—Kang Junseong, tenemos que hablar. —Daeuk, con una mirada llena de cautela, fulminó a Hanseo con los ojos mientras hablaba—. Normalmente no me meto a controlar este tipo de cosas, pero…
—Entonces sigue sin meterte. —Hanseo respondió curvando ligeramente los ojos, como si aquello le resultara ridículo—. Las decisiones las toma cada persona por sí misma. ¿No es así?
—La cosa cambia si esa decisión fue tomada bajo presión.
—¿Presión…?
Los ojos de Hanseo, que ya eran fríos de por sí, se cubrieron de un hielo aún más intenso. Al apartarse de Daeuk, el cuchillo plegable que había escondido en su bolsillo sin que Junseong alcanzara a verlo volvió a deslizarse perfectamente a su mano.
—¿Presión? ¿De qué demonios estás hablando?
Sin comprender el contexto de la conversación, Junseong mostró una expresión de desconcierto mientras intentaba sujetar a Daeuk por el hombro. En ese instante, un fuerte mareo le hizo sentir como si todo girara frente a sus ojos, y su cuerpo se tambaleó.
—¡Oye, ¿estás bien?!
—¡Oppa!
Al ver que las piernas de Junseong cedían, Daeuk y Chaeyi extendieron las manos apresuradamente mientras gritaban, pero Do Hanseo fue más rápido que ambos.
Desde detrás de Junseong, lo rodeó por la cintura con un brazo y lo atrajo hacia sí, abrazándolo contra su pecho. La gélida aura que parecía querer atravesar a todos a su alrededor desapareció al instante.
Apoyado por completo contra el cuerpo de Hanseo, Junseong sacudió la cabeza un par de veces, como si intentara despejarse.
—Perdón… Es que ayer casi no dormí…
—Aunque fuera a la fuerza, debiste dormir. Siempre reaccionas así cuando te falta sueño, oppa.
Chaeyi lo observó con preocupación al recordar las veces en que Junseong había perdido el equilibrio por falta de sueño. Incapaz de decirle: ‘No dormí porque estaba preocupado por ti’; Junseong solo pudo sonreír con amargura.
Chaeyi estaba a punto de regañarlo un poco más cuando levantó la vista y vio a Hanseo apoyando con total naturalidad la mano sobre la frente de Junseong. Su expresión se volvió de inmediato de desconcierto. La calidez de la mirada con la que contemplaba a Junseong no tenía absolutamente nada que ver con la que había dirigido hacia ella.
—También tienes fiebre. Dejemos la conversación para después. Ahora mismo lo mejor sería que descansaras.
—Pero…
—Hazme caso.
Habían comprobado con sus propios ojos que todos estaban a salvo, y tras superar aquella gran crisis, toda la tensión acumulada desapareció de golpe.
Por culpa de eso, el cuerpo que había estado resistiendo hasta entonces comenzaba finalmente a llegar a su límite.
Hanseo contempló con ternura a Junseong, que obedientemente dejaba que su mano descansara sobre su frente. Luego, su expresión volvió a cambiar. La fría mirada, que ya no tenía nada que ver con la de hacía un momento, se dirigió hacia Daeuk y Chaeyi, quienes seguían vigilándolo con desconfianza.
—Si tienen algo que decir, háganlo mañana. Como pueden ver, quiero que duerma un poco.
A Daeuk no le gustó en absoluto la actitud casi paternal de Hanseo, así que tiró del brazo de Junseong.
—Ven a dormir conmigo a mi habitación.
Los ojos de Hanseo se alzaron peligrosamente. Sujetó la muñeca de Daeuk con tanta fuerza que parecía dispuesto a rompérsela.
—¿Quién te dio permiso?
—¡Ugh, tú…!
De la boca de Daeuk escapó un gemido, acompañado por el rechinar de sus dientes.
«¿Por qué demonios tiene tanta fuerza ese tipo?»
Sintió como si su muñeca fuera a romperse y arrancarse de cuajo. Aun así, Daeuk no soltó el brazo de Junseong. Le preocupaba demasiado dejarlo en manos de un tipo tan peligroso.
Junseong, atrapado entre las miradas ardientes de ambos, intervino con una expresión de fastidio.
—¿No pueden parar los dos?
Apartó la mano de Daeuk que sujetaba su brazo. Aquella mano que ni siquiera se había movido cuando Hanseo intentó quitársela, ahora se soltó dócilmente.
—Si yo también voy, seremos tres en tu habitación. ¿Qué? ¿Vamos a dormir tres hombres abrazados en la misma cama?
—Entonces que uno se venga aquí.
—Claro, seguro que alguien va a aceptar después de ver la mirada de este.
Junseong sabía perfectamente que había algo raro en la mirada de Do Hanseo.
Con los compañeros de siempre era relativamente indulgente, pero con cualquier otra persona irradiaba un frío tan evidente que era imposible que alguien quisiera compartir habitación con él.
Daeuk retiró de un tirón la muñeca que Hanseo seguía sujetando y le lanzó una mirada de descontento. Junseong lo observó y dejó escapar un breve suspiro, con el rostro agotado.
—De verdad me estoy muriendo de sueño. Tengo que descansar. Hablemos mañana.
—… ¿De verdad vas a estar bien?
Daeuk preguntó sin dejar de mirar a Hanseo con preocupación y cautela. Junseong apoyó una mano sobre su hombro y sonrió levemente.
—Al fin y al cabo, el único que puede controlarlo soy yo. Me preocupa más dejarlo solo.
Al oír aquello, Daeuk cerró la boca con fuerza, fulminó a Hanseo con la mirada una última vez y finalmente salió hacia la entrada junto con Chaeyi.
En cuanto la puerta se cerró tras ellos, llevándose consigo esas miradas cargadas de preocupación y desconfianza, el ambiente tenso que quedaba en la habitación se calmó enseguida.
Hanseo bajó la vista hacia Junseong, que seguía apoyado contra él, y levantó ligeramente las comisuras de los labios.
Por alguna razón, sintió como si hubiera derrotado de una sola vez a Jang Daeuk y Kang Chaeyi. Y, para su sorpresa, aquella emoción tan infantil le resultó bastante agradable.
—Haah…
Junseong soltó un largo suspiro y cerró los ojos. Hanseo lo tomó en brazos y lo sentó en el sofá.
Junseong, completamente lánguido, como si ya no le quedaran fuerzas para moverse, solo observó en silencio cómo Hanseo se arrodillaba frente a él y le quitaba los calcetines.
—¿Vas a dormir directamente?
—No, tengo que bañarme. Ya que por fin hay una bañera, quiero aprovechar para relajarme y bañarme con tranquilidad ahora que puedo…
Mientras estaban Chaeyi y Daeuk, su voz había sonado relativamente clara, pero ahora dejaba escapar un tono completamente adormecido, impregnado de cansancio.
Había aguantado hasta ese momento y ya no necesitaba aparentar estar despierto y alerta delante de nadie, así que terminó relajándose por completo.
Hanseo dobló cuidadosamente los calcetines de Junseong y los dejó sobre la mesa. Luego lo abrazó para quitarle también el abrigo y, acto seguido, llevó las manos hasta su camisa.
—¿Quieres que te bañe yo?
Cuando ya había desabrochado el tercer botón, Junseong le sujetó la mano y la detuvo.
—No. Contigo siento que terminaría bañándome todo el día.
—Te das cuenta rápido.
—Hay que tener un mínimo de intuición.
Junseong soltó una pequeña risa mientras respondía en tono juguetón y empezó a desabrocharse la ropa él mismo.
Por un instante, Hanseo mostró una expresión de decepción, pero al ver a Junseong desnudándose frente a él con ese aire somnoliento, parecía que aquello también le agradaba bastante.
Tras quitarse la camisa, Junseong dejó al descubierto la blanca piel de la parte superior de su cuerpo y, vistiendo solo el pantalón, entró en el baño.
Naturalmente, Hanseo fue tras él, pero Junseong no olvidó lanzarle una mirada tajante advirtiéndole que no entrara.
¿Cuánto tiempo habría pasado desde que comenzó a oírse el sonido del agua?
El agua dejó de correr y se escucharon unas cuantas salpicaduras antes de que todo quedara en silencio.
Después de eso, durante varios minutos no volvió a oírse absolutamente nada.
Apoyado contra la pared junto al baño, esperando a que Junseong saliera, Hanseo se dio cuenta de repente de que había pasado demasiado tiempo.
Por lo que Junseong había dicho sobre la bañera, parecía que pensaba quedarse un rato sumergido para aliviar el cansancio, pero, aun así, que no se oyera ni un solo sonido durante más de veinte minutos era claramente extraño.
Hanseo estuvo a punto de abrir de golpe la puerta de cristal translúcido del baño, pero vaciló un instante y llamó suavemente.
—Kang Junseong.
La puerta de cristal no aislaba bien el sonido, así que tanto los golpes como su voz debían haberse oído perfectamente desde dentro.
Aun así, no obtuvo respuesta.
Llamó una vez más.
Lo mismo.
Solo entonces empujó la endeble puerta de cristal, que ni siquiera tenía cerradura, y entró.
El cálido vapor que llenaba el baño envolvió el rostro frío de Hanseo.
Avanzó entre la niebla hasta que vio el rostro de Junseong asomando por fuera de la amplia bañera redonda.
Embriagado por el agua caliente que llenaba la bañera, el rostro de Junseong estaba agradablemente sonrojado.
Lo primero que captó su atención fue la redondeada frente completamente despejada y las delicadas cejas, resaltadas porque se había echado el cabello hacia atrás.
Las largas pestañas negras que sobresalían de sus párpados cerrados brillaban húmedas al impregnarse del vapor y, debajo de ellas, sus pómulos enrojecidos, como frutas maduras, parecían sorprendentemente apetecibles.
Cuando su mirada llegó hasta aquellos labios rojos que dejaban escapar una respiración apenas perceptible, Hanseo ya se había quitado la chaqueta y la había arrojado a un lado.
—Mmh…
Percibiendo la presencia de Hanseo, Junseong tembló ligeramente de los párpados y abrió lentamente los ojos.
Como aún no enfocaba bien, parpadeó varias veces. Frente a él estaba Do Hanseo; ya estaba con el torso desnudo.
—¿Qué…? ¿Me quedé dormido?
Mientras se frotaba los ojos con la mano húmeda, levantó la vista al oír un chapoteo.
Si alguna vez hicieran un concurso para ver quién se quitaba la ropa más rápido, aquel desgraciado seguramente ganaría el primer lugar sin discusión. En un abrir y cerrar de ojos ya se había desnudado y ahora estaba metiendo un pie dentro de la bañera.
Aunque fuera un motel, la bañera de la suite era lo bastante grande para que dos personas pudieran entrar sin sentirse apretadas. No rebosaba el agua ni resultaba estrecha.
Más aturdido de lo normal por el cansancio, Junseong parpadeó lentamente.
—¿Vas a bañarte? Yo ya iba a salir, así que tira esta agua y vuelve a llenarla…
—No hace falta.
Hanseo interrumpió sus palabras mientras inclinaba el cuerpo sobre él, como si fuera a montarse encima.
A pesar de que había espacio suficiente para sentarse a un lado, Hanseo lo encerró entre ambos brazos como si fuera a abalanzarse sobre él, dejando escapar una respiración algo más agitada.
—Mierda, ¿por qué iba a tirarla? ¿Sabes quién se bañó en esta agua? Sería un desperdicio.
Junseong, que lo observaba desde abajo, sintió que el sueño se le quitaba de golpe.
Acababa de darse cuenta de qué era aquella dureza que se había apoyado contra su abdomen como si lo estuviera pinchando.
«¿Y a este cabrón qué le pasa ahora? ¿Por qué otra vez está caliente y haciendo este puto escándalo?»
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