Una vez que terminaron de trazar la ruta concreta por la que se movería el equipo del autobús, el grupo, que había pasado más tiempo del esperado en la habitación de Junseong, por fin se levantó.
Aunque todos seguían mostrando expresiones de incertidumbre, nadie se opuso a lo que Junseong había dicho.
Por el momento, el método y la ruta que él había explicado parecían ser la opción más segura y, sobre todo, todos habían terminado comprendiendo por qué Junseong debía moverse únicamente con Hanseo.
Aun así, Daeuk seguía sujetando el brazo de Junseong mientras le preguntaba una y otra vez si de verdad estaría bien. Comprender el motivo por el que el grupo debía dividirse y el plan que Junseong tenía en mente era una cosa; pero, para él, Do Hanseo seguía siendo una persona tan peligrosa como Nam Gihyeok.
—¿Por lo menos no puedo ir contigo? Haré exactamente todo lo que me digas.
Jang Daeuk era alguien que, sin duda, resultaría de gran ayuda.
Lo conocía bien, no solo por los sueños, sino porque habían trabajado juntos durante mucho tiempo en el equipo profesional. Su habilidad para fabricar trampas y su extraordinaria capacidad de improvisación superaban con creces las de cualquiera de los presentes.
Si Daeuk estuviera con él, aunque Nam Gihyeok apareciera de repente o hubiera sembrado el camino de trampas como un campo minado, no habría nada que temer.
Claro, eso era suponiendo que Junseong no hubiera visto, una y otra vez en sus sueños, a Daeuk morir a manos de Nam Gihyeok.
Con una expresión amarga, negó con la cabeza.
—Lo siento.
La razón por la que Daeuk había muerto era clara.
Porque era alguien que conocía la existencia de sus sueños.
Desde el primer día en que empezó a soñar, cada vez que una ruta quedaba bloqueada, llamaba por teléfono a Daeuk. Pensaban juntos cómo abrir ese camino o crear una ruta nueva, cómo fabricar una armadura improvisada para proteger su cuerpo o alguna trampa útil. En ocasiones, incluso aparecía cargando objetos de supervivencia que había inventado él mismo, junto con pollo frito, y se los presentaba con un entusiasmo desbordante.
Quizá por eso.
El Jang Daeuk que se encontraba en mitad de aquellas pesadillas siempre conocía los sueños de Junseong.
—Así que este era el sueño del que hablabas.
—Entonces, ¿estoy dentro de tu sueño… o esto es la realidad?
Lo preguntaba con una sonrisa tan luminosa que parecía no tener preocupaciones. Pero Junseong nunca fue capaz de darle una respuesta definitiva.
Los gritos de Daeuk mientras moría a manos de Nam Gihyeok dentro del sueño eran demasiado reales.
Por eso hubo momentos en los que se sintió confundido.
Hubo ocasiones en las que ni siquiera él podía asegurar si aquello era realmente un sueño o la realidad.
Pero ahora sí podía afirmarlo.
Esto era la realidad.
—No puedes venir conmigo.
Ya que Daeuk había conseguido superar aquel momento crítico por sus propios medios, esta vez no pensaba permitir que muriera.
Había oído que Nam Gihyeok había ido a amenazar al grupo de supervivientes liderado por Daeuk con la intención de capturar a Chaeyi.
También había oído que los cinco visores nocturnos que Daeuk había conseguido fueron arrebatados tras someter a los hombres que habían enviado contra él.
En el instante en que escuchó aquello, Junseong se mordió con fuerza el labio inferior mientras contenía un gemido.
Nam Gihyeok sabía que Chaeyi estaba con Daeuk.
Ya fuera porque había encontrado esa información siguiendo las distintas rutas de los sueños, o porque había descubierto que Chaeyi ya no estaba en el refugio del metro y dedujo sus movimientos.
Pero el objetivo de Nam Gihyeok no era únicamente Kang Chaeyi. También era la muerte de Jang Daeuk.
Nam Gihyeok seguramente quería que Chaeyi presenciara esa escena con sus propios ojos. Para que fuera ella quien le contara con todo detalle a su hermano mayor, Kang Junseong, cómo había ocurrido.
«Menos mal que Nam Gihyeok subestimó a Daeuk.»
En realidad, entre los hombres que Nam Gihyeok había enviado había incluso algunos armados con pistolas, así que, estrictamente hablando, no podía decirse que lo hubieran subestimado. Pero, fuera como fuese, no lograron lanzar ni un solo ataque antes de ser reducidos por Daeuk.
No quería volver a poner en peligro a alguien que había logrado sobrevivir.
En un mundo como aquel, aparte de Do Hanseo, ¿quién podía decirse que no fuera peligroso?
Aun así, al menos quería mantener a Daeuk alejado de la obsesiva persecución de Nam Gihyeok.
Todavía no podía asegurar que Nam Gihyeok hubiera dejado por completo de amenazar a sus enemigos sacrificando a sus propios subordinados, como si se amputara sus propias manos y pies. Pero, al menos, no le resultaría fácil atacar a un grupo lo bastante numeroso como para llenar un autobús entero.
—Necesito que seas el líder del equipo del autobús. No hay nadie más.
Se sentía mal por Daeuk, pero debía ponerlo en el equipo del autobús, aunque para ello tuviera que cargarlo con una enorme responsabilidad. Y, además, la persona más adecuada para dirigir a toda esa gente era precisamente él.
—¿Por qué yo? El señor Dujae o Changmin lo harían mejor que yo.
—Hay mucha más gente que confía en ti y te sigue. Incluso para evitar conflictos, es mejor que el líder seas tú.
—¿Solo por eso? —Daeuk todavía no parecía convencido.
Si el único motivo era la cantidad de personas que lo seguían, estaba dispuesto a convencerlas para que aceptaran a otra persona. Como si ya hubiera esperado esa reacción, Junseong añadió una razón todavía más convincente.
—Hay muchas personas que conocen mis sueños, pero nadie, aparte de ti, conoce tantas rutas.
—Oye… ¿Te crees que tengo tu memoria? Eso lo olvidé hace muchísimo.
—Puede que ahora no lo recuerdes, pero cuando la situación se pone realmente peligrosa, eres capaz de recordarlo incluso mejor que yo. ¿Acaso no conozco cuál es tu especialidad?
La repentina carga de responsabilidad hizo que la expresión de Daeuk se volviera complicada.
Junseong le dio unas palmadas en la espalda.
—Y aunque de verdad lo hubieras olvidado todo, tampoco importa. Los seres humanos, al fin y al cabo, somos animales guiados por el instinto. Tu instinto se encargará de resolverlo.
—Cualquiera que te oyera pensaría que soy una bestia.
Esbozando una leve sonrisa, Daeuk dirigió una mirada penetrante al hombre que permanecía de pie detrás de Junseong como si fuera su sombra.
—…Sabes lo peligrosa que puede ser una bestia de verdad, ¿no? Ten cuidado.
Aunque sus palabras iban dirigidas a Junseong, sus ojos seguían clavados en la sombra que permanecía tras él. Parecía que Daeuk realmente no soportaba a Do Hanseo.
—Te digo que no tienes de qué preocuparte. —Junseong lanzó una rápida mirada por encima del hombro hacia Hanseo—. ¿No lo ves? A esta bestia ya le pusieron una correa al cuello.
Mientras observaba a Junseong bromear, las comisuras de la boca de la bestia se elevaron con elegancia.
En cambio, la sonrisa de Daeuk se torció de una manera extraña.
—Uff… Está bien, está bien. —Como si finalmente se hubiera rendido, levantó ambas manos con una sonrisa amarga—. Que te devore o no, ya no es asunto mío. He hecho todo lo que podía.
Incluso su espalda, mientras se alejaba, parecía estar soltando un suspiro.
—Cuando Chaeyi se entere de esto, probablemente venga a darte una paliza. Ve entrenando esos abdominales.
—…Sí.
Daeuk lo había dicho como una broma, pero sonaba sorprendentemente creíble.
Recordaba haber oído vagamente que, por alguna razón, Kang Chaeyi se había enfurecido tanto que había golpeado sin piedad el saco de boxeo del gimnasio de la universidad como si fuera una boxeadora profesional.
Y quien le había contado aquella historia era precisamente el mismo Jang Daeuk que tenía delante.
Solo de recordarlo, Junseong sintió una extraña tensión.
Mientras, casi sin darse cuenta, se acariciaba el abdomen, Daeuk consoló a varios miembros del grupo que todavía dudaban y salió de la habitación con ellos.
El único que avanzaba unos pasos para luego detenerse una y otra vez era Hwang Gyeongoh.
Abría la boca repetidamente como si quisiera decir algo, pero al final siempre terminaba bajando la cabeza.
«¿Eh? El cuello del señor Gyeongoh…»
Con la cabeza erguida, no lo había notado porque el cuello de su chaqueta estaba levantado. Pero al agachar la cabeza pudo ver por fin que llevaba una venda alrededor del cuello.
Como Changmin todavía tenía las vendas de emergencia que Junseong le había dado tiempo atrás, no resultaba extraño que Gyeongoh, ahora que compartían habitación, las estuviera utilizando.
«¿Se habrá herido ayer mientras escapaban del hospital?»
Habían tenido que huir apresuradamente en medio de una situación desesperada, así que no era raro que hubiera resultado herido.
En cuanto Gyeongoh salió el último de la habitación, unos brazos lo abrazaron con fuerza, como si hubieran estado esperando ese momento.
—Ahora ya prácticamente estás diciendo que soy tuyo.
El aliento de Hanseo acarició el cuello vendado de Junseong.
—A ti te gustan este tipo de cosas.
Apartando la mirada, Junseong respondió con descaro. Los labios apoyados sobre su cuello dejaron escapar una suave risa.
—¿Me estás adiestrando?
—¿Por qué? ¿Te molesta?
—No. Para nada.
Entre los labios que recorrían lentamente la superficie de la venda, como si la acariciaran, asomó una larga lengua roja.
El sonido de la lengua rozando la venda resonó con especial claridad.
—Hazlo más, amo.
—Dependerá de cómo te portes.
Junseong le dio un ligero golpecito y apartó los brazos que lo sujetaban.
Hanseo obedeció sin resistencia y comenzó a seguirlo por detrás.
Al abrir la puerta y salir, vieron a una persona que caminaba hacia ellos a grandes zancadas desde el extremo del pasillo.
—Kang Junseong, tenemos que hablar.
Era Im Yuseul.
Al parecer había venido porque no podía aceptar que todos fueran a dirigirse al refugio para abandonar la ciudad de Inhan.
Para ella, lo más importante era encontrar a su hermano menor, retenido por Nam Gihyeok, así que la idea de abandonar la ciudad por un motivo aparentemente ajeno a eso la había desesperado.
—No puedo irme si no salgo junto con mi hermano. Aunque tenga que hacerlo sola, iré a buscar a Nam Gihyeok.
—¿Y sabe dónde está Nam Gihyeok?
Yuseul frunció el ceño y respondió apretando los dientes.
—No. Pero lo encontraré, cueste lo que cueste.
—Entiendo cómo se siente, pero por ahora muévase junto con los demás.
—¡¿Qué vas a entender tú?! ¡A ti te da igual lo que les pase a los rehenes!
—Sí.
La mirada fría de Junseong y sus palabras, afiladas como carámbanos, se dirigieron directamente hacia Yuseul.
Sus ojos temblaron.
—… ¿Qué?
—He dicho que me dan igual unos simples rehenes.
—¡¿C-cómo puedes decir algo así…?!
El rostro de Yuseul, lleno de ira, se enrojeció por completo. Como si fuera incapaz de sentir la menor emoción, Junseong clavó sus palabras en ella.
—¿Y qué piensa hacer si, por intentar salvar a unos rehenes que ni siquiera conocemos, termina poniendo en peligro a mi gente? ¿Va a asumir usted esa responsabilidad?
—¿Responsabilidad…?
La intensidad de Junseong obligó a Yuseul a retroceder un paso. Entonces él dio un paso al frente y le susurró:
—Si mi gente muere… ¿Cómo piensa hacerse responsable de eso, hermana?
Un aire gélido, propio del más crudo invierno, pareció caer sin piedad sobre Yuseul.
Los ojos de Junseong, serenos y hundidos en un silencio absoluto, nunca le habían parecido tan aterradores como en ese momento.
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