—No, no es andarse tocando, se llama guiding…
—¿Mmm? Dime tu nombre.
Interrumpiendo de golpe la corrección del empleado, Sin-yul pegó la mano de Hee-young a su mejilla y, embriagado por la intensa energía del guiding que fluía hacia él, soltó un suspiro ahogado antes de volver a insistirle. Al verlo actuar así, Hee-young frunció el ceño con fuerza, pero terminó respondiendo a regañadientes. Ya que había tomado la firme decisión de adaptarse a este mundo para encontrar la forma de regresar, tenía la intención de mostrarse cooperativo con ellos.
—Ah, carajo, ya en serio… Se me pone la piel de gallina, ¿podrías soltarme la mano? La verdad es que ni yo mismo sé bien cómo me llamo. Creo que era algo de He-uyu o una pendejada así.
—¿He-uyu? ¿Ya me estás pidiendo que te llame por un apodo cariñoso? Qué tierno…
—Disculpen, ¿acaso “Esper” es otra forma de decirle a un enfermo mental?
Al cruzarse con la mirada horrorizada de Hee-young, los empleados agacharon la cabeza al unísono. «Cielos… Ese infeliz no ayuda en nada…».
—Hee-young. Tu nombre es Hee-young. Yoo Hee-young.
—Si ya lo sabías, ¿para qué carajos me lo preguntas? De verdad estás demente. Y además, ¿quién te dio permiso de tutear y hablarle con tanta confianza a un adulto?
—¿Entonces cómo debo llamarte?
Ante la pregunta de Sin-yul, quien lo miraba con una radiante sonrisa, Hee-young se quedó completamente mudo. Sumido en un profundo dilema, se limitó a fruncir el ceño antes de soltar un pesado suspiro, respondiendo como quien no tiene otra opción:
—Maldita sea… Solo… llámame “ahjussi“…
«Tengo algo de dignidad, así que llamarme “tío” sería demasiado», añadió para sus adentros. Sin-yul esbozó una amplia sonrisa y respondió de inmediato con total entusiasmo:
—¡Sí, ahjussi!
Ver a ese hombre de descomunal complexión arrodillado en el piso de un baño, llamando con tanto afecto “ahjussi” a un muchacho que a todas luces parecía mucho menor que él, mientras le suplicaba y le cortejaba de una manera tan arrastrada, hizo que los empleados pusieran una sonrisa bastante forzada.
—Este… Originalmente, el plan era que se conocieran en las instalaciones del Centro, pero dado que hoy solo haremos el registro de Guía de Hee-young antes de trasladarlo a su nuevo alojamiento… Venimos a guiarlos juntos, ya que Sin-yul también dejará su residencia anterior para mudarse a la vivienda de pareja, la cual es mucho más amplia.
—¿Qué?
Los párpados de Hee-young temblaron levemente.
«¿Qué está diciendo este imbécil?»
Al notar el tono cargado de dudas de Hee-young, el empleado respondió con una sonrisa complaciente:
—¡Recuerde que le prometimos proporcionarle una vivienda oficial por parte del Centro! Es un departamento completamente nuevo, en una ubicación excelente y…
—No, no. Espera un segundo.
—¿Sí?
—¿No te parece que lo que estás diciendo suena muy extraño? ¿Una vivienda oficial…?
—¡Sí! ¡Para apoyarlo con el alojamiento! ¡Les asignamos un lugar excelente y espacioso para que usted y Sin-yul puedan vivir con total comodidad! ¡Está completamente amueblado, así que solo tiene que llevar sus cosas personales!
A pesar del tono orgulloso del empleado, Hee-young lo interrumpió con una expresión de absoluto espanto:
—O sea que… ¿Me están diciendo que tenemos que vivir juntos?
Hee-young giró la cabeza de golpe y se topó con esos ojos dorados que lo miraban con una sonrisa de oreja a oreja.
—¡¿Con este sujeto?!
Ante el exabrupto de Hee-young, los empleados de otros departamentos que casualmente iban entrando a la habitación del hospital se quedaron completamente desconcertados.
Al ver el rostro desfigurado por el horror de Hee-young, los empleados que ya lo conocían se dieron cuenta del error e intentaron solucionar el malentendido a toda prisa, pero los trabajadores que apenas lo veían por primera vez se les adelantaron. Después de todo, ¿acaso no era lo más natural del mundo que un Esper y su Guía compatible compartieran el mismo hogar?
Para Hee-young, nada en este lugar era “natural”, pero este mundo no iba a ser nada considerado con él. Al ver su evidente estado de shock, uno de los empleados recién llegados intervino con timidez y desconcierto:
—Ehm… supongo que ya le habían informado que se convertiría en la pareja oficial del Esper Han Sin-yul, ¿cierto?
—¡Sí, pero eso es una cosa! ¡Vivir bajo el mismo techo es un asunto completamente diferente!
Hee-young pegó un grito furioso, lo que hizo que los empleados volvieran a ladear la cabeza con confusión. ¿Cuál era el problema?
Al notar cómo la expresión de todos los presentes se volvía incómoda, Hee-young sintió un tremendo vértigo y se frotó el entrecejo.
«Este maldito mundo de locos… Qué pedazo de…»
—A ver… ¿Acaso lo normal aquí es vivir juntos?
—Mi princesa, te juro que te haré muy feliz.
—¡Tú cállate, carajo!
Hee-young de verdad estaba haciendo un esfuerzo sobrehumano por adaptarse a este universo desquiciado. Estaba dispuesto a aceptar que existiera un mundo plagado de monstruos, e incluso toleraba la idea de que a la gente le importara un bledo el género y se casaran con cualquiera con tal de que hubiera química. Es más, a pesar de descubrir que el Esper que le habían asignado era este demente enorme de ojos dorados que tenía enfrente, estaba dispuesto a aceptarlo. Sin embargo, tener que vivir juntos… eso ya era harina de otro costal.
Cuando acababa de llegar a la capital desde Naju, aborrecía tanto la idea de lidiar con los demás miembros de la organización que, a pesar de no tener un solo centavo, prefirió conseguir un monoambiente para vivir completamente solo; a tal grado le desagradaba compartir su espacio con otras personas.
¿Y ahora se suponía que debía vivir bajo el mismo techo con este mocoso demente? Por favor, que alguien le dijera que era una maldita broma.
—A ver… ¿No hay ninguna forma de que vivamos separados?
—Eh… Es que la aprobación de los altos mandos ya fue emitida… La única opción sería que usted consiga una vivienda por su cuenta…
Mientras el empleado del departamento de soporte, que veía a Hee-young por primera vez, respondía tartamudeando por los nervios, el asistente Sung intervino de inmediato para calmar los ánimos.
—Le ofrecemos una disculpa, señor Hee-young. A pesar de que conocemos su situación actual, procedimos siguiendo el protocolo básico del Centro. Por ahora, le sugerimos que se muden juntos; mientras tanto, intentaremos gestionar la autorización para una vivienda oficial adicional. De todos modos, una vez que comience su entrenamiento de Guía y Sin-yul complete las misiones que tiene pendientes en varias mazmorras, va a requerir de su guiding de forma masiva y constante. Así que, incluso si consiguieran casas separadas, tendrían que pasar prácticamente todo el día pegados el uno al otro. No sería una mala idea vivir juntos hasta que se acostumbre. Además, su salud aún es delicada. Si se queda solo y llega a desmayarse, sería peligroso, ¿no cree?
Por supuesto, el Centro jamás permitiría que una pareja compatible de Clase S viviera separada y, mucho menos, Sin-yul dejaría ir a Hee-young bajo ninguna circunstancia; sin embargo, el asistente Sung se esforzó por mantener una sonrisa fingida mientras soltaba una cadena de argumentos diseñados exclusivamente para endulzarle el oído a Hee-young.
Al ver a un empleado que era fácilmente unos veinte años menor que su edad real sudar la gota gorda para intentar complacer su difícil temperamento, Hee-young comprendió que la situación ya era irreversible y se limitó a soltar un pesado suspiro.
—Está bien, de acuerdo…—murmuró sin fuerzas mientras salía del baño y caminaba arrastrando los pies hacia la cama con la intención de recostarse.
—¡Ah! De hecho, ya puede ser dado de alta en este mismo momento. Ya terminamos de liquidar los trámites en la recepción de abajo.
—¿Qué?
«Oye, al menos dame algo de tiempo para prepararme mentalmente…»
A pesar de la expresión de absoluta desesperación en el rostro de Hee-young, Sin-yul lo siguió pisándole los talones, mostrándose sumamente atento y cariñoso.
—Mi princesa, ¿quieres ponerte ropa linda? Yo mismo te la compré —le dijo con una sonrisa radiante.
—No quiero, pedazo de imbécil…
—Te va a quedar de maravilla. También compré muchísima ropa y llené el armario de nuestra nueva casa.
—Además de loco, resultó sordo…
***
Vistiendo una sudadera blanca y un cárdigan rosa claro, Hee-young contemplaba con rostro amargado el sedán estacionado frente a él.
En cuanto vio la ropa, armó un escándalo tremendo insistiendo en que no se la pondría y que prefería que lo dieran de alta con la bata del hospital; sin embargo, por culpa de ese lunático que se limitó a sonreír con dulzura mientras le rompía la bata del hospital a punta de fuerza bruta, no le quedó más remedio que tragarse el orgullo y ponerse esa ropa. Ahora sentía que odiaba al mundo entero.
Hee-young sacudió las holgadas mangas del cárdigan y comentó con tono sarcástico:
—Escuché que hay un montón de tipos con superpoderes, ¿qué, acaso no existe la teletransportación o una pendejada así? ¿Ustedes también tienen que andar en auto?
—Ah, de hecho hay algunos, pero como están cumpliendo una misión ahora mismo, no pudimos llamarlos. Esos Espers tenían muchísimas ganas de venir a recibirlo en persona al enterarse de que por fin apareció el Guía de Sin-yul. Los presentaré más adelante.
—A ver, lo dije jugando… ¿Pero de verdad existen…?
Sin importar si Hee-young respondía con incredulidad o no, los empleados y Sin-yul estaban sumamente ocupados preparando el vehículo. Mientras el personal preparaba el auto y configuraba la dirección en el GPS, Sin-yul; vaya a saber de dónde sacó todo, acomodó una manta en el asiento trasero y le entregó a Hee-young un tierno cojín para que lo abrazara.
«¿Este infeliz me está agarrando de su juguete o qué…?»
Hee-young arrojó el cojín con todas sus fuerzas. Sin embargo, el objeto, que volaba a gran velocidad, de pronto se detuvo en el aire y quedó flotando suavemente.
—¡¿Qué carajos?! ¡Hijo de…!
—Princesa, ¿no querías el cojín, sino una pelota? Te compraré una pelota saltarina cuando lleguemos a casa.
—¡No, te estoy preguntando qué pendejada es esta!
Mientras Hee-young saltaba del susto con el corazón en la boca, el empleado que acababa de terminar de preparar el auto asomó la cabeza por la ventanilla y, al ver el cojín flotando en el aire, pegó un grito:
—¡Han Sin-yul! ¡¿No te dije que no usaras tus habilidades?!
—Solo dijeron que no podía usarlas dentro del hospital…
—¿Acaso cruzando la puerta principal ya no es el hospital? ¿Eh? ¿El estacionamiento no cuenta como parte del hospital?
—Técnicamente, un estacionamiento público no forma parte del hospital, asistente —respondió Sin-yul con total tranquilidad.
—¿Este… es tu poder? —Al escuchar el debate entre ambos empleados, Hee-young murmuró con la mirada perdida en el cojín con forma de gato que flotaba suavemente en el aire mientras trazaba la silueta de un corazón.
—Sí. ¿Te gusta? También puedo hacerte flotar a ti, mi princesa.
—No me jodas, hablo en serio…
—Cuando lleguemos a casa, te haré flotar y jugaremos un rato. Es que aquí la gente no hace más que regañarme.
Ver la habilidad de un Esper con sus propios ojos fue algo tan asombroso e impactante que Hee-young fue incapaz de responder a las estupideces de Sin-yul y se quedó parado ahí como un idiota. Aprovechando el momento, Sin-yul soltó una risita encantada, tomó el frágil cuerpo de Hee-young cargándolo al estilo nupcial y subió al auto. El cojín que flotaba en el aire se deslizó suavemente detrás de ellos y terminó acunado en el regazo de Hee-young.
«Vaya, no puede ser, carajo… El poder de este tipo es una locura…»
Hee-young clavó sus ojos abiertos de par en par en aquel rostro apuesto. Fascinado por la forma en que lo miraba, Sin-yul esbozó una radiante sonrisa y comenzó a plantar un beso tras otro en la suave mejilla de Hee-young. Solo entonces el chico reaccionó.
—¡Ahg! —gritó, soltando un puñetazo tras otro contra ese cuerpo firme como una roca. Sin embargo, la manta se elevó por sí sola en el aire y lo envolvió por completo como si fuera un bebé, dejándolo completamente inmovilizado y obligándolo a limitarse a soltar más gritos: —¡¿Acaso no me vas a soltar?! ¿Eh? ¡¿Te volviste completamente loco?!
—¡Se ve que ya se están llevando de maravilla, qué alegría! Su entrenamiento de guiding comenzará pronto, así que veo que no habrá de qué preocuparse —comentó el empleado desde el frente.
—¡Ustedes lo que necesitan es ir con un oculista! ¡Están todos dementes!
—¡Jajaja, de hecho nos hicimos el examen médico general la semana pasada! ¡Agradecemos su preocupación!
—¡Ay, por el amor de Dios!
No por nada ellos eran el equipo a cargo de Han Sin-yul. Poseían una fuerza mental más sólida que la de cualquiera, una flexibilidad envidiable para que todo les resbalara y una actitud relajada que superaba con creces a todo el personal del Centro.
Al principio se habían desconcertado al ver a un jovencito de rostro delicado y hermoso decir cosas que desafiaban toda lógica; pero en cuanto asimilaron que el chico era exactamente igual de errático que Han Sin-yul, recuperaron su verdadera personalidad. En pocas palabras, para el personal del Centro, Yoo Hee-young acababa de ser catalogado en el mismo nivel que el desastre andante número uno: Han Sin-yul.
El ruidoso y animado auto avanzó a gran velocidad por la carretera hasta que finalmente llegó al Centro. Situado en las afueras de Seúl, el Centro abarcaba un terreno inmenso similar al campus de una universidad, con múltiples edificios distribuidos por doquier.
Debido a que se la había pasado pegando gritos durante todo el trayecto, su físico debilucho y lamentable se encontraba completamente exhausto, jadeando por aire mientras permanecía envuelto en la manta como si fuera un recién nacido. «Qué condición física tan ridícula…». Hee-young respiraba con dificultad mientras miraba con absoluto fastidio a Sin-yul, quien no dejaba de plantarle besos y morderlo sutilmente con los dientes. «De verdad, ¿qué demonios le pasa a este infeliz?».
—…Fff, carajo. A ver, tú. ¿Cómo dijiste que te llamabas? Seas quien seas, pedazo de demente.
—Han Sin-yul.
—…Sí, Han Sin-yul. Siento que mi mejilla derecha está a punto de reventar de tanto que la muerdes.
—¿Quieres que lo haga en la izquierda entonces?
—¡Lo que te digo es que pares, carajo…!
Mientras Hee-young respondía con una voz completamente exhausta, el empleado que acababa de estacionar el auto habló con evidente timidez:
—Este… señor Hee-young. Hay algo que debemos informarle…
—¿No me pueden decir lo que sea que tengan que decir después de quitarme a este infeliz de encima?
—Mmm, es que el Centro ya está al tanto de su condición, señor Hee-young. Por supuesto, no les revelamos el diagnóstico médico detallado. Solo les informamos que está experimentando un ligero cuadro de confusión mental debido al trauma del accidente que coincidió con su manifestación como Guía. Sin embargo, dado que la naturaleza del Centro implica muchas misiones conjuntas, como entrar juntos a las mazmorras, la mayoría del personal suele tener acceso a la información general de sus compañeros de trabajo. Por lo tanto…
—Ah, ya, como sea. Al fin y al cabo, no es mentira, y tampoco es que yo esté loco de verdad. El médico también me lo dijo: que es un trastorno por estrés postraumático o qué sé yo… En fin, ni el propio doctor sabía cuál era mi enfermedad real. Digo, para empezar, ¿cómo demonios va a explicar científicamente que alguien caiga de golpe en otro mundo y cambie de cuerpo? Con que lo dejen así es más que suficiente.
—Ah… Ya veo… —Los empleados asintieron con la cabeza de forma un tanto forzada.
La realidad era que el diagnóstico médico definitivo ya había sido emitido: Intermetamorfosis Inversa. Era un término clínico que los empleados jamás en su vida habían escuchado, pero que en resumen consistía en un tipo de trastorno delirante en el cual el paciente está firmemente convencido de que su cuerpo pertenece a otra persona. El dialecto regional que hablaba, los eventos de su pasado, sus supuestos conocidos y todo su sentido común no eran más que parte de ese elaborado delirio. El médico les había advertido con severidad que si intentaban tachar sus palabras de locuras o contradecirlo directamente, el chico podría mostrar un rechazo conductual aún más violento, por lo que el personal del Centro había estado cuidando cada una de sus palabras con pinzas.
Por fortuna, dado que Hee-young ya no mostraba una actitud tan defensiva como al principio, los especialistas determinaron que el mejor tratamiento era permitirle llevar una vida social moderada bajo la supervisión de su tutor legal. De este modo, al interactuar con el entorno, sus conceptos distorsionados se corregirían de forma natural, ayudándolo a salir del delirio y a recuperar su verdadera identidad paulatinamente. Los altos mandos del Centro habían debatido largamente sobre si debían o no informar de esto al resto de los empleados, Espers y Guías; pero temiendo que la gente reaccionara con hostilidad o desconcierto ante el comportamiento errático de Hee-young y eso agravara su salud mental, decidieron darles aviso con una versión bastante suavizada.
A los empleados les preocupaba que Hee-young se sintiera ofendido si se enteraba, pero el chico, poseedor de la personalidad sumamente relajada y pragmática de un hombre mayor, pareció restarle total importancia.
Al ver su actitud, el personal respiró aliviado y comenzó a descender del vehículo.
—A ver, muchachos, ¿se están pasando mis palabras por el arco del triunfo? ¡Les dije que me quiten a este tipo de encima!
—Si sigues haciendo berrinche, te voy a besar en la boca.
—Carajo, esto me va a volver loco…
Tras plantarle un último y sonoro par de besos en la mejilla, Sin-yul bajó del auto cargando a Hee-young firmemente entre sus brazos. Debido al clima que se volvía cada vez más frío, la mejilla derecha de Hee-young, empapada por la saliva de los besos, se sentía helada al contacto con el viento.
—Ya bájame.
—¿Cómo se supone que va a caminar mi princesa?
—¿Y por qué carajos no podría caminar? ¿Acaso me rompiste las piernas mientras estaba dormido y no me enteré?
—Ojalá pudiera… Así tendría que cargarte en mis brazos para el resto de la vida.
«¿Qué…?»
—Es… Es una broma, ¿verdad? No me jodas, maldito infeliz. ¡Dime que es una maldita broma! ¡A ver, rápido, habla, carajo!
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