Euichan, que había tomado la mano del hombre y la frotaba contra su mejilla, se congeló al darse cuenta de su propia conducta. De inmediato intentó echar el torso hacia atrás para marcar distancia, pero antes de lograrlo, fue apresado por una mano enorme.
«Por qué justo ahora… de entre todas las personas, tenía que ser este hombre.»
Entre el cabello negro, esos ojos grises que se vislumbraban guardaban un parecido aterrador con alguien. La persona que más deseaba evitar había aparecido frente a él justo en ese instante, como si lo hubieran coordinado de antemano.
—Solo dímelo. Te ayudaré.
El hombre que sonreía con suavidad apoyando la barbilla sobre las rodillas de Euichan era Ra Épée.
Euichan cerró los ojos con fuerza. En medio de la oscuridad de su visión, unas mareantes líneas rojas ondularon. Sin embargo, al final, Euichan no tuvo más remedio que aferrarse de forma indefensa a ese frío contacto que lo acariciaba.
***
—Igualmente, muchas gracias. Deseo que usted también tenga un bebé hermoso.
El hombre sonrió con suavidad ante las palabras de Euichan y dio media vuelta. Al girar en la esquina y llegar frente al consultorio, la enfermera, que sostenía el picaporte de la puerta, lo estaba esperando.
—¿Señor Dan Yeonhoo? Ya puede pasar.
Al entrar al consultorio, lo primero que atrajo la mirada del hombre fue la figura del médico tecleando en el ordenador. El médico, que mantenía la vista fija en el monitor, dio la bienvenida al paciente con un rostro afable.
—Ah, bienvenido.
—Sí, hola.
El hombre sonrió bondadosamente y se sentó en la silla para pacientes ubicada al costado del médico. El doctor, tras observar al sujeto cuya complexión física era considerablemente grande a simple vista, esbozó una sonrisa inofensiva y miró fijamente al paciente.
—Señor Dan Yeonhoo, veo que agendó su cita para el área de ginecología y obstetricia masculina. ¿Viene porque presenta síntomas previos al embarazo?
—Mmm… Bueno. No sabría decirle. Llevo un par de días con náuseas y malestar estomacal. ¿Qué clase de exámenes debería hacerme?
—Entiendo. Primero llenaremos un formulario de preguntas. Después de eso, sería conveniente que se realice una ecografía.
Oh Ju-hyok sacó una ficha médica de papel y se la entregó al paciente junto con un bolígrafo. El hombre la tomó, cruzó una pierna sobre la otra y comenzó a marcar las respuestas. Mirando el papel sin mayor complicación, tarareó una melodía con total desenvoltura antes de preguntar:
—Doctor, por casualidad vi la libreta de maternidad de alguien por aquí… y en la portada tenía pegada una foto de ecografía muy bonita. ¿Hoy en día también entregan ese tipo de cosas?
—Para los gestantes, la libreta de maternidad se convierte en un registro sumamente importante. Permite revisar el historial clínico, el conteo de semanas de los bebés y evaluar su estado de salud, por lo que resulta de gran ayuda en muchos aspectos.
—Ya veo. En ese caso, doctor… ¿puedo hacerle una pregunta más?
—Por supuesto, dígame.
El paciente justo estaba revisando la pregunta que decía: ‘¿Cuándo fue la última vez que tuvo relaciones sexuales?’. En la opción para la fecha de su último encuentro íntimo, marcó con el bolígrafo el recuadro de ‘Hace 3 meses’.
—El gestante que acaba de salir hace un momento. Ese muchacho, ¿de cuántas semanas está?
—¿Perdón?
El médico, Oh Ju-hyok, frunció ligeramente el entrecejo por un instante, dudando de si había escuchado bien. El hombre marcó con soltura la siguiente casilla del cuestionario y pasó la hoja. Manteniendo la mirada clavada en el papel, sus manos, con las venas sutilmente marcadas, se movían trazando líneas.
—Por las fechas, a estas alturas debería superar las 9 semanas, pero me gustaría saber por qué de pronto está de 8 semanas.
—¿De qué… demonios está hablando ahora?
Oh Ju-hyok le dirigió una mirada de absoluta perplejidad, preguntándose si el sujeto tenía juicio al indagar tan descaradamente sobre el expediente médico de otra persona. Sin embargo, el hombre, atascado en una pregunta ambigua, simplemente hizo girar el bolígrafo entre sus dedos con indiferencia.
—En la fotografía de la ecografía eran gemelos, pero de repente se convirtieron en trillizos, ¿no es así? Siento una enorme curiosidad por saber cómo ocurrió algo semejante. Me lo responderá, ¿verdad?
—Paciente, por ley de protección de datos médicos, está prohibido consultar el expediente de terceros. Si no ha venido a revisar su propio estado de salud, me temo que no puedo responder a sus preguntas. Ya puede retirarse.
—Es que no soy un tercero.
El bolígrafo que giraba alegremente sobre su mano se detuvo en seco. Tras dejar la ficha y el bolígrafo sobre el escritorio, se echó hacia atrás con naturalidad el cabello que le cubría los ojos. En ese instante, sus pupilas azabache brillaron con un destello blanco. Cuando sobre sus ojos grisáceos, teñidos de blanco desde los bordes, emergió el patrón de una constelación, Oh Ju-hyok se sobresaltó preso del pánico.
—¡T-tú…!
Tratándose de un ciudadano residente en la metrópoli, era imposible no reconocer a alguien que llevara una constelación grabada en la mirada. Al identificar a su interlocutor, Oh Ju-hyok intentó presionar rápidamente el botón de emergencia ubicado debajo del escritorio. Sin embargo, en cuanto Hyde chasqueó los dedos, el médico se desplomó de golpe sobre su asiento.
Con la cabeza y los hombros caídos como los de una marioneta sin fuerza, el doctor tuvo un par de espasmos grotescos antes de alzar la cabeza lentamente. Sus ojos, al fijarse en el paciente, estaban borrosos y empañados, como envueltos en una densa niebla. El paciente, apoyando el codo en el apoyabrazos y sosteniendo su sien con la mano, reanudó la conversación con un tono pausado y meloso:
—Resulta que me he convertido en un futuro padre. El problema es que no sé cuál de ellos es mi pequeño. Por eso me gustaría averiguarlo.
—…
—¿Qué dice? ¿Me lo contará? Me gustaría que me diera todos los detalles posibles.
El médico, parado frente al paciente; o mejor dicho, frente a Hyde, se acomodó las gafas. Una sonrisa dócil se dibujó en la comisura de los labios de Oh Ju-hyok. Sus ojos seguían opacos y turbios, como los de alguien vagando en un abismo sin fondo.
—Sí, por supuesto que debo contárselo. Usted es uno de los padres biológicos de los hijos del señor Ha Euichan, ¿verdad? Le explicaré partiendo del registro médico más reciente. Por favor, mire hacia aquí.
—Me da mucho gusto que nos entendamos tan bien.
Cuando Hyde esbozó una amplia sonrisa, el médico giró el monitor en su dirección para que pudiera ver con claridad. Debajo del historial clínico de Ha Euichan, el video de la ecografía comenzó a reproducirse lentamente. Al escuchar los latidos del corazón, la sonrisa de la comisura de los labios de Hyde se desvaneció por completo.
Eran dos latidos cardíacos resonando con fuerza. Y justo detrás de ellos, un latido pequeño y tenue. Había tres fetos incrustados como granitos de soya, y Hyde sintió de forma instintiva que los padres de las tres criaturas eran personas completamente distintas.
—…Euichan debe haberlo pasado bastante mal.
Escuchando las palabras que continuaba diciendo el médico, apoyó la barbilla sobre su mano en silencio y solo asintió un par de veces. Sin embargo, en cierto punto, un destello de fascinación iluminó sus ojos grisáceos, como si hubiera escuchado una noticia sumamente entretenida. El médico relató absolutamente todo desde la primera vez que Ha Euichan llegó al hospital a través de emergencias para hacerse un chequeo de urgencia, sin omitir ni una sola sílaba.
Era exactamente como si estuviera hurgando en el cerebro de Oh Ju-hyok para extraer los recuerdos grabados y reproducir el pasado. La explicación, que fluía sin interrupciones, llegó a su fin concluyendo con el registro médico del propio Ha Euichan, quien se había retirado hacía tan solo unos momentos. Cuando Hyde miró el reloj de pared, habían transcurrido exactamente treinta minutos.
—Agradezco mucho su explicación, doctor. Ya debo retirarme. Como ya sé qué método usar… bueno, supongo que de alguna forma se resolverá, ¿no?
—¿Es así? Me alegra enormemente escuchar eso. Sí, entonces que tenga un buen día.
En cuanto Hyde se puso de pie, la silla emitió un chirrido escandaloso. Hasta que el hombre abrió la puerta y salió, Oh Ju-hyok conservó una apacible sonrisa en los labios mientras entrecerraba sus ojos borrosos con suavidad.
Sin embargo, en el instante en que la puerta se cerró con un chasquido, Oh Ju-hyok se sobresaltó como quien despierta de una pesadilla. De inmediato, contempló la oficina vacía y la pantalla de su monitor con expresión desconcertada.
—¿Qué fue eso? ¿Acaso me quedé dormido un segundo? Ha… ¿En dónde demonios tengo la cabeza?
Sintió como si por un brevísimo instante su mente se hubiera evaporado por completo, pero al no recordar nada, pensó que simplemente se había quedado en blanco. Al ver la ficha de Ha Euichan abierta en la pantalla, el médico chasqueó la lengua.
—¿Cuánto tiempo hace que el paciente se fue? De verdad que no estoy en mis cabales.
Al poco tiempo, en el consultorio solo volvió a resonar el suave e ininterrumpido tecleo sobre el teclado.
En ese mismo instante, el hombre que acababa de salir del consultorio pasó de largo por la recepción; donde lo trataron como a un hombre invisible, y abandonó el edificio. Al alzar la mirada hacia el cielo resplandeciente, la apariencia exterior del sujeto ya había cambiado sin que nadie lo notara. Los ojos del hombre, impecablemente presentado y vestido con elegancia, eran de un tono grisáceo similar al de las nubes. La única diferencia con respecto a antes era que la constelación de la Gran Osa había sido disimulada con astucia.
En las pantallas publicitarias de las calles por las que caminaba, aparecía un héroe promocionando un anuncio de servicio público:
[Para denunciar villanos, llame al 1600. Los héroes siempre están de su lado.]
El héroe que aparecía en el anuncio era Ra Épée. La gente se detenía un momento a mirar la pantalla gigante mientras charlaba y reía animadamente. Sin embargo, nadie se dio cuenta de que el hombre que caminaba justo a su lado era la mismísima persona de la pantalla.
Aunque llevara la misma figura de Ra Épée.
—Déjame ver… Euichan, ah.
Al detenerse frente al paso peatonal, un suspiro se le escapó a Ra Épée; o mejor dicho, a Hyde encarnando su figura. Fue porque divisó la silueta de alguien acompasadamente acurrucado en la banca del área de descanso al otro lado de la calle. Con un manotazo desesperado provocado por el dolor, una bebida se volcó violentamente empapando el suelo.
Toda expresión desapareció del rostro de Ra Épée. Cruzó el paso peatonal cuya luz acababa de cambiar a verde. Y, acercándose a Euichan, quien se aferraba a su vientre mientras jadeaba fuera de sí, se agachó frente a él.
—Euichan.
—Ha… agh…
—¿Qué estás haciendo aquí?
Una mano enorme envolvió con firmeza y posesividad el muslo del tembloroso Euichan. Los ojos borrosos y empañados de Euichan, quien se retorcía ebrio de dolor, siguieron el rastro de Ra Épée hasta alzar la mirada. Sus ojos, que parpadeaban con desconcierto, comenzaron a abrirse desmesuradamente.
Ra Épée le dirigió una sonrisa sombría mientras lo contemplaba. Si estás sufriendo tanto… no hay más remedio, Euichan.
“Mmm, doctor. De repente se me vino una pregunta a la cabeza. Si quisiera salvar a un solo bebé, ¿qué debería hacer?”
“Es sencillo. Si el padre biológico mantiene relaciones sexuales y le transmite su fuerza a una sola de las criaturas, esa criatura aplastará a las demás hasta desplazarlas. De ese modo se producirá un aborto natural.”
“Ah… sexo.”
Qué afortunado era Euichan de no haber escuchado las aterradoramente secretas palabras intercambiadas en el consultorio. La mano que sujetaba su muslo carnoso acarició con parsimonia el lugar donde antes había tenido la herida. Al no obtener respuesta alguna, los ojos grisáceos de Ra Épée se curvaron en una larga y siniestra sonrisa.
«No hay necesidad de perder el tiempo.»
En la cabeza de Ra Épée solo había un único pensamiento. Tres bebés serían demasiado agotadores para Euichan, así que… exactamente uno era la cantidad perfecta.
Con una avaricia calculada, le acarició la mejilla a Euichan con extrema dulzura.
Impresiones sobre el capítulo completo.
Aún no hay comentarios generales.
Conversaciones vinculadas a pasajes específicos.
Aún no hay comentarios vinculados.