«Existen cosas aún más horribles que morir. Quien haya ido siquiera una sola vez al Caos, cualquiera sabe qué es eso.»
—Yoo Seolha, Segunda comandante de «La Grieta».
♦ ╬ ♦
Tres días después del inicio del encargo.
Jaehwan se encontraba de pie frente a la entrada de «Crepúsculo Penumbroso», llevando consigo la vaina ya terminada.
Aunque había pensado que el trabajo concluiría en un solo día, al final había requerido un total de tres. Sin embargo, considerando que el tiempo habitual de procesamiento de un cuerno era, siendo generosos, de unas tres semanas, seguía siendo un plazo extraordinariamente corto.
Michael y varios artesanos más habían salido hasta la entrada para despedir a Jaehwan.
—¿De verdad piensas irte así?
—Como la fabricación ya terminó, tendré que irme.
Durante el proceso de «Comprender» la habilidad «Procesamiento», propia de los Mongma, Jaehwan había descubierto una información inesperada.
Aquellas bestias no eran criaturas que hubieran existido de forma natural.
El cuerno de Garnak ya había sido «Procesado» por alguien antes incluso de ser sometido al «Procesamiento».
Es decir… Todas aquellas bestias habían sido creadas deliberadamente por alguien.
Quién era ese alguien y con qué propósito lo había hecho seguía siendo un misterio, pero las bestias cornudas eran, sin lugar a dudas, productos manufacturados con enorme esmero.
No sabía si Michael y los demás conocían ese hecho o no.
Jaehwan dio unos golpecitos sobre la vaina.
—Esta también me gusta.
Como si estuviera satisfecho con su nuevo hogar, la espada emitió un zumbido vibrante.
Una magnífica vaina que irradiaba un tenue brillo negro. No solo era resistente, sino que además poseía capacidades de rechazo contra las energías malignas, una auténtica facultad anti demoníaca.
Especialmente destacaba por tener incorporado de forma inherente el poder ‘Majestad de Garnak’, capaz de infundir terror en las bestias de rango Triangular o inferior, lo que facilitaba evitar enfrentamientos innecesarios con criaturas débiles.
Michael observó largo rato la vaina de Jaehwan antes de preguntar:
—Por cierto, ¿ya decidiste el nombre de tu espada?
—Todavía no.
—Si no te importa… ¿podría ponerle uno?
Jaehwan asintió con la cabeza. Una tenue sonrisa apareció en el rostro de Michael.
—Durante estos tres días he sentido una cosa al observarte.
Tres días.
Un tiempo infinitamente corto y, sin embargo, grabado con una profundidad inmensa.
—No sé exactamente qué es lo que deseas hacer. Tampoco sé por qué me mostraste aquel ‘mundo’.
Michael recordó el mundo que había visto. Después de haber salido de él una sola vez, todo lo demás empezó a parecerle una mentira.
Probablemente jamás volvería a contemplar aquel mundo.
Si él, alguien ya acostumbrado a las habilidades y a la interfaz, había podido vislumbrarlo siquiera por un instante, había sido únicamente gracias a Jaehwan.
Aquel mundo parecía, al mismo tiempo, una metáfora o un símbolo.
Y también una ilusión. O un sueño.
Mientras miraba a Jaehwan a los ojos, Michael pensó:
“Pero hay una cosa que sí sé con certeza”.
¿Y qué importaba? Si eso fuera una metáfora, una ilusión o la propia realidad.
Había una única verdad absolutamente evidente.
—La gente de este mundo jamás te recibirá con agrado.
En este mundo, la verdad nunca es justicia.
Las personas están demasiado acostumbradas a la realidad que ellas mismas han construido.
Detestan las cosas complicadas. Apartan la vista de aquello que les resulta difícil de comprender.
Temen lo incierto.
Y el hombre que tenían delante era la encarnación de todo ello.
—Algunos te admirarán. Pero la mayoría no lo hará.
Michael recordó la primera vez que Jaehwan había entrado en el taller.
Un hombre que no conocía en absoluto lo que era la humildad.
—Algunos te temerán.
Desmesuradamente violento hasta resultar irracional.
—Y otros se burlarán de ti y te despreciarán.
Un hombre con aspectos tan extraños que parecían desafiar toda lógica.
—Puede que incluso haya quienes intenten matarte.
Por eso Michael lo sabía.
La forma de actuar de Jaehwan, cuidadosamente torcida, despertaría el rechazo de incontables personas. La inmensa mayoría de este mundo lo excluiría y algunos incluso intentarían asesinarlo.
—Y aun así… ¿seguirás intentando proteger ese mundo?
Michael quería detenerlo. Por extraordinario que fuera el mundo que Jaehwan le había mostrado.
Aunque ese mundo contuviera una verdad capaz de iluminar a todas las existencias del «Caos».
Michael prefería que Jaehwan abandonara ese mundo… y sobreviviera.
Como siempre, Jaehwan no respondió.
Al mirar aquellos ojos, Michael comprendió.
Para ese hombre, aquel mundo no era algo que pudiera abandonar simplemente porque quisiera hacerlo.
Ese mundo… ya era su propia vida.
Aquel hombre viviría ese mundo completamente solo.
Michale sonrió con amargura.
—Después de todo, parece que solo existe un nombre adecuado para esa espada.
Pidió a uno de los artesanos que trajera un martillo y un cincel.
Después utilizó «Procesamiento» y comenzó a grabar con elegantes caracteres en la vaina de Jaehwan.
獨 不
—¿”Dokbul”… como en la expresión de un “un general que marcha solo”. 1
Michael asintió.
—Ya que iba a escribirlo, lo hice usando elegantes caracteres del lenguaje marcial. Si permaneces en el «Caos», terminarás encontrándote con bastantes personas provenientes de ese Mundo.
獨 (독) (Estar solo)
不 (불) (no)
En cierto sentido, aquel nombre no describía tanto al Jaehwan actual como el deseo que Michael albergaba para él.
Acto seguido, un brillante haz de luz brotó de la espada. Con un profundo zumbido…
Dokbul lanzó su primer llanto.
Había aceptado su nuevo nombre.
—Entonces… que te vaya bien.
Jaehwan respondió con un leve asentimiento. Después se dio la vuelta y comenzó a alejarse.
Michael contempló la espalda del hombre que se iba.
Un mundo infinitamente solitario. Y, al mismo tiempo, orgulloso.
Uno de esos mundos que jamás volvería a encontrar se alejaba poco a poco.
—¡E-espera un momento! —De repente, Michael gritó con urgencia—: ¿Podría hacerte una última pregunta?
Los pasos de Jaehwan se detuvieron en seco.
—En ese ‘mundo’ que tú ves… ¿qué soy yo?
Jaehwan no se dio la vuelta. Como si vacilara ante la idea de hacerlo, finalmente, sin volver el cuerpo, respondió:
—Humano.
Y continuó alejándose.
Michael sabía por qué Jaehwan no había querido mirarlo.
Dejó escapar un suspiro.
¿Quién podría comprender un mundo tan solitario?
En ese instante, a lo lejos, una mujer se acercaba caminando hacia Jaehwan.
Michael dejó escapar una risa vacía.
—Dokbul… Qué propio de la juventud.
♦ ╬ ♦
Mientras caminaba por la avenida principal, Jaehwan percibió vagamente que algo había cambiado.
Sentía que faltaba algo que, de algún modo, debería estar a su lado.
Mientras había permanecido en el taller, aquello había estado asomándose de vez en cuando, molestándolo sin motivo, igual que un gato que pasa solo para hacer alguna travesura. Sin embargo, desde el día anterior no había vuelto a aparecer en ningún momento.
Pensó que, por fin, se habría marchado.
—¿Me estaba buscando, por casualidad?
Mino aparecía con un aspecto impecable, como si hubiera ido a cambiarse de ropa en algún sitio.
Su atuendo de incursión nocturna se había transformado en un uniforme marcial corto de tonos negros, mientras que sus piernas estaban cubiertas por medias negras. Lo único que seguía igual era aquella oscura capa semejante a una túnica que aún llevaba sobre los hombros…
—¿Dónde estabas?
—Por aquí cerca.
—¿Qué hacías?
—Bueno, un poco de esto y un poco de aquello. Yo también estoy bastante ocupada. Ah, toma esto.
—¿Qué es?
—Es ropa para ti. No puedes seguir vagando vestido como un mendigo para siempre, ¿no?
Ahora que lo mencionaba, seguía llevando ropa hecha jirones.
Jaehwan recibió la bolsa.
Aunque tenía cierto aire medieval, la ropa era bastante informal. Incluso el abrigo había sido confeccionado completamente en negro, probablemente para armonizar con la vaina.
—Solo… es una forma de agradecerte que me salvaras la vida.
—Ya veo.
—¿Qué tal si dices al menos una vez ‘gracias’?
—Gracias.
Mino volvió la vista hacia «Crepúsculo Penumbroso» ya bastante distante. Michael y los artesanos seguían mirando en dirección a ellos.
—Parece que les caíste muy bien a los artesanos.
—No puede ser.
—Sobre todo ese anciano. Parecía que se llevaba muy bien contigo.
—Te equivocas.
—Pues ese viejo te estaba mirando con unos ojos bastante intensos.
—…
Jaehwan no respondió. Ambos caminaron un rato por la avenida.
Al llegar a la zona de los puestos callejeros comenzaron a aparecer grupos dispersos de transeúntes.
—¿Por qué continúas siguiéndome?
—¿Por qué? ¿Crees que tengo algún objetivo oscuro?
—No descarto completamente esa posibilidad.
Mino sonrió ampliamente.
—¿Cómo lo supiste?
—¿Estás tramando algo otra vez?
—Estoy planeando matarte.
—¿Y qué piensas hacer después de matarme?
—Quitarte la Piedra de las Almas de los Muertos.
—¿Y después de quitármela?
—Hasta ahí no lo he pensado. En cualquier caso, viviré cómodamente gracias a ella.
Jaehwan dejó escapar una breve risa.
Era una risa que transmitía una tranquilidad absoluta: tanto si Mino hablaba en serio como si no, aquello jamás podría ocurrir.
Mino sintió que su orgullo había recibido un pequeño golpe.
—¡Lo digo en serio!
—Entendido—. Su voz seguía siendo completamente llana.
Una serenidad tan absoluta que parecía no importarle en lo más mínimo que alguien acabara de decirle que pensaba matarlo.
Mino empezó a preguntarse de dónde provenía esa tranquilidad.
Al principio había creído que nacía simplemente de una fuerza aplastante. Pero, al pensarlo mejor, ella conocía a varias personas tan fuertes como Jaehwan.
Por ejemplo, los Señores de las Diez Direcciones del Caos, organización a la que ella pertenecía.
Y, aun así… La tranquilidad de Jaehwan era distinta a la de ellos.
—¿Qué piensas hacer a partir de ahora?
—Voy a encontrarme con los Mongma.
—¿Cómo?
—Michael me explicó cómo hacerlo.
—¿Y qué harás cuando los encuentres?
—Preguntarles acerca del «Árbol de la Fantasía» y averiguar cómo ascender hacia la parte superior de este mundo.
—¿Sabes siquiera qué hay arriba?
—El «Abismo».
La expresión de Mino cambió de una forma extraña.
—¿Es… porque quieres volver a vivir?
No era la primera persona que intentaba ascender al «Abismo», una de las ‘ramas’ del «Árbol de la Fantasía».
Muchos lo habían intentado antes que Jaehwan. Pero la inmensa mayoría había fracasado.
Y quienes conseguían subir apenas lograban regresar.
Incluso aquellos que, por pura suerte, sobrevivían y volvían para ser conocidos como los ‘poderosos del Abismo’, acababan convertidos en despojos humanos consumidos por la demencia.
Con un tono que denotaba cierto cansancio, Jaehwan respondió:
—¿Te interesa tanto conocer mi objetivo?
—Sí.
—¿Por qué quieres ir allí? ¿Porque deseas hacerte más fuerte? ¿O…?
Jaehwan la miró con unos ojos fríos y por un instante Mino vaciló, pero no apartó la mirada.
—Aunque te lo dijera, no lo creerías.
—¿Entonces qué es? ¿Acaso pretendes conquistar el mundo?
Ni siquiera aquella broma consiguió hacer sonreír a Jaehwan.
Él simplemente levantó la vista hacia el cielo.
Mino también lo observó.
Mirándolo con atención, daba la impresión de que Jaehwan no contemplaba el cielo, sino algo que existía más allá del firmamento.
Un momento después parecía no estar mirando absolutamente nada. Y, si uno seguía observándolo…
Parecía estar contemplándolo todo al mismo tiempo.
Poco después, los labios de Jaehwan pronunciaron unas palabras.
Y Mino quedó completamente atónita.
Al principio no pudo comprender lo que había dicho.
No porque las palabras fueran difíciles de entender. Sino porque… aquello que había dicho era imposible.
Por eso soltó una carcajada exagerada.
“Debe de estar bromeando.”
“Hasta alguien como él será capaz de hacer una broma de vez en cuando.”
Eso pensó.
Pero, poco después, al ver la expresión de Jaehwan… Comprendió que hablaba completamente en serio.
Toda sombra de sonrisa desapareció.
Los músculos de su rostro comenzaron a tensarse.
Era como si, sin ninguna explicación lógica, hubiera quedado suspendida en el aire por encima del cielo.
Sentía una sensación extrañísima.
Era completamente absurdo.
No podía ocurrir. Y, sin embargo… Empezó a pensar, muy poco a poco, que tal vez…
Tal vez aquel hombre realmente pudiera hacer lo que acababa de decir.
Que quizá… De verdad fuera posible.
Entonces, lentamente…
La ira empezó a brotar en su interior.
—¿¡Por qué quieres hacer algo así!? ¿¡Quién te crees que eres!? —Mino continúo— ¿¡Con qué derecho!?
—…
—No quería llegar a decir todo esto, pero de verdad… eres desesperante.
Sin comprender siquiera por qué estaba tan alterada, Mino continuó hablando.
—No prestas atención a la gente que tienes alrededor, no tienes ninguna consideración por los demás, eres seco, arrogante… Y, sobre todo… —Su voz, temblorosa por la rabia, fue apagándose poco a poco—. No consideras a las personas de este lugar como ‘seres humanos’ iguales a ti.
En el instante en que pronunció aquellas palabras, Mino comprendió que había dicho demasiado.
Pero su boca siguió moviéndose.
—No solo tu vida ha sido difícil.
La gente de aquí también escapó con muchísimo esfuerzo de sus propias ‘Raíces’. También llegó a «La Gran Tierra» Y después de morir incluso allí… terminó viniendo hasta este lugar.
“¿Por qué estoy diciendo todo esto?”
Ella misma se lo preguntó.
¿Era resentimiento?
¿Complejo de inferioridad? ¿O alguna otra emoción completamente distinta?
Ni siquiera ella era capaz de entenderse.
—Una vez dijiste que eras humano.
En aquel momento creyó haber comprendido un poco el significado de esas palabras. Pero quizá solo había sido una equivocación.
—Yo también soy humana.
Puede que no sea tan fuerte como tú.
Puede que tampoco sea tan firme. Pero yo también soy, sin duda… una ‘humana’.
Quizá el ‘humano’ del que él hablaba fuera algo completamente distinto.
Algo muchísimo más noble. Muchísimo más grandioso.
Pero un ‘humano’ así…
…era demasiado difícil para Mino.
—Aunque no tenga sueños grandiosos ni convicciones extraordinarias, si hoy logro sobrevivir sana y salva, con eso me basta para sentirme satisfecha y feliz.
Para mí…
Eso es un ser humano.
¿Acaso un ser humano así…
…no merece vivir?
Al final de la avenida aparecieron dos caminos que se bifurcaban.
Mino sintió como si aquella bifurcación fuera una especie de señal del destino.
—Por eso… tú no me pareces un ser humano.
En algún lugar se oyó un fuerte ¡bum!, como si algo pesado hubiera caído al suelo.
Al volver la vista, vieron a alguien levantando un cartel publicitario que se había desplomado.
—Nos separamos aquí… Después de todo… no puedo seguir viajando junto a alguien que tiene ese tipo de objetivo.
Sin siquiera despedirse, Mino se internó por el camino repleto de puestos ambulantes.
Jaehwan permaneció largo rato observando cómo su figura desaparecía.
Era la última imagen de la primera persona que había conocido en este mundo.
Del primer ser humano que había encontrado desde que llegó aquí.
¿Cuánto tiempo pasó?
De pronto, Jaehwan bajó la vista hacia la bolsa que aún sostenía en la mano.
♦ ╬ ♦
Al final del camino por el que había corrido Mino había una taberna.
Era la taberna administrada por Claire.
“No hacía falta decirle todo aquello…”
Mientras contemplaba la entrada de la taberna, Mino pensó eso.
En realidad, aquel nunca había sido su plan. Pensaba llevar a Jaehwan hasta aquella taberna.
Entrar con él y presentárselo a Claire… Probablemente… eso ya nunca volvería a suceder.
Mino abrió la puerta y entró.
—Perdón, señora. Llegué muy tarde, ¿verdad?
—…
La taberna estaba prácticamente a oscuras, dejando únicamente una iluminación mínima.
En el centro del establecimiento… Claire permanecía sentada con la mirada completamente perdida.
Tenía todo el cuerpo atado y al ver que Mino había llegado sola, sonrió.
—Ya imaginaba que sería así.
—Lo siento. De verdad.
Claire soltó una risita ronca.
—Esta vez… parece que las dos vamos a morir de verdad.
Claire.
La mujer que había superado junto con Mino la «Torre de la Pesadilla» y que, desde entonces, había permanecido siempre a su lado incluso después de llegar a «Caos».
Mino se mordió el labio mientras la contemplaba. Ya no sería capaz de proteger a su última compañera.
—La Bruja de la Destrucción.
Una voz helada hizo que el aire de la taberna se congelara. Y no solo el aire de la taberna.
Toda la zona residencial de los alrededores estaba impregnada de una intención asesina aterradora.
El dueño de aquella voz era precisamente el hombre que, poco antes, había ido a buscar a Mino a esa misma taberna.
—¿Qué ocurrió con nuestro trato?
—Esa persona no vendrá.
El aire era tan frío que parecía cortar la piel.
Quizá fuera influencia de Jaehwan. Pero incluso en una atmósfera tan espantosa, por alguna razón Mino sintió ganas de reír y dejó escapar una risa vacía.
—Porque esa persona… ha ido a destruir este mundo.
Impresiones sobre el capítulo completo.
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