Hee-young no paraba de mover la pierna de arriba abajo debido a los nervios. La enorme casa, completamente vacía, se sentía tan silenciosa que resultaba escalofriante. El personal del Centro se había encargado de traerlo de regreso en persona, explicándole que Sin-yul se retrasaría debido a que tenía que ponerse al corriente con el trabajo acumulado y realizar una incursión de emergencia en una mazmorra.
Que Sin-yul hubiera ido a una mazmorra significaba que, por ley, necesitaría recibir guiding a su regreso. Y a diferencia de antes, cuando solo se limitaba a tolerar que el Esper se le pegara de forma mansa a pedir cariño, ahora significaba que él mismo tendría que tomar la iniciativa y comenzar a tocar el cuerpo de otro sujeto.
«Ah, de verdad que esta mierda no es para mí. ¿Y si mando todo al carajo y renuncio?», pensó por un momento. Sin embargo, si abandonaba este lugar, no tendría forma alguna de conseguir información sobre los Espers con habilidades especiales. Para poder regresar a su mundo original, no le quedaba más opción que aferrarse al Centro a como diera lugar.
Sumido en la oscuridad de la habitación y sin siquiera dignarse a encender la luz, Hee-young se la pasó debatiéndose y dando vueltas en la cama mientras se mordía el labio inferior, hasta que la ansiedad lo hizo ponerse en pie de un salto.
—A ver, a fin de cuentas, eso del guiding no es la gran cosa, ¿o sí? —se dijo a sí mismo en voz alta, comenzando a deambular y a dar vueltas por todo el cuarto como un león enjaulado. De pronto, el reloj inteligente emitió un nítido “¡bip!”. Al revisar la pantalla, notó que el indicador de guiding parpadeaba en un tono amarillo, mostrando un 58%.
«¿Pero qué carajos estuvo haciendo ese mocoso para dejar que sus niveles cayeran de esa forma?»
Gracias a los conceptos básicos que había aprendido en la tarde, Hee-young finalmente había comprendido la vital importancia de ese artefacto ajustado en su muñeca. Ese reloj era, en el sentido más literal, el cordón umbilical que unía al Guía con su Esper; un dispositivo capaz de revelarle el estado de salud de su compañero a la distancia.
“Si los niveles caen por debajo del 20%, los sentidos del Esper se agudizan a un nivel extremo y comienzan a experimentar un dolor insoportable. A partir de ese punto, les resulta imposible llevar una vida cotidiana, y si caen por debajo del 7%, entran en lo que clasificamos como la fase previa al brote de psicosis. En esa etapa, los medicamentos de guiding ya no surten efecto, y una vez que entran en un brote de psicosis total, los Espers pierden el juicio por completo, desatan sus habilidades de forma descontrolada y terminan autodestruyéndose.”
La pavorosa explicación que el instructor Ha-ram había pronunciado con total serenidad resonó en su mente. Ese infeliz de verdad estaba viviendo con el tiempo contado. Al verse invadido por una extraña mezcla de responsabilidad y compasión, el pecho se le oprimió, provocando que frunciera el ceño y soltara un profundo suspiro tras otro.
Para él, habría sido mil veces más fácil solucionar las cosas a puñetazo limpio. Estaba más que consciente de que, con este físico tan frágil, aunque le soltara un golpe con todas sus fuerzas a Sin-yul, no sería capaz de hacerle ni un rasguño; pero honestamente, prefería mil veces eso. Aunque esto fuera un trabajo temporal, tener que entregar y sacrificar su propio cuerpo de la noche a la mañana con tal de salvar a alguien era un dilema tan abrumador que no sabía ni dónde poner el límite. Todo se le complicaba demasiado.
—Ja —una risa cargada de autodesprecio escapó de sus labios.
Le resultaba ridículo verse a sí mismo sumido en dilemas existenciales dignos de un adolescente quinceañero. «A fin de cuentas, solo se trata de manosear un poco el cuerpo de otro tipo. Cualquiera que me viera pensaría que me están obligando a besarlo justo ahora», pensó, soltando un bufido para autoconvencerse de que la situación no era para tanto.
Justo cuando los niveles de Sin-yul se estabilizaron en un 58% y Hee-young logró poner sus pensamientos en orden, el eco sordo de la puerta principal al abrirse resonó por la casa.
Hee-young, que permanecía desparramado en la cama, corrió hacia el vestíbulo a toda prisa. A pesar de que se había repetido a sí mismo que debía mantener la calma, en cuanto percibió la presencia del Esper, el corazón comenzó a martillar en su pecho con violencia.
—Oye… este, ehm… ¿Ya llegaste?
—Vaya… Ver a mi princesa salir a recibirme hace que de verdad me sienta como si estuviéramos casados.
—Sí, cómo no… Al ver que tienes energía para soltar semejantes pendejadas, asumo que estás perfectamente bien —refunfuñó Hee-young, aunque no le quitó los ojos de encima a ese rostro que lucía visiblemente más agotado de lo habitual.
A diferencia de la energía desbordante que irradiaba por la mañana, ahora se veía un tanto decaído. Pero lo que más le llamó la atención fue cómo Sin-yul forzaba una sonrisa decaída, como si estuviera haciendo un esfuerzo sobrehumano por ocultar algún dolor intenso; ante esto, Hee-young comenzó a rondar preocupado a su alrededor mientras el Esper avanzaba con paso pesado.
Si estaba en un 58%, ¿qué tan grave era su estado exactamente? Al haber escuchado que los Espers comenzaban a sufrir cuando caían por debajo del 20%, Hee-young había deducido que un 58% era una cifra bastante decente; pero al ver a Sin-yul marchitarse como una planta sin agua ante sus propios ojos, la incertidumbre lo invadió por completo.
Él no sabía absolutamente nada sobre las reglas de este mundo. Lo que para el resto de la gente era una verdad absoluta, para él carecía por completo de sentido, e ignoraba por completo las normas que todos daban por sentadas.
«Maldita sea, si hubiera sabido que esto pasaría, le habría preguntado al profesor cuál es el estado físico del Esper por cada 10% que disminuya…»
Hee-young se mordió el labio con frustración mientras observaba en silencio cómo Sin-yul se metía arrastrando los pies al cuarto de baño.
Ignorando olímpicamente el hecho de que Sin-yul había derrochado energía a propósito en la mazmorra solo para poder quejarse y actuar de forma lastimera frente a él, Hee-young comenzó a tirarse de los cabellos debido a la ansiedad.
«Ese… ese infeliz, ¿no se irá a desmayar a mitad del baño? A ver, pensándolo bien, si se queda inconsciente, sería mucho más fácil para mí manejar la situación… ¡No, espérate! ¡Carajo! ¡¿Pero qué pendejadas estoy diciendo?! ¡¿Es que acaso todavía no puedo abandonar mis malditas mañas de gángster?! ¡Si terminé con un navajazo en las entrañas solo por andar de listo intentando reformar mi vida!»
Mientras Hee-young protagonizaba su propio monólogo dramático a solas, el sonido del agua cesó, sumiendo el baño en un absoluto silencio. El chico retrocedió un par de pasos a toda prisa, pero al ver que pasaban los minutos y Sin-yul no salía, volvió a acercarse con cautela y pegó la oreja a la puerta del baño.
«¿De verdad se habrá desmayado? ¿El número de emergencias aquí también será el 911? Espera, ¿dónde dejé el maldito teléfono…?»
Justo en el instante en que se disponía a buscar el celular a toda prisa, una risita ahogada resonó desde el interior y la puerta se abrió de par en par.
—¡Ay, hijo de…! ¡Qué maldito susto me diste!
—Princesa, ¿no crees que esto ya es demasiado candente? ¿Mmm? Venir a espiar detrás de la puerta mientras escuchas el sonido del agua… Pudiste haber entrado directamente si tantas ganas tenías.
—¡¿De… de qué carajos estás hablando?! Es que tú… ¡¿eh?! Vi que entraste todo debilucho y arrastrando los pies, así que pensé que te habías muerto ahí dentro…
—Vaya, así que estabas preocupado por mí. Seguro fue porque me metí a bañar de inmediato sin haberte plantado un beso primero. Es que como vengo de trabajar, pensé que podría traer suciedad de la mazmorra encima y preferí asearme de inmediato. De verdad eres un amor.
Sin-yul soltó una sonrisa radiante mientras se secaba el cabello húmedo, llevando únicamente una enorme toalla amarrada a la cadera que apenas le cubría la parte inferior del cuerpo. Hee-young puso una expresión de absoluto asco e intentó emprender la huida, pero en un parpadeo su cuerpo quedó flotando en el aire y terminó siendo depositado directo contra ese robusto y firme pecho. El vapor húmedo del baño envolvió por completo el cuerpo de Hee-young.
—¡Oye! ¡¿Acaso no me vas a soltar?! ¡¿Es que tienes tantas ganas de que te mate?!
—Haa… Ahjussi… Por favor, dame un poco de guiding. ¿Sí? De verdad me siento muy cansado… —gimoteó Sin-yul mientras frotaba su rostro contra la mejilla de Hee-young. La sutil corriente de energía que comenzaba a emanar del chico le resultaba sumamente deliciosa.
En el pasado, entre más usaba sus habilidades, más experimentaba una dolorosa sensación de vacío en su interior que le impedía conciliar el sueño. Aunque se tragara un puño entero de medicamentos de guiding, el vacío en su pecho persistía, sumiéndolo en una profunda depresión. Pero al final de todos esos días de sufrimiento y de vagar sin rumbo intentando llenar su propia existencia, por fin había aparecido Hee-young.
—Este infeliz… solo cuando le conviene se acuerda de llamarme “ahjussi”.
A pesar de mantener una expresión de total desagrado, Hee-young no tuvo el corazón para apartar a Sin-yul, quien se aferraba a él como si fuera un niño pequeño. Era la primera vez que el Esper le solicitaba el guiding de forma directa, y la reciente explicación del instructor sobre la inestabilidad de los Espers y el peligro de muerte había sembrado una profunda preocupación en su pecho.
Contemplando con infinita devoción a un Hee-young que por fin se había quedado manso entre sus brazos, Sin-yul caminó directamente hacia la cama. En un movimiento sumamente audaz, deslizó su mano por debajo de la sudadera del chico para acariciar su delgada cintura, provocando que Hee-young se estremeciera con violencia debido al shock.
—¡Carajo! ¡Oye! ¡¿Acaso no sabes cuándo detenerte?!
—Princesa, ¿acaso no aprendiste a dar besos en tu clase de guiding?
—¡¿Cómo carajos voy a aprender eso?! ¡Y ya saca tu maldita mano de ahí si no quieres que te la rompa en mil pedazos!
—Qué buen alumno eres. Está bien, los besos es mejor que los aprendas conmigo.
Sin-yul esbozó una sonrisa radiante y se sentó en la mullida cama, manteniendo a Hee-young estrechamente abrazado. Al empezar a acariciar a su antojo ese físico ligero que permanecía sentado sobre sus muslos, Sin-yul percibió cómo la corriente de guiding se intensificaba drásticamente, haciéndolo soltar un lánguido suspiro de absoluta satisfacción.
—Oye, oye… Menuda agilidad de manos que te cargas, infeliz. Detente un maldito segundo.
—¿Mmm? ¿Por qué~?
—¡Te digo que te detengas porque hay algo que tengo que hacer, carajo!
Ante el estruendoso grito de Hee-young, la mano de Sin-yul que acariciaba su piel desnuda se congeló de inmediato. Jalando con brusquedad el brazo del Esper para sacarlo de debajo de su ropa, Hee-young frunció el ceño e intentó regular su respiración. Como él era un hombre de palabra que jamás retrocedía ante las decisiones que ya había tomado, no tenía la menor intención de evadir la situación ni de salir corriendo. Por supuesto, eso no quitaba que necesitara un maldito momento de preparación mental.
—¿Mmm? ¿Para qué? ¿Hay algo que quieras hacer?
—Espera un maldito momento… ¡Ah! Este viejo también está lidiando con sus propios demonios justo ahora, ¿sabes? Así que quédate quieto de una buena vez. Te voy a dar esa porquería del guiding, ¿de acuerdo?
Los ojos dorados de Sin-yul centellearon mientras sus pestañas temblaban levemente. Privarse del guiding de su propio compañero, el único capaz de otorgarle una paz absoluta, era un suplicio insoportable; sin embargo, para alguien como él, que había pasado toda su vida tolerando el dolor, un momento de espera no era nada del otro mundo.
Tras armar un tremendo alboroto inhalando y exhalando aire para regular su respiración, Hee-young titubeó un instante antes de entrelazar sus dedos con la enorme mano del Esper que permanecía suspendida en el aire. Esa mano robusta envolvió con sumo cuidado la delgada y blanca mano del chico, acariciando suavemente su piel y jugueteando con sus dedos antes de cerrar el agarre por completo.
Ante el parsimonioso movimiento de Sin-yul, a Hee-young se le erizó la piel y soltó un violento escalofrío. Estuvo a punto de regañarlo para que se quedara quieto, pero al contemplar ese rostro con los ojos decaídos, gimoteando mientras miraba fijamente sus manos unidas con una devoción tan desgarradora, prefirió guardarse sus palabras.
La pantalla del reloj inteligente parpadeó de forma lenta y constante, indicando que el proceso de transferencia de energía estaba en marcha. La habitación, sumida en una profunda penumbra al no haber encendido las luces, se iluminaba tenuemente gracias al reflejo de la lámpara del cuarto de baño a la distancia, creando una atmósfera extrañamente íntima.
«Mmm… tal y como pensaba, limitarme a sostener su mano no me hace percibir absolutamente nada de ese dichoso guiding. ¿De verdad estará funcionando esta porquería?», pensó Hee-young. Según las explicaciones del profesor, la sensación del guiding era un estímulo tan nítido y evidente que resultaba imposible de confundir en cuanto los canales se abrían por primera vez.
Sin embargo, por más que cerraba los ojos e intentaba concentrarse, lo único que alcanzaba a percibir era el sutil temblor en la mano de Sin-yul y la fricción de sus pieles; ante esto, frunció el ceño con frustración y soltó un pesado suspiro.
—¿Qué estás haciendo? ¿Mmm? Necesitamos que una mayor superficie de contacto esté expuesta para que la energía fluya mejor… Siento que voy a morir por inanición, ahjussi…
—Espera… ¡Espera un maldito segundo! —respondió Hee-young a toda prisa y, sujetando esa enorme mano con firmeza, la elevó a la altura de su rostro.
—¿Mmm?
A pesar del evidente desconcierto en la voz de Sin-yul, Hee-young no se dignó a responder. Tras clavar una mirada asesina en esa robusta mano, abrió ligeramente sus pequeños labios y se metió el largo dedo índice del Esper directo a la boca, mordiéndolo con firmeza.
—¡¡A-ahg…!!
Al percibir una repentina y brutal descarga de energía recorriendo su sistema, el musculoso cuerpo de Sin-yul se estremeció con un violento respingo.
“Entre más se involucren las mucosas, más intensa será la transferencia de energía. Intente avanzar de forma gradual. Comience por hacer que la piel del Esper entre en contacto con sus propias mucosas, paso a paso.”
Siguiendo al pie de la letra el consejo que le había dado Ha-ram, Hee-young comenzó a succionar el dedo del Esper, pero seguía sin percibir ningún estímulo verdaderamente trascendental. «¿Será este pequeño hormigueo en la lengua?», se preguntó, dedicándose a lamer el dedo con esmero. Al ver su acción, Sin-yul frunció el ceño con intensidad y su rostro se encendió en un vivo tono carmesí mientras su respiración se volvía errática.
«Vaya, y miren que este infeliz se las daba de muy experimentado», pensó Hee-young, soltando una burla interna ante la reacción tan sumamente inocente de Sin-yul. Sin embargo, en el instante en que Hee-young deslizó su suave lengua de forma pausada alrededor del dedo, Sin-yul soltó una densa bocanada de aire caliente y, metiendo también su dedo medio en esa pequeña cavidad, comenzó a frotar el interior con rudeza. Ya fuera porque la boca de Hee-young era demasiado pequeña o porque los dedos del Esper eran sumamente largos y gruesos, la cavidad quedó completamente invadida con solo dos de ellos.
Ante la invasiva sensación de tener el interior de la boca revuelto, Hee-young frunció el ceño e intentó apartar la cabeza con brusquedad; pero Sin-yul reaccionó a la velocidad de un rayo, sujetándolo firmemente de la barbilla para inmovilizarlo mientras paseaba sus dedos de forma meticulosa por su lengua, sus dientes, el paladar y las paredes internas de sus mejillas.
—Primero te quedas espiando cómo me baño, y ahora de la nada te pones a succionar mis dedos… ¿Exactamente cómo se supone que deba interpretar tus acciones?
La saliva comenzó a escurrir por la barbilla de Hee-young mientras su rostro, completamente sometido, se encendía en un vivo tono escarlata a la par que jadeaba. En cuanto Sin-yul finalmente retiró los dedos, aprovechó la oportunidad para plantarle un rápido beso directo en los labios, lamiendo el rastro de saliva que descendía por su piel.
—¡Oye, espera… ¡Espera un maldito segundo…! ¡Deja de imaginar tonterías, infeliz! ¡Vaya! ¡Oye! ¡Un momento! ¡Este viejo admite que se equivocó!
—¿Otra vez quieres que me detenga? ¿Exactamente hasta cuándo pretendes que siga esperando? Ya no puedo contenerme más. Hee-young… ¿nos besamos?
—¡No! ¡Ah! ¡Espe-…!
Los ardientes labios de Sin-yul devoraron la boca abierta de Hee-young, silenciando sus gritos por completo. Su gruesa lengua se abrió paso en un parpadeo y, repitiendo la misma estimulación que hace un momento había realizado con sus dedos, presionó y frotó la pequeña lengua de Hee-young, mezclando sus salivas de forma implacable.
Hee-young abrió los ojos de par en par. No fue debido al impacto del beso en sí, sino porque una abrumadora y electrizante sensación comenzó a desbordarse a través de su boca, recorriendo su cuerpo como una marea violenta. Sintió un cosquilleo estremecedor que inundó su interior con una energía intangible y, a través del vaivén de sus lenguas entrelazadas, percibió cómo esa corriente fluía suavemente hacia el exterior, como el cauce de un río caudaloso. Definitivamente, esa era la percepción del guiding; un estímulo que resultaba absolutamente imposible de ignorar.
Ante el torrente de energía que lo invadía, Sin-yul continuó moviendo la lengua de forma frenética mientras exhalaba jadeos turbulentos. El calor se apoderó de todo su ser a medida que el guiding colmaba hasta el último rincón de su corazón. Sin-yul estrechó ese físico tan ligero con todavía más fuerza contra sí, incrementando la fricción de sus lenguas con desesperación. Los débiles gemidos que Hee-young soltaba al quedarse sin aliento sonaban sumamente frágiles.
«Ah… ¿qué se supone que deba hacer contigo? Mi tierno y desamparado salvador, atrapado entre mis manos… No tengo la menor intención de dejarte ir. Jamás en la vida…»
Durante los días que lo estuvo vigilando en el hospital, Sin-yul lo había escuchado repetir constantemente, como si fuera un mantra para sí mismo, que abandonaría este lugar para recuperar su propio cuerpo y regresar a su mundo original. Ya fuera que se tratara de un delirio mental o de una realidad absoluta, a Sin-yul le importaba un bledo. Sin importar lo que fuera, este hombre jamás sería capaz de escapar de su lado, ni siquiera después de la muerte. «Voy a entregarle absolutamente todo de mí, y cuando llegue el momento, incluso su propia muerte me pertenecerá», pensó Sin-yul, esbozando una sonrisa interna.
En un movimiento pausado, Sin-yul comenzó a sacudir su pelvis, frotando su miembro completamente erecto y endurecido directo contra la entrepierna de Hee-young. El chico, que había permanecido completamente abstraído por la intensidad del beso y la corriente de energía, finalmente recuperó el sentido; abrió los ojos de par en par y comenzó a soltarle manotazos desesperados en ese amplio pecho.
Tras prolongar el intercambio de lenguas de forma obstinada por un par de instantes más, Sin-yul finalmente apartó el rostro, dejando que un delgado hilo de saliva se extendiera como un filamento de plata entre sus labios antes de romperse.
—Tú… lo que estás haciendo justo ahora…
—Lo siento, se me paró. Es que mi princesa se ve demasiado sexy.
—Maldito… demente de… mier…
Hee-young estaba tan abrumado por el exceso de calor y la falta de oxígeno que la vista comenzó a ponérsele borrosa. Sintiendo una absoluta indignación ante la persistente fricción de esa calidez que continuaba moviéndose sin prisa debajo de él, el chico soltó un par de jadeos débiles antes de perder el conocimiento, sumiéndose en un profundo abismo negro.
Sosteniendo con total delicadeza ese cuerpo que acababa de quedar completamente quieto, Sin-yul continuó moviendo y frotando su pelvis de forma pausada y constante por encima de la ropa. Y en esa delgada y blanca muñeca que colgaba inerte a un costado, el indicador del reloj inteligente parpadeó en un nítido color verde, mostrando un 78%.
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