Beastreing lo miró con expresión de incredulidad y luego se llevó una mano a la frente.
—Haah… Supuse que algo así podía pasar, pero realmente es la primera vez que veo a alguien como usted.
—Escuché cosas parecidas muchas veces mientras llegaba hasta aquí.
Un filo cortante impregnó la Espada del Dragón Verdadero y la Espada del Dragón de Hielo que sostenía en ambas manos. El feroz poder espiritual de Jaehwan se concentraba en las puntas de las hojas.
—Y esta es mi respuesta.
Como si se hubiera rendido, Beastreing levantó ambas manos.
—Ay, haga lo que quiera, haga lo que quiera.
La espada de Jaehwan se lanzó hacia Beastreing.
Al instante siguiente. Desde abajo brilló un extraño círculo mágico, y algo creció de golpe, envolviendo por completo el cuerpo de Jaehwan y restringiéndolo. Era Black Iron Wood, la planta que proliferaba en el piso 91 de la torre.
—Hubiera sido más fácil para ambos si lo hacía así desde el principio. ¿No le parece?
—… ¿Qué piensas hacer? De todos modos, si no doy mi consentimiento, no podrás terminar este juego.
—Bueno, siempre hay métodos, ¿no cree?
—Así que planeas torturarme.
—…Jaja.
—He visto todos los infiernos posibles mientras subía hasta aquí. ¿Crees que algo como la tortura funcionará conmigo?
—Jeje, sí. Claro que no—. Beastreing sonrió con descaro—. La verdad es que hace mucho renuncié a obtener su consentimiento.
—¿Qué?
—Esta vez seré yo quien le haga una pregunta. ¿Por qué cree que este juego tutorial puede continuar indefinidamente?
—No me digas que…
—Jeje, exactamente eso. Hasta ahora jamás hubo un caso en que el juego terminara de esta manera, pero esta «Torre de la Pesadilla» está programada para finalizar automáticamente cien días después de concluir el tutorial.
“Claro, los reportes de entrega se retrasaron muchísimo por culpa de este maldito humano”, Beastreing lo pensó para sí.
—La razón por la que esperé diez días más fue para finalizar el juego de la manera más segura y natural posible. Para impedir que usted hiciera alguna estupidez innecesaria. Así que, señor Jaehwan, quédese atrapado ahí tranquilamente y participe obedientemente en el juego principal.
No parecía que Beastreing estuviera mintiendo.
De hecho, desde hacía un rato los movimientos de la torre no eran normales. Podían sentirse pequeñas vibraciones por todas partes. Sin duda eran señales de que el juego estaba llegando a su fin.
Beastreing observó a Jaehwan, que mantenía la cabeza inclinada en silencio, y sintió una extraña sensación de victoria. Aunque las cosas no habían salido exactamente según lo planeado, al final este humano también había dejado de resistirse y estaba aceptando su destino.
Entonces.
—Demonio Beastreing
—¿Sí?
—Una existencia conocida en «La Gran Tierra» como el ‘Caballero de la Humillación’. ¿Correcto?
—…Así es. Pero ¿cómo lo sabe?
—Has vivido 784 años y has recorrido un total de 128 mundos, realizando ese repugnante ‘cultivo’ sobre las razas de cada lugar. Engañándolos con tonterías sobre presentarles grandes señores y cosas por el estilo.
—¿…?
La mirada de Beastreing se llenó de incredulidad.
—¿Qué pasa? ¿Te sorprende escuchar esto de boca del ‘producto’ que has cultivado?
—Tú… ¿quién demonios eres…?
—Probablemente planeabas entregarme al cosechador llamado Señor de la Oscuridad Absoluta, ¿verdad? Y a cambio recibirías una enorme recompensa necesaria para completar tu cuarta muda.
—¿Cómo demonios…?
Jaehwan alzó la vista hacia el techo de la torre.
La ‘Duda’ que había afilado y perfeccionado durante los últimos cien días finalmente estaba mostrando su verdadero poder. Después de dudar una y otra vez, había logrado alcanzar por fin la esencia de este mundo.
Las partículas que parloteaban mientras flotaban por toda la torre.
Jaehwan escuchó sus voces.
La Duda le mostró un nuevo mundo, y el nuevo mundo le contó historias.
[… Señor de la Oscuridad Absoluta, pronto terminará el primer cultivo. El anticipo del contrato es…]
[… Este producto es de una categoría extraordinaria. En 784 años de vida jamás había visto algo así…]
[… Cuando esta transacción termine, yo también completaré mi cuarta muda y me convertiré en un demonio superior. Si me permite encargarme personalmente de este cultivo hasta el final…]
—…Tú, ¿quién demonios eres?
—¿Quién voy a ser? El producto que has criado aquí durante décadas.
Jaehwan sintió que la fuerza de unión de las partículas que lo sujetaban comenzaba a debilitarse poco a poco.
Ese era otro poder de la ‘Duda’.
Dudar y volver a dudar hasta negar la estructura misma de la existencia material y descomponerla gradualmente.
—Aunque ya no por mucho tiempo.
Dos espadas surcaron el espacio.
Beastreing logró esquivarlas por poco, pero una larga herida apareció en su antebrazo izquierdo.
Era imposible.
El oponente era apenas un novato que acababa de terminar el tutorial.
Beastreing era un demonio que había completado la tercera muda. Para siquiera hacerle un rasguño, alguien debía poseer al menos el nivel de un Adaptador de Primera Etapa.
“¿No me digas… un sobre-adaptado?”
Sobre-adaptado.
El término utilizado para describir productos que crecían más allá de todo sentido común.
“¿Cómo pudo aparecer un sobre-adaptado en mi torre…?”
Tal vez en el juego principal pudiera pasar, pero ¿alguna vez había aparecido un sobre-adaptado dentro de un tutorial?
La sobre adaptación era un talento clasificado incluso dentro de la élite absoluta de «La Gran Tierra». Beastreing podía imaginar perfectamente la alegría del Señor de la Oscuridad Absoluta.
“Aun así, apenas está al nivel de un Adaptador de Primera Etapa. Si aguanto un poco más, el juego terminará.”
Beastreing apretó los dientes.
—¡Todo esto es inútil! ¡De cualquier manera tendrá que participar en el juego principal! ¡Si me hace algo, el único perjudicado será usted!
—Eso ya lo veremos.
La técnica especial de Jaehwan se desplegaba desde la punta de la Espada del Dragón de Hielo.
Una estocada.
¿Todavía podía llamarse ‘estocada’ a aquello?
Desde la adecuación del movimiento hasta el flujo mismo de la fuerza.
Había dudado de todo lo que creía entender sobre aquella acción llamada ‘estocada’.
Y volvió a dudar.
El resultado de ese proceso. De esa manera llegó a comprender algo.
Cuando ya no queda nada más de qué dudar, ¿a qué estado puede llegar un ser humano?
Él comprendió la estocada.
Ya no era una simple ‘estocada’. Era algo que debía llamarse un rayo de luz, o quizá un destello.
La sangre explotó desde el cuerpo de Beastreing y sus ojos se abrieron como si fueran a desgarrarse.
—¡¿No me digas que alcanzó la Segunda Adaptación?!
Esa velocidad. Ese poder destructivo.
Era imposible sin haber alcanzado el nivel de un Adaptador de Segunda Etapa.
Y en toda la historia del cultivo, los casos de alguien alcanzando la Segunda Adaptación dentro de un tutorial podían contarse con los dedos de las manos.
Ahora Beastreing ya no podía darse el lujo de relajarse. Si Jaehwan realmente había alcanzado la Segunda Adaptación, entonces él también tendría que usar el poder de su verdadero cuerpo enlazado al plano material.
Beastreing elevó apresuradamente su sincronización al ochenta por ciento y tomó prestado el poder de su verdadera forma. Una cantidad inmensa de energía espiritual comenzó a envolver su cuerpo.
Una oscuridad brotó de él.
Era la verdadera forma de un demonio que había completado la tercera muda.
Aunque la tercera muda demoníaca solía compararse con la Tercera Adaptación, en realidad existía una ligera diferencia.
La mayoría de los Adaptadores jamás podía vencer a un demonio del mismo nivel. Porque incluso en la misma etapa existía una abismal diferencia de experiencia acumulada entre humanos y demonios.
Las enormes garras que surgieron de las manos de Beastreing despedazaron instantáneamente el cuerpo de Jaehwan.
En fuerza. En sentido del combate, fue completamente superado.
El poder acumulado de un demonio que había vivido cientos de años no era algo trivial.
Chorros de sangre brotaron del cuerpo de Jaehwan, y su resistencia cayó por debajo de la mitad en un instante.
—¡Ríndase obedientemente!
Las piernas de Jaehwan temblaban por la abrumadora presión que emanaba de Beastreing.
De verdad, los demonios eran monstruos absurdamente poderosos.
Quizá no pudiera ganar.
La disposición de las partículas que componían la torre también estaba cerca del colapso total.
¿Así terminaba todo?
Jaehwan siguió lanzando estocadas hasta el final.
Esa obstinación era lo que lo había llevado hasta allí.
Siguió apuñalando.
Y apuñalando.
¿Cuántas veces había repetido aquello hasta ahora?
¿Mil millones?
¿Dos mil millones?
La única que conocía la respuesta era su propio cuerpo.
9999999991…
9999999992…
……
9999999998…
9999999999…
10000000000!
En ese instante, Jaehwan vio una extraña línea.
Ya había experimentado algo similar antes.
Cuando luchó contra el Dragón de Hielo en el piso 99. Cuando tuvo que continuar estocando incluso al borde de la muerte.
En raras ocasiones había visto aquella tenue línea y cada vez que la veía, inconscientemente blandía su espada siguiéndola.
Algo que solo podía verse cuando uno olvidaba todo.
“Ya veo”.
El cuerpo de Jaehwan tembló de emoción.
Frente a las garras que se abalanzaban sobre él, entregó su cuerpo por completo y se olvidó de todo.
De todo lo que había aprendido.
De aquel todo que dominó.
Todo en lo que había creído.
Todas aquellas normas y conceptos que hasta entonces había considerado ‘naturales’ sin darse cuenta.
Las interminables cifras que producían poder. Los valores y coeficientes e incluso el corazón que se había convertido en esclavo de esas cosas.
Lo dejó ir todo silenciosamente.
Y entonces su cuerpo comenzó a descomponerse.
Los datos adheridos a su cuerpo empezaron a romperse y desprenderse.
Fuerza, resistencia, mente, agilidad…
Los datos de estatus que componían su cuerpo.
Todas las habilidades que había aprendido y todas las estructuras de información.
Todo aquello que cuantificaba la existencia llamada ‘humano’ se desprendía del cuerpo de Jaehwan.
Un estado completo del ‘olvido del yo’.
Cuando las partículas descompuestas de su cuerpo brillaron intensamente y desaparecieron, solo quedó la esencia pura de su alma.
Sentía como si hubiera nacido de nuevo.
Ya no era un conjunto de datos. Ni era una probabilidad surgida por azar.
Era un ser humano vivo.
“Así que era eso”, pensó Jaehwan.
Hasta ahora, nunca había sido un verdadero ser humano.
Una luz cegadora explotó desde el cuerpo de Jaehwan.
Beastreing observaba aquella escena con la boca completamente abierta. Incluso él, que había vivido 784 años, jamás había visto algo semejante.
—Dios mío… ¿qué demonios es eso?
Beastreing comprendió entonces que había estado equivocado todo este tiempo.
Eso no era ‘adaptación’.
En este mundo existía algo mucho más peligroso que la adaptación. Un estado que todos evitaban mencionar y temían.
Un poder aterrador que no solo podía sacudir «La Gran Tierra», sino destruirla por completo.
Las existencias de «La Gran Tierra» lo llamaban así:
«Despertar».
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