Anotándose mentalmente que esperaría a que los niños se estabilizaran para tantear el terreno e informarle a Hyde con antelación, Euichan apretó los puños y afianzó su resolución. Por supuesto, mantener la identidad del padre de los niños en absoluto secreto era un requisito indispensable.
—…Niños, por favor, busquen a su papá. ¿Sí? No peleen entre ustedes.
Mientras susurraba en voz baja, a Euichan le vino de pronto a la memoria la imagen de Yeo Taehwon sosteniéndole la mano y llevándolo hasta su casa. Si resultaba que Black Tan era el padre biológico del tercer bebé, eso significaba que tendría que volver a acostarse con él. Sin embargo, en sus recuerdos, Black Tan solo era alguien fiero y despiadado.
Aunque no lo recordaba con total claridad, al evocar la sensación de su parte inferior abriéndose dolorosamente hasta el límite, le parecía que aquella cosa tenía un tamaño de una dimensión completamente distinta a la suya.
Al rememorar aquella masa de carne que hendía su interior hasta el punto de aplastar sus testículos, Euichan sintió un calor abrasador por todo el cuerpo. En aquel entonces no estaba en su sano juicio, pero ahora tendría que mantener relaciones con ellos estando completamente sobrio; recordar que ninguno de los tres era un tipo ordinario lo llenó de una profunda vergüenza.
«¿Cómo demonios me dejé tomar en aquel entonces?»
Euichan permaneció tirado boca abajo en la cama con la cara sepultada en la almohada y sujetándose las orejas al rojo vivo, hasta que Park Ri-on se quitó el delantal y entró a la habitación sosteniendo un libro de cuentos en la mano para proponerle tomar una siesta.
***
Aquel lugar parecía un abismo profundo hecho de cenizas del fuego del infierno. Cubierto por paredes negras y impregnado de un olor rancio y fétido, era una prisión en la penumbra. Allí, una persona ensangrentada y atada de pies y manos estaba empalada como un espetón. Debajo de ella, la sangre negruzca goteaba rítmicamente hasta formar un charco.
—Así que estás buscando a un joven con cojera que no llega a los seis pies de altura, ¿eh?
Se escuchó una voz a escasa distancia. El Goblin, suspendido en el aire con la piel del vientre atravesada por una púa de hierro, alzó la cabeza de golpe para mirar a su interlocutor. Era el primer ser humano que veía en casi dos días. Comenzó a agitar con fuerza sus extremidades.
—¡Sácame de aquí! ¡Suéltame! ¡Este cuerpo me duele demasiado! ¡Tampoco tengo otro recipiente al cual transferirme!
—Bueno… si respondes a mis preguntas con sinceridad, te liberaré. Por eso te dije que hablaras. El que se resistió fuiste tú.
—¡Jajaja! ¿Qué… qué quieres saber? ¿Un joven de seis pies? ¡Tú lo sabes mejor que nadie! ¿Acaso lo atrapé yo? ¡Fuiste tú quien se lo llevó!
El sujeto, riendo como un demente, distorsionó horriblemente su rostro y soltó un alarido grotesco. Bajo la tenue luz, quedó al descubierto su trágico aspecto con la cabeza aplastada. Era un monstruo con piel humana. Su cuello, desgarrado por las fauces de una bestia, no se había curado, dejando ver de forma espantosa los huesos al descubierto.
—¡Fueron ustedes quienes se lo llevaron, ¿por qué me interrogas a mí?! ¡Yo lo encontré primeeeeero! ¡Jajajaja!
Cada vez que la criatura pataleaba, las cadenas resonaban con una ferocidad metálica. Desde atrás, Hyde arrastró una silla con parsimonia, se sentó y cruzó las piernas con elegancia.
—Él es un amigo al que le tengo mucho cariño. Pero de la nada sufrió el ataque de alguien. Tu afirmación de que lo encontraste primero no es correcta. A él… yo lo descubrí hace muchísimo tiempo.
Zas. Con un sonido seco, las espinas de hierro se clavaron aún más profundo en el pecho del Goblin. Con los ojos desorbitados, la criatura retorció sus extremidades mientras soltaba un alarido gutural.
—¡N-no lo sé! ¡Dijeron que él tenía la reliquia! Yo… ¡solo quería saber si era el sujeto que se la había llevado!
—¿La reliquia?
Moviendo el pie ligeramente, Hyde lo contempló por unos instantes y extendió la mano hacia atrás. De entre la penumbra, emergió una mano con guante blanco que le entregó una caja desgastada. Hyde la tomó y la arrojó sin el menor interés frente al Goblin.
—¿La reliquia es acaso esto?
—¡L-la reliquia! ¡Jaja, lo ves! ¡Yo la encontré! ¡Es mía! ¡La encontré urgando entre los cojos! ¿Ahora quién se burla? ¡Jijiji!
Al ver la caja, el sujeto parloteó entusiasmado como un niño. Su cuerpo se sacudía como si fuera a abalanzarse sobre ella en cualquier segundo, pero al estar atado de pies y manos, solo lograba patalear torpemente. Sin embargo, lo que había dentro de la caja que Hyde arrojó era una farsa. El contenido real ya había sido ocultado en un lugar inalcanzable para el Goblin.
A una señal de la mano de Hyde, las cadenas que sujetaban al Goblin se aflojaron. La criatura se arrastró a toda prisa, abrazó la caja contra su pecho y rio extasiada. Sus ojos brillaban con un rojo demencial.
—¡E-encontré la reliquia! Señor Aeng-ak, hermano Muhyul, ¡la encontré! ¡Jijiji! ¡Fui yo! ¡Yo!
El Goblin, manoseando la caja vieja desesperadamente, abrió la tapa de golpe. Dentro del contenedor, envuelta en un paño, se encontraba la oreja cercenada de alguien. El Goblin la levantó y la pegó con devoción a su propia mejilla.
—¡Jajajaja! ¡Es la ‘Oreja del Monstruo Lobo Paeryang’! ¡La oreja del lobo! ¡Por fin la tengo! Con esto… ¡jijiji! Ahora el señor Aeng-ak también…
De pronto, el Goblin se congeló como una marioneta a la que le cortaron los hilos. Su rostro inexpresivo volvió a tornarse sombrío como el de un espectro desalmado. Sus pupilas, parpadeando lentamente, miraron a su alrededor buscando a alguien.
—Él… él la tenía. La llevaba consigo. Sin necesidad de este tipo de sacrificios, con solo eso…
Tras meter la oreja dentro de la caja, el Goblin la apretó contra su pecho y comenzó a palpar el suelo. Tocando la superficie como un ciego, su mano tropezó repentinamente contra la pata de la silla de Hyde.
El Goblin alzó la mirada con sus ojos azulados hacia Hyde. De repente, rasgó su boca en una enorme sonrisa. Sin embargo, sus ojos estaban completamente oscuros, carentes del menor rastro de alegría.
—Tu… amigo. Él… ¿sabes lo que llevaba dentro?
Sujetando la pierna de Hyde con fuerza, la sacudió como un niño. Como si estuviera lloriqueando, abrió bien los ojos y la boca preguntándole si sabía lo que había visto.
—¡Vi que había algo extraño dentro de su vientre! ¡Jajaja, yo lo vi!
—…
—¡Sus heridas se curaron en un solo instante! Te digo que esas cosas dentro de su vientre hicieron un truco. ¡Jijiji! ¿Qué importa una oreja? Con solo tener eso, nuestra gran causa… el deseo del señor Aeng-ak se cumplirá… ¡Agh!
La mano que sujetaba sin miramientos la bota impecable y sin una sola arruga de Hyde volvió a sacudirlo para revelarle todo lo que había visto. Eran tres almas.
—¡Almas! ¡Vi las almas, jajajaja! Digo que esas cosas usaron su poder tan pronto para proteger a su madre. Pero… devoran. ¡Están devorando violentamente! Hay que extirparlas antes de que… Hay que rasparlo todo y entregárselas al señor Aeng-ak, ¡kff!
—…No.
Una huella hundida apareció sobre el cuello del Goblin. La criatura comenzó a agitar las piernas en el aire mientras se sujetaba la garganta. Como si alguien lo estuviera jalando del cabello hacia arriba, su cuerpo comenzó a flotar en el vacío. Ante la asfixiante fuerza intangible, el Goblin pataleó indefenso.
—Eso no es algo que te corresponda decidir a ti.
Hyde se levantó con parsimonia y caminó hacia el Goblin.
—Pero, ¿por qué son tres? La otra vez eran solo dos…
—¡Kff… keff!
—Esta información… ¿la sabe alguien más? Como alguno de tus camaradas, por ejemplo.
El Goblin cambió drásticamente de color y negó con la cabeza en un frenesí desesperado. La fuerza invisible que le estrangulaba el cuello no se detuvo allí; comenzó a oprimir su cráneo como si fuera a devorárselo por completo. Era como ser engullido por la boca de un monstruo colosal.
—N-nadie… n-no… ¡kff!
—¿No lo saben?
Hyde repitió las palabras con absoluta frialdad mientras extraía la caja vieja del pecho de la criatura. Abrió la caja ancha, sacó la oreja cercenada y, tras examinarla de frente y de vuelta, soltó una risita burlona.
En ese mismo instante, la oreja reventó en mil pedazos.
—¡No!
El Goblin gritó desolado, con el rostro pálido. Estiró las manos desesperadamente para intentar atrapar los restos de la oreja que Hyde acababa de pulverizar, pero sus dedos fueron cercenados limpiamente.
Swish, swish. Sin poder emitir siquiera un alarido, el cuerpo entero del Goblin fue descuartizado en pedazos. Cuando la masa de carne cayó en trozos sobre el suelo, un suspiro resonó desde la espalda de Hyde.
—Vaya, terminó muriendo.
—¿Estará bien esto?
Diciendo que bajo ese trato nadie saldría vivo, Thief Phantom Kill emergió de la penumbra y chasqueó la lengua. Hyde sonrió divertido y lanzó la caja vacía sobre los restos.
—Bueno… da igual. Solo tenemos que atrapar a otro. Este sujeto ya parecía haber perdido la cabeza, ¿no crees que habría sido difícil sacarle información así? ¿Qué clase de confesión íbamos a obtener de alguien incapaz de reconocer la verdadera ‘Oreja del Monstruo Lobo Paeryang’?
—A simple vista luce idéntica, es natural que se confundiera.
—Siendo un Goblin, al menos debió haber percibido la energía que emanaba.
El Monstruo Lobo Paeryang. Hace unos tres años, esta entidad lupina apareció en Yongin y fue designada como una de las ‘Siete Grandes Calamidades’, entrando en la lista de búsqueda prioritaria de la Asociación de Héroes. En aquel entonces, cientos de héroes fueron desplegados para acabar con ella. Sin embargo, quien realmente exterminó al lobo monstruoso fue Turn Hyde, el villano de In the Hell.
La razón por la que mató al monstruo fue simple: en aquel momento, In the Hell celebraba una reunión en lo profundo de las montañas y el lobo irrumpió en el lugar arruinando la sesión. Euichan, aterrorizado y pálido, se había replegado protegiendo a sus hermanos cuando el techo se derrumbó. Aunque Jekyll Jack se levantó con firmeza para proteger a Euichan, los escombros del techo que cayeron terminaron rasguñando toda la piel de Euichan.
Aquel día, Hyde descuartizó al Monstruo Lobo en ciento ochenta y nueve pedazos. Una de sus orejas cercenadas se filtró al mundo exterior y terminó en manos de Aeng-ak. Por lo tanto, era natural que Hyde, quien había masacrado a la bestia personalmente, reconociera de un solo vistazo la oreja falsa que Euichan le había entregado.
Cuando Thief Phantom Kill extrajo una carta de póker y la lanzó al suelo, la carta se clavó con fuerza en una hendidura. De la carta, que explotó con un leve estallido, salieron en tropel decenas de nutrias que comenzaron a recoger los restos del cadáver para meterlos dentro de la caja. Nadie entendía cómo cabían tantos fragmentos en un recipiente tan pequeño.
Gracias a la organizada cooperación de los animales, el suelo quedó impecable en cuestión de segundos. Hyde observó el ajetreo de las nutrias y luego alzó la mirada hacia el techo altísimo. Este lugar era la ‘Cámara de Tortura’ que él mismo había construido para interrogar a los criminales.
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