Una oscura fábrica abandonada sumida en la profunda madrugada.
Excluyendo al grupo que habían dejado marcharse, las únicas personas que quedaban en la enorme fábrica abandonada eran apenas tres.
Bip.
Uno de los vigilantes que custodiaba el único lugar iluminado sacó el walkie-talkie que acababa de emitir una notificación.
—Informa.
En cuanto el hombre habló por el aparato, la otra parte respondió como si hubiera estado esperando.
—[Hemos confirmado que el objetivo escapó sano y salvo.]
—¿Y el estado del hospital?
—[Parece haber colapsado por completo. Probablemente será difícil encontrar cualquier prueba relacionada con nosotros.]
Encontrar pruebas clandestinas del tráfico de órganos entre los escombros del hospital de siete plantas era, en la práctica, casi imposible.
Aunque ni siquiera había policías que pudieran acudir tras recibir una denuncia, era mejor eliminar de antemano cualquier elemento que pudiera causar problemas a la organización una vez que la situación actual se estabilizara.
Al comprobar que todos los objetivos tras el derrumbe del Hospital Inhan se habían cumplido, la severa expresión del hombre se relajó.
—Bien. Entonces…
—¿Cuántos?
La voz que sonó a sus espaldas hizo que el hombre interrumpiera sus palabras y se diera la vuelta.
Nam Gihyeok, que hasta hacía un momento parecía dormir plácidamente sobre el colchón blanco, ya estaba sentado con el torso incorporado y los lentes puestos.
—¿Cuántos de los que estaban en el hospital sobrevivieron?
Ante la pregunta de Gihyeok, el hombre, Woo Seokjin, volvió a sujetar con firmeza el walkie-talkie.
—¿Hay supervivientes aparte del objetivo?
—[Además del objetivo, sobrevivieron siete personas dentro del hospital. Hemos confirmado que todos siguen con vida.]
Al escuchar la respuesta, Gihyeok frunció el ceño detrás de sus gafas. Claramente, aquello no le agradaba.
—¿Todos? ¿Los salvó a todos?
—Eso parece.
Cuando Seokjin respondió, Gihyeok chasqueó brevemente la lengua.
—Y eso que ni siquiera tiene los recuerdos de aquella vez. Qué bien los salvó.
Aquella escena jamás había aparecido en los sueños de Junseong. Sin embargo, sí había ocurrido claramente en sus propios sueños.
El derrumbe del Hospital Inhan.
Quienes luchaban desesperadamente por sobrevivir terminaron muriendo allí dentro por culpa del “juego” de Nam Gihyeok.
Todos… Excepto una sola persona.
Kang Junseong.
Aquello había sido el regalo que preparó recordando ese momento.
Tal como esperaba, Junseong logró escapar del Hospital Inhan sano y salvo, aunque no conservara ningún recuerdo del derrumbe. Sin embargo, para su sorpresa, también consiguió salvar a todos los compañeros que permanecían en el hospital.
Aunque hubiera recibido ayuda de los demás supervivientes del autobús, el resultado de que todos sobrevivieran seguía siendo algo verdaderamente sorprendente.
«Hasta pensé que Junseong acabaría muriendo por culpa de esos compañeros inútiles».
Que quedara sepultado mientras intentaba salvarlos. O que lograra salvarlos a ellos y muriera él.
Mientras pensaba en ello, dejó escapar una pequeña risa. Si aquello fuera un sueño, sería otra historia.
Pero Kang Junseong era plenamente consciente de que aquello era la realidad. No había forma de que muriera tan fácilmente. A diferencia de los sueños, en la realidad estaba en juego una vida auténtica.
Su voluntad de sobrevivir debía estar en su punto máximo.
Kang Junseong era fuerte cuando luchaba desesperadamente por vivir. Y la persona que mejor lo sabía era Nam Gihyeok.
Mientras observaba en silencio cómo el rostro de Gihyeok se iba encendiendo poco a poco al pensar en alguien, su hombre de confianza, Woo Seokjin, habló por el walkie-talkie.
—¿Han conseguido imágenes o fotografías del grupo que escapó?
—[Solo tenemos el vídeo del momento en que entraron en el lugar.]
—Envíamelo y mantened la vigilancia hasta que dé nuevas órdenes.
—[Sí.]
Después de bajar el walkie-talkie, Seokjin se acercó a Gihyeok.
—Jefe, iré un momento a revisar a los rehenes.
—Ajá. Si hacen demasiado ruido, simplemente arrójalos al corral de los zombis.
—Entendido.
Terminada aquella fría conversación, Seokjin hizo una señal con la mirada al otro vigilante.
El hombre observó alternativamente a Gihyeok, que volvía a recostarse sobre el colchón, y a Seokjin, que caminaba hacia el exterior de la fábrica abandonada.
Después, con cautela, echó a andar.
Ya fuera de la fábrica, el hombre se colocó las gafas de visión nocturna que llevaba colgadas de la cintura y preguntó en voz baja:
—¿No habíamos comprobado a los rehenes hace apenas diez minutos?
—Lo sé.
Tras responder brevemente, Seokjin también se puso las gafas de visión nocturna. Su campo de visión se volvió completamente verde, pero todo a su alrededor seguía viéndose con la misma claridad que a plena luz del día.
—Entonces… ¿Por qué otra vez…?
—Cállate y sigue caminando.
Molesto por la curiosidad del hombre, Seokjin habló con frialdad mientras seguía avanzando.
Intimidado, el otro cerró la boca y lo siguió con pasos rígidos.
Una vez que los dos hombres abandonaron la fábrica, Nam Gihyeok quedó solo. Para entonces, su respiración ya se había vuelto agitada.
—Ja… estoy volviéndome loco…
No había hecho absolutamente nada. Sin embargo, su corazón latía con tanta fuerza que parecía a punto de estallar, y respiraba tan entrecortadamente que apenas podía hablar.
La mano de Gihyeok descendió hacia la parte inferior de su cuerpo.
Hacía rato que sentía una presión persistente allí abajo y, tal como esperaba, encontró su miembro completamente endurecido, erguido con arrogancia.
Sin levantarse del colchón, desabrochó el cinturón y bajó la cremallera del pantalón.
Acarició el pesado bulto que sobresalía bajo la suave tela de sus bóxers y, finalmente, introdujo la mano para sujetar directamente su desnudo miembro. Apenas lo había tocado y ya estaba tan duro como si estuviera al borde del orgasmo.
—Nuestro Junseong… ja… eres todo un genio haciendo que el pene de tu hermano mayor se ponga duro.
Mientras soltaba una risita al recordar el rostro de Junseong, Gihyeok evocó aquel sueño del pasado.
Todo había empezado como una simple broma. Un chiste nacido de un pensamiento completamente anormal.
—¿Cómo debería morir esta vez?
Si moría sepultado bajo un edificio que se derrumbaba…
¿Cuánto dolería? ¿Qué tan novedosa sería esa muerte? ¿Durante cuánto tiempo seguiría con vida?
En aquella ‘broma’ que había probado cuando la mayor parte de los elementos que conformaban su mente ya estaban destrozados…
Nam Gihyeok fue salvado por alguien por primera vez.
—Hyung, ¿estás bien?
Entre todos aquellos supervivientes desechables, cuyos rostros ni siquiera valía la pena recordar, hubo una persona que brilló por primera vez.
—¡¿Quién iba a imaginar que terminaríamos muriendo como perros de esta manera?!
Hasta ese momento, el mundo seco y monocromático de Gihyeok, impregnado únicamente del olor a sangre, adquirió color gracias a alguien.
Gihyeok, que había decidido aceptar dócilmente su muerte, terminó siguiendo aquel brillante color.
El ensordecedor estruendo del derrumbe y la inmensa nube de polvo mezclada con escombros invadieron todos sus sentidos.
Aun así… Aquel color jamás perdió su intensidad.
—…Maldición.
El rostro cubierto de polvo que mostraba una sincera preocupación por él le pareció increíblemente hermoso.
La amarga tristeza de haber perdido a todos los supervivientes, excepto a sí mismo, se reflejaba con claridad en aquel rostro. Cuando aquellos labios rojizos, llenos de vida, finalmente dejaron escapar una maldición incapaz de contenerse más… Gihyeok extendió la mano hacia él sin siquiera darse cuenta.
Quizá… Fue en ese preciso instante cuando se enamoró.
—Ja… ja…
Mientras jadeaba, volvió a dibujar una y otra vez en su mente al Junseong de aquel entonces.
Aquellos ojos cristalinos que irradiaban una luz solitaria en un mundo en blanco y negro.
La fina y hermosa mano de delicados nudillos que le había tendido. La voz que jamás se rendía, sin importar el peligro.
La vitalidad que irradiaba con tanta fuerza que bastaba con permanecer a su lado para sentirla.
Todo eso… Había cambiado a Nam Gihyek y también… A Kang Junseong.
—Mier… da… ja… ngh…
La mano con la que no sujetaba su miembro se clavó con fuerza sobre el colchón sin sábanas.
Crrrk.
Sus uñas chirriaron como si fueran a desgarrar la superficie del colchón.
Gihyeok sintió un líquido viscoso humedecer la parte baja de su abdomen.
Había segregado tanto fluido que ni siquiera necesitaba lubricante, y aquella humedad no hacía más que intensificar su excitación.
Escuchando sus propios jadeos, continuó reviviendo aquel día.
Cuando la mano que había extendido hacia Junseong terminó rodeando su cuello… Gihyeok supo que, igual que ahora, su miembro se había puesto completamente rígido.
Cada vez que las venas sobresalían en aquel cuello blanco que sujetaba con fuerza y la nuez se estremecía bajo la presión de su palma al impedirle respirar… Sentía como si una descarga eléctrica recorriera todo su cuerpo.
Junseong luchaba desesperadamente por apartar su mano.
Su resistencia era tan desesperada como cuando intentó escapar del hospital derrumbándose… Que Gihyeok fue incapaz de aflojar la fuerza.
Cuando aquella respiración, que apenas lograba salir debido a la falta de aire, comenzó a apagarse poco a poco…
Cuando la desesperada resistencia por apartarse de él empezó a convertirse en un intento de aferrarse…
Aquellos ojos antes tan claros se enturbiaron, y el frágil cuerpo perdió toda su fuerza.
—¡Mier… da… ngh…!
El miembro hinchado de Nam Gihyeok alcanzó el clímax.
En el instante en que su endurecido miembro se estremeció con fuerza, sintió cómo un espeso líquido caía en gotas sobre su abdomen.
Era tan caliente que incluso llegó a preguntarse si su temperatura corporal siempre había sido así de alta. El fluido seguía golpeando una y otra vez la piel de su vientre, que temblaba involuntariamente.
Probablemente, si en aquel entonces hubiera tenido el abdomen descubierto y el miembro fuera del pantalón, habría eyaculado igual que ahora.
En aquel momento estaba tan fuera de sí que ni siquiera se dio cuenta de que había alcanzado el orgasmo y terminó descargándose dentro del pantalón.
—Ja…
Todavía era incapaz de olvidar el instante en que la vitalidad de Kang Junseong desapareció entre sus manos.
Cada vez que lo recordaba, se excitaba de inmediato, hasta el punto de preguntarse si, como aquella vez, algún día sería capaz de llegar al clímax sin siquiera tocarse.
Empapado por la placentera sensación que seguía al orgasmo, Gihyeok levantó lentamente la mano. El semen opaco que brillaba bajo la luz que descendía desde el techo destacaba con una claridad inusual.
Sacó la punta de la lengua y lamió el semen que corría por su mano como si lo estuviera robando.
Tenía un sabor salino. Pero al imaginar la saliva que había resbalado por la comisura de los labios de Junseong mientras este era estrangulado, volvió a sentir una opresión creciente en la entrepierna.
Sin embargo… El calor que recorría todo su cuerpo se enfrió de golpe.
El rostro de Junseong, completamente desprovisto de vida, volvió a teñir su mundo de blanco y negro.
Ese recuerdo seguía siendo demasiado espantoso incluso ahora.
No quería volver a repetirlo jamás.
—Junseong…
Pronunció su nombre con una voz llena de afecto mientras las comisuras de sus labios se alzaban lentamente.
Entonces, los labios de Nam Gihyeok pronunciaron otra palabra para referirse a Junseong.
—Mi salvación.
Impresiones sobre el capítulo completo.
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