El cuarto piso de la Administración de Sustitución Legal albergaba el Departamento de Supervisión, el cual contaba con tres grandes salas funcionales: la de cursos de integración, la de evaluaciones por muestreo y la de orientación psicológica. Abrían todo el año, las veinticuatro horas del día, para supervisar en todo momento la situación de los transmigradores. Debían detectar cualquier anomalía a tiempo y asegurarse de que cada transmigrador contara con una salud mental y una percepción social adecuadas al integrarse en la sociedad.
Este proceso tenía otra función importante: realizar un riguroso filtrado. Aunque, por el momento, la identificación de los transmigradores se ajustaba a los más altos estándares, no todo era absoluto, siempre podía haber uno o dos que se escaparan. El periodo de supervisión era como un gran tamiz: evaluaciones y filtrados repetidos. Al cabo de varios meses, por muy buen actor que fuera, acabaría siendo descubierto.
Lu Jingxian era muy consciente de ello. Por eso, en cuanto vio los tres grandes caracteres de “Departamento de Supervisión”, sus nervios se tensaron al instante. Xu Shu, como si tuviera ojos en la nuca, preguntó:
—¿Tienes miedo?
—¿Quién tiene miedo?
—Hasta el sonido de tu respiración ha cambiado.
Avanzaron por el pasillo hasta la cuarta oficina de la derecha, y Xu Shu, sin llamar siquiera a la puerta, la empujó directamente. La mujer de mediana edad que escuchaba un informe se sobresaltó, su asistente exclamó con severidad:
—¿Quién es? Entrar en el despacho del jefe sin llamar… ¿Director Xu?
Xu Shu se acercó con una sonrisa.
—Hermana Hua, cuánto tiempo.
—¿Dos meses, verdad? La culpa es de tu departamento, hay tanto trabajo y a ti no te gusta moverte, así que no nos vemos ni aunque estemos en el mismo edificio—. Yang Qinghua abrió un pequeño armario empotrado—. Toma, mi marido ha vuelto de un viaje de negocios a Xinjiang y ha traído muchos frutos secos, llévate a casa un par de bolsas.
—Gracias, hermana Hua—. Xu Shu miró de reojo a Lu Jingxian, quien lo entendió y al instante extendió la mano—. Déjemelas a mí.
—¿Así que eres el nuevo asistente? Muy bien, por fin hay alguien que pueda estar al lado de A-Shu—. Yang Qinghua sonrió de oreja a oreja, su rostro redondo era muy afable—. ¿Y además eres un transmigrador?
—Sí, acabo de completar la documentación—. En cuanto se dirigió a Lu Jingxian, la sonrisa de Xu Shu se desvaneció al instante—. Recoge las cosas y ve a registrarte y a firmar. No pierdas el tiempo.
Mira, cambia de expresión más rápido que quien pasa la página de un libro. Lu Jingxian no tenía ganas de quejarse, quizás era porque, después de tanto aguantar estos días, empezaba a ser inmune, se dio la vuelta y salió. Yang Qinghua ordenó a su asistente, Gao, que le hiciera de guía. En el cuarto piso había muchos departamentos y era fácil equivocarse.
Salieron uno detrás del otro, Xu Shu apartó una silla y se sentó, Yang Qinghua lo miró con una sonrisa.
—El otro día armaste un buen escándalo, hasta saliste en las noticias.
—La culpa no fue mía.
—Eso lo sé. Como siempre, tienes que cambiar ese carácter—. Cerró el expediente—. Dime, ¿por qué has venido a verme?
—Nada, solo quería verte.
—Vamos, dilo, como si no te conociera bien. El año pasado, cuando me operaron, viniste al hospital con los documentos para que los firmara—. Yang Qinghua movió los ojos—. ¿Acaso te gusta tanto tu nuevo asistente que has venido a acompañarlo en persona? Si sigues así, voy a empezar a creer lo que dice el viejo Sun.
Ante sus bromas, Xu Shu cambió de expresión, tomó una hoja A4 del estante, escribió unas líneas y se la entregó.
Yang Qinghua la tomó, llena de desconcierto, Xu Shu fue conciso:
—Haz las inspecciones aleatorias siguiendo esto, los datos deben transmitirse en tiempo real.
—¿Lo has notificado?
—Todavía no, solo lo sabe el director Zhang.
Con esa expresión suya, estaba claro que, aunque preguntara más, no revelaría nada. Yang Qinghua suspiró y guardó la hoja dentro de la carpeta de documentos.
—…Ya decía yo que no vienes al Templo de los Tres Tesoros (*) sin motivo.
(*)无事不登三宝殿 (wú shì bù dēng sānbǎodiàn): Literalmente «si no hay asunto, no se entra al Templo de los Tres Tesoros», es un modismo que significa que alguien no aparece o no busca a otra persona “solo porque sí”, sino porque tiene algún propósito, favor o problema que resolver. Es decir: «Sabía que no aparecerías sin traer algún asunto entre manos» o «Ya sabía yo que no habías venido solo por cortesía».
La ventanilla de registro estaba en la zona más a la izquierda del cuarto piso. Había tres mostradores para atender al público, separados de las salas funcionales por una pared de cristal esmerilado. Antes de abrir la puerta, Lu Jingxian pensó que no habría mucha gente y que en tres minutos estaría listo. Al abrirla, un alboroto de voces lo envolvió. En la zona de espera, cinco filas de asientos estaban ocupadas, parecía una pequeña sala de trámites.
—¿Tanta gente? —se extrañó Lu Jingxian. En la pantalla electrónica de enfrente ponía claramente “Miércoles”.
—Los transmigradores no entienden de días laborables ni festivos—. El asistente Gao hizo una pausa—. Una parte son familiares que acompañan a menores o a personas mayores.
Como era de esperar, Lu Jingxian vio entre la cola a algunos jóvenes de aspecto aniñado y a ancianos de pelo blanco. Menos mal que había leído antes la información divulgativa, entre el transmigrador y el dueño del cuerpo original no había diferencia de edad. Si no, un joven robusto que de repente se convirtió en un anciano de ochenta años se hubiera vuelto loco.
—¿Cuánto tiempo lleva usted aquí? —preguntó el asistente Gao.
—Cinco días, no mucho.
Un destello de sorpresa brilló en sus ojos, el asistente Gao se mostró aún más respetuoso.
—En tan pocos días, el director Xu ya se ha fijado en usted. Sus habilidades deben ser muy notables.
«Lo siento, no tiene nada que ver con mis habilidades. Todo ha sido cuestión de mala suerte».
Lu Jingxian soltó una risa seca.
—Si esta suerte te la ofrecieran, ¿la aceptarías?
Solo estaba bromeando, pero el asistente Gao se lo tomó en serio, y bajó la cabeza con vergüenza.
—El director Xu es muy estricto, me temo que no estaría a la altura de sus requisitos. He estado tres años bajo las órdenes de la jefa Yang y todavía tiene muchas quejas sobre mí, si estuviera al lado del director Xu, no aguantaría ni un día.
—… —Lu Jingxian empezó a sudar frío. ¿Cómo es que se lo toma tan en serio? Con quien no se puede bromear es con la gente seria.
Sacaron el número de turno, pero no encontraron sitio, así que quedaron apoyados en la pared charlando un rato. El asistente Gao, siguiendo las instrucciones de su jefa, se quedó siempre a su lado, hasta que llegó una funcionaria.
—Asistente Gao, ¿qué haces aquí?
El asistente Gao le explicó brevemente lo ocurrido, y la funcionaria abrió mucho los ojos.
—¿Así que has traído a la gente del director Xu a hacer cola aquí? ¿No puedes llevarlo directamente detrás?
El asistente Gao se sonrojó.
—¿Se puede? La jefa no me lo ordenó.
—¡Dios mío! ¿Es que es tu primer día? —La funcionaria se llevó la mano a la frente—. La jefa seguro se arrepiente de no haberlo dicho más claro.
En menos de cinco minutos, los trámites de registro de Lu Jingxian estaban listos. La funcionaria lo llevó a registrar el iris, y cuando terminó el procedimiento clave, se frotó las manos.
—Bueno, asistente Gao, llévalo rápido a firmar.
El hombre que había sido un simple florero se sonrojó. No paraba de dar las gracias, con la cabeza cada vez más hundida.
El proceso de firma fue muy rápido, Lu Jingxian recibió una carpeta con el carné de los cursos, un cuaderno de registro y un manual de instrucciones. Debía fichar cada día a su hora, en caso de circunstancias especiales, debía pedir permiso con 24 horas de antelación. El asistente Gao le recordó:
—La hora de la evaluación por muestreo de cada transmigrador no está fijada, le llegará un mensaje de texto, por favor, esté atento.
—Entendido—. Lu Jingxian se rascó la mejilla—. Puedes llamarme de tú, los dos somos asistentes, no hace falta tanta formalidad.
—No, debo aprender de usted.
—… De verdad que te tomas demasiado en serio las cosas.
Cuando regresó, Xu Shu había desaparecido hace rato, ni siquiera se había despedido.
El corazón de Lu Jingxian dio un brinco de alegría. ¿Se ha ido? ¡Genial! Esta tarde seguro que será más tranquila.
Pero esa idea se desvaneció en cuanto tomó el móvil. Al ver ese “1” en el icono de WeChat, supo que, aunque el amo se había ido, el esclavo aún tenía que trabajar.
Durante la pausa del mediodía, Logística le trajo su mesa y silla. Lu Jingxian miró los ordenados estantes del escritorio de Xu Shu y luego su propia mesa desnuda, así que agarró al trabajador.
—¿Eso es todo?
—Eso es todo, si quiere más material de oficina, presente una solicitud.
—Hermano, ¿puedo hablar contigo un momento?
Lu Jingxian lo llevó al pasillo, le ofreció un cigarrillo y, con una charla intrascendente, se ganó su confianza. De repente, su relación se elevó al instante. Bajó a firmar y le dieron todo el material de oficina.
El compañero le advirtió de buena fe:
—El ordenador no podemos dártelo sin el debido proceso, tienes que presentar una solicitud y seguir el procedimiento. Además, solo queda uno en el almacén, quién sabe cuándo volverán a comprar. Si lo quieres, date prisa en pedirlo. El octavo piso es un departamento importante, seguro que te dan preferencia.
—Bien, de acuerdo. ¡Muchas gracias!
Lu Jingxian subió con la caja, en el ascensor se encontró con Bai Mingyan. El chico estaba hablando por teléfono, su cara aniñada fruncida en un gesto de gran sufrimiento.
—Estoy en el ascensor y no hay cobertura. ¿Diga? ¿Qué dice? No lo escucho, entonces voy a colgar.
Alejó el móvil de la oreja, Lu Jingxian se asomó a mirar de reojo, y vio que tenía cobertura completa.
Bai Mingyan exhaló aliviado. Al girarse, vio a su conocido y su rostro se iluminó.
—¡Asistente Lu! ¡Otra vez nos vemos!
—Hola.
—Gracias por su ayuda ayer, salvar una vida es mejor que construir una pagoda de siete pisos. ¡Es usted el benefactor de todo el 801, asistente Lu!
—… Mejor llámame por mi nombre. —Acababa de comer, pero sus gritos hicieron que se me antojara un luzhu (guiso de vísceras de cerdo).
—¿Eh? —Bai Mingyan se quedó desconcertado un par de segundos, y se rascó la nuca—. Entonces te llamaré Hermano Lu, te pareces un poco a un primo mío… No, no es que quiera congraciarme, no lo malinterpretes.
El 801 era la primera oficina a la izquierda en el octavo piso, Bai Mingyan agitó la mano, indicando que se iba. Lu Jingxian lo llamó.
—Diles que esta tarde voy a recoger los informes de identificación de mayo.
Bai Mingyan se quedó atónito cinco segundos.
—¿Todos?
—Emm, supongo que sí.
Bai Mingyan se agarró el pelo, lanzó un aullido al cielo, y salió disparado hacia el 801. Al instante, se escuchó un estruendo, como si hubieran visto un fantasma.
—…
¿No se habrán vuelto todos locos? Lu Jingxian sintió cierto temor, por primera vez en el trabajo, le pareció que su seguridad personal no estaba garantizada.
Durante la pausa del mediodía, ordenó su puesto de trabajo, estiró los brazos y se dejó caer hacia atrás, hundiéndose cómodamente en el pequeño sofá. Últimamente la temperatura era agradable, ni fría ni caliente. Una suave brisa entraba por la media ventana abierta, acariciando su rostro y provocándole somnolencia.
Frente a él había un gran sillón de color marrón, y al accionar la palanca neumática, se convertía en una tumbona. Ayer, Xu Shu lo había echado de allí mientras él descansaba. Lu Jingxian se levantó, recorrió con la mirada todos los rincones y, al no ver ninguna cámara, se acercó con tranquilidad y se sentó en el trono de Xu Shu.
En cuanto se recostó, sintió la comodidad del diseño ergonómico, la presión sobre la espalda, la cintura y el cuello se distribuía. No tenía nada que ver con su rígida silla de oficina, y no pudo evitar exclamar: Qué bien se está cuando se es jefe, no es de extrañar que Xu Shu pueda pasarse aquí el día sin moverse.
Con los dedos golpeteó rítmicamente el reposabrazos, Lu Jingxian cerró los ojos, disfrutando de aquella placentera tarde. Con esa brisa, con ese sol, ¿cómo iba a querer levantarse?
Je, je.
Lu Jingxian se incorporó de golpe, la risa sarcástica que había aparecido de la nada disipó su sueño, el corazón le latía con fuerza, como si fuera a salírsele del pecho. Miró a su alrededor, nervioso. Escudriñó cada rincón de la pequeña oficina, y al confirmar que estaba solo, la temperatura comenzó a recuperarse en sus mejillas.
Xu, Ling, zong.
Lu Jingxian volvió a sentarse en el sofá, respiró hondo, juntó las manos y las apoyó en la barbilla, obligándose a calmarse.
Aquel loco se escondía en su subconsciente y parecía capaz de salir a su antojo para provocarle alucinaciones auditivas, menos mal que aún no llegaba a interferir en su vida normal, pero tenía que acostumbrarse a ese estado, sobre todo delante de Xu Shu.
En el restaurante occidental, Xu Shu se apoyaba la frente con una mano. El filete del plato se había enfriado por completo, parecía que no tenía apetito, su mirada no se apartaba de la pantalla del móvil.
La imagen de Lu Jingxian, cabizbajo y pensativo, se transmitía en tiempo real a través de la minicámara situada en la parte superior de la estantería.
—¿Qué miras?
Una joven de belleza deslumbrante, tan radiante como las flores de primavera, estaba sentada frente a él. Con un mohín de desagrado, dijo:
—Con lo difícil que es que me acompañes a comer, y no te concentras.
—Lo siento—. Xu Shu le dio la vuelta al móvil y alzó la copa—. Bienvenida de nuevo a China, Qingning.
—Gracias, ya he recibido la oferta de trabajo, en cuanto me incorpore, podré quedarme en Jiangzhou—. Long Qingning arqueó las cejas, con una sonrisa dulce y encantadora. Las dos copas chocaron, emitiendo un sonido nítido.
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Nota del autor:
Es un personaje importante, pero no es su novia. Que no cunda el pánico.
Impresiones sobre el capítulo completo.
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