El primero en recobrar el sentido fue el Administrador General del Exterior, Maihan.
—¡¿Cómo te atreves a presentarte ante mí?!
Al ver a sus subordinados rodando por el suelo, el Administrador General del Exterior, Maihan, tembló de ira.
El Sellado del Muerto estaba a punto de comenzar. Sin embargo, un hombre que había aparecido de la nada estaba destrozando despiadadamente todo el plan.
—¡¿Quién demonios eres?!
—Administrador General del Exterior, deje ya de actuar.
El comandante del Cuerpo Exterminador de Demonios, que se encontraba detrás de Jaehwan, gritó:
—¡¡Su rebelión ya ha quedado expuesta ante todo el mundo!!
Al escuchar aquello, los Señores del Cuerno comenzaron a agitarse y el Administrador General del Exterior preguntó con voz rígida:
—¿Rebelión? ¿Con qué fundamento pronuncias semejantes disparates?
—No sirve de nada hacerse el desentendido.
El comandante del Cuerpo Exterminador de Demonios frunció el ceño. Llevaba a una persona bajo cada brazo.
Eran hombres a quienes el Administrador General del Exterior conocía perfectamente.
—Los demás líderes ya lo confesaron todo.
El Administrador General del Exterior entrecerró los ojos mientras observaba al Líder del Escuadrón de las Astas Defensoras y al Líder del Escuadrón de las Astas Cortantes, arrojados sobre el suelo.
—¡A-Administrador General del Exterior…!
Después de la terrible paliza que habían recibido, ninguno de los dos se encontraba ya en sus cabales. Habían sido aplastados por una fuerza abrumadora.
El Administrador General del Exterior, Maihan, se sorprendió un poco.
“¿Él los dejó así?”
La fuerza de los Líder de las Astas Cortantes y Defensoras no era inferior a la del actual comandante Exterminador de Demonios.
Es más, si ambos y sus dos batallones combatían juntos, constituían una fuerza capaz de detener incluso al Médico Divino.
“Maldita sea, ¿qué demonios ocurrió?”
No sabía qué había sucedido. Sin embargo, una cosa era segura: por culpa de esos inútiles, estaban a punto de arruinar algo que ya tenían prácticamente terminado.
La mirada del Administrador General del Exterior, Maihan, se volvió fría.
—Lo siento…
El Líder de las Astas Cortantes murmuró entre débiles gemidos. Y al instante siguiente, los cuerpos de los Lideres de las Astas Cortantes y Astas Defensoras explotaron al mismo tiempo.
Cuando el sorprendido comandante Exterminador de Demonios se acercó, ambos ya habían muerto.
—¡¿Qué demonios ha hecho, Administrador General del Exterior?!
—No fui yo. —El Administrador General del Exterior se encogió de hombros—. Supongo que, al descubrirse su traición, decidieron suicidarse.
—¡Eso es absurdo!
—No tenemos tiempo que perder con acusaciones inútiles. ¡Continúen con el Sellado del Muerto!
Ante esas palabras, la agitación de los presentes se calmó en un instante.
Ahora que lo pensaban, lo verdaderamente importante en aquel momento era el Señor de la Fortaleza.
Algunos Señores del Cuerno comenzaron a hablar, como si trataran de apaciguarlo.
—comandante Exterminador de Demonios, no sabemos qué ocurrió, pero primero terminemos de sellar al Señor y después…
El comandante Exterminador de Demonios gritó con desesperación:
—¡Recobren el juicio! ¡Esto es una rebelión! ¡El Administrador General del Exterior es un criminal que se ha rebelado contra la autoridad de la Fortaleza! Si el Sellado del Muerto continúa así, tal como pretende el Administrador General del Exterior…
—¡Sáquenlo de aquí!
El comandante del Escuadrón de las Almas Oscuras y varias decenas de miembros de su escuadrón comenzaron a rodear al comandante Exterminador de Demonios y a Jaehwan.
Jaehwan observó en silencio aquel espectáculo y después habló con Jurgen, que estaba a su lado.
—Esto es un completo desastre.
—…Lo siento. —Jurgen se mordió con fuerza el labio.
Gracias a aquella única frase de Jaehwan, Jurgen comprendió que el hombre que tenía delante ya conocía todo lo que había ocurrido en la fortaleza.
—Me hiciste una promesa falsa. —dijo Jaehwan
—…
—Gorgona no puede garantizar mi seguridad.
El corazón de Jurgen pareció desplomarse.
—Con eso quiere decir…
El contrato que habían establecido al principio consistía en que Jaehwan salvaría al Señor de la Fortaleza y, a cambio, Gorgona garantizaría su seguridad.
Sin embargo, como Gorgona ya no podía cumplir su promesa, naturalmente Jaehwan tampoco tenía motivos para ayudar a Jurgen.
Pero entonces, Jaehwan dijo algo inesperado.
—Cambiaré los términos de la promesa.
—¿Qué?
—Salvaré al Señor de la Fortaleza y también mataré a todos los traidores que están ahí.
Era algo que jamás había imaginado, por lo que Jurgen se quedó escuchándolo con la mente en blanco.
Varios miembros del Escuadrón de las Almas Oscuras que se encontraban en primera línea se abalanzaron contra Jaehwan.
Cuando Jaehwan desvió sus ataques con un movimiento ligero, los miembros del escuadrón salieron despedidos como si los hubiera alcanzado un rayo.
Jurgen contempló la escena estupefacto.
—A cambio, entrégame a ese viejo—. Jaehwan señaló a Cheongheo, a quien había arrojado despreocupadamente sobre el suelo—. Y además…
Jaehwan continuó hablando mientras destrozaba varias hojas que volvían a lanzarse contra él.
—Ayúdame a crear una expedición.
Una expedición.
En cuanto escuchó aquella palabra, el corazón de Jurgen comenzó a latir con fuerza.
No sabía por qué. Quizás se debía a cierto significado oculto detrás de la palabra ‘expedición’.
—Volveré a crear la Expedición al Abismo.
En la mente de Jurgen, un instante transcurrió como si fuera una eternidad.
De pronto, recordó el rostro del Señor de la Fortaleza.
El Señor que apenas había conseguido regresar con vida de la expedición.
El Señor que había vivido durante cientos de años cargando con el arrepentimiento y el sufrimiento…
«Jurgen, la gente de este lugar necesita esperanza. Una esperanza abrumadora que no pueda ser derrotada por nada».
Mientras observaba la espalda de Jaehwan, Jurgen pensó:
“Quizás ese hombre sea la esperanza que el Señor de la Fortaleza lleva tanto tiempo esperando”.
—Esta parece una promesa que sí puedes cumplir, así que no la rompas.
Jurgen no se dio cuenta de que había respondido “de acuerdo” hasta que escuchó la respuesta de Jaehwan.
Entonces, Dokbul escupió fuego.
Como si quisiera liberar de una vez toda la frustración acumulada, Jaehwan lanzó una sucesión de poderosas estocadas.
—¡¿Q-qué es eso?!
—¡Aaaaaagh!
Con una sola estocada, dos o tres miembros del Escuadrón de las Almas Oscuras se convirtieron en polvo y desaparecieron.
El desconcertado comandante del Escuadrón de las Almas Oscuras reorganizó la formación y dio una orden:
—¡Ataquen todos a la vez!
Inmediatamente después, las decenas de miembros del Escuadrón de las Almas Oscuras que estaban frente a Jaehwan se evaporaron al mismo tiempo.
Había comenzado la «Estocada Normal» de Jaehwan.
Ruuuumble.
Una pesada luz de color negro tinta cubrió los alrededores y, al mismo tiempo, la mitad del Escuadrón de las Sombras fue incinerada en el acto.
Y no terminó ahí.
Dos de los Señores del Cuerno que observaban la escena con la mente en blanco quedaron incapacitados para combatir y salieron despedidos.
La luz negra atravesó el muro exterior de la ciudad interior y desapareció directamente en el cielo.
El comandante del Escuadrón de las Almas Oscuras, que había perdido la parte inferior del cuerpo en un instante, abrió y cerró la boca mientras contemplaba su propio cuerpo con una mirada llena de incredulidad.
Sin embargo, no salió ninguna voz.
El cuerpo del comandante del Escuadrón de las Almas Oscuras se convirtió en polvo blanco y desapareció.
Aquella aterradora técnica había reducido a polvo de un solo golpe tanto al Escuadrón de las Almas Oscuras como a su líder, un Adaptado de quinta etapa.
Todos los presentes quedaron sobrecogidos.
El Administrador General del Exterior, Maihan, que apenas había conseguido detener la explosión agitando su espada, respiraba con dificultad.
“Así que era él”.
Ya había escuchado aquella historia.
Se decía que existía un hombre que había acabado con Janya, convertido en un Olvidad, mediante una sola estocada.
Sin embargo, como quien había presentado aquel informe era Heuk Seollang, un libertino famoso por sus mentiras, Maihan no le había prestado atención.
Pero resultaba que aquel sujeto había dicho la verdad. Maihan observó la distancia que había sido empujado.
En el suelo había quedado una profunda grieta. Solo con el ataque anterior había retrocedido al menos cinco pasos.
Además de eliminar al Escuadrón de las Almas Oscuras de un solo golpe, también lo había obligado a retroceder cinco pasos.
No era alguien ordinario.
Era igual de fuerte que él, o incluso más.
En toda Gorgona, la única persona capaz de acorralarlo de aquella forma, cuando ya se encontraba a las puertas de la Séptima Adaptación, era el Médico Divino.
El Administrador General del Exterior, Maihan, cambió rápidamente de actitud.
—¿Qué significa todo esto? Benefactor, ¿quién es usted para interrumpir una ceremonia sagrada…?
Al encontrarse con la mirada asesina de Jaehwan, Maihan no logró terminar la frase y retrocedió un paso.
“¿Me ha intimidado con su presencia? ¿A mí, que he alcanzado el límite de la Sexta Adaptación?”
A través de la habilidad «Duda» de Jaehwan comenzaron a escucharse los mensajes secretos que volaban de un lugar a otro.
—[Primer Anciano, ¿qué debemos hacer? ¿Podemos continuar con el plan de este modo…?]
—[Si no podemos realizar el Sellado del Muerto, no tendremos más remedio que recurrir a la segunda opción…]
—[¡Debemos liberar la Nube Negra inmediatamente!]
—[Aunque tengamos que exterminar a todos los seres de Gorgona…]
—Maihan Keldergran.
Al escuchar aquella voz pronunciar su nombre, Maihan dio un respingo.
—Administrador General del Exterior de la fortaleza de Gorgona y Primer Anciano del Clan del Cielo Dorado.
Por primera vez, el semblante de Maihan cambió.
“¿Cómo podía el hombre que tenía delante conocer su nombre y su afiliación?”
—No sé exactamente qué tratan de hacer ni mediante qué principio infectan las almas.
Cuando el hombre se acercó, Maihan retrocedió sin darse cuenta.
—Pero sí sé una cosa. Me gustan los tipos como tú.
—¿G-gustarle? ¿Qué quiere decir con eso?
Contemplando la espada del hombre, de la que emanaba una intención asesina aterradora, Maihan aferró desesperadamente la suya.
Lo comprendió por puro instinto.
Si no detenía a aquel hombre allí mismo, todos sus planes fracasarían.
—¡Acaben con él!
Junto con el grito del Administrador General del Exterior, reforzado y liberado mediante energía espiritual, siete Señores del Cuerno desenvainaron sus espadas al mismo tiempo.
Los traidores habían revelado voluntariamente su verdadera naturaleza.
Casi al mismo tiempo, innumerables fuerzas del Clan del Cielo Dorado irrumpieron a través de la entrada de las mazmorras de la ciudad interior.
Los rostros del comandante Exterminador de Demonios y de Jurgen palidecieron.
Con semejante fuerza, ni siquiera el Médico Divino o uno de los Señores de las Diez Grandes Facciones podrían detenerlos.
Un Adaptado de sexta etapa y siete Adaptados de quinta etapa atacando en conjunto.
Además, había cientos de Adaptados de tercera etapa.
Sin embargo, ¿por qué?
—Es algo por lo que estoy verdaderamente agradecido. —La expresión de Jaehwan parecía alegre—. Porque existen tipos como ustedes.
Dokbul, aferrada con fuerza, lanzó un rugido semejante al de una bestia.
—Gracias a eso, puedo destruir este mundo con la conciencia tranquila.
En el instante en que se encontró con aquella expresión, Maihan comprendió que algo había salido mal.
Pero casi al mismo tiempo comprendió que ya no podía revertir nada.
Algo gigantesco se acercaba. Antes de que pudiera completar aquel pensamiento, algo lo arrastró.
Un enorme haz de luz destruyó por completo el techo de la ciudad interior, pulverizó las agujas de las torres y se elevó hacia el cielo.
El haz ascendió como un relámpago y abrió una enorme grieta en el cielo nocturno.
La luz que brotó de la grieta disipó temporalmente la oscuridad de la noche.
Sobresaltados por el estruendo, los habitantes de Gorgona salieron corriendo de sus casas y miraron hacia el cielo.
La luz de las estrellas caía desde las alturas. Fragmentos de luz estelar dispersos impactaban contra la ciudad interior.
Las fuerzas del Clan del Cielo Dorado que trataban de irrumpir en ella eran alcanzadas por aquella luz y, una tras otra, se oxidaban hasta convertirse en polvo.
Almas completamente blancas revoloteaban entre el viento arremolinado.
Fue el momento en que la «Estocada Poderosa» de Jaehwan se mostró por primera vez ante el mundo.
♦ ╬ ♦
Poco después, el Administrador General del Exterior, Maihan, apareció entre el polvo que comenzaba a asentarse.
Los Señores del Cuerno y los miembros del Clan del Cielo Dorado que se encontraban a su alrededor habían sido aniquilados por completo.
El Administrador General del Exterior, Maihan, comprendió que no podría sobrevivir.
En el enfrentamiento anterior había perdido ambos brazos y ambas piernas. Más de la mitad del cuerpo espiritual que constituía sus órganos internos había desaparecido.
—Cof… ¿De dónde salió… un monstruo semejante…?
Sus cuerdas vocales desgarradas no podían producir correctamente la voz.
—Pero ya es demasiado tarde. Gorgona ya… el Señor de la Fortaleza…
Aquellas fueron las últimas palabras del Administrador General del Exterior, Maihan.
Jaehwan le había clavado la espada en el cuello. Extrajo la espada entre el polvo plateado y pateó a Cheongheo, que seguía tirado detrás de él.
—Viejo, despierta. Ya es tarde.
—Ugh… ¿Qué demonios es todo este alboroto? Parece que armaste un buen desastre mientras dormía, mocoso.
Las alarmas instaladas en las mazmorras de la ciudad interior comenzaron a emitir agudos pitidos.
[¡Advertencia! ¡El nivel de contaminación del alma del objetivo ha superado el 99,9 %! ¡Comienza la transformación en muerto!]
[¡Advertencia! ¡La cantidad de energía espiritual del objetivo en proceso de transformación es excesivamente elevada!]
[El Sistema está calculando el coeficiente de riesgo del objetivo.]
[…Calculando…]
[¡No es posible realizar la medición!]
[Veredicto del Sistema: ¡el objetivo ha sido identificado como un Olvidado de grado Colosal!]
[¡Activando la alarma automática de Gorgona!]
Poco después, las sirenas comenzaron a resonar desde la ciudad exterior.
Una voz anunciaba la declaración del nivel de emergencia Gorgona Uno y exigía la evacuación de todos los habitantes del territorio de Gorgona.
Cheongheo dejó escapar un suspiro y habló con voz tensa.
—Tú limítate a ayudar desde un lado.
—…
—Tu «Estocada» es demasiado afilada para salvar a una persona.
Con esas palabras, Cheongheo alzó su espada.
La movió como si estuviera escribiendo letras en el aire con un pincel.
El mundo comenzó a teñirse de blanco.
Era una técnica suprema que volvía a inscribir en el mundo un alma que estaba a punto de desaparecer debido a la contaminación.
Había comenzado el Corte de la Salvación.
El alma del Señor de la Fortaleza, ardiendo en negro, se encontraba en el centro de aquella hoja en blanco.
Los recuerdos que el Señor había olvidado estaban siendo inscritos nuevamente por Cheongheo.
Cada vez que la oscuridad se retorcía, gruesas gotas de sudor aparecían sobre la frente del anciano y después de quién sabe cuánto tiempo… De pronto, el Señor de la Fortaleza abrió los ojos que había mantenido cerrados.
Su mirada era infinitamente turbia.
Poseía una profundidad que contenía la oscuridad de un abismo sin fondo.
Cheongheo retrocedió de repente varios pasos. Que el alma abriera los ojos significaba que había recuperado la razón, sin embargo, la expresión de Cheongheo no era normal.
—Algo ha salido mal. No es el Señor de la Fortaleza. Es otra cosa…
Al contemplar el siniestro brillo de los ojos del Señor, Jaehwan también comprendió algo.
El ser que tenían delante contenía un poder demasiado inmenso como para ser considerado un simple humano.
Una luz comenzó a rodear lentamente las pupilas del Señor.
Se levantó despacio y comenzó a inspeccionar su propio cuerpo reseco y marchito.
Cheongheo pudo reconocerlo.
Aquello que tenía delante no era el Señor de la Fortaleza.
—Qué sorprendente. Jamás imaginé que descendería a través de este cuerpo… Así que, finalmente, este hombre también se convirtió en un muerto.
Jaehwan observó cómo el cuerpo del Señor se recuperaba rápidamente.
La carne reseca adquirió brillo y una energía espiritual descomunal envolvió todo su cuerpo.
Jaehwan nunca había sentido una presencia semejante.
Detrás del alma del Señor de la Fortaleza había una sombra gigantesca.
“… ¿Un muerto?”
Cuando utilizó «Duda», pudo ver a un ser erguido en medio de una oscuridad insondable.
La existencia que tenía delante no era humana.
Se parecía a un muerto, pero tampoco era un muerto.
No estaba viva ni muerta, pero tampoco parecía ser una especie de objeto inanimado.
Aun así, parecía ser algo que reunía todas aquellas cosas mencionadas.
Jaehwan no sabía cómo llamar a aquel ser. Era una existencia semejante a un «mundo» completo.
—Otra vez veo un rostro conocido.
Cuando miró a su lado, vio que Cheongheo estaba temblando. Sus ojos estaban completamente empapados de terror.
—¿Por qué sigues permaneciendo en «Caos»? Despertado incompleto.
—E-el Rey de Caos…
Las palabras de Cheongheo hicieron que Jaehwan recordara algo.
Por lo que sabía, los más fuertes del Caos eran los Señores de las Cuatro Fortalezas y los Señores de las Diez Grandes Facciones.
Sin embargo, ninguno de ellos poseía el título de ‘rey’.
Jaehwan comprendió entonces la razón.
Era porque existía algo como aquello.
El único que poseía el título de rey en «Caos», un lugar donde nadie podía convertirse en rey.
Cheongheo murmuró:
—El Único Rey, Catastrophe…
Cheongheo conocía al ser que tenía delante. Novecientos años atrás se había encontrado con aquella cosa aterradora.
El Único Rey, Catastrophe.
El rey de todos los muertos y el amo del Palacio de los Muertos, situado en el centro de «Caos».
La única existencia capaz de abrir la puerta hacia el «Abismo».
—¿Por qué aún no has abandonado «Caos»? ¿Lo haces para proteger este mundo miserable?
Su voz, pronunciada con indiferencia, hacía temblar el alma. Cualquier ser capaz de oírla perdería la razón al escucharla.
El Único Rey extendió una mano hacia el mundo blanco creado por Cheongheo. La hoja en blanco se tiñó de negro en un instante bajo aquella oscuridad absoluta.
—¿Acaso no encontraste ya en el «Abismo» aquello que deseabas?
Cheongheo, con todas sus fuerzas absorbidas, cayó pesadamente al suelo.
Había sobrepasado el límite que una sola alma podía soportar. En ese momento, los ojos del Único Rey se dirigieron hacia Jaehwan.
—Qué interesante. Un ser que conserva el corazón humano a pesar de haber completado el Despertar.
Jaehwan comprendió que, sin darse cuenta, estaba aferrando con fuerza la empuñadura de Dokbul.
Su mano se había movido fuera de su control.
Eso significaba que estaba tenso.
Jaehwan habló:
—Viejo, fracasaste, ¿verdad?
No era necesario preguntar en qué había fracasado. Con la mandíbula temblorosa, Cheongheo miró a Jaehwan.
“¿Cómo podía aquel hombre permanecer ileso después de contemplar esa cosa?”
“¿Cómo podía mostrarse tan arrogante y seguro ante el rey de todos los muertos?”
Jaehwan volvió a hablar:
—Estoy pensando en matar eso ahora mismo.
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