—¿Se habrá ido? ¿De verdad se habrá ido Sin-yul? Si ese tipo no da una explicación en la jefatura, mañana nos van a hacer escribirle una carta de amonestación apenas lleguemos a la oficina.
—Jefe, ¿ha trabajado con Sin-yul todos estos años y todavía no lo conoce? Apuesto mi brazo izquierdo a que no se fue.
—Vaya, Sin-yul, te lo ruego, lárgate. Supongo que si escribo la amonestación con tres brazos, terminaré más rápido, ¿no?
—Jefe, ¿en serio ya perdió la cabeza?
Al escuchar el eco de los murmullos y las discusiones de la gente, las largas pestañas de Hee-young temblaron levemente y, poco después, parpadeó despacio un par de veces antes de abrir los ojos por completo.
—Haa…
Sin molestarse en ocultar su fastidio por el dolor de la herida, Hee-young fruncía el ceño mientras miraba a su alrededor. Al ver la oscuridad que se cernía más allá de la ventana del hospital, la cual seguía abierta, dedujo que ya era de noche. Ante el menor indicio de que había despertado, los empleados se incorporaron de golpe y se acercaron a él.
—¿Ha despertado? ¿Cómo se siente?
Hee-young se quedó mirando fijamente a los empleados que le hablaban con tanta amabilidad. Con el rostro desencajado, soltó un pesado suspiro tras otro antes de incorporarse con dificultad.
Cuando la gente empezó a poner cara de angustia exclamando: “¡Ah, no, no debe moverse!”, Hee-young hizo un gesto para contener su irritación. Ahora que era plenamente consciente de lo descabellada que era su situación y se había calmado un poco, su rústico dialecto provinciano se suavizó un poco, adoptando un tono de voz más moderado:
—El me médico dijo que podía caminar. Dijo que era bueno como ejercicio y que caminara un poco.
—Pero hace un momento…
—Sí, ya sé. No me dijo que saliera corriendo como un loco, pero yo lo hice. Quería verme en un espejo y me asusté.
Tras responder, Hee-young dio un paso tambaleante. Los empleados se le pegaron de inmediato para sostenerlo, escoltándolo con la misma diligencia con la que se atiende a un anciano venerable. Hee-young aceptó la ayuda de los jóvenes con total naturalidad mientras se dirigía lentamente hacia el baño.
Haciendo honor a su categoría de suite VIP, el baño contaba con una enorme cabina de ducha y un gran espejo que cubría una de las paredes. Y en ese espejo, se reflejaba la silueta de un hombre sumamente joven.
—Cielos… ¿Ahora qué se supone que haga con esto…?
Hee-young clavó la mirada en el joven del espejo. Una piel extremadamente pálida, unos ojos dóciles en los que no se percibía ni un ápice de malicia o carisma, y unas extremidades tan delgadas que daba la impresión de que se romperían con el menor golpe. Para colmo, ¿por qué demonios era tan bajo…? No, más bien, ¿quién rayos era este chico?
Incapaz de dar crédito a la realidad de haber despertado en el cuerpo de un jovencito al que jamás había visto en su vida, Hee-young se frotó con fuerza la cuenca de los ojos con una mano. La mano izquierda, de la cual se había arrancado las agujas del suero de forma salvaje, estaba envuelta en un vendaje áspero.
Solo en ese momento comprendió por qué la gente insistía en llamarlo por otro nombre. Resulta que era el nombre de este muchacho. Había estado arremetiendo contra inocentes sin razón. Tras ordenar sus pensamientos con calma, Hee-young dio media vuelta con paso vacilante, y los empleados acudieron al instante para sostenerlo con la mayor diligencia posible.
—Vaya, qué muchachos tan atentos y educados —habló con intenciones de elogiarlos, aunque los empleados se limitaron a sonreír con incomodidad, mientras pensaban para sus adentros: «Señor, usted es el más joven de todos aquí…».
Hee-young regresó a la cama del hospital y, mientras se recostaba, llamó a los empleados:
—Bien, repítanme eso de nuevo.
—¿Eh? ¿Perdón?
—Ya saben, eso de lo que hablaban… los tipos con superpoderes y los tales Guías o lo que sea.
Aunque los empleados, atrapados ahí hasta altas horas de la noche, ya tenían unas ojeras profundas por el cansancio, abrieron los ojos de golpe ante la petición de Hee-young de volver a explicarle el asunto. Con un enérgico “¡Sí!”, comenzaron a parlotear de inmediato. Para evitar que Hee-young sufriera un impacto emocional, fueron sumamente cuidadosos; eligieron palabras sencillas y estructuraron las frases con delicadeza, como si le estuvieran explicando el tema a un niño de preescolar. Al ver que Hee-young finalmente asentía y respondía con un “Ya veo”, los empleados se relajaron y continuaron con la explicación.
Por fuera, Hee-young respondía de manera pacífica, pero por dentro, su mente trabajaba a mil por hora. Viendo la naturalidad con la que todos aceptaban aquellos hechos tan descabellados, era evidente que no se trataba de una broma…
La mirada de Hee-young se tornó afilada. De pronto, había despertado en un mundo desconocido y en un cuerpo ajeno. Y en este lugar donde había ocurrido este extraño fenómeno, había personas que manejaban poderes bizarros. Siendo así, ¿no cabía la posibilidad de que este mismo fenómeno fuera obra de una jugarreta de esos tipos con superpoderes?
—Entonces, entre esos tales Espers o como se llamen… ¿No hay nadie que tenga la habilidad de, por ejemplo… transferir almas?
—¿Eh? No, para nada…
—¿Por qué no? ¿Acaso no dicen que tienen habilidades de lo más variadas? ¿Que lanzan fuego y vuelan por los cielos?
—Bueno… es que hasta la fecha, no existe ningún registro de habilidades relacionadas con el alma…
—A ver, ¿acaso porque no exista en este territorio tan diminuto significa que no existe en absoluto? Me refiero a otros países.
Cuando Hee-young habló perdiendo los estribos, los empleados balbucearon con evidente incomodidad.
—Como le explicaba, hoy en día el poder nacional depende tanto del número de Espers y Guías que posee un país que se ha vuelto un asunto crítico. Por lo tanto, si existiera una habilidad tan inusual como esa, es muy probable que el gobierno la mantenga oculta.
—O sea que cabe la posibilidad de que exista, ¿no?
—También cabe la posibilidad de que no…
—Ah, ya entendí, ya entendí.
Hee-young asintió con la cabeza. Al menos, contar con una mínima posibilidad ya era un gran avance.
—Y este… si desea obtener esa información, trabajar en el Centro es un requisito indispensable… —añadieron los empleados, mirándolo de reojo con cautela.
«¿Otra vez con la porquería de ser funcionario público?»
Hee-young frunció el ceño con fuerza y estuvo a punto de perder los estribos, pero se contuvo haciendo un gran esfuerzo. Este lugar no era el mundo en el que solía vivir. Si quería evaluar la situación al detalle, su prioridad absoluta debía ser conseguir información. De forma inconsciente, apretó los puños con tanta fuerza que sus manos comenzaron a temblar antes de relajarlas poco a poco. Los empleados, con los ojos bien abiertos por el desconcierto, se quedaron mirando fijamente aquellas manos que se tensaban y destensaban de una manera sumamente intimidante.
—…¿Ah, sí?
—¡S-sí! Verá, los detalles sobre las habilidades de los Espers no se revelan al público general. Especialmente lo relacionado con los Espers extranjeros, como usted mencionó; esos datos se manejan como información clasificada de alta seguridad, por lo que podría ser difícil averiguar algo incluso dentro del Centro.
—Ya nos cargó el payaso… No, un momento, ¿este chamaco tiene dinero? ¿Tiene casa?
A juzgar por su rostro tan juvenil, dudaba mucho que tuviera dinero o propiedades. Con suerte, ya habría trabajado en algo en su vida.
Los empleados se desconcertaron ante la naturalidad con la que Hee-young preguntaba por sus propios datos financieros. El médico les había pedido explícitamente que, hasta que comenzara el tratamiento psiquiátrico formal, trataran al paciente respetando la identidad independiente que él aseguraba tener. Además, les advirtió que evitaran darle demasiada información personal más allá de los datos sociales básicos, para prevenir que sufriera una crisis de identidad aún mayor.
—Oye, ¿qué hacemos?
—¿Yo qué voy a saber…?
Cuando los dos volvieron a mirarse, abriendo y cerrando la boca como un par de peces de pecera, Hee-young hizo un gesto con la mano para restarle importancia. Su mano blanca y delgada se agitó en el aire.
—Olvídenlo, ¿qué van a saber ustedes…?
«En realidad, lo sabemos todo, señor. Hemos leído hasta el expediente escolar de Yoo Hee-young desde su infancia», pensaron.
En el Centro, el departamento de emparejamiento entre Espers y Guías era conocido coloquialmente por el público como “la agencia de citas”, ya que prácticamente se encargaban de evaluar la compatibilidad de las parejas. Por supuesto, la tasa de compatibilidad era el factor principal, pero en esta era donde la proporción de manifestaciones entre Espers y Guías se había estabilizado en un 6:4, superar el umbral mínimo del 75% se había vuelto algo común. Por ello, el Centro le daba mucha importancia a la personalidad y las tendencias de cada individuo, y era un hecho bien sabido por toda la nación que la institución investigaba la vida de los ciudadanos hasta el más mínimo detalle.
Por supuesto, era mejor que Hee-young no tuviera ni idea de esto.
Los dos empleados contuvieron el aliento a duras penas, limitándose a soltar un suspiro tembloroso. Al ver que el rostro pálido del chico se ensombrecía con un aire de total desamparo que daba lástima, el jefe Shin murmuró en voz baja:
—Este… solo digamos que su situación financiera no era… muy buena…
—¿Qué? No me jodas, ¿en serio?
Parece que aún guardaba una pizca de esperanza, porque ante la titubeante respuesta del empleado, el rostro de Hee-young se distorsionó por completo.
—Vaya vida tan mierda…
Una expresión de profunda desesperación inundó al instante las delicadas facciones de Hee-young, quien soltó un largo y pesado suspiro. Sus ojos grandes y limpios estaban llenos de angustia.
«¿Me están diciendo que recuperé la juventud pero perdí todo mi dinero? Yo solo quiero vivir con mi edad real y con mis propios fondos, carajo.»
—Si trabaja en el Centro, como le mencioné, se desempeñará como el Guía exclusivo del Esper de Clase S con el que es compatible. Se le asignará un subsidio básico para gastos de manutención y representación desde su primer día de servicio, así que no tendrá que preocuparse por el dinero. Además, bajo nuestra propia gestión, planeamos proporcionarle una residencia oficial y el Centro se hará cargo de los gastos médicos del hospital, por lo que puede descansar con total tranquilidad.
—Es una oferta que un indigente no se puede dar el lujo de rechazar. Bueno, de todos modos yo no soy el verdadero dueño de este cuerpo; no tengo idea de cuánto tiempo me tomará regresar al mío, así que no sería justo derrochar el dinero que este chamaco tanto se ha esforzado por conseguir. Tengo que ganar dinero. Ya fui un mal hijo con mis propios padres, así que no me va a ser fácil andar estafando o viviendo a expensas de los padres de alguien más.
Los empleados, que conocían la trágica historia familiar de Yoo Hee-young, se quedaron petrificados al escucharlo hablar con tanta ligereza sobre sus padres. Además, anotaron discretamente que el paciente seguía bajo el delirio de haber ocupado un cuerpo ajeno, pero continuaron con la explicación fingiendo no haber oído nada:
—Ah, por cierto, el Esper asignado a usted es el Esper Han Sin-yul. Tiene 26 años, es varón, posee una habilidad de Clase S de tipo telequinético y su colocación dentro del Centro ya ha sido aprobada.
—¡Carajo! ¿Es un hombre? ¿No lo pueden cambiar por una mujer? Dijeron que el trabajo consistía en tocarlo, ¿no? Qué maldito asco, ¿cómo se supone que voy a estar manoseando a un hombre?
—Este… Dado que el Centro prioriza estrictamente la tasa de compatibilidad para los emparejamientos, y considerando que usted tiene un 95% de compatibilidad con el Esper Han Sin-yul, sería extremadamente difícil asignarle otro Esper. Por favor, compréndalo.
Ante el rostro afligido del asistente Sung, Hee-young volvió a soltar un profundo suspiro.
«Maldita sea, no me sale ni una bien.»
—En fin. Básicamente me van a pagar por ser el niñero de un mocoso, ¿cierto?
—El niñero… Bueno, sí… Además, el guiding básico incluye acciones como tomarse de las manos, abrazarse, besos ligeros y cosas por el estilo…
A medida que el empleado continuaba hablando, los ojos de Hee-young se abrieron de par en par. «A ver, joder, ¿qué está diciendo este imbécil?»
—¿Qué? ¿Besos? ¿No me acaban de decir que es un hombre? ¡Hace un momento dijeron que con solo sobarlo un poco bastaba! ¡Y ahora resulta que tengo que hacer más que eso, carajo! ¡¿Me están diciendo que dos hombres tienen que estarse tocando el cuerpo y pegándose los labios?!
—Bajo el consentimiento de ambas partes, también se permite un contacto físico más íntimo. De hecho, la eficiencia del guiding aumenta de forma drástica cuando hay contacto con las membranas mucosas, por lo que, si mantienen una buena relación, se les recomienda encarecidamente avanzar en esa dirección.
—No, a ver, detente un segundo.
—En raras ocasiones, ante situaciones inevitables como, por ejemplo, el descontrol del Esper a su cargo, el Centro podría solicitarle al Guía la realización de un guiding a través del acto sexual…
—¡Carajo! ¡Oye!
Hee-young pegó un chillido tan estruendoso que los empleados, que habían estado ignorando sus quejas a regañadientes para terminar de leer el manual, cerraron la boca de golpe.
—A ver, mocosos… ¿En serio… perdieron el juicio?
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