El grueso miembro abrió paso lentamente entre el agua y fue separando el pequeño orificio mientras se introducía despacio en su interior.
Las paredes internas, que se estremecían al compás de la agitada respiración de Junseong, parecieron sobresaltarse ante la irrupción de aquel objeto desconocido antes de adherirse poco a poco a él, húmedas y cálidas.
Apenas había introducido el glande, pero las sensaciones que le transmitían las paredes internas y el intenso placer que lo recorría parecían no tener fin.
Por ello, Hanseo dejó escapar un jadeo y detuvo sus movimientos.
Pero solo fue por un instante.
El aliento abrasador que el vapor acumulado por todas partes había avivado se volvió mucho más violento.
Con un fuerte ¡chap! al remover el agua, el cuerpo de Hanseo se pegó al de Junseong de una sola embestida, hasta quedar prácticamente unidos.
—¡Haaah…!
El miembro que penetró de golpe, como si fuera a atravesar su interior, golpeó dolorosamente la parte baja de su abdomen.
Sin embargo, más que el dolor, lo que resultaba insoportable era la presión ejercida por aquel grueso y ardiente miembro que llenaba completamente su interior mientras aplastaba sus paredes internas.
—Ha… ah…
Ante aquella repentina sensación de opresión, Junseong no pudo hacer nada más que exhalar respiraciones entrecortadas.
Hanseo lo miró con una expresión extraña y preguntó:
—¿Te dolió?
«¿Eso siquiera era una pregunta?»
Exagerando apenas un poco, aquel miembro siempre le había parecido del grosor de un antebrazo. Y ahora había irrumpido de golpe dentro de él.
El grueso y largo miembro, enterrado hasta la raíz, golpeaba sin piedad sus entrañas, mientras las paredes internas que llenaban aquel estrecho espacio eran empujadas y aplastadas por aquel volumen repentino.
El orificio, abierto a la fuerza, ardía tanto que parecía haberse desgarrado.
Si eso no dolía, entonces uno ya no podía llamarse persona.
Muy al contrario de todas las respuestas que deseaba darle, de su boca solo escapaban respiraciones entrecortadas y gemidos, incapaz siquiera de formar palabras.
Al ver a Junseong luchando incluso para respirar, Hanseo sonrió relajando las comisuras de sus ojos.
—¿Qué voy a hacer…? Me pone caliente pensar que te estoy haciendo daño.
—Ugh… maldito… loco…
Haciendo un enorme esfuerzo para mover apenas los labios, Junseong logró soltar el insulto mientras le temblaban los párpados.
Como demostrando que las palabras de Hanseo eran completamente sinceras, su miembro siguió estremeciéndose una y otra vez dentro de él.
La sensación de presión aumentaba poco a poco, como si aquello que tenía dentro aún no hubiera alcanzado su tamaño máximo. Y eso hacía que Junseong sintiera cada vez más miedo.
Llegó incluso a sorprenderse de que su propio cuerpo fuera capaz de aceptar semejante monstruosidad.
Observando cómo Junseong jadeaba con dificultad, Hanseo curvó suavemente los labios y volvió a moverse.
Sacó lentamente el miembro y, con un sonoro chap, volvió a enterrarlo con fuerza hasta la raíz.
El cuerpo de Junseong, que permanecía sentado sin fuerzas, se sacudió violentamente como si hubiera recibido el impacto de un rayo.
—¡Aaah!
El segundo impacto brutal en su interior hizo que Junseong soltara un gemido parecido a un grito.
Esta vez no era solo el dolor.
La próstata, oculta entre las agitadas paredes internas, fue golpeada de lleno por la punta del miembro, desatando una oleada de estímulos intensísimos.
Y no solo eso.
Nada más ser alcanzada, quedó completamente aplastada bajo el grosor del miembro, hasta el punto de dejarlo sin aliento. Aquella descarga que nació en lo más profundo de su interior ascendió por su columna vertebral y se negó a desaparecer.
Sin poder pronunciar palabra alguna, Junseong solo jadeaba.
Hanseo lo contempló igual que quien observa un plato delicioso antes de volver a embestirlo una y otra vez con fuertes chap, chap.
Cada vez que lo hacía, el cuerpo de Junseong reaccionaba con violencia y su garganta temblaba suavemente mientras dejaba escapar nuevos gemidos.
Con cada repetición, el miembro de Hanseo penetraba profundamente en su interior; Junseong sentía que el agua caliente que entraba junto con él derretía todo por dentro.
Su mente ya estaba completamente embotada. Sentía incluso que sus pensamientos iban a derretirse también.
—Hng… ah… espera… ahh… esto… debajo del agua… basta…
Sentía que el agua que entraba junto al miembro no terminaba de salir completamente de su interior y se acumulaba cada vez más, volviéndose cada vez más difícil de soportar.
Y no solo el vapor que llenaba el baño.
El calor del agua seguía estimulando una y otra vez su interior, impidiéndole recuperar la cordura.
—¿Por qué? Está más caliente que la otra vez. Me gusta.
Para Hanseo, que disfrutaba notando cómo las paredes internas de Junseong estaban mucho más calientes y suaves que la vez anterior, seguir penetrándolo así tampoco era una mala idea.
Como si estuviera intentando seducirlo, Junseong apoyó el rostro contra su hombro y comenzó a frotarse suavemente contra él. Solo lo hacía porque el agua que se acumulaba en sus ojos le impedía ver bien, pero para Hanseo parecía simplemente que estaba haciéndole mimos.
—Ugh… ya… no puedo…
Cuando Junseong levantó aquellos húmedos ojos con los que había estado restregándose contra él, Hanseo sintió que el corazón le daba un vuelco.
Se quedó inmóvil, con los ojos muy abiertos, y enseguida volvió a moverse.
—¡Ah…!
El miembro que llenaba por completo el interior de Junseong salió de una sola vez.
Al desaparecer aquel miembro que prácticamente hacía de tapón impidiendo que entrara más agua, sintió cómo el agua caliente de la bañera invadía su interior.
Acto seguido, el cuerpo de Junseong fue levantado en el aire y girado bruscamente.
La bañera cuadrada tenía una amplia plataforma plana en cada una de sus esquinas para que dos personas pudieran recostarse cómodamente.
Hanseo hizo que Junseong apoyara el torso sobre una de esas superficies y, sujetándolo por las caderas desde atrás, levantó sus nalgas.
El cambio de postura fue tan repentino que Junseong sintió que todo daba vueltas.
Sin embargo, al apoyar el ardiente cuerpo sobre el borde fresco de la bañera, sintió un pequeño alivio. Sin ser siquiera consciente de la postura en la que había quedado, levantó la cabeza al sentir cómo le separaban las nalgas con ambas manos.
Sintió cómo el agua se deslizaba lentamente desde su orificio.
—Ha… mierda…
Desde atrás escuchó a Hanseo maldecir entre respiraciones agitadas y acto seguido…
—¿Ah…?
Algo cálido y blando, completamente distinto de unos dedos o un miembro, tocó su orificio.
Acarició los pliegues que quedaban expuestos entre sus nalgas abiertas y luego aquella masa de carne suave se abrió paso descaradamente hacia su interior, moviéndose con avidez.
Sorprendido, Junseong volvió la cabeza.
Allí estaba Hanseo, con el rostro completamente enterrado entre sus nalgas, levantadas a la fuerza.
—¿Qué estás haci…?! ¡Ah! ¡Hng… ah!
La sensación de succionar con fuerza, como si fuera a beberse toda el agua que había quedado dentro, y de lamer frenéticamente con la lengua era algo completamente desconocido para él.
Aquellas cosquillas mezcladas con un placer tan intenso que recorría todo su interior le impidieron siquiera pensar en detenerlo.
—Mmh… hng… ah… haaah…
Hasta que Hanseo apartó por fin el rostro de sus nalgas, lo único que resonó en el baño fueron los húmedos sonidos obscenos de su lengua jugando con aquel orificio y los dulces gemidos de Junseong.
El orificio de Junseong, que ya estaba completamente enrojecido desde que comenzó la penetración, había adquirido un color aún más intenso mientras Hanseo lo mordía y lo lamía.
Contemplando cómo aquel pequeño orificio se contraía una y otra vez, Hanseo pasó lentamente la larga lengua por sus propios labios.
La mano de Hanseo acarició el miembro de Junseong, que ya había vuelto a endurecerse.
—¿Te gustó tanto que te lamiera ahí?
Junseong estaba tan debilitado que ni siquiera parecía comprender lo que Hanseo acababa de preguntarle. Sus pestañas completamente empapadas temblaban como si fueran a cerrarse de un momento a otro.
Pensando que, si lo dejaba así un poco más, terminaría quedándose dormido, Hanseo le dio una fuerte palmada en una nalga.
—¡Ah!
El golpe sobre la nalga mojada hizo que Junseong abriera los ojos de golpe.
La fuerte palmada dejó la piel ardiendo.
Pero más que el dolor, lo que realmente lo sorprendió fue que el impacto también se transmitiera hasta el orificio y su interior, provocando un estímulo completamente extraño.
Era como si unas uñas rasparan una por una todas las células sensibles de su cuerpo.
Sin perderse ni un instante la reacción de Junseong, Hanseo sonrió con expresión peculiar y golpeó la otra nalga.
El sonido seco de la palma chocando contra la piel resonó con fuerza.
—¡Aaah!
El impacto en la nalga contraria volvió a recorrer hasta lo más profundo de su interior, atormentándolo una vez más.
Lo que captó la atención de Hanseo fue el miembro de Junseong, que se estremecía visiblemente al mismo ritmo que el pequeño orificio que se contraía por la sorpresa.
—No sabía que nuestro amo fuera un pervertido.
Susurró sonriendo mientras acariciaba con la yema de los dedos las redondas nalgas que ya comenzaban a enrojecerse.
El roce sobre la piel dolorida resultaba a la vez punzante y cosquilleante, arrancando nuevos gemidos temblorosos de entre los labios de Junseong.
Cada vez que las yemas de sus dedos dibujaban líneas sobre aquella piel enrojecida, ambas nalgas se estremecían adorablemente. Aquel espectáculo visual, capaz de volver loco a cualquiera, hizo que Hanseo, completamente excitado, le diera otra palmada aún más fuerte.
—¡Ah…! ¡Aaah!
Recibió otro golpe en cada nalga.
Dolía tanto que las lágrimas casi se le escaparon.
Quizá porque el segundo golpe cayó exactamente sobre el mismo sitio que el anterior, el impacto y el estímulo fueron todavía más intensos. Sin darle tiempo siquiera a recuperarse, Hanseo amasó sin ninguna delicadeza la carne ya completamente ablandada de sus nalgas.
—¿Te gusta tanto que te pegue en el culo?
—Cá…llate…
Con el rostro tan rojo como las nalgas golpeadas, Junseong escondió la cara contra el borde de la bañera.
Sabía perfectamente que aquel estímulo que recorría su interior también se transmitía hasta su miembro. Y esa conciencia le provocó una vergüenza imposible de describir.
A diferencia de la cabeza de su amo, completamente agachada, el miembro, rígidamente erguido en línea recta, quedó envuelto por los largos y gruesos dedos de Hanseo.
—Mírate. Ya estás a punto de correrte otra vez. Si te pego un poco más, ¿no te correrás de verdad?
Los dedos de Hanseo acariciaron la punta del miembro, ya humedecida no por el agua de la bañera, sino por un líquido ligeramente más espeso.
Las cosquillas en la uretra y aquellas palabras tan vergonzosas hicieron que el cuerpo de Junseong temblara de pies a cabeza.
—Do Hanseo… —Junseong volvió el rostro enrojecido para fulminarlo con la mirada—. Si eres un perro en celo… compórtate como un puto perro en celo… deja de hablar y métela de una vez…
Antes que seguir soportando aquella humillación, prefería que lo penetrara cuanto antes, correrse y acabar de una vez.
Las comisuras de los labios de Hanseo se elevaron complacidas.
—Si eso es lo que desea mi amo.
Al fin y al cabo, a Hanseo también le resultaba imposible seguir conteniéndose.
Como si aquellas nalgas rojas, que se estremecían igual que si pidieran otra palmada, lo estuvieran invitando, Hanseo volvió a introducir su miembro entre ellas.
El pequeño orificio, que se contraía una y otra vez, pareció tragarse el miembro entero como si lo recibiera con gusto.
Con un sonido de piel golpeando la piel, completamente distinto al que hacían bajo el agua, la cabeza de Junseong se alzó bruscamente hacia arriba.
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