Desde el momento en que se encontraba con Mino en la bifurcación del camino, Jaehwan ya lo sabía todo.
—[Será mejor que no tengas ideas estúpidas, bruja].
—[Si no cumples la promesa, tu compañera perderá la vida].
—[Si cumples la promesa, te garantizamos una recompensa suficiente].
Aquellas amenazas groseras que no dejaban de dirigirse hacia Mino.
Jaehwan comprendió enseguida cómo estaban ocurriendo las cosas.
Alguien había amenazado a Mino y habían tomado un rehén. Y el culpable quería a Jaehwan.
Este mundo, que él había llegado a «Comprender» mediante una interminable «Duda», era un lugar donde los valores numéricos y los datos gobernaban absolutamente todo.
La «Duda» de Jaehwan, que jamás se había equivocado una sola vez, estaba convencida de la traición de Mino. Por eso, Jaehwan no estaba escuchando en absoluto lo que Mino decía.
—Aunque no tengan grandes sueños ni convicciones, si consiguen sobrevivir sanos y salvos al día de hoy, ya se sienten satisfechos y felices. Para mí, eso es un ser humano.
Jaehwan volvió en sí de golpe cuando la historia de Mino estaba ya casi terminando.
—En ese sentido… usted no parece un ‘ser humano’.
Mino lo dejó atrás en aquella bifurcación del camino.
Sin la menor vacilación y sin traicionarlo en ningún momento. Como si se estuviera burlando de todas sus sospechas.
Jaehwan permaneció inmóvil, contemplando la espalda de Mino mientras se alejaba.
Y entonces… Todas las palabras desaparecieron de su mente.
La «Duda», que siempre había penetrado en el mundo, perdió repentinamente toda su fuerza.
Los sonidos que llegaban de todas partes comenzaron a apagarse. El mundo quedó envuelto en silencio. Sintió cómo algo le oprimía con fuerza una parte del pecho.
“¿Por qué esa mujer parece un ‘humano’?”
Mientras observaba a Mino alejarse, Jaehwan negó lentamente con la cabeza. Algo parecido ya había ocurrido una vez. Fue cuando Mino le respondió que no regresaría al pasado. Cuando Michael, fabricó la vaina de la espada junto con Jaewan.
En aquellos momentos… Durante un instante, ambos habían parecido ser seres humanos.
Pero eso fue solo durante un momento.
Aquellos que por un momento parecían ‘seres humanos’ volvían enseguida a tener el aspecto de cadáveres, como si nada hubiera ocurrido.
Jaehwan no entendía qué significaba aquello.
Solo había una cosa que sabía. Tenía la certeza de una única cosa que aprendió mientras ascendía completamente solo la torre durante aquellos interminables años.
Que jamás podría cambiar este mundo si se obsesionaba con salvar a una persona cada vez.
Por muchas veces que los salvara. Ellos nunca conseguirían convertirse en seres humanos por sí mismos.
Mientras veía alejarse a Mino, Jaehwan se dio la media vuelta.
En ese momento volvió a activarse la «Duda», y los sonidos comenzaron otra vez a llegar a sus oídos.
—[¡Maldita sea! ¡La bruja nos ha traicionado! ¡Envía una paloma mensajera!]
—[… Qué desperdicio. El Mongma que tanto esfuerzo costó traer ha acabado siendo inútil].
“¿Un Mongma?”
Hasta ahí llegaba la historia de cómo Jaehwan había terminado llegando a aquel lugar.
♦ ╬ ♦
Mino, que lo miraba fijamente con expresión atónita, preguntó:
—¿Porqué la talla no le quedaba? ¿De verdad ha venido por una razón así?
Jaehwan no respondió. Mientras tanto, con la aparición de Jaehwan, Janya no podía ocultar su satisfacción.
—Ya veo. Me has ahorrado el trabajo de buscarte.
Por la débil energía de Nokmyeong que desprendía, no cabía duda de que aquel hombre era quien poseía la Piedra del Olvido del Alma que Janya estaba buscando.
Sin embargo, todavía estaba por verse cuál de los dos era realmente quien se había ahorrado el esfuerzo.
—¿Ustedes tienen un Mongma?
El rostro de Janya cambió inmediatamente.
Que el clan del Cielo Dorado tuviera a un Mongma era una información clasificada incluso dentro de la propia organización.
Janya llamó mediante transmisión mental a los mensajeros secretos de Cielo Dorado que mantenían levantada la barrera insonorizante fuera de la taberna.
—[Ese tipo sabe lo del Mongma. ¿Qué demonios ha pasado?]
—[Eso es imposible…]
Los mensajeros secretos de Cielo Dorado también parecían desconcertados. Sin darle tiempo a pensar, Jaehwan volvió a preguntar:
—¿Dónde está el Mongma?
—… No puedo decírtelo—. Janya respondió de forma instintiva.
Solo después comprendió su error. Era prácticamente lo mismo que admitir que realmente tenían a uno de ellos
Jaehwan asintió.
Y dijo:
—Tráiganlo aquí —dijo
Aquellas palabras hicieron que las cejas de Janya se crisparan violentamente.
“¿Está loco?”
Aparece de repente y pregunta por el Mongma, y en lugar de pedir que lo lleven hasta el lugar donde está él, exige que lo traigan aquí.
“¿Acaso sabe siquiera qué clase de existencia es un Mongma?”
No… Antes que eso…
“¿Por qué demonios estoy perdiendo el tiempo hablando con un sujeto como este?”
Janya comenzó a enfurecerse poco a poco.
Él era Janya, el mayor de los Tres Hermanos de Janya. La sombra de la región boscosa. El Carnicero de la Selva Negra.
—Así que era cierto el rumor. Decían que pretendías enfrentarte a la Fortaleza… pero realmente estás loco.
Mientras Janya desenvainaba sus dos espadas, Mino tragó saliva.
—Tenga cuidado. Esos tipos son Adaptados de Cuarta Etapa.
Según lo que ella misma había experimentado durante el combate, Janmyeong y Janmang estaban prácticamente al nivel de la Cuarta Etapa, pero el verdadero problema era Janya.
Había alcanzado plenamente el dominio de un Adaptado de Cuarta Etapa.
Entre la Tercera y la Cuarta Etapa existía una diferencia comparable a la que separa el cielo de la tierra.
Los Adaptados de Cuarta Etapa ocupaban normalmente posiciones equivalentes a los ancianos de las grandes facciones.
—¿Crees que voy a perder?
—… No.
A la propia Mino le resultó extraño que aquellas palabras salieran de su boca con tanta naturalidad. Después de todo, aquellos eran Adaptados de Cuarta Etapa.
Y, además, eran los Tres Hermanos de Janya, capaces de enfrentarse juntos incluso al Garnak, el Pentacuerno adulto.
Incluso alguien como Red Fox, a quien Jaehwan había derrotado, no habría sido para ellos más que un simple calentamiento después de comer. Y, sin embargo…
¿Por qué?
No sentía ninguna preocupación.
En ese momento, los primeros en moverse fueron los Tres Hermanos Janya.
«Arte Secreto de las Sombras».
Las ondas de sombras se extendieron en decenas de direcciones. Era imposible distinguir cuál era la verdadera y cuál era la falsa.
Jaehwan utilizó inmediatamente «Olvido»
Sorprendentemente, Janya era capaz de seguir, hasta cierto punto, los movimientos de Jaehwan incluso después de que este utilizara «Olvido».
Por una diferencia mínima, Jaehwan esquivó las espadas de sombra.
“Así que por eso dicen que, a partir de la Cuarta Etapa, uno entra en el Alto Rango”.
La habilidad «Arte Secreto de las Sombras» que utilizaba Janya tampoco era nada sencilla.
Jaehwan había pensado seleccionar únicamente las espadas auténticas mediante «Duda» para bloquearlas. Sin embargo, al fin y al cabo, era una habilidad de alto nivel; los patrones de poder espiritual no eran tan simples.
Como aquello empezó a resultarle molesto, Jaehwan decidió simplemente destruir todas las espadas de sombra.
El destello blanco que salió disparado junto con la vaina cubrió por completo el aire.
Había utilizado repetidamente «Pequeña Estocada».
Era tal la cantidad de estocadas lanzadas en aquel brevísimo instante que las imágenes residuales de las propias estocadas llegaban a enturbiar la visión.
La expresión de Janya se deformó.
—Eso es imposible…
Jaehwan no solo destruyó todas las espadas de sombra. Aprovechando el impulso, lanzó el ataque directamente contra la cabeza de Janya, que tuvo que sacrificar una de sus orejas para poder esquivar la estocada.
“¿La ha esquivado?”
La expresión de Jaehwan cambió, mostrando interés. Hasta aquel momento, nadie había logrado esquivar jamás una «Pequeña Estocada».
No… Había uno.
Ese sujeto recibió una «Estocada Normal» y ahora mismo se había convertido en la vaina de su espada Dokbul.
—Hermano…
Ante aquel combate inesperado, Janmyeong ayudó a sostener a Janmang que gemía a causa del dolor.
La estocada de hacía un momento le había herido el muslo y el brazo derecho.
Con el rostro endurecido, Janya retrocedió mientras protegía a sus hermanos. No podía creer lo que acababa de ver con sus propios ojos.
Aquel hombre había neutralizado por completo el «Arte Secreto de las Sombras» con tan solo tres estocadas. Y, aprovechando el hueco creado por ello, incluso había apuntado directamente a su cabeza.
Que Janya hubiera conseguido esquivar aquella estocada había sido únicamente cuestión de suerte.
Si el instinto adquirido tras atravesar incontables campos de batalla no le hubiera advertido… En esos momentos ya estaría sirviendo de alimento para una bestia fantástica.
Buscó apresuradamente a los mensajeros secretos.
—[¿No dijiste que era un No Adaptado?]
—[… Lo es. Sin duda es un No Adaptado].
Si el Cielo Dorado afirmaba algo semejante, entonces debía ser cierto.
Pero entonces… ¿Cómo podía explicarse aquella fuerza?
¿Acaso era un poderoso habitante del Abismo?
No.
Era imposible. A simple vista transmitía una atmósfera parecida.
Pero, entre todos los poderosos del Abismo que Janya había visto, jamás había habido un No Adaptado.
Entonces… ¿Qué demonios era ese hombre?
Janya volvió a adoptar su postura de combate.
Un hombre cuyo poder espiritual liberado no parecía gran cosa. Un hombre que utilizaba únicamente estocadas. Y, aun así, su fuerza superaba la de los tres hermanos juntos.
—[Cuesta creerlo, pero es más fuerte que nosotros].
—[He… hermano… entonces…]
—[Cambiamos el plan].
Janya comprendía las situaciones con rapidez. Si el enemigo era absurdamente fuerte… Ellos también tendrían que combatir de una forma absurda.
Jaehwan frunció ligeramente el ceño al ver el repentino cambio de estrategia de los Tres Hermanos Janya.
De pronto rompieron su formación.
Uno tras otro comenzó a utilizar el «Arte Secreto de las Sombras» mientras empleaban a los rehenes como escudos.
Era una táctica diseñada específicamente tras haber comprendido por completo el patrón de ataque de Jaehwan, basado únicamente en estocadas.
Las estocadas eran rápidas, pero también constituían un ataque de patrón muy simple. Si uno conseguía leer correctamente la dirección antes de que llegara el ataque y reducir al mínimo el espacio disponible…
No era tan difícil enfrentarse a ellas.
Por eso los Tres Hermanos Janya optaron por bloquear todas las trayectorias posibles de las estocadas utilizando a los rehenes como escudos. Y el método resultó sorprendentemente eficaz.
Poco a poco, las estocadas de Jaehwan disponían de menos espacio para atravesar.
Sin embargo… Los Tres Hermanos Janya habían pasado algo por alto.
—¿Qué…?
En la mano derecha de Jaehwan comenzaba a concentrarse una presión del viento aterradora. Era una fuerza tan inmensa que todos los objetos cercanos empezaron a caer al suelo.
Esa era la postura preparatoria de la «Estocada Normal».
Desde el principio, los rehenes no significaban absolutamente nada para Jaehwan.
Los Tres Hermanos Janya.
Los criminales del Clan del Cielo Dorado.
Los propios rehenes.
Si algo le estorbaba, bastaba con hacerlo desaparecer.
Porque, ante sus ojos, todos eran simplemente cadáveres.
Sin embargo… Justo cuando estaba a punto de utilizar la «Estocada Normal», un dolor punzante atravesó la zona de su corazón.
Su visión vaciló por un instante y sobre los rostros de los rehenes pasó algo parecido a una imagen residual.
“¿Qué es esto…?”
Jaehwan intentó ignorarlo. Preparó nuevamente la «Estocada Normal».
En ese instante, la voz de alguien cruzó fugazmente por su mente.
«Yo también soy un ser humano. Puede que no sea tan fuerte ni tan firme como usted… pero yo también soy, sin duda, un ‘ser humano’».
Todo era confuso. ¿Por qué ahora aquellos cadáveres le parecían humanos?
No podía comprenderlo. Y, sin embargo, su propio cuerpo rechazaba el ataque. Le decía que no debía utilizar la «Estocada Normal» contra ellos.
Nunca antes le había ocurrido algo semejante. Al ver retrasar el ataque de Jaehwan…
Los Tres Hermanos Janya volvieron a lanzarse al ataque.
Jaehwan frunció el ceño.
Su «Duda» estaba vacilando y cuando esta titubeó, también lo hizo «Comprensión».
Cuando comprensión flaqueó, también vaciló «Olvido».
Debía matar a los rehenes.
Jaehwan volvió a intentar utilizar la «Estocada Normal».
Pero le resultaba imposible concentrarse. Peor aún… Su propia «Duda» estaba interfiriendo en su concentración.
En lugar de dudar del mundo… La «Duda» había comenzado a dudar de sí misma.
Algo estaba cambiando dentro de su alma.
Una energía poderosa y cálida, completamente distinta del camino de «Olvido» intentaba nacer desde lo más profundo de su alma.
Una energía que transmitía una sensación extraordinariamente antigua y añorada.
Una fuerza que, en un sentido completamente diferente al de «Olvido», él había perdido hacía muchísimo tiempo…
El problema era que, por el momento, aquel poder no servía absolutamente para nada.
“Maldita sea”.
A medida que la situación se complicaba cada vez más, Jaehwan lamentó por primera vez que lo único que supiera hacer fuera «Estocar».
Si al menos hubiera sabido cortar. O lanzar. O, como mínimo, utilizar alguna técnica de agarre para someter a sus enemigos…
“¿Agarres…?”
En ese instante, tras pensar en algo, Jaehwan comenzó a utilizar «Pequeña Estocada» en todas direcciones dentro de la taberna.
Algunas estocadas iban dirigidas hacia los Tres Hermanos Janya. Otras apuntaban directamente al techo.
Aquella lluvia indiscriminada de estocadas iba convirtiendo la taberna en un auténtico panal lleno de agujeros.
—¡Ese loco ha perdido completamente la cabeza!
Janya sonrió con satisfacción, convencido de que ya tenía la victoria en sus manos.
Si aquello continuaba así… Aquel hombre terminaría consumiendo por completo su poder espiritual y se destruiría él solo.
Jaehwan dejó de atacar unos treinta segundos después.
Había lanzado tantas estocadas que, a través del techo completamente perforado de la taberna, podía verse el amplio cielo.
Jaehwan levantó la vista hacia el cielo a través de aquellos agujeros.
Y, de repente, bajó la espada.
“Con esto bastará”.
Se dio la vuelta, dándoles la espalda a los Tres Hermanos Janya.
Mino lo observaba completamente desconcertada.
—¿Q-qué ocurre de repente?
—Voy a dejar a esos tipos en manos de otro.
—… ¿Otro? ¿A quién se refiere?
—A un terco que habla demasiado.
“¿Un terco que habla demasiado?”
La imagen de alguien cruzó fugazmente por la mente de Mino.
Pero… No podía ser. ¿Cómo sería posible?
Fue entonces cuando uno de los criminales del Cielo Dorado gritó alarmado.
—¡Señor Janya! ¡La barrera insonorizante ha sido destruida!
—¿Qué? —El rostro de Janya cambió de color.
Intentó contactar mediante transmisión mental con los mensajeros secretos del Cielo Dorado. Pero ya no podía sentir en absoluto su presión espiritual.
De pronto, Janya se estremeció mientras contemplaba los numerosos agujeros abiertos por las estocadas que cubrían toda la taberna.
“No me digas que… ¿Todos esos ataques de hace un momento eran para…?”
Poco después… Todos los presentes dentro de la taberna sintieron una presencia extraordinariamente poderosa.
Aquella energía se acercaba a gran velocidad.
Era una presión espiritual capaz de someter incluso a un Adaptado de Cuarta Etapa.
Los rostros de los Tres Hermanos Janya fueron endureciéndose rápidamente. Era una presión espiritual brillante y majestuosa. Dentro de toda la Fortaleza Gorgona solo existía una persona con una presión espiritual semejante.
La puerta de la taberna se abrió de golpe.
Entraron varios hombres vestidos con armaduras de placas plateadas.
Eran los guardias del puesto de control del norte.
Y…
—¿Qué significa todo esto?
La deslumbrante luz plateada que inundó toda la taberna hizo que todos temblaran.
El aura del Celestial brotaba de sus omóplatos como si fueran alas. Su cabello rubio ondeaba sobre su cabeza.
El jefe del puesto de control más obstinado —y también el más temible— de toda la Fortaleza.
Carlton, de la Atadura Plateada.
Mino tragó saliva.
Jamás habría imaginado que llegaría un día en que aquel hombre pudiera parecerle tan digno de confianza.
Al descubrir a Jaehwan, Carlton entrecerró los ojos.
—¿Señor Jaehwan? ¿Qué demonios ha ocurrido aquí…?
Jaehwan asintió y respondió:
—Hay unos tipos que han infringido esas leyes que tanto te gustan.
Probablemente hayan violado algo parecido al artículo 276, apartado 4, del Código Penal de Gorgona.
Al escuchar aquello, Carlton abrió mucho los ojos.
—El Código Penal de Gorgona no tiene tantos artículos… ¿A quién se refiere?
—A esos.
Siguiendo el movimiento de barbilla de Jaehwan, Carlton dirigió la vista hacia el interior de la taberna. Había criminales que estaban sembrando el caos mientras utilizaban a las camareras como rehenes.
—No lo sé con certeza, pero parece que estaban tramando una conspiración para destruir el mundo utilizando esta taberna como punto de partida.
Ante aquella mentira pronunciada con absoluta naturalidad, Mino se quedó completamente boquiabierta. En la mano de Carlton apareció una enorme alabarda que irradiaba una intensa luz plateada.
—¿Destruir el mundo…?
Es un crimen que, desde luego, no puede pasarse por alto.
Los fríos ojos de Carlton se posaron sobre los Tres Hermanos Janya.
—De conformidad con el artículo 174, apartado 4, y el artículo 124, apartado 6, del Código Penal de Gorgona, procederé a detenerlos de forma inmediata por los delitos de destrucción ilegal de bienes dentro de la Fortaleza y lesiones a sus habitantes.
Los rostros de los Tres Hermanos Janya y de los miembros del clan del Cielo Dorado fueron perdiendo todo el color.
Jaehwan, naturalmente, pensaba que Mino iba a entregarlo.
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