Siempre, sin excepción, todo cuanto la rodeaba terminaba convirtiéndose en desgracia.
Mirándolo en retrospectiva, ya era así desde la «Torre de la Pesadilla».
El apodo de Mino, “la Bruja de la Destrucción”, en realidad no había nacido por primera vez en «Caos».
Cuando la Torre de la Pesadilla apareció en su ciudad natal y la gente comenzó a conquistarla, el primer grupo al que Mino se unió fue aniquilado por el ataque de unos monstruos apenas tres días después.
Ella fue la única que logró regresar con vida, por muy poco.
La gente la animó diciéndole: “Has tenido suerte”.
Quizá debió darse cuenta en aquel momento. De que aquella aniquilación había sido la primera señal.
Fue después de que el segundo y el tercer grupo a los que se unió también fueran exterminados cuando empezó a tener un extraño presentimiento. Ella volvió a ser la única que regresó con vida.
La gente comenzó a mirarla con recelo.
Cuando algo parecido se repitió cinco o seis veces más, aparecieron quienes comenzaron a sospechar de ella y a despreciarla.
—¿Esa es la famosa “Bruja de Destrucción”?
La bruja que atraía monstruos. La mujer maldita que hacía exterminar a todos los miembros de su grupo. La chica de dieciséis años que era señalada con el dedo por la gente y terminaba abandonada sin poder integrarse en ningún grupo.
Esa era Mino.
Solo mucho después Mino descubrió que la causa de toda aquella desgracia era, en realidad, su habilidad pasiva.
Una habilidad de alto nivel, «Atracción».
La única habilidad oculta escondida dentro de «La Torre de la Pesadilla» que ella había logrado completar.
Incluso ahora, Mino pensaba en ello de vez en cuando. Si en aquel entonces no hubiera conocido a Claire y a los demás compañeros… ¿Qué habría sido de ella?
Cuando todo el mundo le dio la espalda y la abandonó; cuando desafió sola la conquista de la torre y estuvo al borde de perder la vida. Si entonces no hubiera habido personas que la ayudaran…
Por eso Mino creía en las personas. Por muy horribles que sean las cosas que ocurran en este mundo y aunque la mayor parte de este mundo estuviera formada por malvados. En este mundo existen, sin duda, personas buenas.
Personas que no poseen un gran poder ni un talento extraordinario, pero que son capaces de entregar su vida voluntariamente por los demás.
Gracias a ellas, Mino había llegado hasta donde estaba.
Intentó hacerse fuerte para protegerlas.
Si ella atraía la desgracia, si al final inevitablemente terminaba haciendo desgraciadas a las personas que la rodeaban, entonces solo tenía que hacerse más fuerte que la propia desgracia.
Por eso ingresó en la Sala del Bosque Negro y aprendió las habilidades de un asesino.
Acumuló poder espiritual y ahora tenía delante de sus ojos el resultado de todo aquello.
♦ ╬ ♦
—[Mino. Si has llegado hasta aquí, no vaciles].
Claire, que parecía haber recibido varios golpes en el rostro, se mordía con fuerza los labios, sobre los cuales brillaban pequeñas gotas plateadas.
—[Ser débil no significa que uno no tenga ni siquiera el derecho de elegir la muerte].
Al oír aquellas palabras, los ojos de Mino se llenaron de lágrimas.
—Aguanta un poco más, señora. Voy a salvarte.
Claire esbozó una sonrisa amarga. Aunque dijera eso, tanto Claire como Mino sabían que era imposible.
Aun así, no podía rendirse.
Mino inspeccionó rápidamente los alrededores. La situación era mucho peor de lo que había imaginado. Solo a simple vista había más de diez Adaptados de Tercera Etapa. Y, especialmente, el hombre situado en el centro del grupo poseía una habilidad tan elevada que Mino era incapaz de medir correctamente su nivel.
No eran comparables con alguien como Red Fox.
Aquellos pertenecían a otra categoría completamente distinta.
No había muchos grupos dentro de la Fortaleza Gorgona capaces de movilizar en secreto una fuerza semejante.
O bien se trataba de una de las Diez Grandes Facciones de Caos, o de una organización equivalente.
En ese momento solo había dos de las Diez Grandes Facciones dentro de la Fortaleza Gorgona.
El Clan del Rey del Fuego, dirigida por Gang Hwang, el Señor Demonio de las Llamas.
Y el Clan Mugeuk, dirigida por Shin Mugeuk, la Espada del Firmamento Azul.
Sin embargo, aquellos hombres no parecían pertenecer al clan del Rey del Fuego ni al clan Mugeuk.
Ni el franco Señor Demonio de las Llamas ni la altiva Espada del Firmamento Azul eran personas que urdieran conspiraciones tan rastreras.
Además, entre los enemigos se encontraba uno de los criminales a los que ella había recibido el encargo de asesinar.
—… ¿La Víbora del Desierto?
La Víbora del Desierto, con el rostro cubierto por vendas de color ocre, era un Adaptado de Tercera Etapa que se dedicaba a cazar seres humanos en la región oriental de «Caos».
Aunque ocultara su rostro, no podía esconder la cicatriz en forma de cruz que tenía junto al ojo ni el puente hundido de su nariz que sobresalía bajo las vendas.
En aquel entonces, por mucho que lo buscó, no consiguió encontrarlo y terminó renunciando al encargo.
Jamás habría imaginado encontrarlo en un lugar como este.
“¿No me digas que son… estos tipos?”
Al observarlos con atención, todos eran criminales buscados que vivían huyendo de la justicia. Solo entonces Mino comprendió quiénes eran realmente.
Dentro de «Caos», solo existía una organización capaz de reunir a semejante cantidad de criminales y utilizarlos como un grupo organizado.
El Clan del Cielo Dorado.
Originalmente había sido una banda formada por vagabundos y gente de poca monta que deambulaban por «Caos», pero en los últimos tiempos había ascendido con rapidez.
Recientemente había expulsado al Clan de la Luna Brillante, que ocupaba el último puesto entre las Diez Grandes Facciones de Caos, convirtiéndose así en una de ellas.
—Parece que has perdido la cabeza, Bruja de la Destrucción.
En el momento en que uno de los miembros del clan del Cielo Dorado dio un paso al frente, un escalofrío recorrió la espalda de Mino.
No había duda.
Aquel hombre era, como mínimo, un Adaptado de Cuarta Etapa.
Y no era el único. Los otros dos que estaban detrás de él también eran combatientes que, aunque por muy poco, se encontraban casi al nivel de la Cuarta Etapa. Si los tres luchaban juntos, eran capaces incluso de enfrentarse a un Garnak, un pentacuerno adulto. Ese era precisamente el nivel de un Adaptado de Cuarta Etapa.
Además, Mino conocía sus nombres. Después de todo, cualquiera que alcanzara el nivel de un Adaptado de Cuarta Etapa, considerado la puerta de entrada a los Adaptados de alto rango, terminaba siendo conocido incluso dentro de «Caos».
—Los Tres Hermanos Janya…
Eran famosos bandidos en los alrededores de esta región boscosa. Aunque eran Adaptados de alto nivel, nunca se habían unido a ninguna facción y vivían como forajidos. Al parecer, ahora se habían unido al clan del Cielo Dorado.
—¿Por qué no lo trajiste? Habíamos llegado claramente a un acuerdo.
—¿Desde cuándo has visto que una bruja cumpla sus promesas?
Al oír aquello, el rostro de Janya se endureció.
—La Piedra del Olvido del Alma era nuestra desde el principio.
—Vaya, que argumento tan convincente.
—La familia Nokmyeong estaba negociando con nosotros. No sé qué ocurrió exactamente, pero ese tipo nos la arrebató.
—Ajá. ¿Sí? —Los ojos de Mino se entrecerraron—. Si estás tan seguro de tener razón, ¿por qué no la recuperas tú mismo o presentas una reclamación oficial ante la Fortaleza? ¿Por qué tuviste que incitarme y urdir toda esta conspiración?
—Eso… —Janya no pudo responder.
Mino sonrió con amargura, como si ya hubiera esperado exactamente aquella reacción.
Janya habló nuevamente, con un tono aún más grave.
—Todavía no es demasiado tarde. Tráelo.
—¿Y si no quiero?
—Morirás.
Mino no respondió.
Como si hubiera interpretado aquel silencio como una respuesta, los ojos de Janya se llenaron de intención asesina. Entonces, Janmyeong, el segundo de los hermanos Janya, sonrió mientras avanzaba.
—He oído que las mujeres del Salón Del Bosque Negros son muy buenas en la cama.
—Supongo que también habrás oído que nadie que se encuentra con una mujer del Bosque Negro en mitad de la noche regresa con vida—. Mino fingió tranquilidad.
Si se dejaba aplastar por su presencia, ni siquiera podría llamarse combate.
—Parece que, desde que desplazaron al clan de la Luna Brillante, se han vuelto demasiado arrogantes. Hoy van a arrepentirse. El nombre del Bosque Negro jamás será tan insignificante como el de la Luna Brillante.
En realidad, ya había enviado un aviso a la sucursal del Bosque Negro más cercana. Sin embargo, aunque acudieran a toda velocidad, tardarían al menos una hora en llegar. La cuestión era si ella lograría ganar ese tiempo.
Ante aquellas palabras, Janmang, el tercero de los hermanos, dejó escapar una sonrisa extraña.
—No creerás que somos idiotas, ¿verdad?
Mino guardó silencio.
—Sabemos perfectamente que el Bosque Negro no tiene ninguna sucursal dentro de la Fortaleza Gorgona. Cuando ellos lleguen, de tu cadáver ya no quedará ni el menor rastro.
—…Serán perseguidos por el Salón del Bosque Negro.
—Eso ya será asunto de nuestro líder.
Con un gesto de la mano de Janya, los miembros del clan Cielo Dorado comenzaron a rodear a Mino formando un círculo.
—Hasta aquí llega la charla. Si seguimos perdiendo tiempo, estaremos haciendo exactamente lo que esa mujer pretende.
Mino maldijo para sus adentros. La especialidad de los hermanos Janya era una técnica conjunta ejecutada por los tres, llamada «Arte Secreto de las Sombras».
Había oído que era una habilidad filtrada perteneciente a la Familia Heukyeong, (n/t:Sombra Negra) una de las Cinco Grandes Familias de «La Gran Tierra».
Aunque no alcanzaba el nivel de la técnica auténtica utilizada por la Familia Heukyeong, su poder era ampliamente reconocido.
Muchísimos Adaptados habían caído ante aquella técnica. Sin embargo, Mino tampoco se quedaba atrás en cuanto a habilidades.
Detrás de ella comenzaron a elevarse siete dagas.
Habilidad de Alto Nivel: «Las Siete Posturas de la Espada de Akaram».
Aquella técnica era una habilidad heredada directamente del líder del Salón del Bosque Negro.
Según había oído, se trataba de una habilidad enseñada por un famoso Mongma. (Demonio de los Sueños). Quizá porque había sido transmitida directamente por él, su poder era extraordinario.
—¡Ja, ja, ja! ¡Nada mal!
Los hermanos Janya se movían dejando tras de sí innumerables imágenes residuales, como si fueran sombras.
Desde las sombras surgían hojas afiladas que atacaban desde todas direcciones, igual que los colmillos de una bestia.
La ropa de Mino se iba convirtiendo poco a poco en jirones. Por la cintura desgarrada asomaba la piel blanca y en el brazo derecho había aparecido un profundo corte.
—Tomémonos esto con calma y disfrutémoslo.
Mino logró eliminar por sí sola a dos o tres Adaptados de Tercera Etapa, pero todavía quedaban demasiados enemigos.
Y, sobre todo, los Hermanos de Janya, que parecían atacar casi sin esfuerzo, eran adversarios extremadamente difíciles.
Si bloqueaba el lado derecho, el izquierdo quedaba abierto.
Si protegía el izquierdo, la espalda quedaba expuesta. Cuando creía haber esquivado por fin, el frente ya estaba bloqueado.
“Al menos… Si esto hubiera ocurrido fuera de la Fortaleza…”
Si hubiera podido utilizar «Atracción», habría reunido monstruos para provocar una batalla caótica, pero este lugar estaba dentro de la Fortaleza.
Mino lanzó sin vacilar varias dagas impregnadas de poder espiritual.
Una parte del tejado explotó. No fue una detonación ensordecedora, pero sí lo bastante fuerte como para considerarse una explosión. Sin duda, todos por los alrededores la habrían oído.
Janya habló.
— Así que intentas recurrir a trucos.
—…
—Es inútil. Ya hemos levantado una barrera de insonorización.
Su último recurso también había fracasado.
Pensándolo bien, si habían preparado una emboscada de semejante magnitud, habría sido más extraño que no contaran con alguien capaz de aislar el sonido. Incluso era posible que hubieran sobornado a los guardias de la Fortaleza.
Tratándose del Cielo Dorado, no sería nada extraño.
—En los terrenos de caza te llamaban «Destrucción», pero me pregunto cómo serás aquí.
La espada de sombra blandida por Janmyeong, el segundo de los hermanos, cortó uno de los muslos de Mino al pasar. No era una herida superficial.
—Ahora mismo creo que te quedaría mejor que te llamaran la “Bruja de la Carne al descubierto” ¿no le parece, hermano?
Como si aquello fuera un chiste divertidísimo, Janmang, el tercero de los hermanos, soltó una carcajada. A esas alturas ya daba vergüenza incluso llamar combate a aquello.
Algunos miembros del clan Cielo Dorado incluso bostezaban mientras observaban la pelea, o rebuscaban entre los cadáveres de los dependientes muertos. Sabían que ni siquiera era necesario que ellos intervinieran.
“Ah… qué frustración”.
Si hubiera sabido que acabaría así, debería haber avisado antes al Bosque Negro. Uno de los criminales del Cielo Dorado agarró del cabello a la inconsciente Claire y comenzó a sacudirla.
—Todavía no es demasiado tarde. ¿Por qué no lo llamas de una vez? Antes de que esta vieja termine todavía más destrozada.
Al ver a Claire balancearse como una marioneta con los hilos cortados, la paciencia de Mino llegó a su límite.
Arte Secreta de «Las Siete Posturas de la Espada de Akaram».
Postura de la Espada del Frío Glacial.»
Las siete hojas, completamente saturadas de poder espiritual, chocaron unas contra otras mientras emitían un resplandor gélido.
Acto seguido, el torbellino completamente blanco formado por aquellas hojas atravesó a los tres hermanos Janya como si fuera una ventisca.
Cuando la tormenta desapareció, Janmyeong y Janmang habían retrocedido con heridas leves.
Quien había bloqueado la técnica de frente había sido Janya.
—Hasta aquí llega el juego.
El poder espiritual de Mino se acercaba a cero.
Sus rodillas flaquearon. Se apoyó junto al marco de la puerta, haciendo todo lo posible por no caer de rodillas.
Janya avanzaba hacia ella paso a paso y con la visión cada vez más borrosa, Mino pensó:
“¿De verdad este mundo no tiene esperanza?”
Es un mundo donde miserables como ellos campan a sus anchas. Por muchas personas buenas que existan… Mientras individuos como esos gobiernen desde arriba…
Este mundo no será más que un infierno.
Los seres humanos de los que hablaba Jaehwan… Y los seres humanos de los que hablaba Mino. Todos acabarían siendo aplastados y muriendo uno tras otro a manos de individuos como ellos.
Mino cerró los ojos mientras observaba acercarse la hoja de la espada. Respiró lenta y profundamente.
Esperó la muerte durante aquel brevísimo instante.
Por primera vez desde que nació… Mino deseó regresar al pasado.
“Si aquel día, en la bifurcación del camino, hubiera decidido seguirlo…”
¿Qué habría ocurrido?, quizá habría contemplado el fin del mundo. Quizá habría visto aquella destrucción con sus propios ojos y habría podido contársela a la gente y decirles: “De verdad… Fue algo increíble. ¿Lo entienden? Estoy hablando del fin del mundo.”
Mino sintió envidia de la versión imaginaria de sí misma.
Lo sabía. Sabía que ese futuro no existía. Ahora ya nunca volvería a encontrarse con Jaehwan.
El sonido de su respiración agitada llenaba sus oídos hasta el punto de parecer que iban a estallar.
No fue hasta unos instantes después cuando sintió que algo no encajaba.
Por mucho tiempo que pasara… La amenaza de la espada nunca llegó. El aire que la rodeaba se estaba comprimiendo de una forma extraña y ella recordaba aquella sensación.
Cuando abrió los ojos… Vio los rostros desconcertados de los tres hermanos Janya mirándola fijamente.
Mino ya había visto antes esa misma expresión en otras personas.
“¿No será…?”
Pensó y al mismo tiempo…
“Ya sabía que pasaría.”
“De verdad odio este tipo de desarrollo…”
En el mismo instante en que ese pensamiento cruzó su mente, las fuerzas abandonaron sus piernas.
Alguien la sostuvo antes de que cayera.
Una mano áspera, pero cálida. Un pecho tan firme como una roca, pero sorprendentemente seguro.
Mino levantó lentamente la cabeza para mirar el rostro de aquel hombre.
—¿Y qué pasó con eso del fin del mundo? ¿Por qué has venido aquí?
Ante aquella pregunta, Jaehwan levantó ligeramente el bolso que sostenía con la mano izquierda.
Era el bolso que contenía la ropa que Mino le había comprado.
—La talla de la ropa no me queda.
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