Capítulo 22. Noche de Luna Roja.

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Capítulo 22.- Noche de Luna Roja. 

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Por favor, seguid al autor, dejad comentarios y añadid a vuestra biblioteca mis obras El plan de salto de la Tierra y El pozo.
Muak~ 💕

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Apenas terminó de hablar, las luces de todo el salón de banquetes se apagaron de golpe. Sin embargo, la oscuridad repentina no provocó pánico alguno entre los presentes, como si todos supieran de antemano que aquella noche habría una supuesta celebración de ese tipo.

Mientras Sheng Yi se esforzaba por adaptarse a la súbita falta de luz, el techo del salón, sobre su cabeza, comenzó a moverse lentamente sin que nadie supiera en qué momento había empezado, hasta dejar al descubierto un cielo estrellado y, en el centro exacto de este, una luna llena de color rojo.

Al contemplar aquella escena inquietante, el sexto sentido de Sheng Yi le advirtió de inmediato que esa extraña Noche de la Luna Roja y el llamado festejo no eran tan simples como sonaban, y que en ellos parecía ocultarse un peligro mortal.

Sheng Yi se mantenía en guardia frente a los nobles que lo rodeaban, pero de manera inconsciente no incluyó en su perímetro de alerta a Devil, quien estaba más cerca de él y, además, podía considerarse el más poderoso de todos. Era como si confiara plenamente en aquel antiguo adversario, como si ya lo hubiera aceptado como uno de los suyos.

Sheng Yi no fue consciente de ese trato especial hacia Devil, pero el propio Devil, gracias a su agudísima percepción, sí captó aquella sutil anomalía, y la comisura de sus labios no pudo evitar dibujar una leve curva. Ese gesto estuvo a punto de hacer que el guardia que permanecía a su lado se estremeciera de pies a cabeza.

En todo el imperio era bien sabido que su alteza era auténticamente frío y despiadado, alguien que jamás había mostrado una sonrisa en público. Y cuando algo se sale de lo normal, siempre esconde algo turbio. Aquel guardia llevaba miles de años sirviéndolo, pero esa era la primera vez que veía a su señor sonreír. Aunque fuera apenas perceptible, aquello era, sin duda, una sonrisa.

El guardia empezó incluso a lamentar que, como vampiro, tuviera una visión nocturna tan buena. ¿Por qué tenía que haber visto una expresión tan rara en su alteza? ¿Acaso el príncipe estaba planeando hacer algo…?

Desde cierto punto de vista, el sexto sentido de aquel guardia de Devil era tan agudo como la capacidad de Sheng Yi para percibir el peligro.

Las personas silenciosas, cuando estallan, suelen hacerlo con un efecto mucho mayor. Aquel alteza, en efecto, tenía intención de armarla. Después de miles de años pudiendo por fin salir a tomar aire, se encontraba con un mestizo que despertaba profundamente su interés; ¿cómo no iba a surgirle el deseo de convertirlo en algo propio?

Sheng Yi, que observaba con atención lo que lo rodeaba, no percibió en absoluto las intenciones que Devil había empezado a albergar hacia él, ni tampoco al guardia que, a su lado, estaba a punto de perder la cordura. En ese momento, Sheng Yi solo quería aclarar qué demonios era exactamente aquella Noche de la Luna Roja.

Justo cuando intentaba abrir su pulsera para solicitar información sobre el trasfondo del escenario, el salón de banquetes —que hasta entonces solo estaba iluminado por la luz rojiza de la luna— se llenó de pronto de velas. No eran muchas, pero bastaban para que Sheng Yi pudiera ver con claridad la situación actual del salón.

Cuando lo hizo, no pudo evitar quedar estupefacto. En la plataforma elevada del centro del salón, que antes estaba despejada, habían aparecido quién sabía cuándo numerosas jaulas de hierro negro. Los nobles, por su parte, también se habían puesto máscaras sin que nadie supiera en qué momento, como si fueran a asistir a un baile de máscaras, y observaban a las personas dentro de las jaulas con miradas ávidas y crueles. Sí, personas.

Decenas de jaulas contenían individuos de todo tipo: elfos, hombres bestia, humanos y otros cuya raza Sheng Yi no lograba identificar, probablemente mestizos. Sus razas eran distintas, pero tenían algo en común: todos poseían una apariencia excepcional, de esas que resultan agradables a la vista con solo mirarlas.

Y ahora, esas pequeñas bellezas no llevaban máscaras. En sus rostros se adivinaban rastros de lágrimas; algunos incluso temblaban levemente, presas del miedo.

En ese instante, la pulsera de Sheng Yi emitió una respuesta. Él se apresuró a revisar la información sin llamar la atención; lo único que deseaba era entender de una vez por todas aquella maldita Noche de la Luna Roja.

En la pantalla flotante se leía:

Noche de la Luna Roja: festividad del Imperio de la Noche Oscura, llamada así por la luna roja que aparece una vez cada cien años.

En esta noche, todas las ciudades del imperio celebran rituales de júbilo. Los vampiros del imperio reúnen bellezas y se congregan para celebrar un banquete de sangre.

Todos los participantes del banquete deben llevar máscara y no pueden mostrar su verdadero rostro. Según las estadísticas, la probabilidad de supervivencia de quienes son capturados como alimento es del 0,01 %.

Se advierte a los saltadores: este banquete es extremadamente peligroso.

Good luck.

Sheng Yi: …¿Por qué un escenario romántico se ha convertido de repente en uno de supervivencia? ¿No habré cogido el guion equivocado?

No le dieron demasiado tiempo para quejarse. El señor de la ciudad volvió a tomar la palabra:

—Ante ustedes hay ahora setenta y cinco deliciosos caballeros o damas. Proceden de distintas razas: elfos, humanos, hombres bestia, enanos y todo tipo de mestizos. Todos han pasado las pruebas correspondientes y sus capacidades de combate han sido selladas, de modo que no suponen ninguna amenaza para ustedes. Pueden disfrutarlos con total tranquilidad. Estoy seguro de que entre ellos habrá alguno que se ajuste a su gusto. Por supuesto…

Hizo una pausa. Bajo la máscara no se distinguía su expresión.

—Si aun así no encuentran a la persona que desean, todos los presentes que no llevan máscara también son candidatos posibles.

Ignorando los rostros aterrorizados de los sirvientes —al fin y al cabo, ellos desconocían la existencia de esta celebración y no podían llevar máscara alguna—, el señor de la ciudad anunció con un tono cargado de malicia:

—¡Que comience el festejo!

Con esa orden, las puertas de las jaulas se abrieron. Aquellos que se habían encogido dentro, temblando de miedo, parecían saber que no tenían escapatoria. Algunos huyeron de inmediato, intentando abrirse paso entre el asedio de los vampiros para salvar la vida; otros renunciaron a resistirse, se acurrucaron en el fondo de las jaulas y dejaron de mirar a los vampiros que se abalanzaban sobre ellos.

Los nobles, en ese instante, abandonaron cualquier atisbo de cortesía o compostura y se despojaron de sus disfraces, revelando la naturaleza cruel de los vampiros. Algunos se lanzaron hacia las jaulas para elegir su presa de la noche; otros parecían tener ya un objetivo claro y se dirigieron directamente hacia la víctima deseada; algunos persiguieron a los que intentaban escapar, jugueteando con ellos como gatos con ratones; y otros fijaron su atención en los sirvientes como Sheng Yi, que aún no comprendían del todo lo que estaba ocurriendo, con la intención evidente de convertirlos en su caza nocturna.

Sheng Yi siempre había creído que su aspecto no era del tipo capaz de causar la ruina de un país, pero al compararse con aquellos individuos quedó sorprendido al descubrir que su atractivo parecía incluso superior al de las presas encerradas en las jaulas.

No solo él se dio cuenta de esa belleza latente. Varios vampiros a su alrededor también repararon en aquel sirviente de apariencia excesivamente destacada y, en secreto, comenzaron a considerarlo su manjar de la noche.

Sin embargo, cuando sus miradas codiciosas se posaban sobre Sheng Yi, una sensación de frío cortante les recorría la columna vertebral. En condiciones normales, los vampiros no deberían sentir frío. Pero en ese momento, se sentían como simples humanos arrojados de pronto a una tierra de hielo extremo.

Todos se estremecieron, sobresaltados, y fijaron la vista en el príncipe Kainuo, que se encontraba no muy lejos de Sheng Yi.

Su alteza no llevaba máscara, pero ningún noble se atrevería a confundir al príncipe Kainuo con un postre que pudiera devorarse a placer, a menos que no apreciara su propia vida.

El rostro del príncipe no mostraba expresión alguna, pero la intención asesina que ardía en sus ojos parecía casi tangible, como si pudiera segar las cabezas de aquellos nobles que habían osado codiciar a Sheng Yi.

Los pocos nobles recibieron la advertencia del príncipe y, naturalmente, ya no se atrevieron a fijarse en Sheng Yi. Uno tras otro se alejaron, deseosos de poner la mayor distancia posible entre ellos y aquel lugar.

Por un momento, la “zona de vacío” alrededor de Sheng Yi volvió a ampliarse un poco más.

Sheng Yi no era tonto. Había notado las miradas de aquellos nobles posarse sobre él y también había visto cómo se retiraban de repente. Enseguida lo entendió: seguramente temían al Devil que estaba a su lado y daban por hecho que él ya era la presa elegida por el príncipe Kainuo, de modo que nadie osaría desafiar la autoridad del príncipe.

En ese instante, Sheng Yi se sintió como el zorro del dicho “el zorro que se ampara en el poder del tigre”: gracias a tener a Devil detrás, en una situación tan peligrosa no se encontraba especialmente nervioso.

Ni siquiera entonces se giró. De haberlo hecho, sin duda se habría asustado al ver la mirada de Devil posada en él, una mirada cargada de una posesividad casi obsesiva. Al fin y al cabo, había visto esa misma expresión en muchos criminales: una mirada cercana a lo terrorífico.

Recordando que aún tenía activadas las configuraciones 3 y 4, Sheng Yi decidió aprovechar a fondo la oportunidad que ofrecía la Noche de la Luna Roja para demostrarle a Devil su amor apasionado y su deseo de convertirse en su consorte. Aunque, siendo sincero, ni él mismo sabía muy bien cómo se suponía que debía manifestarse un “amor apasionado”.

Durante su labor como infiltrado, Sheng Yi había interpretado infinidad de papeles: arrogantes, cobardes, irascibles… Pero nunca había interpretado el papel de amante, ni había tenido pareja. Siempre había pensado que enamorarse era una pérdida de tiempo que le restaba horas a la persecución de criminales. Por eso, en realidad, no sabía muy bien cómo cumplir las configuraciones 3 y 4. Sin embargo, no tenía ninguna intención de volver a recibir una advertencia del sistema ni de perder puntos, así que solo pudo repasar mentalmente, a toda velocidad, las películas románticas que había visto —Titanic, Flipped (A primera vista), entre otras—, como un actor buscando inspiración, tratando de encontrar en ellas la sensación de estar enamorado.

Solo cuando terminó de prepararse psicológicamente y se sometió a una intensa autosugestión de “estoy locamente enamorado de Devil”, se giró por fin con aire seguro hacia él.

Entonces se dio cuenta de que la Noche de la Luna Roja llevaba ya un buen rato en marcha y, sin embargo, aquel tipo no se había movido ni un solo paso. Cuando Sheng Yi levantó la vista, su mirada chocó de lleno con la de Devil.

Fue en ese momento cuando advirtió que el molesto guardia había desaparecido sin dejar rastro. Dentro de la “zona de vacío” solo quedaban ellos dos, mirándose el uno al otro.

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