—Se han endurecido por completo.
Ji-oh recogió los frutos Mandung que había dejado secándose en el patio de la cabaña.
—…Y ni siquiera son amarillos…
El resplandor brillante, recorrido por un resplandor metálico, tenía un color dorado. Por su tamaño, peso y forma, parecían pepitas de oro de aluvión bastante feas.
—¿Desde cuándo empecé a recorrer el camino de un alquimista?
Era sorprendente que unos frutos rojos, redondos y jugosos, se hubieran transformado de aquella manera.
—¿También adquirieron un color parecido al de la luz solar?
Los frutos se habían endurecido lo suficiente como para convertirlos en polvo y ya no parecían comida. Sin embargo, como Ji-oh sabía que podía fabricar un medicamento con ellos, inclinó la cabeza con desconcierto mientras metía todos los frutos secos en un frasco de vidrio.
Al entrar en la cabaña, Ji-oh recurrió a la ayuda del sistema por primera vez en mucho tiempo.
—Busco a un amigo erudito que me enseñe a preparar bolitas de sangre.
Alquimia (Método de refinamiento): pulveriza los frutos completamente secos, mezcla el polvo con el jugo de Lurupu para formar una masa, haz bolitas con ella y déjalas secar en un lugar oscuro durante al menos una semana. Se convertirán en una medicina eficaz contra las hemorragias y para recuperarse de ellas.
—Ya veo, mi amigo erudito estaba aquí. Mi confianza tenía fundamento.
El contenido de hoy.
Fabricar bolitas de sangre beneficiosas para recuperarse de una hemorragia.
—¡Tarán!
Desperdiciar el tiempo realizando un trabajo productivo era sumamente agradable.
Como a Ji-oh le gustaba fabricar y cultivar cosas, aquella clase de tareas no le resultaban molestas en absoluto.
«Pasar tranquilamente el tiempo en una cabaña bañada por el sol, moldeando bolitas con las manos…»
Aquello acertaba de lleno en sus gustos.
Ji-oh tomó los materiales y se dirigió al estudio.
—No voy a pintar, pero no hay un lugar mejor que este para trabajar.
Como el estudio era muy espacioso, podía utilizar perfectamente la mesa de trabajo siempre que tuviera cuidado de no tocar las pinturas. Ji-oh colocó todos los materiales sobre la mesa, que había limpiado de antemano.
—…
Después de lavarse las manos, Ji-oh vaciló.
—…¿Debo pulverizarlos igual que cuando fabrico pigmentos? ¿Será esta la perspectiva estrecha de un profesor de arte que solo ha trabajado con materiales artísticos? Aunque los llamen “frutos secos”, son casi tan duros como los minerales…
Sumido en un pánico moderado, Ji-oh empezó a juguetear inconscientemente con uno de los frutos secos. Sorprendentemente, aquello tranquilizó su cuerpo y su mente.
—Está caliente.
El bosque que había disfrutado de varios días despejados y siempre recibía mucha luz solar. Tal como sugería su acogedor color, en los frutos Mandung bien secos también podía sentirse la calidez del sol.
No se limitaban a calentar la superficie de la piel. Poseían un calor suave que parecía penetrar hasta los vasos sanguíneos.
—Este es el poder que poseen los frutos secados al sol… Impresionante.
El corazón que recibía aquella energía empezó a latir de una manera relajada y clara, como durante una siesta, en una tarde lánguida. Le transmitía una sensación apacible, como revolcarse entre mantas impregnadas del aroma del sol.
—…
¡¡Bang!!
Ji-oh bajó el martillo.
—Es más duro de lo que esperaba.
¡Bam, crac!
—La próxima vez, en lugar de secarlos enteros de esta manera…
Craaaac…
—¿Debería molerlos antes de ponerlos a secar?
Crac, tac.
—Pero entonces sería difícil conservar todo el jugo en su interior de esta forma.
El fruto, que era tan duro como un mineral, se rompió con un sonido sordo.
—…
Con esto debería bastar.
«Lo pondré en un mortero y lo moleré.»
Ji-oh asintió. Él fabricaba pigmentos utilizando toda clase de materiales duros, desde gemas hasta cortezas.
Naturalmente, aquello provocaba que los morteros se rayaran o se rompieran, por lo que había preparado varios con antelación.
Ji-oh tomó uno de vidrio que destacaba por estar especialmente limpio y empezó a triturar los frutos.
Grrr, grrrr.
—Pero ¿qué clase de dureza es esta…?
Aunque ya los había partido en pedazos pequeños, producían un sonido que lo hacía preguntarse: «¿De verdad se supone que esto es así?».
Cuanto más lo pensaba, más convencido estaba de que había despertado como alquimista.
«¿Debería fabricar también una piedra de molino más adelante?»
A juzgar por aquella dureza demencial, quizá los había dejado secar durante demasiado tiempo.
—Tal vez bajé la guardia porque los materiales de este bosque no se echan a perder.
Una de las características del bosque era que ninguno de sus ingredientes ni cultivos se marchitaba o se pudría.
Lo mismo ocurría incluso después de cocinarlos. Un mundo en el que jamás aparecía moho en la comida debía de ser el sueño de todo cocinero.
Sin embargo, gracias a aquellos frutos, había comprendido claramente que su estado no se conservaba indefinidamente. Aunque los frutos Mandung que había dejado abandonados durante mucho tiempo no se habían echado a perder, continuaron secándose hasta quedar excesivamente duros.
—…
¿Era precisamente eso lo que les había permitido acumular una energía aún más cálida?
«…Tendré que pensarlo mejor. Para saber qué resultados producirá cada método, tendré que probarlos personalmente.»
De los frutos secos emanaba una calidez que no podía sentirse en los frutos normales. Teniendo en cuenta que hasta hacía aproximadamente una semana solo eran frutos secos corrientes, parecía evidente que se trataba de una característica propia de aquellos frutos.
De cualquier manera, resultaba divertido y satisfactorio. Ahora Ji-oh podría ir por ahí diciendo que había transmutado oro.
—Con esto bastará.
Fsss…
Era un polvo que parecía contener humedad.
—Parece nieve.
Concretamente, parecía nieve que se compactaba con facilidad.
Sin duda, se había secado con tanta intensidad que parecía imposible deshidratarlo aún más. Entonces, ¿de dónde procedía aquella sutil humedad?
Quizá no contuviera humedad en absoluto y Ji-oh se estuviera confundiendo por su textura, extrañamente pegajosa y esponjosa.
—…Mmm.
Probó discretamente el polvo. Una sensación cálida se extendió por su cuerpo y la dulzura se propagó por su lengua.
—…
Ji-oh parpadeó dos veces.
—…Estaría delicioso si lo añadiera al hornear.
Se decía que, en el pasado, cuando el azúcar era escaso, la gente común molía las castañas que encontraba junto a los caminos y las utilizaba en lugar del costoso azúcar o de la miel de intenso aroma.
Al parecer, su sabor a fruto seco y su sutil dulzura combinaban bien con numerosos alimentos, y hasta se utilizaban para preparar crepas.
—No hay razón por la que yo no pueda hacerlo.
El polvo de los frutos Mandung, completamente madurados bajo la luz del sol, casi había perdido su acidez original. Solo conservaba la dulzura densa y melosa característica de los frutos secos.
Aquella dulzura era muy intensa, pero también tenía un sabor sencillo y suave, parecido al de los cereales o los huevos. Era algo que no había percibido al comer frutos Mandung recién recolectados, hasta el punto de preguntarse: «¿Será este el sabor de la luz solar?».
—Quizá su intenso sabor a fruta dificulte utilizarlo en una comida, pero combinaría bien con dulces como las crepas cubiertas de crema batida o queso ricota y las magdalenas. También armonizaría con el refrescante aroma a limón del fruto Mandung.
Para ser un verdadero cerdo, había que pensar en comida mientras uno se lavaba, comía e incluso dormía. En ese sentido, Ji-oh era efectivamente uno.
—Tendré que ir secándolos con antelación.
Los frutos Mandung, repletos de pulpa, contenían todavía más agua. Era como intentar secar una gelatina del tamaño de una uva Kyoho. 1
«Si también quiero utilizar este polvo para cocinar…»
Parecía prudente secar con antelación una gran cantidad.
«Porque hacerlo tarda bastante tiempo.»
Después de pulverizar todos los frutos, Ji-oh levantó el frasco de vidrio.
—Como podría fracasar, guardaré la mayor parte y experimentaré solo con un poco. Las personas siempre deben vivir teniendo presente la posibilidad del fracaso. Ese es el camino más corto hacia una vida larga.
Dejó fuera únicamente la cantidad de polvo necesaria para fabricar unas esferas más pequeñas que las canicas vendidas en las papelerías.
Después de guardar todo el polvo de fruto Mandung, Ji-oh levantó el frasco que estaba a su lado. Algo se agitó en su interior con la profundidad de una galaxia transparente.
—…
Era el jugo de Lurupu, la flor del manantial, que había preparado tiempo atrás.
—…Naturalmente, no se habrá echado a perder…
El jugo de Lurupu contenido en el frasco se parecía de algún modo al agua del manantial en el que había crecido.
¿Debería decir que se parecía al agua que contenía la luz del sol? ¿O que contenía una luz de luna ligeramente cálida?
El jugo de Lurupu había materializado la luz que la planta había acumulado dentro de su cuerpo a lo largo de toda su vida y la había convertido en su propia sangre. No era posible describirlo simplemente como agua con brillantina.
«…De verdad parece una galaxia. ¿Se vería así la Vía Láctea reflejada sobre las aguas poco profundas del manantial de los árboles blancos?»
Quizá se debía a que resultaba tan agradable de contemplar. Ji-oh lo observó durante un largo rato antes de murmurar:
—Es magnífico.
Ji-oh dejó caer el jugo de Lurupu sobre el mortero lleno de polvo finamente molido.
Aunque solo había vertido unas gotas, el polvo pronto quedó completamente empapado y adquirió un intenso color dorado. Mezclado con el fresco verdor azulado y húmedo característico de la Lurupu, el polvo transmitía una extraña sensación de frialdad.
—…Parece polvo de oro mojado.
Después de pensarlo un poco, Ji-oh presionó y amasó el polvo. Luego lo tomó con la mano y lo hizo rodar con suavidad. Como había actuado con timidez, el resultado era muy pequeño, pero, de cualquier manera, había completado una bolita.
—…
Parecía una esfera hecha de verdadero oro.
—¿…?
Llegados a este punto, ¿no debería llamarla bolita de oro en lugar de bolita de sangre?
—Bueno, como sea.
Tras hacerse una idea de la humedad del polvo y de la consistencia del jugo, Ji-oh empezó a fabricar las bolitas una tras otra.
Quizá gracias a su experiencia preparando sujebi y moldeando kkultteok caseros 2 las bolitas quedaron bastante bien. Ji-oh logró fabricar quince en total.
—…
Al ver que se había agotado todo el polvo de fruto Mandung que tanto esfuerzo le había costado moler, Ji-oh sintió una fugaz sensación de vacío.
La vida era amarga. Allí se encontraba la sutileza de la existencia.
—…Al menos todavía queda jugo.
Como el propio polvo ya parecía contener mucha humedad, el jugo de la Lurupu se extendía con una facilidad absurda y no había podido utilizarlo todo. Al final, no había consumido ni siquiera la mitad del frasco, sino apenas un tercio.
—¿Qué hago con esto?
Fue justo en el instante en que se lo preguntaba.
—…
—…
—Eh…
La mirada de Ji-oh se encontró con la de uno de los pájaros de agua que estaba posado junto a la ventana del estudio.
—Eh, espera.
¡¡Clac, clac, clac!!
—No.
¡¡Chof!!
Le robaron el jugo de Lurupu.
—…
¿Qué era aquello?
El pájaro de agua había inflado su cuerpo todo lo posible y envolvía el gran frasco de vidrio, cubriéndolo por completo.
—¿…?
Ante aquella forma codiciosa, semejante a la de un slime que solo aparecería en un videojuego, Ji-oh terminó desconcertado.
—¿Para qué piensas usarlo?
Aunque resultaba divertido ver cómo aquel cuerpo rechoncho intentaba tragarse un frasco tres veces mayor que él, Ji-oh sentía verdadera curiosidad por saber por qué lo hacía.
—Ni siquiera puedes tragártelo entero. ¿Qué pretendes conseguir mostrando tanto entusiasmo?
Clin, clín…
—No es algo que puedas lograr solo por empeñarte. Te estoy diciendo que el frasco es más grande que tu cuerpo.
¡Clin, clín!
—¿Ves la parte del frasco que sobresale? ¿La ves? Lo declaro oficialmente: tienes madera de cerdo.
¡Cla!
—Un “clac” tan nítido… Qué novedosa obra de arte performático. Sin duda eres hijo mío.
Principalmente porque hacía cosas absurdas como si no tuvieran nada de extraño. Al parecer, en el mundo actual hasta la genética podía transmitirse mediante la pintura.
—¿Cómo piensas utilizarlo?
Ji-oh no lograba imaginar para qué necesitaría aquello un pájaro de agua, pero, como si quisiera demostrárselo, el pájaro se introdujo de golpe en el frasco. En un abrir y cerrar de ojos, su cuerpo quedó comprimido hasta adoptar la forma del recipiente.
—¿Eh?
Así fue como el pájaro de agua se fusionó con el jugo de Lurupu.
—Pero ¿qué…?
—Gluu.
—¿Hablaste?
—Glup.
—¿Puedes producir sonidos?
¿Evolucionaste?
—…
Definitivamente eres hijo mío.
«Nada ocurre jamás como se espera.»
Cuando Ji-oh sujetó el frasco boca abajo y lo sacudió repetidamente, el pájaro de agua, que se aferraba obstinadamente al interior por alguna razón que podía ser orgullo o cualquier otra cosa, finalmente empezó a deslizarse hacia fuera.
¡Shluup, pop!
¡Chof!
—…
—…
La criatura cayó emitiendo un sonido adorable, como un smile y de alguna manera resplandecía porque había absorbido una gran cantidad de jugo de Lurupu.
—…
—Glup.
Podía hacer sonidos y, por encima de todo…
—…Está caliente.
Desprendía calidez.
—¿Qué ocurrió?
—Gluuup.
—Es absurdo y divertido, pero no comprendo qué clase de combinación produjo esto. Como era de esperar, la vida es una sucesión interminable de contenido.
—Glurr.
—¿Los animales evolucionan si beben jugo de Lurupu? Cuando yo probé un sorbo no me ocurrió nada. ¿Esto es discriminación?
Tal vez el cambio solo fuera posible porque los pájaros de agua eran una especie nacida de las manos de Ji-oh. Después de todo, desde el punto de vista del sentido común, era imposible que una criatura cuyo cuerpo entero estaba hecho de agua produjera sonidos como si tuviera cuerdas vocales.
—Sería malo que de repente crecieras. Espero que este cambio no sea perjudicial para tu cuerpo.
—Glurrrrrr.
—Si es así, me alegro, pero…
Ji-oh, que había estado reflexionando sobre que “la vida es un huevo cocido”, terminó aceptando toda la situación.
«Es divertido, así que está bien.»
Así era. En realidad, Ji-oh no pensaba en nada. Había resuelto satisfactoriamente todas sus preocupaciones.
—Agua capaz de hablar y volar. Es verdaderamente impresionante.
—¿Glup?
—El color de tu cuerpo también parece haber cambiado un poco…
Su cuerpo, antes transparente, había adquirido un tenue color amarillo, como agua mezclada con polvo de oro.
A juzgar por la gran cantidad de gemas amarillas y transparentes que llenaban su brillante cuerpo, el pájaro de agua que había bebido el jugo de Lurupu debía de ser uno de los que normalmente llevaban gemas en su interior. Combinaban bien con el resplandor del Lurupu, semejante a la luz del sol y de la luna.
—Mmm.
Con un color tan visible como una señal amarilla, podría distinguirlo incluso si pasara frente a él a bordo del KTX. 3
La criatura estaba repleta de tonalidades llamativas y cálidas. Aquello sin duda permitiría distinguirla de los demás individuos.
—Si destacas tanto, podré ponerte un nombre.
—¿Gluuuup?
—¿Sí quieres? Me alegro.
Poco después, Ji-oh dijo:
—Geumjjok… 4
—…
—Yo también comprendí que era una mala idea en cuanto lo dije. Este papá comete deslices de vez en cuando.
Era la primera vez que Ji-oh veía agua adoptar una expresión tan seria.
Aunque era padre, había cosas que podía decirles a sus hijos y cosas que no. La idea de ponerle Geumjjok como nombre pertenecía claramente a la segunda categoría.
—…
La familia Seo carecía de talento para poner nombres desde hacía generaciones. Ji-oh se obligó a utilizar el cerebro y volvió a pensarlo seriamente.
—Entonces, ¿qué te parece Honey?
—¿Glup?
—Porque tienes un color dulce.
Aunque el pájaro, impregnado de una cálida luz dorada, se parecía a la luz del sol y de la luna, también recordaba a la miel, como si de él emanara un intenso aroma.
Mientras acariciaba al pájaro dorado, que se había vuelto un poco más blando y firme, Ji-oh dijo:
—Hasta aquí llega mi talento para poner nombres.
—Gluuup.
—Eres verdaderamente misericordioso al no odiarlo.
Sinceramente, había pensado que no le gustaría llamarse Honey.
«¿Será que no comprende el significado y no sabe qué es la miel?»
Ese pensamiento cruzó por un instante su mente, pero, si a la criatura le gustaba, ¿qué podía hacer él?
Ji-oh contempló a Honey mientras volvía a introducirse poco a poco en el frasco.
—Qué adorable.
Contemplarlo le resultaba reconfortante.
—Un gato comprimido dentro de una caja…
—Glrrr.
—¿Tu sonido también se deforma cuando se comprime tu cuerpo? Es aún más adorable.
—Gñuu.
—Esta es la cristalización misma de la ternura.
Cuando Honey finalmente consiguió embutir todo el cuerpo dentro del frasco, Ji-oh lo levantó. El recipiente, extrañamente tibio, tenía el tamaño perfecto y parecía una bolsa térmica.
«También desprende un aroma dulce.»
Su mente quedó en blanco como si contemplara una fogata que crepitaba.
—Mmm.
Mientras observaba en silencio el frasco cálido, hermoso y de aroma dulce, lo invadió una languidez similar a la que sentía al asistir a clase después de almorzar durante un día de primavera.
Comer y dormir eran deberes de un cerdo. Y Honey parecía pensar lo mismo.
—…
Sin cerrar la abertura del frasco, Ji-oh lo introdujo dentro de su chaqueta.
—Lo consideraré una señal de consentimiento.
—Glurr.
Los dos se quedaron tendidos como ropa desparramada y se durmieron.
Impresiones sobre el capítulo completo.
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