—…
Nada más despertarse, Ji-oh dijo:
—…Té de frutas…
Quería un té de frutas tibio y dulce.
—Hagamos una conserva de frutas en azúcar.
Así quedó decidido el contenido del día.
Preparar una conserva de frutas en azúcar no era tan difícil. Bastaban utensilios esterilizados con amor, frutas cultivadas con cariño y una cantidad equivalente de azúcar.
«Es decir, se necesita una cantidad enorme de azúcar, tanta como para hacerte pensar: ‘Ah, con esto sí que me dará diabetes’.»
Además, la mayoría de las frutas podían prepararse de esa manera. Siempre que combinaran bien, tampoco importaba utilizar dos o más tipos de fruta.
—…
La primera fruta por la que Ji-oh se decidió fue el fruto gobio.
—Pero creo que con esto quedará demasiado dulce.
Si había sabores necesarios para preparar con éxito una conserva de frutas en azúcar, que en esencia era agua azucarada impregnada del sabor de las frutas, el primero era el ácido y el segundo, el amargo.
El azúcar por sí sola ya sería tan dulce que le crisparía la lengua, así que, si además le añadía una fruta dulce, no obtendría más que fruta en almíbar. Ji-oh había aprendido eso después de preparar una conserva con mandarinas muy maduras y empalagosamente dulces.
—Aunque eso también sabe bien.
Sin embargo, lo que Ji-oh quería ahora era un té de frutas de sabor amargo, con la dulzura como base y un toque ácido.
No era una combinación demasiado complicada.
—Necesitaré una fruta ácida y amarga para acompañar el fruto gobio.
La combinación que solía preparar a menudo en la realidad era principalmente de fresa y limón.
No es que la fresa careciera por completo de acidez, pero en general era blanda y dulce. Por el contrario, la pulpa del limón era ácida y su cáscara amarga, por lo que solía aportar profundidad a la dulzura unidimensional de la fresa.
Esta vez era parecido.
—Aunque tiene algo de acidez, el fruto gobio tiende a ser dulce.
Y como esa dulzura era particularmente intensa, parecía que combinaría bien con una fruta ácida como el limón o astringente como la cidra. Una conserva de frutas con sabores tan variados resultaba especialmente satisfactoria cuando se bebía como té caliente.
—Honey.
—Guru.
—Vamos.
Con el ave acuática dorada posada sobre el hombro, Ji-oh partió con elegancia en busca de aventuras.
Le dijo a Honey, que en algún momento se había trasladado al interior de la cesta:
—No habría ningún problema si simplemente dibujara un limón o una cidra para crearlos, pero todos los alimentos que nacen de esa manera tienen un sabor más o menos mediocre… Es mejor cosecharlos directamente así.
—¿Guru?
—Es mejor tanto para mi propia satisfacción como para la conserva de frutas que prepararé. Ya que estoy, quiero utilizar alguna fruta peculiar de este bosque en lugar de una con poco sabor.
Ji-oh podía crear cosas para comer dibujándolas. Sin embargo, por alguna extraña razón, todos los ingredientes y alimentos creados de esa manera resultaban insípidos.
Eran bastante aceptables para comer cuando simplemente quería entretener la boca, pero no deseaba utilizarlos en un platillo que fuera a preparar en serio. Jurando por el honor de su abuela, que había sido una de las personas más generosas e influyentes del pueblo, Ji-oh se prometió que prepararía una conserva de frutas digna de un mundo de fantasía.
—Pensándolo de ese modo, parece que dedicarse a la agricultura tampoco sería una mala elección.
—Guk.
—Desde mi perspectiva de papa recién cosechada de Gangwon, la tierra de este lugar es muy adecuada para cultivar. Siempre hace un clima primaveral templado, pero no por eso deja de soplar el viento. Aunque nunca llueve, la tierra siempre está húmeda y hay arroyos por todas partes. También es un entorno adecuado para regar.
—Guuuuk….
—Aunque no tengo semillas ni plántulas, creo que podría pedirle ayuda al señor Yoo Sung-woon con esa parte. Para recibir algo desde el otro lado del cuadro, yo también tendría que pagar un precio, pero puedo permitirme pagar algo así de sobra…
La vida de una persona con contenido ilimitado garantizado poseía un encanto tan parecido al de una cebolla. Aunque pareciera que no había nada, bastaba con exprimirla para encontrar algo que hacer.
—Bien.
Excelente. ¿Acaso no era esta libertad la mayor felicidad de la vida de un desempleado?
—Será difícil que los cultivos que haga crecer con mis propias manos, rebosantes de la energía de las montañas rurales de Gangwon, sepan mal. ¿No crees?
—Gururururu.
—De verdad siento como si hubiera empezado a vivir en el campo. Es como si hubiera regresado al campo para dedicarme a la agricultura. Debí haber vivido desde mucho antes una vida tan tranquila y cálida….
Para Ji-oh, quien había nacido en un pueblo rural de las montañas de Gangwon, también podía considerarse un regreso a su tierra natal.
—Desde pequeño me gustaba ayudar en toda clase de trabajos. Gracias a que los mayores del pueblo organizaban actividades de lo más variadas, probé la apicultura, desenterré ginseng silvestre e incluso me encontré con un jabalí…
—¿Guruk?
—No estoy hablando de caza furtiva. Literalmente me encontré con él, y nos separamos tranquilamente sin que nadie saliera herido ni muriera. Creo que me lo encontré gracias a una persona que recorría las montañas recolectando hongos y ginseng.
No había nadie que no tuviera un huerto, y también había personas que criaban unas cuantas gallinas, patos o codornices. Recordó lo divertido que había sido preparar queso con leche fresca obtenida de la granja de algún conocido de un conocido, o incluso beberla simplemente mezclada con miel.
Ji-oh era una persona que había probado casi todo lo que un ser humano podía hacer con la tierra.
—No hay forma de que alguien como yo sea incapaz de cultivar.
Abuela, por favor, obsérveme.
—Demostraré mi talento poniendo en juego el nombre de nuestro pueblo.
—¿Gurung?
—Me enseñaron que uno no debe poner su propio nombre en juego en situaciones como esta.
La filosofía de su abuela era que, si uno creía que no podría hacerlo, debía valerse del nombre de algún mayor de la familia.
—Aunque creo que no me lo dijo para que lo utilizara en una situación como esta.
La interpretación era libertad de cada persona.
—Entonces, ¿qué semillas debería pedir…?
—¿Gurr?
—…Para empezar, las papas, los camotes y el maíz son absolutamente necesarios.
Ji-oh comenzó a hablar sin parar.
—No es por nada que sean cultivos de subsistencia representativos en todo el mundo, así que conviene cultivarlos para estar preparados ante cualquier emergencia. También me gustaría cultivar rábanos. Sobre todo, porque arrancar los brotes de rábano cuando aún están tiernos como retoños y mezclarlos con arroz, salsa y aceite resulta increíblemente delicioso.
—Guruk, gururu.
—¿Calabaza? La calabaza está bien. Las calabazas maduras que crecen grandes son buenas para preparar gachas; las calabazas dulces y pequeñas saben bien si simplemente las hierves y les echas miel; y el calabacín largo y regordete, cuando se añade a una sopa, le aporta la cantidad justa de sabor y deja el estómago satisfecho. Realmente parezco saber de estas cosas.
Además de eso, se le ocurrieron muchas otras opciones.
—¿Lechuga, por ejemplo?
—Kung, kung, kung….
—Es mejor de lo que parece. Es fácil de cultivar y basta con arrancar una hoja bien crecida, ponerle arroz y salsa encima para resolver una comida entera en un instante. O algo como el bok choy 1 también está bien para cocerlo en un caldo claro.
—Gururuk.
—Los chícharos también estarían bien. Ah, tomates cherry… Esos también me agradan. Como es debido, todo huerto debe tener al menos una planta de tomate.
Después de decir todo eso, Ji-oh bajó la vista hacia la cesta que llevaba en la mano.
—…
—Gurur.
—Ah.
Vio a Honey extendido dentro de la cesta como un slime derramado.
—Bien.
Era adorable, así que no importaba.
Honey era un ave que principalmente albergaba joyas en su cuerpo. Las joyas que llenaban la cesta, donde ondulaba un líquido dorado que parecía miel espesa y extendida, ofrecían un espectáculo bastante agradable. Parecía que, si estaba con él, no se aburriría.
Ji-oh, que había estado hablando de sus futuros planes agrícolas, no tardó en detenerse frente a un árbol.
—Ah….
Un árbol completamente negro.
Era un árbol hecho de obsidiana.
—Terminé encontrando esto primero.
Árbol de flores estelares
Árbol de obsidiana viviente. Crece absorbiendo la luz de las estrellas reflejada en su propio cuerpo. Las flores del árbol de flores estelares brotan cada amanecer a partir de la luz absorbida hasta entonces y los residuos de obsidiana.
Las flores de este árbol son eficaces para tratar quemaduras y congelamientos. La savia y la corteza del árbol se utilizan principalmente como material para obras de arte.
Alquimia (Método de refinación): Los capullos justo antes de florecer son buenos para el congelamiento, mientras que las flores completamente abiertas son buenas para quemaduras. Después de cocerlas en agua hirviendo hasta que se ablanden, deben sumergirse durante diez días en el extracto de las hojas dorong-dorong para poder utilizarlas. Debe tenerse cuidado, pues consumir las flores sin realizar el proceso anterior provoca quemaduras y congelamiento.
—…
Ji-oh parpadeó dos veces mientras contemplaba la explicación que había aparecido automáticamente.
—¿Usé demasiada pintura de obsidiana la última vez?
Durante el proceso de crear el hábitat de las aves acuáticas se había consumido una cantidad considerable de polvo de obsidiana. Era un material utilizado con frecuencia para producir texturas transparentes como el agua o el cristal, así que podía aprovechar la oportunidad para recolectarlo.
Ji-oh buscó el cincel y el martillo dentro de la cesta. Eran herramientas que no encajaban demasiado con la palabra ‘recolección’, pero no había mejores ayudantes para recolectar el árbol de flores estelares.
—Levántate, hijo. Aunque esta faceta perezosa tuya es muy adorable, papá tiene que trabajar.
—Gurururuk.
—Esto ni siquiera es algo de tu gusto. Dámelo. Muy bien.
Tras apaciguar suavemente a Honey, que jugaba aferrado a las herramientas, y recuperarlas, Ji-oh dejó la cesta en el suelo y se acercó al árbol de obsidiana. Tocó sus ramas para comprobar su temperatura y humedad.
Como prueba de que estaba vivo, percibió un tenue calor y, entre este, la savia que fluía como sangre.
—Probablemente….
Ji-oh buscó una rama muerta entre ellas.
—¿Será esta?
Una rama dura rodeada por una frialdad anormal, que se limitaba a reflejar la luz de forma afilada en lugar de relucir y en la cual no se percibía ni el más mínimo rastro de humedad.
Ji-oh palpó el límite para comprobarlo y acercó el cincel y el martillo.
Y entonces, toc, toc.
—…
¡Clinc…!
—Listo.
La rama de obsidiana se desprendió fácilmente con un sonido cristalino.
Las ramas que aún estaban vivas no podían desprenderse con tanta facilidad como aquella. Eran excesivamente duras y, además, la savia pegajosa de su interior las mantenía adheridas entre sí, por lo que no se rompían con facilidad ni siquiera al intentar destrozarlas.
«Una obsidiana tan dura también resulta incómoda para fabricar pintura.»
También era difícil convertir en un polvo las ramas vivas por las que corría aquella savia viscosa. A menos que su propósito fuera fabricar cuchillos afilados o puntas de flecha, o extraer la savia, era mejor elegir ramas muertas siempre que fuera posible.
—También será mejor para el árbol.
Aunque se tratara de un árbol de obsidiana con una estructura vítrea, indudablemente estaba vivo. Puesto que también producía flores que servían como excelentes ingredientes medicinales, retirar las ramas muertas sería mucho más cómodo para el propio árbol.
Con cuidado de que las debilitadas ramas muertas no se hicieran añicos, Ji-oh dividió la larga rama en varios pedazos. Todos los fragmentos de obsidiana, que albergaban el frío de las estrellas suspendidas en el cielo nocturno, terminaron dentro del vientre de Honey en la cesta.
—¿Tú vas a guardarlos?
—¡Gurururu!
—Bien, hagámoslo así.
Parecía que estaba reuniendo por adelantado el dinero para independizarse, pero, en cualquier caso, era un ave verdaderamente obsesionada con las joyas. Qué encarnación de la codicia tan poco acorde con ese rostro puro y limpio.
«Pierde por completo la cabeza ante cualquier piedra brillante.»
Si acaso, sería él quien perjudicaría a otros; por lo menos, no viviría permitiendo que los demás se aprovecharan de él.
Ji-oh volvió a levantar la cabeza para mirar el árbol de flores estelares.
—…
El árbol era de un negro intenso, sobre el que la luz del sol se reflejaba con claridad como en un espejo.
La obsidiana, de un negro tan gélido que uno pensaría que solo debería verla en una montaña nevada, armonizaba bien con el entorno primaveral, donde las flores y la hierba brotaban llenas de vida, quizá precisamente porque aquella obsidiana estaba viva. De vez en cuando, alguna mariposa del bosque, formada de luz, se posaba sobre ella.
Después de contemplar durante largo rato el árbol puntiagudo y duro, Ji-oh volvió a caminar.
—…Tengo que buscar la fruta.
—Gyuruk.
—Espero encontrar alguna fruta adecuada.
Por fortuna, Ji-oh no tardó mucho en descubrir un fruto que le agradó por completo.
Tarro de sequía
Fruto cítrico con una cáscara marrón clara cuya superficie está agrietada como un campo durante una sequía. No se pudre durante casi un año incluso después de cosecharlo, por lo que se utiliza como alimento conservado durante las temporadas de sequía. Se vuelve dulce como la miel si se calienta al fuego o se deja durante tres días bajo el sol ardiente, pero, si se come crudo, es ácido y amargo. Es tan rico en nutrientes que las conservas o sopas preparadas con él constituyen un excelente suplemento nutricional, capaz de salvar incluso a una persona al borde de morir de hambre.
Alquimia (Método de refinación): Procesar el Tarro de sequía hasta convertirlo en una forma comestible y consumirlo.
—Un suplemento nutricional.
Esa parte también era sumamente interesante, pero…
—…¿Ácido y amargo?
Eso fue lo que más atrajo a Ji-oh.
«No dice que sea venenoso, así que parece que no habría ningún problema especial en comerlo crudo. ¿Pero qué tan ácido y amargo tiene que ser para que incluso indiquen por separado una forma de volverlo dulce?»
Recogió valientemente el fruto.
Tenía exactamente el tamaño de una mandarina coreana y la cáscara era un poco más dura, pero, en cualquier caso, su forma era similar. Su interior también era idéntico al de una mandarina, salvo porque los gajos tenían un color amarillo intenso como la miel.
Olfateando su aroma ácido, Ji-oh mordió uno de los frutos sin vacilar.
—…
Glup. Ji-oh tragó el fruto con entereza.
—…
—Gu, guru… gurur…
Ante la reacción nerviosa de Honey, Ji-oh asintió con su habitual rostro inexpresivo.
Los músculos de su rostro, atrofiados desde hacía mucho tiempo, no se doblegarían ante una dificultad y una prueba tan insignificantes como aquella que acababa de producirse sobre su lengua.
—Es ácido y amargo.
Creía comprender por qué el método de refinación se limitaba a decir: ‘Procesarlo hasta convertirlo en una forma comestible y consumirlo’.
«Probablemente hasta el Veneno Real fuera más dulce que esto». 2
Era un estímulo tan impactante que le provocó un mareo.
Mientras se aferraba con dificultad a la razón que comenzaba a desvanecerse, pudo darse cuenta de que su textura era más firme que la de una mandarina y tenía menos jugo. Sin embargo, comparados con aquel sabor extraordinario, no eran aspectos que le preocuparan demasiado. Respiró profundamente durante un rato.
—…
¿Por qué comenzaba a sentir cierto rechazo hacia aquel fruto? Ji-oh recuperó la confianza.
—Con esto, ni siquiera perderá frente a la dulzura de la fruta gobio.
Honey, que estaba dentro de la misma cesta, salió de ella horrorizado. Aparentemente, aquel sabor resultaba demasiado impactante para que el dulce Honey pudiera soportarlo.
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