—[Lo prometo. Le cederé gustosamente el puesto de señor de la fortaleza a cualquiera de ustedes que consiga derrotarme primero].
En cuanto Jaehwan terminó de hablar, los reporteros de ‘Caos del Mes’ se pusieron en movimiento.
“¡Una exclusiva! ¡Esto es una exclusiva!”
Un combate entre seis poderosos, entre los que se contaban los señores de las Diez Facciones, y un señor de la fortaleza. Un enfrentamiento que, según el sentido común, era absolutamente inconcebible estaba a punto de comenzar.
¿Cómo podría haber algo más demencial que aquello?
Para los habitantes de «Caos», hambrientos de historias, era un estímulo más que satisfactorio.
Desde las gradas estalló un clamor mayor que todos los vítores anteriores juntos. Sin embargo, también había quienes expresaban preocupación por sus acciones.
—¡El señor de la fortaleza está siendo demasiado precipitado!
Por extraordinarias que fueran las proezas marciales del nuevo señor de Gorgona, ¿podría enfrentarse simultáneamente a los seis que habían alcanzado los cuartos de final?
Si aparecía alguien capaz de derrotarlos por sí solo, significaría el nacimiento de un poderoso sin precedentes en la historia de «Caos». La aparición de un poderoso significaba, a su vez, una convulsión en el equilibrio del lugar.
Era una oportunidad para comprobar el poder marcial del señor de la fortaleza que había declarado que formaría la «Expedición al Abismo». La gente comenzó a entusiasmarse.
Era exactamente la escena que Jaehwan había pretendido crear.
Había una razón por la que Jaehwan se molestaba en montar aquel engorroso espectáculo, aun a costa de provocar la oposición de los señores de las Diez Facciones y atraer la atención del público.
Lo que Jaehwan necesitaba en ese momento era la confianza de la gente.
Y durante el tiempo que había liderado a «Carpe Diem» en la «Torre de la Pesadilla», Jaehwan había adquirido cierta experiencia para lidiar con situaciones como aquella.
Una gran confianza dependía de la profundidad de la relación, y esa profundidad se construía mediante la acumulación de tiempo.
Pero ¿cómo podía generarse confianza en una situación en la que no era posible acumular suficiente tiempo? Lo que podía mostrarse en esos casos era una capacidad abrumadora.
Una capacidad mediocre no serviría.
Únicamente una ‘capacidad abrumadora’.
Un poder divino capaz de inspirar suficiente reverencia en quienes lo contemplaran. Si lograba ofrecer una demostración de semejante magnitud, la profundidad de confianza que faltaba por la ausencia de tiempo podría sustituirse por una expectativa ciega.
Y un combate contra todos los participantes de los cuartos de final era el campo de batalla perfecto para ofrecer semejante espectáculo.
La mujer de la hoz con cadena, que se encontraba en un extremo del escenario, soltó una carcajada, como si aquello le resultara muy divertido.
—¡Ah, ja, ja, ja! Me preguntaba de qué se trataba, pero esto sí que…
Era la mujer de la hoz con cadena a la que ni siquiera «Duda» de Jaehwan había podido leer antes. Al escuchar su risa, él agudizó instintivamente su percepción de energía.
Hasta entonces, los únicos cuyo nivel no había podido determinar mediante «Duda» eran los poderosos que estaban al nivel de Cheongheo o por encima de él. Eso significaba que aquella mujer de la hoz con cadena también debía de ser, como mínimo, una poderosa del nivel de Médico Divino.
Era la persona con quien debía tener más cuidado. La mujer de la hoz con cadena continuó hablando con una sonrisa felina:
—Sabía que estaba a punto de ocurrir algo interesante.
La mujer caminó directamente hacia Jaehwan con pasos firmes. Su forma de andar, sin el menor atisbo de vacilación ni titubeo, puso tensos a todos los espectadores.
La mujer se detuvo justo delante de Jaehwan. La distancia era tan peligrosamente corta que, si se acercaba apenas un poco más, sus labios se tocarían.
—Tú sí que me gustas de verdad. Sería un desperdicio matarte ahora.
Jaehwan no la apartó. Se debía a que no percibía en ella la más mínima intención asesina. La mujer de la hoz con cadena le susurró al oído como si soplara un dulce aliento.
—Así que, por esta vez, te dejaré aquí.
—¿Dices que te rendirás?
—Sí.
Era inesperado.
El puesto de señor de la fortaleza estaba al alcance de su mano y, además, la superioridad numérica estaba abrumadoramente de su lado; aun así, declaraba que se retiraba. El desconcertado presentador tomó apresuradamente el micrófono de reserva.
—[¡Una de las participantes que alcanzaron los cuartos de final acaba de retirarse de forma repentina! ¿Acaso no le interesa el puesto de señor de la fortaleza?]
La mujer de la hoz con cadena se limitó a encogerse de hombros, como si un puesto como el de señor de la fortaleza no tuviera demasiada importancia para ella.
—No quiero verme envuelta innecesariamente en asuntos todavía más molestos. Y además…
Jaehwan no escuchó sus últimas palabras. Sin embargo, no pasó por alto la forma que adoptaron sus labios. El movimiento de la boca de la mujer expresaba exactamente la siguiente frase:
—Porque ‘eso’ aparecerá pronto.
Por desgracia, Jaehwan no tuvo tiempo de pensar demasiado en las palabras de la mujer.
Esto se debía a que, junto con su declaración de retirada, comenzaron a verse movimientos inquietantes en el recinto del torneo.
El primero en actuar fue Yun Yong, líder del Dios del Trueno.
—Ejem, ejem. Señor de la fortaleza. Yo también me retiraré llegados a este punto. Dejando a un lado la imparcialidad del combate, no creo que con mi capacidad actual tenga forma alguna de enfrentarme a usted.
Él ya había pasado por la experiencia de ser atacado por Jaehwan y dar vueltas en el aire como si estuviera bailando.
Era imposible que quisiera volver a sufrir la misma humillación. Además, ya había alcanzado los cuartos de final, tal como había prometido, así que había cumplido con el criterio mínimo de aprobación de Jaehwan.
Sin embargo, esa situación no era lo que Jaehwan deseaba.
“…el líder del Dios del Trueno, qué tipo tan astuto”.
Había escogido una opción que le permitiría obtener un beneficio práctico mediante una pequeña concesión, sin tener que sufrir una humillación.
Aunque terminara bajo tu mando, no sacrificaría su reputación. Pero entonces otra persona completamente inesperada también manifestó su intención de rendirse.
—Reconozco de buen grado que la capacidad de este humilde servidor no llega ni a los talones del señor de la fortaleza. Deposito una profunda confianza en la seguridad del señor de la fortaleza y, llegados a este punto, aceptaré mi derrota.
Se trataba de Caimán, líder del Clan Mar del Sur, otro de los participantes que había alcanzado los cuartos de final. Las gradas comenzaron a agitarse.
—¿‘Ese’ líder del Clan Mar del Sur se rindió?
—No puede ser.
Incluso entre los señores de las Diez Grandes Facciones de Caos, Caimán era reconocido por su carácter singularmente magnánimo y justo. Sin embargo, también era ampliamente conocido que era un competidor nato. ¿Y ese mismo Caimán reconocía su derrota sin siquiera intentar luchar?
Jaehwan frunció discretamente el ceño.
“Esto era problemático”.
Había pensado que Yun Yong podría reaccionar de ese modo, pero nunca imaginó que incluso Caimán haría lo mismo.
Al cruzar su mirada con la de Jaehwan, Caimán juntó respetuosamente las manos e inclinó la cabeza en silencio.
“No parecía que lo hiciera por la misma razón que el líder de Clan del Dios del Trueno, pero…”
En el caso de Caimán, a diferencia del líder del Clan del Dios del Trueno, parecía estar dando un paso atrás porque consideraba que aquel combate no era justo.
Sin embargo, fuera cual fuera la intención con la que había pronunciado esas palabras, no formaba parte de la escena que Jaehwan pretendía crear.
—¿No hay algo extraño? ¿No estarán todos confabulados para amañar esto?
Uno de los espectadores puso en duda la situación. Era precisamente lo que Jaehwan temía.
Sin embargo, se trataba de una reacción natural por parte de los espectadores, quienes no sabían que Yun Yong y Caimán ya habían luchado anteriormente contra Jaehwan.
Después de que tres personas declararan su rendición una tras otra, también quedaron tres participantes: la líder y vicelíder del Santuario de las Doncellas Divinas y, la mujer vestida completamente de negro que había derrotado a Kang Hwang.
Jaehwan pensó que, en esas condiciones, aunque sometiera a las tres, no obtendría una escena satisfactoria.
“Entonces, ¿qué debía hacer ahora…?”
—Qué lástima, señor de la fortaleza. Las cosas no salieron como deseaba.
Quien habló en un tono ligeramente sarcástico fue Ja Geungnyeong, la líder del Santuario de las Doncellas Divinas.
Jaehwan se encogió de hombros y respondió:
—Bueno, ya que no hay más remedio, intenten atacarme, aunque solo sean ustedes tres.
—… De verdad que su arrogancia no conoce límites. Parece que todos se retiraron por consideración a la dignidad del señor de la fortaleza—. La voz de Ja Geungnyeong contenía una tenue ira.
—[Señora, aprovechemos esta oportunidad para darle una lección].
La vicelíder del Santuario de las Doncellas Divinas, ataviada con ropas violetas, le transmitió un mensaje secreto. Aquella situación no le había gustado desde el principio.
—[Por muy fuerte que sea ese hombre, no hay forma de que pueda resistir nuestro ataque conjunto].
La vicelíder, que se encontraba al nivel de una Adaptada de sexta etapa, carecía del discernimiento necesario para medir correctamente la fuerza de Jaehwan. Sin embargo, quizá, aunque hubiera tenido el discernimiento apropiado, habría actuado exactamente igual.
—[Contrólese, vicelíder].
Ja Geungnyeong, negó con la cabeza mientras hablaba.
—[Usted también lo sabe, ¿no? Para empezar, no vinimos aquí a luchar contra el señor de la fortaleza].
—[Es cierto, pero…]
Jaehwan, que estaba escuchando a escondidas aquella conversación, adoptó una expresión interesada.
«Duda» resultaba verdaderamente útil en situaciones como aquella.
“No habían venido a luchar”.
Entonces, ¿cuál era su objetivo?
A continuación, la líder del Santuario de las Doncellas Divinas comenzó a hablar también con la mujer vestida de negro que había derrotado a Kang Hwang, el líder del Clan del del Rey del Fuego. Por lo que Jaehwan podía oír, parecían haberlo acordado con antelación.
—[¿Qué hará la capitana Hyeyoung?]
—[Observaré un poco más].
Respondió la mujer vestida de negro, a quien habían llamado Hyeyoung.
La líder del Santuario de las Doncellas Divinas volvió a preguntar:
—[¿Quién está detrás del líder del Clan Cielo Dorado para que el Monarca de Acero haya decidido actuar?]
—[Creo que ya se lo dije anteriormente, pero no puedo revelarle eso. Señora, no intente involucrarse demasiado en este asunto. Basta con que cumpla debidamente la tarea que le hemos pedido].
Era una voz en la que se percibía disciplina incluso dentro de su serenidad.
La líder respondió dando muestras de que, aunque fuera solo un poco, su orgullo se había visto herido.
—[… Entiendo. ¿Qué debo hacer?]
—[Queremos conocer el carácter del señor de la fortaleza].
“¿Su carácter?”
Era una expresión excesivamente vaga. Para empezar, ¿qué podía definirse como el carácter de una persona? ¿Su flexibilidad? ¿Su forma de pensar? ¿Su manera de tratar a los demás? ¿Sus ideas o ambiciones? Si uno comenzaba a enumerarlo, se convertía en algo interminable y prolijo.
Sin embargo, la líder del Santuario comprendió en un instante la intención que se ocultaba en la esencia de aquella prolijidad.
—[Así que pretenden determinar hasta qué punto puede ser útil como pieza de ajedrez].
—[El Monarca jamás se tomará a la ligera la ayuda de la líder del Santuario de las Doncellas Divinas].
—[¿Y qué piensan hacer si el señor de Gorgona no resulta ser una persona que cumpla sus condiciones?]
Tras esas palabras, se produjo un breve silencio.
La capitana Hyeyoung pareció reflexionar una y otra vez sobre algo y, finalmente, miró a la líder y habló:
—[En ese caso, tendremos que elegir a una nueva persona. Confío en la sabiduría de la señora].
Su voz era clara y serena, como si hubiera leído la mente de ella, oculta tras el velo. La líder del Santuario de las Doncellas Divinas asintió.
—[Entiendo].
Cuando terminó la conversación secreta, las tres mujeres, incluida la líder del Santuario, dirigieron la mirada hacia Jaehwan. Jaehwan también las miró de frente. La primera en hablar fue Ja Geungnyeong.
—Señor de Gorgona, nosotras no tenemos intención de luchar contra usted.
—¿Es una declaración de rendición?
—Creo que esa expresión es incorrecta. No tener intención de luchar y alzar la bandera blanca son dos cosas distintas.
—¿Qué quieres decir?
—Anteriormente, el señor de la fortaleza dijo lo siguiente: ‘Quien sea derrotado en un duelo individual contra mí deberá convertirse en miembro de la «Expedición al Abismo»’.
Una situación extrañamente familiar se estaba repitiéndo. Jaehwan preguntó con un tono ligeramente irritado:
—No pensarás aferrarte también a las palabras duelo individual, como hizo el líder del Clan de las Grullas ¿verdad? ¿Pretendes proponer que compitamos en algo distinto de un enfrentamiento de fuerza?
—No, no es eso lo que quiero decir.
—¿Entonces?
Jaehwan percibió que, tras el velo, la líder del Santuario de las Doncellas Divinas sonreía tranquilamente.
—Nosotras no seremos derrotadas por usted.
—¿Qué quieres decir?
No había dicho ‘no hemos sido derrotadas’, sino ‘no seremos derrotadas’.
No era una descripción seca en presente, sino una declaración que contenía una voluntad inequívoca respecto al futuro.
La líder del Santuario de las Doncellas Divinas continuó con voz relajada:
—Le estamos diciendo que ingresaremos voluntariamente en la «Expedición al Abismo».
♦ ╬ ♦
Al mismo tiempo, un halcón mensajero llegó al despacho de la fortaleza interior de Gorgona.
Era un halcón mensajero de gran tamaño y plumaje vistoso. Cuando nadie acudió a recoger el mensaje, por mucho tiempo que pasara, el halcón dejó escapar un chillido áspero.
—Con lo ocupados que estamos, quién podría… ¿Eh?
El semblante de Jurgen cambió en cuanto vio las plumas del halcón mensajero. Esto se debía a que los halcones mensajeros azules solo se utilizaban para transmitir noticias en las que cada minuto y cada segundo eran cruciales.
[Aisa Lindcroff, señora de Dríade]
El halcón mensajero procedía de la señora de la fortaleza meridional.
Y poco después.
—Dios mío.
Las manos de Jurgen temblaron siniestramente al comprobar el contenido del mensaje.
Sus pupilas, sumidas en la consternación, se dirigieron hacia la ventana. El cielo al sur de Gorgona entró en su campo de visión.
Nubes oscuras se extendían sobre el cielo.
Todavía no podía verse ni tocarse, pero algo se aproximaba a una velocidad demasiado clara e inconfundible.
Una maldad lo bastante enorme como para aniquilar un mundo entero.
El ejército de la desesperación engendrado por «Caos» avanzaba en masa hacia la fortaleza de Gorgona.
Impresiones sobre el capítulo completo.
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