El viernes, Yu Cheng recibió las entradas que le había enviado su hermano. Con calma, comenzó a planificar las actividades del día siguiente.
“Qin He, mañana iré a tu casa a recogerte y también visitaré a la tía.”
Yu Cheng hizo todo lo posible por acercarse a Qin He.
Él cubrió todos los gastos de transporte para las clases particulares de Qin He, e incluso le llevó regalos al visitarlo en su casa la primera vez que lo llevó a su hogar.
El hecho demuestra que, aunque Yu Cheng no es bueno estudiando, es particularmente bueno actuando, lo que le dio a Qin Wanqing una muy buena primera impresión.
Tenía un toque de esa dulzura encantadora de cuando era niño. A decir verdad, salvo cuando era pequeño y le adulaba los oídos a sus padres para que le compraran una consola de videojuegos, Yu Cheng rara vez había sido tan empalagoso con sus palabras.
Esta era probablemente la única vez desde que cumplió los diez años que hablaba como una persona decente.
No deja de elogiar a Qin He, lo que le provocó un tic en los ojos. Son pocos los padres a los que no les gusta oír elogios sobre sus hijos.
Qin Wanqing inmediatamente tomó su mano y quiso que se quedara a cenar esa noche.
Hacia esta persona que era bien parecida, de buen carácter y, además, el único amigo de su hijo.
Qin Wanqing se mostraba especialmente cariñosa y, durante la cena, no paraba de decirle a Yu Cheng que comiera más. No dejó de sonreír en toda la noche.
Ella quién conocía muy bien la personalidad de Qin He, su hijo; siempre tenía una actitud distante y fría. Por eso, al ver a este amigo, el único capaz de alterar las emociones de Qin He, se esmeró al máximo por atenderlo bien.
Qin He estaba algo incómodo o nervioso por la visita de Yu Cheng.
Para ahorrar en el alquiler, alquilarón una vivienda en las afueras, un poco más lejos, donde hay gente de todo tipo.
Los carriles estaban entrelazados de forma desordenada y no había administración de propiedades. A veces, la basura se dejaba mucho tiempo antes de que la recogieran.
Los diversos olores se mezclaban y persistían durante mucho tiempo. Por la noche, a menudo había hombres con los brazos desnudos sosteniendo una botella de alcohol, bebiendo y escupiendo, tropezando hacia un montón de basura para tumbarse.
El pasillo era estrecho y la luz parpadeaba constantemente, fallando a cada momento. Qin He aprovechaba los momentos en que le advertía sobre el camino para observar la expresión de Yu Cheng.
Estaba listo en todo momento: en cuanto Yu Cheng frunciera el ceño, soltaría la excusa que ya tenía bien preparada para que el otro se marchara.
Como un gato, escudriñaba la actitud de la otra persona, evaluando la relación entre ellos.
No quería que la otra persona viera su difícil situación, pero también tenía ciertas expectativas.
El apartamento alquilado no era grande, estaba anunciado como si tuviera dos habitaciones y un salón, pero en realidad no era así.
El dormitorio está simplemente separado del salón por una pared. Esto se hace simplemente para facilitar el alquiler del apartamento.
El lugar estaba un poco abarrotado para dos chicos que estaban a punto de cumplir 18 años.
El interior de la habitación no es muy luminoso debido a la bombilla anticuada, pero tiene una calidez única. Los muebles son todos de la casa y extremadamente sencillos.
Yu Cheng no prestó demasiada atención a la casa y su mente estaba llena de cómo dejar una buena impresión.
Esa apariencia tonta y despistada hizo que Qin He, por el contrario, soltara un suspiro de alivio.
Qin He salió de sus pensamientos, miró a la persona que tenía delante y suspiró lentamente.
“Como quieras.”
Cuando Yu Cheng terminó de hablar con Qin Wanqing y salió, Qin He estaba jugando con un gato en la entrada del callejón.
Con una sonrisa en el rostro, Qin He arrugó el papel higiénico formando una bola y la sacudió de un lado a otro.
El gato pertenece a otra persona; es un gato atigrado naranja grande, y probablemente lo estén criando demasiado bien.
Todo su cuerpo era un poco rechoncho, desde lejos era difícil distinguir sus extremidades y sus movimientos no eran muy ágiles.
Sus ojos estaban ocultos en su pelaje naranja, sus movimientos para atrapar la bola de papel eran particularmente cómicos. Cada vez que se abalanzaba sobre ella, rodaba por el suelo.
Qin He vestía un abrigo color camel, lo que le daba un aspecto mucho más amable. Soplaba una suave brisa, caían las hojas y su flequillo se mecía con ella.
Sosteniendo la bola de papel con dedos delgados, fue imposible distinguir por un instante cuál era más blanca.
Al ver al gato naranja que había estado rodando por el suelo, sonrió levemente y entrecerró los ojos con un atisbo de placer.
Yu Cheng se encontraba a dos pasos de él, mirándolo aturdido.
Qin He fue el primero en notarlo. Se guardó la bola de papel en el bolsillo, acarició la cabeza del gato naranja e intentó levantarse.
Pero de repente su rostro cambió y se agachó nuevamente.
“¿Qué pasa? ¿Te sientes mal?”
Al ver el repentino cambio de expresión de Qin He, Yu Cheng pareció un poco ansioso.
Qin He bajó la cabeza, luego la volvió a levantar, mirando a la persona frente a él sin expresión alguna.
Dijo: “Tengo las piernas entumecidas”.
La expresión de Yu Cheng fue compleja por un momento, y luego estalló en carcajadas.
La gente que estaba a su alrededor se giró para mirarlos.
Qin He cerró los ojos, apretó los dientes y dijo: “Deja de reírte, idiota”.
Entonces Yu Cheng ayudó a Qin He a levantarse, aún sin poder contener la risa. Qin He dio un pequeño salto y tardó un momento en recuperarse.
“No lo parecía, pero resulta que a los animales les caes bastante bien.”, dijo Yu Cheng, todavía riendo.
“Lo tiene alguien del callejón; yo solo se lo he dado de comer un par de veces”, respondió Qin He, volviendo a su estado habitual.
“No te muevas.” Yu Cheng se acercó un poco más a Qin He. “Tienes algo en el pelo.”
El cabello de Qin He era bastante diferente de lo habitual; era muy suave. Aún conservaba un ligero calor del sol, y al tocarlo, los mechones que envolvían la mano resultaban sin duda muy agradables.
O tal vez este sea el verdadero Qin He: alguien que puede bromear con los gatos y dar de comer a los perros, ingenioso pero servicial, y de buen corazón.
Yu Cheng era algo alto y, para ver con más claridad, se puso de puntillas; por lo tanto, a Qin He no le quedó más remedio que quedarse con los ojos abiertos, clavando la mirada en su mandíbula.
El chico parecía darle mucha importancia a esta salida, ya que no vestía tan extravagante como de costumbre. Quién sabe con la intención de combinar con quién, esta vez su ropa era mucho más sencilla y los colores no resultaban tan llamativos como antes.
Yu Cheng nunca usa perfume, y Qin He lo sabe muy bien. Sin embargo, esta vez está rodeado de una fragancia, no abrumadora, pero sí imponente.
Cualquiera que se acerque a él quedará imbuido de este aroma.
Es una mariquita, probablemente la razón por la que una hoja cayó sobre Qin He hace un momento.
La mariquita se convirtió en polvo en la palma de la mano de Yu Cheng y la persona frente a él regresó a su posición original. La sensación de opresión desapareció, pero la fragancia aún flotaba en el aire.
Para romper la extraña atmósfera, Qin He habló: “¿Llevas perfume?”.
“Lo oliste; ¿qué tal?”
Los ojos de Yu Cheng brillaron levemente, esperando con ansias la evaluación de Qin He. Se había esforzado mucho en esta salida.
Si no tuviera el pelo rapado, seguro se habría pasado un buen rato peinándose.
“Bien.”
Qin He no tenía mucho que decir. El aroma era un poco fuerte y lo hizo sentir un poco mareado e incómodo.
No le quedó más remedio que meter la barbilla entre el cuello de la camisa para alejar aquel aroma tan intenso y poder recuperar el aliento.
Un aroma intenso que, al igual que el propio Yu Cheng, era apasionado y desbordante.
Esto lo dejó un poco confundido y no sabía por qué esa persona insistía en hacerse amigo de él y visitar su casa.
Yu Cheng todavía estaba esperando algo más, pero no había nada e hizo pucheros con decepción.
Conteniendo la rabia sin intentar hablar, solo le quedaba refunfuñar en su mente contra aquel hombre, quien carecía de tacto para apreciar las cosas. Tampoco conocía las reglas más básicas de la etiqueta social, pues se negaba a ofrecerle un simple cumplido.
Cuando los dos llegaron, todavía no había mucha gente. Esta era una exposición que Qin He siempre había querido ver, pero no tenía tiempo ni lograba conseguir entradas.
Al entrar, parecía que todo su ser había cambiado un poco; se le notaba a simple vista que estaba más contento.
Como si se hubiera olvidado de Yu Cheng, quién parecía bastante tranquilo en comparación con la felicidad y la concentración de Qin He, ya que a él no le gustaban especialmente esas cosas.
Fue más interesante estudiar a Qin He, especialmente cuando mostró diferentes emociones debido a él.
Sin embargo, descubrió que cuando Qin He se concentraba, se concentraba de verdad y ni siquiera se acordaba de él.
Yu Cheng solo pudo hacer pucheros y murmurar en voz baja: “¿Qué es esto?”
Sin embargo, la actitud de Qin He lo hacía sentir cada vez más desconcertado. Él sabía perfectamente cuánto le gustaban estas cosas a Qin He y lo mucho que las había anhelado; pero, más allá de la alegría inicial, ya no se podía leer nada más en su rostro. Todo el tiempo se estaba conteniendo por alguna razón…
Había bastante gente visitando la exposición, muchos de ellos procedentes del extranjero. Yu Cheng estaba a tres pasos de Qin He, observándolo mientras hablaba con alguien.
Qin He hablaba inglés con una fluidez excepcional, sin el más mínimo acento. Era como el inglés que se escucha en un audiolibro; no mostraba ninguna timidez al comunicarse con los demás.
Parecía haber nacido para estar en la cima.
Como si estuviera dando un discurso, de pie en una plataforma alta y fuera admirado.
Al ver a una persona así, uno no puede evitar imaginar lo brillante que será su futuro, lo que despierta muchas expectativas.
“Gracias por hoy. Mañana recuperaré la clase.”
Al escuchar la primera mitad de la frase, Yu Cheng estuvo a punto de preguntar cómo se lo iba a agradecer, pero al oír la segunda parte, decidió que era mejor cerrar la boca. Si preguntaba en ese momento, lo más seguro era que le duplicara las horas de clase; por eso, la sonrisa se le congeló en el rostro y se tragó el resto de sus palabras a la fuerza.
La forma del maestro Qin de expresar gratitud siempre ha sido única.
Llegó el mediodía y Yu Cheng se disponía a llevarlo a comer, pero no dejaba de percibir la incómoda sensación de que alguien los seguía muy de cerca.
Yu Cheng, sin llamar la atención, echó un vistazo de reojo al espejo retrovisor de un coche aparcado a su lado.
El hombre caminaba con la mirada baja, llevaba la ropa hecha un desastre y la barba le crecía en todas direcciones como mala hierba; parecía el típico vagabundo y sus pasos eran un tanto inestables.
Por un momento, Yu Cheng no estuvo seguro de si los estaba siguiendo a ellos, así que no le quedó de otra que acelerar el paso para guiar al otro hacia la multitud; sin embargo, para no perderles el rastro, aquel sujeto empezó a trotar.
Yu Cheng soltó una risa burlona: “Seguir a tu abuelo es como si te hubiera tocado la peor mala suerte de ocho vidas.”1
Guió a Qin He hacia un callejón y, antes de que este pudiera preguntar nada, atrapó al hombre que venía detrás y le propinó un derribo de hombro contra el suelo.
“Habla ya, ¿qué demonios pretendes?”
Yu Cheng puso un pie sobre el pecho del hombre, con un tono algo hostil. Se había esforzado por traer a alguien a salir y que se divirtieran, pero la diversión había terminado arruinada.
La fuerza de Yu Cheng era tremenda; con la cita completamente estropeada por culpa de este incidente, no había espacio para la piedad.
El hombre hizo una mueca de dolor, jadeando en busca de aire, pero aún quería mirar hacia Qin He.
Pero en cuanto hizo el menor intento de moverse, Yu Cheng lo pisoteó contra el suelo, dejándolo en una situación completamente lamentable.
“Así que de verdad eres tú, pedazo de mocoso malnacido…”2 En cuanto el hombre confirmó que se trataba de Qin He, empezó a insultarlo, pero antes de que pudiera terminar la frase, recibió una patada. “Lávate esa maldita boca antes de hablar”3
—¡Li He, él… él es mi hijo! —Li Zhuang corrigió rápidamente sus palabras.
Cuando la otra persona mencionó a Li He, la expresión de Qin He se volvió fría. Miró a Li Zhuang como si estuviera viendo una hormiga en el suelo.
Pero no pudo evitar temblar, como si le picaran hormigas. Los recuerdos de la infancia lo inundaron.
Sentía como si nunca hubiera escapado de aquella infancia, con los regaños hacia su madre, las palizas y los moretones por todo su cuerpo.
¿Por qué no desaparecen estos recuerdos inquietantes?
“¡Cállate! Él se llama Qin He. «¿De qué vas intentando aprovecharte llamándolo “hijo”?»4 En ese caso, ¡yo soy tu puto abuelo!” —exclamó Yu Cheng, presionando con aún más fuerza el pie.
“Déjalo ir.”
En pleno otoño, a Qin He le brotaban finas gotas de sudor en la frente.
Ya no es un niño; tiene la capacidad de rebelarse.
Caminó lentamente hacia adelante, mirando al hombre desaliñado.
“¿Cómo me encontraste?”
Yu Cheng notó que algo no iba bien, así que llamó a Qin He para que se acercara y se quedó a su lado, por si acaso el hombre intentaba agredirlo.
En su opinión, Qin He probablemente no era más que un joven erudito brillante y elocuente que solo sabía estudiar.
“Esa perra te cambió el apellido, ¿eh? ¡Bien por ella!”
“Ya ni siquiera reconoces a tu propio padre, ¿verdad?”
“¡En mala hora te di la vida, pedazo de lobo de ojos blancos!”5
Sin el aura opresiva de Qin He, el hombre se levantó del suelo.
Al mirar a Qin He frente a él, el hombre seguía viéndolo como aquel niño que se acobardaba en su presencia. Un niño al que podía manipular a su antojo; ¿qué tenía de temer?
Qin He le dio un puñetazo en la cara al hombre, tirándolo al suelo. La zona del golpe se hinchó rápidamente y el hombre quedó tendido en el suelo tosiendo como un perro callejero.
Qin He nunca ha sido un estudiante débil. Si no quería que lo acosaran de niño, tuvo que aprender a pelear.
Tras años de duro trabajo, su fuerza no es en absoluto inferior a la de alguien como Yu Cheng, que ha recibido un entrenamiento especializado.
Además, el cuerpo del hombre estaba destrozado por años de tabaquismo y alcoholismo. El hombre que no pudo liberarse en su infancia ahora yacía en el suelo.
“¿No te lo ha dicho ya? Lávate la boca.”6
Con algo de disgusto por la sangre en su puño, las palabras de Qin He fueron gélidas y cortantes.
Yu Cheng miró al hombre frente a él y se lamió los labios. Tras asegurarse de que la otra parte no representara una amenaza, salió del callejón solo.
Probablemente no quería ser visto en tal situación.
“Te aconsejo que tengas cuidado. No me importa cómo me encontraste. Pero si te atreves a venir a mi puerta, te daré una paliza cada vez que te vea.”
“Je, pequeño bastardo, ¿estás amenazando a tu padre?”
Li Dazhuang yacía en el suelo, jadeando con dificultad.
“Treinta mil; considéralo dinero para mantener a tu padre. No es una pérdida, pues yo soy quien te dio esta vida.”
“Te aconsejo que tomes un desvío si me ves. Has estado apostando otra vez, ¿verdad?”
Qin He frunció el ceño, respiró hondo y no le respondió.
“Si les cuento tu información a tus acreedores o te envío a la cárcel, ¿cuál crees que será tu destino? ¿Lo adivinas?”
Qin He no quería involucrarse con nadie, así que dijo lo que tenía que decir y se dio la vuelta para marcharse.
“¡Bah, el mocoso hasta ha aprendido a amenazar a la gente!”
Las calles estaban bulliciosas y animadas, pero en comparación, el ambiente entre Qin He y Yu Cheng era un tanto incómodo.
Yu Cheng no sabía cómo iniciar la conversación, mientras que Qin He bajó la mirada y escondió el rostro entre las manos. Un silencio incómodo llenó el ambiente.
Finalmente, Qin He exhaló un suspiro de fastidio y dijo: “Lamento que hayas tenido que ver esto”.
“¿Qué hay de ese tipo? ¿Quieres que le dé una lección?”, Yu Cheng ofreció su ayuda con sinceridad; al fin y al cabo, así era como siempre había resuelto los problemas desde niño: de forma eficiente y eficaz.
“No hace falta, tengo mis propios métodos. Si actúas así, te vas a meter en problemas muy fácilmente. ¿Ya te olvidaste de cómo te ganaste tu reputación en la escuela?”
Qin He sabía que Yu Chengren no era realmente como decían en la escuela, y esperaba que Yu Cheng pudiera aprender una forma más amable de manejar las cosas.
En lugar de ser imprudente como lo era ahora, lo que fácilmente podría provocar lesiones.
“Esta bien.”
Yu Cheng hacía mucho tiempo que había marcado a Qin He como parte de su propio territorio, tal como un lobo que custodia un tesoro.
Cualquiera que se atreviera a tocar o a codiciar este tesoro terminaría destrozado por sus fauces y no tendrá escapatoria…
Qin He es como una cadena alrededor de su cuello ahora; si la cadena se rompe, estará en peligro.
Si algo llegara a pasarle a esa cadena, nadie sabría de lo que él sería capaz de hacer…
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