Si hubiera tenido un cuerpo físico, tal vez habría podido salir directamente a «La Gran Tierra».
Pero él había abandonado la Torre permaneciendo en el estado de tutorial, sin entrar al juego principal, por lo que se encontraba en estado de alma. Por eso, era muy probable que el «Árbol de la Fantasía» lo hubiera confundido con un muerto y lo hubiera enviado aquí.
El lugar al que se reúnen todas las almas que murieron en los campos de batalla de «La Gran Tierra», «Caos».
Jaehwan vio personas desnudas en forma espiritual.
Aquellos que habían salido de la ‘raíz’ y caminado por la tierra, pero que al final habían regresado al ‘tronco’.
Todos tenían ojos muertos. Tal vez ni siquiera se habían dado cuenta de que habían muerto.
—Podría decirse que es la ‘última oportunidad’ que concede la maldita «La Gran Tierra»—. Mino habló mientras miraba hacia la orden de invocación—: Si también mueren aquí, entonces realmente se acabó. Las almas que mueren en el tronco se extinguen y se convierten en nutrientes para el «Árbol de la Fantasía»». Ya no hay más oportunidades.
Jaehwan recordó a los zorros rojos que se habían dispersado convirtiéndose en polvo. A estas alturas, seguramente ya se habrían convertido en parte de aquel gigantesco árbol.
—¿Eso significa que las personas que están aquí aún tienen una oportunidad?
—Por ahora, sí.
—Parece que existe alguna manera de recuperar el cuerpo físico.
—La probabilidad es realmente ínfima, pero sí de algún modo logras sobrevivir…
Aquellas palabras sonaron crueles por alguna razón.
Tener que ‘sobrevivir’ incluso después de haber muerto.
No podía decirse que fuera un mundo poco despiadado.
La mirada con la que Mino observaba a las personas también se había vuelto turbia antes de que se diera cuenta.
¿Por eso había dicho que envidiaba la amnesia?
Sin duda, Mino también había llegado al «Caos» a través de la muerte. Recuerdos de una muerte que quería olvidar.
La pregunta de Jaehwan, ‘¿Por qué llegaste al Caos?’, no era en absoluto diferente de preguntar: ‘¿Por qué moriste?’.
Cuando la luz del círculo mágico comenzó a apagarse gradualmente, numerosos guardias se acercaron desde el puente levadizo de la fortaleza.
—Vaya, otra vez murió una cantidad condenadamente grande. ¡Bien, pongámonos a trabajar!
Cuando un hombre barbudo vestido con un uniforme impecable gritó aquello, los soldados se dispersaron con precisión y comenzaron a ayudar a los fallecidos.
—¡Eh, espabila! ¡Moriste porque eras un enclenque de mierda, idiota!
Los muertos, aún aturdidos, fueron siendo guiados uno tras otro por los guardias hacia el puesto de control al otro lado del puente levadizo.
Parecía que administrar a los muertos convocados también formaba parte del trabajo de los guardias de este lugar.
—Bien, bien. Pónganse esto encima y hagan fila por allí.
Bajo las órdenes de los guardias, varias decenas de personas se alinearon frente al puesto de control. Sobre una pequeña plataforma delante del puesto estaba el mismo hombre barbudo.
El barbudo recorrió con la mirada a todos los presentes y abrió la boca.
—A estas alturas ya sabrán dónde están. Todavía habrá algunos desgraciados pensando ‘¿será posible…?’, pero lamentablemente sí, eso que tanto temen es cierto. Ustedes han muerto de verdad.
Eran palabras que mataban por segunda vez a quienes ya habían muerto una vez.
—Una gran parte de ustedes habrá muerto en la primera batalla en la que participaron dentro de «La Gran Tierra». Con las entrañas reventadas, con la cabeza aplastada. Habrán muerto miserablemente, como insectos.
A medida que hablaba, los rostros de la multitud iban cambiando. Probablemente porque lo que decía era cierto.
—¿Hay alguien aquí que sepa por qué murió?
—…..
Nadie respondió.
El hombre barbudo también cerró la boca. En su lugar, sacó un cigarrillo de entre sus ropas y lo encendió silenciosamente.
El humo acre se desenrolló en el aire como finos hilos. Era tiempo para que cada uno encontrara su propia razón. Tiempo para llegar a una respuesta común.
Las mujeres envueltas en harapos temblaban, quizá por el frío.
Finalmente, la brasa del cigarrillo se extinguió y el hombre barbudo dejó caer la colilla y la aplastó brutalmente con el pie.
Uno de los muertos que observaba la escena abrió la boca con voz temblorosa.
—¿Es porque era débil?
Era una voz que parecía derrumbarse por completo con tan solo pronunciar esas palabras.
El hombre barbudo habló con una sonrisa burlona.
—Sí. Pero, para ser más exactos…—. Su mirada se posó en cada uno de los presentes—. Es porque no se esforzaron lo suficiente.
Ante esas palabras, comenzaron los murmullos.
Todos tenían expresiones de agravio y era comprensible.
¿Quién de ellos no se había esforzado? En un mundo donde quien no se esfuerza ni siquiera puede superar la «Torre de la Pesadilla».
Algunos incluso levantaron la cabeza con firmeza y miraron desafiante al barbudo.
—Veo muchas miradas de negación. Pero pónganse la mano sobre el pecho y piénsenlo. Ustedes, cabrones… ¿alguna vez se esforzaron realmente hasta morir? Me refiero a esforzarse realmente ‘hasta morir’.
¿Existía acaso un momento en que la expresión hasta morir pudiera sentirse tan profundamente?
—Ahora ustedes lo saben porque ya han experimentado la muerte. Ustedes, que murieron arrastrando las entrañas delante de las espadas enemigas, que murieron mientras aplastaban sus cabezas arrancadas, que murieron sufriendo humillaciones vergonzosas… ustedes sin duda comprenderán qué significa realmente esa expresión que acabo de decir: ‘hasta morir’.
Gemidos y sollozos.
Recuerdos vívidos de la muerte.
Los fallecidos que se enfrentaban a sus propios recuerdos se abrazaban los hombros y bajaban la cabeza.
Nadie podía mirar el rostro del hombre barbudo. Porque no podían refutar sus palabras.
Solo después de morir lo habían comprendido. Que en toda su vida jamás se habían esforzado ‘hasta morir’.
—Ustedes tienen suerte. Porque aquí han obtenido una oportunidad más para esforzarse. Bueno, aunque por ahora no sean más que almas.
Oportunidad.
Ante esa palabra, algunas personas levantaron la cabeza.
—Solo hay una cosa que deben saber aquí. Si vuelven a morir, esta vez morirán de verdad. Por lo tanto, solo hay una cosa que deben hacer en este lugar. Sobrevivir. Como sea. Sobrevivir y seguir sobreviviendo.
Sobrevivir.
—Vivan, esfuércense y vuelvan a esforzarse. Afilen sus espadas y fortalezcan su poder. Esperen y sigan esperando hasta que llegue la oportunidad.
Fortalecerse mientras se espera.
—Entonces, algún día llegará el milagro. Lo garantizo. Quien se esfuerce, sin falta podrá salir del «Árbol de la Fantasía». Así que esfuércense. Para vengarse de los enemigos que los mataron. Para despedazarlos, humillarlos y aplastarlos. Eso es todo lo que tengo que decir.
Con eso terminó el discurso. Las personas desnudas levantaron la cabeza con miradas vacías.
Los guardias, que habían estado observando la escena en silencio, aplaudieron sin alma y luego comenzaron a conducir a los fallecidos hacia el enorme puesto de control.
—Los hombres por allí, las mujeres por aquí. Síganme correctamente.
Los guardias se acercaron al hombre barbudo cuando éste descendió de la plataforma.
—Fue un discurso magnífico.
—Como era de esperarse del ayudante del comandante.
El hombre barbudo, llamado ayudante, recibió agua de los guardias y murmuró:
—¿Magnífico? Qué tontería—. Su expresión era de puro hastío.
De hecho, desde que había sido destinado al puesto de control norte, ya había repetido aquel mismo discurso más de cien veces.
Que sobrevivieran de algún modo.
Que les había faltado esfuerzo.
Que se hicieran fuertes y buscaran venganza.
Sin duda, todas eran buenas palabras.
Buenas palabras… pero… El hombre barbudo lo sabía. Que, en este lugar, las buenas palabras no eran más que mentiras.
Ninguno de ellos volvería jamás a salir hacia «La Gran Tierra».
La mayoría moriría en la Primera Cacería, tal como había ocurrido en «La Gran Tierra».
Y quienes sobrevivieran por pura suerte acabarían convirtiéndose en habitantes de este lugar, prolongando el resto de sus vidas como quien apenas mantiene una existencia miserable.
Exactamente igual que él.
Entonces alguien habló.
—James, vaya que se te da bien hablar. Pensé que esa boca solo servía para ligar mujeres.
El hombre barbudo, James, entrecerró los ojos. Delante del puesto de control aparecieron un hombre y una mujer.
La mujer, en particular, llamó su atención.
Una mujer de cabello escarlata cubierta de pies a cabeza con una túnica negra. Una belleza así no era alguien que pudiera olvidar fácilmente…
—¿Ya me olvidaste? James, el ‘completamente corriente’.
Algo cruzó la mente de James. A continuación, la apariencia de la mujer cambió momentáneamente.
Cabello largo y negro. Ojos brillando como estrellas. Sus mejillas blancas como si hubieran robado el color del amanecer temprano.
La alegría se extendió por el rostro de James.
—… Pero mira quién es. Mino, de la Sala del Bosque Negro.
Al escuchar aquello, Mino puso una expresión seria y volvió a cambiar su apariencia.
—No grites tanto. Si no quieres morir.
Jaehwan alternó la mirada entre Mino y el guardia llamado James. Por lo visto, se conocían.
—He oído que ascendiste a ayudante del comandante.
—Por eso doy discursos como este.
Como si jamás hubiera sido solemne, el rostro de James estaba lleno de picardía. Su mirada recorrió rápidamente todo el cuerpo de Mino.
Una mirada que parecía dispuesta a iniciar una inspección en cualquier momento y la expresión de Mino se endureció.
—Sí. Muy impresionante. Como tuve que esperar bastante escuchando tu ‘elegante discurso’, me gustaría que nos dejaras pasar rápido.
—Qué raro verte en el puesto norte. Normalmente utilizas otro acceso, ¿no?
—Por casualidad terminé viniendo por este camino.
James soltó una risita y Mino se llevó la mano a la sien, como si no quisiera seguir explicando.
—No necesito demostrar nada, ¿verdad? No es como si no conocieras mi cara.
Demostrar.
La extrañeza de aquella palabra hizo que Jaehwan observara fijamente el perfil de Mino. Al notar la mirada, Mino suspiró y habló moviendo únicamente los labios.
—[¿Tú también olvidaste cómo «Demostrarte»? ¿O quizá nunca lo has hecho?]
Jaehwan asintió.
La transmisión mental de Mino volvió a escucharse.
—[Todas las personas que entran o salen de una fortaleza deben pasar por un procedimiento de «Identificación». Normalmente se invoca la ventana de información mediante el «Sistema» y se utiliza para verificar la identidad… Supongo que eso sí sabes hacerlo, ¿verdad?]
Por supuesto que no.
Nunca lo había hecho.
No. En realidad, había un problema aún mayor.
En aquel momento, Jaehwan era incapaz de utilizar el «Sistema».
Desde el instante en que alcanzó el estado de «Olvido» tras escapar de la «Torre de la Pesadilla», había perdido la capacidad de utilizar cualquier función del Sistema, incluyendo el inventario y la ventana de estado.
Fue entonces cuando el ayudante James habló.
—Mino.
—¿Sí?
—Lo siento, pero la situación ha cambiado un poco.
—… ¿La situación? ¿De qué hablas?
—Hace poco cambiaron las regulaciones. Ahora cualquiera que entre o salga de la fortaleza debe presentar obligatoriamente un Certificado de Identificación.
—¿Un certificado?
¿Certificado?
La mirada de Mino se perdió un instante en el vacío.
—¿No estarás hablando de esos viejos certificados anticuados que se usaban antes?
—Exacto.
—¿Por qué? Después de que se corrigieran los errores del sistema en «Caos», ya no hacían falta certificados.
—He oído desde la fortaleza interior que el sistema está presentando anomalías y cada vez falla más a menudo.
Mino recordó cómo había fallado su habilidad Búsqueda de Precisión.
Había pensado que simplemente era una avería de la habilidad, pero tal vez también estuviera relacionado con aquello.
—En cualquier caso, debido a estas anomalías del sistema, hay muchas personas cuyas ventanas de información ya no se muestran correctamente. Así que, por el momento, todas las fortalezas de «Caos» han vuelto a utilizar los Certificados para verificar la identidad.
—Justo ahora…
Qué fastidio.
Mino se quejó interiormente y miró hacia Jaehwan.
—[Ahora que lo pienso, tú… tu certificado..].
Jaehwan la observó en silencio.
—[… Evidentemente no tienes uno].
—…
—[Confía en mí. Te enseñaré cómo manejar estas situaciones].
Mino suspiró ligeramente.
—James.
—¿Hm?
—Lo siento, pero dejé mi certificado en otra parte. ¿No podríamos arreglarlo con esto? No es que nos conozcamos desde ayer; sería demasiado estricto ponerse así por un simple certificado.
Sonriendo ampliamente, Mino puso algo en la mano de James.
Era una bolsa llena de polvo blanco y la mirada de James cambió.
—Buen producto. ¿De qué cuerno de bestia cornuda proviene?
—De una bestia de dos cuernos.
—Parece que te está yendo bastante bien últimamente, Mino—. James sonrió.
Abrió la bolsa, tomó un poco del polvo con el meñique y lo probó con la lengua. Luego puso una expresión satisfecha.
Guardó la bolsa entre sus ropas y lanzó una mirada hacia Jaehwan.
—¿Ese es compañero tuyo?
—Sí.
—¿Qué relación tienen?
—No es que tengamos una relación especial, simplemente…
—¿Hm?
La actitud evasiva de Mino volvió a cambiar la mirada de James.
Mino hizo rápidamente una señal a Jaehwan. Su intención era pasar cuanto antes, para evitar que el asunto se complicara. Pero justo cuando Jaehwan intentó pasar junto a James, este le sujetó el hombro.
—Me parece un poco sospechoso. Él tendrá que mostrar su certificado.
Mino frunció el ceño.
—Espera. Ya te cubrí también la parte de él.
—Eso no es suficiente.
—¿Cómo qué no? No es un cuerno de una sola cornamenta, es de un bicornio.
En el instante en que vio el rostro endurecido de James, la sonrisa desapareció también de los labios de Mino.
James hablaba en serio.
¿Por qué?
No lo sabía. Tal vez simplemente no le gustaba el aspecto de Jaehwan.
Tal vez ella misma había cometido algún error o quizá simplemente habían tenido mala suerte.
Lo único seguro era que, si no cedía ahora, tal vez ya no habría otra oportunidad.
Mino recuperó rápidamente la compostura y sujetó a James.
—James, ¿qué te pasa? Llevamos comerciando más de uno o dos días. Él es mi compañero. Así que…
Ignorando completamente los esfuerzos de Mino, una voz se clavó en el ambiente.
—No tengo nada parecido a un certificado.
Aquel tono absolutamente tranquilo hizo que las cejas de James se alzaran.
—Entonces no puedes entrar.
—¿Y no se puede entrar si no lo tienes?
Los demás guardias empezaron a reunirse poco a poco, mostrando expresiones de ‘a ver qué tenemos aquí’.
Mientras Mino retrocedía diciendo ‘eh, eh…’, el asunto se estaba agrandando rápidamente.
—Claro que no. No se puede demostrar quién eres.
—Si se trata de demostrar que yo soy yo, ¿por qué necesito otro objeto para hacerlo?
—¡Ja! ¿Escucharon a este tipo?
Como si llevaran tiempo sin tener ocasión de actuar, los guardias comenzaron a aflojar los hombros de forma amenazadora mientras sujetaban sus armas.
Al ver que la situación tomaba un rumbo extraño, Mino habló rápidamente por transmisión mental.
—[No se va a solucionar nada siendo tan rígido. Son los guardias de una fortaleza. Sabes lo que significa eso, ¿verdad?]
Por muy fuerte que fuera Jaehwan, no podía permitirse crear problemas con los guardias. Eso equivalía a convertir toda una fortaleza en enemiga.
—[… Si sigues siendo tan poco cooperativo, ni siquiera yo podré ayudarte].
Mino habló deliberadamente para intimidarlo un poco. Por fuerte que fuera un Adaptado, «Caos» no era un lugar donde pudiera sobrevivir únicamente mediante la fuerza personal.
Aunque ella fuera inferior a Jaehwan en poder de combate, llevaba muchísimo más tiempo viviendo en «Caos».
—[Los guardias no son como una compañía mercenaria tipo Red Fox. Intentaré resolverlo de alguna manera, así que tú retrocede…]
Por suerte, la situación aún no era grave. No había infringido ninguna regla importante.
Si el problema era simplemente un pedazo de papel llamado certificado, quizá ella todavía pudiera arreglarlo.
Fue entonces cuando cambió la presencia de Jaehwan. Su pie izquierdo retrocedió apenas un poco y la altura de sus hombros cambió ligeramente.
Solo alguien con sentidos tan agudos como los de Mino podía percibir aquel cambio. Si ahora mismo llevaba la mano a la empuñadura de la espada…
“¿No será…?”
Mino envió apresuradamente otra transmisión mental.
—[¡Espere! ¡No, verdad!] —Su voz estaba llena de urgencia—. [¡No! ¡No es eso! ¡Sé que es fuerte! ¡Pero si mata a esos guardias se convertirá en un fugitivo buscado!]
Sin embargo, la expresión de Jaehwan no cambió ni un ápice y Mino se mordió el labio.
—[¡Por fuerte que sea, no puede enfrentarse a toda esta fortaleza! ¿Sabe siquiera lo que eso significa?]
La presencia de Jaehwan no cambió. Los estúpidos guardias todavía no se habían dado cuenta de nada.
Pero incluso ese movimiento tan sutil hacía que la existencia de Jaehwan resultara tan intensa que Mino casi comenzaba a ver alucinaciones.
Una alucinación en la que él masacraba a todos los presentes y avanzaba en silencio. En ese instante regresó la pesadilla del día anterior.
Aquella aterradora estocada que había incendiado un bosque entero.
Mino comprendió que había cometido un error de juicio enorme.
Aquel hombre no solo era fuerte. Era alguien que tampoco estaba atado a las leyes de este mundo. Nadie se lo había dicho, pero podía sentirlo con todo su cuerpo.
Él acabaría desenvainando la espada.
Mataría a todos los guardias presentes y, si fuera necesario, se enfrentaría incluso a toda la fortaleza. Que pudiera hacerlo o no era algo que, para él, tenía poca importancia.
Alguien que había vivido toda su vida de esa manera y que seguiría viviendo así en el futuro.
El rostro de Mino fue perdiendo color hasta quedar pálido como el de un cadáver.
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