Una hora sin lluvia era suficiente para llegar hasta el Hospital Inhan.
Sin embargo, el trayecto no fue sencillo.
Aunque Junseong estaba guiándose por sus recuerdos para elegir la ruta más segura y con la menor cantidad posible de zombis, de vez en cuando surgían situaciones peligrosas.
No se trataba de riesgos inevitables, sino de que Jian y Gyeongo, sumidos en sus pensamientos y con rostros sombríos, reaccionaban un paso más tarde de lo debido.
Especialmente Jian.
De no haber sido por las protecciones que llevaba firmemente sujetas en los antebrazos, a esas alturas ya habría sido mordida por un zombi y estaría desangrándose.
—Lo siento, oppa.
—Y-yo también lo siento.
Siguiendo a Jian, que mantenía la cabeza profundamente agachada, Gyeongo también se disculpó con voz apagada.
Junseong no podía encontrar fuerzas para reprenderlos.
Sabía perfectamente cuán confusos y desesperanzados debían de estar en esos momentos. De hecho, ya era digno de agradecimiento que no hubieran caído en pánico ni rompieran a llorar.
—Está bien. Pero a partir de aquí tenemos que mantenernos alerta, así que todos concéntrense.
En ese momento se encontraban frente a la entrada del Centro de Atención Médica de Emergencia del Hospital Inhan, en el estacionamiento exterior exclusivo para ambulancias.
Ocultos en fila entre dos ambulancias estacionadas una junto a la otra, el grupo de Junseong planeaba entrar al hospital a través de la entrada del centro de emergencias.
La vez anterior habían ingresado por la escalera de emergencia conectada al estacionamiento subterráneo del tercer sótano.
En aquel entonces se habían dirigido al estacionamiento porque el único acceso abierto a las escaleras de emergencia estaba en el tercer subsuelo y además disponían de un vehículo.
Ahora, en cambio, tenían razones suficientes para infiltrarse desde la superficie.
La lluvia que había caído poco antes había sido especialmente intensa.
Debido a ello, los zombis que rodeaban el Hospital Inhan terminaron desorientándose por el estruendo de la tormenta y acabaron perturbando el estacionamiento principal cercano a la entrada principal, donde había numerosos vehículos particulares.
Como resultado, las alarmas de tres o cuatro automóviles comenzaron a sonar y una gran cantidad de zombis se dirigió hacia allí.
Casualmente, uno de esos vehículos se encontraba cerca de la entrada del Centro de Atención Médica de Emergencia.
Gracias a eso, la mayoría de los zombis que merodeaban por aquella entrada se trasladaron al otro estacionamiento y seguían vagando por allí incluso después de que la lluvia y las alarmas hubieran cesado. En una de las iteraciones donde había sobrevivido más allá del sexto día, Junseong había presenciado personalmente una situación así.
Por eso, cuando abandonó el Hospital Inhan junto a Hanseo tiempo atrás, desbloqueó deliberadamente la entrada de las escaleras de emergencia conectadas al primer piso del Centro de Emergencias.
Junseong alternaba la mirada entre la hora mostrada en su reloj de pulsera y la entrada del centro.
A través de las puertas automáticas transparentes, inmovilizadas por el corte eléctrico, podían verse algunos zombis vagando por el interior.
—Dentro de dos minutos volverá a llover. Será bastante fuerte, pero esperemos un poco y, unos segundos después de que empiece, correremos directamente hacia la entrada.
Desde detrás de Junseong, que encabezaba el grupo, Changmin preguntó con expresión tensa:
—Las puertas son transparentes y parece que hay bastantes zombis cerca de la entrada. ¿No nos verán y correrán hacia nosotros?
—Desde aquí no se ve bien, pero junto al muro de cristal que da hacia ese estacionamiento hay una puerta abatible rota. Cuando empiece a llover fuerte, los zombis del estacionamiento principal volverán a causar disturbios. Entonces perseguirán las alarmas y se dirigirán hacia esa puerta rota, que es la más cercana al estacionamiento. También lo harán los zombis que están cerca de la entrada por donde queremos entrar.
En aquel sueño también había aprovechado exactamente ese momento para entrar al Centro de Emergencias, sintiéndose como si hubiera ganado la lotería.
No todos los zombis se desplazaban, pero era suficiente para atravesar la entrada sin demasiadas dificultades.
Tras escuchar la explicación, Changmin se quedó inmóvil unos instantes y luego esbozó una sonrisa amarga.
—Que recuerdes hasta cosas así… de verdad eres increíble.
—Ya se los dije. Lo que experimenté en esos sueños es absurdamente vívido.
Tan vívido que incluso parecía más real que la propia realidad.
Junseong se dio unos golpecitos en la cabeza con el dedo índice.
—Hasta ahora no le había dado demasiada importancia, pero ahora estoy agradecido de tener recuerdos tan precisos. Si no fuera por ellos, no habría sobrevivido hasta hoy.
Y no era solo eso. Tal vez tampoco habría podido salvar a nadie.
Ni conocer a nadie.
Changmin, que sostenía la mirada de Junseong, bajó la vista hacia el suelo mojado.
—Entonces, en todas las iteraciones de esos sueños que recuerdas… ¿Nunca se rompió el bloqueo de Inhan?
Por un instante, una sombra oscura cruzó el rostro de Changmin, que hasta ese momento había fingido estar bien.
Junseong solo pudo asentir con pesar. Aunque nunca lo hubiera confirmado personalmente, el hecho de que Inhan permaneciera aislada era prácticamente una premisa básica compartida por todos los sueños.
Al verlo asentir, Changmin apretó ambos puños. En sus ojos bajos apareció una intención asesina dirigida hacia alguien.
—… Ya veo.
Junseong tuvo la sensación de saber perfectamente hacia quién iba dirigida aquella hostilidad.
«Ese bastardo merece ser odiado.»
Y aun así, sus sentimientos eran complejos. Si Changmin llegara a conocer toda la verdad del incidente, ¿hacia quién dirigirían realmente esos ojos llenos de intención asesina?
¿Hacia la variable que abrió un camino para que los zombis salieran de Inhan? ¿Hacia el director que sacó del laboratorio el cadáver infectado con el virus zombi? O acaso… ¿Hacia Do Hanseo, la materia prima misma a partir de la cual nació el virus zombi?
«Estoy pensando tonterías…»
De cualquier modo, Changmin jamás descubriría toda la verdad y Junseong se aseguraría de ello.
Aunque se tratara de compañeros de absoluta confianza que habían sido aceptados dentro de su círculo, no pensaba darles ni una sola oportunidad de mirar a Do Hanseo con ojos acusadores.
Toda la culpa la desviaría con sus propias manos hacia otras personas.
Hacia cualquiera menos Hanseo.
«¿Hasta qué punto puedo llegar a ser tan egoísta?»
Empezaba a sentirse como una persona cada vez más ruin, imposible de corregir.
Como si estuviera manipulando opiniones y haciendo política sucia, tal como ocurre a menudo en los MMORPG centrados en competencia y PvP.
Mientras sonreía con amargura ante sí mismo…
Tap, tap, tap.
Con el sonido de las gotas golpeando el suelo, una lluvia intensa volvió a caer.
*** ** **
Hubo una pequeña lucha, pero lograron entrar en el primer piso del Centro de Atención Médica de Emergencia y alcanzar las escaleras de emergencia según lo planeado.
Aunque el número de zombis cercanos a la entrada había disminuido al desplazarse hacia otra dirección, todavía quedaban muchos dentro, por lo que todos obedecieron las instrucciones manteniendo los nervios al máximo.
Como resultado, aparte de los siete zombis que se vieron obligados a derribar en el camino hacia las escaleras, no tuvieron que librar ninguna batalla realmente peligrosa.
Justo antes de cerrar la puerta de las escaleras, vieron a una horda de zombis descubrirlos y correr hacia ellos con una ferocidad aterradora. Pero era imposible que aquellos monstruos lograran abrir una puerta tan resistente, especialmente después de que la hubieran cerrado con llave.
Con expresiones aliviadas, entraron en la oscura escalera de emergencia y comenzaron a subir hacia el séptimo piso, iluminándose con linternas.
El ritmo de Jian y Gyeongo, cuyos estados físicos eran los peores del grupo, se volvió cada vez más lento.
Sin embargo, las escaleras de emergencia y los pisos por encima del quinto eran prácticamente una zona segura, así que mantuvieron la formación y avanzaron despacio sin apresurarse.
Cuando llegaron al séptimo piso y Junseong iba a abrir la puerta, se detuvo de repente.
—¿Qué pasa?
Changmin, que lo seguía justo detrás, percibió de inmediato el cambio en su actitud. Siguiendo la dirección de la linterna y de la mirada de Junseong, bajó la vista.
—¿Una colilla?
Había una colilla tirada frente a la puerta del séptimo piso.
Era extremadamente corta, como si alguien hubiera fumado con tranquilidad hasta casi consumir el filtro.
—Alguien estuvo aquí. —La voz de Junseong estaba cargada de tensión.
Era una colilla que jamás había visto. Ni siquiera cuando regresó a ese lugar en sus sueños.
Comprendió al instante lo que aquello significaba.
Nam Gihyeok.
O alguno de sus subordinados.
Junseong rebuscó en sus recuerdos.
Cuando salió de los grandes almacenes junto a Do Hanseo el día anterior, vio moverse el helicóptero de rescate en el que probablemente viajaba Nam Gihyeok.
Calculando la dirección contraria a la que se dirigía hacia la casa del director, el punto de partida coincidía aproximadamente con este hospital.
«¿Pasó primero por aquí antes de ir tras el director? ¿Por qué?»
Al mismo tiempo que surgía la pregunta, apareció una respuesta plausible.
En los sueños, el lugar donde había permanecido más tiempo alrededor del quinto día era precisamente el Hospital Inhan.
Incluso en las iteraciones donde aún ignoraba la verdadera naturaleza de Nam Gihyeok y dependía profundamente de él, solía encontrarse aquí para entonces.
¿Había venido por eso?
«¿Por qué pensó que yo podría estar aquí?»
Un escalofrío recorrió todo su cuerpo. Pensar que podrían haberse encontrado allí hizo que el corazón se le hundiera.
Sintió la ilusión de una corriente helada rozándole el cuello desprotegido. Junseong vaciló por un instante y Changmin lo sostuvo desde atrás.
—¡Junseong, estás bi…!
—Apártate.
Hanseo, que sin darse cuenta había quedado al final de la formación, estaba observando con los ojos entrecerrados detrás de Changmin.
Sujetó el hombro de este último, que se sobresaltó, y lo apartó suavemente para ocupar su lugar, sosteniendo a Junseong por los hombros y la espalda.
—¿Quieres que vaya a revisar? —preguntó Hanseo. Apoyó el dorso de su mano sobre la fría mejilla de Junseong.
Recuperando el sentido gracias a su voz, Junseong se sostuvo la frente con una mano y habló con Changmin.
—Hyung, por favor, comprueba si hay algún helicóptero en la azotea.
—Entendido. —Changmin asintió de inmediato y subió las escaleras de dos en dos.
En un abrir y cerrar de ojos alcanzó la puerta de la azotea y la abrió silenciosamente, ocultando al máximo su presencia.
Poco después regresó al séptimo piso negando con la cabeza.
—No hay nadie. Ni helicóptero ni nada.
Si alguien tan cauteloso y hábil para ocultar su presencia como Changmin decía eso, entonces realmente no había nadie.
Existía la posibilidad de que hubieran dejado gente emboscada dentro del edificio, pero considerando la personalidad de Nam Gihyeok y el hecho de que no dejó a nadie en el banco de sangre, la probabilidad era prácticamente cero.
Junseong exhaló profundamente y mostró una expresión algo más relajada; luego tomó el pomo de la puerta del séptimo piso.
—Voy a abrir.
Aunque su mente estaba convencida de que no habría nadie, la tensión no desaparecía.
Solo el hecho de que Nam Gihyeok hubiera pasado por allí ya era un mal presagio.
La puerta se abrió suavemente.
Tal como esperaban, no había señales de ninguna persona.
Sin embargo, todo estaba revuelto de tal manera que resultaba evidente que alguien había registrado el lugar.
Las puertas de las habitaciones también estaban abiertas de par en par.
Mientras avanzaba observando los alrededores con cautela, Junseong habló en voz baja a Hanseo, que caminaba pegado a él.
—Si notas algo diferente a cómo estaba cuando nos fuimos, dímelo.
—Mm.
Los únicos que conocían el estado original de aquel lugar eran él y Hanseo.
Si Nam Gihyeok había hecho algún movimiento allí, solo ellos dos podían detectarlo. Por eso le pedía que revisara todo cuidadosamente.
No había pasado ni un minuto desde que dijo aquello cuando Hanseo sujetó a Junseong por el hombro y lo detuvo.
—Allí.
Junseong siguió la dirección de su mirada. Y, efectivamente, había algo diferente.
Sobre el mostrador frente a la estación de enfermería había una pequeña caja de regalo adornada con un lazo.
Algo así… ni siquiera en sus sueños lo había visto jamás.
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