El autor tiene algo que decir:
Por favor, guarden al autor en sus favoritos, comenten y guarden mis artículos —Plan Salto a la Tierra— y —El Pozo—.
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Por supuesto, ninguno de los presentes se atrevió a expresar sus pensamientos en voz alta; solo observaron desde la distancia. De repente, todos desearon que el Plan de Salto tuviera la amabilidad de proporcionarles un teléfono para grabar aquella “gran reunión familiar” y poder disfrutarla después.
Sheng Yi y Devil ni siquiera imaginaron que ya eran considerados candidatos para la Gala del Festival de Primavera del próximo año. Ellos, ajenos a todo, mantenían la vista fija en el pequeño ratón, sin pestañear.
El animal pareció sentir un escalofrío bajo el trasero, alejándolo de la alegría de haber hallado a su ” madre” y devolviéndolo a la dura realidad del mundo humano. Con un dejo de tristeza, murmuró:
—Mamá, ¿por qué ya no me quieres?
Al escuchar otra vez su peculiar forma de hablar, Sheng Yi y Devil no pudieron evitar soltar acentos del noreste chino:
—…¡Estúpido! ¿No sabes hablar bien? ¿Cómo empiezas a trabajar sin aprobar el examen de mandarín? ¿Acaso hay reglas de contratación en el Plan de Salto?
Sin inmutarse ante los gruñidos, el ratoncito se incorporó en silencio, dispuesto a lanzarse una vez más sobre Sheng Yi. Pero esta vez Devil se interpuso. Con un solo movimiento, su espada lo mandó a volar como proyectil, tan lejos que el roedor quedó un buen rato sin poder levantarse.
Solo entonces, tras despachar al “niño problemático”, Devil tuvo energía para girarse y mirar a Sheng Yi con un dejo de resentimiento que le erizó la piel. Sheng Yi se frotó los brazos, intentando sacudirse aquella extraña sensación, y preguntó:
—¿Por qué me miras así?
Su mandarín era impecable, sin el más mínimo acento. Nada que ver con el del ratoncito, tan marcado por el noreste. Recordando que el acento suele delatar el origen familiar, Devil suspiró con alivio: a juzgar por esto, probablemente no son parientes.
Si Sheng Yi hubiera tenido las habilidades de Edward Cullen en Crepúsculo para leer la mente, seguramente querría asesinar a Devil en ese instante.
Los dos se miraron largo rato: uno con anhelo y ternura mal disimulada; el otro con asco y pánico. Permanecieron tan absortos en esa tensión extraña que apenas notaron cuando el ratón volvió arrastrándose.
Esta vez, tras dos intentos fallidos de reconocer a su “madre”, su mirada se había apagado y su pelaje, antes lustroso, estaba cubierto de polvo. Ahora parecía más bien el hijo pobre abandonado por su madre tras casarse con una familia adinerada de cualquier drama televisivo.
Nadie quería presenciar cómo un buen PNJ terminaba reducido a un “joven trastornado” por culpa de sus compañeros. Por eso, antes de que Devil pudiera rechazarlo otra vez, todos se interpusieron entre él y el ratón, formando una muralla humana en defensa del desdichado animalito y bloqueando a su “padrastro”.
—¿Por qué subieron todos los extras al escenario en cuanto me fui un momento? ¿No es esa la siguiente escena? —preguntó el ratoncito.
Nadie respondió.
Solo cuando Devil y Sheng Yi dejaron de mirarse y se reunieron con los demás, el ratoncito vio al fin a su anhelada —madre—.
En cuanto lo divisó, quiso abalanzarse sobre Sheng Yi: flexionó ligeramente las patas traseras y buscó el ángulo perfecto para lanzarse directo hacia él.
Por supuesto, Devil y Sheng Yi no le dieron esa oportunidad. Uno blandió su espada larga con la clara intención de enviarlo por los aires como si fuera una pelota de golf; el otro retrocedió con rapidez, creando distancia entre él y la bola de pelo que se le acercaba a toda velocidad.
Tan veloces como ellos fueron también los demás. El camarada Tom sacó enseguida su “arma”: una simple trampa para ratones. Con destreza, presionó hacia abajo y atrapó al roedor en la red, impidiéndole escapar.
El resto desplegó rápidamente sus propios dispositivos defensivos, temiendo que, si el ataque de Devil fallaba, no solo el ratón saldría volando, sino también sus —buenos compañeros del siglo XXI—. Y, desde luego, ninguno de ellos era Sun Wukong (*) como para desplazarse sobre una nube. Caer desde semejante distancia sería un problema.
[(*)NT: Sun Wukong, conocido como el Rey Mono, es uno de los personajes más famosos de la literatura china y el protagonista de la novela clásica Viaje al Oeste, atribuida a Wu Cheng’en.
Según la historia, nace de una piedra mágica en la Montaña de las Flores y los Frutos. Gracias a su inteligencia y determinación aprende artes marciales, magia y el secreto de la inmortalidad].
Gracias a la cooperación tácita de todos, el ratón no salió disparado y nadie resultó herido.
Devil envainó su espada y, junto con Sheng Yi, lanzó una mirada inquisitiva a los presentes, como si preguntara: «¿Por qué se han convertido de repente en secuaces de este ratón?».
Por supuesto, nadie iba a decir: «Tememos que mates a un PNJ importante de un bofetón». Así que se limitaron a sonreír y explicar:
—Es un malentendido, un simple malentendido. Solo temíamos que escapara, y luego tendríamos que buscar a otro PNJ.
Todos sabían que el arma y la fuerza de Devil eran extraordinarias. Incluso con sus propios poderes sobrenaturales, ninguno deseaba enfrentarse a su ira si abofeteaba al ratón. Además, estaba claro que ni siquiera había usado toda su fuerza. Aquel dúo era verdaderamente misterioso y poderoso.
Tras escuchar las explicaciones, Devil y Sheng Yi no añadieron nada más: simplemente asintieron. Entonces todos se acercaron para observar al lamentable ratoncito atrapado en la red.
Fue Sheng Yi quien rompió el incómodo silencio:
—¿Quién eres? ¿Por qué me llamas…? —hizo una pausa, respiró hondo y continuó—: ¿mamá?
Después de todo, según las leyes del aislamiento de especies, era imposible que hubiera engendrado un hijo ratón. ¡Y bah, además, era hombre, así que tampoco podía tener hijos!
Devil advirtió con interés que Sheng Yi se sonrojaba al decir esto, lo cual le provocó unas tremendas ganas de tocarle las mejillas.
Reprimiendo el impulso, desvió la mirada hacia el ratoncito, esperando su respuesta.
El pequeño roedor, perplejo, replicó con desconcierto:
—Mamá es mamá, ¿por qué tendría que haber una razón?
Y acto seguido entonó:
—Su tío mayor y su tío segundo son sus tíos; su madre biológica y su madrastra son sus madres.
Todos: ¿¿¿???
Oh vaya, entonces, ¿al final esto sí era el guión de una madrastra? ¡Qué emocionante!, pensaron los demás.
Pero Sheng Yi, obligado a aceptar aquel “reencuentro familiar” a la fuerza, y Devil, que de repente se había ganado un “hijo descarriado”, no estaban para nada contentos con la situación.
Al fin y al cabo, ellos dos eran los protagonistas del guion, no simples espectadores, así que por supuesto no podían compartir el buen humor de los demás.
Tras respirar profundamente varias veces, Sheng Yi finalmente preguntó:
—Entonces, ¿cómo reconociste que yo era tu mamá?
Esta vez, el ratoncito no respondió de inmediato; sus ojillos brillantes giraron varias veces dentro de sus cuencas antes de decir:
—¡Pues claro, porque mamá es quien mejor juega a “atrapa al topo”!!!
Los presentes, que jamás esperaron una respuesta así: …maldición, ¿en tu familia los reencuentros se deciden según el puntaje en el juego de atrapar topos???
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