Su cuerpo se balanceaba de un lado a otro y su conciencia oscilaba entre la lucidez y el aturdimiento.
A veces, Shi Wen sentía que se encontraba en una oscuridad total.
Pensó con duda, pero instintivamente se acercó al calor.
«¿Estás despierto?» dijo una voz.
«Mmm…», respondió Shi Wen, todavía medio adormilado.
La punta de su nariz pareció percibir un feromona con un aroma muy agradable. Ese aroma le resultaba muy familiar, como si estuviera grabado en su ADN, y le provocó una inexplicable tristeza en el corazón.
Shi Wen abrió los ojos.
Un blanco pálido inundó su visión y el frescor húmedo de la mañana flotaba en el aire.
Un joven estaba sentado al lado de la cama.
Su rostro parecía esculpido a la perfección2, con unas cejas y unos ojos delineados como si hubieran sido trazados con el pincel más fino y delicado del mundo3. Tenía un aire tan distinguido y gallardo como un bosque de pinos y bambúes4; cualquiera que lo viera se quedaría completamente maravillado. Definitivamente, Dios no es justo con todos.
Este es… Shang Yu de joven.
¿Cómo es posible que Shang Yu esté aquí?
La cabeza de Shi Wen estaba un poco asimilarlo.
«Ayer fui a jugar baloncestovy te encontré», dijo Shang Yu, «Ejem … ¿quieres un poco de gachas?»
Siguiendo la dirección de su mirada, Shi Wen vio sobre la mesa varios platos con exquisitos pastelitos, además de un cuenco de gachas de arroz con huevo de piel y carne magra, aún humeantes. Las gachas estaban espolvoreadas con cebolleta picada, de un verde tan intenso que solo con olerlas se le hacía la boca agua.
Shi Wen aoartó la mirada en silencio.
«Gracias… No es necesario», dijo, y hubo un largo silencio entre los dos. Afortunadamente, la atmósfera incómoda no duró mucho. Un grito vino desde la puerta: «¡Shi Wen, estás despierto!»
La luz del sol de la mañana disipa el frío, y la voz cristalina del joven resonó en el interior.
Wen Xiaoyan estaba de pie en la puerta. Llevaba en la mano el desayuno; debía de venir de la plaza del mercado, pues desprendía un aroma a comida recién hecha.
Wen Xiaoyan se acercó corriendo a toda prisa armando un gran alboroto. Clavó sus ojos, grandes y expresivos, en Shi Wen y le dijo: «Shi Wen, ¿comes algo? Lo acabo de comprar en la calle, todavía está calientito.»
Tragándose la amargura que inundaba su corazón, dijo:
«Ya que tu amigo ha vuelto, me iré primero».
Luego, Shang Yu que metió la mano en el bolsillo y tocó su frío teléfono móvil; estimaba que, aun habiéndolo apagado de antemano, ya tendría decenas de llamadas perdidas.
Después de no regresar a casa en toda la noche, su familia probablemente se estaba volviendo loca.
En cuanto salió, vio a Gu Lin con cara de pocos amigos. «Shang Yu, finalmente saliste. ¡Hasta tu madre me ha llamado!»
Shang Yu dijo inexpresivamente: «El teléfono no tiene batería».
Gu Lin miró el móvil que tenía en la mano, al que aún le quedaba más del 80% de batería, y guardó silencio.
¿Es que estás… mintiendo descaradamente?!
Gu Lin sintió que su coeficiente intelectual había sido severamente humillado.
Shang Yu siguió caminando sin hacer caso, y Gu Lin lo llamó por detrás.
«Shang Yu, ¿a dónde vas?»
«Me voy a casa.»
……
Gu Lin siguió en silencio a Shang Yu. Lo miraba de reojo una y otra vez de forma furtiva, pasando de la seriedad a los suspiros en cuestión de instantes.
Shang Yu se sentía incómodo por culpa de él: «¿Pasa algo?»
Gu Lin se detuvo y, tras pensarlo un momento, tomó la palabra.
«Shang Yu, ¿te gusta Shi Wen?»
«Sí», dijo Shang Yu.
Quizá porque ya se esperaba esa respuesta, Gu Lin se quedó sorprendido durante unos segundos, pero luego recuperó su expresión habitual. Parecía que por fin se había liberado de algo.
«Con razón… has estado actuando tan raro últimamente.»
Murmuró Gu Lin.
«¿Por qué?»
La curiosidad que se cernía sobre su corazón era como una nube oscura que no le dejaba ver el sol; las preguntas se arremolinaban en la punta de su lengua y, al final, se le escaparon de los labios.
La figura de Shang Yu se alejaba cada vez más. Justo cuando Gu Lin pensó que no le respondería, la voz de Shang Yu sonó suavemente.
«Si…»
«Si una persona te hubiera amado durante diez años enteros, pero por un error que ni siquiera fue suyo la hubieras aborrecido durante esos mismos diez años, e incluso al final, al momento de morir, lo hubiera hecho por su propia voluntad…»
La voz de Shang Yu se fue apagando cada vez más; la segunda mitad de la frase fue tan tenue como un susurro febril, como si el viento la hubiera disipado en un instante.
Gu Lin se quedó un poco desconcertado: «Shang Yu, esto… no te escuché bien…»
«¿Puedes decirlo otra vez?»
……
Shang Yu se detuvo un momento y miró hacia atrás con una expresión cansada, como si estuviera recordando un viejo sueño.
Después de tantos años, todo se sentía como si hubiera sido un gran sueño.
松) y el bambú (竹) forman parte de los “Tres Amigos del Invierno” y simbolizan la rectitud, la elegancia inquebrantable, la nobleza y la resistencia ante las dificultades. Decir que el aura de alguien es “como el pino y el bambú” es el mayor elogio para un hombre en la literatura china: describe a alguien de porte noble, erguido, limpio, refinado y con una masculinidad clásica y elegante.Impresiones sobre el capítulo completo.
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