El autor tiene algo que decir:
✨¡Por fin se revela el verdadero nombre del Jefe Devil!✨
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¡Un beso~ 💕
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(*) 陌归 (Mò Guī)
Juntos, el nombre podría interpretarse como algo así como “el que regresa desde lo desconocido” o “el extraño que vuelve” — evoca la idea de alguien que ha estado ausente, perdido o alejado (quizás incluso como un forastero) y que finalmente regresa a casa o a su origen.
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Devil alzó una ceja al ver al muchacho cubierto de polvo tirado en el suelo y dijo con calma:
—¿No piensas levantarte?
De pie entre las sombras, Sheng Yi apenas distinguía su expresión. Escuchó aquellas palabras con la mente aturdida y solo tras unos segundos logró reaccionar y ponerse en pie.
El muchacho frente a él se veía inestable, como si todavía arrastrara heridas del asedio anterior. Se apoyó contra la pared antes de inclinarse para sacudir el polvo de su uniforme escolar. La prenda azul y blanca, antes impecable, estaba ahora tan manchada de tierra y suciedad que parecía imposible devolverle su apariencia original sin una limpieza exhaustiva.
El joven Sheng Yi intentó, con torpe empeño, recomponer su aspecto desaliñado para no parecer tan frágil frente al hombre que lo observaba. No sabía por qué, pero apenas lo miró, nació en él un deseo instintivo de no ser menospreciado. Y, sin embargo, lo que sentía no era propiamente miedo al desprecio, sino una emoción difícil de precisar, algo que no alcanzaba a entender del todo.
Justo cuando Sheng Yi recuperó el enfoque y clavó la mirada en el hombre frente a él, la campana de la escuela resonó en el instante menos oportuno.
Al escuchar aquel timbre tan familiar, Sheng Yi no mostró intención de marcharse; al contrario, su mirada se aferró con más firmeza al otro, como si temiera que, de apartar los ojos, se desvaneciera.
Devil jamás había asistido a la secundaria, pero aún así comprendió de inmediato el llamado de la campana que ordenaba a los alumnos volver a clase.
Devil fue el primero en romper el silencio:
—¿No vas a clase?
En su tono había un matiz de prueba. Al fin comprendía lo ardua que era esta mazmorra: verdadero y falso, falso y verdadero. La misma experiencia, pero dicha de otro modo. La misma actitud, pero con destinos distintos. Nadie podía conocer a otro ser humano hasta el punto de abarcar todos sus vacíos, cada sombra de su vida, cada fotograma de su historia. Saber si alguien era quien creías conocer resultaba casi imposible cuando lo desconocido pesaba más que lo compartido.
Devil conocía a Sheng Yi, sí; conocía fragmentos de su pasado, detalles sueltos. Pero no lo conocía de verdad. Nunca había vivido sus experiencias ni siquiera de lejos. Su trato se reducía a encuentros en línea y a misiones encubiertas: terrenos poco propicios para comprenderse de corazón. ¿Cómo podía eso bastar para saber quién era realmente el otro?
Una mazmorra de nivel B, pensó Devil, no resultaba tan sencilla después de todo.
No esperó respuesta. El joven frente a él lo observaba con una fijeza obstinada, como si ignorara por completo que no era ni el lugar ni el momento para charlar. De pronto, abrió la boca y pronunció una sola palabra que estremeció el corazón de Devil:
—Devil.
La voz era baja, apenas un murmullo, pero su oído entrenado captó sin esfuerzo esas sílabas. Escuchar su nombre en clave lo sacudió; reprimió de inmediato el nerviosismo que lo atravesó, sin comprender de dónde surgía.
Con voz controlada, respondió:
—¿Qué?
Sheng Yi pareció volver en sí al recordar lo que acababa de decir. Un rubor repentino le tiñó las mejillas.
—Ellos dijeron que eras un “demonio”, y “demonio” es Devil, ¿no? Se me fue la cabeza por un momento, ¡lo siento!
Luego, como si solo entonces entendiera el peso de sus palabras, se rascó la cabeza con gesto torpe y añadió:
—Gracias por lo de antes. Me llamo Sheng Yi. ¿Cómo te llamas?
El recuerdo de aquella llamada espontánea —“Devil”— lo dejó por un instante sin voz. Después de un largo silencio, murmuró, sin saber si hablaba para sí mismo o para el chico frente a él:
—Mo Gui.
El muchacho frunció el ceño, desconcertado.
—¿Qué dos caracteres? Tu apellido no parece muy común.
Devil le explicó entonces los caracteres de su nombre. El chico no pudo evitar soltar un suspiro divertido:—¡Qué nombre tan extraño!
La vivacidad de su voz y la franqueza de su expresión, tan distintas de la gravedad de su yo adulto, hicieron que Devil alzara una ceja, y se viera arrastrado de golpe hacia sus recuerdos.
El nombre que acababa de revelar era, en realidad, el auténtico. El que aparecía en su ficha del Plan de Salto. El único rastro que sus padres le habían dejado antes de abandonarlo en un orfanato: un papel arrugado con dos caracteres escritos en él —Mo Gui—. Nada más. No sabía quién era, de dónde venía, ni hacia dónde se dirigía.
Durante varios años usó aquel nombre, hasta que lo trasladaron a un campo de entrenamiento en el extranjero, donde lo formaron como asesino. Los instructores, incapaces de leer los caracteres chinos, lo llamaban simplemente Mo Gui. Así cargó con ese nombre extraño y desprovisto de sentido durante mucho tiempo.
Más tarde, ingresó en la Asociación, y al registrarse escribió ese mismo nombre, “Mo Gui” en pinyin. La persona encargada de asignarle su rango era un anciano de la nación china, que al ver su nombre en pinyin lo leyó en voz alta, pero pronunció otra palabra distinta: “devil/demonio”. Dijo: —¡Vaya! ‘魔鬼’, ¿no es eso ‘Devil’? El nombre de este muchacho tiene algo de interesante.
[Nota de traducción. El contexto lingüístico:
El nombre original del personaje son dos caracteres chinos (陌歸, “Mo Gui”), que se pronuncian “Mò Guī”. Es un nombre poco común, pero su significado y sus caracteres no tienen nada que ver con la palabra “demonio”.
Sin embargo, cuando lo llevaron al campamento de entrenamiento en el extranjero, los instructores extranjeros no sabían leer caracteres chinos, así que tuvieron que escribir su nombre usando pinyin (el sistema de romanización del chino, es decir, escribir los sonidos chinos con el alfabeto latino). Así, su nombre “陌歸” se transcribió simplemente como “Mo Gui”.
El giro: Resulta que existe otra palabra china completamente distinta —魔鬼 (que también se pronuncia “mó guǐ”)— que significa literalmente “demonio” o “diablo”. Es una coincidencia fonética: dos palabras chinas totalmente diferentes en significado y escritura (陌歸 vs 魔鬼) que, al pronunciarse, suenan casi idénticas.
Cuando el anciano de la Asociación vio el nombre en pinyin, “Mo Gui”, no pensó en los caracteres originales del muchacho (陌歸, su verdadero nombre), sino que automáticamente lo leyó/interpretó como si fuera la palabra común 魔鬼 (“demonio”), porque suena exactamente igual.
La gracia del asunto: Al notar esta coincidencia, el anciano bromea diciendo que su nombre en pinyin, leído como “demonio” (魔鬼), en inglés sería literalmente “Devil”. Es un doble juego de palabras:
Por eso el protagonista, al escuchar esto, comprende que su nombre —por pura coincidencia sonora— predijo o reflejó lo que terminaría siendo: un asesino temido, apodado literalmente “el Demonio/Devil”.]
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Solo entonces comprendió realmente el peso de su nombre. Era un niño mestizo, con unos inusuales ojos color violeta, señalado en el orfanato como un monstruo. En el campo de entrenamiento, tanto instructores como compañeros lo habían apodado Devil por la frialdad y crueldad de sus métodos. Resultó que, en efecto, él era “Devil”; ese debía ser su verdadero nombre.
Con esa certeza, cambió oficialmente su nombre a Devil. El anciano no objetó; se limitó a observarlo en silencio, con un interés insondable en la mirada.
Desde entonces, Mo Gui dejó de existir en este mundo; solo quedó un ser sangriento y temido al que llamaban Devil.
A Devil le había tomado años arrancarse esos recuerdos y aun así, siempre regresaban. Por eso le resultaba casi irónico que, mientras se perdía en sus pensamientos, el joven frente a él lo mirara fijamente sin pestañear, como si lo vigilara desde hacía un tiempo indefinido. Sheng Yi, en cualquier lugar y en cualquier momento, era diferente: había algo en él que lo hacía especial.
El timbre volvió a sonar: la primera hora ya se había escurrido entre silencios, miradas y palabras. Sheng Yi había perdido una clase entera.
Aunque percibió el repique, no pareció darle importancia. Su atención estaba atrapada por completo en ese hombre alto y de facciones poco comunes, con aquellos ojos violetas que parecían arder en la penumbra, tan enigmáticos como seductores. Fascinado, casi sin darse cuenta, Sheng Yi alzó la mano hacia ellos.
Devil lo dejó hacer. Observó la mano temblorosa aproximarse y no se apartó, permitiendo que el muchacho rozara la delicada piel de sus párpados y se sumergiera en la oscura y siniestra profundidad de su mirada púrpura.
El hechizo se quebró al cabo de un instante. Sheng Yi retiró la mano con brusquedad, el rostro encendido de vergüenza.
—Mo… Mo Gui, lo siento. Yo no quise… —balbuceó, buscando en vano una explicación. ¿Cómo podía decirle que simplemente había quedado atrapado en la belleza de sus ojos?
Al contemplar al muchacho frente a él —tan distinto del Sheng Yi adulto, salvo por los rasgos y la silueta—, Devil no pudo evitar sentir una punzada de duda. ¿De verdad así lucía Sheng Yi en su adolescencia? Y si era cierto… ¿qué había ocurrido para que se transformara de esa manera?
Todo lo que Devil sabía del pasado de Sheng Yi provenía de archivos y reportes: datos fríos que poco decían de la esencia de una persona. No podía imaginar si aquel joven había sido tímido al tratar con desconocidos, si había llorado por el miedo a perder a sus padres o qué había sentido en los pequeños momentos cotidianos de su vida. Lo ignoraba todo. Lo único que poseía eran registros impersonales: su dirección, el nombre de la escuela a la que asistió, los premios obtenidos, los concursos en los que participó, su posición en la clase, los resultados en el examen de admisión universitaria. Puras cifras impresas en papel, sin alma.
Tuvo que reconocerlo: no conocía de verdad a Sheng Yi. Al menos, no al Sheng Yi del pasado. Igual que ahora, tampoco podía asegurarse de que este muchacho que tenía delante —tan vibrante, tan diferente del adulto que conocía— fuese en realidad el verdadero Sheng Yi que buscaba.
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