Hee-young preguntó de repente: —¿Así que es como si un enfermo tomara medicina y se cura? ¿Es lo mismo?
«Joder, ¿qué se supone que debo responder?», pensaron el asistente Sung y el jefe Shin, intercambiando miradas de pánico. Le pedían que pensara con lógica, pero como hacía preguntas demasiado obvias para ellos, les resultaba imposible responder.
—Oigan, idiotas. ¿Acaso estoy soñando? ¿O por qué salen con esas estupideces teniendo a un hombre con un agujero en el abdomen sentado frente a ustedes?
—Es… no es que solo sean dos personas, es que un Guía manifestado como usted y un Esper que tiene una frecuencia compatible…
—A ver, sí, ya entendí. ¿Me están diciendo que si dos personas se tocan, uno se cura? Entonces, ¿para qué sirve el doctor que está ahí parado?
—¿Eh? No, la frecuencia y los niveles de guiding no son competencia de un médico…
—¿Pero no dijeron que el tal Esper ese estaba enfermo? ¿No dijeron que se cura si lo tocan?
—Si el nivel de guiding baja, la vida de un Esper se vuelve insostenible. Los niveles de control caen cuanto más utilizan sus habilidades…
—Ah, ya, o sea que se muere.
—Si entra en estado de descontrol, sí. Por eso es que la ayuda del Guía Yoo Hee-young es vital…
—¿Y por qué diablos tienen que tocarse dos personas en vez de ir con un médico?
—Ay… cielos…
Ante el suspiro del empleado, Hee-young inclinó su rostro pálido y, después de decir que estaba escuchando puras sandeces, gritó: —¡Estoy harto, largo todos de aquí!
Ante sus gritos, los dos empleados empezaron a saltar de nervios, sin saber qué hacer. Al ver que no tenían idea de cómo manejar a alguien que no sabía ni quería escuchar sobre el sentido común de este mundo, el médico que observaba desde atrás intervino discretamente:
—Se convertirá en funcionario público si entra al Centro como Guía.
—¿Y a mí qué me importa?
—También le proporcionarán una residencia oficial. Escuché que el salario anual es bastante alto.
—¿Y a mí qué me importa eso?
Hee-young estalló en irritación. Ya le dolía bastante el abdomen recién cosido como para encima esforzarse gritando.
¿”Funcionario público”…? ¿Acaso no escucharon que él era un gángster? ¿Y qué le importaba el dinero o una casa? Él había llegado bastante alto en la organización realizando los trabajos más sucios y asquerosos; ¿qué podría envidiarle a eso? Tenía dinero de sobra y, no solo casas, sino incluso villas privadas. De hecho, su desgracia actual ocurrió mientras disfrutaba de un descanso en una de sus villas.
—No necesita volver a su casa.
—¿Por qué no? ¿Creen que no puedo ir porque no tengo casa? ¡No puedo ir porque tengo el abdomen destrozado!
El médico suspiró con fuerza y pasó las páginas del historial clínico con brusquedad. No parecía una actuación; la confusión de identidad seguía ahí y no tenía noción de las bases fundamentales de la sociedad. Terminó de anotar que el paciente mostraba una resistencia continua a aceptar su identidad y una actitud agresiva.
Justo cuando estaba a punto de ordenar a todos que salieran para no seguir irritándolo, se fijó en algo. Un empleado estaba sosteniendo su teléfono móvil mientras contactaba al Centro, y en la superficie brillante de la funda, el médico alcanzó a ver un reflejo que parecía ser el del paciente. El médico puso una expresión extrañada.
El rostro agraciado en el espejo también puso una expresión extrañada. Cuando Hee-young ladeó la cabeza por curiosidad, el joven en el reflejo hizo lo mismo.
«No, joder, espera un segundo. ¿Qué es eso…?»
—Oye, tú, pásame eso.
—¿Eh?
—El teléfono, dámelo.
—¿Contacto? ¿Con quién quiere ponerse en contacto…?
—¡Ay, carajo! ¿Me lo vas a dar o no?
Ante el rostro delicado que fruncía el ceño con tanta fiereza, el empleado le entregó el teléfono como si estuviera hipnotizado. Qué desperdicio de belleza…
—Espere, no, ¡un momento!
En cuanto Hee-young confirmó su rostro en la amplia superficie de la pantalla, se puso pálido como el papel. El médico intentó arrebatárselo, pero Hee-young fue más rápido y se levantó de la cama.
El dolor de su herida fue tan intenso que casi suelta un gemido, pero el impacto mental fue mucho mayor. Apretando los dientes para soportarlo, empezó a correr hacia la puerta. El soporte del suero cayó con estrépito al suelo, y Hee-young, arrancándose las cintas y la aguja de la mano con brutalidad, siguió corriendo. Necesitaba un espejo. Un espejo grande.
En circunstancias normales, habría recordado que la habitación individual tenía su propio baño con espejo, pero el impacto fue tan grande que no pensó en nada más. Solo salió disparado por el pasillo, corriendo como un loco.
Hee-young corría descalzo, haciendo un rápido eco de pisadas contra el frío suelo del pasillo, mientras los empleados y los médicos lo perseguían de cerca.
Había sido un auténtico dolor de cabeza durante toda la tarde.
A sus espaldas, los gritos de “¡Atrapenlo! ¡Sujétenlo!” resonaban por todo el lugar, atrayendo las miradas de todos los presentes. Los empleados pensaban para sus adentros: “Ah, con razón las alas psiquiátricas tienen instalaciones de aislamiento forzado…”, mientras corrían a toda velocidad. Sin embargo, no pudieron alcanzar a Hee-young, quien en un abrir y cerrar de ojos había dejado atrás el pabellón de hospitalización y cruzado hacia el edificio principal de consultas externas.
La persecución escaló hasta el punto de tener que llamar a los guardias de seguridad del hospital. En medio de todo ese alboroto, Hee-young seguía jadeando en busca de un espejo. Había demasiada gente por todas partes y el baño no aparecía por ningún lado.
—Maldita sea… Siento que se me va a abrir la costura…
Se tambaleó mientras se presionaba con fuerza el costado, donde sentía un dolor punzante, provocando que la gente a su alrededor comenzara a murmurar y a mirarlo. «Ah, debí haberle pedido a cualquiera que me prestara un espejo… Me asusté tanto que salí corriendo como un loco…», pensó Hee-young. De inmediato, miró a su alrededor con la intención de sujetar a cualquiera para pedirle que lo llevara al baño.
Varias personas se le acercaron preguntándole: “¿Se encuentra bien?”, pero el dolor ya era tan agudo que apenas podía responder. «Bueno, si me desmayo aquí, al menos sigo dentro de un hospital… Aunque todos sean unos matasanos…», pensaba Hee-young cuando, de pronto, vio una enorme silueta aproximándose hacia él.
Por mucho que estuviera encorvado debido al dolor de su herida, la estatura del hombre que se plantó frente a él era descomunal. Considerando que su propia altura superaba el metro ochenta y que aun así tenía que levantar tanto la mirada, ese tipo bien podía medir más de dos metros. En su delirio, Gwan-tae calculaba la estatura basándose en su cuerpo original, olvidando por completo que el reflejo que había visto hace un momento no era el suyo, sino el de un joven delicado.
Su corpulencia era fuera de lo común y poseía una estatura imponente, pero lo que realmente lo fulminó fue encontrarse de frente con esos ojos dorados que lo devoraban desde arriba. De inmediato, Hee-young refunfuñó para sus adentros: «¿Tenía que ser precisamente un extranjero? No sé hablar inglés».
—Ay, no… Ya valió, carajo…
Su cuerpo se desplomó hacia el frente, pero el hombre lo sostuvo con total ligereza. Al percibir la intensa y desbordante energía de guiding que emanaba incluso a través de la ropa, el desconocido soltó un suspiro lánguido y hundió la nariz directamente en el níveo y expuesto cuello del joven. En cuanto su piel entró en contacto con la de Hee-young, el profundo y embriagador aroma del guiding lo invadió como un sueño dulce.
—Sí, tienes razón… Ahora sí ya valiste…
Sintiendo una plenitud que le apretaba el pecho, el hombre estrechó con aún más fuerza el cuerpo desfallecido entre sus brazos. Con una sonrisa de absoluta euforia y ansioso por conseguir el mayor contacto directo posible con la piel, deslizó su mano sin previo aviso por debajo de la bata de hospital, acariciando la delgada espalda del chico.
Los pacientes de la clínica que presenciaban la escena pusieron caras de absoluto horror. Hacerle algo así a una persona que acababa de desmayarse… y en pleno centro del hospital…
—Mamá… ¿Ese hombre es un pervertido?
—¡Shh, shh…!
Mientras la gente agachaba la cabeza e intentaba desviar la mirada con incomodidad, los guardias de seguridad llegaron corriendo a trompicones, poniéndose en guardia y adoptando una postura ofensiva para proteger la integridad de Hee-young.
Sin embargo, el hombre no tenía la menor intención de permitir que nadie interrumpiera la conmoción de haber encontrado finalmente a su Guía. Sus ojos dorados destellaron con peligro, listos para liberar su habilidad, cuando a lo lejos se escuchó la voz desgarradora de un empleado:
—¡Es un Esper! ¡Es un Esper! ¡Es el Esper compatible de ese Guía!
—¡Sin-yul! ¡Si armas un escándalo ahora, no te dejarán ver a tu Guía en tres semanas!
Al escuchar el eco de ese grito retumbar en el vestíbulo del hospital, la gente exclamó aliviada: “Ah, con razón”. Sus rostros llenos de preocupación se relajaron de inmediato. Las peleas de pareja entre Espers y Guías eran famosas por ser dramáticas y exageradas; de hecho, el público general solía interesarse mucho más por la vida amorosa de los Espers que por los chismes de las celebridades.
Los empleados, que apenas habían logrado alcanzarlos, se acercaron empapados en sudor y jadeando por el esfuerzo.
—A ver, Sin-yul. ¡¿Cómo demonios llegaste aquí…?! ¡Te dijimos que esperaras en el Centro! El Guía Yoo Hee-young tiene un pequeño problema ahora mismo y…
—¿Se llama Hee-young? Qué nombre tan bonito…
Como si no escuchara los reclamos, Sin-yul sonrió con dulzura mientras pegaba su mejilla a la suave mejilla del chico, frotándola con ternura. Al ver la forma hermosa en que se curvaban sus ojos, era evidente que ya había perdido por completo la cabeza.
—Maldita sea… ¿Quién demonios fue el imbécil que le dijo que había despertado un Guía con una alta tasa de compatibilidad con él? Exijo su ejecución inmediata.
—Fue el líder del equipo, señor.
—Sin excepciones. Que cambien al líder del equipo.
Si hubiera sido una situación normal, pasaba; pero en este preciso momento, donde el Guía Yoo Hee-young presentaba un pequeño… no, un gigantesco problema mental, que estos dos se encontraran de esta manera era sumamente problemático.
Han Sin-yul, el mayor dolor de cabeza y el rebelde oficial del Centro, acababa de probar el néctar del guiding de un Guía que poseía un 95% de compatibilidad con él, una cifra absurdamente alta incluso para los estándares del Centro. Ahora, no había absolutamente nada en el mundo capaz de detenerlo.
Sosteniendo con delicadeza el cuerpo inerte de Hee-young, el imponente joven permaneció de pie como una estatua. Los empleados lo miraron con rostros de total resignación y luego se giraron hacia los médicos que venían llegando a gatas por el cansancio.
—Disculpen, doctores… ¿Hay alguno entre ustedes que tenga noticias al menos un poco optimistas sobre el estado del Guía? ¿Algo como que en realidad no es para tanto…?
—…
No había nadie.
***
Apenas diez minutos después de que comenzara el espectáculo de la fuga, todos regresaron a la habitación completamente exhaustos, dejándose caer contra las paredes o desparramándose en el sofá cama.
Entre ellos, el cirujano a cargo observó a Sin-yul, quien todavía se negaba a soltar a Hee-young para dejarlo en la cama, y habló titubeante:
—Este… necesito examinar la herida del paciente, ¿podría recostarlo, por favor? Además, mantenerlo abrazado de esa forma ejerce presión sobre la lesión y es perjudicial…
—¿Qué? ¿Me está diciendo que va a mirarle el abdomen ahora mismo? ¿Un hombre extraño?
—¿Perdón?
Mientras el médico se quedaba con la boca abierta por la estupefacción, los dos empleados, que estaban prácticamente tirados en el suelo, se incorporaron de golpe y comenzaron a darle manotazos limpios a Sin-yul en la espalda.
—¡¿Te volviste loco?! ¿Eh? ¿Perdiste la cabeza? ¡Pídele disculpas al doctor ahora mismo!
—¡Los Guías son igual de frágiles que las personas comunes! ¡Si no recibe atención médica, se pondrá grave! ¡Usa el cerebro por una vez!
Aunque sabían que sus golpes no le hacían ni cosquillas, Sin-yul miró con fastidio a los empleados que le daban de manotazos de forma tan ruidosa. Sin embargo, ante la advertencia de que su Guía corría peligro, depositó con sumo cuidado sobre el colchón aquel frágil cuerpo que sostenía como si fuera un tesoro.
El cirujano se acercó con cautela y levantó la bata de hospital para revisar la zona afectada, pero cada vez que lo hacía, esos ojos dorados lo fulminaban con tal intensidad que sentía un escalofrío en la nuca.
Tal como temían, los puntos se habían reventado. Al ver la gruesa gasa empapada y la bata de hospital manchada de sangre, Sin-yul frunció el ceño como si a él mismo le doliera y acarició con lástima el rostro del chico, que gemía levemente por la molestia. Por supuesto, el hecho de que un gemido de satisfacción se le escapara al sentir el guiding recorrer su mano en cuanto lo tocó, era una situación aparte.
Los empleados miraron a Sin-yul con una mezcla de incredulidad y perplejidad, pero como no tenían forma de detenerlo, se limitaron a soltar un pesado suspiro.
Al haber manifestado sus habilidades desde el vientre materno, Sin-yul había sido un Esper de Clase S toda su vida. Sin embargo, tenía una compatibilidad terriblemente mala con los Guías, por lo que nunca había recibido un guiding adecuado y había tenido que sobrevivir a base de medicamentos supresores. Para él, el guiding de otros había sido sinónimo de dolor, y una vida sin él era el vacío absoluto.
Los Espers que no reciben guiding viven atormentados por un estado de constante imperfección, anhelando eternamente la presencia de un Guía que les devuelva el aliento. Por muy avanzados que estuvieran los medicamentos actuales, no eran capaces de llenar ese vacío existencial. Además, si un Esper entraba en estado de descontrol, los fármacos se volvían completamente inútiles; en ese punto crítico, lo único capaz de salvarlo era la energía guiding de su Guía destinado.
Por esa razón, todos sabían lo mucho que Han Sin-yul se había cuidado para sobrevivir. Siendo un Clase S, se encargaba de limpiar innumerables mazmorras, llevando una vida precaria y vacía en la que no se le permitía cometer ni un solo error. Todo el personal del Centro era consciente de ello. Quizá por eso, sin importar las locuras o impertinencias que Sin-yul cometiera, siempre terminaban pasándole una que otra por alto.
Los dos empleados no eran la excepción, y por ello no podían enfurecerse del todo con él por haber desobedecido la orden de espera y haberse presentado en el hospital.
Aunque, pensándolo bien… ¿Cómo demonios se había enterado?
—Han Sin-yul, ¿cómo supiste que estaba en este hospital?
—Cielos… Incluso durmiendo se ve hermoso. Parece una princesa.
—Pedazo de demente. Era información clasificada de alta seguridad, ¿cómo te enteraste?
—Su voz también se escuchaba tan linda…
—Ay, por Dios, este maldito loco…
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