Jiang Tian sospechó que el cerebro estaba a punto de quedarse sin oxígeno.
Se veía obligado a aceptar los besos de Chu Xuyu; no tenían nada de dulzura, sino un filo invasivo que le arrebataba hasta el aliento.
Aplastado contra la pared, la espalda ligeramente fría y la punta de la lengua ardiendo como una brasa, sentía cada centímetro de piel encenderse.
Y no solo eso.
Chu Xuyu parecía provocarlo a propósito: la yema de sus dedos rozó el lóbulo de su oreja, haciéndolo estremecerse; alzó involuntariamente la barbilla, dejando que aquel beso, cada vez más profundo, le nublara todos los sentidos bajo el estruendo de los latidos.
Nadie sabía cuánto tiempo habían pasado besándose.
Jiang Tian no pudo más. Giró el rostro con brusquedad, esquivando el contacto. Por mucho que intentara fingir serenidad, el calor abrasador en su cuello delataba su rubor, esa piel blanca incendiada como un cielo de nubes rojas.
Chu Xuyu lo quería. Lo quería con una intensidad demoledora.
Incluso en ese punto de exaltación, aunque el muchacho fingiera rechazarlo con frialdad, él era incapaz de sentir nada negativo; al contrario, pellizcó suavemente su oreja entre los dedos, con ese toque provocador que sacaba su lado más travieso.
—¿Por qué te apartas? —roncó Chu Xuyu.
Hiciera lo que hiciera, Jiang Tian se sentía como si lo hubieran puesto al fuego a rostizar. Con las mejillas ardiendo, fingió distancia en su voz:
—No hagas esto.
—¿Mm?
Chu Xuyu soltó una risa breve, baja.
—Así que me besas y luego te haces el que no me conoce.
Jiang Tian no respondió.
Su mirada vagó sin rumbo, evitando a toda costa encontrarse con la de Chu Xuyu. Sabía demasiado bien que el hombre seguía con el mismo gesto: un deseo intenso, filoso, capaz de envolverlo por completo.
—Recuerdo haber dicho —le recordó Chu Xuyu— que nunca te obligaría a hacer algo contra tu voluntad.
Por supuesto que Jiang Tian no lo había olvidado.
Precisamente por eso, esas palabras tenían un poder devastador. Significaban, sin más, que había sido él quien permitió las caricias de Chu Xuyu: los besos enlazados, las manos en su rostro, los dedos en su oreja… y ese “bebé” pronunciado con tanta ternura.
En ese momento, el muchacho era la definición perfecta de contradicción.
Chu Xuyu lo veía con claridad. No quería presionarlo más, pero la posesividad lo traicionó; sus labios regresaron a los del chico mientras una de sus manos, demasiado atrevida, se deslizaba bajo la camiseta deportiva…
Y encontró los abdominales firmes y definidos del muchacho.
Las pupilas de Jiang Tian temblaron.
La palma del hombre ardía como un horno, y aquel calor le hizo contraerse los músculos, tensarlos, sacudirlos en un reflejo torpe y puramente inocente.
Mientras tanto…
La lengua de Chu Xuyu, incansable y certera, enredaba la suya; y con la sensación en el abdomen multiplicada hasta el delirio, incluso un joven tan tranquilo como Jiang Tian —que también tenía su orgullo— sintió, sin planearlo, la necesidad instintiva de resistirse a aquella sensación de ser completamente dominado.
Era evidente que solo su boca negaba la evidencia del deseo.
El beso que le devolvió no era dominante, pero ya no estaba contenido. Chu Xuyu entreabrió los ojos, respiración entrecortada, y su mano apretó con más fuerza.
Se besaron desde la entrada hasta el dormitorio principal. En el camino quedaron tiradas las zapatillas de deporte y los zapatos de cuero, el golpe sordo contra el marco de la puerta, las sábanas arrugadas… y un rastro de un deseo imposible de deshacer.
Hasta que la mano de Chu Xuyu siguió bajando. La reacción de Jiang Tian fue inmediata: se dio la vuelta de golpe. La atmósfera seguía impregnada de calor, pero él, desde arriba, negó despacio.
—Ge… —lo llamó con una voz ronca—. Esto sí que no.
Chu Xuyu se quedó inmóvil.
Se incorporó, el pecho subiendo y bajando con violencia; su respiración áspera no encontraba calma.
—Entonces —preguntó, con la voz rota—, ¿cómo piensas solucionarlo?
Al oírlo decir eso, Jiang Tian quiso hundirse bajo tierra. Con los puños apretados y la cara completamente encendida, murmuró con torpeza:
—Puedo… puedo aguantar.
Chu Xuyu, apoyado con un brazo en el borde de la cama, soltó un elogio:
—De verdad eres impresionante.
Jiang Tian ni siquiera notó la ironía escondida. Lo miró, y esa mirada del hombre parecía incitarlo a hacer algo indebido. Encima, aún preguntó:
—¿Seguro que no necesitas ayuda?
Jiang Tian: —…
No era que dudara ante ese tipo de intromisión. Lo que buscaba era una manera de convencer al otro de abandonar la idea.
Tras un breve silencio, Chu Xuyu lo tomó del brazo y volvió a volcarlo bajo su cuerpo. El muchacho, rendido, solo pudo llamarlo en un susurro resignado:
—…Chu ge.
No dijo nada más, como si, sin pensarlo, estuviera suplicando un poco de misericordia.
—¿Mm?
Chu Xuyu se inclinó y lo besó apenas, como el roce de un ala. Su voz sonó suave:
—Quiero ayudarte.
Los labios de Jiang Tian se apretaron; bajo la luz, sus ojos parecían empañados, como si temblaran al borde de un llanto silencioso.
Los labios del hombre se deslizaron hasta su oído, respirando un deseo contenido:
—No me refiero a acostarme contigo.
Jiang Tian miró el techo y suspiró hacia dentro. Al fin y al cabo, en Internet había leído aquella célebre frase: “Solo la puntita, no voy a entrar”.
Como si fuera posible que él aceptara eso en este momento.
Ni hablar de que ese tipo de cosas estaban lejísimos de su realidad: acababa de graduarse del instituto. Y aunque en el pasado hubiera engañado a Chu Xuyu por Internet, incluso desde ese sentimiento de culpa, lo máximo que podía aceptar eran los besos.
Al verlo callado, cualquiera pensaría que estaba rompiendo el ambiente.
Pero Chu Xuyu no se ofendió en absoluto. Aquel presidente famoso por su mal temperamento en su círculo, lo trató como si fuese un tesoro, y le dio un beso en la mejilla—en el mismo lugar donde se habían besado por primera vez—como si acariciara a un perrito asustado.
—Voy a ducharme.
Cuando Jiang Tian volvió en sí, el hombre ya había entrado al baño. Incapaz de soportar la idea de lo que pudiera estar haciendo ahí dentro, corrió a otra habitación y se quedó de pie, desorientado, como si su alma se hubiera quedado atrás.
Si no fuera porque el chat de grupo estalló en notificaciones, probablemente se habría quedado así hasta el amanecer. Sacó el móvil y leyó los mensajes: todos querían saber cuántas cosas buenas había conseguido comprar.
KIRA: Todo está comprado.
KIRA: Tengo que ocuparme de trabajo.
KIRA: Hablamos luego.
No solo estaba esquivando a los demás; también huía de sí mismo. Hundido en la silla, se preguntó una y otra vez cómo demonios había terminado así con Chu Xuyu.
Con los dedos largos presionando la sien dolorida, por fin lo admitió: algo no encajaba. Si podía aceptar los besos… quizá no era solo culpa lo que sentía por Chu Xuyu.
—…
¿Acaso le gustaban los hombres maduros como él?
El pensamiento era peligrosísimo. Apenas hacía segundos había dicho que estaba ocupado, y ya estaba abriendo el chat privado con Zhao Yuanhao, enviándole un sticker de Jiyi llorando.
Hao: ¿Qué pasó?
Hao: ¿El presidente Chu intentó forzarte?
KIRA: …
¿Quién podría entender el impacto visual que le provocaron esas cinco palabras?
Jiang Tian intentó regular la respiración mientras sostenía el móvil, que casi salió volando de sus manos. Sus dedos se movían sobre la pantalla, pero las palabras aún no terminaban de ordenarse cuando, del otro lado, el “viejo experto” ya había emitido su análisis profesional.
Hao: Yo, sinceramente, no puedo imaginarte haciendo de cero.
Hao: Te voy a contar algo en secreto.
Hao: Mi novio también quiso ponerse arriba una vez. Probó… y se le quitó la idea.
KIRA: ¿?!
¿Ese tipo de intimidades se le contaban así como así?
Hao: Ay, no es para tanto.
Hao: A-Tian, eres demasiado inocente. Si no, Qiaozi no tendría miedo de contarte nada.
KIRA: ¿Mm?
Hao: Cuando tenía noviazgo online, hasta nudeaba con la otra persona.
Hao: Lo nuestro no es nada comparado.
Hao: Sticker de Tao Jiji tapándose la cara y riéndose.
KIRA: …
[NT: nudeaba viene del inglés nude, usado coloquialmente como verbo en español.
«Nudear con alguien» / «nudeaba con alguien» significa intercambiar fotos o vídeos desnudos o sexualmente íntimos por internet, normalmente mediante chat o redes sociales].
Con razón aquel idiota le había ocultado cosas.
Jiang Tian sintió cómo se le derrumbaba el mundo; de pronto se vio rodeado de veteranos curtidos, mientras él seguía atrapado en el nivel tutorial.
Y por si fuera poco, al girar la esquina se topaba con alguien como Chu Xuyu: un experto de manos peligrosas, un hombre que —según todas las señales— debía tener una experiencia amorosa vasta y demoledora. Tal vez él era solo el pececito más ingenuo en el acuario de ese hombre.
Pensando en todo eso, Jiang Tian soltó un largo suspiro. Solo quería ducharse y apagar el caos que tenía en la cabeza.
Pero justo cuando iba a dejar el móvil a cargar sobre la mesa, Zhao Yuanhao le mandó otro mensaje, haciendo trizas la serenidad que tanto le había costado reconstruir.
Hao: A-Tian.
Hao: ¿No lo has pensado seriamente?
Hao: Primero, físicamente es tu tipo. Segundo, puede cuidarte y aguantarte. Además es maduro, atractivo, completamente distinto a los chicos de nuestra edad.
Hao: ¿No es ese exactamente tu tipo?
Jiang Tian se quedó mudo.
No solo sus compañeros del equipo: en el foro del instituto también había hilos enteros debatiendo qué clase de persona podría gustarle a alguien como él.
Algunos apostaban por la genio del instituto; otros, por alguna heredera rica. Después, cuando su orientación sexual empezó a circular en rumores privados, dejaron de especular. Incluso hubo quien afirmó que no le gustaban los humanos, que era un “lobo solitario elegido por el destino”.
Solo ahora —aunque su boca siguiera negando— Jiang Tian empezaba a ver con claridad algo de sí mismo. Desde pequeño había cargado sobre los hombros la responsabilidad de cuidarse solo, junto a su hermana; sin adultos en los que apoyarse. Tal vez, en el fondo, disfrutaba del cuidado de Chu Xuyu.
Pero ¿eso era gusto? No podía asegurarlo. Solo sabía que no le molestaba esa cercanía. Y que besar a Chu Xuyu… había sido bastante agradable.
Media hora después.
En el silencioso baño, Chu Xuyu salió de la bañera. Echó el flequillo oscuro hacia atrás con una mano, dejando al descubierto…
Se puso la bata, salió al salón y tomó una botella de agua mineral. A lo lejos notó que Jiang Tian no había cerrado la puerta de su habitación.
Ese gesto, sin duda, era una invitación abierta.
Chu Xuyu abrió la botella y, con paso relajado, caminó hacia la habitación del muchacho. Se apoyó en el marco de la puerta y lo vio recién salido de la ducha, con un pijama de algodón, tomando fotos desde arriba a la colección de merch, postales y firmas ordenadas sobre la cama.
Click.
Click.
Jiang Tian tomó varias instantáneas seguidas y las envió al grupo. Al girar la cabeza, se dio cuenta de la presencia de Chu Xuyu.
—…¡!
No llegó a asustarse; aquella chispa de sorpresa se apagó enseguida. Con expresión serena, sin dejar filtrar emoción alguna, saludó:
—Chu ge. ¿Ocurre algo?
—¿Es que no puedo venir a buscarte si no pasa nada? —respondió Chu Xuyu.
Al oírlo, Jiang Tian guardó el móvil y esperó en silencio, obediente, a que continuara. El hombre entró sin pedir permiso:
—¿Mañana quieres pasear por la Universidad Jingda?
—Mm.
Jiang Tian fingió que nunca se habían besado. Su fortaleza mental era admirable. Sonrió apenas, de forma tan discreta que casi no se veía:
—¿Quieres venir conmigo?
Chu Xuyu arqueó una ceja, sorprendido.
—Claro.
Al acercarse, el aroma a sal marina que desprendía Jiang Tian le hizo inspirar hondo. Era incluso más encantador que en la entrada.
—¿Trajiste tu propio gel de ducha?
—…Sí —dijo él, apartando la mirada mientras ordenaba las cosas sobre la cama—. Estoy más acostumbrado a usar el mío.
Ese tipo de hábito quizá revelaba un toque de escrupulosidad, incluso cierta delicadeza mental.
Mientras el muchacho recogía mercancía de anime, el borde del colchón se hundió dos centímetros. La palma del hombre se apoyó a su lado, su calor acercándose por la espalda. Se inclinó y murmuró:
—¿Piensas que he tenido muchas relaciones?
Los dedos de Jiang Tian temblaron; casi se le cayó lo que sostenía.
Aprovechando su descuido, los labios de Chu Xuyu rozaron su oreja de forma provocadora, como una caricia calculada:
—Cariño… Te equivocas.
Jiang Tian ya no pudo preocuparse por otra cosa. Se giró de golpe y, a tan poca distancia de su rostro, se topó con esos ojos oscuros:
—Ge… ¿por qué me dices esto?
—Mm.
La mirada de Chu Xuyu recorrió su rostro: limpio, joven, un poco distante. Y comprendió que realmente estaba perdido de amor por él.
—Puedes preguntártelo tú mismo —susurró.
En ese instante, el corazón de Jiang Tian se desbocó, como si pudiera anticipar una conversación que lo cambiaría todo.
Pero no estaba seguro. Aquel par de ojos profundos, como un remolino, lo atrapaban con una fuerza casi peligrosa. Y mientras el hombre se acercaba, él no sintió ni una sola intención de apartarse. Solo intentó mantener estable la respiración.
Entonces…
La voz baja y perezosa de Chu Xuyu se deslizó por su oído, haciendo que sus ojos se abrieran de par en par, congelando por un momento todos sus sentidos.
—Mi primer beso también te lo di a ti.
La respiración de Chu Xuyu se volvió más pesada, pero no se atrevió a hablar con demasiada fuerza, temeroso de espantarlo.
—Cariño.
—Antes de conocerte, estuve soltero durante años. Y nunca tuve esas… compañías caóticas de una noche.
Hizo una breve pausa.
—Cariño… ¿quieres intentarlo conmigo?
Zumbido.
La mente de Jiang Tian quedó en blanco al instante.
Se quedó rígido en su sitio, capaz solo de oír un caos de estática eléctrica golpeándole los oídos, tututú, hasta que por fin comprendió el sentido de aquella frase.
¿Acaso Chu Xuyu quería… tener una relación con él?
La autora dice:
Parece que el hermano Chu ha usado toda su fuerza y todas sus tácticas. [Se encoge de hombros ]
¡Caen 30 paquetitos amarillos!
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