De por sí ya no tenía fuerzas y la herida le escocía, pero escuchar semejantes palabras, que eran tan absurdas que lo dejaban a uno sin aliento, hizo que su mente se quedara en blanco.
«¿Qué… qué cosa? ¿Besos? ¿Acto sexual? ¿Que t-tenga sexo? ¿Con un hombre?»
Con los ojos abiertos de par en par por la pura estupefacción, Hee-young murmuró para sus adentros, preguntándose si había escuchado bien o si se trataba de una alucinación auditiva:
—¿Acaso todos se volvieron locos…? ¿Qué demonios se supone que debo hacer?
—El guiding…
—Qué guiding ni qué ocho cuartos, carajo… No me vengan con la pendejada de que tener sexo es hacer guiding…
«Pero si lo entendió a la perfección…». Los empleados se quedaron parados con la mirada perdida. Al no tener la menor idea de cuál era el problema exacto del paciente, el silencio volvió a apoderarse de la habitación.
—A ver, mocosos. Este viejo les va a dar un consejo muy serio.
—¿Eh? Sí, claro…
«Está bien, pasemos por alto todo lo demás. Aunque todavía tengo mis dudas, aceptemos por un demonio que esa locura de que hay tipos con superpoderes que lanzan fuego y vuelan, y que hay otros que con solo sobarlos los curan por completo, es real. Pero, a ver… ¿Qué? ¿Hombres teniendo qué entre sí? ¿Sexo, en serio?»
Al ver las expresiones de desconcierto de los empleados, Hee-young se tragó un suspiro y continuó hablando:
—Deberían ir a visitar a un psiquiatra. Hoy en día, tener un problema mental no es algo que se deba ocultar ni es algo malo. Si uno está enfermo, debe recibir tratamiento en lugar de esconderlo… Bueno, tampoco es que lo estén escondiendo… En fin, ¿acaso creen que se van a curar si lo dejan así como así?
«¿De qué demonios habla? ¿Se está proyectando?». Los empleados ladearon la cabeza, confundidos.
—Y no vayan por ahí diciendo esas cosas tan raras a la ligera. A ver, yo soy un viejo que ya ha visto de todo en esta vida, cosas buenas y malas, así que no pasa nada; pero si van con esas estupideces a otra parte, los van a denunciar y van a terminar en la cárcel. Son unos jovencitos, ¿por qué querrían arruinarse la vida de esa manera? ¿Eh?
—No entiendo muy bien a qué se refiere…
—O a lo mejor… ¿Creen en esas cosas? ¿Es una secta? Sea lo que sea, no vuelvan a pararse por ese lugar que les metió esas ideas en la cabeza.
«Pero si es nuestro trabajo…». Cuando las expresiones de los empleados se volvieron cada vez más extrañas, Hee-young interrumpió su discurso.
A ver, ¿era en serio?
—¿De verdad? ¿Me están diciendo que todos esos malditos Espers y Guías hacen eso?
—¿Disculpe…? ¿Hacer guiding?
—¡Hablo de tener sexo, carajo! ¡Sexo! —exclamó Hee-young, temblando de pura indignación.
Ya habría sido suficiente para dejarlo estupefacto si de la nada le hubieran traído a una mujer desconocida para pedirle que tuviera relaciones con ella, pero ¿esto? Hee-young se presionó las sienes con los dedos. Le dolía la cabeza.
A pesar de su antiguo título de mafioso, Hee-young era bastante conservador en lo que respecta al tema de la intimidad. Por supuesto, viniendo de ese ambiente, lo de “conservador” era relativo y solo en comparación con quienes lo rodeaban, pero él nunca había sido de los que llevaban una vida promiscua como los otros miembros de la organización. Además, aquello no era algo que naciera del afecto; la sola idea de que le exigieran un acto sexual como si fuera una simple tarea laboral le provocaba un profundo rechazo desde lo más profundo de su ser.
—Ah… S-se asustó por lo del guiding a través del acto sexual. No se preocupe, no todas las parejas llegan a esa instancia.
¿Quizá un 0.001% de ellas? Así debía ser. Después de todo, no era imposible encontrar parejas que lograran mantener una relación de pura amistad, superando la aterradora obsesión del Esper.
Sin embargo… Los empleados se tensaron al recordar a Sin-yul, quien había estado en la habitación hasta hace un momento. Esos ojos dorados que miraban a Hee-young transmitían una posesividad y un deseo desbordantes. A juzgar por el estado de Sin-yul, quien no había dudado en manosear el cuerpo desmayado del chico y deslizar las manos bajo su ropa para acariciar su piel, era evidente que intentaría devorárselo en cuanto se oficializara la pareja.
—¿De verdad? A ver, en estos tiempos de crisis por la baja natalidad, ¿dos hombres haciendo eso? Ja.
—¿Baja natalidad…? No, es que las relaciones entre personas del mismo sexo…
Los empleados no tenían idea de a qué país se refería con lo de la crisis de natalidad, pero al menos la República de Corea jamás había registrado un problema semejante en su historia. Al contrario, el mundo entero había sufrido por la sobrepoblación hasta que la aparición de las mazmorras, los Espers y los Guías provocó un caos global que terminó regulando el número de habitantes a una cifra ideal. A partir de ahí, la sociedad comenzó a promover el amor libre y sin restricciones, lo que dio origen a la comunidad moderna, abierta y libre de prejuicios en la que vivían. Claro que todo esto ellos lo sabían por los libros de historia, no porque lo hubieran vivido.
Al ver a Hee-young soltar discursos dignos de un antepasado de la era de las cavernas, tratando ideas tan anticuadas como si fueran verdades absolutas en lugar de usar el sentido común básico, los empleados soltaron un profundo suspiro. «La que te espera, Sin-yul… Te queda un larguísimo camino por recorrer».
Cuando los empleados volvieron a suspirar como si no lograran darse a entender, Hee-young sintió que la cordura se le escapaba por completo. «¿Cómo demonios funciona este maldito mundo de locos…?». Su cerebro parecía estar a punto de colapsar por una sobrecarga de información.
—Miren, por ahora… por ahora ya estuvo bien. Salgan todos.
—Este, espere un momento…
—No, mañana me siguen contando. Mañana… Este viejo está cansado.
Al ver aquel cuerpo frágil temblar levemente y mostrar un rostro tan decaído, los empleados sintieron una punzada de compasión en el pecho. Un joven tan hermoso como un elfo estaba ahí, temblando con el rostro pálido como el papel mientras decía que estaba exhausto; era imposible que alguien no sintiera lástima por él.
—Está bien… Descanse, por favor. Volveremos mañana.
—Haa…
Moviéndose a toda prisa con evidente timidez, los empleados le acomodaron la cama a Hee-young antes de salir. Una vez que cerraron la puerta con sumo cuidado tras haber estado pendientes de cada una de sus reacciones, el silencio se apoderó de la habitación. Hee-young cerró los ojos con el rostro completamente fruncido, sintiendo un fastidio absoluto por todo lo que le rodeaba.
***
Tal vez el estrés acumulado en su frágil cuerpo había sido demasiado, porque poco después de que la gente se marchara, el eco de una respiración suave y acompasada comenzó a resonar en la habitación. Con el leve crujido de la puerta abriéndose con sumo cuidado, un hombre de enorme complexión entró en el lugar, parpadeando lentamente con sus brillantes ojos dorados. Sus largas piernas cruzaron el dormitorio con zancadas firmes y desinhibidas, pero sus movimientos eran tan sutiles que no producían el menor ruido.
Sin-yul se quedó contemplando en silencio aquel rostro pálido con los ojos cerrados. Movió la mano en el aire, trazando una línea que iba desde la frente descubierta del chico hasta la punta de su nariz redonda, rozándolo apenas sin llegar a tocarlo. Cuando el esbelto cuerpo de Hee-young se contrajo levemente para dar una vuelta en la cama, la mano de Sin-yul tembló de forma casi imperceptible; tras un instante de vacilación, entrelazó sus dedos con los de la delgada mano del joven.
—Haa…
A través de las manos unidas, la intensa energía del guiding de Hee-young comenzó a desbordarse y a fluir hacia su cuerpo. El simple hecho de tomarlo de la mano ya era una experiencia excesivamente dulce. Sin-yul cerró los ojos y se puso de rodillas junto a la cama, encogiéndose para acercar su cuerpo lo más posible al de Hee-young.
Tras quedarse mirando fijamente los dedos blancos y delgados que se movían sutilmente dentro de su mano, Sin-yul se metió el dedo índice de Hee-young a la boca y lo succionó con la lengua. En cuanto la piel entró en contacto con las membranas mucosas de su boca, una oleada torrencial de guiding lo invadió, haciendo que su cuerpo se estremeciera por completo. Para evitar que Hee-young se despertara, se esforzó al máximo por contener su respiración acelerada, exhalando el aire de forma baja y pausada.
Sin-yul no había estado en su sano juicio desde el preciso instante en que pisó este hospital. Bueno, en realidad, nunca lo había estado.
Desde el momento en que percibió el guiding radiante de Hee-young que, al no haber aprendido a controlar sus habilidades, había liberado inconscientemente debido al pánico y al dolor. El corazón de Sin-yul comenzó a latir con violencia y el mundo entero pareció dar vueltas a su alrededor.
Incluso con la minúscula cantidad de guiding que se había filtrado en su cuerpo en aquel entonces, experimentó por primera vez en su vida la sensación de estar completo. Ese sentimiento fue tan embriagador que Sin-yul se dedicó a buscar desesperadamente el origen de donde emanaba esa energía.
Aunque el vestíbulo del hospital estaba abarrotado de gente, los ojos de Sin-yul solo pudieron enfocar con total claridad aquella pequeña silueta empapada en sudor. El escalofrío que recorrió su cuerpo en el instante en que sus miradas se cruzaron fue tan intenso que le dejó la mente en blanco.
El simple hecho de que su salvador, aquel que lo complementaba a la perfección, existiera en este mundo era suficiente para conmoverlo hasta las lágrimas. Un dios exclusivo para él, que con un solo respiro había borrado de golpe todos esos días de terror en los que temía tener que vivir sumergido en una imperfección eterna.
Cuando retiró despacio el delgado dedo que había estado acariciando con la lengua, un hilo fino de saliva se estiró entre la boca de Sin-yul y la blanca piel del chico antes de cortarse. Incluso ese detalle resultó demasiado estimulante para él. Incapaz de contener la posesividad y el deseo que brotaban desde su interior, Sin-yul se incorporó de golpe y coló su cuerpo en el espacio vacío de la cama del hospital, la cual era bastante grande para ser una camilla de paciente.
Sin embargo, por muy amplia que fuera, seguía siendo una cama individual. En cuanto Sin-yul acomodó a la fuerza su cuerpo del tamaño de una puerta, el espacio se redujo de forma drástica, provocando que Hee-young frunciera el entrecejo con fuerza y se removiera incómodo. Sin perder ese milisegundo, Sin-yul presionó aún más su cuerpo contra el suyo, atrayendo por completo aquella frágil silueta para acunarla contra su pecho.
Al quedar completamente pegados, la energía pura y reconfortante del guiding comenzó a filtrarse y a desbordarse en su interior. Sin-yul soltó un suspiro lánguido y frotó su rostro contra la suave mejilla del chico. La sensación de tener a su Guía entre los brazos le proporcionaba una felicidad y una satisfacción tan descomunales que no existían palabras para describirla.
Si nunca hubiera experimentado esto, habría sido otra historia; pero ahora que había conocido la gloriosa sensación de tener el alma completamente llena, Sin-yul supo por instinto que jamás sería capaz de regresar a su vida de antes.
—Soy tuyo… Incluso cuando llegue mi hora de morir, quiero morir por tu mano…
Sus ojos dorados parpadearon lentamente. Como si todos esos años en los que padeció de insomnio crónico debido al vacío energético hubieran sido una vil mentira, Sin-yul comenzó a quedarse dormido poco a poco, disfrutando de la cálida y acogedora sensación del cuerpo que se acurrucaba en su regazo.
***
—Señor Yoo Hee-young, ¿logró dormir bien?
—…
—¿No tuvo ninguna molestia durante la noche?
—…¿Acaso no ves lo incómodo que estoy ahora mismo?
Con un tono de voz lleno de incredulidad, Hee-young le respondió al médico mientras señalaba con el dedo la camilla. Desde primera hora de la mañana, los empleados del Centro habían estado apilando y extendiendo sobre su cama, uno tras otro, una enorme cantidad de artículos sobre Espers y Guías, noticias grabadas de los informativos matutinos, libros y hasta tesis doctorales. A pesar de haber dormido más de diez horas, sentía el cuerpo extrañamente pesado y dolorido, lo que ya de por sí lo tenía de mal humor; y para colmo, la insistencia de los empleados en que leyera todo eso para que “por favor les creyera”, bloqueándole el espacio para poder recostarse a gusto, lo tenía furioso. Sin embargo, el médico se limitó a revisar el historial clínico antes de responder con optimismo:
—Me enteré de que estuvo conversando con el personal del Centro hasta altas horas de la noche; veo que ya ha comenzado a recordar los conocimientos sociales básicos. Ahora que ha manifestado sus facultades como Guía, me parece excelente que muestre una actitud tan proactiva para aceptar su nueva realidad. Todo marcha bien.
—¿Con que todo marcha bien para ustedes? Pues para mí no.
Ante la respuesta cargada de irritación de Hee-young, los empleados que habían entrado a la habitación desde temprano comenzaron a murmurar a espaldas del médico: —Doctor, en realidad no recuerda nada… Como se negaba rotundamente a creernos, solo se los dejamos ahí para que los leyera por su cuenta…
—Ah, ya veo…
El médico asintió con la cabeza en señal de comprensión, pero al ver que no tomaba ninguna medida al respecto, Hee-young comenzó a temblar de pura rabia.
Había recuperado el conocimiento al despertar con la ferviente esperanza de encontrarse de nuevo en su cuerpo original, pero nada había cambiado; y tener que escuchar explicaciones y leer textos tan descabellados que rozaban la demencia lo tenía al borde de la asfixia. Incluso haciendo un esfuerzo sobrehumano por intentar comprender la situación, la idea de ver qué se supone que debían hacer dos hombres entre sí… en fin, a estas alturas, que le dijeran que solo tenían que tomarse de las manos y abrazarse ya empezaba a parecerle una bendición del cielo.
Desde ese instante, su paciencia empezó a evaporarse por completo. Aunque los empleados insistían en que era real, la verdad era que Hee-young no les creía ni una sola palabra. «¿Superpoderes? ¿Curarse con el simple contacto de la piel?». Al principio se había burlado de todo aquello con total desdén. Sin embargo, al revisar los artículos que los empleados le trajeron como prueba, los noticieros que le sintonizaron, los diversos artículos científicos, las entrevistas y los libros, se quedó completamente estupefacto, sintiendo como si le hubieran acomodado un golpe tremendo en la nuca.
A ver, es que era lo más normal del mundo enfurecerse si uno se despertaba de la nada en el cuerpo de un jovencito desconocido, sin un solo centavo en el bolsillo, convertido en un dichoso Guía o lo que fuera, y recibiendo exigencias que desafiaban toda lógica. Perdiendo los estribos, Hee-young arrojó los papeles con fuerza directo hacia el médico.
—¡No me jodan, carajo! A ver, la gente puede estar loca, ¿pero cuál es el maldito límite? ¿Eh? El paciente está aquí tirado, jodido de dolor, y ustedes solo vienen a traerle papeles con pendejadas para estresarlo. Unos diciendo estupideces y los otros parados ahí mirando sin hacer nada. ¡Es que de verdad esto ya es el colmo del absurdo!
—Señor Yoo Hee-young.
—¡Pónganse a pensar con sentido común! ¡Con una pizca de maldito sentido común! Resulta que, por el dichoso guiding, dos hombres tienen que andar pegados el uno al otro. Y se supone que con eso un tipo que se está muriendo se cura por arte de magia. ¡Eso es estar demente! ¡Están completamente locos de remate! ¿Qué? ¿Espers? ¿Habilidades especiales? ¡Ya párenle a su teatrito, carajo! ¡Antes de que los denuncie a todos y haga que los encierren en el manicomio!
—Señor Yoo Hee-young, por favor, tranquilícese.
—¡¿Y cómo quieres que me tranquilice?! Una cosa es que me vean la cara de idiota y otra muy distinta es esto. A mí me clavaron un puñal en el estómago, ¡no en el cerebro! ¿Eh? ¡¿Por qué carajos todos aquí no hacen más que decir puras pendejadas?!
Hee-young respiraba de forma agitada, resoplando con violencia. Su rostro pálido se había encendido con un tono rojizo debido a la furia.
—Se…Señor Yoo Hee-young.
—¡Que te dije que ese no es mi maldito nombre!
—Sin embargo, ya se miró en el espejo, ¿cierto? ¿Acaso el rostro que vio era el suyo?
—…
La boca de Hee-young se cerró de golpe.
—Por lo que acabo de escuchar, parece que está experimentando una gran confusión debido a que el sentido común de este lugar no coincide con el suyo. ¿A qué cree que se deba eso?
—¡¿Yo qué voy a saber?! ¡Eso deberían saberlo tú que eres el médico, o esos tipos con superpoderes o lo que sean!
Con el cuerpo aún temblando por la agitación, Hee-young cerró los ojos y soltó un largo y profundo suspiro. Se frotó los ojos con fuerza con una mano. El dueño de este cuerpo era tan debilucho que con solo gritar un poco ya sentía mareos y se estaba quedando sin energías.
En cuanto aquella voz juvenil y frágil dejó de vociferar, un silencio sepulcral volvió a inundar la habitación del hospital. Hee-young exhaló el aire con fuerza. Haber estallado lo ayudó a desahogarse un poco, pero dado que la realidad seguía siendo exactamente la misma, se mordió el labio inferior con frustración.
Despertar en otro mundo y en un cuerpo ajeno… Aunque intentara quedarse aquí por el momento para buscar la forma de regresar, aceptar semejantes sandeces a sus casi cincuenta años de edad le estaba resultando una tarea titánica.
Se pasó las manos con rudeza por el rostro, frotándose la delicada piel. Ahora que el dolor físico lo estaba haciendo entrar en razón y sintiendo que tal vez se había dejado llevar demasiado por la ira, Hee-young habló con la voz notablemente apagada:
—Ah… Este… Les pido una disculpa. Es que desde ayer no he hecho más que escuchar puras cosas descabelladas, ¿a poco no se le reventaría la bilis a cualquiera? Solo dígame la verdad, doctor. Incluso si me dice que el que está loco soy yo y no ellos, haré el esfuerzo de aceptarlo. Porque es evidente que nada de lo que está pasando aquí es normal.
Ante las palabras de Hee-young, el médico titubeó y dejó escapar un leve murmullo de duda. El paciente no estaba del todo estable y seguía mostrando una conducta bastante defensiva… Sin embargo, en ese preciso momento, Hee-young apartó la mano con la que se frotaba la frente debido al dolor de cabeza y clavó la mirada directamente en el doctor. No era la mirada del asustadizo y vulnerable Yoo Hee-young, sino la mirada templada y severa de Ryu Gwan-tae, un hombre que ya había sobrevivido a mil batallas en la vida.
El médico contuvo el aliento, aclarándose la garganta un par de veces para elegir las palabras correctas antes de hablar con sumo cuidado:
—Sí… Le daré mi diagnóstico formal como médico a cargo. En este momento, usted, señor Yoo Hee-young, está lidiando con un cuadro severo de estrés postraumático que le está provocando una confusión temporal. Consideramos que un episodio de disociación postraumática o un trastorno mental severo ha intervenido como una fase intermedia, desencadenando su condición actual. En términos más sencillos… la confusión que está experimentando el señor Yoo Hee-young es, en realidad, un tipo de trastorno psiquiátrico.
—¿Cómo dices…?
«¡No me jodas! ¿Me están diciendo que el que de verdad perdió la cabeza fui yo?»
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