Devil mantuvo su actitud habitual, observando cada movimiento de Sheng Yi.
En aquel entonces, el joven apenas había concluido su carrera académica. Había pasado por varios casos, sí, pero aún carecía de la frialdad y la decisión que da la experiencia. Su dureza estaba suavizada por cierta dulzura.
Las luces del bar proyectaban sombras caprichosas sobre su rostro, acentuando sus rasgos ya de por sí profundos y atractivos, haciéndolos parecer aún más definidos.
Devil giraba lentamente su bebida entre los dedos, con una sonrisa apenas insinuada en la comisura de sus labios.
Los dos permanecieron así, inmóviles, durante unos quince minutos. Hasta que, para sorpresa de Devil, apareció un invitado inesperado en la mesa de Sheng Yi.
Un hombre blanco, corpulento, con una barba espesa y una cicatriz feroz en la mejilla derecha. Tenía cierto aire a personaje de Piratas del Caribe. Se tambaleaba como un borracho cualquiera.
Normalmente, si un perdedor tan alcoholizado se arrastraba dentro de un bar de Naraka, Devil ni siquiera le habría prestado atención. Era algo demasiado común.
Pero aquel hombre no existía en sus recuerdos.
Devil se tensó. La estrategia que había planeado para atravesar la mazmorra era impecable; si algo no coincidía, solo podía significar que el universo paralelo al que había llegado no era exactamente el que conocía. Claro, su viaje en el tiempo podía haber provocado un efecto mariposa, alterando el pasado grabado en su memoria.
Por eso, en lugar de pulsar de inmediato la opción de cambiar de universo, decidió esperar. Si esta instancia de nivel B realmente se limitaba a comprobar qué tan fiel era su memoria, entonces no era más que un examen de hipertimesia. ¡En ese caso, debería llamarse “Supercerebro” en vez de mazmorra!
El hombre, con la vista perdida, se dejó caer en la silla junto a Sheng Yi, tomó su bebida y empezó a beber como si nada.
Devil: …
Sheng Yi: …
¿En serio era solo un pobre diablo desesperado por alcohol?
Sus pensamientos coincidieron sin saberlo. Ambos centraron su atención en aquel extraño.
El corpulento terminó la jarra antes de percatarse de que había alguien sentado a su lado. Su cerebro, embotado por el alcohol, parecía tardar una eternidad en procesar la señal.
Entonces fijó la vista en Sheng Yi. Lo examinó con ojos nublados y, de repente, como si lo hubiera reconocido, se levantó de golpe.
En un instante, los músculos de Devil y Sheng Yi se tensaron, listos para responder a un ataque repentino.
Pero lo inesperado ocurrió: el hombre se desplomó de rodillas. El sonido sordo del golpe hizo que ambos sintieran dolor ajeno solo de escucharlo.
Con ese peso, arrodillarse así debía ser un suplicio. ¿Se le habría fracturado la rótula?
Antes de que pudieran reaccionar, el tipo rompió a llorar.
Devil: …
Sheng Yi: …
¿Qué clase de guión ridículo es este? ¿Seguro que no intentas estafarnos?
Y aún había más. El hombre masculló en un chino torpe y atropellado:
—¡Cariño, me equivoqué! ¡No me atreveré a beber fuera otra vez! ¡Yuju!
Devil: …
Sheng Yi: …
Cielos… esperabas un escenario tipo “el gánster fugitivo se encuentra con su jefe”, pero lo que tenemos aquí es un “marido borracho suplicando perdón a su adorable esposa”.
¿De verdad estabas tan borracho que ya ni distingues caras? Ni siquiera géneros, por lo visto. Este alcohol es peor que el smog de Pekín. Al menos el smog tiene reglas claras: “a 5 metros, no distingues hombres de mujeres; a 10 metros, no distingues personas de animales”. Tú estás a dos o tres metros… ¡y ya confundes hombres con mujeres!
Claro que, la misión actual no era investigar “¿Qué daña más la vista humana: el alcohol o el smog?”.
El incidente de la gran reunión familiar había conseguido lo impensable: atraer todas las miradas del bar hacia aquel rincón que hasta hace un momento parecía discreto. La elección de Sheng Yi había sido calculada; buscaba un lugar apartado para observar a Devil sin ser notado. Ahora, gracias a la irrupción de aquel borracho, no solo había perdido el anonimato, ¡sino que había quedado en plena posición C, como si fuera el protagonista indiscutible del espectáculo!
Devil, por su parte, lo veía con preocupación. Sheng Yi estaba demasiado expuesto. Si alguien en ese lugar lo reconocía como policía, no saldría de Naraka caminando por la puerta: entraría de pie y saldría en horizontal. Devil no permitiría que eso ocurriera frente a él. Real o no, aquel Sheng Yi no debía salir lastimado.
El problema era que no podía intervenir de forma directa. El temor a salirse del personaje lo mantenía contenido. Conociéndose bien, sabía que si la misma escena le hubiera ocurrido a un desconocido, él solo habría sido uno de los tantos curiosos en el bar, mirando desde la distancia. Además, había gente allí que conocía su reputación: todos sabían que Devil evitaba los problemas innecesarios. Si ahora se lanzaba a ayudar a Sheng Yi, sería imposible justificarlo. Su imagen quedaría en entredicho y, lo peor de todo, todavía no estaba seguro de si ese Sheng Yi era realmente el Sheng Yi.
Mientras buscaba la manera de sacarlo del apuro sin levantar sospechas, el corpulento empezó a serenarse. El dolor en la rodilla parecía haber disipado buena parte de la niebla alcohólica. Miró de nuevo con atención al hombre frente a él… y ojalá no lo hubiera hecho. Ahora, con la vista despejada, comprobó lo obvio: el que estaba sentado allí era un auténtico tipo duro, no su “esposa”. Aunque, pensó Devil con ironía, dudaba que alguien así fuera capaz de encontrar siquiera una esposa.
El borracho se quedó pasmado, como si rebobinara en su cabeza cada segundo de la vergüenza que acababa de pasar. Luego se incorporó torpemente, apoyándose en la silla. Por un momento pareció dispuesto a lanzar un golpe devastador al pobre Sheng Yi que lo había “confundido”, pero entonces recordó la regla sagrada de Naraka: nada de violencia física. Su brazo se detuvo a medio camino y volvió a caer, frustrado.
Lanzó una mirada feroz a Sheng Yi y a todos los que lo rodeaban, como si fueran culpables de su ridículo y se marchó tambaleándose hacia la salida.
Sheng Yi: …
Los clientes del bar: …
¡Eh! ¿Y esa mirada qué? ¡Nosotros solo estábamos mirando!
Uno de los protagonistas de la farsa se había retirado y los espectadores, al comprobar que no habría segunda ronda, regresaron a lo suyo. El músico del bar retomó el violín y, de pronto, el lugar recuperó una apariencia de normalidad. Desde cierta perspectiva, ya no parecía un bar en una zona negra como Naraka, sino cualquier taberna corriente de un país regido por la ley.
Devil soltó el aire, aliviado. Menos mal que el tipo había recobrado la lucidez; de lo contrario, cualquiera sabe cómo habría terminado la escena. Tomó de nuevo su vaso y lo hizo girar con calma. Los cubitos de hielo brillaban contra el licor dorado, reflejando las luces del local.
Al levantar la vista, se encontró con que Sheng Yi también lo miraba. Sus ojos se cruzaron en un instante incómodo.
Devil: …
Sheng Yi: …
¿Es demasiado tarde para fingir que solo mirabas el techo?
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