—De acuerdo.
—¿Eso significa que aceptará las Preguntas y Respuestas sobre la Justicia?
Los ojos de la líder del Santuario de las Doncellas Divinas brillaron. Su expresión decía que había caído en la trampa.
Jaehwan asintió.
—¿Qué tengo que hacer?
—Es sencillo. Solo tiene que responder las preguntas que yo le formule—. La señora del Santuario sonrió dulcemente y continuó—: Todos… ¿podrían cerrar los ojos un momento?
Todos los espectadores, incluido Jaehwan, cerraron los ojos.
En medio de la oscuridad, sintieron cómo cambiaba el entorno. Una corriente de aire frío comenzó a fluir.
Las Preguntas y Respuestas sobre la Justicia habían comenzado.
Cuando abrió los ojos, Jaehwan descubrió que se encontraba de pie sobre un mar inmenso. Para ser precisos, el estadio entero se había transformado en un vasto océano.
“¿Otra ilusión?”
Los espectadores exclamaron maravillados.
Se escuchó la voz de la líder del Santuario de las Doncellas Divinas:
—El escenario de estas Preguntas y Respuestas sobre la Justicia es la Región de Geohae, donde resido. Como saben, todo lo que se encuentra más allá de la fortaleza Dríade está formado por mares peligrosos como este. Por eso, como pueden ver, los naufragios ocurren con frecuencia.
Olas elevadas e innumerables arrecifes. Incluso podía verse un barco que ya había naufragado en el centro del escenario. Los humanos que viajaban en él habían caído al mar y se agitaban dolorosamente en el agua.
—¡Sálvennos!
Por desgracia, la mayoría de los pasajeros no tardaron en quedarse sin aliento por el frío de Geohae y sufrieron la extinción eterna.
Los espectadores temblaron ante una escena demasiado vívida para ser una simple ilusión.
Poco después apareció una embarcación de rescate. El bote, con capacidad total para diez personas, fue rescatando a los náufragos uno tras otro y, al cabo de un tiempo, consiguió recoger a la mayoría de los supervivientes. Sin embargo, había un problema.
—¿Qué hacemos? Todavía tenemos que recoger a una persona más.
Una embarcación de rescate con capacidad para diez personas. Y una persona que todavía no había subido.
Los tripulantes gritaron:
—Pero, si lo subimos, la embarcación se hundirá.
—Tenemos que abandonarlo. ¡Los que pueden vivir deben vivir!
Cuando recuperó repentinamente la conciencia, Jaehwan comprendió que, sin darse cuenta, había asumido el papel de capitán de la embarcación de rescate. Uno de los tripulantes se aferró a él.
—¡Capitán! ¡Debe elegir de inmediato!
Los labios de Jaehwan se abrieron ligeramente y volvieron a cerrarse.
“Ya veo. Así que esto eran las Preguntas y Respuestas sobre la Justicia”.
Podía ver a la líder del Santuario de las Doncellas Divinas sonriendo tenuemente.
Ante los ojos de Jaehwan aparecieron poco a poco varias opciones.
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En sentido estricto, las Preguntas y Respuestas sobre la Justicia no tenían una respuesta correcta. Sin importar qué opción se escogiera, obligaban a renunciar a algo.
Si Jaehwan elegía la primera opción, algunos lo criticarían por su falta de compasión. Pero, si escogía la segunda, otros cuestionarían su capacidad de juicio.
Eligiera lo que eligiera, sus aptitudes como comandante de la expedición serían atacadas. Era una trampa hábilmente planeada desde el principio.
—Señor de Gorgona, ¿qué hará?
Jaehwan contempló en silencio las opciones y abrió la boca.
—Elijo la tercera.
—… ¿Cómo? Esa opción no existe.
Jaehwan negó con la cabeza y lo repitió:
—La tercera. Salvaré a todos y tampoco permitiré que la embarcación se hunda.
En ese instante, el semblante de la líder del Santuario de las Doncellas Divinas cambió.
A diferencia de la mayoría de las Preguntas y Respuestas sobre la Justicia, que carecían de una respuesta correcta, la pregunta formulada en esa ocasión por la señora del Santuario sí tenía una ‘respuesta correcta’ claramente definida. Esto se debía a que, en realidad, existía una tercera opción oculta.
Una tercera opción que solo aparecía cuando uno encontraba la solución por sí mismo.
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Era la única opción que permitía conservar la ‘humanidad’ sin perder la ‘capacidad de juicio’ necesaria para salvar a todos.
La líder del Santuario de las Doncellas Divinas había planeado mostrarle esa solución después de que Jaehwan eligiera la primera o la segunda opción, para así desacreditar sus capacidades. Con eso habría bastado para que la opinión pública se pusiera naturalmente de su lado. Sin embargo, su plan estaba a punto de torcerse.
“¿De verdad encontró la tercera opción?”
La señora del Santuario ocultó su temblor y preguntó:
—Escuchémosla primero. ¿En qué consiste exactamente esa tercera opción que ha elegido?
Jaehwan respondió:
—Esas personas mueren porque existe el mar, ¿verdad?
—… Supongo que sí.
—Entonces, partiré el mar.
La líder del Santuario de las Doncellas Divinas puso cara de haber recibido un golpe en la cabeza.
“… ¿Qué demonios está diciendo este hombre?”
¿Ahora se pone a soltar semejante disparate, cuando debería estar dando una respuesta seria? ¿Ha perdido la capacidad de razonar por culpa del desconcierto?
Al instante siguiente, el Dokbul de Jaehwan se movió.
La líder del Santuario de las Doncellas Divinas gritó:
—¡Un momento! ¿Qué está…?
Una presión de viento descomunal se concentró en la punta de los dedos de Jaehwan y, entonces, lanzó una estocada como un destello de luz.
A continuación, se desplegó una escena asombrosa. El mar de las Preguntas y Respuestas sobre la Justicia, creado mediante una ilusión, se dividió mientras levantaba una gigantesca tempestad.
—¡El mar se está partiendo!
—¡Dios mío! ¿Cómo puede producirse semejante milagro?
—¡A-ahora estamos salvados! ¡Gracias, capitán!
Los pasajeros de la embarcación de rescate abrazaron a Jaehwan entre lágrimas.
[¡Se ha producido un problema en el sistema!]
[Las Preguntas y Respuestas sobre la Justicia finalizará].
El mundo ilusorio de las Preguntas y Respuestas sobre la Justicia se derrumbó y el estadio recuperó su forma original. Los espectadores contemplaban atónitos lo que acababa de ocurrir ante sus ojos.
La señora del Santuario cuyo cabello había quedado completamente alborotado por la estocada de Jaehwan, gritó:
—¿¡Qué se supone que está haciendo, señor de la fortaleza!?
Los miembros del Santuario de las Doncellas Divinas, incluida su enfurecida señora, desenvainaron sus espadas. Sin embargo, la expresión de Jaehwan era extraña.
—Se acabaron los juegos.
Ja Geungnyeong, se estremeció. Había percibido una energía fuera de lo común en el comportamiento y las palabras de Jaehwan.
Una transmisión resonó desde la fortaleza interior de Gorgona.
[¡Comunicado de la fortaleza interior de Gorgona! ¡Comunicado de la fortaleza interior de Gorgona!]
[¡A partir de este momento quedan cancelados todos los eventos que se celebraban en la fortaleza exterior y se cerrarán las puertas!]
[Se declara «Gorgona Uno» en todo el territorio de Gorgona.]
[Se ruega a todos los residentes que evacuen rápidamente hacia el distrito norte].
‘Gorgona Uno’ era una alarma correspondiente al máximo estado de alerta de la fortaleza. Se declaraba cuando la propia existencia del lugar se encontraba amenazada.
Ese era el código de Gorgona Uno.
Los murmullos se extendieron entre los espectadores.
Eran voces en las que se entremezclaban la ansiedad, la impaciencia y la curiosidad.
—¿Qué está ocurriendo?
—Dicen que han aparecido los muertos vivientes (Olvidados)
—¿Los muertos?
Las gradas estaban quedando cubiertas por el caos y la locura.
En el centro de aquel pandemónium, la transmisión secreta de Jurgen llegó directamente a los oídos de Jaehwan.
—[Señor de la fortaleza, venga ahora mismo a la puerta sur].
Jaehwan se lanzó hacia la puerta sur sin pronunciar palabra. Los poderosos, incluidos los señores de las Diez Facciones, que habían percibido que algo sucedía, también se pusieron en movimiento para seguirlo.
Poco después, los poderosos que representaban a «Caos» se encontraban sobre las almenas de la fortaleza sur.
Todos contemplaron simultáneamente la misma escena, sintieron lo mismo y se quedaron sin palabras.
La región boscosa del sur se había teñido completamente de negro.
Cada vez que los muertos se arrastraban, todo aquello que poseía alma se quebraba. Las bestias cornudas que aullaban en distintos puntos del bosque quedaron cubiertas por el ejército de los muertos y se desvanecieron sin dejar rastro. Parecía que un tsunami negro avanzaba cubriendo el bosque.
Los muros exteriores de la fortaleza chillaron cuando el tsunami chocó contra ellos.
En medio de aquel paisaje anormal, Ja Geungnyeong, la líder del Santuario de las Doncellas Divinas volvió a cobrar conciencia de que se encontraba dentro de una fortaleza.
—Ah…
Aquellas almenas de enorme altura no habían sido construidas para enfrentarse a las bestias cornudas. En el centro de aquel tsunami negro se encontraba el culpable que había obligado a construirlas.
—Mugeuk, ¿estás ahí?
—Estoy aquí —Shin Mugeuk respondió a Cheongheo.
—Es una escena que me recuerda a la de hace novecientos años. ¿No crees?
—¿Te refieres a cuando fuimos al «Palacio de los Muertos»?
—Así es.
Shin Mugeuk recordó de nuevo la expedición de hacía novecientos años.
Quienes habían participado en la «Expedición al Abismo» ya habían contemplado una vez, novecientos años atrás, la misma escena que tenían ante ellos.
—¿Por qué demonios se encuentra aquí ‘Magritte, la que Camina al Revés’?
La culpable que había obligado a construir aquellas elevadas almenas.
—…
Una de los Tres Grandes Muertos: Magritte, la que Camina al Revés.
El nombre de una calamidad que aterrorizaba a todo «Caos».
Cheongheo recordó que Catastrophe, el Único Rey, había descendido poco tiempo atrás sobre la fortaleza interior.
Los muertos tenían la costumbre de atraer a otros muertos.
Los Olvidados pequeños se congregaban allí donde aparecía uno mediano, y los medianos se reunían allí donde aparecía uno grande.
Y en la fortaleza interior de Gorgona había aparecido Catastrophe, a quien llamaban el rey de los muertos.
—Quizá muramos hoy aquí —Yun Yong, señor del Dios del Trueno, habló con voz temblorosa.
—Je, je. Si ni siquiera puedes enfrentarte a algo así, ¿cómo pensabas participar en la «Expedición al Abismo»?
—Señor del Rey del Fuego, a usted también le tiemblan las piernas en este momento.
—Cállate.
Cheongheo soltó una breve risa al escuchar su conversación.
Ni el señor del Dios del Trueno ni el señor del Rey del Fuego habían nacido siquiera hacía novecientos años. Eran unos mocosos. Sin embargo, ahora se habían convertido en los protagonistas de aquel caos.
Algunos intercambiaban bromas insignificantes para superar el miedo.
Otros contemplaban el frente con expresiones solemnes.
Cheongheo observó los rostros de cada uno de ellos y se dejó llevar por la emoción.
Pensar que volvería a contemplar esta escena antes de morir.
El infinito, Mar del Sur, Bosque de las Grullas, Doncellas Divinas, Rey del Fuego y Dios del Trueno.
Seis de los diez grandes clanes se habían reunido allí.
Ante sus ojos se encontraba un ejército de muertos pequeños y medianos que parecía ascender fácilmente a decenas de miles.
Y eso no era todo.
Había más de diez muertos grandes, cada uno comparable a un Adaptado de séptima etapa, y detrás de ellos se encontraba incluso el muerto supergigante ‘Magritte, la que Camina al Revés’.
Incapaces de soportar la presencia de Magritte, algunos de los poderosos soltaron el muro y se lanzaron hacia el norte.
Entre ellos se encontraba Han Myeonggwan, quien había sido elogiado con el título de Espada del Caballero.
Ellos lo sabían.
Aquel combate no podía ganarse.
La fortaleza de Gorgona estaba a punto de ser destruida.
Algunos morirían y otros apenas conseguirían sobrevivir.
En cuanto se enfrentaron a Magritte, los poderosos de Caos escogieron sus propias respuestas a las Preguntas y Respuestas sobre la Justicia.
Cheongheo no pudo detenerlos.
¿Cómo podría reprocharles haber escogido sus propias vidas?
Magritte, la que Camina al Revés, se aproximaba.
Del suelo brotaron negras cortinas de lluvia que ascendieron hacia el cielo. La gravedad se distorsionó; las personas que se encontraban al frente comenzaron a flotar en el aire y su campo visual se invirtió. Se había manifestado «Surrealidad», la autoridad del muerto supergigante Magritte.
Tanto los Adaptados que movían los labios, como los señores de las Diez Facciones que reunían su determinación definitiva encogieron el cuerpo en un instante.
Todos parecían fetos aterrorizados.
Nadie logró alzar su arma contra el ejército de los muertos, que ya había llegado hasta sus propios ojos.
Era un terror espantoso que ni siquiera les permitía levantar la cabeza.
Varios poderosos se convirtieron en polvo al ser alcanzados por el rayo negro que brotó de la boca de Magritte.
Entre ellos se encontraba Han Myeonggwan, la Espada del Caballero, que intentaba huir.
Impotentes.
Absolutamente impotentes.
Un mundo donde cualquier elección resultaba inútil.
¿Qué sentido tenía formular Preguntas y Respuestas sobre la Justicia en semejante mundo?
En un mundo donde ni siquiera existían opciones, ¿qué respuesta podía encontrarse y qué esperanza podía anhelarse?
En ese momento, por el rabillo del ojo de quienes permanecían encogidos apareció una espada.
Era una espada negra y alargada.
Una espada terriblemente solitaria.
Una espada sumida en la más absoluta soledad.
La espada pasó con indiferencia junto a las personas derrumbadas y avanzó sin vacilar hacia el ejército de los muertos. La señora del Santuario, que apenas había conseguido levantar la cabeza en medio de aquel miedo atroz, la vio por casualidad.
“No…”
La mujer exprimió su voz dentro de aquel mundo donde sus cinco sentidos se habían distorsionado. Sin embargo, no consiguió emitir sonido alguno. Tenía que detenerlo, pero no podía hacerlo.
El tsunami de luz negra que se alzaba hasta lo más alto del cielo se precipitó sobre el hombre.
La señora del Santuario cerró los ojos con fuerza sin darse cuenta y cuando volvió a abrirlos, Ja Geungnyeong se encontró ante una escena que jamás olvidaría mientras viviera.
El tsunami negro se estaba partiendo en dos, dejando al descubierto una blancura resplandeciente.
Un único rayo de luz dividía el tsunami y abría un camino.
La «Surrealidad» se estaba derrumbando.
Los cinco sentidos distorsionados regresaban a la normalidad y la gravedad recuperaba su lugar.
Aquel muerto aterrador, ‘Magritte, la que Camina al Revés’, lanzaba chillidos espantosos.
«Entonces basta con partir el mar».
La respuesta de Jaehwan resonó en la mente de la señora del Santuario, que permanecía sentada en el suelo con la mirada perdida. Y no solo en la suya. Todos los presentes compartían el mismo sentimiento.
El señor del Mar del Sur, el señor del Bosque de las Grullas, el señor del Dios del Trueno y el señor del Rey del Fuego.
Todos sintieron lo mismo en aquel instante.
Aquella era la respuesta imposible para aquel mundo imposible.
Alguien tembló.
Alguien dejó escapar un gemido.
Y alguien habló con una voz que, por alguna razón, parecía llena de añoranza.
—No tiene lógica.
Shin Mugeuk, señor del Infinito habló mientras resistía la presión espiritual de Magritte con la espada clavada en el suelo. Alguien le respondió:
—No, no la tiene.
—Es extremadamente temerario.
—Sí que lo es—. Cheongheo sonrió—: Y, precisamente por ser temerario, es una respuesta infinitamente pura.
Era una respuesta que todos conocían, pero que nadie podía llevar a la práctica. Una respuesta que había sido sepultada por el monstruo llamado realidad y descartada como incorrecta.
Cheongheo contempló la espalda del hombre que se enfrentaba en solitario al mar negro como la tinta y abría un camino.
—He decidido proteger esa temeridad.
Cheongheo desenvainó su espada y comenzó a caminar hacia el tsunami negro que fue dividido.
—…Ya veo.
Mugeuk lo sabía.
Aquel era un camino imposible. Si se dejaba seducir por el milagro inmediato y permitía que lo arrastrara, jamás podría regresar y, aun así, Mugeuk respondió:
—Entonces yo también iré contigo.
La espada de Mugeuk lanzó un feroz rugido. La inmensa energía espiritual del Cielo Azul impregnó la hoja y el tsunami de los muertos fue desgarrado por la fuerza índigo de su espada.
Sin embargo, los muertos que acudían incesantemente volvían a llenar el camino abierto en el mar.
Entonces aparecieron aquellos quienes comenzaron a proteger ese camino que comenzaba a estrecharse.
—… La dignidad de los señores de las Diez Grandes Facciones de Caos ha quedado por los suelos.
—Es una vergüenza.
Eran Caimán del Mar del Sur, y Jegal Myeong del Bosque de las Grullas.
Cheongheo protegió el camino que Jaehwan había abierto a la cabeza; Mugeuk protegió a su vez el que Cheongheo había mantenido abierto. Y los demás señores de las diez facciones se enfrentaron a los enemigos para ensanchar el camino protegido por Mugeuk.
Todos parecían estar hechizados por algo.
Un camino imposible.
Mientras blandían sus espadas para protegerlo, poco a poco comenzaron a formar parte de una historia.
La historia que «Caos» había esperado durante millones de años. Una historia que deseaban contemplar hasta el final, aunque todo volviera a desembocar una vez más en la desesperación.
El señor del Dios del Trueno, que apenas había conseguido subirse al último extremo de aquella historia, habló con una voz que, por alguna razón, parecía a punto de romperse en llanto.
—Señor del Rey del Fuego…
—¿Qué? ¡Estoy ocupado, así que no me hables!
—Me da un poco de vergüenza decir algo así, pero siento que tengo que decírselo a alguien.
—¿Qué cosa?
—¿No le parece que ahora mismo me veo impresionante?
Una quincena de muertos pequeños se desvaneció ante la punta de la espada del señor del Rey del Fuego. La formación de muertos que cargó detrás de ellos quedó reducida a polvo por la energía del Dios del Trueno.
A pesar de eso, todavía quedaban muchos muertos.
Cortaban, cortaban y volvían a cortar.
Incluso el señor del Rey del Fuego, que protegía la retaguardia del camino, comenzó a acumular cansancio gradualmente.
El camino se estrechaba poco a poco.
Comenzó a asaltarlo la duda de si serían capaces de protegerlo.
Aun así, siguieron avanzando. Aunque aquel camino terminara allí, lo protegerían.
Fue entonces cuando escucharon las voces de la gente.
“¿Serían alucinaciones auditivas?”
La mirada del señor del Rey del Fuego vaciló cuando se volvió repentinamente hacia atrás.
Poco después, cuando volvió a mirar al frente, en sus ojos ya no quedaba ni una sombra de duda. Tranquilizado, comenzó a abatir a los muertos que tenía delante.
Estaba seguro.
Aquel camino sería protegido.
Porque toda Gorgona corría hacia ellos para protegerlo.
Y una semana después.
La noticia de que Magritte, una de los Tres Grandes Muertos, había sido aniquilada sacudió todo «Caos».
[ FIN DEL EPISODIO 8 «EL ÚLTIMO ROMANTICISMO» ]
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