Nota del autor:
Traducción al inglés cortesía de Baidu.
Si tienen alguna pregunta, háganmela saber.
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Besos~
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Justo cuando Sheng Yi pensaba en seguir ayudando al Devil desmayado, su mano fue atrapada de pronto por una palma poderosa.
Sheng Yi: —…
Devil no abrió los ojos. Sheng Yi supuso que el cuerpo del joven se había recuperado antes que su mente y, por pura desconfianza instintiva, reaccionaba sujetando con fuerza a cualquiera que se acercara. Así que no forcejeó. Sabía que, si lo hacía, la reacción instintiva de Devil podría ser aún más peligrosa.
Cinco o seis minutos después, cuando la presión del agarre ya le había entumecido la mano, los ojos morados de Devil se entreabrieron. Desorientado, pareció no entender qué había ocurrido ni por qué sus graves heridas se habían cerrado tan rápido.
Poco a poco, la lucidez volvió a su mirada. Y entonces notó a Sheng Yi, aún agachado a su lado, inmóvil, con la mano aprisionada entre las suyas.
Devil: —…
Sheng Yi: —…
Los dos se sostuvieron la mirada por un instante.
Por primera vez, Sheng Yi sintió que podía mirar a Devil a los ojos con calma. Ya no había hostilidad ni la habitual actitud defensiva, solo una mezcla de preocupación y curiosidad hacia el hombre frente a él. Devil, en cambio, reaccionó más rápido: al recobrar la consciencia entendió que había sido Sheng Yi quien lo había salvado. La última figura que había visto antes de desvanecerse era, en efecto, la misma que ahora tenía delante. Con ese pensamiento, soltó la mano de Sheng Yi.
El calor frío de aquel contacto se desvaneció y Sheng Yi, al frotarse los dedos rígidos, sintió un deje de nostalgia: «¿Por qué no te quedaste un poco más?»
Devil se examinó a sí mismo y descubrió que, salvo por una ligera anemia y agotamiento, la herida mortal que lo había atravesado estaba ya cerrada. Levantó la vista hacia el hombre ante él, preguntándose qué clase de poder era capaz de sanar algo tan grave.
Al observarlo con detenimiento, Devil se sorprendió: aunque sus rasgos eran típicamente asiáticos, su piel era increíblemente pálida y sus ojos, de un verde esmeralda brillante, recordaban a los brotes tiernos de un sauce en primavera. Más desconcertante aún, creyó vislumbrar, bajo la capucha, unas orejas puntiagudas.
Devil: …¿Me encontré con un elfo?
Al notar la repentina mirada de Devil, Sheng Yi apartó los ojos con incomodidad. Pero ese gesto dejó aún más al descubierto sus orejas, que confirmaban la sospecha. Devil, divertido por el descuido de aquel “elfo” que no parecía consciente de haber revelado su secreto, alzó la mano con cierta dificultad y rozó con los dedos la punta de la oreja.
De inmediato, Sheng Yi…
Giró bruscamente la cabeza, rozando con la mejilla los dedos aún extendidos de Devil. El contacto fugaz les arrancó un escalofrío a ambos.
Se miraron en silencio hasta que Devil habló primero:
—¿Quién eres?
Examinó sus rasgos antinaturales, dudando incluso si “persona” era la palabra correcta.
Sheng Yi respondió sin pensarlo:
—Sheng Yi.
Pero luego no supo qué más decir. Ni «Soy tu futuro enemigo» ni «Un día la Tierra será incluida en un programa de transferencia warp por una alianza cósmica y seré tu compañero de equipo» le parecieron opciones posibles.
Devil, al notar aquel silencio cargado de tristeza, frunció ligeramente el ceño:
—¿Eres… un elfo?
La palabra lo dejó paralizado. Tardó en reaccionar. Sí, tenía sangre élfica y algunos rasgos heredados, pero ¿cómo podría explicarlo?
Tras vacilar, respondió:
—No, no. Solo… mmm, una mutación genética, eso es todo.
(«Aunque, en realidad… no era cierto. ¿Qué clase de mutación genética podría explicar algo así?»)
Como nadie había discutido nunca con Sheng Yi sobre la compleja relación entre variación genética y especies biológicas, Devil naturalmente no entendió la respuesta. Fue Sheng Yi quien, para desviar la conversación, le preguntó:
—Entonces, ¿quién eres tú?
Dudó si llamarlo “Devil”, pues intuía que no era su verdadero nombre.
—Me llamo Mo Gui —dijo el otro, sorprendentemente en chino.
No aclaró los caracteres, pero Sheng Yi, de manera instintiva, los imaginó: 魔鬼. Su subconsciente le aseguró que ese era el nombre real. Sin embargo, en lugar de sentir la emoción de descubrirlo, lo invadió una punzada amarga. ¿Qué padres pondrían un nombre tan ominoso a su hijo?
Tras un momento de silencio, preguntó con suavidad en chino:
—¿Cómo te lastimaste así?
Era lo que realmente lo preocupaba: por qué se encontraba en tal estado.
Devil parecía haber anticipado la pregunta. Frunció los labios, pero en vez de responder lanzó otra:
—Entonces, ¿puedo preguntar, señor Sheng, por qué mi herida sanó tan rápido?
Sheng Yi: «… aquello sí que era una cuestión de vida o muerte»
No contestó. Ante su silencio, Devil sonrió levemente.
—No es que quiera insistir, solo me intriga cómo una herida así sanó de golpe. Pero si el señor Sheng no es la persona adecuada para responder, no preguntaré más.
Después, tras una breve pausa, añadió en respuesta a la pregunta inicial:
—Fue solo la mordedura de unos valientes. Nada grave.
Sin querer, suavizó los detalles sangrientos; en el fondo temía que lo dicho pudiera asustar a aquel misterioso “elfo” frente a él.
Sheng Yi no se tomó en serio la preocupación de Devil. Había visto sangre antes, incluso había sangrado. Su experiencia en la vida era limitada, sí, pero como excelente policía, no se estremecía ante la visión de sangre en la boca de Devil. Lo que lo inquietaba era otra cosa. Bajó la cabeza y, en voz apenas audible, murmuró:
—No me llames señor Sheng. Mi nombre es Sheng Yi.
No sabía por qué, pero no soportaba escuchar de él un título tan distante. Sentía que, si lo aceptaba, sus caminos, que alguna vez se habían cruzado, se convertirían en hipérbolas destinadas a no encontrarse jamás.
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