En cuanto entró al Centro cargado en los brazos de Sin-yul como si fuera un bulto, se topó con un panorama completamente opuesto al pacífico exterior: el interior del edificio estaba atestado de gente que iba de un lado a otro.
—De verdad que todos aquí perdieron el juicio…
Para su absoluto horror, algunas parejas se encontraban en lugares completamente visibles para el público, sumidas en besos intensos y sumamente apasionados. Lo más impactante para él era que los involucrados en aquellas demostraciones de afecto eran del mismo sexo; y a pesar de que se besaban mientras se manoseaban con total descaro, la gente a su alrededor pasaba junto a ellos sin prestarles la menor atención.
Mientras Hee-young clavaba sus ojos abiertos de par en par en dos cuerpos que permanecían prácticamente pegados el uno al otro, Sin-yul usó su telequinesis para inmovilizar con firmeza ese físico delgado y, acto seguido, le cubrió los ojos con su enorme mano.
—Princesa, ¿vas a seguir mirando a otras personas? Te advierto que soy sumamente celoso.
—¿Pero qué pendejadas estás diciendo?
Al escuchar las voces de Hee-young y Sin-yul, uno de los empleados miró a su alrededor con cautela antes de acercarse a ellos para susurrarles al oído:
—Señor Hee-young, por lo general, cuando ve a personas besándose o demostrando afecto físico tan intenso en el Centro, la gran mayoría de las veces se trata de un Esper y su Guía llevando a cabo el proceso de guiding. Mirarlos fijamente puede considerarse una falta de respeto, así que lo más educado en estos casos es hacer como que no ve nada.
—A ver, si ellos mismos saben que es algo vergonzoso, ¿por qué carajos se andan devorando a besos en público y a plena luz del día?
—No es que sea vergonzoso, sino que…
El empleado dejó la frase en el aire. La realidad era que los instintos biológicos de un Esper compatible a veces causaban ese tipo de situaciones descontroladas, pero prefirió no dar detalles. Al fin y al cabo, Sin-yul se encargaría de taparle los ojos de todos modos.
Hee-young, incluso con la visión completamente a oscuras, parpadeó haciendo que sus pestañas rozaran la palma de la mano de Sin-yul mientras pensaba: «Vaya, de verdad que la gente de este lugar está demente».
—Por hoy, solo haremos su registro de Guía, programaremos el calendario de entrenamiento y podrá irse a descansar a casa. Debe estar muy cansado, ¿cierto?
—Sí, así que muévanse rápido antes de que este viejo se muera de un infarto aquí mismo.
Habiendo desistido de la idea de que lo bajaran al suelo tras la sutil amenaza contra sus tobillos, Hee-young se limitó a sacudir sus pequeños pies en el aire mientras hablaba con total desinterés. A los empleados les causó gracia ver cómo el chico insistía en llamarse a sí mismo “viejo” con esa vocecita tan aguda y tierna, pero en cuanto soltaron una risita, la mirada de Sin-yul se volvió afilada como un cuchillo.
«Vaya temperamento…», pensaron los empleados mientras daban un prudente paso hacia atrás en señal de sumisión.
El resto del personal que había visitado la habitación del hospital parecía ir llegando apenas en ese momento; entraron a toda prisa mientras revisaban un montón de documentos con evidente agitación. Basándose en la carta de autorización que Hee-young había firmado prácticamente de memoria y sin leer, los empleados ya habían tramitado todos sus documentos de identidad. En cuanto se los extendieron a Hee-young, Sin-yul los arrebató en el aire a mitad del camino y se los colocó delicadamente en la palma de la mano al chico.
—¿Qué es esto? Ah, ¿su identificación? ¿Y cuántos años dice que tiene este mocoso? ¿Acaso acaba de nacer?
—Nuestra princesa tiene veintiún años. Es un bebé que apenas va entrando a la edad adulta.
Como Hee-young ya de por sí estaba confundido con su propia edad real y ver el año de nacimiento en el plástico no le permitía calcular los años a primera vista, ladeó la cabeza; pero en cuanto escuchó la respuesta de Sin-yul, su rostro se desencajó por completo, quedando al borde del colapso mental al enterarse de la abismal juventud de este cuerpo.
Mientras Hee-young sufría una crisis existencial por culpa de su edad, el personal organizó los papeles a toda prisa para concluir el registro de Guía. Acto seguido, agilizaron el trámite para vincularlos como pareja oficial, configuraron el reloj inteligente de pareja junto con el teléfono celular y se los entregaron a Sin-yul. El dispositivo emitió un nítido sonido electrónico, mostrando el estado actual del Esper.
—¡Vaya! ¿Su nivel de guiding está en un 88%? ¿Acaso esto no es un récord histórico?
—Considerando que los medicamentos de guiding no logran elevarlo más allá del 80%, ahora entiendo perfectamente por qué ese infeliz se le pega como una garrapata a morir.
—¿Significa que, debido a su alto índice de compatibilidad, un contacto físico tan sutil es suficiente para elevar sus niveles así de rápido? Si llegan a tener contacto a través de las mucosas, seguro alcanza el 100% de inmediato.
—Por eso mismo le andábamos rogando y suplicando al señor Hee-young.
—Qué gran orgullo posee, de verdad.
Sin enterarse de los murmullos de los empleados que hablaban en voz baja a sus espaldas, Hee-young se limitó a observar fijamente cómo Sin-yul lo bajaba al suelo con sumo cuidado para colocarle el reloj en la muñeca con total dulzura, dedicándole una sonrisa protectora.
—¿Y esta porquería qué es?
—Mmm, es algo así como nuestro anillo de bodas.
—Oye, ¿a ti no te agota andar diciendo tantas pendejadas a cada segundo? De verdad que lo tuyo es un talento natural —refunfuñó Hee-young mientras contemplaba el artefacto ajustado en su delgada muñeca.
A pesar de que no había hecho ningún esfuerzo extraordinario, este maldito cuerpo físico ya se estaba quedando sin energías, provocándole un ligero mareo. Sin-yul volvió a tomar el teléfono que le había entregado hace un momento y comenzó a configurar diversas aplicaciones; Hee-young lo observó en silencio, pero sintió que la cabeza le daba vueltas cada vez más.
—Ah, señor Hee-young. Por hoy, lo mejor será que vaya a casa a descansar y programaremos el inicio de su entrenamiento en unos dos días. ¿Qué le parece?
—Como digan, como digan. Este viejo no entiende nada de esas tecnologías de todos modos.
—Entendido, nosotros nos encargaremos de asignarle los horarios.
Al escuchar cómo el personal trataba a un jovencito como si fuera un anciano de la alta sociedad, las personas de los alrededores pusieron expresiones de absoluto desconcierto. El eco de los murmullos de la gente comenzó a retumbar en los oídos de Hee-young, haciendo que una profunda irritación le subiera por el pecho. Justo en el instante en que estaba a punto de exigir que lo dejaran marcharse de una buena vez, un fuerte grito retumbó con violencia por encima del murmullo de la multitud.
—¡Oye, Han Sin-yul! ¡Vaya, pero si aquí estabas, infeliz! ¡A ver, yo entiendo perfectamente tu situación, pero que no te hayas dignado a asomar las narices en semanas ya es pasarse de la raya! ¡¿Tienes la menor idea de cuánto me he tenido que romper el lomo limpiando tus estupideces?! ¡Si es que todavía eres un ser humano, al menos debiste avisar o mandar un maldito mensaje! ¡Y no me salgas otra vez con el cuento de que no tienes mi número registrado!
—Esper Kang Ji-hyuk, por favor, espere un momento… Se emitió un comunicado oficial al respecto, ¿acaso no lo vio?
—¡Para poder leer un comunicado primero tendrían que darme tiempo libre! ¡Si ni siquiera he podido comer en condiciones! No, pero más allá de eso, él sabe perfectamente que si llega a faltar, los demás Clase S nos ganamos una ultra paliza. Si fuéramos muchos, todavía pasaría, ¡pero somos exactamente cuatro! ¿Acaso se te murió toda la maldita decencia como para no mandar ni un miserable mensaje?
El hombre que rabiaba y saltaba de la furia poseía una voz tan estruendosa como su imponente y musculosa complexión física, haciendo que todo el vestíbulo retumbara con fuerza. Sin-yul, como si las palabras del tipo ni siquiera llegaran a sus oídos, terminó de configurar el celular y, con una radiante sonrisa, se lo colocó a Hee-young en la mano. Sosteniendo el aparato, Hee-young murmuró entre dientes: —Vaya, este infeliz… cómo le encanta andar gritando…—; sin embargo, su voz, menuda y frágil, quedó completamente sepultada por los gritos de Ji-hyuk.
De por sí ya sentía que la cabeza le daba mil vueltas, y ahora venía este sujeto ruidoso a pegar de gritos justo enfrente, dejándolo al borde del desmayo. Incapaz de contener la rabia que le subía por el pecho, Hee-young frunció el ceño con severidad y le espetó con furia:
—¡Hijo de…! ¡Oye! ¿Haces tanto berrinche y armas tremendo drama solo por trabajar un poquito más? ¡No jodas! ¿Eh? ¡¿Quién carajos eres tú para venir a gritarle a todos de esa forma como que estuvieras en tu casa?! ¡Maldito mocoso hocicón y maleducado, ya bájale o te parto la…!
A medida que escupía los insultos, la furia se apoderó de él a tal grado que, incapaz de abandonar sus viejas mañas de la mafia, Hee-young le soltó una patada al hombre. Se abalanzó en un parpadeo y, con un seco ¡paf!, la delgada pierna de Hee-young impactó directo contra la robusta pantorrilla de Ji-hyuk; sin embargo, para absoluta sorpresa de nadie, Ji-hyuk no sintió absolutamente nada con el golpe.
En cambio, Hee-young, que se había puesto a chillar como un tierno pollito furioso, sintió el contragolpe del impacto de su propia patada. El cuerpo le tambaleó violentamente y la conciencia comenzó a desvanecerse en un abismo de oscuridad.
«Vaya, no puede ser, carajo… Ahora veo que un ser humano es capaz de quedar inconsciente por la fuerza de su propio golpe…»
***
—¡Ah, señor Hee-young! ¡Señor Hee-young!
—¡¿Q-qué pasó?! ¡Yo no hice nada!
Sin-yul reaccionó a la velocidad del rayo y atrapó entre sus brazos el delgado cuerpo que había perdido el conocimiento en un parpadeo. En cuanto vio el rostro de Hee-young, con los ojos dulcemente cerrados y una palidez sepulcral mientras respiraba con dificultad, la expresión de Sin-yul se volvió gélida.
—¡Vaya, de verdad que yo no fui! ¡Para empezar, fue él quien me atacó primero! ¡¿En qué cabeza cabe que el agresor sea el que termine desmayado?!
—¡Sin-yul, cálmate, por favor, cálmate!
—¡No, esp… espera, Sin-yul! ¡Argh…!
El cuerpo de Ji-hyuk se elevó en el aire en un instante y fue estampado con violencia contra la pared. El edificio del Centro, diseñado para soportar las frecuentes riñas entre Espers, estaba construido con materiales especiales de alta resistencia; sin embargo, al recibir el impacto de un Clase S desatando todo su poder, la estructura sufrió una fuerte sacudida, haciendo que las instalaciones retumbaran con un crujido sordo.
—Sin-yul, ya deja de enojarte; todos sabemos que Kang Ji-hyuk es una basura de persona. Tu Guía se acaba de desmayar, así que deberías ir a encargarte de él.
De entre la multitud que se había congregado, una mujer de cabello corto caminó con total tranquilidad. Avanzando a grandes zancadas con sus largas piernas, se acercó a Ji-hyuk; quien permanecía tirado y apoyado contra la pared, y lo arrastró de regreso jalándolo de la pierna. Como era de esperarse de un Esper con la habilidad de reforzamiento físico, el cuerpo de Ji-hyuk estaba intacto; lo único que llenaba su rostro era una expresión de absoluta indignación.
—¡¿Por qué rayos soy una basura?! ¡Tampoco es que haya dicho nada del otro mundo! Además, ese Guía… ¿Guía? ¡¿Dijiste que es un Guía?!
—Sí. Y tú eres la basura que acaba de hacer que se desmaye el primer Guía compatible de Han Sin-yul en veintiséis años.
—No, bueno, es que yo no lo sabía…
—Se emitió un comunicado oficial, ¿no? Es tu propia responsabilidad por no haberlo leído —declaró la Esper Chae-yoon con una voz sumamente pausada, haciendo que su melena corta se meciera ligeramente. Al ser la única Clase S poseedora de un temperamento dócil y una naturaleza serena, era la persona más querida y respetada por todo el personal del Centro. Tras escuchar las palabras de Chae-yoon, el rostro bronceado de Ji-hyuk se puso completamente pálido.
—A ver, es que ni tiempo de ver los comunicados tengo… Está bien, de acuerdo, soy una basura. Sin-yul, ¿qué, me vas a matar?
—Sí.
—Ah, por favor, ten piedad.
La mirada de Sin-yul seguía siendo letal. Le enfurecía que Hee-young se hubiera desmayado, pero lo que más le hervía la sangre era el hecho de que su Guía le hubiera gritado con tanta vehemencia a otro Esper. Podía tolerar que Hee-young conversara o expresara sus emociones con los empleados de su propio equipo de soporte, pero detestaba que hiciera lo mismo con otros Espers. El único hombre con el poder de hacer sonreír o enfurecer a Yoo Hee-young debía ser él, y nadie más.
Justo en el instante en que los ojos dorados de Sin-yul volvieron a destellar con peligro, las bocinas del edificio emitieron un anuncio general:
-Atención a todo el personal. Se informa que en el primer piso del cuartel general se produjo un ligero temblor en la estructura debido a un altercado entre Espers. Tras realizar la verificación pertinente, se confirma que no hay anomalías, por lo que solicitamos a los empleados regresar a sus labores habituales. Asimismo, se solicita a los Espers involucrados en el disturbio presentarse de inmediato en el quinto piso del Centro. Repetimos, atención al primer piso…
—Parece que los están llamando. Sin-yul, huye de aquí rápido. Ji-hyuk se encargará de solucionar el desastre.
—Sí, yo asumiré la responsabilidad y aceptaré el castigo, así que, por favor, deja pasar esto por esta vez.
—Eso es lo mínimo que deberías hacer; la culpa es cien por ciento tuya. ¿Desde cuándo un Esper tiene el descaro de desafiar a un Guía?
Ante el comentario de Chae-yoon, los empleados intervinieron a toda prisa para respaldar sus palabras y calmar a Sin-yul:
—Es verdad, Sin-yul. Tienes que cuidar al señor Hee-young, ¿no crees? Su salud es delicada ahora mismo y necesita descansar. Este lugar es demasiado ruidoso. Váyanse ya, yo los guiaré.
—Sí, el Esper Kang Ji-hyuk y yo nos encargaremos de dar los informes correspondientes. Si causas otro desastre aquí, esta vez no podré encubrirte. Justo ahora la culpa recae por completo en Ji-hyuk, pero si sigues armando un alboroto, te van a arrestar de inmediato.
Sin-yul soltó un largo suspiro. Rodeado por el personal que lo arrastraba con cuidado, el joven se retiró del lugar mostrando un evidente fastidio en cada uno de sus gestos.
Antes de marcharse, Sin-yul hizo destellar sus ojos dorados una última vez y estampó la cabeza de Ji-hyuk contra el suelo con un golpe seco.
—Ah, maldita sea… Menos mal que no desactivé mi habilidad de reforzamiento. Si hubiera sido un Clase B, ese golpe me habría matado en el acto…
—Por eso mismo te lo digo, ¿para qué te metes con el Guía de otra persona?
—¡Que yo no me metí con él! ¡El tipo se me abalanzó encima como si fuera un chihuahua furioso! ¡¿Qué se suponía que hiciera?! Ni siquiera activé mi habilidad cuando el Guía compatible de Han Sin-yul me pateó.
A pesar de haber entrado al vestíbulo pegando gritos, Ji-hyuk poseía en realidad una personalidad bastante noble. Aunque era de temperamento explosivo y se alteraba con facilidad, tenía la madurez de disculparse de inmediato en cuanto reconocía su error, sin guardar rencores posteriores.
Esta vez, la situación había sido una auténtica tragedia provocada por un malentendido y el exceso de trabajo, por lo que tenía todo el derecho a sentirse indignado; sin embargo, no había nada que hacer. En el universo de los Espers, si un Guía llega a derramar una sola lágrima durante una disputa con un Esper, sin importar quién haya iniciado el conflicto, la culpa recae de forma absoluta sobre el Esper.
Esa regla era inquebrantable incluso dentro de una misma pareja; por lo tanto, habiendo dejado inconsciente al Guía de otro Esper, y para colmo, tratándose del Guía del mismísimo Han Sin-yul, Ji-hyuk no tenía argumentos válidos para defenderse ni aunque tuviera diez bocas para hablar.
—Ya deja de exagerar y levántate. El anuncio sigue sonando en las bocinas. Te acompañaré al quinto piso.
—Cielos… Tenme un poco de compasión, jefa. Ese infeliz de Han Sin-yul me estampó con intenciones reales de matarme. Incluso con mi escudo de energía al máximo, siento que la cabeza me retumba.
—Agradécele que se contuvo. Más tarde deberías mandarle un mensaje a Sin-yul para pedirle disculpas. Para empezar, deberíamos estar agradecidos de que Sin-yul haya estado cubriendo misiones al mismo ritmo que nosotros a pesar de no tener un Guía; ¿cómo se te ocurre venir a perder los estribos de esa forma?
—Vaya, como siempre, tus palabras me dejan completamente sin argumentos.
Ji-hyuk soltó un quejido mientras impulsaba su cuerpo para ponerse de pie. Chae-yoon se quedó contemplando fijamente el umbral de la puerta por donde Sin-yul y Hee-young se habían marchado hace un momento.
“¿Acaso el guiding es algo tan bueno? Cuando recibo el guiding, siento que la respiración se me distorsiona y que voy a morir. Pero si no lo recibo, siento que el corazón se me va a detener. De verdad no sé qué se supone que deba hacer.”
La voz vacía y errante de aquel Sin-yul del pasado pareció resonar con eco en sus oídos. La imagen del joven aferrándose a su nuevo Guía como si sostuviera el tesoro más valioso de la Tierra volvió a cruzarse por su mente.
—¿Y bien, qué tal está? ¿Se siente bien?
—¿Acaso tengo cara de estar pasándola bien?
—No te lo preguntaba a ti.
Chae-yoon esbozó una sutil sonrisa y giró sobre sus talones para marcharse.
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