Al día siguiente, el rumor de que el líder del Clan del Dios del Trueno había sido derrotado ‘por muy poco’ por el señor de la fortaleza sacudió todo Gorgona.
—Tuviste suerte, mocoso. Si una facción poderosa hubiese atacado desde el principio, las cosas quizá no habrían salido tan bien.
—No importaba quién viniera.
—Para ti, evidentemente, no. Pero tu objetivo no consiste únicamente en hacerlos pedazos, ¿verdad?— Cheongheo soltó un profundo suspiro al ver que Jaehwan lo miraba como si no entendiera a qué se refería—. Uf… Ahora que lo pienso, tú no piensas en absoluto. ¿Qué crees que habría ocurrido si el Clan del Dragón Celestial, que ocupa el primer puesto, o el Clan del Infinito, que ocupa el segundo, hubiesen llegado primero?
—Mmm…
—Si los derrotaras a ellos antes que, a nadie, los líderes de las regiones situadas entre el tercer y el décimo puesto no tendrían más remedio que actuar con cautela.
Si los líderes que ocupaban el primer y segundo puesto, fueran derrotados, no había forma de que los líderes del tercer puesto para abajo pudieran vencer a Jaehwan.
Sin embargo, la situación era diferente si quien había perdido era el líder del Clan del Dios del Trueno, que ocupaba el noveno puesto. Después de todo, era uno de los más débiles entre los líderes de las Diez Facciones.
En cierto sentido, que su primer oponente hubiese sido el líder del Clan del Dios del Trueno había sido una suerte para Jaehwan.
—Bueno, si de verdad hubiesen venido el líder del Clan del Dragón Celestial o el de Clan del Infinito, ni siquiera tú habrías podido hacerlo de esta manera…
En ese momento, una sombra onduló en el aire y apareció el líder del Clan del Dios del Trueno.
—… Ya difundí el rumor.
Cheongheo se rio entre dientes al ver al hombre, cuyos párpados estaban hinchados y cuyos labios sobresalían en un mohín.
—Bien hecho. Te aseguraste de incluir las palabras ‘por muy poco’, ¿verdad?
—Por supuesto.
El líder del Clan del Dios del Trueno, clasificado en el noveno puesto, se encontraba en la sexta etapa de un Adaptado. Su fuerza equivalía a la de un vicelíder de un clan situado en la zona media-alta de las Diez Facciones.
Un combatiente de aquel nivel había sido derrotado ‘por muy poco’. En otras palabras, a esas alturas debía de haberse propagado el rumor de que la fuerza del señor de la fortaleza era aproximadamente equivalente a la de un Adaptado de sexta fase.
Un Adaptado de sexta fase no era débil en absoluto.
Sin embargo, si alguien preguntaba si ese nivel de fuerza era adecuado para convertirse en dirigente de una de las Diez Facciones o en señor de una fortaleza, no habría más remedio que ponerlo en duda.
Incluso la líder del Santuario de las Doncellas Divinas, que ocupaba el séptimo puesto entre las Diez Facciones, se enorgullecía de poseer un nivel de fuerza equivalente al de una Adaptada de séptima fase. Si se tenía en cuenta que los líderes de las demás fortalezas eran nada menos que Adaptados de octava fase, la sexta resultaba relativamente insignificante.
Yun Yong, líder del Clan del Dios del Trueno, dejó escapar un suspiro tan profundo que parecía capaz de hundir el suelo.
—Pero… ¿de verdad estará bien? Si el rumor se extiende de esta manera, no sabemos cómo reaccionarán los demás clanes.
—¿Puedes decir algo así después de haber visto la fuerza de ese tipo?
—Eso es cierto, pero…
Los sentimientos del líder del Clan del Dios del Trueno eran complicados.
Desde su perspectiva, difundir aquel rumor tampoco era algo necesariamente malo. Si los líderes de los demás clanes aparecían y derrotaban al señor de la fortaleza, él no tendría que convertirse en integrante de la «Expedición al Abismo», aunque tampoco pudiera ocupar el puesto de señor de la fortaleza.
El problema era quién podría derrotar a aquel señor de la fortaleza de Gorgona.
¿Qué ocurriría si vinieran el Líder del Clan del Dragón Celestial o el Clan del Infinito?
La fuerza del líder del Clan del Dragón Celestial, que ocupaba el primer puesto, y la del líder del Clan del Infinito, que ocupaba el segundo, se encontraban al menos dos niveles por encima de la del propio líder del Clan del Dios del Trueno.
¿Pero serían capaces de derrotar a aquel hombre? Por alguna extraña razón, el líder del Clan del Dios del Trueno no lograba imaginarlo.
“…No, eso no podía ser. Sin duda, alguno de los otros líderes de las Diez Facciones podría derrotarlo”.
Era de dominio público que varios de aquellos líderes ya habían entrado en la fortaleza de Gorgona. A esas alturas, algunos de los que hasta entonces solo habían estado observando con cautela debían de estar precipitándose en masa hacia la ciudad interior.
“Médico Divino, por muy poderoso que sea el señor de la fortaleza, no podrá enfrentarse a todas las Diez Facciones”.
Mientras pensaba aquello, Yun Yong miró de reojo a Cheongheo. Entonces se sobresaltó.
—… ¿Eh?
Aunque solo había vivido doscientos siete años, el líder del Clan del Dios del Trueno sabía bastante acerca de Cheongheo, el Médico Divino de la Desesperación.
El hombre que había formado parte de la legendaria «Expedición al Abismo». Aquel que había encabezado la búsqueda del «Fruto» para salvar «Caos».
Un ser humano que se había enfrentado a una desesperación inmensa y lo había perdido todo.
Probablemente no existía en «Caos» nadie que comprendiera mejor la desesperanza que el Médico Divino de la Desesperación.
Entonces, ¿qué significaba aquella expresión?
La expresión con la que Cheongheo contemplaba a Jaehwan mientras este repetía sus estocadas en silencio y soledad estaba, por decirlo de algún modo, muy alejada de la desesperación.
Como si hubiese leído los pensamientos del líder del Clan del Dios del Trueno, Cheongheo abrió la boca.
—Mocoso, eres afortunado. Pudiste ver a ese tipo antes de conocer la verdadera desesperación.
El líder del Clan del Dios del Trueno quería preguntarle exactamente qué aspecto de aquel hombre le había permitido vislumbrar semejante posibilidad.
En ese momento, alguien abrió de una patada la puerta del campo de entrenamiento.
—¡He venido a desafiarlo, señor de la fortaleza de Gorgona!
Eran Kang Hwan, líder del Clan del Rey del Fuego, que ocupaba el octavo puesto entre las Diez Facciones de Caos, y Caimán, líder del Clan Mar del Sur, que ocupaba el quinto.
—Me preguntaba por qué ese tipo del Rey del Fuego estaba tardando tanto. —Cheongheo los miró con lástima y murmuró—: Parece que hoy varios acabarán con el cuerpo hecho polvo.
♦ ╬ ♦
El combate no tardó ni diez minutos en resolverse.
Como correspondía al líder del Clan del Rey del Fuego, Kang Hwan poseía un temperamento ardiente. Lanzó una sucesión de llamas dominantes y convirtió el campo de entrenamiento en un mar de fuego, pero, después de recibir unas cuantas estocadas, terminó tendido en el suelo con brazos y piernas extendidos.
Quien resistió durante más tiempo fue Caimán, líder del Clan Mar del Sur, que intercambió nada menos que cincuenta movimientos con Jaehwan.
—He perdido, señor de la fortaleza.
Jaehwan no utilizó la técnica que acababa de crear. Todavía era incapaz de controlar su fuerza. Durante todo el combate, únicamente empleó la «Estocada ligera» y «Estocada normal».
—Fue un buen combate.
La habilidad de Caimán, líder del Clan Mar del Sur, sorprendió un poco a Jaehwan.
A diferencia de los otros dos líderes, que aún permanecían en la sexta fase de adaptación, Caimán era un Adaptado de séptima fase plenamente experimentado.
Jaehwan determinó que la verdadera capacidad de Caimán no se encontraba muy por debajo de la de Cheongheo, el Médico Divino de la Desesperación.
—No mostraste toda tu verdadera fuerza.
—¿Acaso no podría decirse lo mismo de usted, señor de la fortaleza? —Caimán soltó una alegre carcajada—. Hay cosas que pueden comprenderse sin necesidad de luchar hasta el final.
Caimán hizo una reverencia con las manos juntas, aparentemente satisfecho, y se dirigió hacia donde se encontraban los otros líderes.
A un lado, Kang Hwan, líder del Clan del Rey del Fuego, recibía tratamiento de Cheongheo mientras expulsaba llamas sin cesar por la boca.
—Sigues teniendo el mismo mal carácter de siempre, Kang Hwan.
—Le agradezco el tratamiento, Médico Divino—. Kang Hwan, señor del Clan del Rey del Fuego, refunfuñó—: Ese maldito hijo de perra de líder del Clan del Dios del Trueno, ¿qué dijo? ¿Que había perdido ‘por muy poco’?
—Je, je. ¿A quién pretendes culpar? La culpa es de quien pierde.
—Maldición.
Yun Yong, líder del Clan del Dios del Trueno, llevaba un rato con una expresión grave, profundamente absorto en sus pensamientos.
Finalmente, cuando terminó el tratamiento, los tres líderes se reunieron en un mismo lugar. Como si quisieran discutir algo entre ellos, se situaron a cierta distancia de Jaehwan y Cheongheo.
El primero en hablar fue Yun Yong.
—Disculpen, mayores. ¿Saben si se aproxima algún otro integrante de las Diez Facciones?
—He oído que vienen el Clan del Bosque de las Grullas y el Santuario de las Doncellas Divinas.
Quien respondió fue Caimán, líder del Clan Mar del Sur y poseedor del quinto puesto.
—Clan del Bosque de las Grullas, que ocupa el sexto puesto. Y las Doncellas Divinas, que ocupa el séptimo… —Yun Yong se sumió en sus pensamientos.
Dado que el líder del Clan Mar del Sur, que ocupaba el quinto puesto, ya había sido sometido, no había forma de que ellos pudieran derrotar al señor de la fortaleza.
—¿Todavía no han recibido noticias de del Clan Dragón Celestial, que ocupa el primer puesto, o del Salón del Bosque Negro, que ocupa el tercero?
—¿No deberías saber tú más que nosotros acerca de ellos? —Caimán preguntó con perplejidad.
Era natural, pues tanto el Clan del Dragón Celestial como el Salón del Bosque Negro tenían su base en «Manticore», la misma fortaleza que el Clan del Dios del Trueno, situada en el noveno puesto.
Sin embargo, la expresión del líder del Clan del Dios del Trueno era preocupante.
—Dios del Trueno, ¿qué ocurre?
—… Nada. Dejando eso a un lado, ¿qué piensan hacer ahora ustedes dos?
Como habían perdido el combate, estaban obligados a convertirse en integrantes de la Expedición al Abismo. Pero ¿quién querría tomar semejante decisión? Entonces llegó una respuesta inesperada.
—Desde el principio vine aquí con la intención de formar parte de la «Expedición al Abismo» —dijo Caimán.
—Líder del Clan Mar del Sur, ¿habla en serio? —Kang Hwan preguntó con incredulidad.
—Por supuesto.
—Vaya…
Kang Hwan recordó una vez más qué clase de persona era Caimán.
Había sido un amigo íntimo de Aimel, el anterior señor de la fortaleza de Gorgona, y un hombre que, debido a que su fuerza era insuficiente en aquel entonces, no pudo convertirse en integrante de la «Expedición al Abismo».
Era alguien que había presenciado con sus propios ojos el final de la «Expedición al Abismo» de hacía novecientos años.
—De cualquier modo, pensaba ir al Abismo dentro de poco.
Caimán había vivido novecientos cincuenta y cuatro años. Sin duda, durante aquel inconcebible periodo había soportado la humillación en soledad y se había preparado sin descanso. El líder del Clan del Rey del Fuego sentía admiración por él.
—Parece que hay cosas que no cambian ni siquiera después de vivir novecientos años.
—¿Qué piensas hacer tú, Rey del Fuego?
—Bueno, perdí el combate, así que supongo que no tengo alternativa.
El líder del Clan del Rey del Fuego se encogió de hombros. A continuación, miró a Yun Yong.
—¿Y tú, Dios del Trueno?
—Acabo de tomar una decisión.
—¿Una decisión? ¿Cuál?
Yun Yong hizo una profunda reverencia a los señores de los clanes Rey del Fuego y Mar del Sur, y después se dirigió directamente hacia Jaehwan.
El líder del Clan del Rey del Fuego puso una expresión estupefacta.
—No me digas que ese tipo todavía no ha aprendido la lección y pretende volver a enfrentarse al señor de la fortaleza…
Se trataba de un señor de la fortaleza a quien ni siquiera Caimán había podido derrotar. Sin embargo, también pensó que no sería extraño que el joven líder de Clan del Dios del Trueno actuara con temeridad.
Pero, al instante siguiente, ocurrió algo que nadie había previsto.
—¡Yo, Yun Yong, líder del Clan del Dios del Fuego, juro a partir de este momento servir con absoluta lealtad al señor Jaehwan, señor de la fortaleza de Gorgona!
Kang Hwan, que observaba la escena desde lejos, abrió los ojos de par en par.
Entonces Jaehwan abrió la boca.
—No, tampoco necesito que me jures lealtad.
—… ¡No! ¡Le serviré con absoluta lealtad! ¡Le seré leal incluso después de la muerte!
—Ya estás muerto.
El líder del Clan del Dios del Trueno incluso se había arrodillado. Cheongheo frunció el entrecejo al verlo.
—¿Qué estás tramando, mocoso del Dios del Trueno?
Aunque hubiese perdido la apuesta, era imposible que un hombre que ostentaba el título de líder de una de las Diez Grandes Facciones inclinara la cabeza y se sometiera con tanta facilidad. Incluso si el Clan del Dios del Trueno solo ocupaba el noveno puesto, seguía siendo una de las Diez Facciones.
—¡No estoy tramando absolutamente nada! ¡Simplemente me ha conmovido profundamente la fuerza del señor de la fortaleza…!
—Déjate de estupideces.
El líder del Clan del Dios del Trueno parecía agraviado. Tenía los ojos tan húmedos que daba la impresión de que rompería a llorar con solo tocarlo. Su expresión poseía una inocencia difícil de creer en el rostro de alguien de doscientos siete años.
Sin embargo, la mirada de Cheongheo permaneció inflexible.
¿Cuánto tiempo transcurrió?
—Tsk.
El líder del Clan del Dios del Trueno hizo un mohín. Había comprendido que su actuación no funcionaba.
Jaehwan, que estaba observando la escena, abrió la boca.
—Solo necesito integrantes para la expedición. No necesito súbditos leales.
—Para mí, ambas cosas significan lo mismo.
—¿Cómo van a significar lo mismo?— Cheongheo volvió a intervenir.
Yun Yong examinó detenidamente el rostro de Cheongheo y preguntó con aire suspicaz:
—… Médico Divino, ¿todavía no se ha enterado de nada?
—¿De qué estás hablando?
El líder del Clan del Dios del Trueno sacudió la cabeza de lado a lado y después se dirigió a Jaehwan.
—En cualquier caso, señor de la fortaleza de Gorgona, acépteme como miembro de su casa. Me conformaría incluso con un puesto como capitán de unidad.
—¿Miembro de mi casa? ¿De qué estás hablando?
—Ah, no le robaré ningún manual secreto, así que, por favor, acépteme. Y, si es posible, también a mis subordinados…
Los ojos de Cheongheo se encendieron de furia.
—Un hombre que se hace llamar líder de un clan… ¿Qué sucederá con el Clan del Dios del Trueno mientras tú dices semejantes tonterías?
—Uf… el Clan del Dios del Trueno … ¿Me pregunta por el Clan del Dios del Trueno? —Yun Yong puso una expresión que parecía enfurecida y, al mismo tiempo, desolada. Después respondió—: La facción llamada “Clan del Dios del Trueno” ya no existe en «Caos».
—¿De qué estás hablando? Entonces, ¿quiénes son esos tipos?
Los integrantes del Clan del Dios del Trueno que estaban acurrucados en una esquina del campo de entrenamiento encogieron el cuerpo todo lo posible al recibir la mirada de Cheongheo.
Después de vacilar durante largo rato, líder del Clan del Dios del Trueno respondió con un suspiro:
—El Clan del Dios del Trueno fue destruido hace una semana. Solo sobrevivieron ocho: Ellos siete que están allí y yo.
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