El agua del manantial corría con un sonido cristalino. El despertador sonaba de forma gradual, despertando de su dulce sueño a la persona dormida. La luz del amanecer se colaba por las rendijas de la cortina y se posaba sobre sus párpados para saludarlo, Lu Jingxian abrió los ojos con esfuerzo, luchando entre la vigilia y la somnolencia.
¿Ya era de día?
Tuvo otra pesadilla aterradora la noche anterior. Dado el carácter de Xu Lingzong, seguro que además del tigre, la pitón y el halcón, también tenía leones, leopardos y otros grandes animales agresivos. Al pensar que estaban en lo más profundo de su subconsciente, le dolió aún más la cabeza.
No podía seguir demorándose, todavía tenía que ir a buscar a Xu Shu. Esclavo moderno, aguanta, sufre para ser el mejor, sirve al hombre superior.
¿Acaso había roto las leyes celestiales en su vida anterior? ¿El cielo estaba furioso y le había enviado a esa persona para atormentarlo?
Una mano se acercó a la mesita de noche, abrió el segundo cajón y sacó unas gafas de pasta negra.
¿Eh? Lu Jingxian se quedó atónito. Su mano… ¿se había movido sola?
Su cuerpo parecía tener voluntad propia, primero, se puso las gafas. Luego, se levantó de la cama, se puso las zapatillas y se dirigió al armario. Lu Jingxian no controlaba esos movimientos, era como un fantasma flotando en el aire, sin sensaciones. Solo podía “disfrutar” pasivamente, en primera persona, de cómo su cuerpo se movía con libertad.
“Lu Jingxian” se puso una camiseta gris.
“Lu Jingxian” se puso un pantalón de sport negro.
“Lu Jingxian” apartó la manta y se sentó en el borde de la cama a mirar el móvil.
El mayordomo Cao llamó a la puerta, “Lu Jingxian” se acercó y la abrió de un tirón. El viejo mayordomo se quedó desconcertado.
—¿Señor Lu?
—No me molestes.
Lu Jingxian no podía creerlo. Ese tono, esa sensación, esa manera de hablar… ¡Era Xu Lingzong!
Sus pensamientos se congelaron en un instante y luego se hicieron añicos, crac, crac. ¡Xu Lingzong había recuperado el control de su cuerpo! Ahora era él quien actuaba. ¡Y él solo podía limitarse a mirar como un espectador!
¡Pum! La puerta se cerró de golpe, “Lu Jingxian” entró al baño, y apoyó las manos en el lavabo. Tras los lentes con aumento, sus ojos eran sombríos y profundos. Miró su reflejo en el espejo.
Lu Jingxian se vio forzado a sostenerle la mirada.
Aturdimiento, indiferencia, horror, miedo… Emociones contradictorias se entremezclaban. Estaba tan conmocionado que empezó a sospechar cada vez más que su reflejo en el espejo no era más que una imagen vacía.
—La sensación de no poder controlar tu propio cuerpo, ¿te da miedo? —preguntó Xu Lingzong en voz baja.
No era solo miedo, era más bien desesperación, como si un torrente de lava hubiera atravesado el muro de su corazón. Lu Jingxian abrió la boca, pero hasta el derecho a hablar le fue arrebatado.
Xu Lingzong inclinó lentamente la parte superior de su cuerpo hacia delante, apoyó el dedo índice en el espejo, justo en el pecho de su reflejo. En sus ojos había un escalofriante desdén, tan frío, tan impasible como si mirara un objeto inanimado.
—Recuerda, solo eres un inquilino temporal de este cuerpo, en cualquier momento puedes ser aniquilado.
—Yo soy la personalidad original, el verdadero Xu Lingzong.
Lu Jingxian abrió los ojos de repente, estaba tumbado boca abajo en la cama, con medio rostro hundido en la almohada. Debajo de él, la manta de seda amontonada, sus piernas estaban pegadas al revés de la seda, fresca y suave. Levantó la mano derecha, la abrió y la cerró repetidamente. Luego, pellizcó la almohada y la retorció, sintiendo la suavidad y la esponjosidad del látex recuperando lentamente su forma en la palma de su mano.
Parecía no ser suficiente, Lu Jingxian se sentó, y se dio golpecitos en los brazos, uno tras otro. Luego, saltó de la cama y caminó descalzo por el suelo de un lado a otro. Apartó una silla, abrió el armario, acarició un adorno. Solo, estaba muy entretenido.
Todo tipo de estímulos externos se convertían en señales nerviosas a través de las células nerviosas de la piel y se transmitieron a su cerebro, generando una sensación táctil real. A Lu Jingxian le flaquearon las piernas y se dejó caer en la silla.
Menos mal, menos mal, había despertado de esa pesadilla.
Antes, a veces tenía sueños dentro de otros sueños, pero ninguno había sido tan aterrador como este, que le había dejado una sombra en el corazón. Lo que se piensa de día, se sueña de noche. Seguro que era por la ansiedad, la preocupación y el estrés de los últimos días, por pensar demasiado en Xu Lingzong, que había tenido esa pesadilla.
El despertador aún no había sonado, parecía que hoy se había despertado temprano… ¡¿Las 8:10?!
Lu Jingxian se precipitó al baño. ¡No es que no hubiera sonado, es que no lo había oído! ¡Esto era el colmo! Si salía ahora, ¿a qué hora llegaría a casa de Xu Shu? La otra vez llegó tarde y le descontaron 50, esta vez serán 100. ¡El poco dinero que ganaba no le alcanzaba ni para pagar las multas!
Apenas abrió el grifo, levantó la cabeza y se quedó paralizado delante del espejo.
Camiseta gris, pantalón de sport negro.
Lu Jingxian salió corriendo del baño y volvió a la habitación, abrió el segundo cajón de la mesita, las gafas de pasta negra que siempre guardaba allí habían desaparecido.
El miedo cayó pesadamente en el lago de su corazón, las olas se extendieron, afectando a todo su cuerpo.
No fue un sueño, Xu Lingzong tomó el control de su cuerpo por un momento, le advirtió y luego se lo devolvió. Como cuando se castiga a un niño desobediente, una bofetada y luego un caramelo.
Lu Jingxian volvió la cabeza, en el espejo de cuerpo entero se reflejaba su figura esbelta y vigorosa, pero había una sensación de irrealidad que no podía atrapar.
Bai Yunyun se quejó de que la leche de soja estaba demasiado dulce, levantó la cabeza y vio que el gran reloj del salón marcaba las ocho y veinte, y preguntó:
—Lao Cao, ¿Jingxian no tiene que trabajar hoy?
El mayordomo Cao hizo una leve reverencia.
—Señora, el señor Lu se levantó hace una hora, puede que esté ocupado.
Apenas terminó de hablar, Lu Jingxian apareció en el descansillo de la escalera y bajó escalón por escalón.
—Tío Cao, ¿hay algo de desayuno para llevar? Si no, no pasa nada.
El mayordomo Cao era meticuloso en su trabajo, no solo había, sino que había dos raciones. Lu Jingxian le dio las gracias rápidamente, cogió el desayuno y salió disparado hacia el garaje.
—¿Qué le pasa hoy a este chico? Qué nervios.
El mayordomo Cao dudó en hablar, Bai Yunyun dejó los palillos.
—Lao Cao, si tienes algo que decir, dilo. ¿Qué me vas a ocultar a mí?
El mayordomo Cao se inclinó y le susurró al oído:
—Señora, “él”… puede que haya vuelto.
Bai Yunyun se estremeció violentamente y le agarró el puño de la camisa.
—¿De verdad?
El mayordomo Cao le describió en voz baja lo que había visto por la mañana, al ver la expresión de terror en el rostro cuidadosamente conservado de la señora, la tranquilizó.
—Señora, no se preocupe, puede que sea solo mi imaginación.
Bai Yunyun bajó la cabeza, su hermoso rostro quedó oculto en la sombra.
—Recuerda, no se lo digas a nadie.
A toda prisa, Lu Jingxian convirtió el Audi en un Audi de doble diamante. El trayecto de cuarenta minutos lo redujo a veinte, llegó a Bishui Jiangwan antes de las ocho y cuarenta y cinco. Mientras se arreglaba los pelos rebeldes en el retrovisor, marcó el número.
—¿Dónde estás? He llegado.
—Dilo otra vez.
—… —Vaya con las manías, Lu Jingxian carraspeó—. Director Xu, ¿dónde está usted?
—Bajo ahora.
Colgó, y en pocos segundos, una alta y esbelta figura apareció paseando por el sendero entre la vegetación. Su chaqueta azul marino la llevaba en el brazo derecho, vestía una camisa de color lila, con ls basta metida dentro del pantalón de uniforme, marcando una cintura esbelta. El largo cabello le caía sobre los hombros, su rostro era sereno y distinguido, y a su alrededor se respiraba una elegancia fría y señorial. Un hombre así llamaba mucho la atención en la calle, hasta los transeúntes que se cruzaban con él no podían evitar volver la cabeza para mirarlo.
La puerta del coche se abrió, Xu Shu se sentó y tiró la chaqueta al asiento trasero. Lu Jingxian le tendió el desayuno y Xu Shu levantó ligeramente la barbilla.
—Aún no has aclarado tu problema, no me ganas con zalamerías.
—Te pido disculpas, no debería haberte deseado, ¿de acuerdo?
—¿Me tomas por ciego?
—Es verdad—. Las orejas de Lu Jingxian se sonrojaron y empezó a actuar—. Es la primera vez que me pasa con un hombre, si de verdad te molesta, puedes despedirme.
Xu Shu estaba impasible. ¿Despedirlo? Qué lindo sueño tenía.
Lu Jingxian tenía que ir al departamento de supervisión a que le sellaran, así que pisó el acelerador. Cuando llegaron a la Administración, faltaban cinco minutos para las nueve, así que le devolvió las llaves a Xu Shu.
—Aparca tú, yo voy al cuarto piso.
En la sala de trámites del primer piso, había una escena de disputa por bienes patrimoniales. Tres mujeres y dos hombres se insultaban a gritos, la gente parecía estar acostumbrada, hasta los guardias se aburrían de mediar. Estaban con las manos a la espalda mirando el espectáculo, para intervenir si ocurría algo. Lu Jingxian se apresuró a subir al cuarto piso y llegó justo para que le sellaran el día anterior. Y ya que estaba, aprovechó para sellar el de ese día.
—Lu Jingxian, ¿has pedido ya cita para el curso de integración? —La empleada que vigilaba el lector de iris sacó un papel—. Hoy hay cursos adecuados para ti a las 11 am, 1 pm, 3 pm y 5 pm. Puedes pedir cita ahora.
—¿Por la noche no hay?
—Los cursos de integración son por la mañana, ¿acaso estás muy ocupado?
Pues claro que lo estaba, arriba tenía a un chupasangre de mucho cuidado. Lu Jingxian decidió venir el fin de semana y la empleada asintió.
—De acuerdo, mejor pide cita cuanto antes. Si no, no podrás cobrar las ayudas.
Había oído que los transmigradores podían recibir ayudas del estado durante el periodo de supervisión. Lu Jingxian tomó un folleto, y antes de que pudiera abrirlo y leerlo, sonó el móvil.
[Xu Shu: -50]
¡Joder! ¡Su jefe le notifica un descuento en línea!
Lu Jingxian guardó el folleto y subió al octavo piso a toda prisa, cuando llegó, empujó la puerta de la oficina.
—¡Ya he fichado abajo! ¡No he llegado tarde!
Xu Shu estaba junto a la ventana, colgando la chaqueta en el perchero y sonrió con burla.
—Si no hubiera dicho nada, te habrías entretenido hasta las diez.
—Es que… había mucha gente—. Lo habían pillado holgazaneando, Lu Jingxian se puso nervioso. Por iniciativa propia, fue a por agua, limpió la mesa, cambió la bolsa de la basura y hasta le preparó un té a su jefe, intentando recuperar los 50.
Xu Shu levantó la barbilla.
—Cierra la puerta.
Lu Jingxian obedeció al instante.
Xu Shu le hizo un gesto con el dedo y luego señaló los dos sobres de papel de aceite sobre la mesa de centro.
Lu Jingxian lo entendió, era hora de desayunar. ¿Pero por qué tenía que cerrar la puerta? ¿Acaso en todo el octavo piso, no, en toda la Administración, hay alguien que se atreva a quejarse de Xu Shu?
—Tengo prohibido comer en la oficina —dijo Xu Shu.
—¿Ah? —Lu Jingxian miró con extrañeza la leche de soja, la tortilla de cebolleta, las gachas de pollo y los pequeños rollitos de masa fritos sobre la mesa de centro.
—¿Qué pasa? ¿No has oído aquello de “solo el magistrado puede prender fuego, pero el pueblo no puede encender una lámpara”? —Xu Shu mordió un crujiente rollito de masa, con una cara seria.
—… —Lu Jingxian levantó el pulgar—. Eres el jefe.
Media hora después, Lu Jingxian recogió los restos y los tiró a escondidas en el gran cubo de la basura del pasillo.
Xu Shu ya estaba en plena actividad laboral, sobre la mesa había un montón de documentos, era el último día del mes y estaba muy ocupado. El móvil no paraba de sonar, Lu Jingxian oía constantemente cómo los rechazaba con tono severo.
—No iré.
—No tengo tiempo.
—No participaré.
El móvil volvió a sonar, Xu Shu no le hizo caso y dejó que se cortara solo. A los pocos segundos, volvió a sonar. Se pellizcó el entrecejo y llamó a Lu Jingxian.
—Contéstalo tú, di que no estoy.
Lu Jingxian cogió el móvil, la llamada era de “Jin Zizhao” y contestó.
—¿Diga?
Del otro lado, se escuchó la voz de un hombre joven:
—¿Quién eres? ¿Dónde está Xu Shu?
—Soy su asistente, el director Xu está en una reunión, ¿en qué puedo ayudarle?
—¿Ha contratado a un asistente? —El hombre parecía no poder creerlo—. ¿Cómo te llamas? ¿Cuántos años tienes? ¿Dónde vives? ¿Cuándo empezaste a trabajar de asistente?
Una sarta de preguntas, como si estuviera haciendo una investigación de residencia, y con una clara hostilidad. Lu Jingxian tapó el auricular con la mano y preguntó a Xu Shu con la boca: ¿Familiar tuyo?
Xu Shu arrancó una hoja de papel y escribió: [Respóndele cualquier cosa y cuelga].
—Mis datos no deben ser importantes, ¿verdad? ¿Algo más?
—Dile a Xu Shu que el domingo tiene que venir a la reunión.
La llamada terminó, Lu Jingxian devolvió el móvil y le transmitió el mensaje. Xu Shu parecía de mal humor e hizo un gesto con la mano.
—No me he enterado.
Había un chisme.
Lu Jingxian lo observaba de reojo a escondidas, con esa cara, seguro que era un exnovio.
—No pienses tonterías, es mi compañero de la universidad—. Xu Shu ni siquiera levantó la cabeza.
Lu Jingxian se quedó atónito, ¿ahora no necesita ni tenerlo delante para leerle la mente?
El móvil volvió a sonar. Xu Shu, aún más irritado, colgó la llamada y abrió WeChat.
—Añádete a todos los grupos de arriba, pon tu nombre en la nota y escribe al final que eres mi asistente.
Estaba buscando un chivo expiatorio, Lu Jingxian pensó para sus adentros.
Cuando terminó de añadirse a trece grupos, Xu Shu envió un mensaje general: [A partir de ahora, cualquier asunto, dirigirse a mi asistente @Lu Jingxian (asistente de Xu Shu)].
¡Lo sabía!
Entonces fue el móvil de Lu Jingxian el que empezó a vibrar frenéticamente. Con los grupos grandes y pequeños de la Administración, ahora tenía por lo menos veinte grupos en WeChat. No podía hacer otra cosa en todo el día, ni siquiera contestar los mensajes.
—Me parece que has sido demasiado precipitado —dijo Lu Jingxian con tono grave—. Llevo cuatro días en el puesto y aún no sé muy bien qué hace un asistente, ¿cómo quieres que me encargue de todo?
—Aprende—. Xu Shu apoyó la cabeza en una mano y levantó la vista—. Un verdadero asistente, empieza a organizar la agenda de su jefe desde el primer día, llevas cuatro días y aún estás perdido. ¿Estás orgulloso?
Lu Jingxian tenía un dolor de cabeza horrible, si no odiara los trabajos de oficina, ¿por qué se habría hecho guardaespaldas? Y ahora se veía obligado a encargarse de estos quehaceres, estaba realmente en su límite.
Xu Shu firmó un documento. Justo entonces, vio aquel rostro irritado y angustiado, y apartó parte de los documentos, dejando un espacio vacío.
—Toma una silla y siéntate aquí.
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Nota de la autora: Al llegar a este capítulo, volví a leer la historia desde el principio y descubrí que, si uno se detiene a saborear bien la personalidad de Xu Shu, tiene un poco de esa sensación de «润物细无声»: alguien que influye y cuida silenciosamente, como la lluvia fina que empapa sin hacer ruido.
Nota traducción: y se ha traducido manteniendo esa esencia metafórica dentro del contexto de la personalidad del personaje.
Impresiones sobre el capítulo completo.
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