—¿Por qué…?
—Eso mismo me pregunto yo… ¿por qué crees que es así?
Los ojos de Euichan se abrieron de par en par. Miró fijamente a Ra Épée e intentó echar la cintura hacia atrás. El corazón le golpeaba el pecho con tal fuerza que sentía que iba a saltar de su lugar. En un instante, el rostro de Euichan quedó pálido, desprovisto de todo color.
Sin embargo, al tensar los músculos del abdomen, solo logró que las paredes internas y su orificio se cerraran con una presión asfixiante. Ante la fuerza con la que su miembro era exprimido, las venas del cuello del hombre se hincharon. Apretó los dientes y una mirada siniestra nubló sus ojos gris cenizos.
—…¿Por qué Hyde está…?
Antes de que Euichan pudiera terminar la frase, un brazo firme se cerró alrededor de su nuca y lo arrastró violentamente hacia abajo. Al mismo tiempo, el miembro congestionado empujó las paredes internas y se hundió de un solo golpe hacia adentro.
—¡!
Un dolor punzante lo atravesó en lo profundo del vientre. Cada pliegue que el pene rozaba parecía encenderse en llamas. El orificio estaba tan dilatado y tenso que parecía imposible que cupiera siquiera un hilo más. Euichan abrió la boca, soltando jadeos erráticos y desesperados.
—Haa, hng… haaa.
Entonces, con un sonido húmedo, el miembro se deslizó ligeramente hacia atrás para luego volver a embestir, golpeando el interior una y otra vez. Cuando finalmente rasgó la carne rosada y golpeó el fondo con fuerza…
—Hng…
Euichan rompió en llanto. Ante sus ojos, veía aquellas pupilas donde las estrellas brillaban con nitidez. Frunciendo el ceño, el hombre sujetó la cintura de Euichan y comenzó a frotar su pene con movimientos lentos y pesados. La carne tierna, estremecida, exprimía el miembro ardiente como si quisiera arrancarle la piel.
Cuando el grueso glande logró perforar el valle cerrado del interior, la cabeza de Euichan se echó hacia atrás violentamente.
—¡Ah… ah, aaah…!
—Haa… ¿duele?
El miembro, que había forzado la entrada, comenzó a masajear el interior con suavidad, casi como para calmarlo. Euichan podía sentir el pulso del pene latiendo dentro de su vientre. Con el rostro desencajado, buscó la mirada de Hyde, confirmando una y otra vez, con angustia, lo que estaba viendo.
«¿Por qué…? ¿Por qué Hyde?»
—¿Por qué…? Ah, ¿por qué…? ¡Hng!
Hacia hace un momento estaba con Ra Épée, pero ahora Hyde aparecía frente a él; con el cerebro recalentado por el placer y el dolor, no lograba conectar los hechos. ¿Desde cuándo Ra Épée era Hyde? ¿Había cambiado a la mitad del acto? ¿O… acaso siempre había sido él?
—¿Por qué…? ¿Por qué Hyde está… aquí, hng!
Ante el intento de empujar el miembro hacia afuera, Hyde tensó la cintura y pegó su cuerpo al suyo. Cuando el pene golpeó ligeramente el fondo, las paredes internas, que ya estaban temblando, sufrieron una contracción violenta. Aquel pequeño movimiento hizo que un escalofrío recorriera su columna y que su vientre fuera presionado con fuerza. Euichan soltó un gemido.
—¿Por qué más va a ser…? He venido a atrapar a mi amante infiel, hng.
Hyde, con un ojo entrecerrado, seguía conservando la apariencia de Ra Épée. Lo único diferente era la constelación que brillaba en sus ojos. En la mente de Euichan, una alarma roja comenzó a parpadear peligrosamente.
Si… si «Ra Épée» era una identidad creada por Hyde… entonces aquel día, cuando fue poseído por tres hombres, Hyde también estaba allí. Y eso significaba que uno de los bebés que llevaba en su vientre era…
Sintiendo que la sangre se drenaba de todo su cuerpo, Euichan agitó las piernas. Intentó decir algo, pero solo pudo mover los labios sin emitir sonido alguno. Levantó las rodillas en un intento desesperado por salir de aquel abrazo.
—¿Ahora pretendes huir?
Los ojos gris cenizos se curvaron en una sonrisa maliciosa. Hyde deslizó el miembro hacia atrás lentamente. La carne rosada, aferrada al miembro, se estiró mientras el pene salía. Euichan sintió un terror profundo; Hyde comenzaba a inclinarse hacia él.
—Basta… Hyde, no… no puedo…
—Euichan, hace un momento te lo dije.
—Hng…
—Que una vez que empiezo, no puedo detenerme.
Un beso apasionado consumió a Euichan. Con la cabeza echada hacia atrás al límite, el miembro que colgaba en la entrada golpeó el interior con una fuerza brutal. El glande rasgó las paredes internas como si fueran fuego, aplastando todo a su paso antes de deslizarse hacia afuera nuevamente.
—¡Hng, mmph…!
Las manos de Euichan se aferraron con fuerza a los hombros de Hyde. Apretó los puños y comenzó a golpearlo, pero pronto sus fuerzas se evaporaron ante la violencia de las embestidas en su parte inferior, y sus manos resbalaron inertes. Cuando el miembro que lo invadía aumentó aún más su volumen, Euichan se estremeció y soltó un jadeo desesperado.
Hyde no toleró ni siquiera ese breve instante de silencio; lo persiguió con un beso voraz, entrelazando sus lenguas con una insistencia posesiva. Robó cada uno de sus alientos, bebiéndolos como si fueran rocío. Hundió su pene hasta que sus pubis chocaron, golpeando la base del colon, y soltó una risa ronca que vibró en su garganta.
«Entonces… No, no puede ser…»
Hyde encontraba con precisión quirúrgica los puntos más sensibles de la pared interna, frotándolos mientras llenaba cada espacio vacío de su interior con su miembro. Mientras lo hacía, frotó su nariz contra la piel de Euichan. Desprendía una fragancia exquisita…
Un aroma a pétalos de flores secas. Una fragancia verde, viva y fresca, como la de un fruto que aún no ha madurado del todo.
—¡Haa, ugh! ¡Ah… hng!
Cuando el miembro se retiraba, las paredes internas, viscosas y calientes, se aferraban a él, negándose a dejarlo ir. Y en el momento en que Hyde finalmente se soltaba, el orificio sufría una serie de espasmos violentos. Hyde lamió los párpados húmedos de Euichan y comenzó a agitar su miembro con ritmo. Euichan cerró los ojos con fuerza, abriendo y cerrando la boca en busca de aire.
—¿Cómo… cómo se detiene esto?
Aquel capullo tan fresco se había convertido en un fruto maduro. Las pupilas de Hyde se dilataron, encendiéndose con un deseo denso y viscoso.
¡Plap, plap!
El movimiento del pene entrando y saliendo se volvió cada vez más rápido. Hyde movía la cadera con destreza y, cada vez que Euichan se estremecía porque algo era presionado demasiado fuerte, él acariciaba su nuca con suavidad. Besaba su piel empapada en sudor y buscaba sus labios jadeantes como quien encuentra un oasis en medio del desierto.
Cuando Euichan intentó cubrirse el vientre, Hyde frunció el ceño ante la presión que ejercía el cuerpo del otro sobre su pene. Buscó el ángulo perfecto y hundió su miembro hasta el fondo, aplastando la base del colon.
—¡Hng!
Al cerrar los ojos, la imagen de un muchacho joven que lo miraba con inquietud en aquel edificio abandonado apareció ante él. Un chico que, a pesar de verlo en un estado deplorable y encadenado, se había acercado sin miedo para tenderle la mano. Recordó el rostro blanco y hermoso del joven que, con manos temblorosas, lo liberó y lo ayudó a levantarse, diciéndole que todo estaría bien.
«…Qué rostro tan hermoso.»
Aquel día, Hyde hizo una «promesa» por primera y última vez: que regresaría cuando todo terminara. El muchacho había asentido con una expresión de esperanza. Hyde no sabía por qué, pero aquella imagen se había quedado grabada profundamente en su corazón.
—…Euichan.
Cuando volvió a abrir los ojos, se encontró con Euichan sollozando, convertido en un desastre de fluidos sexuales. En sus muslos abiertos, las marcas de los dedos de Hyde permanecían como quemaduras. Al hundir su peso y presionar la cintura, un fluido transparente goteó desde el miembro de Euichan. Era la señal de que, a pesar de todo, su cuerpo no rechazaba el estímulo.
Debido a que el interior se contraía como si quisiera devorar el miembro, Hyde tuvo que perforar una y otra vez las paredes que se estrechaban. Y mientras rasgaba y aplastaba todo el interior con su grueso pene, la punta del glande chocó contra un punto específico. Euichan dio un respingo y abrió los ojos de par en par.
—Hmm, ¿qué es esto?
—Ah… no… Hyde…
—¿Hay otro camino aquí?
Junto al colon, en una zona curva, había algo que obstruía el paso. Cuando Hyde presionó con fuerza, la entrada, que estaba firmemente cerrada, se abrió con dificultad. La presión que ejercía el glande sobre ese punto hizo que Hyde soltara una risa feroz. El placer que recorrió su cuerpo fue tan intenso que sus músculos mandibulares se tensaron.
Sus ojos gris cenizos se encendieron en un rojo ardiente. Retiró la cintura lentamente solo para volver a invadir aquel espacio como un villano. El miembro, hundiéndose con violencia, exploró más allá de la entrada empapada y blanda. El interior era terriblemente caliente y acogedor.
Fue un placer tan extremo que la visión de Hyde se volvió blanca por un instante. Un escalofrío recorrió su espalda y su expresión desapareció, reemplazada por un vacío absoluto.
«Cuánto he esperado este día. Cuánto lo he anhelado». Había intentado acercarse lentamente para preservar la pureza del otro, pero…
—Hng, despacio… no, hng…!
—¿Despacio? Está bien… hoy haré las cosas como tú quieras, Euichan.
El miembro, que antes frotaba la entrada, comenzó a penetrar de forma superficial y delicada.
—…Lo haré con suavidad.
Euichan volvió a entrar en un estado de delirio febril. Hyde buscó sus labios rojos, que estaban apretados, y le dio un beso ligero.
En aquel entonces también fue así. Después de resolver todo, Hyde esperó exactamente dos días en aquel edificio abandonado. Solo entonces volvió a encontrarse con Euichan, que estaba sumido en la soledad y la tristeza. Recordó la luz que brillaba en los ojos del muchacho. Y recordó cómo el chico corrió a abrazarlo con fuerza.
Desde aquel momento, Ha Euichan le pertenecía a Hyde.
***
La zona entre el vientre y los glúteos estaba tan adormecida que ya no sentía nada en la parte inferior de su cuerpo. Euichan parpadeó lentamente con la mirada nublada. «¿Qué hora será…?».
No tenía fuerzas ni para levantar la cabeza. Durante toda la noche, se había sometido una y otra vez al sexo frenético de Hyde. Cada vez que su cuerpo se sentía pesado como un algodón empapado, incapaz de mover siquiera un dedo, Hyde le traía agua y lo obligaba a beber.
En cada centímetro de piel que alcanzaba su vista, había manchas rojizas de succiones y mordidas. Y aun así, ¿por qué…?
¡Plap!
—Hng…!
¿Acaso esto no iba a terminar nunca? El semen que resbalaba entre sus piernas era una mezcla confusa; ya no sabía de quién era. El fluido que había empapado las sábanas se adhería a su piel con una viscosidad asquerosa. El semen que Hyde ya había eyaculado se estiraba como hilos de telaraña cada vez que el miembro volvía a hundirse en el orificio.
En cuanto recuperó la conciencia, Euichan intentó alejarse arrastrándose torpemente. A través de las cortinas, pudo ver el tenue resplandor del amanecer. Al observar aquel sol rojo y difuso, se dio cuenta de que había pasado muchísimo tiempo.
—Haa… ugh! ¡Ah…!
Pero, en mitad de su huida, alguien lo sujetó por la cintura y lo arrastró hacia atrás, hundiéndose nuevamente en su interior de un solo golpe. Euichan se desplomó, dejando caer la cabeza con resignación.
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