Los movimientos, que claramente estaban siendo considerados de una manera impropia de Do Hanseo, de pronto se volvieron apresurados. El miembro que había estado ensanchando el agujero poco a poco, de repente empujó hacia dentro con fuerza.
—¡Aaagh…!
El grito brotó instintivamente. Ni siquiera tuvo tiempo de sentir el estremecimiento que provenía de la parte sensible en el interior. El impacto de aquel miembro caliente y duro como una roca golpeándole las entrañas de una sola vez, junto con el dolor ardiente del agujero forzado a abrirse más, le despejaron la mente de golpe.
—Ugh… ah…
Junseong, que apenas había logrado dejar escapar la respiración, se quedó sin aire y tragó bocanadas vacías mientras sus dos brazos, rodeando el cuello de Hanseo, temblaban.
Junseong no tuvo más remedio que admitirlo. Haber provocado a Do Hanseo había sido, sin duda alguna, un error.
Aquellos ojos ardientes, cada vez más desenfocados, lo presionaban justo delante de su rostro.
—Te dije que te relajaras.
—Mier…da… hhk… si eso… pudiera hacerse… como uno quiere… yo… hhng…
Era incapaz de hablar; incluso respirar era difícil para Junseong. Se encontraba en un estado, en donde ni siquiera podía controlar su respiración, así que, aunque quisiera relajar la parte de abajo, su cuerpo no obedecía.
Hanseo usando la punta de su lenga, le lamió junto al oído y susurró:
—A este paso me vas a cortar la polla.
La sensación suave que le hacía cosquillas en la oreja y el sonido húmedo de la saliva frotándose resultaban estimulantes.
Aunque Junseong dejaba escapar leves gemidos por culpa de Hanseo, que le lamía y chupaba la oreja como si fuera un helado, seguía sin poder relajarse. Más bien, cada vez que reaccionaba a la sensación que le cosquilleaba la oreja, el agujero y las paredes internas se estremecían y se apretaban, provocando un dolor punzante en ambos.
—Ugh… hhng… entonces que se corte…
El miembro de Hanseo, que se había quedado quieto, se estremeció mientras apartaba las paredes internas que estaban pegadas a él.
—¡Ahhk…! ¿¡Por qué se hace más grande…!?
—Ya que estamos haciéndolo, ¿quieres intentar apretar más? A este paso creo que de verdad se va a cortar.
—Maldito loco… ngh… estás demente… bastardo enfermo… ahh…
Junseong seguía llorando por el insoportable dolor que provenía de la parte baja del vientre y del agujero, así como por la presión que llenaba completamente su interior. Aunque no quisiera llorar, no podía detener las lágrimas que fluían por pura reacción fisiológica. Viéndolo, Do Hanseo, con el rostro ardiendo de ansiedad, se tragó varias maldiciones y le lamió cuidadosamente las lágrimas, como si fueran algo precioso.
Mientras tanto, Hanseo seguía acariciándole el miembro. El pene, que se había marchitado a medias por el dolor, fue recuperando poco a poco su dureza. Gracias a eso, Junseong pudo sentir, aunque fuera una ligera sensación placentera y cosquilleante en la parte baja, donde antes solo había dolor.
Hanseo, al notar que el agujero se había relajado un poco, aumentó el sonido de su respiración agitada mientras miraba a Junseong.
—¿Ya puedo moverme?
La mano que acariciaba el miembro de Junseong se volvió más insistente, y la punta ardiente de la lengua que le lamía las orejas y el contorno de los ojos hizo cosquillas por la fina piel de su cuello.
—No puedo aguantar más. ¿Puedo moverme ya? ¿Sí?
El miembro de Hanseo, que se retorcía poco a poco como si estuviera desesperado, empezó a salir lentamente. Junto con la sensación de que aparecía un poco de espacio dentro de aquel interior completamente lleno, las paredes internas entumecidas comenzaron a reclamar con un cosquilleo.
Sin siquiera haber recibido permiso, el miembro que se movía a su antojo terminó presionando con la punta la parte sensible que antes había aplastado con el tronco.
—¡Hah…!
Junseong, que apenas siquiera era capaz de hablar por estar ocupado tragando aire debido a los movimientos de Hanseo, reaccionó levantando la cintura bruscamente.
Para él, aquella sensación era tan impactante que hizo que olvidara instantáneamente el dolor persistente de abajo. Abrió mucho los ojos y terminó apretando con fuerza el agujero y las paredes internas.
Lo extraño era que, a diferencia de hacía un momento, cuando apretar le dolía, ahora incluso esa presión se sentía como una especie de placer.
Los ojos de Hanseo, que observaba atentamente la reacción de Junseong, se entrecerraron.
El miembro de Hanseo, que estaba saliendo, pinchó deliberadamente otra vez la zona de la próstata.
—¡Ah…!
Los ojos de Hanseo se volvieron aún más intensos al ver el gemido que escapó y cómo Junseong arqueaba la cintura.
Sacó el miembro hasta casi el borde del glande y volvió a pasar presionando con fuerza ese mismo lugar, haciendo que la cabeza de Junseong se echara hacia atrás mientras soltaba un gemido similar a un grito.
—¡Aah…!
El miembro caliente que había irrumpido a la fuerza en aquel pequeño agujero y separado las suaves paredes internas llenó completamente el espacio interior sin dejar huecos. Junto con una presión sofocante, la sensación de aplastar sin piedad cada célula de las paredes internas se transformó en un placer extraño.
Cuando el miembro que llenaba el interior se deslizó hacia afuera, las paredes internas, que habían permanecido abiertas hasta entonces, se retorcieron reclamando aquel vacío. Las paredes, pegándose como si quisieran impedir que el miembro que aún quedaba dentro se fuera, comenzaron instintivamente a acariciarlo, ansiando la sensación de presión de hacía un momento.
Y Junseong no era el único sintiendo aquel placer extraño provocado por las contracciones interiores.
—Hah…
Las calientes paredes internas que se pegaban rítmicamente como si masajearan aquel miembro duro; los evidentes espasmos transmitidos a través del lugar donde estaban unidos; los gemidos que se elevaban hasta poner la piel de gallina; y el calor que se extendía claramente por toda la piel blanca.
Hanseo sintió cómo el aire se le acumulaba hasta la garganta mientras contemplaba a Junseong iluminado por la tenue luz. Quizás por el calor que lo había invadido, parecía como si tuviera un extraño filtro sobre los ojos.
Excitado, Hanseo soltó una maldición junto con su respiración caliente y comenzó a mover la parte baja.
¡Paf!, el sonido de carne chocando contra carne resonó con fuerza. Como la habitación apenas tenía muebles, el ruido se expandió todavía más.
En cuanto golpeó el interior con fuerza, la cintura y el pecho de Junseong se levantaron y un gemido imposible de contener escapó de él. Cuando la presión volvió a llenar el lugar del miembro que había salido, las paredes internas temblaron de placer y se contrajeron rápidamente. Por culpa de ello, incluso la próstata, fuertemente aplastada, se frotó contra el duro tronco y transmitió un placer punzante.
Se retiró rápidamente y volvió a golpear el interior todavía más rápido. La sensación de aquel miembro largo y grueso golpeándole las entrañas propagó un leve dolor junto con un placer inmenso.
—Uh… aaah… ¡Ah…!
Cuando empezó a golpear el interior con violencia y rapidez, Junseong abrió mucho los ojos y dejó escapar gemidos. La fricción húmeda provocada al rozar rápidamente las paredes internas trajo consigo un cosquilleo de placer. Era una sensación tan intensa que iba más allá de sentirse bien; un placer vertiginoso que parecía arrebatarle la razón, haciendo que Junseong gritara como asustado.
—Espera… ah… ¡Más despacio…! Ngh… haa…!
—¿Más despacio, joder?
Hanseo, mirando el rostro de Junseong, incapaz siquiera de sostener bien el cuerpo por el placer rápido e interminable que explotaba sin cesar, frunció el rostro. A diferencia de lo que Junseong pedía, sus movimientos se volvieron aún más violentos y rápidos.
—¿Qué tan más despacio quieres que vaya? ¿Quieres que me muera?
Aunque cualquiera diría que se estaba moviendo a una velocidad brutal, Hanseo estaba conteniéndose a su manera. Incluso en aquel momento, con la razón casi desaparecida, seguía regulando sus embestidas para no destrozar a Junseong. Si fuera más lento que eso, sentía que terminaría explotando de frustración y aplastando hasta el último hilo de cordura que aún le quedaba.
Sin saber que él se estaba controlando porque temía que, si lo asustaba demasiado, jamás volvería a dejarle entrar, Junseong seguía llorando y suplicando que fuera más despacio.
—¡Ah…! Ngh, hhk… ¡Demasiado rápido…! Ngh… ¡Más… des… pacio… ahh…!
El desconocido placer, la presión abrumadora, el insoportable cosquilleo interior y el orgasmo que subía inevitablemente hicieron que los gemidos de Junseong fueran cada vez más altos.
Mientras observaba el cuerpo de Junseong, que se sacudía impotente con cada embestida, Hanseo bajó el rostro hacia su pecho.
—¡Hah…!
Junseong soltó un grito de dolor al sentir una punzada tan fuerte en el pecho que parecía despejarle la vista.
—Ngh… ¿Eres un perro de mierda…? Hng…!
Hanseo, que había dejado una clara marca de dientes alrededor del pezón enrojecido e hinchado, pasó la punta de la lengua sobre aquella línea. Cada vez que su lengua suave rozaba la mordida, el escozor punzante regresaba convertido en placer. Los brazos de Junseong, rodeando el cuello de Hanseo, temblaban de forma lamentable.
El pezón, aún más caliente y congestionado por la marca de dientes, terminó entrando por completo en la boca de Hanseo.
—¡Hah…!
Cuando lo chupó con fuerza mientras lamía la punta del pezón, el modo en que se apretaron las paredes internas cambió de inmediato. La sensación de que se contraían rápidamente, como si propagaran electricidad, estimuló sin descanso tanto la razón como el instinto de Hanseo. Definitivamente, hacer esto despacio era imposible.
Aunque Junseong sentía miedo ante el frenesí de Hanseo, que parecía dispuesto a devorarle todo el cuerpo o atravesarlo hasta matarlo, no podía hacer otra cosa más que temblar y gemir por el placer que se extendía por todo su cuerpo.
Con solo que el aliento caliente de Hanseo rozara su piel, ya se le escapaban gemidos. Y junto con el pensamiento de que un cuerpo humano podía volverse tan sensible, apareció el miedo.
Pero lo más aterrador eran los ojos de Do Hanseo, completamente fuera de sí.
«Siento que me va a devorar.»
Aunque quien en realidad estaba tragándose poco a poco el miembro de Hanseo era su propio agujero inferior, Junseong tenía la sensación contraria: que era él quien iba a terminar devorado vivo por aquel hombre. Tanto así que los ojos de Do Hanseo estaban claramente fuera de juicio.
—Haa… Kang Junseong…
Cada vez que su nombre salía de los labios de Hanseo de manera tan obscena, Junseong terminaba enterrando aquel sonido bajo gemidos. Aunque solo estuviera pronunciando su nombre, resultaba extrañamente estimulante.
—Junseong… me gusta demasiado.
La voz grave impregnada de calor le gruñó junto al oído mientras le hacía cosquillas. Embriagado por el calor que su cuerpo sensibilizado absorbía, Junseong siguió gimiendo sin parar cada vez que era embestido y sacudido de un lado a otro.
—Hng… ugh… ¡Ahhk!
Tembló entre el miedo de sentir que iba a ser atravesado por aquellos movimientos aterradores que golpeaban el interior sin piedad, y un placer tan intenso que superaba incluso ese temor.
Los estímulos acumulados en tan poco tiempo ya habían dejado completamente erecto el miembro de Junseong, que ya había eyaculado una vez, y además lo llevaron otra vez al borde del orgasmo.
Justo cuando pensaba que estaba a punto de correrse, la mano de Hanseo, que hasta entonces había estado embistiéndolo mientras le acariciaba el miembro, lo sujetó con fuerza.
—¿Uh…?!
—Todavía… espera… —Los labios de Hanseo, cargados de respiraciones agitadas, besaron las esquinas húmedas de sus ojos—. Vamos a corrernos juntos.
—Hhk… ¿Por qué tiene que ser así…? ¡Haaah…!
Para Junseong aquello era incomprensible, pero Hanseo era obstinado. Incluso presionó con el pulgar la uretra de Junseong para impedirle correrse.
—Suéltame… ¡Ah… hng, ngh…!
—Solo un poco… un poco más.
La voz grave de Hanseo lo atormentaba.
—¡Do Han… seo…! Ngh…!
Con el rostro casi lloroso, Junseong pronunció el nombre de Hanseo mientras se frotaba contra su cuello. Era demasiado difícil soportar el placer que seguía llegando sin obstáculos y la sensación de orgasmo completamente acumulada hasta el límite. Así que aquella súplica había salido de él casi por instinto, pero parecía haber actuado como una especie de interruptor para Hanseo.
—Hah, Kang Junseong… ¡joder…!
Hanseo soltó aquella maldición cargada de fuerza y empezó a golpear el interior aún más rápido y con más violencia que antes.
—¡Aah…!
La sensación de cómo golpeaba y frotaba sin piedad las delicadas paredes internas hizo que Junseong separara las piernas y temblara violentamente. Justo cuando pensó que iba a morir si seguía siendo penetrado así, el miembro que golpeaba el interior se estremeció con fuerza.
La sensación del orgasmo reprimido a la fuerza explotando de golpe le nubló la vista al instante.
—¡Uh… aaahhh…!
Lanzando un gemido teñido completamente de placer, Junseong experimentó un extraño fenómeno: aunque tenía los ojos abiertos, no podía ver absolutamente nada. Luego, en aquella oscuridad total, comenzaron a estallar aquí y allá luces blancas como destellos, y masas difusas de luz cubrieron su visión antes de dispersarse.
Mientras Junseong se estremecía con el cuerpo rígido por el violento orgasmo, Hanseo, que había llenado por completo el condón, reguló su respiración agitada y dejó escapar unas palabras completamente desquiciadas.
—¿Podemos hacerlo una vez más así?
—Hhk… este… bastardo… de verdad está loco…
Las palabras de Hanseo hicieron que Junseong recuperara el sentido de golpe. Cubriéndose el rostro lloroso con ambas manos, soltó una maldición.
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