Media hora después…
—¿Qué nota sacaste en la sección de inglés del examen de ingreso a la universidad? —Xu Shu preguntó con un desprecio que no intentaba ocultar—. Son palabras muy comunes, y ni siquiera las conoces
Lu Jingxian observó términos como “Exhibition” y “Anxiety disorder”.
—¿Qué tienen de común? Además, soy estudiante de ciencias.
—Cada año participo en algunas conferencias chino-extranjeras, será mejor que mejores ese inglés tan pobre, “chico de ciencias”—. A Xu Shu se le ocurrió algo—. He visto el expediente de Xu Lingzong, su inglés era muy bueno y, en su momento, fue el mejor de toda la provincia en esa materia en el examen de ingreso a la universidad.
—¿Y eso qué tiene que ver conmigo? —dijo Lu Jingxian con indiferencia.
La voz de Xu Shu se volvió más suave y pausada.
—Quizás… tú también tengas ese talento.
—¿Cómo podría ser? —Lu Jingxian se desperezó, estar tanto tiempo agachado le había dejado los músculos de hombros y espalda agarrotados. Pero calculó mal la longitud de sus brazos, y cuando abrió el brazo izquierdo, rozó la espalda de Xu Shu. Las suaves puntas de su cabello le acariciaron la palma de la mano, provocándole una sensación de cosquilleo ambigua y extraña.
Sus dedos engancharon un mechón y lo acariciaron suavemente, la textura era como la mejor seda. Lu Jingxian se quedó atónito, ¿cómo podía ser tan suave? Dicen que cuanto más suave es el cabello, mejor es el carácter, pero con esta persona, no había manera.
En la puerta de la oficina apareció un hombre de mediana edad, Xu Shu se levantó y sintió un leve tirón en el cuero cabelludo. Bajó la cabeza instintivamente y Lu Jingxian retiró el brazo rápidamente, con expresión inocente.
—¡Cof, cof!
El hombre tosió con fuerza dos veces. Estos dos jóvenes se atrevían a intercambiar miradas amorosas justo delante de sus narices.
Xu Shu tomó una cinta de cuero, se recogió el pelo sin cuidado, y salió de detrás de la mesa.
—Director Zhang, por aquí.
El recién llegado era el director de la Administración de Sustitución Legal, Zhang Guowei. Últimamente, había estado en la capital asistiendo a una conferencia, pero cuando escuchó que Xu Shu había contratado a un asistente, le pareció raro y extraño. Por teléfono, Xu Shu no quiso dar explicaciones. Así que hoy, nada más volver a Jiangzhou, se había apresurado a volver a la Administración para verlo.
Y lo que vio fue increíble. Nada más llegar a la puerta, vio a los dos sentados juntos. El joven de la izquierda, con un brazo “rodeando” a Xu Shu, lo miraba con atención y cariño. Y Xu Shu, que normalmente era como un erizo, si un desconocido se acercaba a menos de un metro estaba muerto, en ese momento no decía nada, con los ojos bajos sobre el papel, parecía a la vez tímido y encantado.
En ese momento, el corazón de Zhang Guowei se quedó helado. Se acabó, lo que decía el viejo Sun era verdad. ¡Xu Shu trajo a su novio a la oficina!
Sobre todo cuando Xu Shu, que ya se había dado cuenta de que él estaba en la puerta, se levantó y aún así se volvió a mirar al chico, con una mirada llena de ternura. Y el chico también levantó la mano, como si quisiera agarrarle del brazo. Los dos, sin importarles nada, delante del director, se mostraban su amor.
Zhang Guowei se quedó sin respiración y se sentó en el sofá con desparpajo. Lu Jingxian, que veía al gran jefe por primera vez, le preparó un té de dragón con esmero y esbozó una sonrisa radiante.
—Director Zhang, para usted.
Hum, aún no había evaluado a este, y ya quería que beba el té del suegro?
Zhang Guowei dejó la taza de té sobre la mesa con un ruido sordo.
—¿Eres Lu Jingxian?
—Sí.
—¿Cuánto tiempo conoces a A-Shu?
—Seis días.
—¡¿Qué?! —Zhang Guowei estuvo a punto de saltar y miró a Xu Shu—. ¿Y te decidiste en menos de una semana?
Xu Shu asintió.
—Sí.
Zhang Guowei, con el corazón apesadumbrado, le temblaron los dedos un buen rato. Contuvo su mal genio a duras penas.
—Vamos, dime qué es lo que te atrae de él.
Xu Shu también se quedó desconcertado un momento, era solo un asistente, ¿por qué se emocionaba tanto el viejo Zhang?
La única razón que se le ocurría era no habérselo consultado antes. Ese viejo director estaba acostumbrado a dominarlo todo, el siguiente paso sería cambiarle de asistente.
Así que Xu Shu se tomó la molestia de echarle flores a Lu Jingxian:
—Es agradable a la vista, obediente, trabajador y tiene buen físico.
Zhang Guowei: —…
Su estado de ánimo era una mezcla de sensaciones. Jamás hubiera imaginado que el perspicaz, sabio y racional Xu Shu fuera tan impulsivo en el amor. Sin importarle la moral o el carácter de la persona, lo que más valoraba era el aspecto físico y… eso. Era realmente…
Zhang Guowei juntó las manos en forma de torre, profundamente afectado. Empezó a dudar de sus años de enseñanza con el ejemplo.
Él y Xu Sheng eran muy amigos. Su amigo había fallecido prematuramente dejando a este hijo, era lógico que él se encargara de cuidarlo, así que veía por Xu Shu, este joven exitoso en su carrera. El siguiente paso era formar una familia, pero resulta que, en lugar de seguir el camino ancho, había elegido la senda estrecha. Y la razón para tomar esa senda era tan frívola.
Lu Jingxian percibió que el ambiente era extraño, tan extraño que rozaba lo absurdo. Se deslizó discretamente al lado de Xu Shu y le susurró:
—Oye, ¿qué está pasando?
Xu Shu se rió.
—Es que no estás a la altura, el viejo Zhang no te quiere.
—Pfft, a mí qué me importa.
Zhang Guowei levantó la cabeza. Al verlos otra vez pegados, se emocionó aún más.
—¡Sepárense un poco, ustedes dos!
Lu Jingxian se apartó. Xu Shu, de repente, quiso tomar un café del Starbucks de enfrente y le pidió que fuera a comprar uno. Estaba claro que quería quitárselo de en medio, cuando Lu Jingxian se fue, Zhang Guowei habló con sorna.
—¿Qué, tenías miedo de que me comiera al chico?
—No.
Esa negación tan superficial equivalía prácticamente a admitir que lo estaba protegiendo. Zhang Guowei habló con el tono de quien lamenta que alguien no esté a la altura de sus expectativas:
—A-Shu, ¿cómo puedes ser tan impulsivo? ¡Llevas conociéndolo sólo seis días! ¡Ni una semana! ¿Acaso lo conoces? ¿Sabes cómo es? ¿Tú…
—Es él.
El director Zhang se quedó atónito.
—¿Qué?
Xu Shu abrió un cajón y sacó un informe.
—Por teléfono te mencioné a un transmigrador especial. Es él.
Cuando Lu Jingxian pasó por delante del 801, recordó que no había recogido todos los informes de identificación de mayo. Cambió de dirección, se detuvo en la puerta y llamó con los nudillos.
El ambiente en el 801 ese día era muy diferente, no había el habitual caos y barullo. Toda la gran oficina estaba en silencio y en paz, aunque todos estaban haciendo sus cosas: llamando por teléfono, haciendo identificaciones, escribiendo informes, no se oía ningún grito. Había desaparecido esa locura de no respetar la vida de los demás. Lu Jingxian incluso pensó que se había equivocado de oficina.
Los estudiantes más rezagados, liderados por Bai Mingyan, estaban en la esquina sureste de la oficina, alrededor de un escritorio, en fila, cabizbajos, como si les estuvieran riñendo en el colegio. El joven sentado tras el escritorio llevaba unas gafas de montura dorada y, a su lado, un montón de documentos. Su mirada era seria y severa, inspiraba respeto sin necesidad de enfadarse.
—Asistente Lu, ¿en qué podemos ayudarle? —preguntó en voz baja una becaria.
—He venido a recordarles que entreguen todos los informes de identificación—. Lu Jingxian también bajó la voz—. ¿Qué pasa allí?
—¡Ha vuelto el jefe! —susurró la becaria, señalando con el dedo—. El que está sentado es nuestro jefe del 801, el jefe de grupo Xiao. Acaba de volver de un viaje de trabajo y ahora está comprobando las tareas.
Lu Jingxian se dio la vuelta. En la pared de la entrada estaban pegadas las presentaciones de los perfiladores, la foto de arriba ocupaba el mayor espacio. Debajo, la presentación y los títulos eran los más largos. Perfilador de nivel especial: Xiao Jinghe.
—Curso de formación para perfiladores: 71%. Evaluación mensual: 0. Evaluación trimestral: 51%. Bai Mingyan, tu nivel de cumplimiento es tan bajo. ¿Es que este año no quieres ascender? —preguntó Xiao Jinghe.
Bai Mingyan sudaba de miedo.
—No es eso, es que estoy desbordado. Estos dos días he estado haciendo las tareas del director Xu, no he tenido tiempo para nada.
—La nota de la evaluación mensual supone una cuarta parte de todo el curso de formación. Te llamé hace dos días a propósito y colgaste con una excusa—. Xiao Jinghe dejó la fina hoja A4 que tenía en la mano—. Quiero saber qué es lo que te ha tenido tan ocupado que no has podido sacar una hora para hacer el examen en línea.
Lu Jingxian lo recordó, por eso el de la cara aniñada estaba tan amargado ese día. Su jefe le estaba reclamando una deuda .
—Yo, yo… —Bai Mingyan tenía la cabeza tan gacha que casi la escondía en el suelo—. Es que mi agenda está realmente muy apretada…
—Tu agenda la organizo yo, sé perfectamente lo que vales y lo que puedes hacer—. Xiao Jinghe, que parecía muy democrático, tomó un bolígrafo y tachó el nombre de Bai Mingyan en la columna de trabajo de campo—. Ya que te parece que estás muy ocupado, a partir de este mes, no saldrás de la Administración hasta que hayas terminado todos los cursos de formación y hayas ascendido a perfilador de nivel intermedio.
Bai Mingyan levantó la cabeza al instante.
—¡No! En dos meses… no, en un mes seguro que los termino.
—Es tarde.
El bolígrafo de Xiao Jinghe era como un sello imperial, firmó y se lo entregó a la becaria. Bai Mingyan se quedó pálido, sin alma, y se fue flotando a un lado, como un zombi.
Lu Jingxian chasqueó la lengua, los resultados de los perfiladores estaban directamente relacionados con las identificaciones fuera de la oficina. Si se quedaban en la oficina, solo cobraban el sueldo base, a juzgar por la situación, seguro que Bai Mingyan no llegaba a fin de mes.
Por fin, Xiao Jinghe se fijó en el desconocido que estaba en la puerta de la gran oficina.
—Asistente Lu, ¿verdad? Pasa, si tienes algo que decir.
—No, no, sigan. Solo he venido a recordarles que entreguen los informes mensuales cuanto antes.
Iba a decir “hoy mismo”, pero al ver a los alumnos más rezagados, que parecían salidos de la tumba, con las caras desencajadas, no tuvo corazón para echarles más leña al fuego.
Quién iba a decir que Xiao Jinghe no aceptaría, se levantó y dijo.
—Los informes mensuales los recopila el departamento de archivos, dile al director Xu que no ocupe el tiempo de la gente con cosas sin sentido.
—… —Lu Jingxian se quedó atónito, no en vano era el jefe del Ministro del Tribunal de Revisión Judicial, se atrevía a enfrentarse directamente a Xu Shu, lo cual era digno de admiración. Sin embargo, en este tipo de enfrentamientos directos no había que poner en apuros al intermediario; él no quería meterse con Xu Shu sin motivo alguno.
Así que dijo con diplomacia que, si el jefe de grupo Xiao tenía alguna queja, podía ir a ver al director Xu en persona. Que él estaba muy ocupado y tenía que ir a comprar café.
Veinte minutos después, Lu Jingxian vio que el director se había ido. Entró en la oficina y dejó el café sobre la mesa, Xu Shu estaba con el móvil.
—¿Ha vuelto Xiao Jinghe?
—Sí. Está en la oficina de al lado.
—No le hagas caso, recoge los informes cuanto antes.
Lo sabía.
Lu Jingxian se alegró de haber tomado la sabia decisión de no meterse en ese lío.
Aunque sentía un poco de pena por esos evaluadores, Xu Shu era el jefe. Los jefes tienen el privilegio de tener siempre la razón.
Ese día también transcurrió en un ajetreo constante. Toda la tarde, Lu Jingxian no hizo más que repetir tres cosas: llamar por teléfono, contestar mensajes y tomar notas. Su agenda de contactos aumentó en más de cincuenta personas. Estaba agotado física y mentalmente, más cansado que en las maniobras.
—A finales de mes siempre hay más trabajo, además, como acabas de incorporarte, hay muchas cosas que no conoces.
Lu Jingxian asintió, esperando la siguiente frase de consuelo, pero Xu Shu cambió el discurso.
—Por eso no puedes holgazanear; lo que tengas que aprender, apréndelo cuanto antes.
—… —¿Qué demonios esperaba?
Ordenó su mesa y sacó el folleto para estudiar lo de las ayudas. Cuando estaba concentrado, una sombra se cernió sobre él.
Xu Shu estaba delante, con las manos apoyadas en el borde de la mesa, mirándolo.
Lu Jingxian tenía una mirada resplandeciente, era completamente diferente de Xu Lingzong en los vídeos. Su carácter, temperamento, palabras y hechos los diferenciaban por completo. Él no se equivocaría en eso, los datos de las escalas, la orientación de la personalidad y la exploración del subconsciente también demostraban que no tenía trastorno de identidad disociativo.
Al menos, durante la evaluación, era un transmigrador común y corriente. Pero en esa oficina, cuando firmó el contrato, en el instante en que se le cayó el bolígrafo, Xu Shu percibió algo familiar pero poco común en la reacción de sus pupilas.
Junto con las imágenes de la cámara de aquel día, Xu Shu podía confirmar que Lu Jingxian no era un simple transmigrador. Escondía un gran secreto que podría revolucionar el conocimiento actual de los transmigradores en el mundo científico.
Con solo verlo durante las horas de trabajo no era suficiente. Si quería averiguar qué era Lu Jingxian, tenía que observarlo las 24 horas del día. El sueño es el momento más vulnerable del ser humano y el más propicio para que salgan a la luz sus secretos.
—¿Qué pasa?— Lu Jingxian se sentía muy incómodo con esa mirada—. Si quieres irte a casa, vete. Yo cierro la puerta.
—¿Cuándo te mudas de la casa de los Xu? —preguntó Xu Shu.
Lu Jingxian lo pensó un momento.
—Tengo que hacer el reconocimiento ético. Pero será pronto.
—Te doy una semana.
—¿Qué?
—Ven a vivir a mi casa.
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Nota de la autora:
¡Ding! Tu jefe te ha enviado una invitación para vivir juntos.
Impresiones sobre el capítulo completo.
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