Incluso mientras repasaba un pasado que no quería recordar demasiado y hablaba con tono burlón, realmente no pensó gran cosa.
Simplemente… tenía curiosidad.
Quería saber cómo cambiaría la mirada de Kang Junseong hacia él.
Tal vez terminaría compadeciendo a alguien que había vivido toda su vida como sujeto de experimentación.
Quizás podría llegar a temer a alguien tan anormal como él, alguien que desde el instante en que nació jamás había podido separarse de la “muerte” y el “asesinato”.
O quizá lo culparía y despreciaría por haber provocado la muerte de las dos personas y de los investigadores que lo habían criado y cuidado. Y si no era eso, tal vez terminaría odiándolo por ser el origen de aquella interminable pesadilla y el creador del virus zombi.
Cualquiera de las opciones le daba igual.
Si la mirada con la que Kang Junseong lo observaba llegaba a teñirse de una emoción distinta, pensó que eso también sería interesante.
Sin embargo, cuando se giró esperando ver qué clase de mirada tendría Junseong, lo que encontró fueron unos ojos claros exactamente iguales a los de siempre. Tan claros que podía distinguirlos perfectamente incluso sin la luz de la linterna ni la de los monitores.
En los brazos de Kang Junseong, quien había escuchado en silencio aquel pasado que jamás podría considerarse normal, descansaba una bolsa de sangre de un rojo intenso.
En ella había una etiqueta claramente visible:
[ Base -Do Hanseo (RH NULL) ]
La bolsa de sangre que Junseong sostenía era originalmente algo con lo que el padre adoptivo de Hanseo debía haber escapado.
Si no hubiera intercambiado la sangre por la de otro sujeto experimental antes de entregarla, tal vez aquel hombre seguiría vivo ahora mismo.
Aunque, incluso así, no habría sido más que una forma de ganar tiempo hasta llegar al Instituto de Investigación Cheongmu. Sin sangre de reserva, era evidente que se habría convertido en zombi antes siquiera de fabricar la vacuna.
Y si eso hubiera ocurrido, el origen del virus zombi habría pasado de Inhan a Cheongmu.
También existió la opción de entregarle correctamente la bolsa de sangre como un último acto de consideración, algo impropio de él, pero ahora pensaba que estuvo bien no hacerlo.
Porque la imagen de Kang Junseong abrazando con cuidado aquella bolsa de sangre le resultaba bastante agradable de ver.
Hanseo transfirió a una memoria USB los datos de investigación y documentos confidenciales que contenían todo su pasado.
Mientras lo hacía, los labios firmemente cerrados de Junseong finalmente se movieron.
—Entonces… todos murieron, ¿verdad?
Los dedos de Hanseo, que descansaban sobre el teclado, se estremecieron y se detuvieron.
—Los que conocían tu pasado, los que experimentaban contigo… todos murieron, ¿cierto?
En la voz de Junseong no se percibía ninguna emoción especialmente evidente.
Hanseo lo miró de reojo y luego volvió a mover el ratón para arrastrar todos los archivos seleccionados a la carpeta USB.
Entonces, una mano inusualmente caliente se posó sobre el dorso frío de la mano de Hanseo. Como si quisiera impedirle moverse.
—Respóndeme. ¿De verdad murieron todos?
Por apenas un instante, algo afilado se mezcló en la voz de Junseong.
Hanseo aún no sabía si el filo de aquello estaba dirigido hacia él… o hacia otra cosa.
—Sí. Como viste en el sueño, entre los que conocían la investigación, el único superviviente fue el director del banco de sangre, que casualmente estaba fuera del laboratorio aquel día. Y viendo cómo está el exterior… tú también sabes qué le ocurrió al único hombre que salió vivo de allí.
El único investigador que escapó infectado del laboratorio.
Era el padre adoptivo al que Hanseo había “infectado deliberadamente y dejado ir”.
El hombre infectado bebió sangre ajena que no tenía el más mínimo efecto y murió poco después.
Cuando volvió a levantarse, provocó esta espantosa catástrofe zombi.
No podía existir una deshonra más opuesta a los ideales que él perseguía.
Gracias a eso, Hanseo, quien había sido explotado sin fin en nombre de aquellos ideales absurdos, pudo negarlo y burlarse de él cuanto quisiera.
Mientras Hanseo sonreía con sorna al recordar el rostro hundido en desesperación de su padre adoptivo, Junseong tomó el ratón sin soltar la mano de Hanseo.
Apartó el cursor de la carpeta USB y canceló la copia.
—No saquemos esto. Destruyámoslo.
Fue algo completamente inesperado.
Kang Junseong no era alguien incapaz de comprender cuán importantes eran aquellos datos de investigación, justo cuando estaban a punto de completar la vacuna.
La creación de una vacuna no era algo que pudiera lograrse de la noche a la mañana.
Tan solo el padre adoptivo de Hanseo y los investigadores habían dedicado años enteros a fabricar una vacuna perfecta contra aquel virus zombi.
El resultado de todos esos años estaba allí, en los innumerables archivos mostrados en el monitor.
Con solo esos datos, podrían completar no solo una vacuna de primera fase capaz de detener temporalmente la infección, sino también, en poco tiempo, una segunda vacuna capaz de exterminar completamente el virus dentro del cuerpo.
Eran datos de un valor incalculable.
Y, aun así, Kang Junseong dijo con total naturalidad que debían “destruirlos”.
La mano de Hanseo, que hasta entonces se había dejado guiar dócilmente por los movimientos de Junseong, se detuvo.
—¿Por qué?
—¿Cómo que por qué? —Junseong lo miró con firmeza—. Si esto desaparece, nadie sabrá que tú eres el material para la vacuna. Pero si esto sigue existiendo y termina llegando a manos de alguien… entonces tú otra vez…
Junseong no pudo continuar.
Ahora comprendía por qué Hanseo, siendo él mismo la clave de la vacuna, jamás había querido presentarse voluntariamente.
Y también por qué reaccionaba con tanta sensibilidad ante todo lo relacionado con experimentos.
La fuente del virus y de la vacuna era la sangre de Doh Hanseo.
¿Cuánta sangre tendrían que extraerle?
¿Cuántos experimentos tendría que soportar otra vez para fabricar una vacuna destinada a salvar incontables vidas?
Para crearla, probablemente incluso el propio gobierno terminaría haciéndole cosas inhumanas.
Todo bajo el pretexto de salvar a la mayoría.
De salvar al país.
Y quizá hasta el propio virus acabaría utilizándose con fines militares.
«No permitiré que eso ocurra.»
Todo lo que Hanseo había contado era impactante de principio a fin, pero precisamente en momentos así Junseong se mantenía frío.
Y, contradictoriamente, también emocional.
—Borrémoslo todo. Sin dejar nada. Borra todo lo relacionado contigo.
Las huellas de Do Hanseo no debían permanecer en un lugar como este.
Había que eliminarlo todo para que pudiera seguir existiendo, no como un sujeto experimental, sino como un ser humano.
Do Hanseo no debía ser condenado por las cosas que eligió hacer para sobrevivir… ni por aquellas que jamás pudo elegir.
Y eso también debía seguir siendo así en el futuro. Por eso Kang Junseong quería borrar los datos de investigación necesarios para fabricar la vacuna.
Quería borrar el pasado de Do Hanseo.
Mientras observaba en silencio su pasado ordenado en forma de archivos dentro del monitor, Doh Hanseo habló:
—Si borras esto, no sabemos cuánto tiempo tomará hacer la vacuna. Quizá Corea caiga rápidamente… y otros países también terminen convirtiéndose en un mundo de zombis.
—No me importa. —La voz de Junseong seguía siendo firme.
La mirada de Hanseo descendió hasta el dorso de la mano de Junseong, que cubría la suya.
—Desaparecerá la solución perfecta que tanto deseabas. ¿No te importa, aunque muera muchísima gente?
—…Ya te dije que no me importa.
Mientras respondía, Junseong recordó el último de sus sueños.
El estabilizador del virus y los datos de investigación que Nam Gihyeok había llevado consigo.
Hasta hacía apenas unos momentos y también dentro de aquel último sueño, Junseong había creído que aquello era la “solución”.
Especialmente porque, en el sueño, justo después de escapar del laboratorio con aquella solución en sus manos, había muerto mordido por un zombi y el sueño se había cortado abruptamente, como si estuviera diciéndole que esa era la respuesta correcta.
Pero estaba equivocado.
Cuando los zombis atacaron el Segundo Laboratorio de Investigación en el sueño, Junseong logró escapar con la solución y el estabilizador del virus gracias a sus compañeros.
Sin embargo, justo antes de salir, había sido mordido ligeramente por un zombi.
Y mientras caminaba tambaleándose por el blanco pasillo sumido en la oscuridad, terminó desplomándose.
La linterna que dejó caer seguía iluminando, pero una membrana roja de sangre ya cubría completamente sus ojos, así que todo lo que veía era rojo.
Sintió cómo la sangre se acumulaba en su cabeza y cómo brotaba de su boca.
“Qué desperdicio. Esta vez también fallé.”
Mientras pensaba eso y se decía que en el siguiente sueño tendría que ser más cuidadoso incluso después de obtener la solución…
Tuvo la ilusión de que una parte de la pared del pasillo se movía.
La luz de la linterna apuntaba hacia otro lugar y, con aquella membrana roja cubriéndole los ojos, no podía ver claramente. Pero sí recordaba los pasos que escuchó después.
Definitivamente, no debía haber nadie más allí aparte de él.
Y, aun así, antes de cerrar los ojos, tuvo la extraña sensación de que el dueño de esos pasos lo estaba observando desde arriba.
Era un recuerdo al que nunca le había dado importancia. Pero ahora creía saber por fin quién era aquella mirada dentro de ese recuerdo.
Y también cuál era la verdadera “solución” que había puesto fin a su pesadilla.
Por la “solución” que finalmente había encontrado, tal y como la pesadilla tanto había deseado, Junseong eligió una opción que el él de los sueños jamás habría escogido.
Y probablemente también era la elección que aquella “solución” había tomado al regresar una vez más a este laboratorio. Porque, mientras eso siguiera existiendo, jamás podría ser verdaderamente libre.
La mano de Junseong seleccionó todos los archivos.
Y acto seguido presionó el botón de eliminación definitiva.
—Antes que dejar que te sacrifiques… que este maldito mundo se vaya al infierno.
Todos los archivos que llenaban la carpeta desaparecieron en un instante.
Tan limpia y completamente como si desde el principio nunca hubiera habido nada allí.
[Esta carpeta está vacía.]
A diferencia del mensaje mostrado en la carpeta, Do Hanseo sintió que algo llenaba hasta desbordarse el espacio vacío que siempre había existido dentro de su pecho.
Impresiones sobre el capítulo completo.
Aún no hay comentarios generales.
Conversaciones vinculadas a pasajes específicos.
Aún no hay comentarios vinculados.