El autor tiene algo que decir:
Por favor, añadan al autor a sus favoritos, comenten y lean mis otras obras: Plan del Salto de la Tierra y El Pozo.
¡Besos~!
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Aunque todos estaban llenos de dudas, nadie quiso arruinar el hilo de la historia.
Aun así, aquellas pistas no bastaban para llegar a una conclusión definitiva, aunque sí les ofrecían una idea general de lo ocurrido.
—Parece que la clave está ahora en ese padrastro —dijo Sheng Yi, extendiendo la mano hacia la pantalla del teléfono que tenía delante.
Se trataba de una empresa pequeña, aunque con un negocio sorprendentemente amplio, con operaciones repartidas por varias provincias y ciudades del país.
Al hacer clic en el nombre del representante legal, Sheng Yi murmuró:
—Yanzhou.
Era el nombre del padrastro de Aizi.
Por alguna razón, al observar la presencia nacional de aquella empresa, Sheng Yi sintió que algo no encajaba. No podía señalar el motivo exacto, pero su instinto —forjado por años de trabajo policial— le decía que había algo sospechoso.
En ese momento, Devil habló de repente:
—Hay algo raro en esta empresa.
Sheng Yi lo miró sorprendido. Por una vez, sus pensamientos coincidían casi por completo.
Devil no devolvió la mirada; señaló un aviso en la página web de la compañía.
—He visto este lugar antes. Es una zona remota, cerca de la frontera. No tiene sentido que instalen allí una sede con el tipo de negocios que manejan.
Sheng Yi frunció el ceño y dirigió la vista al aviso.
No era largo; en esencia, decía: “El jefe de la empresa se encuentra de visita en Ciudad F”, seguido de un par de frases sin importancia.
En ese momento, Su Rui encontró información sobre Ciudad F y se la mostró a Sheng Yi. Al ver que se encontraba cerca del País M, este volvió a fruncir el ceño. Un recuerdo se abrió paso en su mente: el País M, situado al suroeste, famoso por sus problemas de drogadicción y delincuencia. Los reportes sobre prostitución y tráfico de drogas eran comunes. Era, en pocas palabras, un “paraíso” para los criminales.
Le tendió el teléfono a Devil y compartió con él su reflexión.
Devil asintió, comprendiendo de inmediato, y comenzó a elaborar sus propias conjeturas sobre las actividades de Yanzhou.
Mientras tanto, las dos chicas que los acompañaban —observando a los dos hombres intercambiar miradas serias sin pronunciar palabra— se miraron entre sí con nerviosismo. Apenas se atrevían a interrumpirlos; parecía que se comunicaban por ondas cerebrales.
¡Eran FM y AM! pensaron con frustración.
Sheng Yi, al notar su desconcierto, decidió explicarles sus deducciones y las de Devil con toda claridad.
Cuando las chicas comprendieron que la empresa podría estar involucrada en tráfico de drogas, se quedaron heladas.
Sheng Yi percibió el miedo en sus rostros y supuso que, en la vida real, debían de ser simples oficinistas, sin contacto alguno con el lado oscuro de la sociedad. Por eso, la idea de enfrentarse a algo tan peligroso las había impresionado tanto.
Sonrió levemente y no añadió nada más.
Devil, que lo observaba de cerca, notó aquella expresión, pero guardó silencio.
Finalmente, Devil se irguió y dijo con tono firme:
—Investigaré esta empresa.
Sheng Yi lo miró unos segundos, evaluándolo.
Era cierto: dadas las circunstancias, Devil era el más indicado para la tarea. No solo por su experiencia previa, sino también por su carácter. Le había confesado a Sheng Yi que una de sus virtudes era su tendencia a buscar problemas, su valentía ante el peligro y su mente abierta. En comparación con los demás, era sin duda el más apto. Además, Sheng Yi confiaba en él más que en nadie.
Se volvió hacia las dos chicas y les pidió su opinión.
Ellas palidecieron al instante. La idea de que dos hombres adultos les pidieran participar en algo tan peligroso las aterrorizó. Comenzaron a balbucear excusas absurdas:
—Yo… tengo la regla, así que no soy apta para actividades de alto riesgo —dijo una de ellas, con total seriedad.
Ahora que otro había aceptado la misión, ambas parecían listas para lanzar fuegos artificiales de alivio.
Al ver que estaban de acuerdo, Sheng Yi asintió y se volvió hacia Devil.
Sus miradas se cruzaron, y la ternura y la sonrisa en los ojos de Devil eran imposibles de ocultar.
Después de mirarlo un rato, Sheng Yi empezó a sentirse incómodo, y rápidamente, algo nervioso, bajó la cabeza, fingiendo que volvía a mirar la pantalla del celular frente a él.
Al ver cómo evadía la mirada, la comisura de los labios de Devil se curvó hacia arriba. Asintió hacia las dos chicas frente a él y se levantó para irse sin más. Tampoco olvidó pasar por la recepción para pagar la cuenta de todos, lo cual dejó a las dos chicas profundamente conmovidas.
Al levantar la vista, Sheng Yi se encontró con las miradas encendidas —mitad admiración, mitad celos— de las dos mujeres. Se quedó perplejo.
¿Qué pasó? ¿Qué acabo de hacer?
Aun así, sabía que esta mazmorra seguía siendo peligrosa. Para evitar cualquier imprevisto, interrogó con cuidado a las dos mujeres acerca de sus habilidades de autoprotección.
Ambas confiaban plenamente en él, así que le hablaron sin reservas.
La habilidad especial de Su Rui se llamaba, curiosamente, “Guiño de Estrellas”. Consistía en un poder de seducción, lo que explicaba lo fácil que le había resultado engañarlo antes. Le explicó a Sheng Yi que su habilidad no tenía límite de usos, pero por el momento solo podía ejercer una fuerte influencia psicológica sobre una persona; no podía obligarla a obedecerla del todo. Si intentaba usarla sobre varias personas al mismo tiempo, el efecto se diluía.
—Sería como hacer que alguien que quiere ir a KFC termine yendo a McDonald ‘s —bromeó con una sonrisa traviesa.
Aun así, añadió que contaba con sus propias armas, suficientes para protegerse.
La habilidad de Zhang Zilin fue la que realmente sorprendió a Sheng Yi. Se llamaba “Escondite”. El nombre sonaba infantil, pero las capacidades que conllevaba eran formidables: invisibilidad y teletransportación, perfectas para un verdadero juego de escondite. Sin embargo, su uso tenía limitaciones: solo podía permanecer invisible una hora al día y teletransportarse tres veces, con un alcance máximo de cincuenta metros. También llevaba armas, lo cual tranquilizó a Sheng Yi respecto a su seguridad.
Ambas chicas aseguraron que actuarían juntas y le pidieron que no se preocupara por ellas.
Sheng Yi asintió y les indicó sus siguientes tareas.
—Revisen la casa de Aizi. Su Rui, comunícate con su familia. Zhang Zilin, revisa su habitación por si encuentras algo fuera de lugar. Si llegan a ver a Yanzhou, manténganse alejadas y esperen a que lleguemos.
Las dos asintieron rápidamente antes de marcharse. Sheng Yi las observó hasta que desaparecieron por la calle y, solo entonces, terminó su café.
Cuando se acercó a la recepción, el empleado le dijo que un caballero ya había pagado la cuenta.
Sheng Yi arqueó una ceja, aunque no pareció sorprendido. Salió de la cafetería con paso firme.
Esta vez, sabía que iba a enfrentarse a las fuerzas criminales.
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