trabajar. ¿Y tú qué? Me parece que no has dicho nada de ti.
—Lo mío es lo de siempre, buscando empleo. No tuve ni el dinero ni el tiempo para ir a la universidad. Cambiando de tema, ¿cómo está Wonyoung? Recuerdo que solía estar muy enfermo.
En el pasado, Seong-chan solía visitar a menudo la casa de Joowon para jugar con Wonyoung. El menor, que no podía asistir a la escuela con regularidad debido a su salud, adoraba a Seong-chan por su personalidad brillante y jovial. Ya fuera trayendo cartas de Yu-Gi-Oh! o libros de historietas de terror, Seong-chan siempre se preocupaba por él, algo que Joowon le agradecía profundamente en su fuero interno.
—Bueno… Como en casa no podíamos cuidarlo adecuadamente, está ingresado en el hospital. Todavía falta mucho para que le asignen una fecha de cirugía.
En el fondo de su corazón, Joowon deseaba desahogarse y contarle absolutamente todo. Las palabras de que no tenían dinero, de que Wonyoung había intentado tomar una decisión trágica en el pasado y de que vivía sumido en una constante preocupación por él, le subieron hasta la garganta.
Sin embargo, no era adecuado abrumar con problemas tan pesados a Seong-chan, a quien acababa de reencontrar después de tanto tiempo. Joowon guardó silencio por un momento y se quedó contemplando el suelo mientras jugueteaba con el borde de su delantal.
—No sé si sirva de mucha ayuda, pero si necesitas algo, búscame. A mí también me gustaría ver a Wonyoung después de tanto tiempo.
—…
—A veces me acordaba de ustedes. Me preguntaba si estarían bien, dónde y cómo estarían viviendo… Ese tipo de cosas.
—Qué cursi eres.
En lugar de un agradecimiento formal, Joowon soltó una respuesta burlona. Al no saber cómo reaccionar debido a la timidez, las palabras salieron de su boca de forma descuidada. Seong-chan, comprendiendo perfectamente su sentir, soltó una carcajada y le revolvió el cabello a Joowon con afecto.
—Ya que lo mencionamos, fijemos una fecha de una vez. ¿Puedo ir mañana?
Mañana era sábado. Como no tenía que trabajar en el restaurante y estaría libre, Joowon había planeado quedarse al lado de Wonyoung hasta que terminara el horario de visitas. Si Seong-chan iba con él, sin duda Wonyoung se pondría muy feliz. Le preocupaba el estado anímico tan decaído de su hermano, así que esto resultaba perfecto. Joowon asintió levemente con la cabeza y sostuvo la mirada de Seong-chan.
—De acuerdo. Pero no vayas a comprar ningún regalo.
—¿Cómo me vas a hacer ir con las manos vacías como un invitado desconsiderado? ¿Hay algo que tenga prohibido comer?
—A ver… ¿Hamburguesas o pizza? Nada que tenga mucha sal. Ah, tampoco puede comer cosas demasiado dulces, ni salchichas.
—Madre mía, ¿entonces de qué se alimenta Won-young? Está bien, no compraré nada de comida.
—Bien.
Joowon giró la cabeza para observar a Seong-chan. Al contemplar ese rostro afable, no pudo evitar que se le escapara una sonrisa, curvando los labios hacia arriba. Seong-chan le preguntó de qué se reía o si tenía algo manchado en la cara, pero él también terminó sonriendo. Por primera vez en mucho tiempo, Joowon mostraba un semblante alegre, como si no fuera la misma persona que hasta hace unos días vivía sumida en una rutina asfixiante y aterradora.
Así, conversó con Seong-chan durante un buen rato. Se sucedieron historias triviales y cotidianas, como que el matón que sembraba el caos en las aulas de la secundaria se había convertido en auxiliar de vuelo, o que hacía unos días unos señores se habían agarrado de las solapas para pelear en el barrio. Era increíble que dos hombres tuvieran tanto de qué hablar; ni siquiera se dieron cuenta de cómo volaba el tiempo. Justo cuando Joowon se disponía a sacar a colación lo que había sucedido en la universidad, el teléfono de Seong-chan vibró de repente.
—Sí, encargado. De acuerdo, entendido.
Tras responder rápidamente y colgar, Seong-chan miró a Joowon con una expresión de pesar.
—Me voy primero. Quédate a descansar un poco más.
—Vamos juntos.
—Te quedan cinco minutos de descanso. Dentro de nada esto se va a poner jodidamente abarrotado, así que disfruta de este momento.
Con una sonrisa radiante y fresca, Seong-chan se dio la vuelta mientras agitaba la mano en el aire. Pronto, su esbelta silueta dobló la esquina y desapareció del callejón. Joowon se quedó mirándolo con cierta nostalgia; luego, volvió a colocarse el cigarrillo entre los labios y el encendedor emitió un chasquido metálico. Una brasa de un rojo vivo consumió la punta del tabaco. Mientras exhalaba un humo blanquecino que se dispersaba como la niebla matutina y contemplaba el cielo nocturno desprovisto de estrellas, un sonido extraño e insólito raspó sus tímpanos.
Drrrk. Drk.
El eco resonó en el callejón desierto, donde no había nadie más que él. Era un ruido idéntico al del hierro arrastrándose y rascando el suelo de asfalto. Restándole importancia, Joowon se frotó la nuca con fuerza mientras seguía fumando. Drrrk. Drrrk. El chirrido del metal siendo arrastrado se volvía cada vez más cercano.
Un callejón envuelto únicamente en el silencio y la desolación. Un callejón donde no se divisaba ni un alma. Dejando escapar una bocanada de humo blanco, Joowon experimentó una extraña y progresiva inquietud, por lo que se quitó el cigarrillo de la boca. Drk. Drrrk. El sonido metálico se aproximaba a pasos agigantados. Su corazón comenzó a latir a un ritmo frenético. Preso de un mal presentimiento que le dictaba el instinto, Joowon dio una media vuelta rápida y se adentró en el callejón del lado opuesto. Sin embargo, junto a ese chirrido de hierro, el eco de unos pasos se adhirió implacable a sus oídos. Alguien lo estaba siguiendo.
Al percibir que algo andaba terriblemente mal, Joowon apresuró el paso y comenzó a correr a toda velocidad. Los pasos que lo perseguían se aceleraron al mismo ritmo. Y el crujido del metal arrastrado también lo acompañó. ¿Quién demonios lo estaba cazando? Mientras corría forzando su mente a pensar, un rostro de una palidez extrema se materializó en su cabeza.
“Si lo piensa bien, hyung, usted es del tipo de personas que se busca sus propios golpes. Si tan solo me escuchara dócilmente, no saldría herido, ¿verdad?”
Park No-yoon.
En el instante en que ese nombre espeluznante cruzó su mente, Joowon detuvo sus piernas, congeladas por el pánico, y miró hacia atrás. En ese preciso segundo, alguien emergió de golpe de la penumbra y descargó una barra de hierro en el aire. Un dolor infinito floreció en su pierna como una macabra flor en plena veda.
¡Paaak!
El atacante golpeó despiadadamente la corva de Joowon aprovechando su breve titubeo. Todo sucedió en un abrir y cerrar de ojos. Sin poder ofrecer la menor resistencia, Joowon se desplomó de bruces contra el suelo.
Una agonía tan intensa que le hacía pensar que el hueso se había fracturado por completo le paralizó toda la extremidad. Tras retorcerse de dolor, Joowon se aferró a su pierna y comenzó a avanzar a gatas. Dominado por una punzante sensación de peligro, su único pensamiento era escapar de ese lugar lo antes posible. Mientras Joowon jadeaba con dificultad, arrastrándose sobre sus rodillas hacia la salida del callejón, la barra de hierro presionó su espalda con una fuerza aplastante.
—¿Cómo has estado?
La vibración de esa voz, modulada con una suavidad aterradora, viajó por su conducto auditivo hasta clavarse en su corazón, erizándole cada vello de la piel. Joowon sintió que el corazón se le caía hasta el fondo del abismo. De repente, sus dedos comenzaron a temblar descontroladamente como si sufriera una convulsión, y su mente se quedó completamente paralizada por el frío del pánico.
—Yo no he estado nada bien. Me dolió muchísimo el hombro. Incluso me salió un hematoma enorme.
—¡Kgh…!
—Aunque ahora hyung no podrá verlo. Está demasiado oscuro —murmuró No-yoon en un tono bajo, antes de agarrar a Joowon por los cabellos para obligarlo a girar el rostro hacia él. Bajo el firmamento nocturno y sombrío, solo sus pupilas claras brillaban con un fulgor nítido. Joowon, atenazado por un pánico atroz, hizo un esfuerzo sobrehumano por mover la pierna herida, pero fue del todo inútil.
—Le daré una última oportunidad.
—¡Suéltame!
—¿De verdad no tiene intenciones de que nos llevemos bien?
¿Que Lee Joowon y Park No-yoon pudieran llegar a entablar una relación cercana? Era una soberana estupidez. Ya le resultaba un suplicio intolerable tener que mirarlo a la cara; no había forma de que deseara mantener una conversación normal o compartir tiempo con él como lo haría cualquier otra persona. Con una mirada desbordante de desprecio absoluto, Joowon le escupió en el rostro a No-yoon. A estas alturas, ya no le temía a nada, puesto que las fotografías incriminatorias ya no existían.
—¡Ni muerto volveré a cruzarme contigo! ¡Así será de ahora en adelante y para el resto de mi puta vida, así que lárgate de una vez, escoria!
Joowon se desgastó la garganta gritando con todas sus fuerzas, pero No-yoon ni siquiera parpadeó; se limitó a contemplarlo fijamente mientras se limpiaba con la palma de la mano la saliva que le corría por la mejilla. Acto seguido, comenzó a golpear la barra de hierro contra el suelo de forma repetitiva.
Kung, kung, kung.
Cada vez que el objeto metálico impactaba contra el pavimento, el corazón de Joowon se hundía y daba un vuelco de forma intermitente. Sus manos no dejaban de temblar. Mientras Joowon se mofaba mordiéndose el labio y cruzaba su mirada con la de su captor, los finos labios de No-yoon se curvaron suavemente en una línea melodiosa antes de articular palabra.
—Al principio, solo me divertía burlarme de usted, hyung. Verlo endurecerse era entretenido, y cada vez que lo veía llorar, sentía un hormigueo justo aquí.
No-yoon dio unos ligeros toques en el lado izquierdo de su pecho mientras hablaba con una parsimonia escalofriante.
—Loco de mierda…
Joowon se retorció con desesperación para zafarse del agarre que lo aprisionaba, pero cuanto más luchaba, más fuerza ejercía No-yoon con sus dedos sobre su cuero cabelludo.
—Sin embargo, ahora ya no me basta con solo mirarlo. ¿Cuál cree que sea la razón?
—¿Yo qué voy a saber? Ve a un maldito hospital psiquiátrico a atiborrarte de pastillas, o simplemente muérete.
—Por más que lo pienso, no logro entenderlo. Qué clase de sentimiento es este.
El presentimiento de que algo irreversible estaba a punto de ocurrir despertó en Joowon una sed desesperada de escape. A pesar de estar en pleno verano, una helada agudeza recorrió su cuerpo y un terror espantoso le desgarró el corazón, calando hasta lo más hondo. Su pierna, destrozada por el dolor, se había doblado como un pedazo de papel arrugado, haciendo imposible cualquier intento de ponerse en pie. Joowon apenas logró mover sus labios trémulos para dejar escapar un hilo de voz.
—Pienso descubrirlo poco a poco. También quiero volverme cercano a usted, hyung.
—¡Lárgate! ¡Enfermo mental!
Antes de que pudiera emitir siquiera un quejido, No-yoon alzó la barra de hierro. De inmediato, el arma punzante flotó en el aire, suspendida en el vacío. Con un silbido agudo que rasgó el viento, el brutal objeto se abalanzó sobre Joowon. En las pupilas oscuras de Joowon, la dantesca escena se dibujó en una cámara lenta pesadillesca. Antes de que su cerebro pudiera procesar la orden de esquivar el golpe, una agonía descomunal que pareció sacudirle los sesos le impactó de lleno en toda la cabeza. Sin margen alguno para defenderse, Joowon cayó desplomado sobre el asfalto como un pez volador moribundo que sacude las aletas en seco.
—Sueñe conmigo, hyung.
Incluso a través de su visión, que se empañaba y se teñía de gris, la figura de Park No-yoon, cuya comisura de los labios se rasgaba de oreja a oreja en una sonrisa macabra, se recortaba con absoluta nitidez. Joowon se dio cuenta de que había caído en una penumbra absoluta, privada de toda luz, y en un silencio sepulcral. El remordimiento de haber bajado la guardia, la desesperación de haber caído de picada hacia un futuro espantoso y el miedo cerval que se sentía como si una hoja afilada le rozara la garganta; todas esas emociones se mezclaron como arcilla maleable, aplastando su conciencia.
Finalmente, Joowon cerró los ojos por completo. Tal como un pequeño animal salvaje que cae desplomado al suelo tras recibir el impacto directo de la bala de un cazador.
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