Sala de reuniones del recinto interior de Gorgona.
Los tres jefes de departamento recién nombrados fingían estar ocupados en otras cosas bajo la penetrante mirada del primer ministro Jurgen.
—Je, je. Seguramente el señor de la fortaleza tendrá todo bien pensado.
En particular, Zahir, comandante del Cuerpo Exterminador de Demonios y recién nombrado jefe del Departamento de Seguridad, mostraba una expresión incapaz de ocultar su alegría.
Sin embargo, Jurgen tenía un semblante grave.
—¿Qué se supone que tiene pensado?
—Ejem, ejem. Bueno, seguramente posee alguna intención profunda que personas como nosotros no podemos comprender…
—Zahir. La situación es grave. Los poderosos de todo Caos se están congregando en Gorgona.
—Sí, lo sé, pero…
El recinto exterior de Gorgona ya se encontraba saturado. En cuanto se difundió la noticia del torneo, comenzaron a desplazarse multitudes que querían presenciar los enfrentamientos entre los poderosos. Las estaciones de teletransporte de los alrededores de Gorgona sufrían a diario, incapaces de atender a los Adaptados que no paraban de llegar, y los puestos de inspección de cada puerta lo pasaban mal verificando una por una las identidades de los Adaptadores que hacían fila.
Por supuesto, el puesto de inspección del norte era la excepción.
—¡Uajá! ¡Entren, entren todos rápido!
Cuando Carlton Xavier, quien había sido el jefe del puesto de inspección del norte, fue designado como el jefe del Departamento de Justicia del gabinete de Gorgona, James, que había sido su ayudante, se convirtió de manera natural en el jefe interino del puesto.
Gracias a ello, los guardias del puesto de inspección del norte pasaban días felices en medio de un mar de sobornos desbordantes.
Carlton, quien todavía no se acostumbraba a su puesto como jefe del Departamento de Justicia, se limitaba a fruncir el ceño cada vez que recibía noticias ocasionales del puesto de inspección del norte.
—¿El jefe del Departamento de Justicia Carlton no tiene nada que decir?
—… ¿Disculpe?
—Le pregunto si no tiene nada que decir sobre esta situación.
Jurgen dejó escapar un profundo suspiro mientras miraba a Carlton.
Aunque no se había celebrado una reunión formal del gabinete, la organización del torneo no infringía ninguna ley. En situaciones de emergencia, si más de la mitad de los jefes de departamento estaban de acuerdo, podían aprobarse políticas importantes que implicaran un gasto superior a los tres mil millones de horns sin necesidad de celebrar una reunión del gabinete.
Y, sorprendentemente, Jaehwan había obtenido el consentimiento de la mayoría.
¿Cómo?
Era sencillo. El día en que Jaehwan se convirtió en señor de la fortaleza, cuatro de los cinco jefes de departamento encargados del gabinete de Gorgona habían desaparecido y uno había quedado inválido.
Por tanto, en la práctica, Gorgona carecía de gabinete.
Jaehwan aprovechó la oportunidad para colocar a tres personas al frente de los departamentos de Seguridad, Justicia y Finanzas. Como desde el principio todos habían sido nombrados entre los allegados de Jaehwan, era inevitable que todas las propuestas se aprobaran de cualquier manera.
Carlton, después de pensarlo un momento, abrió la boca:
—Parece que al primer ministro no le agrada la decisión del señor de la fortaleza.
—… No es una cuestión de agrado o desagrado personal, sino de principios. Usted también lo sabe, jefe del Departamento de Justicia, ¿no es así?
—Principios. Esos malditos principios. ¿Hasta cuándo van a seguir hablando únicamente de principios?
Quien intervino en la conversación era la recién nombrada jefa del Departamento de Finanzas.
La expresión de Jurgen se volvió gélida.
—Todos los sistemas funcionan sobre la base de unos principios. Aunque supongo que la jefa del Departamento de Finanzas, que desconoce el trabajo del gabinete, no lo comprenderá.
A Jurgen no le agradaba la recién nombrada jefa del Departamento de Finanzas.
Podía aceptar que Zahir, el comandante del Cuerpo Exterminador de Demonios, se hiciera cargo del Departamento de Seguridad y que Carlton, un antiguo jefe del puesto de inspección del norte, se encargara del Departamento de Justicia.
Pero, por mucho que lo intentara, aquello era inaceptable.
Aunque Gorgona se encontrara en estado de emergencia, ¿cómo podía una simple tabernera de apenas el nivel de una Adaptada de segunda etapa quedar a cargo del Departamento de Finanzas?
Jurgen todavía recordaba el momento, cinco días atrás, en que el señor de la fortaleza había llevado ante ellos a aquella mujer llamada Claire y la había presentado como la jefa del Departamento de Finanzas.
«Desde mi punto de vista, una taberna y la fortaleza Gorgona son iguales. La única diferencia es cuál de las dos resulta más descarada».
Después de que Claire asumiera el control del Departamento de Finanzas, la reorganización de su personal se llevó a cabo en un abrir y cerrar de ojos.
Actuando con la autoridad delegada de Jaehwan, Claire expulsó sin vacilar a los altos funcionarios que vivían como parásitos aferrados a los Adaptados de alto nivel y adaptó todas las políticas financieras a la perspectiva de los ‘habitantes comunes’ de Gorgona. Era algo que podía hacer precisamente porque no tenía ninguna conexión dentro del gabinete.
Por supuesto, la oposición fue enorme.
Como prueba de ello, incluso en ese momento se acumulaban en cantidades descomunales toda clase de mensajes de protesta enviados por clanes y Adaptados de alto nivel a la oficina del recinto interior. Naturalmente, al señor de la fortaleza no le importaban en lo más mínimo.
—Me parece que quien no comprende nada es el rígido señor primer ministro.
La expresión de Jurgen se tornó desconcertada ante aquel tono, como si toda noción de cortesía se le hubiera evaporado junto con el alcohol.
—Parece que no estás satisfecho con las políticas del señor de la fortaleza, pero ¿sabes qué clase de valor están generando?
—¿Generación de valor…?
—Sí, generación de valor. No me menosprecias por ser dueña de una taberna, ¿verdad?
—No, no es eso…
—Pues esa es exactamente la expresión que tienes.
Jurgen cerró la boca al percibir que ella estaba arrastrándolo a su propio ritmo. Claire continuó hablando:
—Donde se reúne la gente, también se reúne el dinero. Y ahora mismo, gracias a la celebración del torneo, Gorgona está recibiendo una multitud sin precedentes.
—Eso también lo sé.
—¿Una persona que lo sabe habla de esa manera? A mí me parece que tienes cara de no saberlo en absoluto.
—…
—Te daré un ejemplo. Ese torneo que tanto lo asusta. ¿Sabes en qué lugar de Gorgona se está celebrando?
—Todavía no he conseguido averiguarlo.
—En la calle de los puestos ambulantes del norte del recinto exterior.
—¿La calle de los puestos ambulantes del norte?
Aquella era la calle cuyas instalaciones habían quedado destruidas durante el incidente con el Clan Cielo Dorado unos días atrás, dejando a sus habitantes sin su medio de vida.
—Un momento… ¿No me digas que…?
Claire asintió.
—Los habitantes de la calle de los puestos ambulantes que perdieron sus trabajos están trabajando como personal auxiliar del torneo.
Jurgen se sobresaltó. Sabía que el torneo estaba celebrándose, pero jamás había imaginado que conseguirían de aquella manera el personal y el espacio necesarios para llevarlo a cabo.
—Debes de saber cuánto dinero perdió la fortaleza durante el incidente con el Clan Cielo Dorado de hace unos días, ¿verdad?
—Creo que fueron aproximadamente trece mil millones de horns…
—Así es. Para ser exactos, doce mil ochocientos setenta y ocho millones de horns.
Jurgen observó a Claire con una mirada renovada. ¿Cuándo había investigado aquella mujer toda esa información? Sin embargo, todavía era demasiado pronto para sorprenderse.
—Entonces, ¿sabrás también cuántos ingresos ha obtenido la fortaleza durante los dos días transcurridos desde que comenzó este torneo?
—Eso todavía se está investigando…
—¡Un total de trece mil doscientos ochenta millones de horns! Y eso es solamente el beneficio neto obtenido durante los últimos dos días. Si le añadimos los ingresos potenciales, nadie sabe cuánto más podría aumentar.
Jurgen se quedó con la boca abierta. Si aquello era cierto, significaba que Gorgona había recuperado en los dos últimos días todas las pérdidas que había sufrido hasta entonces.
No, más importante aún, ¿cómo había conseguido aquella mujer calcular ya esas cantidades?
Claire soltó una risita y abrió la boca.
—¿Por qué te sorprendes tanto? Tanto en el mundo de los vivos como en el de los muertos, no he hecho otra cosa que administrar tabernas. Calcular dinero y tratar con sabandijas borrachas era mi rutina diaria.
Claire rebuscó entre sus ropas y sacó una pipa. Era la soltura de una anciana curtida que había vivido sin dejarse intimidar ni siquiera frente a hombres que armaban toda clase de escándalos. En la punta de la pipa ardió tenuemente el polvo de una bestia de un solo cuerno.
—No sé muy bien qué es lo que pretende hacer el señor de la fortaleza. Si de verdad piensa formar una «Expedición al Abismo» o si pretende librar una guerra contra todo «Caos» … Pero hay algo que creo saber con certeza.
Claire dirigió una rápida mirada al rostro de Zahir, jefe del Departamento de Seguridad, y otra al de Carlton, jefe del Departamento de Justicia. Por último, sostuvo la mirada del primer ministro Jurgen y continuó:
—Ahora «Caos» va a cambiar.
Jurgen percibió una emoción que se arremolinaba en los ojos de Claire.
Era una emoción que la mayoría de quienes vivían en «Caos» habían perdido hacía mucho tiempo. Al observarlos detenidamente, vio que Carlton y Zahir también tenían una mirada similar. Jurgen conocía muy bien el nombre de aquella emoción.
“Señor de la fortaleza, ¿qué pretende hacer nacer en nuestro interior?”
Algo que no había sucedido ni una sola vez durante cientos de años.
Jurgen comenzó a sentirse intranquilo. Temía a aquel ser que hacía posibles ese cambio, esa posibilidad y todo lo demás.
Mientras reprimía la emoción que se extendía involuntariamente por su corazón, recobró la compostura.
♦ ╬ ♦
En el transcurso de tres días extenuantes, el torneo concluyó en un instante las preliminares y la fase principal, y avanzó hasta los octavos de final.
Quienes llegaran tarde para presentarse en la fortaleza Gorgona podían participar en la competición mediante unas plazas de invitación preparadas por separado.
Así transcurrieron tres días.
Celebrado con un calendario agotador que no dejaba tiempo para descansar, el torneo no tardó en alcanzar su momento culminante.
—Llegar a los octavos de final en apenas tres días. Todo está avanzando demasiado rápido.
El dueño de la voz era Shin Mugeuk, la Espada del Firmamento Azul y líder del Clan Infinito.
Los miembros de élite del Clan Infinito, que ocupaba el segundo puesto, estaban formados detrás de él. El poder individual de cada uno alcanzaba sobradamente un nivel que oscilaba entre la cuarta y la quinta etapa.
Todos eran individuos poderosos que emanaban un aura aterradora, pero ni siquiera la suma de las auras de todos ellos superaba la de Shin Mugeuk, la Espada del Firmamento Azul.
Así era Shin Mugeuk.
Aunque por fuera parecía un hombre común de mediana edad, en realidad tenía más de mil años y era una de las personas más ancianas de Gorgona.
Al igual que Cheongheo, el Médico Divino de la Desesperación, y Heo Yu, el Señor del Acero, Shin Mugeuk procedía de Las Llanuras Centrales, en el Mundo 12 764.
En el mundo Murim de su tierra natal también había sido un maestro considerado uno de los Cinco Grandes Espadachines bajo el Cielo.
—Todo acabó así porque ese bastardo de Kang Hwan hizo algo innecesario.
—Shin Mugeuk miró en la dirección de la que había provenido la voz.
—Como se puso a desatar llamas desde las preliminares, diciendo que iba a matarlos, todos los que no habían superado la quinta etapa de Adaptación terminaron retirándose.
—Me preguntaba quién sería—. Shin Mugeuk miró al dueño de la voz y adoptó una expresión de alegría—. Cuánto tiempo, Cheongheo.
—Ha pasado tiempo, Mugeuk.
Cheongheo sonrió, mostrando los dientes.
Al instante siguiente, surgió entre ambos una corriente afilada. Los Adaptados cercanos temblaron ante la penetrante intención asesina que chocó en el aire.
Cheongheo, un Despierto, y Shin Mugeuk, un Adaptado de alto nivel, habían puesto a prueba mutuamente sus fuerzas por medio de sus auras.
Poco después, Cheongheo habló con voz admirada.
—Parece que has vuelto a progresar desde la última vez.
—Parece que tú también.
Shin Mugeuk también parecía haber percibido algo en el aura de Cheongheo.
Cuando desapareció la corriente que había mantenido en tensión a quienes los rodeaban, comenzaron a escucharse murmullos por todas partes.
—¿Ese no es el venerable Espada del Firmamento Azul?
—¡También vino el Médico Divino de la Desesperación!
Pensar que podrían contemplar juntos a la Espada del Firmamento Azul y al Médico Divino de la Desesperación, considerados dos de los seres más poderosos de «Caos». Algunas personas mostraban expresiones de auténtica emoción.
Cheongheo se acarició la barba y dijo:
—Dejando eso de lado, me sorprendes, Mugeuk. Resulta extraño que alguien a quien le gustan tanto las peleas no participe en el torneo.
—Me gustan los duelos. Lo que no me gusta es una pelea caótica como esa.
—Je, je. Si Kang Hwan te oye, volverá a escupir fuego.
Sobre el escenario, Kang Hwan, líder del Clan Rey del Fuego, y una joven se encontraban en pleno enfrentamiento. Era el último duelo de los octavos de final.
La habilidad de nivel supremo de Kang Hwan, la Espada del Demonio de las Llamas, había esparcido llamas indiscriminadamente por todo el recinto del torneo. Sin embargo, la joven vestida con ropas nocturnas esquivaba todas las llamas mediante una asombrosa técnica de desplazamiento.
Cheongheo, mientras contemplaba aquella técnica, abrió la boca.
—Esa joven es bastante buena. ¿Sabes quién es?
—No estoy seguro. No parece pertenecer al Santuario de las Doncellas Divinas…… Esa técnica de desplazamiento me resulta familiar.
—Tsk, tsk. ¿De verdad has envejecido tanto? ¿No es ese el Paso Divino de las Nubes de aquel tipo?
—¿El Paso Divino de las Nubes Azules? —Shin Mugeuk se quedó atónito un instante al escuchar el nombre de aquella técnica marcial y respondió de pronto—: ¿No me digas que es una habilidad de Acero?
—Así es.
Ante aquella respuesta contundente, la mirada de Shin Mugeuk se volvió compleja.
Solo había una persona a la que podían referirse como ‘Acero’. Era alguien que había superado la Torre de las Llanuras Centrales junto con ellos y había avanzado a «La Gran Tierra»; alguien que en otro tiempo había sido amigo suyo.
Heo Yu, el Señor del Acero.
—¿Por qué una subordinada de Heo Yu está aquí?
—No lo sé. Lo único seguro es que algunos de los Monarcas tienen intenciones ocultas respecto a este torneo.
Poco después, el enfrentamiento llegó a su fin. La Espada del Demonio de las Llamas de Kang Hwan chocó contra la hoja de la mujer, se deslizó y perdió el rumbo por un instante. Con el contraataque que siguió, Kang Hwang recibió un golpe directo en el abdomen y salió rodando fuera del escenario.
Los vítores estallaron por todas partes ante la impactante derrota de Kang Hwan, uno de los líderes de las Diez Grandes Facciones de Caos.
—¡Uoooooh! ¡Kang Hwan ha perdidoooo!
Shin Mugeuk, la Espada del Firmamento Azul, frunció el ceño.
—Ese bastardo de Kang Hwan se ha vuelto demasiado complaciente.
—Es el precio de haber descuidado su entrenamiento habitual.
Poco después, el recinto se llenó de ruido y se escuchó el anuncio que daba por concluidos los octavos de final.
Todos esperaban que hubiera un breve intervalo antes de los cuartos de final, pero Zahir, jefe del Departamento de Seguridad, apareció corriendo apresuradamente desde algún lugar, tomó el micrófono y comenzó de inmediato a ejercer como presentador.
—[¡Bien, por fin comienzan los cuartos de final que todos ustedes estaban esperando con tantas ansias!]
Shin Mugeuk, que pensaba descansar un momento y echar un vistazo a los alrededores, frunció el ceño.
—¿No se están apresurando demasiado?
—Es porque el señor de la fortaleza está impaciente.
—Aun así, esto es como intentar asar frijoles con el fuego de un relámpago…
Los gritos del público disminuyeron cuando un hombre subió al escenario. Las personas que lo reconocieron comenzaron a hacer comentarios desde distintos lugares.
—Es el líder del Clan de los Eruditos del Bosque.
El Clan de los Eruditos del Bosque era una facción que, según se decía, había sido fundada por los eruditos y estrategas más destacados de «Caos». Entre ellos había un hombre conocido como el mayor prodigio de todos: Jegal Myeong, líder y señor del Clan de los Eruditos del Bosque.
Recorrió tranquilamente las gradas con la mirada y, tras descubrir a Shin Mugeuk y a Cheongheo, les dedicó una sonrisa arrogante solo con los ojos.
—Ese insolente cree que parpadear es suficiente para saludar. Tendré que darle una paliza más tarde.
—Déjalo pasar. Apenas tiene cuatrocientos años.
Poco después, el otro extremo del escenario se abrió y apareció una nueva figura. Los vítores de las gradas se hicieron todavía más fuertes. Esto se debía a que el recién llegado no tenía absolutamente nada que envidiarle al líder del Clan de los Eruditos del Bosque.
Cheongheo soltó una risita.
—Parece que ha aparecido alguien que le dará una paliza en mi lugar.
El oponente del líder del clan de las Grullas era el hombre más famoso de Gorgona actualmente.
Shin Mugeuk habló con un murmullo pensativo.
—Así que ese es el nuevo señor de la fortaleza.
—Así es.
—Había un espacio vacío en el cuadro de enfrentamientos, pero no imaginé que la estructura del torneo permitiría que el propio señor de la fortaleza participara.
Mientras observaba a Jaehwan realizar unos sencillos ejercicios de calentamiento sobre el escenario, Shin Mugeuk inclinó la cabeza con curiosidad.
—Qué extraño. Percibo en él una energía parecida a la tuya… ¿Acaso es discípulo tuyo?
—¿Mi discípulo?
Al instante siguiente, una explosión resonó en el escenario y alguien salió disparado hacia el cielo. El líder del Clan de los Eruditos del Bosque volaba por los aires dando vueltas, con ambos ojos tan abiertos que ya no podía sonreír con ellos.
—¡Aaaaaaaaaah!
Cheongheo contempló la escena y abrió la boca.
—¿Cómo podría un monstruo como ese ser discípulo mío?
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