Ras, ras.
El deseo de Joowon no se cumplió. Un ruido de naturaleza desconocida perforó sus tímpanos, obligándolo a abrir los ojos por instinto. Con un esfuerzo titánico, alzó sus párpados sumamente inflamados y giró la cabeza hacia el origen del sonido. Sentado a su lado, Park No-yoon utilizaba un cuchillo de cocina para pelar ciruelas y duraznos.
—¿Despertaste?
Al percibir sus movimientos, las comisuras de los labios de No-yoon se curvaron hacia arriba en una línea perfecta. Pinchó un trozo de durazno con el tenedor y lo acercó a la boca de Joowon, incitándolo a comer. El aroma dulce del durazno maduro impregnaba el aire con nitidez, pero para Joowon, aquello no era más que un hedor nauseabundo. Frunció el ceño profundamente e intentó apartar la mano de No-yoon de un manotazo, pero al tener las muñecas aún atadas, le fue imposible moverse.
—Quítame esto.
—Hyung, no has probado bocado en todo este tiempo. Has estado durmiendo continuamente, tal como Blancanieves cuando fue envenenada.
—…
—Ahora que lo pienso, ¿quiere ñs que hagamos un juego de rol? «Blancanieves se la come al príncipe».
—…
—¿No te gusta Blancanieves? Entonces tú puedes ser el príncipe, hyung.
—Haa…
Por un brevísimo segundo se preguntó qué clase de educación habría recibido ese tipo para tener semejantes ocurrencias, pero de inmediato borró cualquier atisbo de curiosidad. Responder a sus demencias solo le provocaría dolor de cabeza. Joowon desvió la mirada y volvió a entrecerrar los ojos. ¿Cuántos días habrían pasado desde que fue encerrado en ese lugar? Si había transcurrido mucho tiempo, significaba que no tenía idea de cómo estaba Wonyoung y que, con toda seguridad, lo habrían despedido de su trabajo de medio tiempo. Sumado a eso, la ira le hirvió en el pecho al recordar que No-yoon lo había mantenido hambriento durante días.
Estaba a punto de gritarle con todas sus fuerzas que se largara y lo desatara de una vez, cuando un sonido llamó su atención.
Ras, ras.
Sin prestar la menor atención a lo que No-yoon balbuceaba, Joowon clavó la vista en el cuchillo de cocina que sostenía en la mano. Si tan solo lograra apoderarse de esa arma, podría cortar las cuerdas y escapar. De repente, un brillo oscuro destelló en sus pupilas. Si No-yoon se llevaba el cuchillo, tendría que ingeniárselas con el tenedor a como diera lugar. Joowon se mordió el labio interior, alzó la cabeza y clavó la vista en esos ojos de una tonalidad tan singular.
—Este trozo está demasiado blando. Dame otro.
—¿Quieres que te traiga otro durazno?
—Sí.
Complacido por su actitud sumisa y dócil, No-yoon le acarició el cabello. Joowon sintió unas ganas incontenibles de arrancarle la mano a mordiscos, pero se obligó a contenerse en pos de su plan de escape. Adoptando la mirada más desamparada posible, observó a No-yoon con cautela para no levantar sospechas.
—Hyung, ¿te gustan los duraznos firmes o los blandos?
—Los blandos.
—Vaya, preferimos lo mismo.
Joowon se quedó sin palabras ante la absurda familiaridad con la que hablaba No-yoon. No obstante, concentrado únicamente en su huida, se limitó a asentir en silencio.
—Espera aquí. Lo traeré de inmediato.
Tras colocar el cuchillo sobre la bandeja, No-yoon se puso de pie y caminó hacia la puerta de salida. Pocos instantes después, el eco del portazo dio paso a un silencio sepulcral. Sin despegar los ojos de la puerta, Joowon contorsionó su cuerpo con dificultad, estirando los dedos en un intento desesperado por alcanzar el cuchillo. Finalmente, sus dedos rodearon el mango del arma.
Su corazón dio un vuelco violento, latiendo con la fuerza de células en plena división. Debido a que sus manos estaban atadas a la espalda, sostener el filo le resultó una tarea sumamente compleja, pero logró maniobrar el arma a duras penas. Friccionó la hoja afilada contra el nudo ciego una y otra vez. Al cabo de unos instantes, un crujido seco resonó en la habitación y la cuerda de nailon se partió. Una respiración entrecortada escapó de los labios de Joowon.
Impulsado por un destello de esperanza, se apresuró a desatar las cuerdas que le aprisionaban los tobillos. Quizás debido a los días que había permanecido inmovilizado, sentía el cuerpo rígido como una piedra. Cada movimiento le provocaba un dolor agudo en los músculos y hacía que sus articulaciones crujieran de forma dolorosa. Incluso respirar le resultaba un suplicio. Sin embargo, apretó los dientes y avanzó con paso firme hacia la salida.
El eco de sus latidos retumbaba por todo su cuerpo; era capaz de percibir incluso el flujo acelerado de la sangre corriendo por sus venas. Sumido en una tensión absoluta, Joowon aferró el cuchillo con fuerza. Si Park No-yoon intentaba agredirlo de nuevo, esta vez se defendería clavándole el arma. Tras convencerse de ello en un intento por infundirse valor, giró el picaporte de la puerta sin emitir el más mínimo ruido.
Contrario a su sospecha de encontrar a No-yoon de pie con el plato de duraznos en la mano, el pasillo se encontraba completamente desierto. No había rastro alguno de su captor. Al parecer, el tipo se estaba tomando su tiempo para elegir y cortar la fruta. ¿Acaso sería torpe con las manos? Bueno, qué importaba. Tras calmar los latidos de su desbocado corazón, caminó hacia el vestíbulo procurando no hacer el menor ruido con sus pasos.
Sin embargo, ¿dónde demonios estaba la puerta principal?
El recuerdo del juego del escondite que había jugado con No-yoon acudió a su mente. La voz del tipo contando del uno al nueve mientras lo acorralaba pareció resonar con nitidez en sus oídos. Una ansiedad lacerante, capaz de destrozarle los nervios, le ascendió hasta la coronilla. Joowon incrementó la presión en el agarre del cuchillo y miró a su alrededor con recelo.
Tras dejar atrás un pasillo flanqueado por varias puertas alineadas, emergió a una espaciosa sala de estar. A pesar de contar con una decoración moderna y sofisticada, una densa capa de frío pareció asentarse sobre sus hombros. A lo lejos, el parpadeo de los letreros de neón y el golpeteo de las gotas de lluvia contra el ventanal incrementaron su sensación de asfixia. Sabía que si se descuidaba un solo segundo, terminaría siendo arrastrado de vuelta al territorio de No-yoon. Obligándose a recuperar la concentración, aceleró el paso con la mirada fija al frente.
Fue en ese instante cuando reparó en un detalle crucial: se encontraba completamente desnudo. Las maldiciones se le acumulaban una tras otra. Joowon se frotó la nuca y desvió la mirada hacia el sofá. Por fortuna, sobre el cojín descansaba una sudadera negra con capucha. Aunque carecía de pantalones, la prenda era lo suficientemente holgada como para cubrirle las nalgas. Se embutió la sudadera a toda prisa y reanudó la marcha con el rostro desencajado por la urgencia.
Al salir de la estancia, el camino se bifurcó en dos direcciones. Joowon se frotó los ojos inflamados con el dorso de la mano y examinó el entorno. A la derecha, se alzaba una puerta pintada de negro. A la izquierda, se encontraba otra entrada idéntica, pero con un sutil mecanismo de seguridad a la vista. «Es por la izquierda», pensó. Una chispa de esperanza lo invadió al instante; reajustó el agarre del cuchillo y forzó sus debilitadas piernas a avanzar.
Al llegar frente a la puerta principal, intentó contener la respiración que ya le quemaba hasta la garganta. Como si advirtiera la presencia de un intruso, el sensor del techo se encendió, arrojando una tenue luz sobre el vestíbulo. Joowon se limpió el sudor que le corría por la sien y examinó la entrada. La puerta contaba con una cadena de seguridad y una cerradura digital estándar. Eran mecanismos comunes, del tipo que se podía encontrar en cualquier hogar ordinario. Dado que No-yoon era un psicópata de la peor calaña, Joowon había asumido que la entrada contaría con innumerables sistemas de bloqueo. Conteniendo el aliento hasta inflar su caja torácica, estiró la mano hacia la cadena de seguridad.
De repente, un silbido sutil comenzó a ecoar por el pasillo, recorriéndole la espina dorsal como un escalofrío helado. Sus pupilas oscuras se dilataron por el horror. La escena era tan espantosa que le cortó la respiración de golpe. Sus oídos captaron ese silbido macabro con una nitidez aterradora, provocando que su corazón diera un vuelco violento. El menudo cuerpo de Joowon sufrió un espasmo de puro terror. No quedaba tiempo. Tenía que salir de allí de inmediato. Con los dedos completamente rígidos, retiró el pasador de la cadena.
Sentía que iba a perder la cordura por el pánico. Mientras desenganchaba la cadena con manos temblorosas, el eslabón de metal quedó suspendido en el aire, balanceándose de lado a lado con un tintineo sordo. Extendió su mano empapada en sudor frío y presionó el botón de la cerradura digital. Pi-bik. El dispositivo emitió un pitido electrónico y el cerrojo se retrajo suavemente. Por fin iba a escapar de las garras de Park No-yoon. Controlando a duras penas la ansiedad que amenazaba con detenerle el corazón, empujó la puerta de par en par para abrirla.
—¡Ayuda! ¡Que alguien me ayude, por favor…! Ah… hgh…
Gritó con todas sus fuerzas mientras corría despavorido hacia el ascensor, pero Joowon se dio cuenta de inmediato de que era completamente inútil. En ese pasillo donde intentaba luchar desesperadamente por su vida, la única residencia que existía era la de Park No-yoon. Abrumado por un escalofrío terrorífico, forzó sus piernas a avanzar hacia el elevador que se divisaba a lo lejos, pero cambió de opinión en el último segundo. Si usaba el ascensor, No-yoon podría interceptarlo e igualar su ritmo con demasiada facilidad. Sacudiendo la cabeza con vehemencia, empujó la puerta de la salida de emergencia de par en par y se arrojó al interior de las escaleras.
Creeec, pum. La pesada puerta se cerró tras él finalmente. Aferrando el cuchillo con fuerza mientras dejaba escapar bocanadas de aire trémulo, obligó a sus debilitadas piernas a avanzar, pisando los escalones. Descendía a toda prisa, peldaño por peldaño, cuando de repente, el eco de una puerta abriéndose resonó justo por encima de su cabeza.
—Oye.
Bastó esa sola palabra para que sus piernas, que huían a toda marcha, se congelaran en seco. Como si se tratara de una marioneta mecánica cuyo engranaje se hubiera averiado por completo, Joowon alzó la mirada por puro instinto. Lo que vio a través de los huecos de la barandilla fue a Park No-yoon, quien le sonreía de par en par. Con las manos apoyadas firmemente en el pasamanos y torciendo los labios en una mueca risueña, clavó sus pupilas directamente en los ojos temblorosos de Joowon.
—Deja de usar esa cabecita y sube. Antes de que vaya yo mismo por ti.
La desesperación y el terror reventaron el suelo bajo sus pies, abriendo sus fauces oscuras para devorarlo. Joowon, sumido en el pánico, sintió que la mano con la que sostenía el cuchillo comenzaba a sufrir violentos espasmos, incapaz de apartar la vista de esas pupilas ambarinas. Huye, huye, huye, huye, huye. Una serie de voces amorfas e imposibles de identificar susurraban en su mente, pero su cuerpo se negó a responder. Una presión espantosa pareció aplastarle las sienes y congelarle las corvas de las rodillas, cortándole la respiración por completo. Las plantas de sus pies desnudos retrocedieron un par de pasos de forma inconsciente.
De inmediato, dio inicio una persecución tan espantosa como escalofriante. Mientras Joowon descendía los escalones de dos en dos y de tres en tres en un estado de absoluto trance, Park No-yoon se limitaba a dar pasos firmes y pausados, recortando la distancia con una parsimonia aterradora. El miedo a ser atrapado y molido a golpes una vez más hizo que su visión se tornara borrosa y oscilara de forma violenta. A pesar del vértigo, Joowon continuó forzando sus piernas a moverse. Perdió por completo la noción de en qué piso se encontraba mientras sus pies impactaban contra el hormigón de los descansillos, cuando de repente:
—Ya es hora de regresar a nuestro hogar~ juguemos otra vez en la próxima ocasión… —canturreó No-yoon con una sonrisa radiante, al tiempo que le atrapaba el cabello con un tirón seco y le susurraba al oído con voz tranquila.
—¡Ah! ¡Suéltame!
Al verse cara a cara con la cruda realidad de que aquel terrorífico juego del escondite había llegado a su fin, Joowon se retorció con violencia, gritando con tanta fuerza que las venas de su cuello se tensaron al límite. No podía permitirse ser capturado de esta manera. Se negaba en redondo a ser encerrado de nuevo en esa habitación asfixiante para que le abrieran las piernas a la fuerza. Joowon se debatió de forma frenética. Ante esto, No-yoon movió el brazo con una fluidez pasmosa y, empleando su mano libre, le atenazó la muñeca con la que sostenía el cuchillo.
—¡¿No hay nadie?! ¡Ayuda! ¡Llamen a la pol…! ¡Ah!
—Silencio. ¿Acaso no ha visto las noticias sobre los asesinatos que ocurren entre vecinos debido al ruido de los pisos?
—¡Mmmgh, mmm!
Contrario a la fuerza descomunal de su agarre, No-yoon habló en un tono pausado y sumamente dócil mientras le tapaba la boca con ligereza, arrastrándolo escaleras arriba como si fuera un fardo de ropa. «Por favor, por favor…». Joowon, incapaz de controlar el temblor de sus manos, fijó la mirada en el hombre que lo sometía. Debido al esfuerzo de arrastrarlo hacia arriba, No-yoon mantenía la vista fija al frente. «Tiene que ser ahora», pensó Joowon. Clavó los dientes con todas sus fuerzas en los dedos de No-yoon que le obstruían la boca y, al mismo tiempo, descargó un golpe ciego con el cuchillo afilado.
—Quita tu mano… ¡Kgh!
Sin embargo, el ímpetu con el que pretendía amedrentarlo se desvaneció en un abrir y cerrar de ojos. Debido al violento desaire de su ataque, la hoja del cuchillo abrió un corte profundo sobre la muñeca de Park No-yoon. De la herida horizontal que separó la piel comenzó a deslizarse un espeso flujo de sangre carmesí. La mente de Joowon, que hasta hace un momento repetía como un mantra el deseo de matarlo, quedó completamente en blanco. Un temor y un desconcierto infinitamente mayores a los que experimentó cuando le estampó la botella de vino en la cabeza se apoderaron de su raciocinio.
No obstante, Joowon no tardó en verse arrastrado por el dolor físico. Antes de que pudiera ordenar sus pensamientos dispersos en medio de esa mente obnubilada, la mano de No-yoon se adelantó con rapidez. Justo cuando Joowon sufrió un espasmo de terror, los dedos del tipo le rodearon la nuez de Adán con fuerza y lo estamparon directamente contra la barandilla de las escaleras. El pánico de sentir que si se movía un solo milímetro caería al vacío del edificio se propagó por todo su sistema nervioso. Joowon se debatió desesperadamente, subyugado por una fuerza tan salvaje que le arqueó la espalda hacia atrás. En medio de la refriega, la sangre que brotaba de No-yoon comenzó a salpicarle las mejillas.
—¿Por qué me odias tanto?
—¡Kgh… ugh! ¡Suéltame!
—Te he preguntado que por qué me odias tanto.
—¡¿Me lo preguntas en serio?! ¡Pedazo de psicópata enfermo! ¡Mira lo que me estás haciendo!
—¿Y qué tiene de malo? Si te trato sumamente bien —susurró No-yoon en un tono arrullador. Con la mano empapada en su propia sangre, incrementó la presión en el cuello de Joowon y le arrebató el cuchillo de los dedos—. Es solo que de verdad no lo entiendo. Te doy comida, te doy ropa y además tenemos sexo. ¿No deberías estar agradecido por todo esto?
El pánico que experimentó fue tal que ni siquiera pudo articular palabra para exigirle que dejara de decir semejantes estupideces. Joowon giró levemente la cabeza y miró hacia abajo. Al contemplar ese abismo cuyo fondo parecía no tener fin, el corazón le dio un vuelco violento. Preso del horror, se aferró de inmediato al brazo de No-yoon como si fuera un koala a un árbol. El espectáculo debió resultarle sumamente gracioso a No-yoon, quien curvó levemente las comisuras de los labios y alzó el cuchillo en el aire.
—Ya que hyung se tomó la molestia de marcar su territorio en mí, creo que es justo que yo haga lo mismo.
—¡Aaaaaah!
Temor, pánico, opresión, horror. Todas aquellas emociones oscuras se convirtieron en la base de una desesperación absoluta que tiñó su alma herida. Joowon se sacudió frenéticamente, haciendo un esfuerzo sobrehumano por zafarse, pero ya era demasiado tarde. La hoja del cuchillo que No-yoon sostenía se hundió con fuerza en el antebrazo de Joowon. Acto seguido, el filo sepultado en su carne se deslizó hacia abajo, infligiendo un corte profundo. Una herida con la misma forma y longitud que la que Joowon le había provocado en la muñeca.
—Mira esto, hyung. Ahora ambos compartimos dos heridas exactamente iguales.
No-yoon rodeó con sus brazos el cuerpo de Joowon, quien se estremecía de puro dolor, y lo estrechó contra su pecho en un abrazo protector. Lucía genuinamente entusiasmado, como si se tratara de una pareja ordinaria que acababa de comprar anillos de compromiso a juego.
La situación era tan espeluznante que sintió que perdería la cordura y desarrollaría una enfermedad mental en cualquier momento. Víctima de un intenso vértigo, a Joowon se le aflojaron las piernas y su cuerpo se desplomó hacia el frente. En ese mismo instante, No-yoon extendió sus largos brazos y levantó el tembloroso cuerpo en vilo antes de que tocara el suelo. Lo cargó en vilo, emulando la clásica postura en la que un príncipe sostiene a su princesa en los cuentos de hadas. Sin embargo, Joowon, consumido por el dolor físico y el terror psicológico, se limitó a sacudirse e intentar patalear desamparadamente en el aire.
—¡Ayuda…! ¡Que alguien…! ¡Mmmgh!
Cada vez que Joowon intentaba articular un grito de auxilio, los labios de Park No-yoon se posaban sobre los suyos para luego separarse con lentitud. No eran más que ligeros besos de piquito, pero para Joowon representaban una agresión física de la peor naturaleza. Al comprender la inutilidad de sus gritos, renunció finalmente a todo intento de resistencia y se dejó arrastrar en silencio por los brazos de No-yoon, directo a las fauces de aquel infierno.
Pum. La puerta se cerró. Un pitido electrónico resonó mientras el cerrojo digital se activaba automáticamente. Tarareando una melodía alegre, No-yoon avanzó con Joowon en brazos y lo depositó sobre el sofá de la sala de estar. Sentir que carecía de recursos para defenderse y que solo le quedaba sufrir aquella humillación le provocó a Joowon una impotencia y una furia incontenibles. Clavó sus ojos inyectados en sangre directamente en No-yoon, fulminándolo con la mirada.
—Muérete… ¡Por favor, muérete, pedazo de psicópata enfermo! Si tantas ganas tienes de follar, búscate a alguien que te quiera y hazlo con él. ¡Deja de atormentar a gente inocente y suéltame de una puta vez!
—Ya te dije que a mí solo me gusta follar con hyung. Además, tú me profanaste primero, así que es tu obligación hacerte cargo de mí. Fue mi primera vez, ¿sabes?
—¡Cállate!
Joowon se debatió con un frenesí absoluto, como si hubiera olvidado por completo que la sangre continuaba escurriéndole por el antebrazo. Sentía que le estaba hablando a una de esas pulidas paredes de mármol que lo rodeaban. Recordaba haber alzado la voz con todas sus fuerzas, exigiéndole que se muriera o que se largara a un hospital psiquiátrico. Justo cuando Joowon dejó escapar un sollozo ahogado intentando contener la rabia, No-yoon abrió el cajón de la mesa lateral del sofá y extrajo un objeto de su interior.
—Siempre me pregunté qué ventajas tenía el hecho de que mi padre y mi hermano mayor fueran médicos.
Escuchar a No-yoon mencionar a su familia de la nada de una forma tan bizarra le congeló las palabras en la garganta. Su cuerpo comenzó a temblar violentamente por puro instinto. Mientras Joowon intentaba arrastrarse hacia atrás protegiendo su brazo herido, No-yoon se dejó caer a su lado en el sofá y le arrebató la muñeca con un tirón seco.
—Y ahora me doy cuenta de que gracias a eso sé perfectamente qué zonas del cuerpo duelen más.
Con una sonrisa brillante como el primer rayo de sol, No-yoon le envió una sutil pero inequívoca señal de que estaba a punto de romperle la muñeca.
Las pupilas de Joowon, que ya oscilaban con debilidad, temblaron con mayor violencia y los latidos desbocados de su corazón se tornaron ensordecedores. Dejó escapar un gemido ahogado e intentó zafarse a toda costa de ese agarre obsesivo y tenaz, pero la sola idea de escapar era un sueño inalcanzable en su estado.
—Park No-yoon, estás completamente demente. ¡No me hagas esto!
—No te preocupes. No va a doler tanto como te imaginas.
Los labios que pronunciaban semejantes atrocidades lucían tan perfectos y hermosos como siempre. Joowon experimentó una súbita asfixia y se retorció con desesperación, presa de un pánico cerval.
Sin embargo, le fue imposible detener la mano que presionaba y se adhería a su piel con una fuerza implacable. No-yoon le forzó la muñeca hacia atrás con una violencia brutal mientras frotaba con su pulgar la nívea piel de la zona. Pocos instantes después, un dolor agudo y desgarrador provocado por la distensión violenta de los tendones se propagó por su brazo.
—¡Aaaaaah! ¡Kgh… ugh!
Al experimentar el suplicio físico de tener la muñeca dislocada, el pulso se le aceleró a una velocidad demencial. A pesar de que los ventanales permanecían cerrados, sintió como si una ráfaga de viento helado le azotara la nuca, al tiempo que una sensación viscosa le ascendía desde las puntas de los pies.
—¡Hgh!
El tormento era tan insufrible que el entorno comenzó a darle vueltas de forma vertiginosa, provocándole náuseas intensas. Sometido por una mezcla de sensaciones a las que era incapaz de ponerles nombre, Joowon perdió la estabilidad y se desplomó pesadamente contra el suelo.
Se encontraba completamente abrumado por una extraña energía donde los deseos de vomitar debido al vértigo y una súbita sensación de adormecimiento colisionaban de manera contradictoria en su interior.
—Me dijeron que consumir un poco de alcohol incrementa el apetito sexual de forma temporal.
Esbozando una ligera sonrisa, No-yoon le apartó con suavidad los mechones de cabello a un Joowon que se retorcía de dolor en el suelo. Como era de esperarse, no obtuvo respuesta alguna. ¿Qué clase de palabra coherente podría articular un hombre que emitía gemidos ahogados y espasmódicos, inconsciente incluso de la saliva que se le escurría por la comisura de los labios?
—Ya que no quiere por la boca, haré que se lo trague por el agujero trasero.
Joowon no se había percatado de que a poca distancia había una botella de licor de alta graduación. «No puede ser… no puede ser», pensó. Se sacudió como un demente, pero No-yoon le dio la vuelta al cuerpo en un abrir y cerrar de ojos, dejándolo boca abajo. Un presentimiento atroz de absoluta desesperación le recorrió la espina dorsal como una descarga eléctrica. Acto seguido, la fría boca de la botella presionó directamente contra su cavidad.
Poco después, un líquido gélido comenzó a verterse, empapando el orificio. Era una agresión completamente imprevista. Aquel fluido no tardó en devorar los últimos vestigios de la cordura de Joowon.
Su mente se desconectó a tal grado que fue incapaz de procesar la voz falsamente afectuosa de No-yoon. Mientras su visión distorsionada oscilaba en círculos, una serie de recuerdos inconexos emergió desde lo más profundo de su memoria. Su madre agonizante se transmutó en la figura de su padre, quien había huido dejándolos sepultados en deudas. Luego, la imagen de su padre adoptó la forma de Wonyoung escupiendo sangre. Al final, todas aquellas visiones se disolvieron para dar paso a un Park No-yoon cuya boca se ensanchaba de oreja a oreja en una sonrisa grotesca. Joowon abrió a duras penas sus ojos inyectados en sangre y se desplomó sobre el suelo sufriendo una violenta arcada.
—Hyung… Tú… ah…
Joowon, incapaz de escuchar palabra alguna de lo que ocurría a su alrededor, arañó el suelo de mármol con las uñas, debatiéndose frenéticamente en un intento desesperado por escapar de ese espacio y de las sensaciones que lo asaltaban. Sin embargo, nada se desarrollaba conforme a sus deseos. Al mismo tiempo que las alucinaciones más diversas lo asediaban, una extraña y ardiente lascivia comenzó a apoderarse de su anatomía. Joowon echo la cabeza hacia atrás de golpe, arqueando la cintura con vehemencia.
Un estímulo sumamente lúbrico, equiparable a la intensa tensión sexual que experimentaba durante el coito, comenzó a despedazar su raciocinio. Aquel éxtasis artificial no solo alteró cada una de sus células cerebrales, sino que las desmenuzó por completo, transformándolo en cuestión de segundos en un ser gobernado únicamente por el instinto más primitivo; en términos llanos, en un conejo en pleno celo. Le pareció escuchar una risa burlona proveniente de algún rincón de la estancia. Incapaz de soportar el calor sofocante que le calcinaba el cuerpo, Joowon avanzó a gatas por el suelo emitiendo quejidos lastimeros.
Le resultaba absolutamente imposible enfocar su visión parpadeante. Disipar el éxtasis que se acumulaba en su bajo vientre era una tarea irrealizable. Con el perineo completamente empapado en fluidos, Joowon dejó escapar un gemido ahogado, se postró cuan largo era y comenzó a restregar su entrepierna contra el suelo con movimientos espasmódicos, emulando la conducta de un can en pleno apareamiento.
—Hgh… ugh… ah…
Al friccionar su miembro erecto contra el mármol helado, la boca se le secó de inmediato, experimentando la sed extrema de un hombre deshidratado en el desierto. Como si hubiera olvidado por completo quién se encontraba a su lado o qué clase de atrocidad le acababa de infligir Park No-yoon, Joowon continuó moviendo las caderas rítmicamente, provocando una fricción constante contra el suelo. Sin embargo, aquello no era suficiente para saciar su necesidad. Con la mirada completamente perdida y desencajada, forzó su cuerpo a incorporarse de rodillas. Inconsciente de ello, el espeso líquido preseminal ya había manchado la sudadera negra que llevaba puesta, así como sus muslos y su inflamado perineo, convirtiendo su entrepierna en un auténtico desastre.
—Ah… hgh… mmm… ugh…
Cualquier firme determinación de escapar de la sombra de Park No-yoon se evaporó de su mente como el agua en estado de ebullición, viéndose sumergido por completo en una lujuria abrasadora que lo consumía por dentro. Emitiendo respiraciones cortas y entrecortadas, Joowon extendió su propia mano y rodeó con fuerza su miembro, el cual ya se encontraba completamente empapado en fluido seminal.
—Hgh… aah…
—Esto es de locos. ¿De verdad te estás masturbando justo en frente de mí, hyung?
Sentado en el sofá como si estuviera presenciando una obra de teatro sumamente entretenida, No-yoon curvó las comisuras de los labios con fascinación. Por supuesto, sus palabras no llegaron a los oídos de Joowon. Este se limitaba a sacudir y estimular su miembro una y otra vez, convertido en un autómata programado para acatar una única orden biológica.
—Mmm… ah… ¡kgh!
Su miembro de tonalidad rosácea adoptó una coloración aún más intensa debido a la extrema congestión sanguínea, dejando escurrir hilos de fluido espeso que goteaban de forma continua. El líquido lubricante que brotaba de su uretra dilatada comenzó a salpicar el entorno. Joowon estimulaba su miembro con una velocidad frenética. Sus pupilas oscuras lucían completamente vacías, carentes de toda conciencia, mientras un hilo de saliva transparente se deslizaba sin control de sus labios entreabiertos.
Por desgracia, el simple acto de sujetar y masajear su miembro era insuficiente para aplacar tan vulgar y desmedida lascivia. Aunque experimentó una serie de espasmos y eyaculó repetidas veces, proyectando su semen en el aire, el ardor interno no disminuyó en lo más mínimo. Joowon restregó sus manos pegajosas y cubiertas de fluido, dejando escapar gemidos profundos y lascivos. Bien dicen que cuando el placer se experimenta en dosis excesivas, se transforma en tortura. Atormentado por la incesante oleada de lujuria química que se negaba a remitir, Joowon comenzó a derramar gruesas lágrimas mientras continuaba frotando su miembro rígidamente erecto.
—Hyung.
—Hgh… mmm…
—¿Quieres que te ayude?
A No-yoon le pareció sumamente fascinante ver que Joowon, quien hasta hace poco solo sabía exigirle que se muriera y lo soltara, ahora emitía quejidos lastimeros como un gato en celo. Se deslizó del sofá en un abrir y cerrar de ojos y se plantó al lado del trémulo cuerpo que yacía desplomado en el suelo. Se arrodilló a su lado y, con movimientos pausados, le despojó de la sudadera negra que se encontraba manchada de fluido seminal pegajoso. Debido a la intensa excitación, los pezones de Joowon estaban rígidamente erectos y toda su anatomía había adoptado una tonalidad rosácea; sin contar su perineo, el cual se encontraba completamente empapado. No-yoon se pasó la punta de la lengua por la comisura de los labios antes de torcerle un pezón con los dedos.
—¡Hgh!
—¿Y bien? Deja que te toque. Te cuesta demasiado llegar al clímax por tu cuenta, ¿verdad, hyung?
—¡Ah… ugh! ¡Siento… que me voy… a volver… loco!
—No te vuelvas loco. ¿Quieres que sostenga tu miembro de esta manera?
—Ah… mmm…
Esbozando una sonrisa radiante, No-yoon murmuró un tenue: “Qué lindo”, y rodeó con fuerza el húmedo miembro de Joowon. En cuanto esa mano gélida envolvió el glande y el tronco de su anatomía, un estímulo infinitamente mayor al que experimentaba cuando se estimulaba a sí mismo le oprimió el bajo vientre. De inmediato, frotó el miembro con su robusto pulgar, haciendo que el congestionado tronco se sacudiera de lado a lado. Joowon alzó sus pestañas empapadas en lágrimas y clavó la mirada en lo alto.
—¿Te gusta?
En condiciones normales, le habría exigido a gritos que se muriera, pero al encontrarse en un estado de absoluta enajenación mental, su cuerpo solo era capaz de procesar el éxtasis.
—Dame más. Por favor, más —Joowon balbuceó incoherencias y apoyó el rostro directamente contra la muñeca de No-yoon, la cual sostenía su miembro. Sentía el cuerpo tan ardiente que estuvo a punto de perder el sentido. En cuanto el pulgar que aprisionaba el glande comenzó a hurgar directamente en la abertura de la uretra, la espalda de Joowon se arqueó hacia atrás de golpe.
—Te he preguntado si te gusta.
—Mmm… ah… hgh… Se siente… tan bien…
—De verdad estás completamente en celo. Si vuelves a ser desobediente en el futuro, tendré que alimentarte por este agujero sin falta.
Sumamente entusiasmado, No-yoon utilizó su mano libre para juguetear con el lóbulo de la oreja de Joowon. Escucharlo balbucear que se sentía de maravilla le provocó una intensa agitación en el pecho, como si una serie de fuegos artificiales estallara en su corazón. Esos labios que eran incapaces de articular una sola palabra coherente, esos ojos completamente desorbitados y esos pezones teñidos de rosa le resultaban jodidamente adorables. Incrementó la velocidad de las fricciones sobre el miembro de Joowon mientras sus pupilas ambarinas oscilaban de un lado a otro. Desnudó a Joowon con la mirada, clavando en él unos ojos obscenos, lascivos y obsesivos.
—Ah… ugh…
Finalmente, una sustancia cremosa salió proyectada repetidas veces desde la uretra dilatada. El espeso fluido seminal trazó una parábola en el aire antes de salpicar directamente la mano y la muñeca de Park No-yoon. —Lámelo todo—, susurró este con voz tranquila, al tiempo que le ponía los dedos impregnados de fluido justo en frente de la boca.
—Mmm… kgh.
Joowon entreabrió a duras penas sus temblorosos labios y asomó su lengua carmesí. Como si fuera un autómata obligado a acatar órdenes sin derecho a réplica, o un individuo sometido a un trance hipnótico ineludible, comenzó a lamer los dedos de No-yoon. Su raciocinio se había evaporado por completo debido a los efectos de la sustancia.
—Tengo unas ganas locas de hundir mi lengua en tu boca, hyung.
Observando con orgullo a Joowon mientras este le lamía los dedos como si estuviera practicándole una felación, No-yoon le sujetó ambas mejillas y le plantó un beso. En cuanto sus labios se sellaron, una lengua húmeda y ardiente se abrió paso a la fuerza a través de sus trémulos dientes. Acto seguido, la musculosa punta de la lengua comenzó a explorar y saquear cada rincón de su cavidad bucal. Con absoluta parsimonia, No-yoon deslizó el brazo y le rodeó la cintura para estrecharlo contra sí.
La robusta lengua de No-yoon barrió la suave superficie de la lengua de Joowon. Al experimentar la fricción contra las paredes internas de su boca, Joowon cerró los ojos. Debido a la alteración química provocada por el alcohol, se había transformado en un ser que solo perseguía el placer, viéndose obligado a corresponder a ese beso tan lascivo y profundo. Aferró con fuerza los hombros firmes y definidos de No-yoon, ladeando la cabeza para profundizar el contacto.
—Mmm… ugh…
Con los labios entreabiertos de par en par, Joowon tragó el aliento abrasador y la saliva espesa que se derramaba por su garganta. Un espasmo eléctrico le recorrió la entrepierna, intensificando el éxtasis a un nivel tan extremo que amenazaba con hacerle perder el sentido. Sus pálidos dedos se clavaron con desesperación en los hombros anchos de No-yoon. Sin lugar a dudas, Joowon no se encontraba en sus cabales; había perdido la cordura por completo.
El eco de aquellos chasquidos obscenos se prolongó durante un largo rato. No-yoon, insaciable, atrapaba los labios de Joowon en cuanto estos intentaban separarse para tomar aire, reanudando el beso con fiereza. La lengua que irrumpía salvajemente en su boca estimulaba cada fibra de su ser. Al compás de la fricción de aquellas masas de carne tan suaves como la jalea, el pulso de Joowon se aceleró al límite y su miembro, que acababa de eyacular hace unos instantes, adoptó una coloración rosácea aún más intensa.
Bastó ese beso para que el miembro de Joowon quedara completamente cubierto de lubricante natural. Tras morder y succionar sus labios con saña, No-yoon se apartó un milímetro con una ligera sonrisa y jugueteó con los labios sumamente inflamados de Joowon.
—¿Has probado alguna vez esas gomitas que imitan la sensación de un beso?
—Hgh… ugh…
—Yo sí las he probado. Mientras me imaginaba que lo hacía contigo, hyung.
—Ah… ugh… Rápido… por favor…
—Pero el interior de su boca es mucho más suave que esas gominolas. Ideal para ser profanado.
Incapaz de procesar semejantes estupideces, Joowon se limitó a restregar la cabeza contra el firme pecho de su captor. Aunque a No-yoon le disgustó un poco que no le diera una respuesta coherente, le pareció sumamente tierno ver a Joowon comportarse como un animal en celo que imploraba por atención. Le plantó una serie de besos afectuosos en los párpados caídos y, levantando su cuerpo tembloroso en vilo con un movimiento ágil, lo acomodó sobre el sofá.
En cuanto le abrió las piernas a Joowon en una postura en forma de M, su miembro erecto osciló levemente, dejando al descubierto su perineo completamente empapado de fluidos. Contemplando aquella silueta tan propicia para la penetración con una mirada de absoluto éxtasis, No-yoon comenzó a dar ligeros toques con la yema del dedo sobre la entrada del orificio, el cual se contraía de forma espasmódica.
—¡Ah!… hgh… mmm… De verdad…
—Ahora mismo puedo ver tu agujero a la perfección. Olvídate de formar una familia ordinaria en el futuro, hyung.
No-yoon asomó su larga lengua y lamió el perineo de Joowon, el cual se encontraba cubierto de lubricante. Cada vez que su lengua entraba en contacto con la piel, las pálidas nalgas de Joowon sufrían un violento espasmo. Joowon cerró los ojos con fuerza y ajustó la posición de sus piernas para facilitarle a No-yoon la estimulación de su zona anal. Justo cuando No-yoon rodeó el miembro de Joowon con la mano derecha y presionó sus labios contra el orificio que se contraía, los labios de Joowon se entreabrieron mientras respiraba con dificultad.
—Seong-chan… hgh… no… esto no… esto no está bien…
Atrapado por las intensas alucinaciones, Joowon creyó ver a Seong-chan, el amigo con el que se había reencontrado hacía poco, parado justo en frente de él. Inconsciente de que se trataba de un mero espejismo, sacudió la cabeza levemente hacia la figura de Seong-chan, quien lo contemplaba con una mirada de absoluto desprecio. «No, este no soy yo. No me mires de esa manera.» Al cabo de unos instantes, la silueta de Seong-chan se disolvió en el aire tal como Joowon deseaba. Cerró los párpados por completo y apoyó su trémula espalda contra el respaldo del sofá.
—Vaya.
Dejando escapar un suspiro sutil, No-yoon clavó la mirada en un Joowon que jadeaba con las piernas abiertas de par en par.
—¿Qué clase de modales son esos? Mencionar el nombre de otro tipo en medio del sexo.
—Ah… ugh… mmm… ¡kgh…!
—Respóndeme de una vez. Y deja de actuar como un animal en celo.
—Hgh… No… no es… eso…
—¿Pero por qué demonios tienes que mencionar el nombre de ese tal Seong-chan, o Jotta-chan, o como se llame? ¿Acaso soy su segundo plato?
—Ah… ugh… No es… nada de eso… haaa…
—Voy a tener que examinar tu agujero. Ya te lo había advertido, ¿no? Que detesto que otros metan sus narices en lo que es mío.
Las palabras vulgares y el temperamento errático brotaron finalmente de los labios de No-yoon, quien solía exigirle etiqueta a Joowon de forma hipócrita. Al mismo tiempo, un aura gélida y peligrosa se apoderó de sus facciones. Joowon, completamente subyugado por el éxtasis químico, fue incapaz de percatarse de este cambio drástico; sin embargo, una punzante sensación de sumisión e impotencia lo obligó a acatar la orden de inmediato. Estiró los brazos a toda prisa y se abrió las nalgas con las manos. Pese a su docilidad, el rostro de No-yoon permaneció impasible y sombrío.
—Mete los dedos en tu agujero y ábrelo más.
—¡Hic!
No-yoon le atrapó la muñeca a Joowon sin miramientos y lo obligó a palpar su propio orificio contraído. El fluido seminal que empapaba su perineo entró en contacto directo con las yemas de sus dedos. Asintiendo con la cabeza como un autómata programado para obedecer, Joowon introdujo los dedos en la entrada del orificio y tiró hacia los lados para expandirlo. El esfínter sutilmente dilatado se contrajo de forma intermitente, dejando al descubierto la mucosa carmesí de su interior.
—En el futuro, mantén esta misma postura cada vez que te inspeccione.
—Sí… hgh… así lo… haré… hgh…
«¿Por qué no puede ser así de sumiso y obediente todo el tiempo?», pensó No-yoon. Torció sutilmente los labios en un mohín y clavó la mirada en el interior del orificio expuesto. Por fortuna, no detectó vestigios de semen pertenecientes a ningún otro sujeto. No obstante, resentido aún porque Joowon se hubiera atrevido a pronunciar el nombre de otro hombre, No-yoon lo arrojó sobre el sofá con una brusquedad infinitamente mayor a la habitual.
—Jugaremos a un juego: por cada mentira que me digas, recibirás un golpe. ¿Ese bastardo de Jotta-chan te metió la verga dentro?
Las palabras sucias y hostiles brotaron sin filtro de la boca de No-yoon. Con una mirada que denotaba tanta fascinación como fastidio, se reclinó contra el extremo opuesto del sofá para observar las reacciones de Joowon. Este, con las mejillas encendidas en un tono carmesí, continuó restregando su anatomía con frenesí contra el tapizado del sofá, inconsciente de que estaba empapando la superficie con sus fluidos. Mantener bajo llave ese cuerpo tan obsceno y lujurioso era, sin duda, la decisión correcta. No-yoon desvió la mirada hacia esos labios que jadeaban de forma lúbrica.
—¡Hgh…! No… no es… eso… Yo nunca… ah… Solo lo he hecho… con Park No-yoon…
Al contemplar a Joowon negar con la cabeza mientras las lágrimas se le acumulaban en los ojos, y al escuchar su propio nombre brotar de esos labios, No-yoon experimentó un súbito vuelco en el corazón; una extraña calidez que se propagó por su pecho, acompañada de una intensa y repentina erección. Se trataba de una emoción completamente inédita que fue incapaz de definir, pero que saturó su mente con el único deseo de profanar a Joowon en ese mismo instante.
Ajeno a los pensamientos de su captor, Joowon se dio la vuelta por puro instinto y comenzó a friccionar su miembro erecto directamente contra el sofá. De la uretra dilatada brotó un hilo de fluido espeso y blanquecino que escurrió en intervalos. Los dedos de sus pies se contrajeron violentamente debido a la intensidad del estímulo.
—Ah… aah…
—¿Quieres que te ayude? Con eso no que estás haciendo no te basta, ¿verdad?
—Hgh… mmm… ah… hgh…
—Mira cómo me respondes de inmediato. Qué tierno.
Observando con evidente satisfacción el orificio holgado de Joowon que se contraía de forma espasmódica, No-yoon estiró la mano y rodeó el congestionado miembro de la víctima con fuerza.
—Ojalá el interior de tu agujero trasero adoptara permanentemente la forma de mi verga, hyung.
A pesar de que aquellas palabras tan directas y obscenas resonaron con fuerza en sus oídos, Joowon se limitó a arquear la cintura hacia atrás, como si hubiera perdido la capacidad de procesar el lenguaje. Una intensa descarga eléctrica de placer le recorrió el bajo vientre, dejando su mente por completo en blanco. Acto seguido, la fricción directa de la palma de No-yoon contra su miembro le proporcionó un estímulo intolerable. Joowon dejó escapar gemidos aún más agudos y lascivos mientras sacudía las caderas con desesperación.
No-yoon incrementó la velocidad de las fricciones sobre el miembro de Joowon mientras usaba los dedos de su mano libre para masajear la entrada del orificio. Acto seguido, introdujo los dedos y comenzó a embestir la húmeda cavidad interna con una velocidad y una fuerza brutales. Ante la rudeza de la estimulación, un hilo de saliva comenzó a deslizarse sin control por la comisura de los labios de Joowon.
El miembro de Joowon continuó congestionándose y aumentando de tamaño. Tras deleitarse un buen rato con esa estimulación manual, No-yoon hundió los dedos a gran profundidad, presionando directamente el punto de máximo placer en la pared interna. Las falanges de sus dedos rozaron la tersa mucosa y presionaron firmemente la próstata inflamada. Al experimentar un espasmo tan intenso como si una corriente eléctrica real le atravesara la espina dorsal, Joowon encogió los dedos de los pies y dejó escapar un aliento abrasador. Tras observar minuciosamente la reacción de su víctima, No-yoon extrajo los dedos de golpe. Del miembro rígidamente erecto de Joowon brotaron gruesas gotas de un fluido seminal blanquecino que salpicó el entorno.
—Ha… hgh… mmm…
A pesar de haber eyaculado en dos ocasiones consecutivas, los residuos de aquella intensa lascivia química se negaron a abandonar el cuerpo de Joowon. Desplomó su anatomía carente de fuerzas sobre el sofá y clavó la mirada fija en el techo. Las luminarias cuadradas de la sala comenzaron a girar de forma vertiginosa, distorsionando su campo visual. Entreabrió los labios al sentir que una intensa náusea le ascendía por la garganta. En ese preciso instante, unas palmas gélidas y de gran tamaño le sujetaron ambas mejillas con firmeza.
—Mira nada más, hyung. Acabas de eyacular con el simple uso de mis dedos.
—Mmm… ah… kgh. Lo… lo siento…
—…Ah, de verdad eres jodidamente adorable. Esto es una locura.
Murmurando aquellas palabras en un tono de voz inaudible, No-yoon tiró de las mejillas de Joowon hacia sí. Acto seguido, selló sus labios con brusquedad, anulando cualquier intento de Joowon por articular palabra alguna. Mediante movimientos que conjugaban la violencia con una extraña delicadeza, comenzó a succionar la lengua de Joowon. La lengua ardiente de No-yoon se adhirió firmemente a la superficie trémula de la de Joowon, restregándose contra ella con saña. Joowon cerró los ojos con fuerza al experimentar la fricción contra las microlesiones de su cavidad bucal.
No-yoon acarició con suavidad los muslos húmedos de Joowon mientras profundizaba la intrusión de su lengua. Debido a que sus tabiques nasales chocaban de forma molesta, ladeó la cabeza hacia un costado para continuar con el beso. Su robusta y ardiente lengua continuó friccionando el interior de la suave cavidad de Joowon. El eco de aquellos chasquidos obscenos se tornó cada vez más ensordecedor. Tras recorrer minuciosamente el paladar y la perfecta dentadura de Joowon sin dejar un solo rincón sin explorar, No-yoon finalmente separó los labios y comenzó a morder con suavidad el labio inferior de su víctima. Incluso ese sutil estímulo resultó abrumador para Joowon en su estado actual. Sometido por una intensa turbación lúbrica, Joowon se aferró con fuerza a No-yoon. Un espeso flujo de sangre carmesí brotó de su herida abierta, empapando el cuello de la camisa de su captor.
Retomando el contacto de inmediato, No-yoon volvió a enredar sus labios con los de Joowon. Ladeaba la cabeza de un extremo a otro para intensificar la fricción, mordisqueando y succionando la carne suave como si estuviera saboreando un postre cremoso. La respiración jadeante de Joowon se tornó cada vez más errática. Experimentando una opresión real en el pecho debido a la intensidad de sus propias emociones, No-yoon atrapó la lengua de Joowon y la succionó con fuerza irracional.
—Hgh… mmm…
Un sonido obsceno y viscoso, similar al de una densa masa de harina siendo amasada con fuerza, rascó el pabellón de su oreja. La mano de Joowon, que se aferraba al robusto antebrazo de su captor, fue perdiendo fuerza gradualmente hasta resbalar. Sin embargo, No-yoon entrelazó de inmediato sus dedos con los de él y continuó con el beso. Pese a que Joowon jadeaba con desesperación debido a la asfixia, No-yoon se negó a liberarlo; transmitiéndole un calor abrasador y saliva espesa, devoró el interior de su boca con una saña implacable.
Bajo los efectos de la sustancia, Joowon se limitaba a perseguir sus instintos puramente carnales. Quizás por ello, devolvió la fuerza al agarre de No-yoon e intentó mover los labios de manera torpe. Al experimentar aquel contacto blando y ardiente, sintió una intensa e hirviente agitación en lo más profundo de su vientre.
—Haa…
No-yoon separó los labios y le rodeó la nuca con el brazo. Ver a Joowon con la boca entreabierta de forma vulnerable y las pupilas completamente desorbitadas le provocó una estimulación de una naturaleza distinta. Aunque le parecía más hermoso cuando conservaba el juicio, en ese estado poseía un encanto sumamente tierno y lascivo. Esbozando una sutil sonrisa, No-yoon le acarició el pabellón de la oreja con suavidad y susurró:
—Hyung, enredémonos el uno con el otro hasta el delirio.
—Hgh…
—Ya te lo había dicho, ¿no? Que soy capaz de cualquier cosa con tal de conseguir lo que me propongo.
Aquella voz tenue resonó con claridad antes de disolverse en el aire. Joowon parpadeó repetidas veces mientras contemplaba la silueta borrosa que se erguía ante él con la mirada perdida. Su entorno comenzó a teñirse de matices estridentes y, de pronto, experimentó la extraña sensación de sumergirse en una piscina de agua helada. Era una percepción aberrante: sentía que su propio cuerpo ya no le pertenecía. Pese a ello, el estímulo no le resultó desagradable. Una sonrisa involuntaria curvó sutilmente las comisuras de sus labios. En ese instante, la cabeza del miembro de No-yoon comenzó a restregarse contra la entrada del orificio que se contraía de forma espasmódica.
—Ah… mmm…
En cuanto ese calor humano, infinitamente superior al estímulo de los dedos, entró en contacto con su zona anal, una punzante descarga de placer le recorrió el bajo vientre. Pocos instantes después, el miembro de No-yoon irrumpió profundamente en la estrecha cavidad. No-yoon le sujetó la pelvis con firmeza y se hundió hasta la raíz. A pesar de que Joowon ya había eyaculado en dos ocasiones y la zona se encontraba lubricada, recibir una anatomía tan descomunal de un solo golpe era una tarea tormentosa. Experimentó el suplicio de sentir que su esfínter se desgarraba, pero, al mismo tiempo, se deleitó con aquella tiránica oleada de lascivia.
—¡Ugh!… ¡ah… aah…!
Paj, paj, paj. No-yoon embistió con todas sus fuerzas, valiéndose de su miembro congestionado por una vulgar urgencia sexual. Su descomunal anatomía avanzaba destruyendo la resistencia de las tersas paredes internas. De los labios entreabiertos y temblorosos de Joowon brotaron gemidos completamente distorsionados y carentes de articulación. Era imposible descifrar si aquellas quejas denotaban placer o agonía. En ese momento, solo deseaba ser absorbido por completo por esa sensación. Joowon contrajo las caderas de forma intermitente, devorando las brutales embestidas del miembro que operaba en su interior con movimientos torpes y desbocados.
El fluido preseminal que brotaba de la uretra de No-yoon humedeció las inflamadas paredes de la cavidad. Cambiando el ángulo de penetración, continuó con su rítmico e implacable castigo. Al verse abrumado por el éxtasis, Joowon arqueó la cintura e intentó huir del estímulo, pero unas manos descomunales le aprisionaron la pelvis al tiempo que el grueso miembro lo embestía con mayor violencia. Una intensa picazón volvió a manifestarse en su bajo vientre, acompañada de una urgencia incontenible por orinar. Pese al trance mental en el que se encontraba, Joowon comprendió de inmediato que no debía ceder a ese impulso. Agitó los brazos con desesperación e intentó empujar los anchos hombros de su captor para apartarlo.
—¡Ah… aah!
El miembro de No-yoon continuó hundiéndose más y más, hasta presionar directamente la zona situada por debajo del ombligo. El relieve del bajo vientre, abultado debido a la silueta del miembro en su interior, confería a la escena una atmósfera tan aberrante como erótica. Incluso sin necesidad de moverse, No-yoon era capaz de someter a Joowon a un éxtasis absoluto en esa postura. Clavó los dientes en el hombro de Joowon con saña y, modificando el ángulo una vez más, reanudó las brutales embestidas.
—¡Mmm… ugh… ah…!
Gruesas venas tensas recorrían el tronco del miembro de No-yoon que entraba y salía sin tregua; cada vez que estas venas friccionaban la delicada mucosa interna, el pálido cuerpo de Joowon se sacudía de manera violenta. Experimentaba un deleite inmenso, pero la velocidad con la que el éxtasis se propagaba por su ser le resultó aterradora. Joowon sintió un calor abrasador mientras era castigado por ese pilar de carne. La necesidad de liberar sus propios fluidos se tornó intolerable, concentrándose un agudo cosquilleo en la base de su miembro.
—Ah… Siento que se me va a derretir la verga. De verdad aprietas delicioso.
—Haa… ugh…
Tras embestir la zona con rudeza, No-yoon detuvo sus movimientos por un instante. Mordisqueó el pabellón de la oreja de Joowon y succionó con fuerza el lateral de su cuello jadeante. En cada zona donde se posaban sus labios, quedaba como vestigio un hematoma de tonalidad violácea. Estimulado por aquellas marcas, Joowon dejó escapar un gemido quejumbroso.
—Huu… Lee Joowon.
El violento coito se reanudó de inmediato. Pronunciando el nombre de su víctima sin el menor reparo, No-yoon movió las caderas con un frenesí salvaje. Paj, paj, paj. Con cada impacto húmedo y sordo, la anatomía de Joowon se sacudía como una marioneta a la que le hubieran cortado los hilos. El miembro de No-yoon arremetió de forma obsesiva contra su bajo vientre. Incapaz de tolerar la fricción de esa densa masa de carne contra sus zonas más sensibles, Joowon cedió finalmente ante la urgencia de su vejiga.
Al mismo tiempo, una nueva oleada de semen brotó de su miembro en intervalos espasmódicos. El fluido seminal trazó una parábola en el aire antes de empapar las prendas de No-yoon. Este detuvo sus movimientos por un instante, manteniendo su miembro alojado en el interior, y contempló el perineo empapado. Le pareció sumamente cómico y excitante que, a pesar de la silueta tan delgada de Joowon, esa zona en específico fuera tan tersa y prominente. Joowon, ajeno a los pensamientos de su captor, se limitó a parpadear con debilidad.
—Hyung… ah… Lee Joowon…
No-yoon sujetó las nalgas de Joowon con ambas manos, apretándolas con fuerza, y vertió el fluido seminal que colmaba sus testículos en lo más profundo de la cavidad. Tras una prolongada eyaculación, el interior de las paredes internas, dilatadas por la silueta del miembro, quedó completamente inundado de semen. Sin extraer su anatomía, No-yoon se limitó a acariciar el cabello de un Joowon que lo contemplaba con la mirada perdida. Poco después, Joowon perdió el conocimiento por completo, incapaz de resistir el desgaste físico provocado por las sustancias y la brutalidad del coito.
A No-yoon, sin embargo, pareció no importarle en lo más mínimo y reanudó las embestidas; le parecía un desperdicio disfrutar de una cavidad tan dócil y estrecha una sola vez.
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