Una extraña tensión flotaba sobre la familia Blake.
La razón era que, por algún motivo, el sinvergüenza de Ian Blake se había pasado todo el día correteando de un lado para otro por la mansión.
Un tipo como un explosivo defectuoso que podía estallar en cualquier momento.
Esa era la imagen de Ian que se había grabado en la mente de los sirvientes, por lo que todos temblaban de ansiedad ante la posibilidad de que surgiera algún problema.
Sin embargo, hoy había algo extraño.
«¿Ese jabalí pasó arrasándolo todo y no rompió absolutamente nada?»
Ni personas ni objetos. No había destrozado ni una sola cosa.
Parecía que ya habían pasado unos diez años desde la última vez que un lugar por el que aquel sinvergüenza había arrasado quedaba así de tranquilo.
¿Cómo no iban a inquietarse?
Los sirvientes no podían ocultar su ansiedad, convencidos de que, sin duda, algo tenía que estar pasando.
¿Qué accidente tan grande estaría a punto de provocar para comportarse así?
Todos contenían la respiración y se limitaban a observar con cautela.
En medio de aquella situación, Ian Blake rompió todas sus expectativas y se encerró tranquilamente en el estudio.
—A este paso, mañana el sol saldrá por el oeste. Ja, ja. Ni siquiera tiene gracia.
En el jardín de la mansión, en algún rincón apartado, Harrison, el mayordomo, dejó escapar una risa seca.
Frente a él, que se sostenía la frente mientras reflexionaba sobre algo, se encontraba un corpulento hombre de mediana edad y facciones marcadas.
Rudo.
No había una palabra más apropiada para describir a aquel hombre.
—Gren, ¿qué deberíamos hacer ahora?
—…
El corpulento hombre llamado Gren.
Gren Maiden, capitán de la Compañía Mercenaria Gren, miró fijamente a Harrison desde arriba y habló en voz baja:
—¿Por qué le preguntas eso a un simple mercenario?
—Tsk, ¡porque estoy frustrado! ¡Frustrado! Eres más cerrado que una maldita pared. Tú también necesitas dinero, ¿no? ¡Así que piénsalo seriamente! Ahora sí que no tenemos tiempo. ¡Nada de tiempo!
—Qué frustrante. Si ibas a apremiarme así, no deberías haberme detenido aquella vez.
—¡Mira nada más! ¿Sabes lo que habría ocurrido si no te hubiera detenido allí? Por muy hijo de puta que sea, ¡sigue siendo un noble! ¡Un noble! ¿Y tú ibas a acercarte y ponerte a blandir la espada delante de todo el mundo?
Ja…
—No hace falta verlo para saberlo. ¡Precisamente por eso estoy pasando por todas estas molestias! Ah… Ahora sí que no nos queda tiempo de verdad…
Harrison suspiró una y otra vez; sin embargo, Gren tampoco le dio esta vez una respuesta satisfactoria.
Más bien, se burló de él.
—Que no te quede tiempo es una consecuencia que tú mismo provocaste, ¿no? Después de todo, fuiste tú quien vendió la información sobre la muerte de Benon Blake.
—Je, je… La paga por la información fue bastante jugosa, ¿verdad? ¡Bah! ¿Cómo iba a contenerme cuando ofrecían tanto? Si tenías alguna queja, debiste decirla entonces. ¿Por qué? ¿Quieres que ahora te dé unas cuantas monedas sueltas?
—Hmph, no las necesito. No sigo aquí para embolsarme esa clase de miseria.
—Ay, claro que no.
Una comisura de los labios de Harrison se curvó hacia arriba.
La razón por la que Gren Maiden todavía permanecía en la maldita familia Blake.
Cuando Harrison sonrió ampliamente, dejando entrever que conocía sus verdaderas intenciones, recibió de vuelta una sonrisa idéntica.
—No creo que este sea el momento de seguir haciéndote el difícil. Tal como dijiste, no queda tiempo. Los ‘Vengadores’ que han olido la situación ya deben de estar reuniéndose en Wade Wesley.
—Ugh… Cuando dices Vengadores, te refieres a los Avengers 1de cada raza, ¿verdad? Joder… Solo oír esa palabra hace que me tiemblen las piernas.
—Hmph. Y eso que dices haber afrontado ese terror en persona, pero sigues moviéndote con una lentitud desesperante. ¿Ahora que eres viejo ya no te importa seguir con vida? Aunque, viendo que sigues tan cegado por el dinero, tampoco parece que sea eso.
—Mira nada más cómo hablas. No es eso ahora mismo… Ah… ¿Cómo debería explicarlo? Es decir… —Harrison miró nerviosamente a su alrededor. Después, bajó la voz con cautela—: Ese cabrón debe de haber comido algo que le sentó mal, porque está un poco… No. Está muy raro.
—… ¿Acaso es cosa de uno o dos años que Ian Blake se comporte de manera extraña? Ese bastardo siempre ha sido raro. Parecía un imbécil y se comportaba como un idiota.
—¡Ah, eso ya lo sé! ¡Lo sé, pero no es eso!
—… ¿Qué estás intentando decir?
—¡Te digo que ni yo mismo sé explicarlo! Si antes era un imbécil raro, ahora es como si… Como si…
Justo cuando inclinaba la cabeza en busca de la palabra adecuada:
—¡Harrisooooooon!
Una voz conocida resonó desde un lugar no muy lejano.
Era, sin duda, Ian Blake.
—¡Ah, maldito sinvergüenza sin pizca de tacto! ¡Me había esforzado tanto en evitarte durante todo el día!
Harrison apretó los dientes. Miró rápidamente a su alrededor, buscando un sitio donde ocultarse.
Sin embargo, Ian apareció un poco antes de que él pudiera esconderse.
—¿Así que estabas aquí? Llevo un buen rato buscándote.
Una de las comisuras de sus labios se torció juguetonamente en una amplia sonrisa.
—S-señor Ian. Ja, ja.
Harrison tragó saliva sin darse cuenta. Como un ratón frente a un gato.
—Oh, Gren también estaba contigo.
—…
Ian saludó ligeramente a Gren con la mano. Aun así, no obtuvo ni la más mínima reacción.
—Qué rígido —murmuró Ian en voz baja—. Al menos podrías fingir que te alegra verme, ¿no?
—…
Gren inclinó por fin la cabeza hacia arriba y hacia abajo.
Teniendo en cuenta la diferencia de estatus entre ambos, era algo inconcebible, pero Ian dejó pasar aquella descarada falta de respeto con una sonrisa.
—Bueno, supongo que algún día tendremos ocasión de hablar en profundidad. En cualquier caso, ya estrecharemos lazos más adelante. Harrison.
—¿S-sí?
—¿Por qué te sorprendes tanto? No es nada especial. Tengo algo que hacer, así que prepáralo todo.
—¿Cómo? ¿A estas horas……?
—¿Por qué? ¿No puedo hacer nada a estas horas?
—¡N-no es eso!
—Si no es eso, ¿por qué replicas todo lo que digo? Ahora que lo pienso, ¿no estás poniéndome peros a cada momento? ¿Te parezco fácil de tratar?
—¡No! ¿Cómo podría yo…? ¿Cómo me atrevería?
Sus pupilas temblaban como en un terremoto y sus dos brazos, sin saber dónde colocarse, daban lástima.
Al verlo agitarlos como uno de esos muñecos inflables de los eventos, Ian soltó una risita.
—Bah, era broma, era broma. Solo lo dije para poder reírnos un poco.
—Ah…
—Te digo que lo dije para echarnos reinos, pero no lo estás haciendo.
—¡Ja, ja, ja, ja, ja, ja, ja!
—Eso es, eso es. Muy bien. Nuestro mayordomo sí que es todo un veterano. Entonces… supongo que también te encargarás del trabajo como un veterano, ¿verdad?
Fiu.
Un documento salió de la mano de Ian y revoloteó por el aire. Harrison se apresuró a atraparlo y lo sostuvo en la mano.
—… ¿Qué es esto?
『 Orfanato Esperanza: desglose de donaciones 』
—Estaré descansando en mi habitación, así que prepáralo todo igual que la última vez. Te daré… quince minutos. Entonces, me quedaré esperando~
—¡E-espere…!
Parecía que nunca había tenido intención de escuchar su respuesta. Tras dejarle un documento y un límite de quince minutos, Ian se dio media vuelta sin más.
A causa de ello, el inocente documento quedó hecho un caos, destrozado dentro del puño que Harrison apretaba con fuerza.
El hombre dejó escapar una risa seca, atónito.
—Hijo de puta, ya decía yo que no podías haber cambiado. ¿El Orfanato Esperanza? Con razón estabas tan tranquilo. Sigues sin entrar en razón después de haberte quedado ciego por una mujer. En fin…
Sacudió la cabeza, convencido de que esa era la razón por la que aquel día no había perseguido a los sirvientes como si estuviera cazando ratas. También empezó a golpear el documento con los dedos mientras despotricaba sobre lo patético que era Ian.
Entonces, de pronto, sus movimientos se detuvieron en seco.
«¿Se le habría ocurrido algo?»
La mirada de Harrison giró rígidamente hasta posarse sobre Gren.
—¡Esto es! Je, je, je, je…
En su mente comenzó a llover toda clase de ideas.
El mundo actual era un lugar verdaderamente aterrador en el que nunca se sabía qué podía ocurrir.
Por ejemplo, la rueda de un carruaje que marchaba sin problemas podía soltarse de repente por ‘mala suerte’, haciendo que el carruaje entero cayera por un precipicio.
También podía aparecer ‘por casualidad’ un monstruo que no debería encontrarse en aquel lugar y masacrar a todo el mundo.
O quizá podían sufrir un ataque ‘desafortunado’ de una banda de ladrones de identidad desconocida.
Toda clase de escenarios como esos entretenían agradablemente la mente de Harrison.
Su expresión estaba tan aliviada como si acabaran de arrancarle una muela que llevaba mucho tiempo doliéndole.
—Ya está —exclamó sin darse cuenta.
—¿Qué está?
—¡Agh!
—Te sobresaltas cada vez que alguien te dice algo. Si te hablo dos veces más, acabaré matándote de verdad. Así da miedo hasta abrir la boca.
—¡¿S-señor Ian?!
—¿Viste algo que no debías? Ah, aunque es cierto que mi cara no es muy agradable de ver.
—N-no es eso…
—Como sea. Volví porque olvidé una cosa.
—Cuando dice que olvidó una cosa…… ¿A qué se refiere?
La expresión de Harrison se endureció rápidamente. Por algún motivo, aquella sonrisa era un mal presagio.
Y cuando Ian abrió la boca, aquel presentimiento se hizo realidad.
—Después de pasar por el orfanato, iremos directamente al mercado negro de Amileur.
—¡¿Qué?!
«¡Maldito hijo de puta!»
La furia ardió dentro de él como un incendio.
Estaba claro que aquel hombre había comido algo que le había sentado terriblemente mal.
Normalmente, aunque le suplicaran una y otra vez que regresara, parecía dispuesto a instalarse para siempre en el orfanato por culpa de ‘esa mujer’. Sin embargo, hoy todas sus acciones, desde la primera hasta la última, contradecían las expectativas.
«¡Tranquilízate, tranquilízate! Todavía tenemos una oportunidad. Solo hay que impedir que la carta solicitando participar llegue a Amileur. Así, las sombras de Amileur no aparecerán para escoltarlo y podremos hacer que el plan tenga éxito de alguna manera.»
Para conseguirlo, primero tenía que interceptar a mitad de camino la carta dirigida a Amileur.
—¡E-entendido, señor Ian! Yo mismo me responsabilizaré de enviar a Amileur la carta de participación…
—¿Hm? No hace falta. Ya la envié.
—… ¿Qué quiere decir?
—Que ya envié la carta. Así que no tienes que preocuparte.
—…Ah.
La boca de Harrison quedó abierta, estupefacta.
¿Quién demonios se había ofrecido a hacerle el recado a Ian?
¿Todavía quedaba en la familia Blake alguien dispuesto a obedecer al pie de la letra las órdenes de aquel sinvergüenza?
No haber recibido ningún informe hizo que sus pensamientos se enredaran infinitamente.
—¿Por qué pones esa cara?
—Ah, es que… no recibí ningún informe al respecto…
—Oh… Sabía que eras muy diligente. Por eso me encargué personalmente, para evitar que Harrison tuviera más trabajo. Le dije que fuera directamente, sin detenerse en ninguna parte. ¿No soy digno de elogio?
—S-sí… lo es.
—Así es, puedes alegrarte todavía más. En fin, date prisa con los preparativos. Vaya, ¿ya han pasado cinco minutos mientras hablábamos? Ahora solo te quedan diez, ¡Ja, ja, ja, ja!
Esta vez, Ian se echó a reír con fuerza y desapareció dentro de la mansión.
En ese instante resonó un ruido tan feroz que hizo temer por la salud de las encías de Harrison.
Crac.
No se le habría roto ningún diente, ¿verdad?
—Ese maldito lunático… Si las cosas siguen así, por lo menos no podremos tocarlo hasta que cierre el mercado negro esta noche… ¡Ugh! ¡Gren! Lo viste, ¿verdad? ¡Te dije que había algo extraño!
—…
—¿Gren?
Al no oír una respuesta, Harrison volvió ligeramente la cabeza y vio que Gren mantenía la mirada fija en algún sitio.
No era otro que el lugar por el que Ian había desaparecido.
Gren lo contempló en silencio y dejó escapar un pequeño murmullo, con una expresión complicada. Sin embargo, aquello solo duró un instante. Tras recuperar su habitual expresión rígida, se dio media vuelta de inmediato.
—…No es nada. Entonces yo también iré a prepararme.
—¿Eh? ¿Eh? ¡Espera! ¡Argh! ¡Maldito cerdo musculoso y huraño! ¡No me agrada ninguno de los dos!
Mientras observaba la espalda de Gren alejándose a grandes zancadas, Harrison gritó con furia.
—¡Argh!
Su voz, tan fuerte como la ira que hervía en su interior, llenó el jardín. Y cuanto más aumentaban los decibelios de aquella voz, más deprisa se movían los sirvientes.
Gracias a eso, no tardaron mucho en satisfacer las exigencias de Ian.
Antes de que se dieran cuenta, un carruaje de cuatro ruedas extremadamente lujoso se encontraba detenido frente a la gran mansión.
Detrás de él se alineaban varios carros de carga repletos de alimentos, ropa y otros artículos.
La escolta quedó a cargo de la Compañía Mercenaria Gren, encabezada por Gren Maiden.
—De verdad tardaste diez minutos. Buen trabajo.
Ian le dio un par de palmadas en el hombro a Harrison, que estaba empapado en sudor frío, y subió directamente al carruaje.
Por un momento, Harrison pareció murmurar algo entre dientes, pero esta vez Ian no se molestó en buscarle pelea.
«No tengo tiempo para eso ni margen de sobra. Si ya me falta tiempo, tendré que utilizarlo con eficiencia.»
Fuuu…
Ian se hundió en el mullido sofá y volvió la cabeza hacia la ventanilla, como si algo tirara de él.
A lo lejos podía verse la enorme entrada principal de la residencia Blake.
Ian dejó escapar un largo suspiro y respiró profundamente.
«Bien, mantengámonos muy alerta.»
Mientras reafirmaba su decisión:
—¡Partimos!
El grito del cochero resonó desde el exterior del carruaje, seguido por el resoplido de los caballos.
El carruaje avanzó como si se deslizara, y el paisaje del otro lado de la ventanilla también comenzó a cambiar poco a poco.
El destino al que se dirigía el grupo de Ian era el Orfanato Esperanza, una pequeña iglesia situada en las afueras.
╬ ▪ ╬ ▪ ╬
«Parece que también se gastaron una buena fortuna en este carruaje.»
Creo que sentí exactamente lo mismo cuando alguna vez me subí al Génesis G80 2 de un amigo.
Suave, estable y cómodo.
Pero esto no era un automóvil moderno, sino lo que solemos llamar un carruaje medieval.
Aun así, si podía ofrecer una comodidad tan parecida a la de un producto moderno, ¿qué otra cosa podía ser sino el poder del dinero?
«Ahora que lo pienso, el dinero sí que es bueno. Tanto aquí como allá.»
Hay una frase célebre que dice que el dinero no puede comprar la felicidad.
Es una frase que genera opiniones divididas, pero yo pienso lo siguiente:
«Si el dinero no puede comprar la felicidad, habría que comprobar si el problema no será que falta dinero. Aunque sea una mierda, ¿qué se le va a hacer si así funciona el mundo?»
Esa es también la razón por la que yo pregono el YOLO.
Porque quiero ser feliz.
Sin ninguna preocupación.
«Pero ahora mismo no puedo. Por desgracia.»
Aunque viajaba en un carruaje tan bueno como este, mi cuerpo estaba cómodo, pero mi corazón se sentía tan incómodo como si tuviera unas ganas insoportables de ir al baño.
El paisaje nocturno de Wade Wesley se veía por la ventanilla.
Alrededor del lago, sobre el que ya había caído el sol, las luces empezaban a encenderse una tras otra. Pronto, una infinidad de ellas cubría el lugar y componía una vista espectacular.
Aunque contemplaba una escena a la que la expresión “rebosante de vida” le quedaba a la perfección, un suspiro escapó de mis labios sin que dijera una palabra.
No poder disfrutar tranquilamente de aquel hermoso paisaje. Eso era lo único que lamentaba.
«…No hay nada, ¿verdad?»
Aunque intentaba evitarlo, mi mirada recorría los alrededores sin descanso.
Un monstruo podía saltar desde algún sitio.
El carruaje podía sufrir una avería de repente y precipitarse por un acantilado.
No sabía qué podía ocurrir, así que no podía bajar la guardia con facilidad.
Por suerte, ya había contratado por adelantado un “seguro” llamado Amileur.
Gracias a eso, no se percibía ninguna señal fuera de lo normal.
«Los mercenarios también están tranquilos.»
Desde su punto de vista, sin duda esta debía de ser una oportunidad, pero no hacían ningún movimiento digno de mención.
Parecía que el nombre de Amileur ejercía una influencia considerable en este lugar.
Justo cuando empezaba a sentirme algo más tranquilo:
—…
Mientras observaba los alrededores, mi mirada se cruzó con la de Gren Maiden.
Le sonreí ampliamente a propósito y después aparté la vista de inmediato.
Una de las razones por las que evitaba enfrentarme innecesariamente con Gren era que todavía no había decidido claramente qué postura adoptar respecto a él.
El Gren Maiden actual era… Sí, difícil de definir.
No sabía si era un enemigo o un aliado.
«Supongo que podría decirse que es exactamente lo que parece.»
Sus estadísticas eran buenas y sus rasgos también.
La sección de potencial, que había podido consultar por primera vez al subir de nivel la habilidad de Evaluación, también podía considerarse especial en comparación con la de los demás mercenarios.
«Potencial… Ah, aquí está la explicación. Cuanto mayor sea el rango de potencial, mayor será la capacidad de desarrollo que todavía queda para el futuro. Si tiene rango C, ¿eso supondría entre 10 y 15 puntos más sobre sus estadísticas actuales?»
Con solo añadir eso… Uf, sería un auténtico monstruo.
Por ejemplo, si lo comparábamos con los otros mercenarios pertenecientes a la Compañía Mercenaria Gren, había una diferencia superior a treinta puntos en cada una de las estadísticas de fuerza, agilidad y resistencia.
Además, el potencial de los otros mercenarios era de rango F en todos los casos. Podía decirse que el simple hecho de compararlos con él ya era una falta de respeto.
«De verdad me pregunto por qué un tipo así estaba del lado de los traficantes de esclavos.»
Precisamente por eso, Gren Maiden era un individuo sumamente codiciado. Si aceptara ponerse de mi lado, sería alguien increíblemente confiable.
Sin embargo, pese a sus elevadas estadísticas, había otra cosa que me hacía inclinar la cabeza con desconcierto.
«Mira esto. Volvió a cambiar.»
No sé por qué, pero su disposición cambia cada vez que la observo.
Podría decirse que alterna constantemente entre neutral y hostil. Por añadir un dato más, todavía esta mañana su disposición era hostil.
«De verdad no tengo ni puta idea de qué pretende este cabrón. Mmm…»
Pensé que algún día tendría que reservar tiempo para sentarme a hablar seriamente con él. Claro que eso sería siempre y cuando no acabáramos cruzando las espadas antes.
«Es evidente, pero antes de eso debería investigar a fondo a ese hombre llamado Gren Maiden, ¿verdad?»
Ya fuera mediante un traficante de información o alguien cercano a él.
Si excavaba lo suficiente, seguramente encontraría algo. Hasta entonces, no me quedaba más remedio que tener cuidado por mi cuenta.
«Entonces… de momento, concentrémonos primero en esto.»
[Misión secundaria n.º 10]
[Donación (?/?): Cuando realizas una buena acción mediante una donación, obtienes una cantidad determinada de puntos de estadísticas proporcional a la cantidad de bienes empleados en dicha buena acción.]
Hoy entraría en el mercado negro de Amileur.
No sabía qué podría ocurrir allí.
Por eso pensaba conseguir tantos SP como me fuera posible antes de entrar en el mercado negro.
De todos modos, estaba de camino, así que no había ningún problema con la ruta.
«Ah, ya empieza a verse.»
Mientras ponía en orden mis pensamientos, el Orfanato Esperanza comenzó a divisarse en la distancia.
Parecía que justo era la hora de cenar, pues podía verse humo elevándose sobre la chimenea.
«…Parece que vine en un momento bastante inoportuno.»
En aquel instante, mi estómago reaccionó con solo pensarlo.
«Ya empezó esta mierda. Ya empezó.»
Fuuu…
«Por favor, aguanta un poco más. Te prometo que conseguiré un esclavo capaz de detectar venenos. Después de eso te atiborraré hasta que revientes. Por favor… Por favor, aguanta solo por hoy.»
Mientras me sujetaba el estómago, que de tan vacío había empezado a dolerme, e intentaba calmarlo a la fuerza, sentí que el carruaje reducía poco a poco la velocidad.
Al mismo tiempo, la silueta de una pequeña iglesia apareció al otro lado de la ventanilla cuadrada.
El Orfanato Esperanza.
Por fin había llegado al primer destino.
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