El camino hacia el apartamento del director del Banco de Sangre no estaba muy lejos.
Sin embargo, era imposible llegar caminando en apenas quince minutos mientras se enfrentaban a los zombis.
«Bueno, de todas formas, pensaba terminar esto antes de llegar».
Tras vaciar discretamente en su boca la sangre del tercer y último tubo de extracción, Junseong lanzó una mirada hacia atrás.
No había nada extraño en ello. Justo en ese momento había girado el cuerpo de manera natural mientras aplastaba con el machete la cabeza de un zombi que se le abalanzaba.
A lo lejos descubrió un dron que los seguía en silencio mientras los observaba.
Su diseño era claramente distinto al que poseía Hwang Gyeongoh, y además era de un negro intenso.
El dron mantenía siempre una distancia constante. Y cuando parecía que Junseong o Hanseo podían descubrirlo, desaparecía rápidamente detrás de algún edificio.
En circunstancias normales, mientras combatían contra los zombis, ni siquiera habrían tenido tiempo de mirar al cielo.
Pero ahora era diferente.
Aunque los zombis cargaban contra ellos con ferocidad, ninguno podía llegar a morder realmente a Kang Junseong después de haber ingerido la sangre de Do Hanseo. Estaba relativamente protegido de la amenaza que más debería temer.
Manteniendo la calma y agudizando todos sus sentidos para vigilar el entorno, no tardó mucho en localizar el dron que los seguía.
Junseong ya había sospechado que existía un dron persiguiendo a su grupo desde que iban en el autobús rumbo al motel.
En uno de los sueños, Hwang Gyeongoj había comentado una vez: Que, si se conectaba correctamente un visor nocturno diseñado para personas, también podía utilizarse en un dron.
En aquel entonces, Nam Gihyeok aún no había mostrado su verdadera naturaleza y ambos seguían formando parte del mismo equipo.
Si Nam Gihyeok recordaba ese sueño, no sería extraño que hubiera preparado un dron especial recordando aquellas palabras de Hwang Gyeongoh.
Después de todo, ya había sido capaz de colocar con antelación un dispositivo de escucha en el teléfono de Son Namseop porque sabía que el apocalipsis zombi se convertiría en realidad.
Descubrió la existencia de ese dron la noche anterior, justo cuando entraban al motel.
En el cielo completamente oscuro había un extraño punto rojo. La lluvia había cesado hacía apenas unas horas y las nubes seguían cubriendo por completo el firmamento, así que dedujo que no podía tratarse de una estrella.
Aquel punto rojo parpadeaba periódicamente y, además, no permanecía inmóvil, sino que se desplazaba lentamente.
Entonces recordó que la luz que había visto cuando Hwang Gyeongoh hacía volar su dron mientras grababa imágenes era prácticamente idéntica. Tal como había supuesto, el punto rojo que los vigilaba la noche anterior pertenecía a ese dron negro.
Incluso ahora podía distinguir un tenue destello rojo parpadeando en la parte frontal del aparato.
Pensándolo bien, era lógico que utilizaran un equipo así. Lo había comprendido perfectamente gracias al dron de Hwang Gyeongoh.
Ese tipo de dispositivos era extremadamente útil en una situación como esta. Podían elevarlo para observar los alrededores, escoger el camino con menos zombis e incluso localizar de antemano un atajo hacia el lugar al que se dirigían.
«Si no fuera por el dron, seguirnos habría sido imposible.»
Tras el derrumbe del Hospital Inhan, que era la única fuente de luz, todo quedó envuelto en la oscuridad.
En esas condiciones era imposible seguir a un autobús en movimiento únicamente a pie y sin ninguna fuente de iluminación.
Naturalmente, también existía la posibilidad de perseguirlo utilizando otro vehículo, pero entonces el equipo del autobús, que permanecía alerta ante cualquier amenaza, los habría descubierto enseguida.
Junseong calculó que los vigilantes utilizaban un dron equipado con visión nocturna para seguir en secreto al autobús y solo avanzaban cuando este se detenía.
La noche anterior solo había visto un único punto rojo en el cielo. Si hubieran tenido más drones, no habría motivo para no desplegarlos todos con el fin de facilitar el seguimiento.
Por eso concluyó que únicamente disponían de uno. Y ese único dron los estaba persiguiendo claramente a ellos.
«Si fuera Nam Gihyeok, habría dado prioridad absoluta a seguirme a mí.»
Una vez que el grupo se dividió en dos, era lógico seguir al objetivo prioritario y controlar todos sus movimientos. Y había otro detalle más.
«Nam Gihyeok no sabe cómo me he movido el octavo día.»
Exceptuando una sola repetición, las vueltas en las que había actuado junto a Nam Gihyeok nunca habían durado más de siete días.
Siempre terminaban muriendo antes del séptimo día mientras probaban distintos métodos.
Incluso en la última repetición en la que encontraron la solución, que Nam Gihyeok también parecía recordar, Junseong murió el sexto día.
Solo hubo una repetición relacionada con Nam Gihyeok que superó el séptimo día. Pero incluso entonces, durante la noche del séptimo día, Nam Gihyeok lo secuestró y lo encerró en una fábrica abandonada.
Todo lo que hizo a partir del octavo día fue retorcerse de dolor sobre un colchón blanco.
En realidad, aunque hubiera actuado activamente muchas veces durante el octavo día y Nam Gihyeok recordara todas ellas, daba igual. Porque el octavo día de esta realidad seguía una ruta completamente distinta.
«Por eso ese bastardo continúa siguiéndome con tanta obstinación.»
Junseong abrió de par en par la boca ensangrentada del zombi que corría hacia él y descargó el machete sobre su cabeza como si blandiera un garrote.
Luego comprobó la hora.
Quedaban aproximadamente tres minutos para que desapareciera el efecto de la tercera dosis de sangre. Y, para entonces, el equipo del autobús ya debería haber llegado al segundo tramo de la ruta segura.
A esas alturas ya era demasiado tarde para que el dron cambiara de dirección y empezara a seguir al autobús.
Además, los vigilantes tampoco parecían tener intención de hacerlo.
Pensando que ya era hora de comenzar, Junseong miró a Hanseo. Cuando sus miradas se cruzaron, Do Hanseo sonrió levemente mientras clavaba con tranquilidad el cuchillo para sashimi en la cabeza de un zombi.
***
A unos cincuenta metros del lugar donde Junseong y Hanseo luchaban contra los zombis.
Dos hombres permanecían ocultos detrás de un edificio.
Observando a Kang Junseong y Do Hanseo a través de la pantalla del control del dron, ambos tragaron saliva.
—¿Esos tipos… son monstruos? —Murmuró horrorizado el hombre corpulento.
El hombre delgado que pilotaba el dron pensaba exactamente lo mismo. Era cierto que escogían con increíble precisión los caminos con menos zombis.
Pero, aun así, entre el machete y el cuchillo para sashimi ya habían acabado con más de veinte. Y lo más increíble era que ninguno hubiera sido mordido.
Aquello iba mucho más allá del simple asombro.
Los dos hombres solo avanzaban por el camino que Junseong y Hanseo ya habían recorrido. Por eso no se habían encontrado con un solo zombi vivo.
Cada uno de los muertos vivientes con los que ambos se cruzaban caía con un certero golpe dirigido a la cabeza.
Incluso dentro de la organización a la que pertenecían aquellos dos hombres, muy pocos podían abrirse paso entre los zombis con tanta calma.
Mientras continuaban siguiéndolos con cautela, incapaces de ocultar su sorpresa…
—¡¿Eh?!
El hombre que controlaba el dron soltó una exclamación ahogada. En la pantalla acababa de ocurrir algo inesperado.
Uno de los zombis tenía el rostro hundido sobre el hombro del objetivo prioritario.
Este sujetaba con fuerza la parte posterior de la cabeza del zombi como si intentara arrancársela de encima, con los ojos completamente abiertos.
A su lado, el hombre alto que lo acompañaba extendía la mano con expresión rígida.
Al instante siguiente, arrancó al zombi de encima y le atravesó profundamente un ojo con el cuchillo para sashimi.
—¿L… lo mordieron?
El operador del dron palideció mientras sus manos comenzaban a temblar. El objetivo prioritario apoyó una mano sobre el hombro ensangrentado y se dejó caer contra la pared.
Tenía la cabeza inclinada y apenas podían verle el rostro, pero incluso desde la cámara del dron la sangre que manchaba su hombro resultaba perfectamente visible.
El hombre alto permaneció un momento delante de él diciéndole algo.
Luego frunció el ceño, dio media vuelta… y se marchó sin mirar atrás.
Abandonó allí al objetivo prioritario, que jadeaba y se estremecía como si estuviera empezando a mostrar síntomas de infección.
En pocos segundos dobló la esquina y desapareció.
—Date prisa y comunícalo por radio. —El operador del dron habló con urgencia.
El hombre corpulento asintió con fuerza y sacó un walkie-talkie.
La señal no alcanzaba directamente la fábrica abandonada donde estaba el jefe, así que contactó con un superior que esperaba en un escondite intermedio.
—Hermano, ha ocurrido algo.
—[¿Qué pasa?] —Respondió una voz despreocupada.
—Parece que… el objetivo ha sido atacado por un zombi.
—[¡¿Qué?!] —Al otro lado se escuchó un grito de sorpresa seguido de una maldición—. [¡Joder, no puede ser!… Oye, ¿estás seguro? ¿Seguro que lo mordieron?]
—Eso parece…
—[¿¡Qué mierda significa “eso parece”!? ¡Compruébalo de una vez! ¡Joder! ¡Si de verdad lo mordieron, nosotros también podríamos acabar muertos!]
Aunque les pareciera injusto, su superior estaba completamente obsesionado con aquel objetivo. Solo imaginar que podía perder el control y matarlos a todos les helaba la sangre.
—[Confirma si realmente lo mordieron. Y si está infectado, antes de que muera y se transforme, amordázalo y asegúralo.]
Conociendo la obsesión que su superior sentía por el objetivo, no les quedaba otra opción.
Habían visto claramente cómo un zombi hundía el rostro en el hombro desprotegido del objetivo. Era imposible que no hubiera sido mordido.
Si querían conservar la vida, debían actuar así. Estaban convencidos de que, incluso convertido en zombi, su superior seguiría queriendo tenerlo a su lado.
—Entendido.
Secándose el sudor frío de la frente, ambos intercambiaron una mirada y comenzaron a avanzar sin hacer ruido.
Siguiendo al dron que vigilaba constantemente al objetivo, llegaron hasta donde este se encontraba.
Los dos tenían el rostro completamente tenso.
Incluso en ese momento, el objetivo seguía moviendo ligeramente los dedos mientras respiraba con dificultad.
Como aún no emitía gruñidos ni sonidos extraños, parecía que todavía faltaba algo de tiempo para que se transformara.
Quizá por eso el hombre corpulento se tranquilizó un poco y se acercó hasta quedar a una distancia en la que podía tocarlo con solo extender la mano.
Mientras enrollaba un pañuelo para usarlo como mordaza, no apartaba los ojos del hombro del objetivo.
Seguía cubierto de sangre.
La espesa sangre rojo oscuro que había atravesado el abrigo…
«¿Eh?»
Al observarlo de cerca, se dio cuenta de algo extraño. No había ninguna marca de dientes que hubiera rasgado o perforado la tela. Además, la sangre que empapaba el hombro no era sangre fresca.
Era de un tono rojo negruzco, espeso.
Exactamente igual que la sangre de un zombi. En el mismo instante en que el hombre corpulento percibió que algo no cuadraba… una mano blanca sujetó de repente el cuello de su ropa.
La misma mano del objetivo que, según ellos, había sido atacado por un zombi.
—Hola.
El objetivo, que hasta ese momento mantenía la cabeza gacha, levantó el rostro con total tranquilidad, como si nada hubiera ocurrido.
Antes de que el hombre pudiera comprender qué estaba pasando…
—¡Ghk!
Un breve grito sonó a su lado.
Al girarse, vio al hombre delgado que manejaba el dron desplomado boca abajo contra el suelo.
Una larga pierna lo había derribado de una patada y ahora aplastaba despiadadamente su cabeza contra el pavimento.
El hombre volvió a gritar.
Do Hanseo siguió pisándole la cabeza con fuerza, como si fuera a aplastársela por completo. Después levantó el cuchillo para sashimi y lo apuntó hacia su cuello como si fuera a clavárselo de un momento a otro. Y, aun así, en el rostro de Hanseo no había ninguna emoción aparte de su habitual frialdad.
Tal y como Junseong había previsto, el dron estaba concentrado únicamente en él.
Los vigilantes ni siquiera habían notado que Do Hanseo había rodeado el edificio para regresar hasta allí. Después de todo, acababan de descubrir en ese mismo instante que ellos mismos habían sido detectados.
El hombre corpulento, aún agarrado por el cuello de la ropa, sintió de pronto un escalofrío en la garganta.
Giró la cabeza de inmediato.
El filo helado de un machete descansaba sobre su cuello. Un fino hilo de sangre comenzó a deslizarse lentamente por su piel.
—Tengo algo que decirle a su jefe. ¿Podrías transmitírselo de mi parte?
Los ojos de Kang Junseong se curvaron como una luna creciente mientras sostenía la mirada petrificada del hombre.
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