Lu Jingxian regresó a la oficina en el momento justo, Xu Shu estaba medio apoyado en el alféizar de la ventana, regando la planta de cálamo. En su rostro, no había ningún rastro de haber dormido la siesta.
—A partir de mañana, riégala una vez al día, no lo olvides.
—Sí.
—Llega cinco minutos antes para ordenar la oficina.
—Mn.
—Ten mi WeChat en la parte superior de la lista, te localizaré en cualquier momento. No puedes silenciar las notificaciones del grupo del departamento de identificación, porque a menudo envían avisos.
—Bien.
Xu Shu dejó la pequeña regadera.
—Con esa actitud tan desganada hacia tu superior, puedo descontarte el sueldo cuando me dé la gana.
—… —Lu Jingxian respiró hondo y esbozó una sonrisa forzada—. Director Xu, he tomado nota de todas sus indicaciones. ¿Alguna otra orden?
Xu Shu se sentó, abrió una pequeña libreta y la volvió a cerrar después de unos segundos.
—Ve al 801 a recoger el cuadro de tareas trimestrales y el informe mensual.
La Administración de Sustitución Legal de Jiangzhou contaba con 51 perfiladores, 3 de nivel especial, 10 de nivel alto, 17 de nivel medio, 21 de nivel básico, y unos 20 becarios más. A primera vista, parecía tener suficiente personal, pero si se ampliaba el área de su competencia a toda la provincia, se descubría que ese número de personas era una gota en el océano comparado con los transmigradores que se notificaban todos los días.
A menudo tenían que viajar por toda la provincia y, cuando encontraban un sujeto difícil de identificar, tenían que ir y venir repetidamente. En los pocos días que lograban quedarse en la oficina, no hacían más que reuniones, asistir a conferencias, redactar informes y hacer tablas. A veces, no habían terminado de hacer una cosa cuando les llegaba una llamada. La gran oficina del departamento de identificación era más animada que la sala de trámites, cuando Lu Jingxian apareció en la puerta, un silencio sepulcral se apoderó del lugar.
Decenas de ojos brillaban como focos, observándolo de arriba abajo. El más cercano a la puerta se levantó:
—¿Tú eres?
—Lu Jingxian, asistente del director Xu.
Al escuchar la palabra “asistente”, los ojos del hombre se iluminaron. Preguntó con gran interés qué relación tenía con el director Xu, cómo se había convertido en el favorito de “Su Majestad”, y si tenía tanto tiempo libre como para venir a la gran oficina, ¿acaso Su Majestad no estaba ocupado?
Esa última pregunta dio en el clavo, Lu Jingxian asintió.
—El director Xu me ha enviado a recoger el cuadro de tareas trimestrales y el informe mensual.
La expresión del hombre frente a él se quedó helada, petrificado durante tres segundos enteros, se agarró la cabeza y aulló:
—¡Compañeros! ¡La corte nos ha tomado por asalto!
En un segundo, la gran oficina se sumió en el caos.
—¡Ay, el cuadro de tareas trimestrales! ¡El archivo de WeChat ha caducado y no lo he abierto!
—¿Dijo el director Xu que lo recogería hoy? ¿Lo dijo? ¿Lo dijo? ¿Lo dijo?
—¡Ay, el informe mensual! ¿Por qué se llama “mensual”? ¿Por qué no pueden cambiarlo a anual?
—¡Y tú de qué te quejas, escribe rápido! ¡Si viene el director Xu, estaremos en serios problemas!
Ante aquella “próspera” escena, Lu Jingxian se rascó la mejilla, parecía que no había llegado en el mejor momento; los perfiladores, unos se derrumbaron, y otros se agarraron la cabeza. Uno, con el rostro pálido y de aspecto aniñado, se abalanzó sobre él y le abrazó las piernas.
—¡Shuaige*! ¡Dage**! ¡Por favor! ¡Concédeme unos días más! ¡Tengo tantas cosas que hacer, hoy no podré entregarlo!
*帅哥 (Shuàigē): Hermano guapo, es una forma de dirigirse a alguien de manera amistosa.
**大哥 (Dàgē): Hermano mayor, es un término de cortesía para referirse a un hombre de edad similar.
Lu Jingxian estaba completamente desconcertado, el hombre prácticamente se revolcaba en el suelo presa de la angustia: —¡Es verdad! Solo tengo un cuerpo, mañana lo vendo a Haocheng, pasado mañana lo vendo a Qinyang. ¡No tengo tiempo para complacer a Su Majestad! ¡Solo gano tres melones y dos dátiles* al mes y encima tengo que alimentar a un gato y un perro! ¡¿Crees que es fácil?! ¡¿Lo crees?!
*仨瓜俩枣 (Sā guā liǎ zǎo): Es una metáfora para una cantidad muy pequeña de dinero/salario.
—Emm, no, no es fácil—. Lu Jingxian lo agarró del brazo y lo levantó suavemente—. Pero esto no lo decido yo. ¿Por qué no regreso y le pregunto?
—¡Está bien, está bien! Salvar una vida es mejor que construir una pagoda de siete pisos. Si consigues una prórroga, ¡te invitaré a comer! —El hombre de cara aniñada se levantó y le estrechó la mano con fuerza—. ¡Ah, y no le digas que fui yo quien lo propuso, recuérdalo!
Lu Jingxian echó un vistazo a la placa de identificación prendida en su pecho, Bai Mingyan, y lo recordó. Permaneció diez minutos en ese campo de batalla lleno de lamentos y, acosado por la inquietud, regresó a la oficina de Xu Shu.
—No los has recibido —dijo Xu Shu sin levantar la cabeza.
—No—. Lu Jingxian midió sus palabras—. Fue una inspección sorpresa, ¿verdad? No les ha dado tiempo a prepararlos. ¿Por qué no voy a recogerlas dentro de un par de días?
—¿Y si no estoy de acuerdo?
—Entonces… si no estás de acuerdo, pues no lo estás—. Lu Jingxian extendió las manos—. No esperaba convencerte.
Xu Shu dejó el bolígrafo, tomó el móvil y envió un mensaje. Luego siguió rellenando los archivos.
El bolsillo de Lu Jingxian no paraba de vibrar, y no tuvo más remedio que mirar qué estaba pasando, vio cómo saltaban varios mensajes en el grupo de la oficina de identificación, y deslizó hasta el principio. Xu Shu acababa de aplazar el plazo, debajo, una larga fila de “Gracias, Su Majestad, por tu gran clemencia”.
—No te hagas ilusiones, la prórroga no tiene nada que ver contigo, lo de hoy era solo un recordatorio.
Lu Jingxian se quedó sin palabras, menos mal que solo estuvo a punto de darle las gracias.
Aguantó hasta las cinco, pero Xu Shu no daba señales de querer salir, y como su jefe no se movía, Lu Jingxian no se atrevió a irse. Diez minutos de espera se le hicieron eternos cuando, por fin, Su Majestad abrió su boca real y le permitió salir.
Aunque Lu Jingxian estaba deseando volver a casa, por fuera tuvo que aparentar.
—¿A qué hora te irás?
—Dentro de un rato. ¿Vas a esperarme?
—No, no—. Buscó algo en su bolsillo, lo sacó y lo dejó sobre la mesa—. Si tienes hambre, come algo. Me voy.
Xu Shu miró la manzana roja sobre la mesa, la rechazó con desdén y la guardó en un cajón.
A la mañana siguiente, Lu Jingxian tenía los ojos nublados, no quería ir a trabajar, pero no le quedaba más remedio.
Bai Yunyun, al verlo tan pálido, no pudo evitar preocuparse.
—Jingxian, ¿estás muy cansado del trabajo?
—No es para tanto, es que no me acostumbro.
—No te preocupes, tómatelo con calma. Eres tan bueno, ¿cómo no vas a poder hacerlo bien? —Bai Yunyun se tocó la barbilla con el índice—. He oído de Xiao Liu que ya podemos hacer el reconocimiento ético. ¿Cuándo piensas pedir cita?
Lu Jingxian esbozó una sonrisa forzada, desde que había conocido el procedimiento del reconocimiento ético, no pensaba avisar a los Xu, iba a elegir un día para fijar su residencia por su cuenta. Después de todo, en el reconocimiento ético, el resultado final dependía de la opinión del propio transmigrador, incluso entre padres e hijos biológicos se dan casos de ruptura. Con dos desconocidos, ni hablar.
Bai Yunyun pareció adivinar sus pensamientos, e inmediatamente sus ojos se llenaron de lágrimas. Lu Jingxian se asustó, tomó un pañuelo de papel y se lo tendió.
—Señora Xu, es que todavía no lo he decidido. Cuando elija la fecha, se lo comunicaré.
—No me engañes, sé que no quieres quedarte en la familia Xu… —rompió a llorar—. No quieres ser mi hijo…
En cuanto la señora de la casa se echó a llorar, todos los sirvientes se reunieron a su alrededor. Lu Jingxian la tomó de la mano para tranquilizarla, el mayordomo Cao también la consolaba, pero las lágrimas de Bai Yunyun caían como cuentas de un collar roto. Lloraba con una pena infinita.
—Con razón me llamabas “señora Xu”, era para distanciarte…
—Eso estuvo mal, la llamaré… la llamaré “madrina”. ¿Le parece bien, madrina?
Bai Yunyun parpadeó.
—¿No puedes llamarme “mamá”?
Lu Jingxian cambió de título sin dudarlo.
—De acuerdo. De ahora en adelante, usted será mi mamá.
Bai Yunyun dejó de llorar.
—Dilo otra vez.
—… Mamá.
Bai Yunyun se abalanzó sobre él y lo abrazó con fuerza, su llanto se hizo aún más desgarrador, y entre sus sollozos, estaba mezclada su añoranza por Xu Lingzong.
Lu Jingxian no tuvo más remedio que acariciarle la espalda para tranquilizarla, Xu Lingzong no había muerto, seguía vivo en su subconsciente. Si Bai Yunyun lo supiera, quizás no estaría tan triste.
Pero ese era un secreto demasiado grande, no podía dejar escapar ni el más mínimo indicio.
A las nueve en punto, Lu Jingxian entró a la oficina a toda velocidad. Xu Shu estaba junto a la ventana, de medio lado, y lo miró de reojo con frialdad.
—¿Qué fue lo que te dije?
—Hoy salí tarde y había un atasco.
—Te descontaré cincuenta por llegar tarde.
—¿Eh? —Lu Jingxian no lo aceptó—. No llegué tarde, el horario normal de entrada es a las nueve.
—Por responder a tu superior, te descontaré otros cincuenta.
La expresión de Lu Jingxian se desmoronó, y tardó un buen rato en calmarse, se arremangó y se puso a ordenar la oficina, aunque tampoco había mucho que hacer. Xu Shu ya había ordenado su escritorio, él solo tenía que limpiar la mesa, el armario, cambiar la bolsa de la basura y regar el cálamo. Cuando terminó, apenas habían pasado cinco minutos.
—Corre la estantería hacia la izquierda, deja el espacio libre contra la pared.
Lu Jingxian observó un par de segundos y se puso manos a la obra. Xu Shu lo vio mover la estantería junto al sofá sin sacar ni un solo libro y pensó que había acertado con la persona. Para mover los instrumentos más adelante, le ahorraría muchos problemas.
Limpió y fregó aquel rincón, y Xu Shu llamó a Logística por interno para que subieran una mesa y una silla.
—¿Me siento aquí?
—Puedes ir al 801 si quieres.
Recordando el aullido de los perfiladores del día anterior, todos con la moral un poco tocada, Lu Jingxian negó con la cabeza. Era mejor quedarse aquí, enfrentarse a Xu Shu era mejor que enfrentarse a ese grupo.
—Ve a la oficina de personal a recoger tu material de empleado. —Xu Shu se dirigió hacia la puerta. Lu Jingxian, halagado, dijo—: ¿Me vas a acompañar? Conozco la oficina de personal.
Xu Shu lo miró con impaciencia, esa mirada decía claramente que lo tomaba por idiota.
Lu Jingxian maldijo en su interior, otra vez se había hecho ilusiones, había prometido no volver a caer, pero no aprendía.
Por el chisme del día anterior, se podría deducir que en la oficina de personal tenían una idea muy particular sobre su relación con Xu Shu. Efectivamente, cuando entraron uno detrás de otro, los empleados los miraron con complicidad, a Lu Jingxian se le puso la piel de gallina.
Xu Shu, sin desviar la mirada, fue directamente a llamar a la puerta del jefe Sun. Dejó a Lu Jingxian plantado allí, mirando a un lado y a otro, buscando quién repartía los carnés y los vales de comida.
—¿Qué haces?
Al escuchar aquella fría pregunta, Lu Jingxian respondió con desgana:
—Quiero recoger mi carné, tú sigue con lo tuyo, yo lo resuelvo.
Xu Shu le hizo un gesto con su largo y blanco dedo índice.
—Ven.
—… —¿Lo estaba llamando como si fuera un perro? Lu Jingxian se acercó de mala gana.
El jefe Sun tampoco esperaba que Xu Shu subiera al noveno piso, miró su agenda con extrañeza, luego el almanaque y, al final, preguntó con tono inseguro:
—¿Has venido a acompañar a Xiao Lu?
Lu Jingxian esbozó una sonrisa forzada. «Me halaga, pero no soy tan importante».
Era raro, hoy no había ningún asunto que requiriera la presencia de Xu Shu, el jefe murmuró Sun para sus adentros.
Y si lo hubiera, él mismo habría bajado al octavo piso, en toda la administración conocían bien el carácter del director Xu, siempre era él quien daba las órdenes, que él se rebajara a ir solo podía ser por algo de la oficina de supervisión o del despacho del director.
En vista de la excepcional relación entre el director Zhang y Xu Shu, en cuestión de segundos, el agudo radar laboral del jefe Sun se encendió en rojo, algo estaba pasando.
—El viejo Zhang y yo estuvimos hablando una hora ayer. —Xu Shu rompió el hielo en el momento justo.
¡El jefe Sun se levantó de un salto!—. ¿De qué hablaron?
Xu Shu parecía querer decir algo, pero se contuvo y apartó la mirada.
—Nada.
—¡Dímelo ya! Si has venido a buscarme, seguro que tiene mucho que ver conmigo. ¿Qué está pasando? —El jefe Sun se rascó con fuerza su ya de por sí escaso cabello—. ¿Es porque no te detuve ese día? ¿O es por esa plaza que nos quitaron el mes pasado? ¿Acaso es por lo de su sobrino en la comisaría?… ¡Dímelo de una vez! ¡No quiero que, cuando vengan a buscarme, no sepa ni lo que me preguntan!
Lu Jingxian recogió su carné, el vale de comida y se registró en el reconocimiento facial, pero Xu Shu no había soltado ni una palabra, su boca estaba tan cerrada como una ostra. De vez en cuando, sus ojos mostraban cierta compasión, lo que hacía que el jefe Sun se retorciera de la desesperación.
Cuando subieron al ascensor, Lu Jingxian preguntó con curiosidad:
—¿Estará bien el jefe de sección Sun?
—No le pasará nada.
Mirando su aspecto, con esa expresión de ansiedad y el rostro pálido, como si su prometedor futuro se hubiera desmoronado de repente, ¿a eso le llamas “no le pasará nada”?
Xu Shu dijo con total naturalidad:
—En la llamada de ayer no lo mencioné ni una sola vez.
—… ¿Eh? —Lu Jingxian frunció el ceño—. ¿Y qué fue lo de hace un momento?
—No hay cotilleo en esta administración que yo no sepa.
El ascensor llegó al cuarto piso, Xu Shu salió, pero Lu Jingxian se quedó atrás un momento, atónito. Cuando reaccionó a lo que había pasado, sintió una corriente de aire frío que lo recorría de arriba abajo, en pleno mes de mayo, poniéndole la piel de gallina.
Alguien se burló de él a sus espaldas, pero él respondió directamente a la cara del responsable. Qué miedo. Nunca, jamás, debía ofenderlo.
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