«Tuve un presentimiento y efectivamente…»
Fue un grito repentino, pero la situación en sí no resultaba tan sorprendente.
Junseong había estado sospechando que la mirada de antes quizá no pertenecía a un zombi, sino a una persona viva.
Si de verdad había un superviviente, este tendría que elegir entre dos opciones.
O quedarse escondido en silencio en ese mismo lugar, o arriesgarse y seguir a Junseong y Hanseo.
Y esa persona había elegido, entre ambas, el camino más peligroso.
Junseong mostró una expresión de tristeza al oír el grito de un hombre mezclado con los demás alaridos.
Hanseo, que lo observaba en silencio, soltó el brazo que le estaba sujetando.
—Vas a ir a salvarlo, ¿verdad?
Hanseo preguntó primero. Mientras los gritos aumentaban, miraba a Junseong con el rostro inexpresivo.
Pero Junseong, como si no le importara en absoluto el ruido del exterior, estaba metiendo las piernas en unos pantalones nuevos.
—¿Por qué?
—¿Cómo que por qué? Es un superviviente, lo normal es que vayas a salvarlo, ¿no?
En la pregunta de Hanseo se percibía desconcierto. Si se tratara del Kang Junseong que él conocía, no ignoraría a un superviviente en peligro.
Ante eso, Junseong respondió imitándolo, con el mismo aire de extrañeza:
—¿Por qué crees que es natural que yo vaya a salvarlo?
El rostro de Junseong, que abrochaba tranquilamente la hebilla del pantalón, no mostraba emoción alguna.
—Los únicos supervivientes que salvo son, estrictamente, ‘personas que conozco’.
En el sueño, había llegado a este centro comercial cinco días después, en el décimo día. Esta vez era cierto que había venido antes, pero según las personas que vigilaban el lugar siguiendo sus instrucciones, nadie había logrado escapar del edificio.
Es decir, ese superviviente estaba destinado a morir allí de todos modos.
—No sé ni qué clase de persona es. No tengo margen para arriesgarme a salvar a alguien así. Y aunque lo salve, no hay garantía de que nos resulte útil.
Sabía que juzgar una vida humana en términos de ganancias y pérdidas era éticamente cuestionable, pero eso solo aplicaba en circunstancias normales. En una situación como la actual, donde apenas podían mantenerse con vida, no tenía sentido arriesgarse por un desconocido. A menos que contaran con una decena de aliados, claro.
«Y aun así, si existiera el riesgo de perder fuerza, no me movería.»
Junseong recordó a las diversas personas que había conocido en el sueño.
En sus primeras etapas, cuando apenas se adaptaba, tenía una extraña sensación de misión que lo impulsaba a salvar a cualquiera que encontrara, además de un deseo de aumentar su número de compañeros. Por eso, muchas veces se lanzaba sin pensar. Gracias a eso consiguió buenos aliados, pero también conoció, hasta el hartazgo, a gente llena de traición, codicia y egoísmo.
Con el paso del tiempo, Junseong empezó a clasificar claramente en su mente a las personas que encontraba.
Personas bondadosas y con un buen juicio. Personas que no lo traicionarían. Personas que podrían comprenderlo. Personas con el propósito de poner fin a esta situación. Y, además, personas que resultaran útiles.
La única excepción a eso, era su hermana menor, Kang Chaeyi, a quien salvaría sin importar qué. A todos los demás debía evaluarlos por su utilidad. Solo así podría sobrevivir y evitar poner en peligro a sus compañeros.
Por eso, incluso cuando lo ocurrido en el sueño se volvió realidad, Junseong no tuvo más remedio que mantenerse frío.
Ante sus palabras heladas, Hanseo mostró una expresión de sorpresa, como si no se lo esperara.
—Pensé que tú serías capaz de dejarme atrás para ir a salvarlo.
—No digas tonterías.
Junseong le dio un ligero golpe en el pecho con el dorso de la mano. Sus ojos claros miraron fijamente a Hanseo.
—Si tengo que elegir entre un desconocido y tú, obviamente te elijo a ti.
Hanseo abrió más los ojos, sorprendido. Junseong se frotó los hombros, que le daban escalofríos, y tomó el abrigo de la pared.
—No sé si esa persona nos vio o no, pero si la salvamos, es inevitable que se revele que tú eres la ‘vacuna’. Eso te pondría en peligro.
El rostro de Junseong, cubierto con el abrigo manchado de sangre, era más indiferente que nunca.
—Para mí, tú eres mucho más importante que la vida de cualquier otro.
El rostro de Hanseo comenzó a cambiar de forma extraña al oír esas palabras. Como si él mismo se diera cuenta, se cubrió la cara con la mano y bajó la cabeza.
—¿Y si fueran Seo Changmin, Lee Jian o Hwang Gyeongo los que estuvieran en peligro?
—¿Por qué sacas a esas personas?
—Respóndeme. Si ellos estuvieran a punto de morir y, al intentar salvarlos, yo me pusiera en peligro, ¿qué harías?
Hanseo preguntó con una voz que ocultaba sus emociones, esperando la respuesta.
Sorprendentemente, la respuesta de Junseong salió de inmediato, como si no hubiera nada que pensar.
—Ya te lo dije. Tú eres mucho más importante que la vida de cualquier otra persona.
—…Eso es porque soy la ‘vacuna’, ¿verdad? Si fuera alguien normal, ¿seguirías pensando lo mismo?
—No lo sé. Nunca lo he pensado. —Junseong inclinó ligeramente la cabeza y reflexionó un momento antes de continuar—: Pero, aunque intente imaginarlo de otra forma, el hecho de que tú seas la vacuna sigue siendo parte de lo que eres. Entonces, mis prioridades tampoco cambiarían.
Descartando de inmediato aquella inútil simulación de imaginar a Hanseo como alguien normal, Junseong acomodó tranquilamente su abrigo.
—Aunque, claro, desde el principio deberíamos evitar que te pongas en peligro… ¿Hanseo?
Al ver que Hanseo temblaba ligeramente, Junseong extendió la mano hacia él. Justo cuando iba a tocarle la cabeza, Hanseo le sujetó la muñeca y lo atrajo hacia sí.
Hanseo lo abrazó con fuerza.
Junseong abrió los ojos de par en par, intentando entender qué estaba pasando.
Entonces escuchó un pequeño insulto de Hanseo cerca de su oído.
—Mierda.
Extrañamente, eso lo tranquilizó. Porque Hanseo solo maldecía cuando estaba emocionado por algo que le gustaba.
El contacto de sus pechos y la respiración agitada de Hanseo hacían imposible no darse cuenta de lo rápido que latía su corazón.
Tal como Junseong imaginaba, el corazón de Hanseo latía con violencia, como si fuera a estallar. Además, su cabeza zumbaba intensamente.
«Ah… me siento mareado.»
Hanseo apoyó la cabeza en el hombro de Junseong, mareado como nunca antes, algo incomparable incluso con la anemia que había sentido en otras ocasiones. Era una sensación nueva, que incluso le arrancó una risa nerviosa.
Creía conocer bien a Kang Junseong, pero no era así.
El Junseong bondadoso solo existía dentro de un límite muy concreto. Fuera de ese margen, era frío como el hielo. Tal vez no habría sido así sin las innumerables experiencias del sueño, pero esa contradictoria mezcla de altruismo lo volvía aún más enigmático.
Otros podrían criticar a Junseong por esta faceta suya. Se preguntarían por qué podía ser tan insensible, cuando al menos debería haber fingido ir a rescatarlos si sabía que había supervivientes.
Pero Do Hanseo era alguien incapaz de comprender ese tipo de altruismo.
Quienes intentaban sacrificar su vida por otros les resultaban incomprensibles; incluso repulsivos. Y a quienes suplicaban por sobrevivir, llorando, le daban ganas de pisotearlos como hormigas al borde del camino.
Kang Junseong no pertenecía a ninguno de esos extremos. Más bien, poseía una mezcla equilibrada de altruismo y egoísmo calculado.
«Si solo fuera eso, no estaría tan loco.»
Dentro del pequeño mundo de Kang Junseong, él ocupaba el lugar más importante.
—Para mí, tú eres mucho más importante que la vida de cualquier otro.
Cuanto más repetía esas palabras firmes, más sentía que su mente se tambaleaba junto con su corazón, como si los hilos de su razón se rompieran uno a uno.
El hecho de que Junseong pudiera ignorar los gritos de un superviviente que pedía ayuda, solo para ‘protegerlo’, le resultaba insoportablemente adorable. Y saber que eso era para sobrevivir en este mundo destrozado le provocaba un estremecimiento placentero.
Lo suficiente como para querer morderle el cuello a Kang Junseong en ese mismo instante, dejando sus propias marcas de dientes.
«¿Cómo se supone que voy a aguantar esto?»
Quería encerrarlo en un espacio estrecho como ese vestidor, atarlo para que solo él pudiera verlo. Si realmente era tan importante, quería destrozarlo hasta que no pudiera pensar en nadie más.
Un afecto violento comenzó a dominar la mente de Hanseo. Su corazón palpitante transmitía ese impulso directamente a Junseong a través de sus pechos pegados.
—Junseong.
—¿Mm?
Ante el llamado cargado de respiración agitada, Junseong respondió brevemente. Sin darse cuenta, ya estaba acariciándole la espalda con suavidad, como si intentara calmarlo.
Mientras tanto, los gritos del exterior comenzaron a apagarse poco a poco. No era que se alejaran, sino que sonaban como si uno a uno retomase su camino. Al comprender lo que eso significaba, la mirada de Junseong se ensombreció por un instante.
Los brazos de Hanseo lo apretaron aún más.
—Yo…
La voz de Hanseo, suave al salir de sus labios, comenzó a filtrarse en el oído de Junseong.