Quizá al final hasta me darías un pequeño hongo
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Lin Ling: …?
Sobre la cabeza del hongo apareció lentamente un signo de interrogación. Shi Changyuan también le lanzó una mirada extraña a aquella mujer, como si lo que tuviera estropeado no fueran las piernas, sino la cabeza.
Fue entonces cuando Liu Xiangyu reaccionó y se dio cuenta de que había cometido una descortesía ante la presencia imperial. Se apresuró a disculparse, pero Shi Changyuan no le hizo caso y se llevó al espíritu hongo sin más.
Ahora le tocaba al espíritu hongo entrometerse. Hasta que no lo subieron al carruaje, Shi Changyuan no volvió a decir palabra.
Dentro del carruaje a solas, Lin Ling miró a Shi Changyuan, que no parecía de muy buen humor, y se fue acercando poquito a poco hasta pegarse a él; luego, con el dedo índice enganchó el índice de Shi Changyuan.
“¿No te enfades, por favor?”
Shi Changyuan bajó la vista hacia el dedo de Lin Ling y dijo sin cambiar la expresión: “No estoy enfadado”.
“Entonces, ¿por qué estás de mal humor?”, preguntó Lin Ling sin entender.
Shi Changyuan observó a Lin Ling, que cada vez era más atrevido y ya se permitía agarrarle la mano para juguetear con ella, con la mirada sombría.
Lo que él pretendía era atrapar a aquel espíritu en sus manos y protegerlo bajo sus alas; no podía hacerlo al modo de la gente común.
“No estoy de mal humor”. Shi Changyuan sonrió, y tomando al revés los dedos revoltosos de Lin Ling, los fue apretando poco a poco hasta tal punto que Lin Ling no lograba soltarse por más que forcejeaba.
Mientras pudiera atraparlo, cualquier manera le valía.
Lin Ling, al ver que le habían atrapado la mano, intentó zafarse en vano y luego la dejó estar en las garras de Shi Changyuan.
Pensó que se había librado del asunto con esa artimaña, pero días después Shi Liuwan, antes de regresar a la frontera norte, le hizo llegar de parte de Liu Xiangyu una carta.
“Estimado joven Lin, al leer esta carta, espero que se encuentre bien”.
Antes de que Shi Changyuan terminara la corte, Lin Ling se pasó un buen rato estudiando la carta él solo, intentando comprender lo que la otra quería expresar a base de intuición y conjeturas.
Más o menos parecía preguntarle qué tal estaba últimamente y cómo se encontraba Su Majestad en esos días. La mayor parte del contenido parecía explicar que había tenido nueva inspiración, que había utilizado para escribir una nueva novela.
En cuanto a los detalles más concretos sobre la novela, el hongo ya no los entendía.
¡Para un pequeño hongo con tan escaso nivel cultural, aquello era un desastre! Lin Ling, en ese instante, comprendió por fin la importancia de saber leer.
Así que no le quedó más remedio que esperar a que Shi Changyuan regresara de la corte y, con ojos suplicantes, esperar a que este le ayudara a traducir la carta.
Shi Changyuan miró la carta en sus manos, guardó silencio un momento y dijo: “En la carta dice que planea escribir una nueva novela, también con el mismo protagonista de antes”.
“Solo que esta vez se propone escribir sobre auténticos amores y odios, y aparecerá un nuevo personaje, un joven de buena familia de rostro hermoso y carácter puro e inocente. Quizá entre ambos surja una relación amorosa. Te pregunta qué opinas”.
Además, la carta describía con todo detalle al nuevo personaje creado por Liu Xiangyu: su apariencia detallada, su altura y su figura, todo absolutamente minucioso, como si se tratara de una persona real.
Lin Ling se quedó paralizado al instante al oír aquello. Su primer pensamiento fue…
Estamos perdidos. Resulta que esa carta no se la podía enseñar a Shi Changyuan.
¡A ver si iba a descubrir que la señorita Liu estaba escribiendo una novela basada en Shi Changyuan! Pues había oído decir a Shi Liuwan que eso era ofender la dignidad imperial y podía acarrear castigos.
Y encima, la señorita Liu realmente se había sacado de la nada un cónyuge para Shi Changyuan…
Lin Ling, un poco culpable, le lanzó una mirada de reojo a la expresión de Shi Changyuan y preguntó tanteando: “Y a ti… ¿qué te parece?”
Shi Changyuan observó a Lin Ling, que titubeaba, vacilaba y encima le devolvía la pregunta, enarcó una ceja y señaló el punto clave: “Esa relación amorosa… ¿a qué se refiere?”
Al pequeño hongo se le abrieron los ojos al instante.
Shi Changyuan sonrió con ambigüedad: “¿Qué pasa, no te alegras?”
La imagen descrita en la carta era demasiado concreta; cualquiera con un mínimo de perspicacia se daría cuenta enseguida de que aquel nuevo personaje estaba inspirado en Lin Ling. Lo más seguro era que la carta la hubiera enviado para sondear de manera indirecta si al involucrado le molestaba o no.
Pero el hongo no solo no lo entendía, sino que además era lento y ni siquiera se había dado cuenta.
Lin Ling, al oír esas palabras que parecían sarcásticas por parte de Shi Changyuan, se apresuró a negar con la cabeza y agitar las manos: “Que no, que no, si a ti no te gusta, yo le diré que no lo escriba”.
Shi Changyuan se detuvo un momento. “¿Por qué iba a enfadarme yo?”
Lin Ling se quedó atónito. Estaba pensando en cómo decirle que aquel personaje estaba inspirado en él. ¡La señorita Liu no solo le había sacado de la nada un amor, sino que además sería un consorte masculino!
¡En cualquier otra novela, eso sería la razón para una gran tragedia!
Lin Ling seguía vacilando sin atreverse a abrir la boca, pero Shi Changyuan le leyó el pensamiento de un solo vistazo.
Le devolvió la carta a Lin Ling y soltó un suspiro. “Tonto”.
Shi Changyuan puso la carta delante de Lin Ling, extendió el dedo y dio unos golpecitos en el pasaje donde se describía al personaje. “¿Te resulta familiar este nuevo personaje?”
El hongo se quedó mirando aquella línea, ladeó la cabeza y se puso a pensar con seriedad.
“¿Es una persona?”
Shi Changyuan: “…Piénsalo otra vez”.
Como probablemente al hongo nunca antes lo habían usado de modelo para un personaje de novela, en ese momento era incapaz de llegar a esa conclusión por sí mismo.
Shi Changyuan miró fijamente a los ojos de Lin Ling; sus miradas se encontraron durante un buen rato, y al final soltó la respuesta sin alterar el semblante: “Eres tú”.
Al hongo se le escapó un jadeo helado.
En cuanto supo la verdad, volvió a leer la carta entera y esta le pareció completamente distinta.
Shi Changyuan observaba cada mínimo detalle de la reacción de Lin Ling, esperando encontrar en esas reacciones alguna pista sobre lo que Lin Ling opinaba del asunto.
O, más bien, sobre lo que opinaba de él.
“¡Esto, esto…!”
El hongo estaba tan conmocionado que incluso tartamudeaba. Soltó varios “esto” y luego no dijo nada más.
“…Ya que tú no le dices nada, yo tampoco pienso decirle nada”. Lin Ling, completamente desconcertado, al final miró el papel con calma y decidió hacerse el que no sabía nada.
Después de decir aquello, Lin Ling pareció caer en la cuenta de algo, levantó la cabeza de golpe, miró a Shi Changyuan y preguntó: “¡Así que tú también estabas haciendo como que no lo sabías!”
Shi Changyuan no lo negó.
La libertad creativa era símbolo de costumbres abiertas y estabilidad social, y por supuesto también significaba que el poder del soberano era firme y que este era “magnánimo”.
Así que Lin Ling se lo tomó con filosofía: si Shi Changyuan no le daba importancia, ¡él tampoco tenía por qué dársela!
La comisura de los labios de Shi Changyuan se curvó ligeramente y dijo lentamente: “Pero Lin Ling, ¿de verdad no te importa?”
Cuando la mirada de Lin Ling se dirigió hacia él, Shi Changyuan prosiguió: “Que no te importe cualquier posible desarrollo entre tú y yo en la novela de Liu Xiangyu”.
“Que no te importe que un narrador cuente en público una historia inspirada en nosotros. Que a partir de ahora, cuando se mencione a uno, necesariamente se mencione al otro”.
Shi Changyuan hizo una pausa y observó a Lin Ling.
Lin Ling parpadeó y justo cuando se disponía a decir que no le importaba, Shi Changyuan volvió a hablar, con una voz baja y pausada, alterando el contenido, con un tono de seducción, guiando a Lin Ling a imaginarse la escena:
“En la novela, podríamos ser marido y mujer. Lin Ling se pondría para mí una roja vestidura nupcial, celebraríamos la boda ante los ojos de todos, beberíamos del vino nupcial…”
“Nos besaríamos, nos rozaríamos las sienes, nos entregaríamos a las nubes y la lluvia, inseparables el uno del otro”.
[“巫山云雨” (nubes y lluvia del Monte Wu): esto hace referencia a las obras “Gaotang Fu” y “Shennü Fu” de Song Yu. Donde una diosa tiene intimidad con Gaotang. Cuando la diosa se despidió dice una frase donde menciona las nubes y lluvias. Después se convirtió en una metáfora de la unión de los amantes]
Shi Changyuan bajó la mirada, y sus ojos densos como algo tangible, se posaron sobre el vientre de Lin Ling.
“Quizá al final hasta me darías un pequeño hongo”.
Shi Changyuan alzó la vista, clavó los ojos en Lin Ling y le devolvió la pregunta.
“Aun así, ¿tampoco te importaría?”
…
Ambos guardaron silencio un instante. Lin Ling, con un estallido, prácticamente se convirtió allí mismo en un hongo rojo.
Toda la piel de su cuerpo se le enrojeció casi hasta arder; los lóbulos de las orejas parecían a punto de sangrar, e incluso el rabillo de los ojos se le tiñó de un tono carmesí, con un matiz completamente distinto.
Antes de que Shi Changyuan pudiera abrir la boca de nuevo, Lin Ling saltó en un abrir y cerrar de ojos a la viga del techo, recuperó su forma original y se hizo el avestruz.
Shi Changyuan levantó la cabeza para mirar y, por el momento con “magnanimidad”, dejó en paz al hongo que acababa de recibir semejante impacto.
Pero pasaron los días y Lin Ling seguía esquivando a Shi Changyuan. Ya no iba al estudio imperial, mantenía la puerta de su habitación bien cerrada y no permitía que nadie entrara.
Incluso una vez que Shi Changyuan se plantó frente a la puerta, Lin Ling lo despachó con evasivas entre ruegos y engaños.
Lin Ling estaba encaramado en la viga del techo, leyendo la carta que había llegado aquel día desde fuera del palacio.
El hongo no sabía que una mala persona lo había estado provocando; solo sabía que ahora, ver a la persona en cuestión le resultaba terriblemente avergonzado. Incluso por la noche, al dormirse, soñaba con la escena que Shi Changyuan le había descrito.
En el sueño la escena era aún más concreta y detallada. Lin Ling podía incluso sentir las respiraciones entrecruzadas y el roce de cada centímetro de piel. Sus esporas recién brotadas mutaron y dejaron de causar alucinaciones para convertirse en esporas afrodisíacas, revolucionando por completo el Palacio Li’an en un auténtico caos, y hasta los gorriones que pasaban por allí sufrían las consecuencias.
A Lin Ling llegó a ocurrírsele la idea de simplemente recoger sus cosas e irse a alguna montaña profunda y bosque frondoso a esperar que pasara el temporal.
Total, en aquel palacio imperial ya no podía quedarse ni un día más.
En realidad, el hongo también intentó resolver el asunto. Lin Ling le envió de inmediato una carta a Liu Xiangyu y, con aquella caligrafía suya de patas de mosca aún nada diestra, tanteó con sumo cuidado las intenciones de la autora y le expresó con sutileza sus peticiones.
Resultó que Liu Xiangyu le mandó de vuelta un borrador prácticamente terminado, y en la carta de respuesta argumentaba con toda firmeza:
“[Crear contenido derivativo sin cocido a fuego lento pierde el alma (tachado). Tomaré en consideración las peticiones del joven Lin, pero para la intensidad de la trama ciertos elementos son imprescindibles. ¿Por qué el joven Lin no le echa un vistazo primero a mi nueva historia? ^-^]”
Lin Ling: QAQ
El hongo se acurrucó en la viga con el borrador. La trama tenía altibajos y los enredos de amor y odio también eran fascinantes. Se veía a la legua que sería un éxito de ventas en la capital, y hasta el propio Lin Ling no pudo evitar quedarse con ganas de saber la continuación.
…Si el protagonista no fuera él.
Justo cuando Lin Ling se disponía a deshacerse de aquella raíz de todos sus males, llamaron a su puerta otra vez. “Quizá deberíamos hablar”.
Lin Ling se escondió en su habitación sin hacer ruido.
A continuación, tras la puerta volvió a oírse la voz de Shi Changyuan, muy baja y grave, como apenada. “Si te molesta, puedo ordenar que Liu Xiangyu lo deje, o decretar una prohibición en todo el país”.
Lin Ling se fue arrastrando poco a poco hasta la puerta de la habitación; quería oír con más claridad.
“Pero no puedes esconderte de mí, ni aborrecerme, por algo que ni siquiera ha ocurrido”.
La voz que llegaba desde detrás de la puerta bajó aún más, e incluso había desaparecido el tratamiento protocolario. “No es justo para mí, Lin Ling”.
“…No, no es eso”.
La puerta que Shi Changyuan tenía delante se entreabrió un poco, y detrás asomó un ojo de Lin Ling.
“No te aborrezco”.
“Solo que me siento un poco raro”. Lin Ling, a través de la puerta entornada, miró a Shi Changyuan al otro lado. “Eso de las prohibiciones es un gran escándalo. Cuan… cuanto menos, con no leerlo, ya está”.
Lin Ling miró a Shi Changyuan al otro lado de la puerta y, con los lóbulos de las orejas enrojecidos, recalcó:
“¡Y tú tampoco puedes leerlo!”
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